La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

21 Septiembre 2014

Begin Again [2013], de John Carney

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elquiciodelamancebia.wordpress.com

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Cartel polaco de la película. Vía MoviePosterDB.

'Like a Fool' [1962]. Compuesta por John Carney, director de la cinta, e interpretada por Keira Knightley, que también es la actriz protagonista del film. Vía Interscope Geffen A&M Records.


TÍTULO Begin Again (Can a Song Save Your Life?)
AÑO
2013
DURACIÓN
104 min. Trailers/imágenes
PAÍS
DIRECTOR John Carney
GUIÓN

John Carney

MÚSICA Gregg Alexander
FOTOGRAFÍA Yaron Orbach
REPARTO
Keira Knightley, Mark Ruffalo, Hailee Steinfeld, Adam Levine, James Corden, CeeLo Green, Catherine Keener, Mos Def, +
PRODUCTORA

The Weinstein Company / Exclusive Media +

http://beginagainfilm.com


SINOPSIS

La pasión por la música lleva a Gretta (Keira Knightley) y a Dav (Adam Levine), novios desde el instituto, hasta Nueva York. Pero cuando él, una vez alcanzado el éxito y la fama, la abandona, ella se queda completamente desolada. Una noche, un productor de discos (Mark Ruffalo) recién despedido, la ve actuar en un bar de Manhattan y queda cautivado por su talento. Primera película en USA del director de "Once". (Filmaffinity)

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CRITICAS:
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"'Can a Song Save Your Life?' plantea una pregunta retórica dentro del gran esquema de una película que ofrece pocas emociones (...) es ésta una 'canción' decente para escucharla una vez, pero no una a la que correrás a darle al replay tras terminarla.". Kevin Jagernauth: Indiewire.
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"Los discretos placeres de la película te van pillando desprevenido (...) La adorable química entre Knigthley y Ruffalo enriquece muchas de sus escenas juntos". David Rooney: The Hollywood Reporter.
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"Una película despiadadamente honesta, modelada en la misma sinceridad hermosa, casi desesperada, de la película musical que puso a Carney en el mapa: 'Once'". Owen Gleiberman: Entertainment Weekly.
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"Ruffalo y Knightley son un cautivador par de colegas y su aventura musical juntos resulta una historia encantadora, dulcemente divertida y, en ocasiones, emotiva (...) Puntuación: ★★★ (sobre 4)". Claudia Puig: USA Today.
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"Es difícil encontrar una película que utilice la música para definir el amor sin sentimentalizarlo. Pero 'Begin Again' (...) es una excepción maravillosamente bonita (...) Puntuación: ★★★ (sobre 4)". Peter Travers: Rolling Stone.
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"Si 'Once' fue una tonificante explosión de agua fresca, 'Begin Again' es una lata de Fanta. Si 'Once' era piano, 'Begin Again' es un sintetizador. Si 'Once' era Otis Redding, 'Begin Again' es Bruno Mars (...) Puntuación: ★★ (sobre 4)". Kyle Smith: New York Post.
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"John Carney es capaz de hacerse preguntas sobre un género (el musical) que revive en sus manos de forma desnuda y purísima". Jordi Costa: Diario El País.
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"Es fresca, acogedora y tónica, está ejemplarmente estructurada y muy bien conducida por Knightley y Ruffalo (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)". Jordi Batlle Caminal: Diario La Vanguardia.
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"Optimista, amable, luminosa y mágicamente tocada por el sentido de la maravilla sentimental (...) la película de John Carney es de las que te hacen salir del cine con un subidón de buen buen rollo (...) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)". Fausto Fernández: Fotogramas.
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"El director de 'Once' se hace una versión de sí mismo con estrellas de Hollywood (...) Puntuación: ★★★½ (sobre 5)". Andrea G. Bermejo: Cinemanía.

MI OPINION:
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Cuando comenzó la proyección me temí lo peor porque al naif estilo joven y desenfadado se le añade un gotero de falta de luminosidad y un perfil del personaje masculino lleno de histrionismo y caricaturización.

Pasado el trance, la película deviene en encantadora, fresca, sensitiva, independiente y, sobre todo, plena de una mágica musicalidad que nada tiene que ver con los habituales tostones estadounidenses donde baila hasta el apuntador.

Bien dirigida por un director músico irlandés que ya rodó la musical 'Once', cuenta una historia pretexto, con buena fotografía, guión, ritmo, ambientación y montaje.

Las secuencias musicales, que dan lugar a una preciosa banda sonora, tienen una empatía complice y cautivadora, ensalzadora del valor de la música como complemento de lo visual.

La moraleja contra el capital, impostada, superficial e innecesaria por conocida y porque no añade nada al atractivo de la cinta.

De la interpetación, dos apuntes.

De Mark Ruffalo acabé hasta el moño, por una sobreactuación cansina hasta suplicar que se cabe, por favor. Está claro que se han puesto de moda estos personajes del famoseo secundario que le dan a la enajenación mental alcoholizada o lo que sea, sin que falte, por supuesto, cualquier otra adicción y una higiene corporal digna de peor causa.

Keira Knightley, por el contrario, llena la pantalla con su encanto, encandila, aunque su nivel interpretativo deje mucho que desear, por tratarse de un repertorio gesticular básico y repetitivo. Pero ya les adelanto que no me perderé ninguna de sus películas: una preciosidad.

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Musical fresco, innovador, en el que Keira Knightley arrolla sin necesidad de actuar [7 sobre 10]

EQM

vía

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Banda sonora editada

01. "Lost Stars". 4:27. Adam Levine. Gregg Alexander, Danielle Brisebois, Nick Lashley, Nick Southwood.
02. "Tell Me If You Wanna Go Home". 3:39. Keira Knightley. G. Alexander, N. Lashley.
03. "No One Else Like You". 3:28. Adam Levine. G. Alexander, N. Lashley.
04. "Horny". 3:38. CeeLo Green. Alexander, Rick Nowels.
05. "Lost Stars". 4:00. Keira Knightley. G. Alexander, Danielle Brisebois, N. Lashley, N. Southwood.
06. "A Higher Place". 3:12. Adam Levine. G. Alexander, R. Nowels.
07. "Like a Fool". 2:27. Keira Knightley. John Carney.
08. "Did It Ever Cross Your Mind (Demo Version)". 3:38. Cessyl Orchestra. G. Alexander.
09. "Women of the World (Go on Strike!)". 3:15. CeeLo Green. G. Alexander, C. Green, R. Nowels.
10. "Coming Up Roses". 3:13. Keira Knightley. G. Alexander, D. Brisebois.
11. "Into the Trance". 4:05. Cessyl Orchestra. G. Alexander.
12. "A Step You Can't Take Back". 3:25. Keira Knightley. J. Carney, G. Alexander, D. Brisebois.
13. "Lost Stars (Into the Night Mix)". 3:38. Adam Levine. G. Alexander, D. Brisebois, N. Lashley, N. Southwood.
14. "The Roof is Broke (Demo Mix)". 3:00. Cessyl Orchestra. G. Alexander.
15. "Tell Me If You Wanna Go Home (Roof Top Mix)" (featuring Hailee Steinfeld). 3:27. Keira Knightley. G. Alexander, N. Lashley.
16. "Intimidated by You". 2:28. Cessyl Orchestra. G. Alexander.

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YouTube: bso editada completa: The Cloud.

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Crítica de Lo Que Yo Te Diga.

Fuentes:

Filmaffinity [críticas], IMDb, Wikipedia y elaboración propia [EQM].

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NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
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20 Septiembre 2014

Antoine Duhamel [Francia, 1925-2014]

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Antoine Duhamel fotografiado por Roman Bonnefoy. Vía.

'Ferdinand' [1965]. Compuesta por Antoine Duhamel para la banda sonora, toda suya, de 'Pierrot el loco' [1965], película de Jean-Luc Godard.

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Fallece el músico Antoine Duhamel

Fue el compositor de las bandas sonoras de varias películas de Godard y en sus últimos años trabajó para cineastas españoles

Gregorio Nelinchón en El País, 110914.

Es curioso que un compositor tan francés en su estilo y sus gustos como Antoine Duhamel acabara realizando bandas sonoras para bastantes películas españolas de los años noventa, especialmente las dirigidas por Fernando Trueba. Puede que porque Trueba sea el gran amante del cine francés en la cultura española. Hijo del escritor Georges Duhamel y de la actriz Blanche Albane, el músico, nacido en Valmondois (en el departamento de Val-d'Oise), falleció el miércoes 10 a los 89 años.

"Su música le dio su identidad imperecedera, su alma invisible, a esas películas míticas que fueron Pierrot el loco, de Godard, Besos salvajes, El pequeño salvaje o La sirena del Misisipi, de Truffaut", aseguró en un comunicado la ministra francesa de Cultura, Fleur Pellerin. A Godard y Duhamel les presentó, para que colaboraran en Pierrot el loco (1965), la actriz Anna Karina, quien había conocido con Duhamel el año anterior, 1964, en La vida es magnífica, de Maurice Ronet.

Antoine Duhamel trabajó en los años sesenta con los cineastas líderes de la Nouvelle Vague, como Jean-Luc Godard, de quien decía haber aprendido "cómo servirse de la música". Con quien conectó mejor fue con Bertrand Tavernier, con quien colaboró en diversas ocasiones; gracias a uno de sus filmes, Salvoconducto, obtuvo en premio en la Berlinale de 2002. Fue cinco veces candidato al premio César y tres a los Goya (El sueño del mono loco, Belle epoque, La niña de tus ojos), pero nunca los ganó.

Para Fernando Trueba compuso cuatro bandas sonoras; para su hermano David, una (La buena vida); para Gerardo Herrero musicó Malena es nombre de tango, y también realizó las partituras de Belmonte, de Juan Sebastián Bollaín, Tranvía a la Malvarrosa, de José Luis García Sánchez

El compositor, que en 1980 fundó la Escuela de Música de Villeurbanne, dedicada al jazz, las músicas tradicionales, las composiciones barrocas y la canción, trabajó por última vez en el telefilme L'affaire Ben Barka (2007). "Durante su larga carrera dedicada al cine siempre fue un compositor enamorado de la música, un músico ecléctico y curioso que componía con la misma alegría óperas o canciones", agregó la ministra de Cultura.

