La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

24 Julio 2014

Francis Montesinos, otro linchado inocente

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Facilidades españolas

Qué fácil resulta en España linchar a alguien, destrirle la vida, su fama, su honor. Qué facil formular una denuncia falsa, sobre todo en materias sensibles, discriminadas singularmente, como la violencia de género o la pederastia.

Con qué facilidad se detiene al denunciado con falsedad y, tenga la edad que tenga, qué fácil es hacerle pasar la noche tirado en un calabozo, para pasar, al día siguiente, a disposición judicial. Qué fácil encontrar indicios racionales donde, finalmente, no habrá más que humo.

Qué facil.

Dando lugar, sobre todo si el denunciado es conocido, lincharle en los medios, días y diás, con todo lujo de disparatadas conjeturas, de medias verdades, de absolutas mentiras, con fotografía y vídeos a porrillo, de modo que nadie se quede sin saber lo delincuente que puede llegar a ser el linchado. La presunción de culpabilidad cono norma.

Y qué fácil es acabar exonerando al falsamente denunciado, sin que nadie, nadie, le pida siquiera perdón.

Así es la expiación en España. Y sin que ningún partido de los llamados 'regeneradores' digan ni mú.

Qué fácil.

Esta vez le ha tocado a Francis Montesinos, un famoso e internacional diseñador de moda español al que, con 64 años, han arruinado la vida que le quede y la marca de su empresa, es decir, también la marca 'España'.

A quién le importa.

Qué fácil.

EQM

La juez archiva la causa contra Francis Montesinos por abuso de menores

El conocido diseñador se siente "aliviado", pero no "sorprendido", porque siempre se declaró inocente

El País, 240714.

El Juzgado de Instrucción número 3 de Llíria (Valencia) ha retirado este jueves la imputación contra el modisto Francis Montesinos, de 63 años, por la comisión de los presuntos delitos de abusos sexuales, corrupción de menores, pornografía infantil y tráfico de drogas. El auto de la juez archiva la causa contra al conocido diseñador, que ha negado siempre, taxativamente, los cargos desde que fuera detenido el pasado 4 de junio. "Soy inocente y estoy seguro de que se demostrará. El origen de esta denuncia contra mi persona viene de infundios completamente falsos y erróneos", afirmó nervioso Montesinos, un día después de su detención por parte de la Guardia Civil. Fuentes próximas a Montesinos han señalado que el auto "confirma la inocencia del diseñador" y aseguran que este se ha mostrado "aliviado", aunque "no sorprendido".

En el auto, la jueza considera que no existen indicios suficientes para inferir la participación de Montesinos en los delitos que se le imputaban y que "justifiquen la continuación de las investigaciones" respecto al diseñador. La juez también subraya que los testimonios de los familiares del niño y la niña, supuestamente objetos de abusos sexuales, que desvinculaban al diseñador. Y constata que no halló en el registro de su domicilio fotografías o material informático de contenido pornográfico infantil.

La causa se archiva en lo que concierne a Montesinos. Pero continúa la investigación referida a los hechos constitutivos de varios delitos que presuntamente se cometieron, y en los que aparece implicado el ayudante del modisto y guardés de su chalet, el portugués de origen brasileño Carlos A. Alguno de los supuestos abusos sexuales fueron atribuidas al diseñador, cuando éste no estaba ni presente en el lugar de los hechos, según reconocieron familiares y testigos.

De hecho, el diseñador ha declarado como testigo esta mañana del jueves en la Audiencia de Valencia en otra causa que se sigue contra su antiguo asistente. Carlos A. está siendo procesado por un supuesto delito de violación en grado de tentativa y una falta de lesiones contra un menor de 13 años. Los hechos sucedieron en 2013 en el chalé de Llíria (Valencia), donde reside el diseñador, cuando en la vivienda no se encontraba éste. El fiscal pide 12 años de prisión para el procesado, que actualmente se encuentra en prisión provisional hasta que se dictamine la sentencia.

Tras levantarse el secreto de sumario de la imputación ahora archivada, los abogados del diseñador, uno de los principales protagonistas de la moda española de los últimos 30 años, ya pidieron el 21 de julio "el sobreseimiento y la exculpación inmediata" de su defendido. "No existe nada ni nadie que acuse", afirmaron los letrados, que aseguraron que la víctima "ha exculpado por completo al señor Montesinos en la misma declaración en que identificó como presunto autor de los hechos a un tal Carlos".

El despacho de abogados del diseñador agregó que ante la "evidencia", la fiscalía "ha formalizado recientemente una ampliación de querella dirigida contra Carlos C., por lo que se ha abierto un nuevo procedimiento exclusivamente contra él, dejando por completo al margen de cualquier sospecha o implicación a Francis Montesinos".

El diseñador ha negado siempre las acusaciones y, ha expresado sentirse "moralmente devastado por la maldad de las acusaciones".

 

 

Notas.-

Enlaces [excepto los aportados por textos ajenos] son autoría de EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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23 Julio 2014

Catalunya Banc: pagando justos por pecadores

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La cuentas de Catalunya Banc

Catalunya Banc es la filial bancaria creada por la Caixa d'Estalvis de Catalunya, Tarragona i Manresa [CatalunyaCaixa] el 7 de junio de 2011, a través de la cual desarrollaba su actividad financiera.

El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) posee la mayoría del capital de Catalunya Banc [66%].

El 2 de junio de 2014, se inició formalmente la subasta de Catalunya Banc. El grupo BBVA logró hacerse con el banco por 1.187 millones de euros. El FROB tuvo que capitalizar con 12.622 millones de euros el agujero creado por los antiguos gestores de la caja durante la burbuja inmobiliaria. El Estado recibe, pues, 873 millones de euros de los 16.622 invertidos, procedentes de todos los españoles.

Por las dudas:

Invertidos: 12.622.000.000 euros [2.100.124.092.000 pesetas = + de 2 billones de pts].

Devueltos: 873.000.000 euros [145.255.000.000 pesetas = poco + de 145.000 millones de pts].

Sí, ya sé que no es el único caso, pero lo cuento porque es noticia estos días y porque Arturo viaja próximamente a Madrid para volverle a contar al Mariano que 'España nos roba' y que por eso se quieren ir.

EQM

Proceso de reestructuración del Sistema Financiero Español

El Estado pierde unos 11.500 millones al vender Catalunya Banc al BBVA

Íñigo de Barrón en El País, 2300714.

A la tercera ha ido la vencida. El Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB) ha vendido Catalunya Banc al BBVA por más de 1.187 millones, en una subasta en la que también han competido el Santander y CaixaBank. El BBVA ofreció un 50% más que sus competidores, en una cantidad que superaba los 200 millones al resto de las ofertas. Société Générale estuvo interesado pero no se presentó a la puja.

Esta operación supone que los contribuyentes pierden definitivamente 11.839 millones de euros, una cantidad que se acerca a los recortes en sanidad y educación hasta 2013, que suman 13.800 millones.

La entidad, que llegó a ser la cuarta mayor caja de España, tenía unas ayudas directas del Estado de 12.050 millones y otros 572 millones inyectados posteriormente por el FROB para la venta de la cartera de hipotecas tóxicas. En total ha puesto 12.622 millones y recibirá 783 millones con la venta porque solo tiene el 66% de Catalunya Banc.

Con este acuerdo, el BBVA cubre el coste de la ruptura del acuerdo entre Catalunya Banc y Mapfre (por un máximo de 320 millones) y se garantiza que obtendrá un valor neto presente por los créditos fiscales de 267 millones. Descontadas estas cifras, el valor neto que el BBVA paga solo por el banco son 600 millones. La entidad no tiene previsto ampliar capital y cree que podrá integrar con rapidez el nuevo banco.

La adquisición de Catalunya Banc implica para el BBVA incrementar su cuota de mercado en esta región en 11 puntos. En la reestructuración financiera, el BBVA ya compró Unnim, un banco producto de la fusión de las antiguas cajas de Sabadell, Terrasa y Manlleu. Con esta segunda adquisición catalana, el BBVA tendrá una cuota de mercado del 23%, lo que le acerca a CaixaBank, que tiene el 32,9% del mercado. El Santander, el favorito en los círculos financieros para hacerse con Catalunya Banc, queda muy atrás, con una cuota del 10% en la comunidad. El presidente del BBVA, Francisco González, calificó hace meses a Cataluña como “una región clave para nuestro crecimiento”.

Hasta ahora, los compradores de bancos en crisis han sido CaixaBank, que adquirió Banco de Valencia y Banca Cívica; Sabadell, que se hizo con la CAM, Kutxabank, que se quedó con CajaSur y Liberbank, con CCM.

Las ventajas para el BBVA son dos: por un lado, el precio pagado está por debajo de los 2.630 millones de patrimonio neto con los que cuenta Catalunya Banc. Desde un punto de vista contable, el BBVA podrá sumar 1.500 millones a su capital. Además, la segunda inyección positiva para el BBVA serán los 3.553 millones que Catalunya Banc tiene en créditos fiscales.

La entidad catalana ahora vendida es fruto de la fusión de Caixa Catalunya, Tarragona y Manresa. “Tras una irresponsable política de expansión del crédito entre 2004 y 2008”, como dijo Antonio Carrascosa, director general del FROB, tuvo enormes pérdidas que le llevaron a la quiebra. Además, ha estado envuelta en la polémica porque su anterior presidente, Adolf Todó recibió una indemnización de 600.000 euros al marcharse, además de un fondo de pensión que pueden llegar a los cuatro millones.

La entidad tiene 1.009 oficinas, de las cuales 821 están en Cataluña. Cuenta con una plantilla de 6.500 empleados, después de fuertes recortes.

El tamaño del banco, medido por el volumen de activos, suma 63.497 millones. Los créditos de clientes, después de que la semana pasada se adjudicaron hipotecas dañadas por valor de 6.400 millones. En depósitos de clientes alcanza los 39.991 millones.

Los problemas de gestión de Catalunya Caixa provocaron que no se vendiera en las dos ocasiones anteriores que se ha subastado, en 2012 y 2013. Ahora el Estado sabía que estaba ante su última oportunidad porque si no colocaba la entidad, corría el riesgo de tener que liquidarla, como admitieron fuentes del FROB.

Catalunya Banc desmonta a Artur Mas

Los nacionalistas exhiben la bandera del victimismo, pero el saneamiento y la venta de Catalunya Banc desmontan la maniobra de Mas.

Editorial ABC de 230714.

EL rescate y posterior venta de Catalunya Banc por parte del Estado desmonta, una vez más, el maniqueo victimismo que emplea el nacionalismo catalán para construir su particular discurso soberanista sobre la gran falacia del «España nos roba». Muy al contrario de las quejas que proclama el presidente de la Generalitat, ha sido el Gobierno central, gracias a la solidaridad del conjunto de españoles, el que ha salvado las finanzas públicas de Cataluña y los ahorros de su población. Lejos del manido «expolio fiscal» que denuncian los nacionalistas, el resto de España ha evitado la quiebra y la más absoluta ruina de Cataluña durante la crisis.

El último ejemplo es el de Catalunya Banc, no muy distinto al de otras cajas. Dicha entidad tuvo que ser nacionalizada por el Estado tras la nefasta gestión –investigada en parte por la Justicia– llevada a cabo durante los años de la burbuja inmobiliaria. En total, el Fondo de Reestructuración Bancaria tuvo que inyectar unos 12.600 millones de euros para impedir su caída y, de este modo, garantizar la integridad de los 25.600 millones en depósitos de sus clientes, el 95 por ciento de los cuales residen en Cataluña. La cifra invertida por el FROB se suma a los más de 24.000 millones de euros que el Estado ha prestado a la Generalitat en los dos últimos años para sufragar sus servicios públicos, pagar a sus proveedores e incluso devolver a los catalanes el dinero de los ruinosos bonos patrióticos que, en su día, emitió el Ejecutivo autonómico.

Resulta paradójico que los nacionalistas blandan la falsa bandera del victimismo financiero siendo Cataluña, precisamente, la comunidad más beneficiada y favorecida por el respaldo del Gobierno. Sin embargo, a pesar de las pérdidas cosechadas, la nacionalización y posterior venta de la entidad financiera era la opción menos mala de las existentes, ya que su quiebra no solo ponía en riesgo la devolución de los depósitos, sino que habría provocado un terremoto de incalculables consecuencias para el sistema bancario y, por tanto, para la estabilidad económica de todo el país, debido a la gran desconfianza que hubiera generado dentro y fuera de España. Además, cabe recordar que la oferta del BBVA era muy superior a la del resto de bancos que pujaron para hacerse con la caja. De hecho, el Gobierno intentó subastarla en dos ocasiones previas con nulo resultado debido a la falta de interés.

