Garzón dice que hay "vías legales" para resolver el secuestro sin ceder al chantaje
El juez de la Audiencia NacionalBaltasar Garzón cree que hay "vías legales" para resolver el conflicto del secuestro del atunero Alakrana y que en ningún caso hay que ceder al chantaje de los piratas somalíes.
Según lo apuntado por la prensa, porque él no ha querido revelar cuáles son esas "vías legales", ya que no le corresponde tomar la decisión -aunque, sin embargo, ha afirmado que "se pueden hacer y sin duda se van a hacer"- al parecer el 'truco' consistiría en la aplicación de convenios o normativa sobre extradición, habidos o por haber, que posibilitaran -mejor pronto que tarde- devolver a su tierra a quienes nadie debería haber reclamado ni transportado sin arreglar antes el pirateo. Delirantes minorías de edad al margen. Y también la plata a tocateja.
Entre otras razones, porque el Gobierno lleva más de un mes dando palos de ciego y sumiendo a las familias de los pescadores en un sinvivir.
Y eso se paga.
pd.- El optimista_profesional, después de 39 días sin decir ni pío y ante el ridículo de las manifestaciones rotatorias de sus segundos, particularmente de la Carmen Chacón, aquella que iba para Presidenta del Gobierno, ha decidido, aprovechando su presencia en Berlín, hablar.
Para decir dos memeces de las suyas: que España también tuvo su caída del murofranquista, seguramente -digo yo- por aluminosis geriátrica; y que estemos calladitos todos, prensa incluída, porque entorpecemos la negociación. Pausa democrática para la libertad de expresión y opinión. Como con el 'proceso de paz', Faisán y tantos otros asuntos. Silencio.
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, compareció hoy tras la primera reunión del comité gallego de seguimiento de la crisis del buque "Alakrana" para pedir "coordinación absoluta y unidad" a las administraciones en la gestión del secuestro. Aunque rehusó criticar la gestión de Madrid en el caso ("ya habrá momentos para discutir y contrastar lo que ha pasado", dijo).
El titular del Ejecutivo gallego sí recalcó que la vicepresidenta De la Vega tendrá que explicar su viaje a Argentina. consultado sobre la comparación del suyo a Miami, ayer mismo, dijo:
"No es que fuera recomendable cancelar mi viaje, es que era obligatorio. En este momento el presidente de la Xunta tierner que estar al lado de las familias de los gallegos retenidos. No había ningún compromiso más importante que estar al lado de las familias, dando información y siendo interlocutor del gobierno de España. Probablemente la vicepresidenta del gobierno tendrá que explicar cuales son las causas que le impiden estar en España presidiendo el comité de crisis. Es ella la que tiene que explicar su conducta".
Adivina adivinanza: ¿qué hace la coordinadora del Gobierno y cabeza del gabinete de crisis, yéndose de viaje a Argentina, en ausencia del presidente y con una crisis que tiene al país al borde de un ataque de nervios? Nunca se sabe. Ya lo escribió un virtuoso del arte menor en un evangelio alternativo:
Nuestro Señor Jesucristonació en un pesebre.Donde menos se esperasalta la liebre.
Podemos decir, en cualquier caso, que la viceprimera no está sola. El miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, Pedro Zerolo, también está en Buenos Aires, donde encabezó ayer una manifestación de 50.000 personas para reclamar el matrimonio homosexual en Argentina.
Mientras, se supone que la responsabilidad de coordinar la estrategia gubernamental para hacer frente al secuestro del atunero y su tripulación baja en cascada por el Consejo de Ministros y Ministras: la vicesegunda está muy ocupada con la crisis y el vicetercero se va a La Antilla a la menor oportunidad.
Al paso que vamos, la responsabilidad sobre este asunto recaerá sobre Aído, ya verán. O la ministra de Cultura, aunque a ver por qué van a ejercer ellas sentido de la responsibilidad donde sus compañeros no lo hacen. La clave no es hablar de la responsabilidad, sino de la culpa. La culpa, casi con toda probabilidad, es del PP. Eso, en el ámbito doméstico. En un plano más general, el secretario general del PCE, Francisco Frutos, dijo en el Congreso de su partido que "los verdaderos piratas" son los EEUU por sumir a Somalia en la miseria. Todos los asistentes al Congreso, 550 delegados, le aplaudieron puestos en pie. Y puestas, claro.
Dos detenidos en Ciudad Real por pegar a una mujer musulmana por no llevar velo
La víctima, marroquí, sufrió un aborto tras la paliza, propinada por un hombre y una mujer de la misma nacionalidad a las puertas de un colegio.