Cine. Bandas sonoras seleccionadas:

  • 1962: Ballade en Camargue de Philippe Condroyer (court-métrage).
  • 1963: Méditerranée de Jean-Daniel Pollet.
  • 1963: Le Chevalier de la Maison-rouge de Claude Barma (série TV).
  • 1964: Le Voleur de Tibidabo de Maurice Ronet.
  • 1964 : Tintin et les Oranges bleues de Philippe Condroyer.
  • 1964: Évariste Galois d'Alexandre Astruc (court métrage).
  • 1964: Le Grain de sable de Pierre Kast.
  • 1964Belphégor ou le Fantôme du Louvre de Claude Barma (série TV).
  • 1965: Pierrot le fou de Jean-Luc Godard.
  • 1966: La Longue Marche d'Alexandre Astruc.
  • 1966: Cinq gars pour Singapour de Bernard Toublanc-Michel.
  • 1966: Roger La Honte (Trappola per l'assassino) de Riccardo Freda.
  • 1966: Made in USA de Jean-Luc Godard.
  • 1967: Le Marin de Gibraltar de Tony Richardson.
  • 1967: Red and Blue de Tony Richardson (inédit, avec chansons de S. Rezvani interprétées par V. Redgrave).
  • 1967: Casse-tête chinois pour le judoka de Maurice Labro.
  • 1968: Week-end de Jean-Luc Godard.
  • 1968: Baisers volés de François Truffaut.
  • 1969: Le Corps de Diane de Jean-Louis Richard.
  • 1969: La Sirène du Mississippi de François Truffaut.
  • 1970: M comme Mathieu de Jean-François Adam.
  • 1970: Domicile conjugal de François Truffaut.
  • 1970: L'Enfant sauvage de François Truffaut.
  • 1974: Un condé d'Yves Boisset.
  • 1974: Si j'te cherche j'me trouve de Roger Diamantis.
  • 1974: Que la fête commence de Bertrand Tavernier.
  • 1976: L'acrobate de Jean-Daniel Pollet.
  • 1976: La Question de Laurent Heynemann.
  • 1978: La Tortue sur le dos de Luc Béraud.
  • 1979: Mais où est donc Ornicar de Bertrand van Effenterre.
  • 1979: Le Mors aux dents de Laurent Heynemann.
  • 1979: Retour à la bien-aimée de Jean-François Adam.
  • 1979: La Mort en direct de Bertrand Tavernier.
  • 1990: Le Rêve du singe fou de Fernando Trueba.
  • 1990: Daddy nostalgie de Bertrand Tavernier.
  • 1991: L'Affût de Yannick Bellon.
  • 1993: Belle Époque de Fernando Trueba.
  • 1993: La Piste du télégraphe de Liliane de Kermadec.
  • 1995: Dieu sait quoi de Jean-Daniel Pollet.
  • 1995: Ridicule de Patrice Leconte.
  • 1997: La buena vida de David Trueba.
  • 1998: La Fille de tes rêves de Fernando Trueba.
  • 1998: Le Plus Beau Pays du monde de Marcel Bluwal.
  • 2000: L'Affaire Marcorelle de Serge Le Péron.
  • 2000: Ceux d’en face de Jean-Daniel Pollet.
  • 2000: Les Destinées sentimentales d'Olivier Assayas (partition non utilisée).
  • 2000: Laissez-passer de Bertrand Tavernier.
  • 2003: Depuis qu'Otar est parti de Julie Bertuccelli.
  • 2004:L'Envoûtement de Shanghai de Fernando Trueba.
  • 2006: Monsieur Max de Gabriel Aghion (TV).
  • 2007: L'Affaire Ben Barka de Jean-Pierre Sinapi (TV).
  • Secuencia del paseo por la carretera, en bicicleta, de Jacques Gamblin en 'Laissez-passer' [2002] de Bertrand Tavernier. Suena 'El romance de Nadir', de 'Los pescadores de perlas', de Bizet. Interpretada por Tino Rossi y con arreglos para orquesta de Antoine Duhamel.

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    NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
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    19 Septiembre 2014

    Pedro Sánchez & Jorge Javier

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    Fíjense en el detalle de Tele5 para con la ortografía española:
    "Pedro Sánchez a llamado a Jorge Javier"

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    Pedrito les pone los cuernos

    El martes Pedrito persistió en el empeño de que el PSOE pierda el voto de todos aquellos socialistas que están con o respetan a la tauromaquia y sus manifestaciones populares: cientos de miles, millones, de españoles. En Andalucía... no les digo nada! Y respecto a los toros en la calle, practicamente todo el mediterráneo.

    Así pues, no se le ocurrió otra cosa que llamar al programa basura de Jorge Javier para manifestarle sus respetos y de paso cargar contra las fiestas de los toros hasta el punto de repetir que jamás pisará una plaza.

    Hay que ser tonto, muy tonto.

    O que te importe todo una higa, que también podría ser.

    Los de Pablemos se estarán frotando las manos.

    EQM

    Pedro Sánchez llama a Jorge Javier para hablar del Toro de la Vega

    El líder socialista interrumpe el programa 'Sálvame' y llama en directo a su presentador después de que ayer éste dijese que "no volvería a votar al PSOE"

    La Vanguardia, 170914.

    "Nunca me verás en una corrida de toros". Esto le ha dicho el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, a Jorge Javier Vázquez, presentador de Sálvame, en una escena insólita que ha ocurrido esta tarde durante la emisión en directo del programa. Sánchez ha llamado al teléfono privado de Jorge Javier para darle explicaciones sobre la postura del partido socialista respecto a las fiestas taurinas. La llamada se produce después de que ayer el conductor del programa de Telecinco asegurase que "nunca más voy a votar al PSOE", después de saber que esta formación gobierna en la localidad de Tordesillas, donde se lleva a cabo el Toro de la Vega.

    El programa discurría con tranquilidad hasta que Jorge Javier ha anunciado que Pedro Sánchez quería hablar con él en directo a través de su teléfono personal. El presentador ha accedido y se ha producido una conversación semi privada en la que el líder socialista se mostraba preocupado por las declaraciones hechas por Vázquez ayer en las que el conductor de Sálvame aseguró que "no votaré más al PSOE" después de saber que el alcalde de Tordesillas era socialista.

    Jorge Javier no se ha ido por las ramas y le ha preguntado abiertamente: "¿Os vais a comprometer a presentar una ley para que no se produzcan este tipo de espectáculos y para acabar con el maltrato animal?" "Para acabar con el maltrato animal, sí", se ha podido oír que respondía Pedro Sánchez al otro lado del aparto.

    El presentador de Sálvame ha continuado hablando con su interlocutor: "Pero tu entiendes que los que somos votantes de un partido, y yo voto siempre PSOE, no sentimos muy ofendidos cuando los alcaldes apoyan celebraciones así." A lo que también se ha podido oir que la respuesta de Pedro Sánchez aludía a que se trataba de "una tradición". Jorge Javier le ha contestado que "a pero calificar eso de tradición..."

    "Nunca me verás en una corrida de toros"

    En ese momento de la llamada el líder socialista le ha dicho que "nunca me verás en una corrida de toros", pese a que se colaba por el audio que los seguidores de esta tradición tienen "todos mis respetos".

    "Pedro, si tu me dices que ése es tu compromiso yo te devuelvo mi voto", decía Vázquez al líder del PSOE. "Al final tienes que hacer unas declaraciones tan exageradas para que empecemos a mover conciencias... al final uno tiene que pegar un zapatazo en el suelo y acabar con ese tipo de celebraciones. Sí, y con el correbous y este tipo de espectáculos también. Con todo."

    "¿Trato hecho?", se puede oír que pregunta Sánchez a lo que el presentador responde que "ve con cuidado que te voy a vigilar muy de cerca".

    "Te invito a Salavame diario que ahí no te veo para que vengas, pero luego hago el Deluxe donde tengo un polígramo y a Conchita. ¿Sabes quién es conchita? No, no oye que no te dejaría yo venir al polígrafo... bueno, si vienes lo apañamos", concluía entre bromas la conversación y recordando que este domingo el líder socialista aparece en el primer programa de Viajando con Chester que presenta Risto Mejide.

     

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    Notas.- Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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    18 Septiembre 2014

    Vuelve el folclore nacionalista europeo

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    Europa llega tarde a Escocia

    Pablo Sebastián en republica.com, 170914.

    Una vez más la fábula de la liebre y la tortuga se nos presenta como el símil apropiado para explicar lo ocurrido en Escocia en los últimos meses, donde el bando unionista se echó a dormir mientras los independentistas de Alex Salmond avanzaban a paso de tortuga, silencioso y tenaz, hacia la meta final del referéndum independentista que hoy abre sus urnas.

    A la siesta confiada de los líderes unionistas escoceses y primeros políticos del Reino Unido, se sumaron descreídos del peligro, las instituciones y los primeros gobiernos de la Unión Europea que en todo este tiempo han sido incapaces de hacer una solemne declaración y una advertencia a los territorios de la UE que pretenden crear nuevos Estados en el seno de la Unión, diciendo que los Tratados de la UE no son, ni pueden ser, las puertas giratorias de un Club por las que se sale y se entra con la mayor facilidad. Y afirmando que quien cruza ese umbral para salir del a UE nunca podrá volver a entrar. Ni disfrutar de las instituciones, el euro, el BCE, el mercado único y la acción exterior, entre otras muchas cosas. Lo que hubiera sido un elemento disuasivo para quienes hoy día anteponen la pequeña patria contra el histórico proyecto unitario de la Europa nacida del Tratado de Roma.

    La Unión Europea, como el Reino Unido, llega tarde a esta cita definitiva de Escocia. Y hoy comienza la votación del referéndum para la independencia en medio de una gran incertidumbre sobre el resultado -aunque las últimas encuestas anuncian la victoria del ‘no’- y de una gran preocupación en el seno de la Unión Europea. Y especialmente en España por cuanto esta consulta, que es legal, se convirtió en punto de referencia para el proceso secesionista catalán, que algunos dirigentes políticos catalanes desean llevar a cabo al margen de la legalidad y de la Constitución. Y sabiendo como saben, y lo ocultan, que por su Historia y legalidad el caso de Escocia no es en nada comparable al citado proceso catalán.

    El primer ministro británico David Cameron se ha equivocado y ha jugado de manera temeraria con el fuego de la secesión. Les ha concedido a los separatistas un tiempo precioso para romper su relación con el Reino Unido y, confiado de la victoria del ‘no’, se ha encontrado de pronto y manera inesperada con sondeos que hace pocas semanas auguraban la victoria de los independentistas. Lo que encendió todas las alarmas y provocó un contraataque a la desesperada de los primeros políticos británicos, así como de las primeras entidades financieras y empresariales que tienen su sede en Escocia y que anunciaron que saldrían del país en caso de que triunfara el ‘si’ a la independencia. Advertencias estas últimas que están en la base de la recuperación del ‘no’ en últimos sondeos.

    No deja de ser un sarcasmo que este Cameron, que quiere celebrar en Gran Bretaña otro referéndum sobre la permanencia en la UE, sea ahora el culpable de la crisis escocesa que podría convertirse en precedente para que otras regiones de Europa, como Cataluña, La Padania, Córcega, etc., intenten seguir ese mismo camino. Y ello en plena crisis económica de la UE, que reabrió el discurso anti europeo y de los partidos nacionalistas como se ha visto en Francia, Gran Bretaña, Holanda e Italia, y cuando la guerra civil de Ucrania amenaza la paz y la estabilidad en el Este del Viejo Continente.