La solución escogida por el Gobierno ha sido, pues, la correcta. Cosa distinta cabe decir de los anteriores responsables del Banco de España, cuya deficiente supervisión no anticipó el posterior descalabro de esta y otras entidades financieras, y, muy especialmente, del nefasto clientelismo político que ha conducido a la ruina a la mayoría de las antiguas cajas de ahorro españolas.

El rescate más caro

El caso de Catalunya Banc confirma que los contribuyentes han pagado la crisis de las cajas

Editorial de El País, 230714.

Catalunya Banc, la caja en quiebra vendida al BBVA por 1.187 millones, puede considerarse ya como lo peor de lo peor de la crisis bancaria española, provocada por la pésima gestión financiera de las entidades afectadas durante el boom de la construcción. Los disparates cometidos por los directivos de la entidad —exposición al ladrillo, activos tóxicos, rigor inexistente en la concesión de préstamos—, más la poca fortuna del último equipo de dirección a la hora de mejorar los balances, le han costado al contribuyente casi 12.000 millones. Probablemente sea el rescate más caro, puesto que de Bankia podrá recuperarse un porcentaje mayor del total aportado. La factura global de la crisis bancaria incluye inyecciones de dinero público de más de 61.000 millones, de los cuales se han recuperado 1.760 millones hasta junio, según el Banco de España. El balance es provisional; queda por decidir el coste del Banco Mare Nostrum. Pero ya se puede concluir que los ciudadanos han pagado el hundimiento de las cajas de ahorros.

Por tanto, una primera conclusión es que, aunque no fuese su responsabilidad directa, el Gobierno no estuvo muy acertado al pronosticar que la crisis bancaria no tendría coste para los ciudadanos. A diferencia de los rescates en otros países, donde los Estados han conseguido recuperar el dinero adelantado —a veces incluso con beneficio—, en España las ayudas públicas se han perdido en su mayor parte. Solo con mucho optimismo podría decirse que la reestructuración bancaria ha sido un éxito.

Los contribuyentes perciben además que los causantes directos de la quiebra —en Catalunya Banc y en otros casos— se han retirado a su vida privada sin que medien investigaciones de fondo sobre las prácticas que condujeron al desastre ni un examen judicial que determine sus responsabilidades. Pocas lecciones pueden sacarse de la crisis, salvo la desaparición cataclísmica de un tercio del sistema, lo que se ha cargado plenamente sobre las espaldas de los ciudadanos sin compartirlo al menos en parte con los principales responsables.

La venta de Catalunya Banc plantea más interrogantes. Algunas son de orden estrictamente operativo. Por ejemplo, es muy probable que el comprador inicie un ajuste drástico en oficinas y empleo de la entidad adquirida para rentabilizar el coste de la operación. La entidad catalana apenas genera resultados típicos y la calidad de sus activos todavía es mediocre. La incorporación de la cartera de clientes no parece justificar el precio pagado.

Por otra parte, la práctica desaparición de las cajas de ahorros españolas supone un desafío para el regulador bancario (Banco de España). La autoridad regulatoria está obligada a una vigilancia más estricta de las reglas de competencia en el mercado bancario. No es lo mismo gestionar la competencia donde operan 40 entidades que donde actúan tres o cuatro. Los efectos sobre la calidad del servicio bancario prestado a los usuarios, los precios, comisiones y retribuciones de los depósitos deben seguirse con atención.

Notas.-

Enlaces [excepto los aportados por textos ajenos] son autoría de EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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22 Julio 2014

Cataluña y sus singularidades compartidas

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Ilustración de Eva Vázquez [España, ?] para el artículo de Fernando Savater en El País de hoy [ver infra].

Cultura y política

Las lenguas de nuestras regiones son una riqueza, pero no legitiman la fragmentación política. Nuestra ciudadanía se basa en la legalidad del Estado y no en “el pueblo”, “la calle” y demás embelecos populistas

Fernando Savater en El País, 220714.

Antes del discurso de toma de posesión del nuevo Rey, algunos bienintencionados le recomendaron que aprovechara esa ocasión inaugural para utilizar lo más posible el catalán y supongo que ya puestos también el euskera, el gallego… Incluso mencionaban el precedente de los discursos de la Corona en Bélgica, que es precisamente la comunidad nacional más enfrentada de Europa y por tanto el mejor argumento a favor de una lengua común de cuya carencia política evidencia los efectos.

El discurso real fue sobrio y formal, pues difícilmente podía esperarse otra cosa; decepcionó a los separatistas para alivio del resto de los ciudadanos, y fue pronunciado en castellano aunque utilizó de paso las demás lenguas españolas en menciones literarias de poetas que escribieron en ellas. Una ocasión desaprovechada, se apresuraron a decir los que esperaban más énfasis en la escuela de idiomas. A mi juicio, en cambio, una excelente lección. Porque en ese aspecto el discurso no solo fue regio por el rango de quien lo pronunciaba, sino también realista. Las diversas lenguas de nuestras regiones son una indudable y reconocida riqueza cultural, bien ejemplificada por los creadores que las han utilizado y por quienes hoy aportan en ellas perspectivas diversas, críticas y exaltaciones imprescindibles para comprender nuestra comunidad. Pero no son una legitimación de la fragmentación política, como pretenden los nacionalistas, y en tal sentido reivindicar la lengua común es defender lo que nos une como país y Estado de derecho, sin desmentir en modo alguno el pluralismo social y literario de que disfrutamos.

Es esta incomprensión radical entre la variedad cultural y la unidad política me parece que se cifran buena parte de los interesados equívocos alentados por nuestros separatistas, que confían en que la gente ignore que la primera no justifica la demolición de la segunda. Los modernos Estados de derecho siempre acogen dentro de su homogeneidad legal posibilidades culturales distintas que constituyen precisamente una parte esencial de la libertad de sus ciudadanos. Pero lo que funda la democracia es el demos, no el etnos; es decir, que en España hay catalanes, vascos, andaluces, gallegos, etcétera... culturales, pero políticamente solo hay ciudadanos españoles. Y eso a pesar del arcaísmo de los “derechos históricos” (que son las brujas de Zugarramurdi del orden constitucional) y que el nuevo Rey en su proclamación juró respetar “los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas”, fórmula ominosa (¿qué pasa si entran en conflicto?).

Entre nosotros, se respetan y hasta a veces se sacralizan exageradamente las diferencias culturales (y religiosas, eróticas, etcétera), pero su fundamento es la común ciudadanía compartida, que las permite todas y también el derecho a diferir de la diferencia dentro de cada grupo diferenciado: nadie tiene obligación de ser extremeño, catalán o madrileño como los demás. A fin de cuentas, la verdadera singularidad que el Estado debe defender no es regional o de ninguna capilla, sino la personal: “Uno de los fundamentos del Estado de derecho es que el cuerpo político está formado exclusivamente por individuos. Su apuesta es que se puede y se debe trascender la visión troceada y tribal de la sociedad; que se puede y se debe unificar por una ley común que repose sobre principios universales ese mosaico que de otro modo tiende necesariamente a un régimen mafioso” (Catherine Kintzler, Penser la laicité, ed. Minerve). La aceptación de la Constitución democrática permite a cada ciudadano parecerse culturalmente a quienes prefiera o diferir audazmente de todos los que le rodean…

Decir que el desafío secesionista de los nacionalistas catalanes amenaza hoy la unidad de España es una forma quizá algo anticuada de referirse a que pretende conculcar la integridad incondicionada de nuestra ciudadanía compartida. Es eso, a mi entender, lo que fundamentalmente pretende denunciar el manifiesto Libres e iguales que hemos firmado gente de diferentes tendencias políticas. De inmediato ha sido denostado como muestra de nacionalismo español por quienes al parecer tienen dificultades para entender un texto bastante sencillo, o se ha recurrido para descalificarlo al sobado “choque de trenes”, ese cliché para simular que se piensa o para disimular lo que se piensa. Por cierto que el símil con el desastre ferroviario sirve para cualquier enfrentamiento político, por ejemplo la II Guerra Mundial. Pero como en aquella ocasión un tren llevaba a Treblinka y otro a la Unión Europea, todos nos alegramos de que se hiciera descarrilar al primero aunque fuese alto el coste. Afortunadamente, el caso que nos ocupa no es ni con mucho tan dramático. La actitud de los nacionalistas catalanes no es violenta, aunque en realidad tampoco es estrictamente pacífica, porque no se puede llamar así a un órdago por parte de representantes autonómicos que pone al Estado en la tesitura de aceptar su deslegitimación humillante o emplear su fuerza coercitiva de modo legítimo pero nada deseable.

Desde luego, nuestro manifiesto no se opone a que Rajoy y Artur Mas discutan cuanto puedan y les corresponda, para eso pagamos el sueldo a los políticos. Pero lo único que subrayamos, frente a los arbitristas reiterativos del “¡que se besen, que se besen!”, es que ninguno de ellos puede manipular a su antojo lo que no les pertenece porque es de todos, con tal de que se amaine el lío a cualquier precio. Personas cuyo criterio valoro opinan que una reforma federal de la Constitución puede ser conveniente. Pues si mejora la administración territorial del país y de paso calma el ramalazo étnico de los nacionalistas sin dañar al demos, lo que está por ver, adelante con ella siempre que cuente con el acuerdo suficiente. Lo que desde luego no puede cambiarse es la condición de los ciudadanos por la de nativos o autóctonos (“autotontos” les llamaba Valle Inclán), ni fragmentarla accediendo a que algunos proclamen “la república independiente de mi casa”, como decía aquel anuncio.

En el debate de los tres candidatos a dirigir el PSOE, tan hueco en lo que se decía como significativo en lo que se callaba, me llamó la atención especialmente una propuesta de Eduardo Madina: los socialistas “tienen que estar con los que no tienen nada que perder”. Dejemos a un lado que parece dar por supuesto que entonces los que tienen algo que perder —empleos, industrias, propiedades, seguros sociales, etcétera…, o sea la mayoría de los españoles— deben irse sin más a buscar el amparo de los partidos de derechas. Lo importante es que pasa por alto lo que todos tenemos que perder: nuestra ciudadanía, algo que se basa en la legalidad del Estado y no en “el pueblo”, “la calle” y todos esos embelecos populistas que se han puesto de moda. Esa legalidad no puede ser derogada por votos y urnas de una democracia repentina sin cláusulas, porque la precede.

Como dijo Tony Judt, “si uno se para a pensar en la historia de las naciones que maximizaron las virtudes de lo que nosotros asociamos con la democracia, se da cuenta de que primero vino la constitucionalidad, el Estado de derecho y la separación de poderes. La democracia casi siempre llegó lo último” (Pensar el siglo XX, ed. Taurus). En la ciudadanía se basan los derechos (el primero, elegir opciones de izquierdas, de derechas o las que fueren) y las prestaciones sociales, que dependen de ella y no de la productividad, la rentabilidad o la gobernabilidad que solo atiende al orden público. Si se fracciona o se reduce a mera pertenencia local, desaparece la auténtica posibilidad de combatir los abusos y crear mejores estructuras, para dejar libre el campo al mero afán de revancha, cuya espontaneidad irreflexiva tan provechosa resulta a los ambiciosos y a los fanáticos. Este es el mensaje que hay que hacer llegar a todos nuestros conciudadanos en la importante etapa política que vamos a afrontar los próximos meses.

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Fernando Savater es escritor.

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Notas.-

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21 Julio 2014

Legítima defensa española

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- Mariano, si quieres aplazar nuestra independencia por una temporada, queremos más plata, más autonomía y más exclusión del español.
- Artur..., bueno, vale, de acuerdo, pero dado que en tu país ya casi no tenemos ni Estado... ¿podemos abrir una Embajada?
- ¿A qué santo?
- Hombre, para protestar diplomáticamente...

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La invasión de las singulares tragaderas

No hay día sin que medios, columnistas y toda suerte de cómplices de la negociación -lo plurinacional, la equidistancia- arrimen el ascua la apetitosa sardina asimétrica de la 3ª vía. De ese partido España-Cataluña, consistente en que ganando uno, el otro no pierda. Sic. Por la bilateralidad, haciendo jugar en regional a los demás, como si nada.

El sábado, José Antonio Zarzalejos contaba en El Confidencial que la Constitución hay que reformarla porque en Cataluña y País Vasco hay un ‘sector social irreductible’ [sic] que hay que tener en cuenta, sobre todo cuando ya ‘la fuerza no es un argumento en absoluto presentable’.