Un hombre y una mujer de nacionalidad marroquí han sido detenidos por la Guardia Civil en Socuéllamos (Ciudad Real) por propinar una "brutal" paliza a una mujer embarazada, también marroquí, porque no llevaba velo y quien perdió al hijo que esperaba tras la agresión.
El Vaticano tacha de "miope" la sentencia de Estrasburgo contra el crucifijo en las aulas
La Corte europea determina que la presencia de esos símbolos en los colegios viola la libertad religiosa y condena al Estado italiano a indemnizar a una ciudadana con 5.000 euros por "daños morales"
La presencia de crucifijos en las aulas constituye "una violación del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y "una violación de la libertad religiosa de los alumnos".
Eso ha establecido la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo en una sentencia histórica -es la primera vez que el tribunal se pronuncia sobre la presencia de símbolos religiosos en los colegios-.
El Vaticano ha acogido con "estupor" y amargura" la resolución judicial.
Por desgracia para los estrategas de la Iglesia y para desconsuelo de quienes sufrimos el reticente incordio del agnosticismo, la de la fe es una conquista que, a diferencia de la experiencia, por lo general se destruye con el paso del tiempo y sólo ocasionalmente se recupera a última hora, cuando en plena agonía el médico se encoje de hombros y te aconseja rezar.
Aunque desde el punto de vista científico la fe sólo es una antigualla de dudosa raíz intelectual, lo cierto es que muchos relativistas de prestigio volvieron sus ojos hacia Dios cuando se dieron cuenta de que para afrontar su enfermedad incurable sólo tenía algún sentido que el médico les recomendase una farmacia de confianza en la que vendiesen biblias.
Un amigo mío que era marxista convencido jamás se subía a un avión sin antes santiguarse, eso sí, cuidando de no sacar las manos de los bolsillos. Aquel tipo había sufrido las persecuciones del franquismo y soportado durante lustros la clandestinidad de sus convicciones, pero por alguna extraña razón temía que en plenas libertades democráticas tuviese que avergonzarse de aquel pronto de su conciencia que le aconsejaba encomendarse a Dios antes de volar.
Según él, se trataba de un simple trámite, algo que no le planteaba el menor conflicto intelectual entre sus convicciones y sus conveniencias. La de santiguarse era para él una decisión tan simple como la de ponerse las vacunas si viajaba a África. De ese modo, la fe que precedía al vuelo se convertía en una simple precaución sanitaria, algo que no duele ni molesta, sin importarle que santiguarse careciese de valor científico, igual que cuando de niño cruzaba a nado el río sin necesidad de preguntarse a cada rato cual sería la composición del agua.
A propósito de esa visión fatalista y resignada de la fe, recuerdo lo que me dijo de madrugada una fulana en un burdel:
«Soy creyente y sin embargo ejerzo este oficio sin ningún remordimiento porque, ¿sabes?, Dios inventó el placer y el sexo, y nosotras, cariño, nosotras nos limitamos a poner el catre, el fingimiento y el precio».
Una noche coincidí allí con el párroco de una feligresía cercana. Al reconocerme no pudo evitar una explicación que dejase a salvo su honorabilidad sin caer en el ridículo: «Sólo la tentación puede medir tu fortaleza».
Su fe sólo se le resintió en cinco mil pesetas.
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NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
Si en España preguntas a la gente mayor por López Vázquez, Lévi-Strauss y Ayala, sólo los mayores recordarán al primero y prácticamente nadie a los otros dos.
El otro día. con motivo de la festividad de todos los santos, los medios se hartaron de decir que los cementerios estaban invadidos de familiares, plenos de recuerdos y cariño. Otra tradición a extinguir porque, que yo sepa, en las grandes ciudades, salvo excepciones menguantes, sólo los ricos se inhuman. El resto, ¡al crematorio!
Con la pérdida de la cultura general -es el sino pretendido- acaban desapareciendo las particulares. Entre ellas, la cultura de la muerte. Y no será por la falta de fallecimientos. Ahora se muere uno en dos ocasiones: a partir de los 60, lentamente, entre la general indiferencia, y bastante más tarde, cuando, casi centenario, te acabas muriendo de una puñetera vez.