    Los padres de la Europa unida y en paz, visionarios adelantados de la necesidad de la Unión Europea del viejo continente en el nuevo mundo global,  los Schuman, De Gaspieri, Rey y Monet, estarían hoy muy orgullosos por el camino avanzado a lo largo de los últimos cincuenta años. Pero no entenderían lo que ahora está pasando en la UE ni tampoco la ausencia de grandes líderes en sus primeras naciones e instituciones europeas. Carencias estas de liderazgo que constituye un vacío proverbial del que ahora se aprovechan los nacionalistas regionales e independentistas a los que, como ha ocurrido en Escocia, nunca se les tomó en serio en la UE hasta que hemos llegado a la recta final de esta carrera y de ahí la inquietud que emana de Escocia y que podría extenderse, como ya pasa en España, a otros territorios de la Unión.

    El método escocés

    En una Escocia independiente no se impondría a nadie una lengua adicional, ni se enseñaría una Historia distorsionada

    José M. Ruiz Soroa en El Correo, 170914.

    Pronto conoceremos el resultado del referéndum sobre la secesión de Escocia, y ese conocimiento marcará grandemente nuestro juicio sobre el proceso referendatario adoptado de común acuerdo por los gobiernos británico y escocés. Aquí cada uno llevará el agua a su molino catalán, vasco o español, y así irá su opinión. Por eso es éste, precisamente éste, antes de la sentencia, el momento en que con mayor imparcialidad y serenidad puede reflexionarse sobre el que ha sido llamado ‘método escocés’.

    Lo primero, algo obvio: existen diferencias notables de todo tipo entre Escocia, Cataluña o el País Vasco. Su historia, su situación política, las normas constitucionales aplicables, el tipo de nacionalismo que poseen, son muy distintas. Pero por encima de todas esas diferencias hay una similitud básica: el problema que plantea el nacionalismo escocés a su Estado es el mismo que plantean los nacionalismos vascos o catalán al suyo: el problema de una reclamada secesión y de cómo se encauza y se trata de manera democrática ese deseo de una parte significativa y persistente de una sociedad. Escocia es única, sus problemas no. Por eso, aunque muchos nieguen cualquier parecido con ella, les apasiona lo que allí sucede: porque el problema es el mismo en términos de estatalidad y democracia.

    El método concertado entre los gobiernos respectivos (un referéndum decisorio a una sola pregunta terminante) ha sido tildado últimamente, y precisamente por aquellos que en España hacen un tabú de cualquier consulta a la sociedad afectada, de fiasco infantil de un gobernante poco menos que idiota, el ridiculizado Cameron. En efecto, se dice, a Cameron se le ofreció por Salmond la posibilidad de un referéndum con respuesta triple (mantenimiento del statu quo, autonomismo fiscal profundo –devo-max o devo-plus–, o independencia) pero, con estólida chulería, prefirió uno binario a independencia sí o no.

    Quienes, probablemente llevados por su miedo, así argumentan ahora, precisamente cuando la posibilidad de una victoria del sí se ha vuelto muy real, ignoran bastantes cosas. La primera, que una elección ternaria es un sistema muy confuso pues nunca arroja resultados concluyentes salvo que se celebren varias votaciones sucesivas emparejando de dos en dos todas las opciones, algo inimaginable en la práctica actual. ¿Cómo se interpreta y gestiona un resultado que, por ejemplo, arroje un resultado de: 25% statu quo, 35% autonomía fiscal plena y 40% independencia? ¿Cuál es la opción ganadora? ¿La que tiene más votos a favor, a pesar de que es la que tiene más votos en contra? La obscuridad hermenéutica del resultado de una votación es algo que repugna profundamente al espíritu anglosajón, que espera de toda votación un ganador claro (‘first past the post’). Por eso el Acuerdo de Edimburgo de 2012 estableció que el referéndum debía ser un ‘fair test’ y una ‘decisive expression’ de la voluntad de la sociedad escocesa sobre el asunto, evitando un galimatías confuso.

    Por otro lado, en el paso dado por Cameron no sólo late esa naturalidad con que la democracia británica es capaz de aceptar la expresión de la voluntad mayoritaria, sino también, si se me permite exagerar la idea, su repugnancia por el ‘modelo español’: un modelo que va concediendo más y más autonomía en un proceso sin fin para encontrarse al final… con la reivindicación de la independencia. Es ese modelo el que se ha pretendido evitar en Gran Bretaña, y por eso es totalmente congruente la oferta de una mayor autonomía fiscal que han hecho los unionistas en los últimos días a los escoceses: si votáis mayoritariamente por la unión habrá más autonomía, pero sólo sobre la condición de que primero votéis la unión. Porque si está clara la voluntad mayoritaria de vivir juntos, entonces podremos cambiar el sistema fiscal. Justo en el orden contrario al de aquí, y con un planteamiento mucho más acertado en mi opinión.

    En el fondo, el caso escocés (junto con el anterior dictamen del Tribunal Supremo de Canadá) implican que un nuevo paradigma político se está abriendo paso en el anterior dogma de la indisolubilidad estatal, todavía con carácter de excepción para situaciones fuertemente enquistadas, pero con la fuerza del ejemplo convincente: y ese paradigma dice que la voluntad mayoritaria de la sociedad afectada es uno de los datos que debe ser testado y conocido para tratar democráticamente ese problema. Uno de los datos, no el único, pero sí uno de ellos. Y contra esta idea convincente de poco vale tildar a Cameron de bobo. La cuestión es un poquito más compleja, democráticamente hablando, que esa idea ramplona de que las elecciones, o los referendos, sólo se convocan por un gobernante cuando sabe que los va a ganar.

    La otra cuestión que, vista desde la distancia peninsular, llama poderosamente la atención es una que sin embargo no suele ser nunca mencionada entre nosotros, probablemente porque los nacionalismos hispanos no son capaces siquiera de ser conscientes de ella. Estriba en la diferente naturaleza que ha mostrado el nacionalismo escocés con su apelación exclusiva a valores societarios y no étnicos, y se la podría resumir de una forma plástica así: si yo fuera escocés, aunque fuera unionista, no tendría ningún miedo a un futuro gobierno escocés independiente. Podría pensar que la situación económica empeorará, que Escocia sola será más débil que Escocia integrada, que el proceso de unidad europeo saldrá muy tocado por la división de uno de sus miembros, podría pensar muchas cosas… pero desde luego no tendría miedo al comportamiento futuro del gobierno escocés con respecto a sus ciudadanos.

    Estaría seguro que respetaría mis libertades individuales tanto como el actual. Estaría seguro de que no se dedicaría a ‘construir’ con medidas perfeccionistas e impositivas una ‘sociedad escocesa’ culturalmente diversa de la actual, que no se le impondría a nadie una lengua adicional, ni se enseñaría a sus hijos una Historia distorsionada, ni se establecería una doble clase de aspirantes al empleo público y semipúblico, la de los escoceses pata negra y los otros. La independencia pondría una raya en la tierra, aquí Escocia y allí Inglaterra, pero no pondría carga ni sombra alguna sobre mi individualidad o la de mi familia. Y es que Escocia fue la cuna de la Ilustración europea (Smith, Hume, Fergusson), y eso se nota.

    Bueno, … pues eso. Que ahí está la más radical diferencia del proceso escocés con el catalán o el vasco. Pues a cualquier ciudadano no nacionalista de aquí le asusta (por decirlo suavemente) una hipotética independencia. Y no le asusta porque se trace de pronto una raya sobre el Ebro y se diga aquí Euskalherria y allá España, sino que le asusta porque él personalmente pasaría a depender en exclusiva de un gobierno nacionalista y sin el contrapeso del poder de fuera, de un gobierno cuya proclamada misión en la tierra es la de construir personalmente a sus ciudadanos de manera que se amolden todos al arquetipo establecido, un nacionalismo que en parte hasta ayer mismo ha considerado lícito hacerlo a tiros y bombas y hoy todavía considera que puede hacerlo democráticamente mediante las leyes. Lo que nos diferencia al final de Escocia es que aquí hay miedo a lo que haría un gobierno independiente. Y allí no.

    El fantasma kosovar se legaliza en Escocia

    Mañana se abre una puerta hasta ahora entreabierta. Lo trascendente es si vamos a construir un mundo mejor

    Daniel Reboredo en El Correo, 170914.

    Vivimos una época convulsa que no aventura nada bueno. Todos los indicios apuntan a ello. Todas las señales nos remiten a pasajes pasados de luctuosos recuerdos. Numerosos acontecimientos evocan lo que ocurrió hace una centuria y que tanta literatura ha generado durante este año 2014. Sucesos, circunstancias y una concreta coyuntura han germinado en un proceso que no ha surgido por generación espontánea, sino que se ha ido desarrollando durante los últimos años. Aun descartando el escéptico dicho de que lo único que enseña la historia es que no podemos aprender nada de ella, resulta necesario, sin embargo, prestar atención a la noción contraria, más simplista, de que la historia siempre se repite. Asimismo, recuperar del baúl de los recuerdos la célebre frase del historiador suizo Herbert Lüthy que manifiesta que «sólo la conciencia del pasado puede hacernos conocer el presente» nos permite, trasladándola al siglo XXI, preguntarnos cómo una conciencia de la naturaleza humana (y sus actos) en el pasado, con todos los cambios acaecidos a lo largo de los años, puede arrojar luz sobre la situación actual.

    La respuesta no es fácil pero la realidad se encarga de contestarla. Y la realidad son los hechos. Pueden ser éstos aparentemente diferentes de los que se dieron en el pasado, pero si les quitamos la fina pátina que los recubre encontraremos esencias idénticas. Y una de ellas es la efervescencia nacionalista que recorre el planeta y que tiene su última, y más importante, manifestación en el referéndum escocés de mañana. Sea cual sea el resultado, la convulsión que ha generado no se podrá parar y no sólo porque todos los independentistas del planeta estén observando con extrema ansiedad el resultado (Bretaña, Flandes, Venecia, Cataluña, Euskadi y otros muchos fenómenos de esta índole del resto del mundo). En otra época de la historia sería un fenómeno reivindicativo más, pero con la crisis general que padece el mundo occidental la trascendencia es otra. Porque recordemos que antes que el referéndum de Escocia, ha habido consultas separatistas en otros territorios del planeta como Eritrea, Quebec, países de la extinta Yugoslavia (Eslovenia, 1990; Croacia y Macedonia, 1991; Bosnia-Herzegovina, 1992; Montenegro, 2006); Puerto Rico, Sudán del Sur, Timor Oriental, países de la antigua URSS (Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Turkmenistán y Uzbekistán), etc. Todos ellos, excepto las dos consultas en Quebec, bajo la influencia de unas circunstancias excepcionales.

    También excepcional, a la par que abyecta e ignominiosa, fue la Declaración de independencia de Kosovo, decidida unilateralmente por el Parlamento kosovar, el 17 de febrero de 2008, y con la que se creó un nuevo Estado, la República de Kosovo, amparado por EE UU y la UE. Que la Asamblea General de la ONU aprobase, el 8 de octubre de 2008, una resolución para preguntar a la Corte Penal Internacional de Justicia si dicha Declaración era compatible con el derecho internacional y que ésta ratificase su compatibilidad con el mismo y con la Resolución 1244 del Consejo de Naciones Unidas, el 22 de julio de 2010, fue una broma de mal gusto que destrozó la doctrina y los argumentos del mencionado derecho internacional. Después conocimos el informe ‘Tratamiento inhumano y tráfico ilícito de órganos humanos en Kosovo’, elaborado por Dick Marty, exfiscal, parlamentario y relator del Consejo de Europa que en 2007 destapó el escándalo de las cárceles secretas de la CIA y la ‘responsabilidad de proteger’ que se aplicó más tarde en Libia.