O sea que, según JAZ, hoy País Vasco y CAT no están unidos a nosotros por la fuerza sino por las buenas de la mera voluntariedad, lo que quiere decir que, si quieren, mañana se van… . O sea que, según JAZ, siempre que tengamos un ‘sector social ireductible’… reforma constitucional que te crió!

Suelta, también, otras perlas: ‘negociación previa pondría sobre la mesa y resolvería, al menos en parte, aspiraciones de Cataluña que son transversales’ – ‘[cláusula] de lealtad de los territorios al propio Estado’[sic]. Este tío es una joya: hacia el federalismo para descansar una temporada del independentismo.

El mismo día. Ignacio Camacho -'Nación a la defensiva', en ABC- a quien siempre leo con interés, también optaba por la paz temporal, transigiendo hasta parecer él el indefenso.

Ya ayer, El País explicaba, obviando por esta vez los rodeos, lo que lo que ellos y la crema de la intelectualidad entiende por 3ª vía o falsa federalización:

“Si Rajoy ofreciera a Mas competencias blindadas en exclusiva para Cataluña, la llamada tercera vía, los catalanes optarían mayoritariamente por esa opción.”

Y lo cuenta sin un ápice de rubor. A las bravas.

No obstante, el campeón, fue, volvió a ser G-Abadillo, en su no sé qué de los domingos en El Mundo, esta vez titulado 'Rajoy y las dos formas de afrontar el problema de Cataluña'. En el cuarto párrafo, dice:

“Si la ley supone un freno a las aspiraciones de una porción importante de los ciudadanos, entonces hay que buscar un camino que haga compatible la legalidad con la paz social [sic]. Si no se entiende esto, entonces es imposible avanzar.”

Pues yo no lo entiendo, G-A. O sea: si un 20,4% de los españoles [CIS junio 2014] quiere más autonomía, vamos a dársela para que se dejen de ‘algarabías’. Y se la vamos a dar, además, sólo a Cataluña, porque allí el porcentaje sube y sus algarabías son mayores.

Así que ya saben: si rondan vds una porción importante del pastel soberano [a partir, qué sé yo, de un 20%] y quieren darle un vuelco a esto, móntenle una algarabía al Director de El Mundo.

No le he seguido leyendo, obviamente. He de decir que la ilustración del gran Arnal para el artículo, tampoco ayudaba, con ese tirar los dos -uno rojo y el otro azul- de la misma cuerda.

No nos resulta fácil aguantar según qué interrogatorios.

EQM

El País hoy:

"Urkullu pide una cita a Rajoy para afrontar 'el conflicto de Euskadi'. El lehendakari quiere pactar con el presidente del Gobierno el derecho legal a consultar a los ciudadanos."

Como ven, es cuestión de hacer cola. Y la casa, sin barrer.

[Al fondo, carcajadas]

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Ilustración de Arnal [España, 1955], para el texto de García-Abadillo referenciado.

Un día en la vida de un catalán no nacionalista

Para un profesional liberal que en Barcelona se gana bien la vida, levantarse hoy contra el diktat del independentismo cuando el propio Estado ha hecho mutis por el foro, tras levar anclas de aquella tierra hace mucho tiempo, es casi un acto de heroísmo que desde luego le asegura una existencia diaria más que azarosa francamente jodida.

Jesús Cacho en vozpópuli, 200714.

“Una reunión muy relajada. La primera sorpresa fue comprobar que el presidente está al tanto del lío catalán, conoce perfectamente el tema, se sabe la historia de Cataluña de forma pormenorizada, hasta el punto de que habla de protagonistas de segundo nivel de esa historia que pocos catalanes conocen, y desde ese punto de vista me sorprendió, la verdad, porque yo tenía la imagen del Rajoy poco informado, indolente, con un discurso pasado de moda, y no, desde luego que no es así.Y, naturalmente, le encontré también muy preocupado con Cataluña”.

Quien así se manifiesta es uno de los representantes de Societat Civil Catalana (SCC) -una agrupación de ciudadanos libres que, desde posiciones ideológicas diversas, se oponen a la deriva independentista de Artur Mas-, que el lunes fueron recibidos por Mariano Rajoy en Moncloa. Para un profesional liberal que en Barcelona se gana bien la vida, levantarse hoy contra el diktat del independentismo cuando el propio Estado ha hecho mutis por el foro, tras levar anclas de aquella tierra hace mucho tiempo, es casi un acto de heroísmo que desde luego le asegura una existencia diaria más que azarosa francamente jodida.

Lo de menos es ser tildado de “quintacolumnista”, “nube tóxica” y otras lindezas parecidas. Lo peor es perder tu empleo y arruinar tu vida. La empresa en la que trabaja uno de los promotores de SCC empezó a recibir emails con mensajes insultantes contra “un mal catalán”, “un fascista español que busca el hundimiento de Cataluña” y cosas por el estilo. Los sigue recibiendo por decenas. La gerencia le llamó para plantearle su preocupación por el daño que pudiera sufrir la marca. Le pidió prudencia. El aludido conserva su trabajo, pero la espada de Damocles de la intolerancia pende sobre él. Otro de los promotores de SCC sufrió un escrache frente a su casa de una cincuentena de energúmenos que durante horas, con el visto bueno del alcalde del pueblo, le estuvieron insultando. Fascista fue lo más bonito que le dijeron. “Buscan arruinarte la vida en la doble vertiente personal y profesional, insultándote, aislándote, señalándote con el dedo. Es un comportamiento típico de mafias”.

Es el mismo espacio moral en el que judíos y comunistas tuvieron que moverse en la Alemania de Goebbels. “A veces, cuando te da el arrebato, te dan ganas de que te insulten a la cara para poder defenderte, pero no, ellos te dan la espalda y luego te marcan como enemigo de la causa. Hacen algo peor: te condenan a la muerte civil, porque si no eres nacionalista no eres nadie, bueno, eres algo peor que nadie, eres un enemigo del pueblo catalán, un facha, un tipo a exterminar civilmente”.

De modo que al catalán no nacionalista la única vía de existencia que le queda es cerrar la boca y tratar de pasar desapercibido. Confundirse con el paisaje. Como cuando, durante el franquismo, nuestras madres, asustadas, nos decían aquello de “hijo, no te metas en política” porque intuían en ti cierta desafección al régimen. No te metas. Porque si te metes y te señalas, entonces corres el peligro de perder tu empleo y arruinar tu vida. Ellos se encargarán de que así sea.  Ni una voz discrepante en la atronadora uniformidad de un nacionalismo que cuenta con todos los medios de comunicación en la tarea de construir una sociedad impermeable a la diversidad.

Es el coro de la comunidad de los iguales que condena la discrepancia y la castiga con la muerte civil. Lo de TV3, el órgano oficial de propaganda del régimen de la estelada, es de aurora boreal. La misma medicina, a todas horas, recetada por las gentes de ERC que con mano férrea controlan la cadena. Más difícil de entender es el alineamiento de los dos grandes diarios de prensa, El Periódico y La Vanguardia, medios de propiedad privada con intereses en todo el país, con las  tesis nacionalistas. Pilar Rahola, asesora y hagiógrafa de Mas, tildaba este miércoles en La Vanguardia de “anticatalanes” a los miembros de SCC. Si cuestionas el mensaje de la tribu, si abandonas la tribu, la tribu te castiga, porque no eres un buen catalán, aunque hayas nacido en Mollerusa. Así de simple, terrible y efectivo es el espacio moral que hoy se respira en Cataluña.

Un censo de “buenos catalanes” independentistas

La Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, las entidades que infiltradas hasta el último rincón de Cataluña lideran el proceso separatista con dinero de la Generalitat, es decir, del Estado español, se disponen a elaborar “una base de datos de 2,5 millones de personas que afirmen que votarán sí [en el referéndum secesionista de] el 9 de noviembre”. Un censo de “buenos catalanes” independentistas. La Generalitat ha recortado el gasto social en todos sus rubros, pero para la aventura de la secesión hay dinero a trote y moche, naturalmente siempre al margen de la legalidad.

La Generalitat, por ejemplo, mima a los corresponsales extranjeros afincados en Barcelona. “Hay una institución cercana al Govern que me paga viajes en avión a mi país, me hace regalos, me invita a comer en los mejores sitios, no sé, es una presión un poco asfixiante… La contrapartida es que publique en mi periódico un artículo favorable al derecho a decidir. Ya he avisado a mi director, pero no sé cómo escapar de este cerco”. El círculo de hierro goebbeliano. Lo denuncia la corresponsal de un diario anglosajón de primer nivel. La misma labor se lleva a cabo a través de las “embajadas” catalanas en el exterior, con abundancia de dinero, porque esa es la otra parte de la historia: el dinero para destruir la unidad de España lo están poniendo los españoles.

Medios financiados también por empresarios catalanes, muchos de los cuales tienen su mercado en el resto de España. He aquí lo que dice un delirante informe elaborado por el Círculo Catalán de Negocios (CCN), una organización empresarial secesionista, que acaba de ver la luz:

“El Estado español se podrá centrar en desarrollar un modelo que les permita ser viables sin necesidad de una continuada política de subvenciones europeas o el expolio de Cataluña” (…) La independencia “supondría a corto plazo la pérdida de una región rica y la reducción del PIB y del PIB per capita español, aumentaría la tasa de paro y haría crecer la prima de riesgo. La reducción de los precios comporta, en cambio, una devaluación interna que permite mejorar la competitividad vía precios. España está acostumbrada a los subsidios y recibiría más por el empobrecimiento, con lo que podría potenciar otras regiones industriales” (…) La independencia permitiría, en fin, “aprovechar España como zona de destino de turismo cultural, histórico y de pensionistas”.

Frente al delirio reaccionario y xenófobo del CCN, el gran empresariado catalán calla, con ese Isidro Fainé, convertido en figura emblemática en tanto en cuanto cabeza del mayor conglomerado empresarial y financiero español, emboscado en un silencio cuya única explicación hay que buscar en el miedo, de momento solo verbal, a la violencia nacionalista.

Es el resultado del abandonismo por parte del Estado de una parte sustancial de su territorio -episodio inimaginable en un moderno Estado europeo-, de la retirada de Cataluña de la mayor parte de las instituciones, dejando el terreno abonado y abandonado al discurso nacionalista. Nada ni nadie se ha opuesto a 30 años de agitación sentimental y falso relato historicista de la nación catalana; nada ni nadie ha argumentado con un mínimo grado de eficacia contra el eslogan populista del “España nos roba” [a la familia Pujol, España no solo no les ha robado, sino que les ha hecho muy ricos] que como fruta podrida de la crisis se ha  instalado en el inconsciente de muchos catalanes; nada ni nadie se ha opuesto a la idea de la independencia como única utopía activa capaz de superar esa crisis…

Nadie ha intentado hacerlo con un proyecto integrador desde el centro, un proyecto inclusivo, proyecto político pero también de regeneración moral, capaz de vertebrar el territorio de norte a sur, de este a oeste, más allá del epicentro catalán, abriendo un nuevo horizonte de convivencia entre españoles para los próximos 50 años. Solo en la medida en que ese proyecto sea atractivo se podrá luchar con eficacia contra la pulsión disgregadora de los nacionalismos, arrinconando de una vez el viejo mantra de la “conllevancia”, la convivencia resignada y fatalista con los nacionalismos que recomendaba Ortega y que es hoy un mensaje muy pobre para muchos catalanes.

España ni siquiera ha salido a jugar este partido

“Este partido lo estamos perdiendo por 2 a 0 y ni siquiera hemos salido a jugarlo”, asegura un miembro de SCC. Es lo llamativo del asunto: que España ni siquiera ha salido a jugar un partido que está obligada a ganar, porque en ello se juega su ser o no ser.

¿Cómo se ha de jugar? Haciendo lo que no se ha hecho hasta ahora. Haciendo presente al Estado en Cataluña, regresando al territorio, ocupando el territorio. Utilizando, con exquisito respeto a la ley, los recursos del Estado para identificar en Cataluña la realidad de la España democrática. Cursando, con argumentos y con medios, los mensajes adecuados, capaces de combatir con eficacia los mantras reaccionarios del nacionalismo. Resaltando las ventajas de la unidad y la solidaridad entre territorios. Un discurso dispuesto a convencer antes que a vencer, decidido a llevar el sentimiento español ahora desaparecido al corazón de muchos catalanes. Y sobre todo, proponiendo ese proyecto regenerador de nuestra democracia que, abordando las reformas políticas pertinentes, sea capaz de hacer brotar un horizonte ilusionante de convivencia.