EN dos días nos han dejado tres personalidades muy distintas. Pero todos ellos con ese algo en común que es la excelencia, en lo que hacían y en lo que eran. Y la admiración profesada hacía ellos. Murió antes, el domingo, el antropólogo Claude Levy Strauss. Nos enteramos ayer. Iba a cumplir los 101. Un día después murió aquí en Madrid José Luis López Vázquez, uno de los grandes de la escena española. A los 87. Y ayer moría Francisco Ayala, un granadino universal que tenía todo el siglo XX español en su magnífica y generosa cabeza, lúcida hasta días antes de morir. Había cumplido 103 años. No hace mucho que le saludé por última vez junto a su casa de la calle Orellana en la terraza de la cervecería Santa Bárbara.
La muerte de personas admiradas, como la de las más cercanas, nos produce una impresión que trasciende a nuestra admisión lógica de la muerte como final irremediable de todo ser humano, más allá de las creencias. Despierta además una especie de consuelo por la convicción de que pronto o tarde compartiremos su suerte. En estos casos siempre recuerdo las palabras del poeta checo Jaroslav Seifert viendo en sueños a un amigo asesinado durante la ocupación nazi:
«Veía los gestos familiares de sus manos, pero cuando quería dirigirme a él, se marchaba hacia su oscuridad», escribía Seifert.
Y luego añadía:
«No soy muy riguroso cuando digo que los muertos vienen a nosotros. No es así. Eso es un engaño que nos hacemos porque en realidad somos nosotros los que vamos hacia ellos. Cada día estamos más cerca. Un día engrosaremos sus filas y entraremos en los sueños de quienes dejamos atrás».
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Biografías [wikipedia]
José Luis López Vázquez de la Torre (Madrid, 1922 - Madrid, 2009)fue un actor español que se formó en el Teatro de las Organizaciones Juveniles y en el TEU, pero también era figurinista y escenógrafo, faceta en la que destacó durante los años cincuenta y sesenta en obras como El casamiento engañoso de Gonzalo Torrente Ballester, Adèle o la margarita, de Jean Anouilh, El grillo, de Carlos Muñiz o Clerambard, de Marcel Aymé. Fue ayudante de dirección de Pío Ballesteros y Enrique Herreros y en 1946 debutó como actor con la obra El anticuario, en el Teatro María Guerrero; su carrera cinematográfica comenzó en 1951.
Entre sus trabajos para el cine destacan títulos como Plácido, El verdugo, Peppermint Frappé, Atraco a las tres, La prima Angélica y la trilogía de Patrimonio nacional, de Luis García Berlanga, con quien llegó a rodar diez películas. También interpretó mediometrajes; en este género fue el protagonista de La cabina, de Antonio Mercero, que ganó un Emmy en 1973 y es considerado hoy por hoy un clásico del género del terror. También ha trabajado con directores americanos, como George Cukor en Viajes con mi tía (1972), quien intentó llevárselo a Hollywood, aunque López Vázquez prefirió quedarse en España; en televisión ha protagonizado las series Este señor de negro (1975-1976) y Los ladrones van a la oficina (1993-1996). Estuvo casado con la actriz Ana María Ventura, y luego se relacionó con Catherine Magerus, con la que no pudo casarse debido a la inexistencia de divorcio y de la que tuvo dos hijos, José Luis, dedicado al cine y Virgina, fallecida en 1994. Posteriormente tuvo otras dos hijas con la periodista Flor Aguilar; en sus últimos días se le relacionó con la actriz Carmen de la Maza.
Entre otros premios obtuvo el Ricardo Calvo (1982), el del Espectador y la Crítica (1982), la Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y el Premio Nacional de Teatro. También le concedieron la I edición del Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, que otorga la Asociación de Amigos de Teatro Circo de Albacete, hoy Amigos de los Teatros de España (AMITE)
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Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 1908 - París, 2009)fue un antropólogofrancés, una de las grandes figuras de su disciplina, fundador de la antropología estructural e introductor en las ciencias sociales del enfoque estructuralista basado en la lingüística estructural de Saussure. Dado el peso de su obra, dentro y fuera de la antropología, fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX.
Hijo de padres judíos franceses de origen alsaciano. Realizó sus estudios en París, en los liceos Janson de Sailly y Condorcet. Estudió Derecho y Filosofía en la Sorbona. No continuó sus estudios de Derecho, solo los de Filosofía en 1931. Después de trabajar unos pocos años de docencia en enseñanza secundaria, aceptó una oferta de última hora para ser parte de la misión cultural francesa en Brasil, país al que serviría como profesor visitante en la Universidad de São Paulo.