    Escocia no tiene nada que ver con esto. Escocia, con el beneplácito de Gran Bretaña, ha convocado un referéndum legal donde los sentimientos parecen ocupar el lugar que les corresponde y que se celebrará en el 700º aniversario de la batalla de Bannockburn (verano de 1314). Escocia ha pactado la celebración de la consulta contestando a la pregunta «¿Debería Escocia ser un país independiente?», pero no el cómo llevaría a cabo la separación. Escocia va a celebrar un referéndum que se elogia desde fuera como un ejercicio ejemplar de la democracia y que ha ido degenerando en un espejismo distorsionado del mismo por culpa de las decisiones y del comportamiento de los políticos. Escocia votará el jueves no una cuestión de cálculos de impuestos e ingresos del petróleo, sino de identidad y poder.

    Cuando decíamos que el resultado del referéndum no es lo importante queríamos manifestar que lo de Escocia abre de par en par una puerta, hasta ahora entreabierta, que nos lleva a un escenario en el que no importa que haya uno o cientos de Estados más en el planeta. Lo sustancial es si con en ese nuevo contexto mejoramos los ciudadanos o no. Lo realmente trascendente es si vamos a construir un mundo mejor, si vamos a tener el valor de comenzar de nuevo construyendo sobre lo que tenemos. Nuestros deseos poco tienen que ver con los del siglo XIX donde la historia reposaba inestable sobre los hombros de una generación de ciudadanos impacientes por el cambio y para los cuales las instituciones del pasado eran un obstáculo. Hoy tenemos muchas razones para pensar de otra forma. Hoy existen muchos argumentos para preservar lo conseguido. Hoy tenemos que tener presente que a finales del pasado siglo uno de los principales motivos para la revitalización de la ciudadanía fue una mayor conciencia del valor de la democracia y su adopción de modelo de gobierno por un número cada vez más amplio de países. Hoy tenemos que usar más que nunca la razón y menos que siempre el sentimiento.

     

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    17 Septiembre 2014

    Esa heterogeneidad nacionalista

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    Ilustración de LPO [Luis Pérez Ortiz; España, 1957], que acompaña al texto de Gabriel Tortella en El Mundo, 150914, insertado infra.

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    Contra 'los otros' y 'el resto'

    El otro día un colega de foro comentaba que tenía un pariente catalán de clase media alta, con un muy buen pasar, hablando su lengua a tutiplen, y que hace unos días le dijo que no podía más, que así no podía seguir, que, costase lo que costase, Cataluña tenía que independizarse. Sin argumento justificativo alguno. Terminaba el comentario convencido de que, durante la pasada Diada, Barcelona estaba abarrotada de tipos como el familiar mencionado. Con toda la razón.

    Es lo que tiene sentirse miembro de un pueblo elegido y, por tanto, privilegiado y, por tanto, superior a los habitados, en el mejor de los casos, por parentela de peor, mucho peor, condición y dote, lleva consigo el convencimiento, la convicción, de que se tiene el derecho a más y mejor que ‘los otros’ [así se les llama a los 'inferiores'].

    Esta gentuza, de natural cobarde, ha sido, una vez más, convenientemente espoleada por un movimiento populista y excluyente que sabe a la perfección qué teclas hay que tocar para con los iluminados por la gracia. Por eso, éstos salen encantados a la calle de uniforme y formando toda clase de símbolos supremos, aderezando la añorada victoria de la singularidad.

    ¿A qué obedecen tales muestras corales?  También al autoengaño producido por un complejo de superioridad social, colectivo, compartido por todos los nacionalistas, gracias al cual este tipo de grupos tratan de compensar el indudable y permanente sentimiento de inferioridad de trato que consideran recibir de acuerdo con sus merecimientos, esto es, su naturaleza de pueblo elegido y, en consecuencia, superior.

    Sin olvidar que tal pretendida y asumida superioridad exige la correspondiente y singular ‘soberanía’ ya que dificilmente se puede ser, ejercer como, superior si careces de la autoridad suprema, la heterogeneidad, la naturaleza dominante del amo sobre los inferiores por distintos. De ahí el derecho a decidir ‘soberanamente’ la expulsión de ‘los otros’, metidos en casa ajena, esto es, la independencia.

    Ese discurso único e impuesto como forma soberana de la heterogeneidad. Esa reunión de castas, también diferenciadas entre sí y con distinto poder, que acuerdan excluirse y excluir a ‘los otros’, al ‘resto’.

    Además, para ellos, tales ‘algarabías’ son gratuitas y sin riesgo alguno, ya que gozan de beneplácito de Madrit, también todo un talante de cobardía, que las tolera sin titubear siquiera, simplemente esgrimiendo suavemente la advertencia de los 10 mandamientos.

    Veremos, pues, cómo no se independizarán pero sí lograrán mas privilegios, es decir, más motivos para que vd siga escuchado de ellos, con mayor o menor claridad pero permanentemente, que Madrit, los españoles, vds nosotros, les siguen robando y que lo mejor que puede vd hacer, por su bien, es estarse calladito.

    Y lo peor: ninguno de los poderes del ‘resto de España’ parece dispuesto, en absoluto, a acabar con esta modalidad de totalitarismo.

    EQM

     

    Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para El Mundo, 040914.

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    Madrid tiene la culpa

    Gabriel Tortella
    en El Mundo, 150914.

    Hasta aquí, estoy de acuerdo con los separatistas. Madrid, es decir, los gobiernos de España, han tenido una gran responsabilidad en el crecimiento del separatismo catalán. A partir de aquí, sin embargo, nuestras opiniones difieren, creo que diametralmente.

    El gran error que los gobiernos españoles, fueren del partido que fueren, han cometido en esta materia ha sido el conceder al separatismo su premisa fundamental: Cataluña es diferente, Cataluña no es España, es un rancho aparte en el que los gobiernos catalanes tienen todas las competencias y hasta sus propias leyes (aunque sean de la jungla); lo único que los gobiernos españoles han exigido a Cataluña desde la Transición es el pago de impuestos y el mantenimiento del orden. Lo que los gobiernos de la Generalitat hicieran, en Cataluña e incluso en el extranjero, no parecía incumbir a Madrid.

    Esto, por desgracia, sigue vigente hoy: da la impresión de que lo único que le importa al actual Gobierno es que Cataluña no celebre el 9 de noviembre ese extraño referéndum llamado "consulta" si el Tribunal Constitucional, como es muy altamente probable, lo declara inconstitucional (lo es a todas luces). Parece lógico que el Gobierno español se niegue a permitir un acto público de tal envergadura que vulnere la Constitución. Sin embargo, la pregunta que se plantea seguidamente es: ¿si tanto rigor muestra ahora, por qué ha permitido (él y sus antecesores) tantas y tan repetidas violaciones de la Constitución en materia educativa, lingüística, de orden público (banderas, rotulación de establecimientos), tributaria y financiera, etc?

    El Gobierno de Mariano Rajoy no parece darse cuenta de que el desafío separatista no se resuelve impidiendo la "consulta"; al contrario, lo favorece. Aunque la no celebración de la "consulta" pueda interpretarse como un revés, inmediatamente se convertirá en un argumento más para demostrar la tiranía que Madrid ejerce sobre Cataluña y una razón más que justifique el ansia de independencia. En otras palabras: no es con argumentos formales como se ganará la batalla al separatismo, sino con argumentos de fondo y, sobre todo, con coherencia. Si los gobiernos de España se proponen defender la Constitución, como es su deber, deben hacerlo siempre, no sólo a veces.

    Pero es que la cuestión del separatismo catalán no es un simple problema legal; hay una cuestión mucho más profunda: ¿por qué ha adquirido estas dimensiones el separatismo catalán, que en 1980 era un factor marginal? La respuesta es clara: porque los gobiernos de Convergència i Uniò han dedicado todos sus esfuerzos desde que alcanzaron el poder a subrayar el fet diferencial, a hacer propaganda del nacionalismo, a acosar a los no nacionalistas (el caso de Albert Boadella es quizá el más conocido, pero existen miles parecidos) y a utilizar todos los instrumentos a su alcance, en especial los medios y las escuelas, para potenciar un nacionalismo que no podía sino desembocar en separatismo. Esto ha sido posible porque los gobiernos españoles, como dije antes, han dejado a CiU campar por sus respetos, violar impunemente la Constitución y desacatar las sentencias de los tribunales. Todo ello ha creado un campo abonado donde una chispa provoca un incendio separatista.

    El control de los medios por la Generalitat es indudable. Se discute hasta qué punto controla también la educación. Se dice que los libros de texto son iguales en toda España. Vamos por partes. Tampoco se puede discutir que la Generalitat se ha esforzado en imponer la enseñanza en catalán casi exclusivamente, pretextando que el bilingüismo divide a la población catalana. Esto no es cierto: Cataluña es un país históricamente bilingüe. Sus mejores escritores, desde Juan Boscán, Antoni de Capmany y Jaime Balmes, a Ignacio Agustí, Ana María Matute y Juan Marsé (seleccionando arbitrariamente para no hacer la lista interminable) han escrito en español. Lo que sí separa a Cataluña de España (además de violar la Constitución) es el monolingüismo catalán, y a fomentarlo se han dedicado sistemáticamente los gobiernos catalanes (convergentes y tripartitos) ante la pasividad de Madrid.

    En cuanto a los contenidos, en especial en la enseñanza de la historia, no es cierto que todos los libros de texto sean iguales en España. Varían de unas comunidades a otras; en general, impera un localismo escandaloso y la Historia de España muestra un sesgo general en contra del "centralismo". Se habla más de "las Españas" que de "España", y ésta se encuentra a menudo vinculada a la Dictadura de Franco. Es decir, el problema de la demolición de la nación española no es privativo de los textos en catalán. Pero además, los libros no lo son todo en la enseñanza, sobre todo la primaria y la secundaria, y los gobiernos convergentes se cuidaron bien de seleccionar profesores entre los de ideología afín.

    Esta desafección hacia España en nuestras escuelas es sin duda consecuencia de la reacción contra el nacional-catolicismo que prevaleció bajo la Dictadura de Franco, pero es tan perniciosa como su contrario. En concreto, ha contribuido a que el público acepte la pasividad del Gobierno ante los desmanes de la Generalitat. Y, en general, el rechazo contra el centralismo franquista ha legitimado a los ojos de los gobernantes españoles la ideología nacionalista, haciendo que incluso, o más bien, en especial, la izquierda olvidara los indudables rasgos de insolidaridad, racismo y xenofobia que contiene esta ideología.