La primera obligación, con todo, del Estado en el momento presente es defender a sus ciudadanos, escuchar y atender a los millones de catalanes que siguen sintiéndose españoles y que hoy callan por no quedar estigmatizados. Primero, aplicando la ley con todas sus consecuencias. Después, proponiendo ese proyecto político y de regeneración moral capaz de embarcar a todos los españoles. Por encima de la ensoñación nacionalista, el de Cataluña es un problema de libertades individuales, de defensa de la libertad, como lo fue en tiempos de la dictadura franquista.

De nuevo los viejos, elementales principios de la libertad individual están en juego, ante el empuje narcisista y excluyente del nacionalismo y su exaltación del grupo, la tribu, el pueblo. El volksgeist del viejo nacionalismo romántico, ellos y nosotros, los buenos y los malos. El de Cataluña es un problema de libertad y de democracia, de calidad democrática, de hacer realidad esa democracia reñida con la rapiña de los Pujol y los Mas, capaz de crear un entorno de convivencia confortable para todos bajo el imperio de una ley también igual para todos.

La izquierda, el nacionalismo y el guindo

Félix Ovejero Lucas en Revista de Libros, 030714.

[ y III/III. Continuación del texto II/III, publicado el viernes 180714].

[...]

Otra historia

Antonio Robles se cayó muy pronto del guindo. Nos lo cuenta en los primeros capítulos de su libro. En 1979 llega a Barcelona, como muchos otros jóvenes de izquierda, en busca de un lugar donde estudiar, dar curso a su vocación periodística y, sobre todo, de un mito: la ciudad cosmopolita y progresista que fascinaba a tantos españoles. La fascinación duró poco. No tardó en descubrir, primero en el periodismo y, después de cursar filosofía, en la enseñanza, que, mientras los catalanes seguían con sus vidas, se ponía en marcha un proyecto nacionalista decidido a tutelarlas en sus menores detalles. Y reaccionó: él y unos cuantos más, muy pocos. La historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña es el turbador relato de esa reacción. A veces, muchas, parece una biografía de Robles y sus amigos, pero es que durante mucho tiempo estuvieron muy solos.

Esta historia es mucho menos conocida que la que nos cuentan Uriarte o Fernández Soldevilla. Sí, algunas cosas se conocen: el manifiesto de los dos mil trescientos; el atentado contra Jiménez Losantos; el Foro Babel; la aparición de Ciudadanos. Y poco más. Pues bien, si nos dejamos llevar por la ilusión de la precisión, les diría que todo eso apenas ocupa un 5% del relato de Robles. Desde luego, yo, que llevo algunos años en estos negocios, apenas sabía de la misa la media. Ni de la de la resistencia ni, sobre todo, de la impresionante ingeniería social del nacionalismo, una paciente obra calculada en cada uno de sus movimientos y sin descuidar terreno alguno. Queda por abordar cómo fue posible que no nos enteráramos. Quizá, simplemente, lo que pasó es que nos sentíamos cómodos en el guindo antifranquista y no queríamos enterarnos, porque, ciertamente, los indicios no faltaban. Así, por ejemplo, en 1992 una crónica de El País recogía un «borrador del programa ideológico de Convergència Democràtica (CDC) para la próxima década, [que debía servir] de base para las elecciones autonómicas».

El texto, seguía el cronista, «equipara Cataluña a los Países Catalanes –entendiendo estos como el área de influencia de las comunidades catalana, valenciana y parte de sureste francés– y sostiene que Cataluña es una “nación europea emergent”, una “nación discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico” [...]. La obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, propiciando un férreo control en casi todos sus ámbitos –el documento propugna la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación y de los sistemas financiero y educativo–, y las referencias a un ámbito geográfico –los Países Catalanes– que sobrepasa los límites del Principado, son algunos ejes del que viene a ser el Programa 2000 de los nacionalistas catalanes». No está de más recordar que, años más tarde, el periodista que firmaba esta crónica, desde la dirección de La Vanguardia, echaría algo más que una mano a la operación, entre ellas la memorable participación de su periódico en un editorial conjunto con otros periódicos catalanes –también subvencionados– en el que se retaba al Tribunal Constitucional antes de su sentencia sobre el estatuto de Cataluña.

Robles documenta la operación al detalle en las casi setecientas páginas de su libro. En un tono de crónica periodística, y a veces de relato de intriga, a trechos en primera persona, porque casi siempre «estaba allí» cuando sucedieron las cosas, nos muestra lo lejos que ha llegado el nacionalismo en la siembra de las peores emociones. Una verdadera orfebrería del odio [ver nota 8]. Se compraron unas voluntades y se doblegó a muchas otras, sin faltar amenazas, cartas a casa, campañas en los colegios y agresiones. Sucedió, principalmente, en la enseñanza. Las páginas dedicadas a mostrar las mil trapacerías, incluida la manipulación de instancias presentadas para optar a concursos forzosos de traslados, estremecen.

A miles de profesores de institutos se les hizo la vida imposible, hasta que acabaron por marcharse de Cataluña, sin que los medios de comunicación se dieran apenas por enterados, a pesar de los esfuerzos de unos pocos que, organizados con maneras de tiempos de clandestinidad, iban de acá para allá contando lo que sucedía. Cuesta creerlo, pero fue así. La perplejidad y el estupor lo expresó como nadie la hispanista, ensayista y pedagoga sueca Inger Enkvist, en la presentación en Barcelona del libro de Robles: «¿Esto sucedió en un país moderno de Europa y a la vista de todos? Es inaudito. ¿Y con la complicidad de muchos? Es trágico».

Entre las complicidades, en primer lugar, la de los intelectuales. Nada que deba asombrarnos. No ya por su natural disposición cortesana, porque, a qué engañarse, no cabe esperar mucho del gremio, sino porque ellos también estaban en el punto de mira. Basta con repasar una memorable encuesta entre escritores de 1977 realizada por la revista Taula de Canvi, en la órbita de la izquierda, dedicada al hecho de Escribir en castellano en Cataluña. El tono lo daba uno de los encuestados, Manuel de Pedrolo: «Querer pasar por escritor catalán mientras se escribe en castellano equivale a aceptar los planteamientos franquistas». Con todo, lo peor no eran los escritores nacionalistas, sino los otros, que, simplemente, se disculpaban por existir. Un patético Carlos Barral mentía al describirse a sí mismo como «irreductiblemente nacionalista». Y no era el único. Con decir que, visto el promedio, hasta podía apreciarse heroísmo en Pere Gimferrer, cuando reivindicaba a los escritores en español, siempre que «hagan suyas las reivindicaciones catalanas». Ese era el nivel.

Eso sí, la naturaleza de la encuesta apuntaba al meollo del nacionalismo catalán: la pertenencia a la comunidad política gravitando en torno a la identidad, una identidad que se vinculaba a la lengua. No lo ocultó el nacionalismo y, muy tempranamente, lo percibió el autor del libro. En 1977, el dirigente de Convergéncia, Ramón Trias Fargas, lo expresaba con rotunda claridad: «La esencia de Cataluña, el espíritu de Cataluña, la sangre de Cataluña, es su idioma». Esa doctrina, que excluía de Cataluña a más de la mitad de los catalanes, los más pobres, por cierto, la suscribía en esas mismas fechas la izquierda, como lo mostraba la ponencia, redactada por Francesc Valverdú, sobre política lingüística del PSUC, los comunistas catalanes: «La lengua catalana no es únicamente un medio de expresión, sino un medio concreto en el que se articula, a nivel comunicativo, la vida colectiva.

A través de la lengua se establece la identidad nacional, se expresa la pertenencia a una cultura diferenciada, se participa de unos sentimientos que concuerdan con los otros». Ahí está la entera la izquierda que llegaría al poder con el tripartito: las tesis más reaccionarias, la fundamentación romántica, herderiana, de la comunidad política; la peor ciencia, la versión más extrema de la insostenible hipótesis de Sapir-Whorf. Por no mencionar la ortopedia de la prosa.

Había que construir la nación para lo que vendría más tarde, en lo que estamos. Todo estaba allí desde el principio y cuando ahora se sostiene que el proyecto secesionista es una reacción a la incomprensión o al desafecto, a que el desprecio de España a sus reclamaciones es lo que les ha abocado al separatismo, lo único que se confirma es el superlativo cinismo de un nacionalismo que no ignora que el autogobierno de Cataluña supera con creces sus demandas históricas, que jamás soñaron con –ni reclamaron– un grado de autonomía como el presente, superior en tantas cosas no ya al Estatuto de la República, sino al mismísimo Estatuto de Nuria.

Pero da lo mismo, porque, sencillamente, no puede contentarse a quien no quiere ser contentado, a quien vive de la tensión que alimenta. Al revés, como recordó magníficamente en su reciente conferencia en Barcelona Stéphane Dion, el político canadiense autor de La política de la claridad, la estrategia del contentamiento es una estrategia imposible. Pero que se haya impuesto ese relato, hasta el punto de que hasta aquellos a quienes se ha descrito de las peores maneras (como colonos, ladrones, genocidas, fuerzas de ocupación y demás) lleguen a asumir que deben hacer algo para contentar a los que nunca se darán por contentos, constituye, sobre todo, la mejor prueba de la eficacia de la operación nacionalista, del triunfo del relato del conflicto.

A algún lector puede parecerle que Robles exagera, comenzando por el propio título del libro, y hasta que se entrega a teorías conspirativas, cuando no a paranoias. A mí mismo, muchas cosas de las que leía me resultaban increíbles. Pero es que a veces a los paranoicos los persiguen y, por supuesto, las conspiraciones existen y, cuando tienen éxito, dejan pocas huellas. En todo caso, nada de ello sucede en la historia que se nos cuenta. Todo está precisamente fechado y documentado, incluso con fotocopias reproducidas en el texto. Y lo está no porque unos investigadores becados las recogieran en bibliotecas o centros de estudios, sino porque unos cuantos, cuyos nombres muy pocos conocen –entre otras razones, porque nadie quiso conocerlos–, dedicaron una parte de sus vidas a preservar las pruebas de la infamia.

Entre las infamias no es la menor que los protagonistas de esta historia, en su mayoría gentes de la izquierda con un lucido currículo antifranquista, hayan sido descritos como franquistas: formaba parte del guión. El nacionalismo se ha servido de un omnipresente espantajo franquista para descalificar a cualquiera que se opusiera a ellos. Lo peor es que muchos otros, comenzando por los gobiernos, compraban esa retórica y se inhibían cuando los nacionalistas, sin pudor, proclamaban que ni leyes ni sentencias iban contra ellos, que, por encima de la legalidad, existía una imprecisa legitimidad que no tenía otro sostén que sus propias declaraciones: la legitimidad de unos pueblos oprimidos que, «pacífica y democráticamente», se resistían a las imposiciones de Estado.

Que la retórica victimista, la política de exclusión, ostracismo y hasta persecución, el desprecio a la ley, la circulación de las más reaccionarias ideas sobre las comunidades políticas, pudieran levantarse ante la inhibición de todos los partidos nacionales y, lo que es peor, con el silencio de la izquierda y los sindicatos, cuando no con su complicidad, es algo que debe ser explicado. Pero no sólo por los investigadores; es que alguien debe explicaciones.

A veces el libro parece desabrido, no tanto en la prosa, como en la descripción de personajes y situaciones. Más de una vez asoma lo que algunos calificarían como resentimiento y otros, más clásicos o caritativos, como instinto de clase. Asoma no sólo en el trato con los nacionalistas que, por lo demás, han dado sobradas muestras de despreciar a esos supuestos invasores, los «inmigrantes», «ese ejército de ocupación», en clásica expresión de Jordi Pujol, sino también cuando nos habla de «los hijos progres de las masías», «las gentes guapas», los pijos, que no estuvieron a la altura.

No diré que me entusiasme la perspectiva, pero tampoco ignoro que, en ocasiones, esas sesgos ayudan a afinar la perspectiva moral, y hasta la analítica, y que, en su distorsión, la caricatura permite resaltar unos trazos que, a la postre, resultan los más relevantes. No faltan ejemplos de ello. Mi favorito en estos negociados es un pasaje de Últimas tardes con Teresa, una de la mejores novelas españolas del siglo pasado, que, en muchas de sus páginas, se ocupa de mundos no muy diferentes de los que describe Robles y que no resultaría exagerado calificar como profética. En esa novela, Juan Marsé, en 1966 –repito, 1966– escribía a cuenta de los universitarios barceloneses:

´Alguien dijo que todo aquello no había sido más que un juego de niños con persecuciones, espías y pistolas de madera, una de las cuales disparó de pronto una bala de verdad; otros se expresarían en términos más altisonantes y hablarían de intento meritorio y digno de respeto; otros, en fin, dirían que los verdaderamente importantes no eran aquellos que más habían brillado, sino otros que estaban en la sombra y muy por encima de todos y que había que respetar.