Vivió en Brasil desde 1935 a 1939, y allí llevó a cabo su primer trabajo de campo etnográfico, dirigiendo exploraciones periódicas en el Mato Grosso y la selva tropical amazónica. Ésta fue la experiencia que cimentó su identidad como profesional de la antropología.
Volvió a Francia en la víspera de la Segunda Guerra Mundial y fue movilizado de 1939 a 1940 al estallar ésta. Después del armisticio se trasladó a Estados Unidos, donde impartió clases en la New School for Social Research de Nueva York. En esta ciudad conoció y trató al lingüista Roman Jakobson, cuya obra fue fundamental para la evolución de sus ideas.
Llamado a Francia en 1944 por el Ministro de Asuntos Exteriores, regresó a Estados Unidos en 1945. Tras un breve paso por la embajada francesa en Washington como agregado cultural (1946-1947), regresó a París para doctorarse en la Sorbona tras presentar tesina y tesis (1948): La vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales de parentesco.
La primera obra fue publicada al siguiente año, e instantáneamente reconocida como una de las más importantes de la antropología, con una crítica favorable de Simone de Beauvoir, que la vio como un importante estudio de la posición de la mujer en las culturas no occidentales.
Su obra con título análogo a la famosa Las formas elementales de la vida religiosa, de Émile Durkheim, Las estructuras elementales de parentesco, reexaminó cómo las personas organizaban sus familias en un trabajo muy técnico y complejo. Mientras los antropólogos británicos como Alfred Reginald Radcliffe-Brown sostenían que los parentescos estaban basados en la ascendencia de un ancestro común, Lévi-Strauss pensaba que estos parentescos tenían más que ver con la «alianza» entre dos familias, cuando la mujer de un grupo se casaba con el hombre de otro. A diferencia de Radcliff-Brown, quien consideraba a la familia nuclear como la unidad del sistema de parentesco, Lévi-Strauss pensaba que no era la familia nuclear la unidad, sino la relación entre dos familias, es decir, la alianza que se produce entre dos familias cuando un hombre entrega a su hermana a cambio de otra mujer.
Entre 1940 y principios de 1950, Lévi-Strauss continuó publicando y cosechó éxitos considerables. Con su regreso a Francia, se implicó en la administración del CNRS y el Museo del Hombre, antes de llegar a ocupar un puesto en la École Pratique des Hautes Études.
Siendo Lévi-Strauss ya conocido en los círculos académicos, en 1955 publicó Tristes trópicos. Este libro era esencialmente un viaje novelado, sobre sus expediciones etnográficas en Brasil entre 1935 y 1939. En él hizo un uso exquisito de la prosa, la filosofía y el análisis etnográfico, hasta lograr una obra maestra. Los organizadores del Premio Goncourt, de hecho, lamentaron no estar capacitados para premiarlo, porque Tristes trópicos era técnicamente un relato de no-ficción.
El pensamiento salvaje, de 1962, supuso una verdadera conmoción en las ciencias humanas, por su reconocimiento del trabajo mental del mal llamado «primitivo», por su defensa de una ciencia del neolítico, heredera además ya de una tradición investigadora anterior, que conseguía clasificaciones de toda la realidad natural (y social) mediante el uso de 'propiedades sensibles', de procedimientos analíticos no tan alejados de su objeto como hará la ciencia moderna.
Los cuatro tomos de sus Mitológicas (1964-1971) constituyen una de las obras más decisivas y originales de la antropología del siglo XX, con su acercamiento singular a la mitología americana; analiza en ellas los «mitemas» o elementos significativos de miles de éstos por medio de todo tipo de oposiciones (alto/bajo, crudo/cocido, seco/húmedo, etc.).
En 2008, al cumplir los cien años, apareció una selección de su obra en la colección de La Pléiade, que está dedicada habitualmente a ciertos escritores consagrados. En ella se recogían asimismo piezas inéditas.
Las teorías de Lévi-Strauss se exponen en Antropología estructural (1958). En sus obras, influido por Durkheim y Mauss, preconiza la aplicación del método estructural de las ciencias humanas. Asevera que un auténtico análisis científico debe ser explicatorio.
Lévi-Strauss ha gozado de un lugar preeminente entre los investigadores que afirman que las diferentes culturas de los seres humanos, sus conductas, esquemas lingüísticos y mitos revelan la existencia de patrones comunes a toda la vida humana. Gracias a él, hoy se tiende a rechazar los enfoques etnocentristas en la investigación etnológica humana a favor de los estudios orientados a comparar las tecnologías de los pueblos otrora primitivos en oposición a Occidente; se valorarían sus clasificaciones de la naturaleza o el diagnóstico de enfermedades, por ejemplo.