    El separatismo de estos tres últimos años se debe a razones económicas. La reacción de los gobiernos catalanes ante la crisis ha sido recurrir al endeudamiento masivo, que comenzó con el tripartito y continuó con el Gobierno de Artur Mas. En 2007 la deuda catalana era de 15.776 millones de euros. Hoy es de 61.836 millones, es decir, se ha cuadruplicado en menos de siete años. Cataluña no encuentra comprador de su deuda y recurre a España para que le saque del apuro (como lo oyen). Ha recibido ya del Fondo de Liquidez Autonómica, en los últimos dos años, más de 30.000 millones. La mitad de lo que debe se lo debe a esa «España que le roba.» Y pide más. Financieramente ahogada, su Gobierno quiere separarla de quien la salva. Se puede pensar que, una vez separados, no piensan devolver la deuda. Y Madrid sigue «prestando». Bastó ver en la última Diada la organización, comparable a la de las Olimpiadas de Berlín de 1936, para darse cuenta de los millones que se invirtieron en la manifestación. No importa, Madrid paga.

    Puede haber otra razón de tipo económico. Para Jordi Pujol, la UDEF fue demasiado deprisa. En una Cataluña independiente sus apropiaciones nunca se hubieran descubierto: hubiera mantenido su prestigio, su dinero, y jamás hubiera tenido líos con la Justicia. Lo mismo se aplica al resto de la casta catalana. Con su propia Agencia Tributaria, Banc Central de Catalunya, y Tribunal Supremo, podrían mandar mucho más y enriquecerse a sus anchas, sin estos pesados de Madrid, que dejan hacer, pero cuyos tribunales son imprevisibles. Para el catalán medio las ventajas de la independencia serían nulas, al contrario: inflación, impuestos, desempleo, y un largo etcétera. Pero los que impulsan la independencia no son el catalán medio: son la casta política y las clases acomodadas.

    Hoy estamos todos los españoles, y en especial los catalanes, en una situación complicadísima, a donde nos ha conducido la pasividad de los gobiernos de Madrid, que ya hicieron dejación de responsabilidades en el caso de Banca Catalana, hace nada menos que 30 años. Allí empezó todo este lío.

    Hoy todo es mucho más difícil que entonces, porque 30 años largos de "construcción nacional" han moldeado a la población. Pero esto debe ser contrarrestado. Cataluña es parte de España, y la ley debe aplicarse allí como en el resto del país. Los gobiernos de Madrid no pueden acomodar sus principios a gusto del interlocutor, como Groucho Marx. Y, sobre todo, Madrid debe acordarse siempre de esos millones de catalanes que se sienten españoles contra viento y marea, y que empiezan valientemente a hacerse oír frente a una casta gobernante hostil.

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    Gabriel Tortella es economista e historiador.

    Vergüenza se escribe con v

    Quienes se han manifestado el 11 de septiembre han podido ser también muchedumbre. Pero poco tienen que ver sus motivos con los que en 1977 sembraron la alegría, la cordialidad y el sentido unitario que nos han permitido a los españoles todos vivir en paz y libertad durante estos años. Que aquel hermoso proyecto de convivencia se desmantele nos preocupa

    Fernando García de Cortáza
    r en ABC, 150914.

    AUNQUE parezca que han pasado siglos; aunque parezca que ni siquiera nos encontramos en el mismo país, hace menos de cuarenta años y hablábamos aún de una parte indispensable de España llamada Cataluña. El 11 de septiembre de 1977, tras haber celebrado unas elecciones a Cortes en las que el nacionalismo había sido minoritario y el independentismo marginal, los ciudadanos se agruparon en la manifestación más concurrida, alegre, cordial y unitaria que se había conocido en la Barcelona del siglo XX. Hasta aquel día, solemne y festivo al mismo tiempo, nunca había podido verse un acontecimiento al que acudieran tantas personas. Para muchas de ellas, se trató de su primera experiencia de salir a la calle, y la potencia movilizadora de la Diada se expresó en una gran esperanza, que llenó las avenidas centrales de la ciudad para estimular con su energía el pulso aún vacilante del futuro de España.

    Aquel afán de construir una sociedad democrática precisaba de una movilización masiva de los ciudadanos que exigían ser sujetos activos de la política nacional. Pero demandaba también la alegría con que los pueblos despiertan a la conciencia de su libre responsabilidad. Requería la cordialidad con que los manifestantes se referían a las aspiraciones fraternas que empapaban la atmósfera de aquella España en vísperas de la constitución de un Estado de Derecho. Necesitaba del espíritu unitario que permitió a todos los catalanes que aspiraban a un régimen de libertades sumarse a aquella inmensa demostración de fuerza y generosidad. Un millón de voces exigió la aprobación de un Estatuto de Autonomía. Un Estatuto que, como bien lo sabían aquellos independentistas que se negaban a reconocerlo, era alternativa explícita a cualquier atisbo de ruptura con España.

    En aquellos momentos, España fue consciente de la ejemplaridad de la ciudadanía catalana. Los demócratas españoles contemplaron el sentido de aquella exhibición con el orgullo de algo que les resultaba no solo familiar, sino propio: la madurez de una sociedad plural, la sobriedad con la que expresaba sus aspiraciones, el repudio de cualquier misticismo estupefaciente, el desprecio por la exageración y el desdén del victimismo. A aquellos catalanes de 1977 nadie podrá darles lecciones de esperanzas colectivas de libertad, ni nadie podrá regatearles los sacrificios sufridos para afirmar la unidad de la nación en la exigente y firme integración de su diversidad. Ahora, cuando tantos practican el deporte frívolo y malicioso de desdeñar aquel inmenso esfuerzo de convivencia, conviene recordarlo. Ahora, cuando se frivoliza la envergadura cívica y la estatura moral de quienes fueron capaces de romper con un régimen autoritario y dotar a España entera de la dignidad de una democracia constitucional, tenemos la obligación de velar por el buen nombre de aquellos hombres y mujeres, capaces de clausurar el mito de la incompetencia radical de los españoles para vivir en paz y en libertad.

    Hay que hacerlo, sobre todo, para salvar nuestro futuro, tan necesitado de la movilización masiva, la alegría, la cordialidad y el sentido unitario con los que un millón de catalanes ocuparon las calles barcelonesas. Porque hoy las cosas están ocurriendo en un sentido contrario a la fe que movió las montañas de la intolerancia en la Transición. En el aquelarre legendario y embustero del independentismo catalán existe una perfecta congruencia entre las aspiraciones expresadas el 11 de septiembre de 1977 y la propuesta secesionista con la que lleva convocándose a los manifestantes últimamente, hasta llegar a lo que los separatistas han denominado «la Diada definitiva». Como si hace casi cuarenta años los movilizados hubieran tenido que morderse la lengua, embozar el corazón y disfrazar sus consignas, ocultando su independentismo a la espera de tiempos mejores. Como si quienes protagonizaron la Transición hubieran sido un puñado de cobardes entablando amena conversación con un hatajo de renegados.

    Hay en el lenguaje y la estética del espectáculo secesionista una arrogancia del peor estilo: la que se reviste de humildad. Hay, también, un sectarismo del más bajo instinto: el que se disfraza de solidaridad. Y hay, desde luego, una farsa artificiosa de pésimo gusto: la que pretende ataviarse de naturalidad. El discurso del presidente de la Generalitat no parece pronunciado por la máxima autoridad del Estado en Cataluña, sino por el líder independentista de una nación ocupada, que se dirige a sus seguidores desde unos pocos metros cuadrados de territorio liberado. Su partido ha utilizado todos los recursos que la Constitución de 1978 y el Estatuto de 1979 le proporcionaban para llevar adelante un proyecto impensable en el momento inicial de la Transición.

    El sistema educativo fue convertido en una forja de almas templadas en el discurso identitario. Los medios de comunicación públicos fueron sometidos a un estricto control ideológico denunciado recientemente por el sindicato de periodistas, escandalizados por lo que ellos mismos han llamado el cruce de la línea roja que separa la información de la propaganda. Una cultura acostumbrada al uso natural del bilingüismo y a la tenaz defensa de la pluralidad fue rebajada hasta alcanzar el bajo nivel de una recelosa protección de su pureza y de su insolvencia para integrar las múltiples facetas de una sociedad viva y compleja. La ortopedia de la «normalización» no hizo más que someter la musculatura ideológica del país a una lamentable hipertrofia, en la que la cultura acabó teniendo los penosos resultados del culturismo.

    Desde luego, el problema añadido ha sido España. Una España cuyos líderes la han abandonado a la condición de una mera denominación de origen, una administración sin alma, sin tradición y sin proyecto histórico comunes. Nadie desea vivir en un país sometido a la tensión mística a la que el secesionismo está aplicando a los ciudadanos de Cataluña. Nadie quiere una España recluida en el insensato fervor del discurso nacionalista, cuya despreciable clasificación entre «auténticos» y «ajenos a la comunidad» ha despojado de su significado el concepto de ciudadanía. Pero todos deseamos disponer de ese horizonte que también nos hizo salir a la calle en otros puntos de España, que nos hizo reconocernos como una nación en marcha, que nos dio la conciencia de la única soberanía verdadera: la de ser españoles libres e iguales en derechos.

    Por aquella España se combatió, enlazando con luchas iniciales de nuestra historia contemporánea. Frente a esta idea, frente a una Cataluña integrada en nuestra voluntad de perfección democrática, se manifiesta algo que no es en absoluto la voluntad de un pueblo. Es solo la tormenta perfecta, en la que confluyen la deliberada flaqueza de la conciencia nacional española, la deformación cultural impuesta por el nacionalismo y los efectos devastadores de una crisis que ha abandonado a tantos ciudadanos a su suerte, haciéndoles fáciles presas de la pasión secesionista.

    Quienes se han manifestado el 11 de septiembre han podido ser también muchedumbre. Pero poco tienen que ver sus motivos con los que en 1977 sembraron la alegría, la cordialidad y el sentido unitario que nos han permitido a los españoles todos vivir en paz y libertad durante estos años. Que aquel hermoso proyecto de convivencia se desmantele nos preocupa. Que las ilusiones de ahora traten de equipararse a las de entonces solo nos produce esa vergüenza que siempre se escribe con V, aunque se trate de la vergüenza ajena.

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    Fernando García de Cortázar, Director de la Fundación Vocento.

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    Ilustración de Raquel Marín [España, 1980] para el texto 'Querido Orwell', de Nuria Amat en El País, 020914 [ver infra].

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    Querido Orwell

    Maestro, le escribo esta carta abierta para decirle que su homenajeada Cataluña vive una situación que le escandalizaría. El nacionalismo separatista nos ha dividido en buenos y malos catalanes

    Nuria Amat en El País, 020914.

    Qué hace una escritora como yo en un país como este vendría a ser la pregunta clave desde que el nacionalismo independentista del Gobierno catalán ha izado sus banderas guerreras contra los catalanes que no comulgamos con la ideología soberana imperante. Preferiría no tener que hacerlo, querido Orwell, a fin de no malgastar mi energía poética, única felicidad a la que aspiro, y dar por zanjada esta inexacta rareza por siempre. Pero los tiempos del zafarrancho que vivimos en mi país pequeño, donde políticos separatistas y sus cornetas seguidores censuran y reprimen todo cuanto no vaya ungido de la estela patriótica, me obligan a hablar, por ejemplo, sobre la naturalidad de ser una escritora catalana que escribe en castellano, y a veces también en catalán, porque catalán es el mundo en el que nacen mis libros y catalana la historia de mi país múltiple, diverso, con dos lenguas benditas, catalán y castellano, que me pertenecen por completo.