De cualquier modo, salvando el noble impulso que engendró los hechos, lo ocurrido, esa confusión entre apariencia y realidad, nada tiene de extraño. ¿Qué otra cosa puede esperarse de los universitarios españoles, si hasta los hombres que dicen servir a la verdadera causa cultural y democrática de este país son hombres que arrastran su adolescencia mítica hasta los cuarenta años?

Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, ninguno como inteligente, todos como lo que eran: señoritos de mierda.'

El juego de niños, como suele suceder, se alimentó de ficciones en las que muchos crecieron y que todavía no han abandonado. Tristemente, a ese guindo arrastraron a varias generaciones de españoles. Y todavía están en él.

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Félix Ovejero Lucas
es profesor de Ética y Economía en la Universidad de Barcelona. Sus últimos libros son Proceso abierto: el socialismo después del socialismo (Barcelona, Tusquets, 2005), Incluso un pueblo de demonios: democracia, liberalismo, republicanismo (Buenos Aires/Madrid, Katz, 2008), La trama estéril: izquierda y nacionalismo (Mataró, Montesinos, 2011) e Idiotas o ciudadanos: el 15-M y la teoría de la democracia (Barcelona, Montesinos, 2013). Su próximo libro, El compromiso del creador. Ética de la estética, será publicado por Galaxia Gutenberg.

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Notas del texto.-

8. Y sin tregua: un ejemplo de estos días. En una exposición de grabados que la Generalitat organiza en Madrid sobre la guerra de Sucesión, 1714. Memoria gráfica de una guerra, la bandera de un barco, seguramente holandés, aparece repintada como la bandera española, la rojigualda: una bandera que no existió hasta finales del siglo XVIII.

Notas.-

Enlaces [excepto los aportados por textos ajenos] son autoría de EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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20 Julio 2014

Aturdido

 

[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

Relato breve.

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Me encuentro sentado frente a la ventana, atareado con mi mente, mientras la lluvia sigue obcecada en purificarlo todo. Relaciono ideas y emociones para advertir lo que me está sucediendo. Mas es arduo avanzar.

Desde que nos mostramos  inesperadamente en la hora más oscura de la noche, estoy confuso. No he vuelto a dormir; me velo a mí mismo, enfermo de riesgo por esa visión de belleza sublime que me arrastra sin piedad: tú.

A ratos pienso que, si sólo fueras un charco de verano, te penetraría descalzo chapoteando a placer para sentir el frescor rozagante de tu ser. O, si estuvieras hecha de arena viva de coral, introduciría mis manos frías por todo tu cuerpo para masajearlas lentamente hasta sofocarlas.

Pero eres alada de un cielo inasequible. Y me tienes prendado, incapaz de dar la talla. Un ser cabalístico que me hace castañear los labios y al que sólo me atrevo a darle besos a través del aire.

Por eso permanezco encogido, en mi sitio, en la certidumbre de mi mundo encapotado. Donde el arco iris sigue siendo curvo y los relámpagos, fulgores repentinos.

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Enrique Masip Segarra [2014]. © Todos los derechos reservados.

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Hesiodo y la Musa [1891]. Gustave Moreau [Francia, 1826-1898]. Museo de Orsay, Paris. +.

NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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19 Julio 2014

1978: El año en el que España cambió de piel [2014], de Vicente Torres y R. Mari

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Vicente Torres; Rafael Marí (aut.). Araña Editorial. 1ªed., 1ª imp (07/05/2014). 192 páginas. Idiomas: Español. ISBN: 8494218387 ISBN-13: 9788494218385.

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En 1978 España era un hervidero. El periodo dictatorial había acabado yse abrían tiempos nuevos en los que por fin los españoles, o la mayor parte de ellos, podrían alcanzar el sueño, largamente acariciado, de vivir en democracia. La situación presente en aquel entonces no era fácil. Había mucho paro, la situación económica era crítica, aunque comenzaba a remontar, y las tensiones políticas eran graves e inquietantes; pero frente a todo eso estaba la ilusión general, las ansias de vivir y la seguridad de que con el nuevo sistema político, que se estaba empezando a construir, todo iba ir a mejor. Los primeros años, tras ser aprobada la Constitución, parecían indicar que así iba a ser. Pero lo que ha acabado por producirse en una catástrofe de considerables dimensiones. La situación aconseja que revisemos el pasado reciente en busca de aquellas cosas que podamos haber hecho mal.

Imagen de Rafa Marí, Carlos Pajuelo de Arcos y Vicente Torres, en el acto de presentación del libro en FNAC Valencia, celebrado el pasado día 17 de julio. El primero y tercero autores y el segundo presentador y moderador.

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Vídeo del acto. Vía LiterNauta.

Crítica literaria.

Encabezan este libro Vicente Torres y Rafa Marí, veteranos periodistas valencianos, profesionales de los de toda la vida, anunciando en la introducción el motivo por el que han elegido 1978. Es el año de la aprobación de la Constitución Española, la cual está siendo puesta en entredicho actualmente tanto por grupos políticos como por personas individuales, por lo que ambos consideran que es un buen motivo para reflexionar; con este libro, estructurado como una conversación entre ambos, incluyendo una amplia aportación (27) de voces ajenas, conocidos personajes que entran y salen en la tertulia de este café imaginario poniendo su granito de arena, a veces más personal y anecdótico, a veces más político, y, como Ángeles López Artiga alude en el prólogo, “dejándonos entrever o vislumbrar, en este laudable trabajo, la experiencia de la organización meditada, la yuxtaposición de intereses intelectuales y la cabal intención de sacar a luz las afecciones sociales y aún personales, originadas por un importante suceso de la historia más reciente de España.”

Los tertulianos entrelazan análisis razonados, opiniones, recuerdos personales y anécdotas, en un clima distendido, de café, donde se le da un repaso a la España de ayer y de hoy sentados ante humeantes tazas, disfrutando de la compañía y la charla. Pero con la loable intención, no solo de pasar el rato, sino de desenredar esa madeja tan complicada que es  la política y la convivencia social de un país, y aportar posibles vías de solución de los problemas que nos aquejan.

Tras el prólogo, encontramos un texto titulado La Transición, desde el exilio, en el que dos periodistas, Lucas Soler y Francisco Javier Guardiola nos cuentan su particular experiencia en el exilio y la mirada, lejana y esperanzada, que sobre los sucesos de España se dirigía desde el otro lado del océano.  Siguen doce capítulos en los que se tratan diversos temas que pueden ser representativos de cómo se encontraba España en ese año y en qué situación legal y política tiene lugar la aprobación de la Constitución, con la que verdaderamente se inicia un proceso que a todos ilusionaba y en el que tenían grandes esperanzas.

Podríamos agrupar los temas, al margen del orden que siguen en el libro, en sociales (religiosidad, homosexualidad, adulterio y amancebamiento, lenguaje sexista) artísticos y culturales (periodismo, galerías de arte y Museos, Dalí/ Picasso, influencia del mayo francés) y claramente políticos (las autonomías, el nacionalismo, los pactos de la Moncloa y la Constitución).

Entrando en temas sociales, en la relación de la Iglesia Católica con el Estado para ambos autores se deberían eliminar privilegios aunque sin embargo, valoran el papel positivo de determinadas instituciones eclesiales como Cáritas, etc. Además de ellos, dan su opinión el escultor valenciano Miquel Navarro y el periodista Santiago González. Este último analiza con lucidez y detalle los conflictos habidos sobre todo con el caso Añoveros.

Largo y tendido se explayan sobre el tema homosexual: tanto Rafa Marí como Vicente Torres coinciden en su desaprobación a la discriminación sexual homófoba. Intervienen en este apartado, como nuevos invitados a la tertulia, el poeta y escritor Luis Antonio de Villena, y la política socialista valenciana Ana Noguera. En cuanto a la despenalización del adulterio y el amancebamiento, delitos que ahora suenan rancios y apolillados, pero olvidamos que fue en ese año cuando se  despenalizaron. Vicente Torres afirma que “muchos hombres se sintieron desprotegidos al desaparecer esas leyes. Psicológicamente, no estaban preparados para entender que sus mujeres no estaban supeditadas a ellos y tenían que tratarlas de igual a igual.”, idea que recoge Marí para relacionarla con la violencia doméstica (que define como “terrorismo machista”).

Opinan también la escritora gallega Marina Mayoral y la escritora y periodista asturiana Nuria Varela, recordándonos que en este año, 1978, se consiguió la despenalización de los anticonceptivos y también fueron legalizadas las organizaciones feministas y por fin fue suprimido el Servicio Social de las mujeres.

El lenguaje como medio discriminador es un tema muy ligado a los anteriores. Según Torres, “más que tratar de cambiar las cosas manipulando el lenguaje, sin tener conocimientos de lingüística, creo que lo que se debería hacer es educar a los niños en la igualdad.” Parecen todos estar de acuerdo en que antes que modificar el lenguaje –como afirma la filóloga Rosa Navarro -, lo que hay que modificar son los conceptos y las costumbres.  Coincide con ella la economista y escritora Marian Torrejón, que recuerda el lenguaje es un sistema vivo, y “pretender acabar con determinados términos a golpe de decreto me parece ingenuo”.

Los dos capítulos dedicados al arte  en 1978 destaca que al final de los setenta hubo una gran expansión del los movimientos artísticos. La galerista Amparo Zaragozá, realiza una intervención altamente interesante, relatando las múltiples actividades artísticas y el papel de las Galerías y los marchantes. La artista Ouka Lele deja su impresión de aquellos años en los que comenzaba su carrera artística, unida a la movida madrileña.  Dalí y Picasso son confrontados, y en este punto, cada uno de los dos autores se inclina hacia uno u otro artista, explayándose en sus modos pictóricos y visión del mundo. Opinan también el pintor Enrique Senís Oliver y el periodista José Ricardo Seguí.

No podía faltar un capítulo dedicado al periodismo, puesto que los dos autores del libro lo son. Y ambos destacan la gran expansión informativa  en un país donde la prensa había estado amordazada durante tantos años; analiza Rafa Marí la relación de periodistas y políticos, y Torres destaca que a la vez que se estrena la libertad de expresión, aun persiste una cierta autocensura, un rescoldo del miedo a la libertad incipiente. Colaboran con sus opiniones las periodistas Mar Monsoriu y Mª José Grimaldo, comparando los medios de 1978 con los actuales con la eclosión de Internet.

Reflexionando sobre las autonomías, todos ponen en cuestión cómo se concibieron y como se han aplicado, generando corrupción y desintegración. Colaboran en este apartado un texto citado del periodista Andreu Jaume; una larga intervención de Rosa Díez, líder de UPyD, y un breve texto autobiográfico de la historiadora Encarna Jiménez. Según Marí, (y Torres coincide en esencia): “el federalismo no arreglaría nada sustancial y desde luego no contentaría —qué va— a los independentistas catalanes y vascos.”

Analizando el Mayo francés, cuyo décimo aniversario se produce en 1978, todos coinciden en afirmar que en el 68, apenas tuvimos noticia los que vivíamos en España, puesto que la información estaba férreamente controlada y censurada. “Lo más parecido a Mayo del 68 han sido las manifestaciones del 15-M a partir del año 2011”, afirma Rafa Marí. El escritor y periodista Fernando Iwasaki reconoce que no le causó ningún impacto, es de una generación posterior; la filósofa Rosa María Rodríguez Magda recuerda el romanticismo en los setenta, y la posterior desilusión ante los ideales frustrados.

En cuanto a los nacionalismos, Torres defiende que el trato privilegiado a los nacionalistas vascos, principalmente PNV, vino a legitimar de algún modo a la ETA. “Los partidos nacionalistas –dice Torres- fueron desleales con los españoles desde el mismo inicio de la democracia.” Rafa  Marí recuerda el monólogo de Shylock para reclamar lo que nos unifica no solo a los españoles en general, sino a los humanos. Intervienen Maite Pagazaurtundúa y Maria Teresa Giménez Barbat, que tienen mucho que decir. La relación de la amnistía con el renacimiento de ETA,  defendida por una parte de la intelectualidad, son fenómenos fraguados en esas fechas. Y de aquellos polvos, estos lodos…

Los Pactos de la Moncloa ocupan otra conversación. “Gracias a los pactos de la Moncloa, -dice Marí- en los ochenta se produjo un crecimiento espectacular, con algún que otro espejismo que nos encandiló en demasía a casi todos”. Torres recuerda que entonces “había horizontes, estaba en camino la democracia y se presumía la apertura de muchas puertas”…pero no contábamos con el sectarismo endémico de este país, el eterno guerracivilismo que parecía haberse superado en la Transición, pero los años nos han devuelto a la realidad.