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Francisco Ayala García-Duarte (Granada, España, 1906 - Madrid, 2009) fue un escritor español.
A los dieciséis años se trasladó a Madrid, donde estudió Derecho y Filosofía y Letras. En esta época (1922/23) publicó sus dos primeras novelas, Tragicomedia de un hombre sin espíritu e Historia de un amanecer.
Colaboró habitualmente en Revista de Occidente y Gaceta Literaria. Residió en Berlín entre 1929 y 1931 durante el surgimiento del nazismo. Se doctoró en Derecho en la Universidad de Madrid e impartió clases en la misma.
Fue letrado de las Cortes desde la proclamación de la República. En el comienzo de la Guerra Civil se encontró dando conferencias en Sudamérica y, durante la misma, ejerció como funcionario del Ministerio de Estado.
Al caer la República se exilió en Buenos Aires, donde pasó diez años trabajando y colaboró en la revista Sur, en el diario La Nación y en la editorial Losada; asimismo, cofundó con Lorenzo Luzuriaga la revista Realidad.
Posteriormente, aún en la década de los cincuenta, Ayala se trasladó a Puerto Rico, país en el cual impartió cursos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, invitado por el Decano de dicha institución, el renombrado jurista Manuel Rodríguez Ramos. Desde el archipiélago de Puerto Rico viajó a Estados Unidos de América, donde impartió clases de Literatura española en las universidades de Princeton, Rutgers, Nueva York y Chicago, aunque también mantuvo estrechos lazos intelectuales y culturales con Puerto Rico, donde igualmente vivieron largos exilios los renombrados Pau Casals y Juan Ramón Jiménez, entre otros españoles.
En 1960 regresó por primera vez a España. Desde entonces, volvió todos los veranos y compró una casa. Se reintegró a la vida literaria. En 1976 se instaló definitivamente en Madrid, donde continuó su labor de escritor, conferenciante y colaborador de prensa. En 1983, a los 77 años, fue elegido miembro de la Real Academia Española; leyó su discurso de ingreso un año después. Hasta muy avanzada edad ha seguido escribiendo con plena lucidez. En 1988 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas; en 1990 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía; en 1991 fue galardonado con el Premio Cervantes y en 1998 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
La crítica ha dividido generalmente la trayectoria narrativa de Francisco Ayala en dos etapas: la anterior y la posterior a la Guerra Civil Española.
En la primera etapa, anterior a la Guerra Civil, escribió Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926), que se inscriben en una línea narrativa tradicional. Con El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930) abordó la prosa vanguardista. En ambas colecciones de cuentos predominan el estilo metafórico, la brillantez expresiva, la falta de interés por la anécdota, la fascinación por el mundo moderno.
Tras un largo silencio, Francisco Ayala inició su segunda etapa en el exilio con El hechizado (1944), relato sobre el intento de un criollo de entrevistarse con el rey Carlos II que formó parte en 1949 de Los usurpadores, libro compuesto por siete narraciones cuyo tema común es el ansia de poder. La historia sirve aquí para reflexionar sobre el pasado, a fin de conocer con mayor profundidad el presente. También en 1949 publicó La cabeza del cordero, conjunto de relatos sobre la Guerra Civil, en los que presta mayor atención al análisis de las pasiones y comportamientos de los personajes que a la crónica de unos acontecimientos externos. Muertes de perro (1958) constituyó una denuncia de la situación de un pueblo sometido a una dictadura, al tiempo que presentó la degradación humana en un mundo sin valores. El fondo del vaso (1962) es un complemento de la novela anterior, que está presente en este nuevo relato a través de los comentarios que de ella hacen los personajes. La ironía se convierte en el recurso central de esta obra, aunque una mayor comprensión hacia el género humano va sustituyendo al desprecio. En algunas ocasiones, como en El hechizado, se acercó al mundo existencial y absurdo de Franz Kafka, con una denuncia implícita de la inmoralidad y estupidez del poder.
Después de estas novelas Francisco Ayala siguió publicando relatos, como los recogidos en El As de Bastos (1963), El rapto (1965) y El jardín de las delicias (1971), libro que se basa en el contraste entre la objetividad satírica de la primera parte, «Diablo mundo», y el tono evocativo, subjetivo y lírico de la segunda, «Días felices». En 1982 apareció De triunfos y penas, y en 1988 El jardín de las malicias, donde recogió seis cuentos escritos en diferentes épocas de su vida.