    Desde que Cervantes llegó buscando la imprenta de sus sueños, Barcelona ha sido centro neurálgico de alta literatura. Pero la Cataluña receptora de lo mejor de las literaturas hispanas y de una procreación de autores y editores catalanes en castellano subsiste hoy en una especie de territorio comanche. Ahora, cuando los grandes escritores del mundo han dejado de venir a visitarnos, es como si la fraternidad de culturas y acentos hubiera desaparecido del todo y las voces que admiraba el mundo por su riesgo literario e intelectual están siendo encubiertas por un festival folclórico de libros improvisados.

    Virus imparable el independentista porque, además, un Gobierno de derecha anestesiada gobierna la actual España y con su falta de sensibilidad se ha sumado a la intoxicación de la concordia de los ciudadanos del país pequeño, creando los nacionalistas de aquí una situación que haría escandalizar a usted mismo, querido Orwell, y a su obra Homenaje a Cataluña, libro de cabecera de todo catalán que se preciara. Ni usted, referente universal de la defensa de las libertades, ni sus imprescindibles Notas sobre el nacionalismo, convencerán a un nacionalista catalán que deje de serlo. Una moda escapar de España; una tendencia festiva y obligatoria quedarse encerrados en la pequeña finca particular, como quien se va de campin una temporadita, cuando sabemos la gravedad de toda ideología populista que lleva “al nacionalista no solo a desaprobar las barbaridades cometidas en su propio lado sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”.

    Por eso los nacionalistas separatistas han dejado de leerle a usted, señor Orwell, a la vez que rechazan libros de valor intelectual o estético alejados de la emoción patriótica y de opinión opuesta a sus tejemanejes nacionales. Usted vuelve a dar en el clavo cuando dice: “Todo nacionalista se obsesiona con alterar el pasado... Hechos importantes son suprimidos, fechas alteradas, citas removidas de sus contextos además de manipuladas para cambiar su significado”. Sin ir más lejos, entre otros muchos falseamientos selectivos de la historia llevados a cabo en su querida Cataluña, maestro Orwell, el más reciente y al que han dedicado monumentos, congresos, libros y museos, ha convertido la guerra de Sucesión dinástica de la Corona española de 1714, desatada entre Borbones y Austrias, en guerra civil de victimización de catalanes, como si Cataluña hubiera perdido una guerra cuando en realidad no hubo vencedores ni vencidos por razones de país, sino por dar apoyo a uno de los dos reyes en palestra.

    De todo cuanto le digo, querido Orwell, lo que me sacude el ánimo hasta un extremo doloroso es la división entre buenos y malos catalanes según sea nuestro grado de simpatía o antipatía por el independentismo, de manera tal que una frontera divisoria nunca vista desde la dictadura nos ha separado de amigos, familiares y conocidos, de ilusiones y de proyectos comunes, de nuestro futuro inmediato, de nuestra literatura célebre por su entidad y riqueza formal exclusiva, y hasta de nuestros trabajos literarios y universitarios, de los que también nos han ido apartando como esos insectos molestos y peligrosos a los que usted hace referencia en sus notas antinacionalistas. Sin violencia física, como les gusta justificar a viva voz; con intimidación solo psicológica, pero violencia al fin, nos miden el grado de catalanidad con baremos tan infantiles, por no llamarlos racistas, como el nivel de catalán de sus ciudadanos, el partido al que pertenecen, la bandera que cuelgan en su balcón, los libros que compran y su sentimiento de independencia.

    También el nacionalismo de aquí ha tenido sus ladrones de guante blanco. El colmo ha sido Jordi Pujol, presidente de la Generalitat durante treinta años, cuya lucha patriótica y soberanista era solo estrategia para beneficio económico del mismo Pujol y el de su familia, llevándose el dinero a paraísos fiscales y preparando el país para que su hijo pudiera heredarlo. El rebrote del virus separatista encontró campo abonado cuando, después de una transición ejemplar, determinada doctrina oficial del Gobierno pujolista y posmaragallista tergiversó los acuerdos promulgados y aceptados después de treinta años de dictadura. Ya en 1997 Mario Vargas Llosa acudió al Palau de la Virreina y tocó donde más duele al catalanismo. Acusó a la ciudad de ser “más provinciana y menos universal”, por efecto del nacionalismo que a principios de los años setenta. Desde entonces, el escritor peruano ganador de un Nobel no es bien recibido por las fuerzas políticas de este país cuya lengua, el catalán, nunca ha sido mejor valorada como en los libros sobre Tirant lo Blanc que el autor le ha dedicado.

    Hasta que aparece en escena Artur Mas, presidente de la Generalitat, con su órdago independentista embrollando a los catalanes, siempre bien avenidos, ahora divididos en un país que muchos califican de enfermo. Si se había definido que era catalán todo aquel que trabajaba y vivía en Cataluña, el Gobierno de CiU añadió un concepto ideológico: “Y de aquellos que tienen voluntad de serlo”. Esta añadidura significó el comienzo de un proyecto nacionalista exclusivo ideado para dar patentes de catalanidad a quienes trabajen para merecerlo. A partir de entonces, los escritores catalanes que escribimos en castellano, junto con los que, también haciéndolo en catalán, son críticos con el nacionalismo, pasamos a convertirnos en anticatalanes. Enemigos del pueblo. Usted sabe mejor que yo, señor Orwell, que el peligro de todo nacionalismo es “el hábito de identificarse con una única nación o entidad, situando a esta por encima del bien y del mal y negando que exista cualquier otro deber que no sea favorecer sus intereses”.

    Una parte significativa de la literatura de éxito de Cataluña se ha escrito siempre en castellano. Detalle, éxito literario, que molesta al nacionalista que niega por activa y por pasiva otra literatura que no favorezca sus intereses, o sea: escritura militante de Estado propio. Por eso ni Carles Riba, ni Salvador Espriu, ni Josep Pla, ni Josep Maria Castellet serían hoy independentistas. Los últimos veinte años están repletos de batallitas represivas del nacionalismo con sus ciudadanos escritores. Han ido cambiando de tono y estrategia. Inverosímiles, muchas. Grotescas, otras. Cada vez más ocultas y afiladas.

    A los escritores contrarios al nacionalismo nos apartan de la prensa escrita, de los medios públicos, de las universidades y de todo aquello que pueda representar ventana de nuestra existencia. El poder político catalán incide directamente en la distribución de puestos de trabajo y financia con dinero público empresas culturales sectarias. Lo tienen comprado todo: editoriales, universidades, periódicos... El afán independentista por apropiarse del pastel en todas las casillas nos tiene saturados. Políticos y tertulianos separatistas jalean de forma mesiánica a los ciudadanos. ¿Qué más puedo decirle, señor Orwell, que usted no sepa? Los residuos de regímenes dictatoriales dejan abono de ideologías nacionalistas, las mismas que en su día desataron dos guerras mundiales. Esperemos que jamás ocurra. ¿Y mientras tanto? ¡Cuánta literatura perdida!

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    Nuria Amat es escritora.

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    Notas.- Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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    16 Septiembre 2014

    Pepe Bono, visionario

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    Eugenio Bono

    ¿Saben aquel que diu que va José Bono, en 2005, y llama al arruinador ZP y le dice:

    - "¡Oye, Presidente, que nuestros compañeros Pascual Maragall y compañía quieren independizar a Cataluña de España!

    Y va el Presidente y le contesta:

    - Tranquilo, Pepe, tranquilo, que cuando se hayan independizado... ¡les convenceremos para que vuelvan!

    Entonces Pepe, con la voz entrecortada, balbuceante, jadeando, finaliza la conversación:

    - Por Dios, por España y como Ministro de Defensa que soy, Presidente... ¡qué peso me acabas de quitar de encima!

    EQM

    Menos corrupción y más solidaridad es lo que necesita Cataluña

    En octubre de 2005, José Bono, entonces ministro de Defensa, reprochó al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, su deriva hacia posturas nacionalistas. Otros líderes políticos intervinieron en la discusión, que Bono evoca en este texto

    José Bono en El País, 130914.

    Hace unos días leí al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, a Miguel Ángel Moratinos y a Juan Carlos Rodríguez Ibarra mis notas originales de Diario de un ministro,que Planeta publicará el próximo año. Coincidimos los cuatro en que sería conveniente hacer público ahora lo ocurrido hace nueve años en la Embajada de Portugal en Madrid:

    Domingo, 16 de octubre de 2005. Cena en la Embajada de Portugal. Asisten los Reyes, Alberto Aza, el embajador de Portugal, Gregorio Peces Barba, Curro Moratinos, Alberto Ruiz-Gallardón, Rodríguez Ibarra, Manuel Fraga, Jordi Pujol con su mujer, Marta Ferrusola; Pasqual Maragall y yo. Alberto Aza nos anuncia que no volverá a invitar al Palacio Real, por razones higiénicas, a periodistas como el director de Época. Ruiz-Gallardón asegura: “Julio Ariza ha ido a decirme que si le daba publicidad cambiarían su línea editorial respecto de mí. Ya hicieron lo mismo en la Comunidad de Madrid. Nunca nadie se ha mostrado ante mí con tan poca vergüenza como este señor”.

    Al acabar la cena, mientras estoy hablando con Rodríguez Ibarra se acerca Maragall:

    - ¡Buena la has liado con el Estatuto: es la base de la secesión!, le digo.

    - No ha sido por capricho sino por necesidad, alega Maragall.

    - No veo -contesto- la necesidad por ningún lado. Tras 23 años de poder de CiU, formas un gobierno presidido por un perdedor que eres tú —porque has perdido las elecciones aunque gobiernes— e inicias la secesión de Cataluña, porque eso es lo que se está haciendo, a juzgar por tus propuestas que me han remitido de Ferraz.

    - Los perdedores sois vosotros, el futuro está de mi parte. Ya lo verás.

    - Sabes que te tengo aprecio sincero pero creo que no sabes lo que dices, Pasqual. Para conseguir el apoyo del PSOE a un Estatuto “con el fin de ganar las elecciones”, nos ocultaste en Santillana del Mar que ibas a caminar hacia posiciones independentistas. No sólo has perdido, sino que yo, al menos, me siento engañado. Recuerda, pese a todo, que en la declaración de Santillana dejamos escrito que “los socialistas queremos a España, que es y ha sido siempre la pasión de los socialistas”.

    - Eso de querer a España es una manifestación antigua, me contesta.

    - Querer a España incluye también a Cataluña. El respeto y el afecto a Cataluña no son patrimonio de los nacionalistas y jamás aceptaré que solo se pueda ser patriota de Cataluña y que sea de fachas sentirse español. Lo antiguo, lo insolidario es el nacionalismo de quienes os creéis únicos y mejores en un mundo, por suerte, cada vez más mestizo. Pagar más impuestos no da más derechos. Tendrías que ganar a los nacionalistas en votos pero solo les has ganado en nacionalismo. Lo sensato es superar las fronteras y vosotros queréis levantar otra.