Intervienen la escritora y periodista Marta Querol: “lo fundamental de aquel pacto fue consensuar la medidas y, al estar respaldadas por todos, no usarlas como arma arrojadiza engañando a la gente con falsas alternativas.” La economista y política Cristina Moreno hace un detallado análisis de los Pactos, concluyendo que el primer gobierno democrático consiguió con los Pactos tanto sus objetivos económicos como políticos.

Finalmente, se cierra el libro con la aprobación de la Constitución, y junto al relato de los detalles, ambos autores reflexionan sobre qué se hizo mal o que se demostró a lo largo de los años que no resultó una medida adecuada. El sistema autonómico y la relación con los nacionalismos es una de las medidas que más ha hecho aguas, según ambos. Rafa Marí: “Para no meterse en agrias disputas o quizá por complejos histórico-culturales, gobiernos centrales y «españolistas demócratas» les han cedido (a los independentistas periféricos) el monopolio de la razón. Esa táctica dilatoria se ha revelado como un error monumental.”

Torres resalta otro: el miedo tanto de UCD como del PSOE, que otorgaron todo el poder al Ejecutivo; y el tema de las competencias autonómicas, la persona del Rey, el tema de las lenguas oficiales, la regulación no solo de la Iglesia Católica sino de las demás confesiones, son asuntos a replantearse. Las juristas Julia Sevilla y Laura Cano Zamorano hacen un exhaustivo análisis del proceso que llevó a la aprobación final de la Constitución.

Concuerdan todos en que “El actual Estado de las Autonomías –en palabras de Laura Cano- ha quebrado ese principio esencial de nuestra Constitución (la igualdad de derechos y obligaciones) y es, por sí mismo, el mayor obstáculo a esa pretendida igualdad, habiendo quedado España como un verdadero reino de taifas”.

En suma, un libro que puede hacer reflexionar a muchos, recordar a otros, e informar, a aquellos que crecieron después, de la reciente historia española en su hito principal: la Constitución.

Ariodante [Fuensanta Niñirola].

Notas.-

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19 Julio 2014

El Marqués de la roja, se queda

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Del Bosque continuará al frente de la Selección

Marca, 180714.

Vicente del Bosque acabó con las dudas de su continuidad como entrenador de la selección española. El míster lo confirmó en una comparecencia de prensa después de la visita a Salamanca, donde estuvo con los chavales de su Campus.

"He estado en contacto con la Federación en este tiempo de reflexión y han podido más los seis años anteriores que dos malos partidos. La FEF está en un periodo de fortaleza. Han valorado mi trabajo. Nos encontramos con fuerza y vamos a seguir con nuestro trabajo, igual que siempre", explicó el seleccionador.

La flor de Del Bosque y La Bruixa d'Or

Juan Manuel Rodríguez en El penúltimo raulista vivo, 180714.

Un mes ha pasado desde que España quedara eliminada del Mundial después de perder por 2-0 ante Chile. Y ayer, casi coincidiendo en el tiempo con la publicación del nuevo ranking de la FIFA que relega a la selección nacional a la octava plaza por detrás de Alemania, Argentina, Holanda, Colombia, Bélgica, Uruguay y Brasil, Del Bosque anunció que seguiría en el banquillo hasta agotar su mandato en 2016 o más allá, hacia el infinito.

No ha sido el suyo, como intenta explicar en vano Vicente, un silencio consecuencia de la reflexión (la decisión la tenían en realidad tomada desde el día siguiente de jugar contra Australia) sino del miedo, el miedo a hacer el ridículo confirmando su continuidad justo después de haberse producido uno de los mayores desastres de España en un Mundial y cuando otros seleccionadores que llegaron más lejos dijeron en caliente que se iban.

De forma que lo que han pretendido tanto Villar como Del Bosque ha sido eso tan español de dejar pasar el tiempo hasta que la debacle se enfriara o simplemente se olvidara. No lo han logrado, por supuesto, y parece que, publicando su nueva clasificación, hasta la FIFA se ha conjurado para devolvernos a todos la memoria. La explicación de Del Bosque para su continuidad en el cargo ha sido sublime.

¿A qué se refiere con que la federación española es "estable"? ¿Y qué tiene que ver su decisión con la estabilidad o inestabilidad de la federación?... Si la unidad de medida de la estabilidad es el tiempo que un individuo lleva en su puesto, Villar es el presidente más estable de la Unión Europea. Pero la pregunta es otra: ¿Es fiable Villar?... Y la respuesta es que no. Del Bosque dice que sigue porque la federación es estable pero en los últimos 25 años, que es el tiempo que Villar lleva clavado en el sillón, han dimitido varios seleccionadores. Si Del Bosque sigue no es, pues, porque la federación sea estable, que no lo es, sino porque él quiere.

No creo que el causante del desastre pueda ser también el motor del cambio. Sinceramente no lo veo. Por otro lado, el fruto de la reflexión de Del Bosque, que ha sido, según él, precisamente el origen de su estruendoso silencio, no puede ser más lamentable y ridículo: "El Mundial se perdió por dos partidos malos". ¿Treinta días de "reflexión y contactos" para llegar a la minúscula y absurda conclusión de que el 5-1 ante Holanda y el 2-0 ante Chile fueron producto de la fortuna, y de que en Sudáfrica se ganó por una flor que nos creció de repente en el culo?

Si, al final de todo, fue la flor de Del Bosque la que nos llevó a conquistar un Mundial y una Eurocopa, convendría constatar que dicha flor se marchitó en Brasil por no regarla. Y si, fieles a la gilireflexión de marras, lo que necesitamos es que alguien con baraka se haga cargo de la selección, desde aquí le reclamo al estable Villar que contrate a la lotera de La Bruixa d'Or, nadie más estable que ella a la hora de repartir suerte.

Notas.-

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18 Julio 2014

España y sus asimétricas puertas giratorias

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'Il Mondo' [1965]. Compuesta Jimmy Fontana con la colaboración de Carlo Pes y arreglos de Ennio Morricone. Letra de Gianni Meccia y Gianni Boncompagni. Versión del propio Fontana, en italiano. Letra en italiano y español. ♪♪ ♫ eduarilap. + [EQM, 140913].

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Gira, il mondo gira
nello spazio senza fine...

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¿Quién manda aquí?

Las multinacionales -'grandes corporaciones', las denomina El País- fabricantes de puertas giratorias, presionan a Mariano en favor de una Cataluña confederada a fin de que los independentistas se sientan cómodos en su excluyente catalán y con su Estado y nación propios.

El negocio es el negocio y la pasta la pongo yo porque también el dinero público -de los contribuyentes, esos asalariados por cuenta mía- ya me dirán vds. de dónde procede...

Si es que resulta muy sencillo de entender: en España, tus derechos dependerán de dónde residas y los políticos seguirán encontrando acomodo cuando pasen a la reserva, en justa correspondencia a sus políticas tareas de mayordomos del genuíno poder.

Gira el mundo gira...........

De modo que... tomen buena nota y no digan que no están advertidos.

EQM

pd.- Lean, a continuación: el diario asimétrico lo cuenta con pelos y señales.

Los empresarios catalanes presionan a Rajoy para que abra una vía federal.

Grandes corporaciones envían por escrito al presidente del Gobierno sus propuestas en favor de una tercera vía federal que ponga fin al conflicto soberanista

El País, 170714.

A cuatro meses del 9 de noviembre, la fecha que Artur Mas se ha marcado para celebrar la consulta soberanista, los directivos de las grandes empresas catalanas se han convertido en una suerte de embajadores de la tercera vía, una solución pactada que modifique el encaje de Cataluña en España y evite el avance de las posiciones secesionistas. Con el convencimiento de que Mariano Rajoy debe mover ficha, en los últimos meses han intensificado su agenda con políticos y empresarios madrileños cercanos al presidente e incluso han remitido documentos con propuestas concretas a La Moncloa para tratar de desbloquear las relaciones entre los Ejecutivos de Madrid y Barcelona, según coinciden varias fuentes.

Los empresarios valoran que Rajoy y Mas retomen el diálogo tras meses de bloqueo entre los dos Gobiernos. Sin embargo, la mayoría de los empresarios consultados son pesimistas con los frutos que pueda dar la reunión entre los dos presidentes. La posibilidad de lleguen las vacaciones sin que se haya producido ningún avance les preocupa sobremanera, en especial porque a la vuelta de verano habrá otra Diada (el día de Cataluña, que se celebra cada 11 de septiembre) con una nueva manifestación en Barcelona que se prevé multitudinaria, se aprobará la ley de consultas y el 9-N es el día previsto en principio para la votación.

Las grandes empresas y el mundo financiero catalán son los principales defensores de la llamada tercera vía. La perfiló el pasado 20 de junio recientemente en una cena ante empresarios en Oviedo el jefe de la patronal de Fomento del Trabajo, Joaquim Gay de Montellà, quien siempre recuerda que su bisabuelo, Lluís Ferrer-Vidal, fue uno de los encargados de llevar a la reina regente María Cristina la petición del concierto económico para Cataluña en 1897. En Oviedo, Gay de Montellà propuso un gran acuerdo con cuatro pilares: el reconocimiento de Cataluña como nación —lo que exigiría una reforma constitucional—, plenas competencias en lengua y cultura, un pacto fiscal para que Cataluña recaude y gestione todos los tributos mediante una Agencia Tributaria propia y plena capacidad para la organización local.

Esa demanda se ha hecho llegar a Rajoy, aunque fuentes conocedoras de esos contactos lamentan que el Gobierno se ha enrocado en el no a todas las propuestas al considerar que la consulta está fuera de la Constitución. Un empresario que pide no ser citado asegura que Rajoy está rodeado por un “ejército” de abogados del Estado que le recuerdan constantemente que una consulta sería ilegal. “Le dicen además que con prohibirla se resuelve el problema, pero no es así”, opina.

El empresariado catalán se siente especialmente incómodo cuando debe hablar sobre la consulta, que en general acepta solo si es legal y acordada. Ayer volvió a expresarse en esa dirección el presidente de Freixenet, José Luis Bonet, quien en una entrevista en TV3 aseguró: “Fuera de lo que es el acuerdo y la ley, no me parece bien”. El empresario, que también preside el Foro de Marcas Renombradas, abogó por no “menospreciar” el conflicto y sentarse para hallar una “solución” al tiempo que aseguró no haberse “preocupado de pensar cosas” que no van a pasar, en referencia a una eventual independencia de Cataluña.

En el último año, han proliferado los informes sobre cómo influiría una eventual secesión de Cataluña en la economía de la comunidad. El último, de la Cámara de Comercio de Barcelona, señala que afectaría sobre todo a las grandes corporaciones y a las finanzas y que dependería del grado de conflicto entre las partes. Los empresarios tratan de acercar a ambas partes, aunque coinciden en que la solución deben hallarla Mas y Rajoy. De hecho, se irritaron cuando el ministro Alberto Ruiz-Gallardón los instó en una cena en Barcelona a que frenaran a Mas y también cuando el presidente catalán les pidió que se implicaran en el proceso.

Para acercar posturas, los empresarios han tratado de facilitar encuentros entre políticos y la sociedad civil de Madrid y Barcelona y han buscado aliados fuera de Cataluña que apoyen la tercera vía. Las élites catalanas han ido promoviendo grupos de trabajo en Madrid y Barcelona, como el Foro Almagro o el Puente Aéreo, y a la vez han intensificado sus relaciones con el líder de la patronal valenciana, José Vicente González, y la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol. De hecho, el jefe de las empresas valencianas ya protestó cuando este mes el presidente de la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, afirmó que sin una mejora de la financiación cabía el peligro de una expansión independentista hacia su región. “Cataluña es el primer cliente de la comunidad y el primer proveedor. Y yo con mi principal cliente y mi principal proveedor quiero llevarme bien”, le recordó González.

Otro de los lobbies que está elaborando un documento que esboce una posible reforma institucional para dar encaje a Cataluña es el Círculo de Economía mediante una comisión que lidera Joan Roca, vicepresidente del despacho Roca Junyent. La entidad ha abordado el asunto en varias conferencias, como la que dio Miguel Sanz, expresidente de Navarra, para analizar el modelo fiscal de esa comunidad, u otra del exdiputado Miguel Herrero de Miñón, que propuso incluir un posible acuerdo entre Cataluña y España en la Constitución mediante una disposición adicional.