    Rodríguez Ibarra me apoya con fuerza. Se incorpora Ruiz-Gallardón: “Vengo a echar una mano a España”. Pujol jalea y anima a Maragall y caminando por el salón con ese modo suyo característico de dar dos pasos atrás, dos para un lado y otro, como si fuese un predicador que siempre proclama verdades, asegura:

    - Cataluña ha sido muy perjudicada por el Gobierno central en los últimos años.

    - Es inaceptable -casi le grito- que digas semejante barbaridad; ¡Tú has sido una especie de co-príncipe en Cataluña! ¡No te ha ido nada mal; ni a ti personalmente ni a tu comunidad autónoma! ¿De qué te quejas? No hay derecho natural para ser más que el vecino.

    - Nosotros hemos sido víctimas, asegura Pujol.

    - ¡Basta de victimismos! Ni tú ni nadie de los que estamos en esta sala hemos sido víctimas. Las únicas víctimas de la historia son los pobres, los parados, los necesitados, vivan donde vivan…

    - Esta conversación no tiene sentido: Cataluña es una nación y así lo sienten los catalanes, insiste Pujol.

    - Yo no hablo de sentimientos que por supuesto respeto -le respondo- pero políticamente tengo seguro que siendo ministro, ese Estatuto no se publicará en el BOE. Aceptar que las comunidades autónomas se autotitulen naciones al modo que lo decís vosotros, es reconocerles un derecho diferido en el tiempo a reivindicarse como Estados.

    - ¿Te crees con tanta fuerza? ¿Amenazas con los militares? Me pregunta Maragall.

    - No Pasqual, yo no amenazo con los militares pero creo tener la suficiente fuerza para dimitir como ministro de Defensa antes de que entre vigor un texto que pueda perjudicar la unidad de España y, por tanto, la igualdad de derechos de todos los españoles. Un ministro de Defensa al que no le importa la unidad de España es como un ministro de Economía que no sabe sumar, pero los militares españoles, en su conjunto, no deben preocuparos como amenaza porque son bastante más fiables que vosotros y cumplirán con su juramento de acatar la Constitución.

    En ese momento el Rey, que estaba detrás y no le veía, se acerca y me toma por los hombros:

    - “Muy bien dicho, Pepe. Mientras yo sea rey no aceptaré que se divida España”

    Peces Barba, queriendo oficiar de sumo sacerdote, pide que nos soseguemos. Ibarra le responde:

    - “Estamos muy sosegados, tan sosegados como firmes en la defensa de los valores constitucionales”.

    Alberto calla pero hace gestos de apoyo inequívoco a la causa constitucional.

    Maragall, sintiéndose apoyado por Pujol, dice:

    - “Cataluña está discriminada económicamente: no tienes más que ver cómo en Extremadura cada niño tiene un ordenador y en Cataluña no podemos permitirnos esos gastos”.

    Ibarra le contesta ante el silencio atento de todos:

    - “¡En lugar de tanta televisión autonómica con sueldos astronómicos procedentes de los impuestos; de tanta embajadita en el exterior y de tanto 3% como dices que roban los de CiU en todas las obras públicas, podríais comprar más de un ordenador a cada niño. ¡Menos corrupción y más solidaridad es lo que necesita Cataluña!”.

    Maragall se extraña.

    - “No pongas esa cara de extrañeza -sigue Ibarra- que lo del 3% acabas de decírnoslo antes de que llegara Pujol”.

    Gallardón y yo casi le aplaudimos. Pujol hace un gesto de desprecio, especialmente hacia Ibarra. Fraga, al verlo, gesticula y afirma:

    -“¡Señores, esto se llama, señores, pura y simplemente, secesión! Que lo defiendan ustedes en la Embajada de Portugal es muy significativo de sus intenciones, que yo jamás aceptaré, lo diga el Papa o el Rey. Cataluña es española porque lo quieren los ciudadanos y así lo han dicho históricamente y en el referéndum constitucional. ¡Ustedes van exclusivamente a lo suyo!”.

    Se acerca Moratinos:

    - “Vayamos con el presidente Sampaio, que está solo y esta cena era en su honor… Ah, y por cierto, estoy con Gallardón, Bono e Ibarra”.

    Terminamos sobre las doce de la noche. Llamo al Presidente Zapatero para darle cuenta de lo ocurrido y le digo que Maragall no debería estar en el partido. En este partido, campeón de la igualdad entre los españoles, no puede darse cabida el independentismo insolidario.

    Repitiendo la monserga de que España es la madrastra y Cataluña la Cenicienta, acabarán convirtiendo la mentira en sentimiento de agravio colectivo. Lo grave sería nuestro silencio; el silencio de quienes defendemos la Constitución. Hoy, por lo menos, el Rey, Moratinos, Ibarra, Fraga, Gallardón y yo no nos hemos achantado.

    ••

     

    ••••

    Notas.- Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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    15 Septiembre 2014

    La panegírica despedida al Sr. Botín

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    vía

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    Crítica, publicidad, poder

    Sin acabar de salir la crisis, fallece súbitamente el más grande de la banca española, D. Emilio Botín.

    Inmediatamente, la prensa y PP/PSOE, el Sistema, se ha volcado en desmesurados y unívocos panegíricos, que para sí quisiera, porque habitualmente no lo tiene, cualquier grande entre los grandes que, desgraciadamente, sea objeto de obituario.

    Y todo eso, como digo, en medio de un cuestionamiento colectivo de las entidades financieras; de créditos condonados a los partidos; del escándalo de los créditos preferentes; de indultos que benefician a banqueros; de puertas giratorias de lujo, en favor de políticos decisivos; de queridos emilios.

    Algún día alguien estudiará la relación existente entre las inversiones de los grandes en publicidad y el trato que éstos reciben de los medios. O entre favores políticos y el financieros.

    Enormes indicadores, esos del agradecimiento a los servicios prestados y para que [se] sigan prestando.

    EQM

    El tratamiento a D. Isidoro Álvarez, está siendo idéntico y por las mismas razones.

    El arruinador ZP despachando con el Sr. Botín. Vía.

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    La muerte de Emilio Botín o el funeral de un jefe de Estado

    El abrupto adiós de Botín le ha proporcionado la satisfacción de contemplar desde el más allá el espectáculo inigualable de todo un país rendido a sus pies, una auténtica y unánime explosión de jaboneo y pleitesía, una despedida con honores de Jefe de Estado, exaltación del panegírico imposible de explicar solo por la ruina económica de los medios y su dependencia de los amos del dinero.

    Jesús Cacho en VozPópuli, 140914.

    Nos enteramos el miércoles. Abordado por los informadores en los pasillos del Congreso, el presidente del Gobierno dijo que había tenido una reunión con él “la semana pasada” y le había encontrado en muy buena forma. “Ha sido un mazazo”. No es fácil ser recibido por el presidente, y mucho menos si ese presidente es un Mariano Rajoy escondido tras la empalizada de Moncloa, pero Emilio Botín no es, no era, cualquier cosa, que hablamos del dueño del mayor banco privado del país y una de sus mayores fortunas, si no la mayor.

    Ver al presidente del Gobierno de turno cuando se le antojaba era una de sus prerrogativas. Imposible olvidar aquella fotografía, momentos estelares de la humanidad, de Botín en camisa y tirantes dando clase en el propio despacho del banquero a un estulto Zapatero que, también en camisa pero sin tirantes, le escuchaba embelesado.

    Señor de horca y cuchillo, “don Emilio” perdió la vida el martes por la noche en su apartamento de la sede del Banco Santander (BS) en Boadilla, Madrid (lo de la “bañera de agua caliente” en su casa de Somosaguas parece una mentira piadosa instada por la familia), antes de que el reloj diera las doce. El hombre obsesionado por la salud, el Fausto dispuesto a pactar con el diablo un viaje de no retorno a las fuentes de la eterna juventud, el hedonista que todos los años antes de la Junta General viajaba a una clínica de Miami para someterse a un recauchutado hasta el techo, ha terminado muriendo solo, como morimos todos, “nacemos solos, vivimos solos, morimos solos” (Orson Welles).

    También dice Welles que “tener un final feliz depende, por supuesto, de donde quieras que acabe tu historia”. A Botín no le hubiera importado llegar a los 100 años al frente del banco –los ejercicios diarios, los cuidados físicos, el equipo médico pegado a los talones- si la parca no le hubiera sorprendido cuando menos lo esperaba.

    El abrupto adiós, sin embargo, le ha proporcionado la satisfacción de contemplar desde el más allá el espectáculo inigualable de todo un país rendido a sus pies, una auténtica explosión de jaboneo y pleitesía, una despedida con honores de Jefe de Estado, páginas y páginas de la prensa plagadas de ditirambos rumbosos, apoteosis del incienso, exaltación del panegírico imposible de explicar solo por la ruina económica de los medios y su dependencia de los amos del dinero, porque en la rendición de nuestra clase dirigente ante un banquero cadáver hay algo más que la humana admiración que produce el vil metal, más que esas miserias que Étienne de La Boétie describió en su “Discurso de la servidumbre voluntaria”, más que el simple pago de favores: lo que hay es la constatación de que nuestro establishment está muy malito, España está muy enferma, esta es una sociedad amortajada, rendida al becerro de oro, unánime en el elogio al poderoso y de una atroz avenencia a la hora de condenar con dureza a aquel que osa desafiar al coro de plañideras. El abismo que separa a la España oficial de la real es ya insalvable. Nunca una España con una fibra moral tan débil.

    No enterramos a un político excepcional capaz de haber sanado de una vez las viejas heridas históricas patrias, ni a un científico de fama mundial laureado con el Nobel. Al contrario que banqueros como Valls Taberner o Sánchez Asiaín, Botín era un hombre sin el menor interés desde el punto de vista intelectual. Un tipo con una gran inteligencia práctica, con un enorme olfato para los negocios y con pocos o ningún escrúpulo. Nada que ver con el banquero clásico: él era un financiero, mejor dicho un trader, incluso un gambler (gloriosa operación la de Antonveneta, ejemplo del genio del personaje: el Santander (BS) la compró en 2007 por 6.300 millones de dólares y dos meses después se la colocó a Monte Dei Paschi di Siena en 9.000…!La Justicia italiana aún sigue investigando) que apostaba sobre seguro, contando siempre con la mejor información disponible en el mercado, porque la información, el “soplo”, como la voluntad de los humanos, se puede comprar.

    Fue sobre todo un hombre que entendió como pocos el ADN de la famosa Transición española y la sustancia de la que estaba hecha nuestra clase política, la cualidad delicuescente de su sistema de valores, para llegar a la conclusión de que todo, en efecto, se podía comprar, porque todo el mundo tiene un precio y la cuestión reside en poner sobre la mesa la cifra adecuada.