El presidente del Círculo de Economía, Antón Costas, reclamó a Mas en unas jornadas en Sitges que dé una “segunda oportunidad” al diálogo para avanzar hacia una “reforma constitucional” que a su vez podría dar lugar a la consulta. En el cierre de las jornadas, Costas pidió a Rajoy que desoyera a quienes le recomendaban seguir en el “inmovilismo” y abordara una reforma de la Constitución. “La tentación de no hacer nada nos lleva a los extremos”, aseguró.

El periodista y exdirigente del PP Manuel Milián Mestre está convencido de que Artur Mas se sentará a negociar si Rajoy pone una propuesta encima de la mesa. También cree que si al final hay una tercera vía será porque los empresarios luchan por ella. De hecho, entre el empresariado cunde la opinión de que una oferta atractiva de Rajoy desactivaría buena parte del independentismo a la espera de un acuerdo.

Milián lamenta la retirada de políticos moderados en un momento tan complicado para Cataluña. Josep Antoni Duran está en vías de marcharse. “No es una buena noticia que Pérez Rubalcaba lo haya dejado”, añade. De hecho, un empresario catalán consultado se confiesa pesimista porque a su juicio Rajoy no moverá ficha sin tener atado el apoyo del líder de la oposición. Y, dice, Pedro Sánchez todavía necesita tiempo para tomar las riendas del PSOE.

Los directivos de las grandes corporaciones también han sugerido al Rey que medie entre las partes. Lo hicieron, cuentan fuentes empresariales, en una cena en casa del conde de Godó cuando Felipe VI todavía era Príncipe de Asturias. De hecho, desde comienzos de este año el Monarca ha mantenido reuniones con decenas de empresarios. El encuentro de Felipe VI y Artur Mas en una cena en Girona a finales del mes pasado levantó expectativas, pero varios asistentes coinciden en que ambos no estuvieron solos en toda la noche.

El hundimiento de los partidos centrales en Cataluña en favor de los hasta ahora minoritarios también preocupa entre los empresarios. La debilidad de las dos grandes formaciones nacionales no ayuda a estabilizar la situación. El PP y los socialistas solo sumaron un 24% de los votos en Cataluña las pasadas elecciones, frente al 49% que cosecharon en el conjunto de España. El PSC, el principal impulsor de una tercera vía en Cataluña, quedó relegado a la tercera posición, un resultado que se saldó con la dimisión de su líder, Pere Navarro. En el PP, que también perdió la mitad de la cuota de voto, no hubo dimisiones.

José Montilla, expresidente de la Generalitat, defiende que, a pesar de todo, los partidos políticos no deben dejarse llevar por la marea soberanista ni “hacer seguidismo en función de las circunstancias”. “Han de tener proyecto y defenderlo contra corriente, incluso se ha de ser minoritario en determinados momentos”, señala.

La tercera vía por la que abogan los empresarios no dista de la que se ha propuesto con más o menos ahínco desde los sectores más moderados de CiU, particularmente desde Unió Democràtica, o desde el socialismo catalán, como la que formuló Miquel Iceta, líder electo del PSC. Joan Majó, ministro de Industria con Felipe González, enumera cuáles deberían ser las bases de esta tercera vía: reconocimiento de la “identidad nacional y lingüística”, capacidad de recaudación fiscal con obligación de una cuota de solidaridad limitada y competencias exclusivas para la Generalitat en materia de política lingüística, cultural y de educación. Además, cree necesario transferir a la Generalitat la competencia sobre la gestión de las infraestructuras y la puesta en marcha de instituciones políticas españolas de carácter federal.

¿Cabría una consulta solo en Cataluña de este nuevo marco? Según Majó, “en tanto en cuanto la nueva situación pactada necesitará cambios constitucionales, en algún momento será imprescindible un pronunciamiento general”. “Pero la situación de parálisis y confusión que se ha generado hace que sea bueno y urgente conocer las preferencias de los catalanes entre una salida como la indicada o una ruptura radical, que en cualquier caso también deberá ser negociada entre Cataluña y España”, señala. El exministro recalca que no se podrá olvidar el papel que, de una u otra forma, jugará la Unión Europea.

Las patronales esperan que la reunión entre los dos presidentes no acabe como la que mantuvieron en septiembre de 2012. “Entonces Rajoy pensaba más en Galicia y Mas creía que iba a conseguir mayoría absoluta después de la manifestación de la Diada”, recuerda un empresario. Sin embargo, el entorno de Mas no es optimista. “El Gobierno no va a ofrecer nada a Cataluña, estamos convencidos de ello”, asegura un destacado miembro del Ejecutivo catalán. En las últimas semanas solo ha habido una pequeña señal de distensión cuando la ministra de Fomento, Ana Pastor, acordó con el consejero catalán Santi Vila la retirada de una medida que obligaba a los puertos rentables a financiar con la mitad de sus beneficios los accesos a otras instalaciones portuarias. En cambio, Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, decidió dar un portazo a la reforma de la financiación autonómica, sin la que el Gobierno de Mas da por imposible cumplir con los objetivos de déficit marcados.

Tras las vacaciones, habrá la Diada, el día 11, y la ley de Consultas llegará al Parlamento catalán.Este es el texto que pretende utilizar para dar cobertura legal a la consulta del 9 de noviembre. Nadie se atreve a pronosticar qué ocurrirá después, una vez el Gobierno impugne esta votación. Todo apunta a unas elecciones autonómicas anticipadas, pero el mal estado de forma de la federación CiU hace dudar a Artur Mas. De ahí que muchos en los sectores soberanistas aboguen por una coalición entre Esquerra y Convergència, probablemente sin Unió Democràtica.

Muchos avisan también de que el duelo entre Gobierno y Generalitat no acabará en otoño. Los socialistas creen que después será el momento para poner encima de la mesa una propuesta de tercera vía, con reforma constitucional incluida. Montilla aboga por esta vía: “Ni el problema desaparecerá ni seremos independientes el año que viene. Al final se tiene que llegar a un acuerdo”. Pero los empresarios desearían no tener que llegar hasta ahí.

La izquierda, el nacionalismo y el guindo

Félix Ovejero Lucas en Revista de Libros, 030714.

[ II/III. Continuación del texto I/III, publicado ayer 170714].

[...]

Una historia de traidores

Héroes, heterodoxos y traidores ya fue comentado en estas mismas páginas de Revista de Libros, pero resulta inevitable volver sobre él en el contexto de la presente reflexión. El libro de Fernández Soldevilla arranca de su tesis doctoral, de una investigación académica. Lo es en el mejor de los sentidos, en su afán de verdad. Los juicios son ponderados y no hay afirmación sin documentar. Un esmerado trabajo que es, a la vez, una muestra ejemplar de la reciente historiografía vasca, joven y no tan joven, capaz de tocar los asuntos políticamente calientes sin vocación de trinchera ni servilismos de causa. Y tiene su mérito, porque ese quehacer se ha realizado en una atmósfera de las que invitan al silencio o, aún peor, dada la fácil y tentadora transición desde la explicación a la compresión, a las disculpas y a las justificaciones.

Basta con ver lo sucedido con tantos historiadores catalanes, no hace tanto fervorosos marxistas y hoy verdaderos nation builders, entregados a recrear mitologías de esencias nacionales y eternos conflictos entre pueblos impermeables al trasiego de gentes y mercancías. El hecho de que relatos propios de la peor historiografía romántica, en la frontera de la ininteligibilidad intelectual, prosperen en circunstancias bastante más llevaderas que las que han regido la vida de los historiadores vascos invita, por lo pronto, a melancólicas consideraciones acerca del afán de servicio de los académicos cuando los poderes los convocan en nombre de las patrias y, por contraste, resalta más el temple de los que pensaron bajo las amenazas. Algún día habrá que ponerse en serio a indagar en la explicación de tales diferencias: no cabe descartar que la explicación se encuentre precisamente en la violencia, en que las pistolas emplazaban a mirarse en el espejo con menos concesiones para el autoengaño.

Que nadie entienda el recordatorio de la procedencia académica de Héroes, heterodoxos y traidores como una advertencia esquinada: no estamos ante un ladrillo. El libro está bien escrito, no evita las discusiones hondas, de concepto y de alcance general, se lee con la facilidad de una crónica periodística y, sin omitir la información relevante, no permite que el lector se pierda en el boscaje de nombres, siglas y aconteceres. Porque son muchos los nombres, siglas y aconteceres que jalonan la historia de ETA y de EE, los dos principales protagonistas del libro. Esas dos y, también, su paisaje de fondo, la historia más reciente del nacionalismo vasco y, de paso, su mayor obra: la construcción del relato del conflicto, la enorme mentira sobre la que ha querido justificarse el terror.

No está de más recordar a los más jóvenes que EE es Euskadiko Ezkerra, esa coletilla que remata las siglas de los socialistas vascos: PSE-EE. Un partido político que nace como una coalición electoral, fundamentalmente del EMK, Euskadiko Mugimendu Komunista, y de EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia, brazo político de ETA político-militar, la vertiente decididamente leninista de ETA, que, con la llegada de la democracia, apuesta por la prioridad de la actividad política. Prioridad quiere decir eso, que la violencia no quedaba excluida. Y es que, hasta 1981, los polimilis continuarían con sus actividades criminales sin que ello despertara recelo alguno entre sus primos políticos, incluidos los votantes de EE.

Sabían lo que pasaba y, en el mejor de los casos, les traía sin cuidado. Lo que pasaba, no debemos olvidarlo, era muy serio. Como nos advierte el autor, entre unos y otros, los asesinos consiguieron «que la cultura política de derechas no abertzales casi desapareciera de Euskadi. Tardó décadas en recuperarse y, cuando lo hizo, volvió a sufrir la persecución de los violentos. Lo cierto es que en ningún caso EE mostró preocupación alguna por la suerte de este sector». No es ocioso rememorar que simplemente se optó por exterminar a la derecha que no era nacionalista vasca sin que nadie levantara la voz, sin que los que leían el Manifiesto comunista se acordarán de la idea de libertad allí defendida.

Con el tiempo, cierto es, la complicidad y la comprensión con el terrorismo dieron lugar al activismo cívico contra ETA, la descalificación sin tregua de la naciente democracia dio paso al oportunismo institucional y, más tarde, a una lealtad constitucional. El leninismo derivó en socialdemocracia y republicanismo político, y el independentismo de la identidad en apuesta autonomista o federal. Si se quiere, podría hablarse hasta de evolución hegeliana, de superposición del curso histórico con el de la razón, habida cuenta la esencial incompatibilidad, que el autor destaca en distintos momentos, entre «las narrativas del nacionalismo radical y de la extrema izquierda». Eso sí, con un final nada hegeliano, pues está contándosenos la historia de unos perdedores, algo que, dicho sea de paso, está en el origen de la tesis, porque, según nos confiesa el autor, al igual que Tony Judt, «no me interesaban los ganadores, a los que nunca falta quien estudie. Siento debilidad por las causas perdidas y ésta, no cabe duda, lo era».

Quizás a alguno puede parecerle que Fernández Soldevilla se deja vencer por pasiones literarias, por lo general siempre propensas a regocijarse en las derrotas y que, en realidad, la sensatez que alentó aquel proceso ha acabado por imponerse, más allá de la suerte de sus protagonistas. Es posible, aunque tengo mis dudas a la vista del éxito del relato del conflicto. En todo caso, lo peor de todo es que el fracaso que nos cuenta no fue sólo el fracaso de un modesto grupo político, sino que, por decirlo con palabras de Gurutz Jáuregui, citadas por el autor: «[la desaparición de EE» constituyó, una vez más, el reflejo del fracaso de la construcción de la nación vasca como una sociedad moderna, plural, heterogénea y abierta al mundo». Como símbolo, «representa, en cierta medida, el fracaso del pueblo vasco en su intento de pasar del tribalismo a la modernidad, del parroquialismo a la universalidad».

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En su primera parte, el libro ofrece una apretada historia del nacionalismo vasco, del real, no del reescrito retrospectivamente, desde Sabino Arana hasta, más o menos, la muerte de Franco, con el PNV y la ETA original como principales protagonistas. No hay mayores novedades, pero lo sabido, y muchas veces emborronado, está expuesto con buen orden, incluidas historias pantanosas, como el escaso compromiso del nacionalismo con una República que, en aquella hora, equivalía a escaso compromiso con la democracia, o el sustrato impúdicamente etnicista en el sentido más fuerte que pueda imaginarse de la ETA original. En la segunda parte, ya con mano y guión propio, el autor nos cuenta la aparición de los polimilis, la decisión de participar en las elecciones por parte de EIA, compatible con su descalificación de la Constitución y, un momento decisivo, la creación en 1979 de una HB que, al estrechar el terreno de las marcas políticas, precipitará los planes de algunos, muy señaladamente de Mario Onaindia, obligándoles a trazar la línea de demarcación con la violencia para enmarcar su propio territorio diferencial.