    El orgullo de la familia Corleone

    Su gran salto adelante fue la compra del Banesto de Mario Conde intervenido por el Gobierno de González en 1993. Para poder quedarse con la presa, Botín se cameló a Alfredo Sáenz, vicepresidente del BBV, la competencia, que había sido mandatado por el FGD para gestionar el banco intervenido. Y Botín lo “compra”, literalmente se lo queda, le regala 1.000 millones de pesetas en acciones a cambio de que Sáenz le filtre la cifra mágica que había que ofertar para quedarse con la pieza. El episodio de la plica sin firma por la cual BS se adjudicó Banesto pasará a los anales de la historia como un atentado al Derecho Administrativo y una operación que hubiera llenado de orgullo a la familia Corleone.

    También como una muestra de la corrupción de las instituciones. El pobre Emilio Ybarra todavía debe andar preguntándose qué fue realmente lo que pasó. Poco después, Botín hizo consejero de BS al gobernador del Banco de España –durante los últimos 20 años, él y Sáenz han partido el bacalao allí a su antojo- Luis Ángel Rojo, el intelectual de izquierdas que tendría que haber invalidado aquella tropelía. Lo ficha y, como solía hacer con todos los ejecutivos importantes a los que estresaba con un nivel de exigencia insoportable –célebre el caso del consejero delegado que fue llamado a despacho en Santander un 24 de diciembre por la tarde-, lo hace de oro. Pura marca de la casa.

    El segundo gran golpe fue la fusión de BS con Banco Central Hispano (BCH), en unos acuerdos cuyos términos ignoró después de haberse sacudido, generosas indemnizaciones mediante, las incómodas presencias de José María Amusátegui y Ángel Corcóstegui. A la operación llegaba Botín con un modelo agotado basado en la gestión de productos, que a su aversión al riesgo industrial unía una innata capacidad para quemar, exprimir, maltratar a la clientela, a la que, según se decía en el mercado “cobraba por respirar”. El Santander necesitaba dejar de ser una financiera de distribución de productos para pasar a ser un banco de clientes dispuesto a estar a las duras y a las maduras.

    El cántabro se quedó con el santo y la limosna, no sin antes enviar al Gobierno discretos mensajes asegurando que la participación real de la familia en BS era, es, muy superior al 1% oficialmente reconocido, lo cual facultaba a Emilio para disponer a su antojo y mandar al BSCH a mejor vida. Esa participación es uno de los misterios por resolver, como lo es el tamaño del banco fuera de Balance, ese “Santander B” sobre el que se vienen haciendo cábalas desde hace tiempo. La posterior venta de la cartera industrial del BCH permitió a Botín abordar la expansión internacional gracias a las plusvalías conseguidas. Es sin duda el mayor logro del cántabro: haber hecho del Santander el primer banco de la eurozona.

    Pero es el en terreno de los comportamientos democráticos donde la figura del hombre más poderoso de España se resiente hasta convertirlo en uno de los españoles que más han contribuido al descrédito de nuestra democracia y a la consunción natural por corrupción del sistema político surgido tras la dictadura. Sería una exageración cargar en el debe del cántabro el desprestigio de nuestras instituciones, porque los responsables del desastre son muchos y muy notorios, empezando por la clase política, pero es una evidencia que él ha sido el español que con más cuajo, con mayor desparpajo las ha utilizado en beneficio propio como instancias de usar y tirar, sin importarle un bledo la opinión pública.

    “Me apodero de lo que codicio y siempre encuentro un corrupto que lo justifica en Derecho”, decía Federico II de Prusia. El interés por hacerse con el dinero negro que inundaba el mercado le llevó a sacar, a finales de los ochenta, un producto denominado cesiones de crédito de nuda propiedad. Del atolladero, es decir, del banquillo, lo sacó María Teresa Fernandez de la Vega (entonces secretaria de Estado de Justicia), a costa de alumbrar una tal “doctrina Botín”, paradigma de Justicia a la carta para el poderoso, que acabó privando a la acción popular del derecho –expresamente reconocido por la Constitución- de sostener en solitario la acusación en un procedimiento penal.

    Los 2.000 millones “olvidados” en Suiza

    Más escandaloso aún, el episodio reciente de los 2.000 millones (unos 332.000 millones de pesetas) que los hermanos Emilio y Jaime Botín habían olvidado tener en Suiza sin declarar a Hacienda, producto también de una herencia paterna como en el episodio, calcado, que ahora aflige al ex presidente catalán Jordi Pujol, pero que en este caso el Gobierno Zapatero, con Elena Salgado como ministra de Hacienda, permitió regularizar mediante el pago de 200 millones al Fisco, sin que cupiera investigación adicional alguna, que no se trata de incomodar al banquero que tan generosamente condona los créditos que nos concede y que nunca devolvemos.

    La mentalidad y filosofía del personaje queda resumida en una anécdota que bien merece pasar a categoría. Cuando, en una reciente Junta General, un accionista tomó la palabra para instar el cese del consejero delegado, el citado Sáenz, por estar condenado en sentencia firme del Supremo, el presidente Botín toma el micrófono y alto y claro responde que “no le ceso porque no ha causado perjuicio alguno al banco ni a ninguna de sus empresas”. A tomar vientos. Sáenz, después amnistiado por el inevitable Zapatero, solamente se había pasado por el forro el Código Penal, al meter en la cárcel a unos clientes que se habían resistido a devolver unos créditos durante su paso por Banca Catalana.

    Este es el hombre –muy someramente retratado- al que la España oficial y sus monaguillos se han rendido en genuflexa manifestación colectiva de vasallaje, para certificar la crisis moral de un sistema que ha perdido el norte y también la vergüenza. Sic transit gloria mundi. Para cualquier país es muy importante contar con grandes bancos y empresas, razón por la cual hay que desear éxito en la gestión a la nueva presidenta de la entidad, Ana Patricia Botín, enfrentada a una tarea de caballo que precisará de unos métodos, un estilo, mucho más cercano a las aspiraciones de regeneración democrática que tantos millones de españoles ansían.

    Perteneciente a otra generación, pocas dudas caben que las cosas empezaran pronto a cambiar en BS en línea con el respeto a la legalidad que cabe exigir al mayor conglomerado financiero patrio. Más difícil lo tiene esa España oficial obligada a abordar los cambios democráticos que el país reclama. La España anquilosada y servil de hoy parece haber retrocedido siglos respecto a aquella otra que, vital, ilusionada y libre, estrenaba democracia a finales de los setenta. Los funerales por Botín han sonado a epitafio de esa España muerta más que enferma. El cambio parece inevitable. Y lo harán esas elites podridas, de grado o por fuerza, o la hará el populismo de los Podemos que tanto les asusta y aflige.

    ••••

    Notas.- Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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    14 Septiembre 2014

    El monaguillo

     

    [Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

    Relato breve.

    .

    Vivía en un pueblo medieval, en una casa de fortuna adosada a la que fue la barbacana defensiva. Le encantaba callejear durante la noche bajo la tenue luz de las bombillas incandescentes. Casas nobles y extensas murallas componían un marco ideal para ensoñar en el silencio de sus misterios. Siempre finalizaba su andadura en una esquina oscura de sillería desde la cual, sin ser visto, podía advertir la silueta sensual e inquieta de su inalcanzable amor, tras los visillos de su casa. Pero las noches de luna llena, cuando había paseado un buen rato, acababa entrando en la Iglesia para admirar cómo lucía sutilmente el pequeño vitral multicolor que representaba a San Dimas, el buen ladrón.

    Cuando vivían sus padres y aunque la casa era diminuta, accedieron a dar posada al sacristán a cambio de que le enseñara a leer y escribir y las cuatro reglas. Compromiso que no logró del todo debido a las carencias peculiares de su alumno. De esa guisa acabó siendo monaguillo, situación que le facilitó la cercanía a las vírgenes y santos venerados en el pueblo. Desde entonces, hablaba con ellos sin ningún pudor, siempre estaban atentos a sus plegarias; eran sus únicos amigos.

    Por eso esa noche se atrevió a pedirle al Santo que accediera a escuchar su petición: “que el alguacil, aquejado de una peligrosa enfermedad, no se recuperase; que intercediera para que Dios se lo llevara al mismísimo Cielo; que le dejara el terreno libre”. Deseaba tanto estar junto a aquella mujer que sólo veía la posibilidad de tenerla entre sus brazos si se quedaba viuda. Sabía que era una demanda inusual, quizás excepcional, o incluso canalla, pero pensaba que San Dimas, que había insultado tiempo atrás al mismísimo Jesús, podía aceptar su desesperado ruego. Tiempo habría después para el arrepentimiento.

    Para mayor efectividad, encendió una pequeña lámpara de aceite, prometiendo que la mantendría ardiente hasta finalizar el doloroso suceso que abriría las puertas de su libertad. Pero, pasados unos días, se enteró que el enfermo había mejorado y, al entrar en la iglesia para recriminar a San Dimas, se percató con extrañeza que el aceite de la lámpara había desaparecido antes de lo previsto, extinguiéndose la llama. Sin pérdida de tiempo la rellenó de aceite de oliva y la volvió a encender. Tras mucho cavilar sospechó que el Santo no le hacía empeorar si se apagaba la lámpara. Y se quedó de centinela a la espera de pillar al ladrón.

    A media noche, adormecido sobre un reclinatorio de la capilla menor, oyó un sonido extraño que le despejó. Permaneció perplejo cuando vio que se trataba de un murciélago negro que, boca abajo, colgado del borde del cristal, absorbía el aceite de la lámpara. Sabía que las diabólicas lechuzas y autillos, aves de mal agüero, robaban en los templos, mas nunca de los murciélagos. Y no lo pensó dos veces: sigilosamente, aprovechándose de la absorta chaladura del diminuto mamífero, se acercó lo suficiente para, de un manotazo certero, estrellarlo contra el suelo y pisotearlo frenético de rabia.

    Se quedó satisfecho y preocupado a la vez, pues no tardó en percatarse que aquel descarado animal, durante la desigual pelea, le había mordido el dedo meñique. Poco tiempo después, coincidiendo con el restablecimiento total del alguacil y pese a platicar todos los días con San Dimas, sucumbió bajo el poderoso y letal virus de la rabia.

    En su entierro hubo mucho personal, no en vano era el monaguillo singular del pueblo. Ese día, durante la misa “córpore insepulto” que se celebró en su querida iglesia, todos alzamos la mirada, incrédulos, para ver el resplandor excepcional de las vidrieras, particularmente la de su fiel amigo San Dimas. Pero estoy seguro que echó en falta la refulgencia de la esbelta y fresca figura de su anhelado amor.

    ¡Si le hubiese dicho que la amaba...!

    .

    Enrique Masip Segarra [2014]. © Todos los derechos reservados.

    .

     

    'La crucifixión de Jesús' [s. 980]. Primera ilustración conservada del 'Buen ladrón', San Dimas, crucificado a la derecha de Jesús [con un símbolo de gloria más arriba]. Pertenece al Códice de Egberto [s 980], custodiado en la Biblioteca Municipal de Tréveris [Alemania]. La autoría de la miniatura se atribuye al Maestro del Registrum Gregorii y corresponde al arte otoniano [siglos X-XI]. Vía Bistum-Trier.

    NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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