Como es tradición en la izquierda, EE se «refundará» con notable frecuencia, primero en compañía de los comunistas vascos de Roberto Lertxundi y, algunos años más tarde, en la del PSE. Un recorrido político que se acompasaba con su evolución política, con su alejamiento del nacionalismo y de la violencia. Entretanto, con su propia andadura, y sus escisiones, porque al final en estos procesos siempre se quedan las depositarios de las esencias señalando con el dedo y, a veces, con la punta de la pistola, ETA-pm iniciará una reinserción que alcanzará a una parte importante de sus miembros y en la que no faltarán asesinatos entre «excamaradas», porque ETA militar, con la inexorable lógica del gángster, equiparaba los cambios de ideas a traiciones. Por decirlo con la clásica fórmula de Albert Hirschman, un alto precio de salida aseguraba la ausencia de voz, de críticas, la cohesión de la organización. Se asesinaba a Yoyes para advertir a los que podían pensárselo que mejor que no.

A partir de 1984, más o menos, EE deja de andar a vueltas con sus herencias y apuesta por constituirse en un partido normal, o todo lo normal que podía ser cuando la locura afectaba a tantas gentes. Son buenos años, según los patrones comunes del éxito político: se afina un programa, socialdemócrata convencional, y se alientan pactos menos convencionales, destacadamente el de Ajuria Enea, «por la paz y contra el terrorismo». Esos pasos, incluida la apuesta por la constitución, confirmaban que EE era ya un partido como cualquier otro, eso sí, en mitad de una torrentera tan vertiginosa que cada una de esos pasos, por su dramatismo, se parecía a los congresos de Gotha o de Bad Godesberg. Serán años de relativa presencia electoral, con idas y venidas, en competencia con el PSE y la compañía del PNV, que tendrán un final relativamente brusco en 1993 cuando se produce la fusión con los socialistas en medio de desgarros, abandonos y luchas de fracciones, que acabarán por cristalizar en la aparición de nuevos partidos de escaso aliento: una constante en la historia de EE.

Contada así la historia, podría parecer que los que se cayeron del guindo eran unas almas de cántaro, unos cuantos ingenuos que cierto día, redimidas sus penas, adquirieron un lirio y se dedicaron a pasearlo. Es lo que tienen los apretados resúmenes de historias con tantos matices y con saludables finales desde cualquier punto de vista de decencia moral. Desafortunadamente, la historia real es más retorcida, más humana. También esta otra historia se muestra en la investigación de Fernández Soldevilla. Los trapicheos organizativos, las reuniones trucadas, los enconamientos, el cálculo político que conduce a administrar verdades a medias, las vanidades y las malquerencias, en fin, los comunes casos de toda suerte humana, que diría Borges, también están presentes entre los protagonistas de esa historia. El autor nos lo cuenta, con la misma limpieza mental con que nos habla de corajes, decencias y apuestas vitales, de la vida de verdad. Sencillamente, Héroes, heterodoxos y traidores está lejos de ser una hagiografía.

No crean que no tiene su mérito. Porque el libro es la historia de un organización política, pero también es la historia de una cuantas personas muy especiales. Hay variantes, porque los caminos de Damasco son diversos, y los del Señor inescrutables, sobre todo cuando el trayecto lo rige la autonomía de juicio, la decisión de pensar a contracorriente y contra biografía, pero, en lo esencial, los protagonistas de aquella historia (Mario Onaindia, Juan Mari Bandrés, Teo Uriarte, Kepa Aulestia y unos pocos más) confirmarán con su complicada vida que pensar bien requiere, entre otras cosas, carácter. En no pocas ocasiones, las caídas del caballo, una vez superadas las secuelas del trastazo, acostumbran a concluir en beneficios personales: no es este el caso.

Así de rara ha sido la vida política vasca. El hecho de que, desde el punto de vista de los fundamentos, la estación de llegada equivaliera a descubrir el mediterráneo, la incompatibilidad entre izquierda y el nacionalismo étnico de ETA y su ecosistema, y que, sin embargo, fueran tan pocos los que repararan en ello, es, además de una confirmación del coraje vital e intelectual de aquellos pocos, una muestra más de la patológica atmósfera, de ese aire enrarecido que ha convertido en héroes a criminales. Una atmósfera que está lejos de haberse disipado.

Uno de los traidores

Teo Uriarte es uno de esos Héroes, heterodoxos y traidores. Miembro de la dirección de la primera ETA, condenado a dos penas de muerte en el proceso de Burgos, protagonista de la disolución de los polimilis y de la transición de EE, activista de los movimientos cívicos contra el terrorismo y amenazado en serio por ETA, condensa sucesivamente en su vida la triple condición que da título al libro de Fernández Soldevilla. Alguien que ha sobrevivido con entereza y equilibrio psicológico a todo eso, e incluso, según se deja ver en las páginas de Tiempo de canallas, a la atenta lectura de las obras de Jesús Eguiguren, tiene cosas que contar y temple para hacerlo. Unas cuantas de ellas asoman en la obra que comentamos, un libro que, en realidad, son tres o, si se quiere, tres géneros en un solo libro: biografía, historia y análisis político.

En Tiempo de canallas hay biografía, que, por lo anticipado, es cualquier cosa menos anodina. Aunque no es el asunto central, como sucedía en Mirando atrás, su libro anterior, ayuda a hacernos una idea bastante precisa de las dificultades para levantar movimientos cívicos frente al terrorismo, en un mundo tan distorsionado como para que los que disponían del poder, salvo bien poquitas excepciones, se paseasen sin escolta mientras que los militantes de los partidos de la oposición vivían bajo amenaza de muerte. Solos y señalados. Sobre todo, cuando se enfrentaban a maquinarias de propaganda bien engrasadas con dineros públicos y entregadas a difundir aquí y, sobre todo allá, el relato del conflicto, ante la desidia de los gobiernos de España, una circunstancia que todavía pagamos: mientras en el mundo entero la Liga Norte es reconocida en su exacta naturaleza reaccionaria, nuestros nacionalistas, amasados con parejo barro ideológico, son acogidos por las gentes más diversas, incluidas muchas ilustradas, como si se tratara de Bolívar reencarnado. La perplejidad que produce ver a un Estado abúlico se alivia cuando se tiene en cuenta que durante todo este tiempo la simple crítica ideológica al nacionalismo era para muchos una ofensa y una provocación [ver nota 7]. Por supuesto, el alivio epistémico es perfectamente compatible con la consternación moral.

La soledad de ese quehacer se muestra con deprimente elocuencia en las páginas que Uriarte dedica a contarnos cómo, con pocos más medios que los literatos de caña y cordel, se paseaba por la ONU o se entrevistaba con autoridades de Estados Unidos o Sudáfrica, absolutamente desinformadas acerca de lo que realmente sucedía, pero que se sentían en condiciones de dar lecciones de garantismo y de democracia. Y seguro que muchas han podido impartirse, aunque no estoy seguro de que existan tantos en condiciones de hacerlo. No conozco ningún país en la Europa democrática que se haya enfrentado a un terrorismo comparable al etarra, con casi un millar de asesinatos y decenas de miles de expulsados de sus casas, de refugiados políticos, sin acudir a estados de excepción, sin que el dolor y el odio de los asesinados se tradujera en una ETA del otro lado y en el que acabaran ante los tribunales y en la cárcel un ministro y varios altos cargos del ministerio del Interior por su participación en la guerra sucia. Seguramente podían haberse hecho muchas más cosas para honrar la libertad y la democracia, pero, ciertamente, si había que buscar ejemplo no era en los países en que se que recibía con admoniciones a Uriarte. Ni Alemania, ni el Reino Unido, ni Estados Unidos, ni Francia, ni Italia, por tirar del repertorio clásico, cuando se han enfrentado a retos infinitamente menos brutales, lo han hecho mejor. Para ser más precisos, lo han hecho bastante peor.

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También hay en Tiempo de canallas historia, sobre todo historia reciente, de las negociaciones de los distintos gobiernos, desde las de Argelia, en los días de Felipe González, hasta las de 2006 y 2007, cuando Zapatero rompe el Pacto por las Libertades y parece sentirse obligado a recrear la imagen de sus interlocutores, no se sabe si para allanar el camino a la negociación, creerse sus propias apuestas, hacer digerible a los ciudadanos la negociación o porque pensaba que los asesinos, al modo del general della Rovere en la película de Rossellini, acabarían por aceptar el cuadro que el gobierno proyectaba de ellos. Creerse cualquiera de esas posibilidades era una demostración de ingenuidad, dar por buenas todas, conjuntamente, una superlativa irresponsabilidad y, sobre todo, un peligro: cada vez que se «apreciaban esfuerzos» en los «hombres de paz» estaban dándose cartas de legitimidad a ETA y su mundo político y, sobre todo, al relato del conflicto.

A fuerza de agradecer gestos y de apreciar mérito en cumplir la ley se acabó por blanquear los sepulcros de los protagonistas del terror y por sembrar el terreno para que su «normalización» política se acercara antes a la del soldado homenajeado por su pueblo al terminar la guerra que a la del sembrador de miedo y odio que aspira a pasar inadvertido e intenta borrar su pasado. Ahí andamos ahora: una derrota policial de ETA que no es la derrota de sus ideas; aunque tampoco su victoria, conviene añadir. Un mal empate que no es ajeno a la secuencia de acontecimientos que describe el autor, a cómo han ido las cosas y a lo mal que se han hecho. Aunque hoy ya no podemos ignorar que hechas están y que no cabe desandar la historia. Eso sí, reconocer esa circunstancia es algo bien distinto de entregarse a fantaseos hegelianos, que bien, bien, las cosas no están.

Y por esta senda llegamos al tercer plano, vertebrado por una hipótesis realmente fuerte: «El primer instrumento de legitimación de ETA ha sido el Estado español». Una circunstancia que, según el autor, tiene como primer responsable a Franco. Con una notable compañía: Estados Unidos. Y es que el dictador, con la ayuda del departamento de Estado, en un éxito comparable al que más tarde tendría con Al Qaeda, en aras de justificar sus propios empeños, comenzado por la propia supervivencia, se inventó una ETA con los talentos organizativos del Mossad y la vertebración ideológica del Partido Bolchevique. La realidad era menos pinturera. Uriarte nos recuerda, y hay pocas voces más autorizadas que la suya: allí no había nadie o casi nadie, apenas cuatro jóvenes saturados de malas lecturas que acabaron creyéndose las noveleras páginas que la prensa del régimen les dedicaba. Ellos y, con ellos, muchos otros. A partir de entonces procuraron estar a la altura de la ficción. Otros generales della Rovere.

El libro, casi resulta ocioso decirlo, no se entiende sin el autor. No tanto por un protagonismo, porque asome un yoismo inconcebible en Uriarte, sino porque dispone de una suerte de privilegio epistémico: el de quien ha estado en el lugar de los actores, a un lado y otro de la línea fronteriza, de la barbarie y de la civilización. Uriarte, explícitamente, se resiste a aceptar esa condición, pero lo cierto es que resulta imposible que los demás no se la otorguemos. Esa ubicación en el centro de la trama, cuando se tiene la cabeza fría y el carácter suficiente, no es mala cosa; antes al contrario, ayuda a educar la conveniente paciencia, a no dejarse enredar por los titulares de última hora y por «procesos» que empiezan cada dos por tres y a educar la conveniente paciencia. A viajar con las luces largas, que se dice ahora.

También es cierto que, como casi siempre, esa disposición a mantenerse atado al mástil tiene sus riesgos. Uno de ellos, lo conoce y asume el autor: la incomodidad del personaje, confirmada en la peripecia del libro, rechazado por la editorial catalana que lo había encargado porque podía «molestar», según nos cuenta el prologuista, Jorge Martínez Reverte. Otro resulta más difícil de prevenir: el empecinamiento en señalar sólo los fallos de los nuestros, de todos los nuestros. Y es que las merecidas críticas a los socialistas requerirían, siquiera como contraste, alguna valoración matizada del PP en su trato con los nacionalismos. En particular, se agradecería un análisis de las idas y venidas de Aznar, no siempre a la altura del personaje retrospectivamente construido. Otro general della Rovere.

[Continuará el lunes, 210714].

-

Notas.-

7. Ahora mismo, ante una explícita amenaza secesionista, vemos cómo los socialistas critican «el envío continuo de informes sobre Cataluña a las embajadas españolas. «“Dejen de hacerlo”, ha reclamado el diputado Sanz», El Mundo, 13 de marzo de 2014.

Notas.-

Enlaces [excepto los aportados por textos ajenos] son autoría de EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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