Gran importancia tiene también su obra ensayística, que abarca temas políticos y sociales, reflexiones sobre el presente y el pasado de España, el cine y la literatura.
Escribió unas memorias: "Recuerdos y olvidos" (1982, 1983, 1988 y 2006). Fue miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada. En noviembre de 2003 recibió en su ciudad natal el nombramiento de Socio de Honor de la asociación Granada Histórica, manifestando que ese, «tal vez, había sido uno de los momentos más bellos de la última etapa de su vida, pues tras casi un siglo de sentirse granadino por el mundo entero, ahora se reconocía por los propios granadinos».
Su relato El tajo fue seleccionado en la antología de cuentos de la Guerra Civil Partes de guerra, a cargo del escritor Ignacio Martínez de Pisón.
Frag. de imagen de uno de los detenidos por presunta corrupción, en Barcelona, esposado y portando sus pertenencias en una bolsa de basura. En las múltiples imágenes completas de los distintos afectados se incluyen -salvo honrosas excepciones- los rostros de los presuntos inocentes, sin pixelar, convenientemente vejados, de modo irreversible, a efectos informativos. Me quedo con la bolsa de basura.
Eso también podría explicar el alto interés de algunos nacionalistas por que la Justicia no tenga capacidad jurisdiccional recurrente 'en Madrid'. Por la independencia de la justicia 'nacional', a través del Estatut.
Sin embargo, esas imágenes del sambenito están para demostrar, efectivamente, que en España se esposa a la presunta inocencia para convertirla en confirmada culpable. Y que la doble responsabilidad de que esas imágen sean posibles y, además, no se pixelen, la tiene toda la cadena de mando del poder: legislativo, judicial, ejecutivo y... mediático. Aun cuando ayer parece que parte del segundo comenzó a reaccionar.
Escándalo, por cierto, que también vale -y más- cuando se hace con un robaperas. Por robar una gallina. Algo que ocurre a diario.
Me permitirán que crea, por otra parte, que también las esposas son un problema cuando el presunto inocente conducido tiene una edad que le impide escapar de un policía cojo. A este paso, no tardaremos en ver así a los 'criminalizados' por superar la tasa de alcoholemia en la conducción.
Pero la vergüenza se convierte en ira cuando uno recuerda como entraban en las cárceles, sin ningún tipo de ataduras, aquellos sentenciados por otras corrupciones, entre los aplausos de los mas altos dignatarios y demás palmeros a sueldo de su misma cuerda.
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Pd.- Por cierto, mientras yo atribuía la mediática redada catalana a una mera coincidencia casual con las actuales soledades del juez mediático por excelencia, hay gente muy perspicaz que mantiene la tesis de que, manejando habilmente los tiempos y las esposas, puede haber quienes estén en el empeño de dejar malherido al nacionalismo catalán, con el objeto de hacer asequible a su desaliento una sentencia estatutaria con elevadas dosis de sentido común. O, almenos, advertirle de que esto puede ser sólo la puntita del iceberg, de esa manta que antes mencioné. A los efectos oportunos.
La presidenta del Tribunal Constitucionalalude a la pena de telediario, ahora. Más vale tarde que nunca. Lo más extraordinario de este asunto es la serenidad con que lo enfoca el periodismo. Porque hasta donde llega mi alcance el telediario lo manejan periodistas y no jueces. Publicar la foto de un hombre esposado es una responsabilidad del periodismo y es el periodismo el que debe asumirla.
Los jueces ablandan a sus detenidos con la incomunicación durante 72 horas, las esposas y toda una suerte de humillaciones, tanto más eficaces cuanto el humillado menos humilló en su vida. (En este sentido, cabe recordar algo sobre el presunto Alavedra: durante cinco años fue el jefe de la policía catalana: el que mandaba esposar, por así decirlo.)
En el ablandamiento es importantísimo el tramo mediático: el flash sobre los ojos de un hombre cuando comprueba que todas sus pertenencias del momento caben en una miserable bolsa de basura que, además, ha de recoger esposado. Muy distinta la pena si todo eso se hubiese hecho en la intimidad.
Esas imágenes no están para demostrar que se esposa a presuntos culpables. El problema no son las esposas sino su exhibición. Lo que las imágenes muestran, en realidad, es que es posible mostrar imágenes de un hombre esposado. Y es posible por estas razones:
1. Porque las esposas se utilizan. 2. Porque los hombres esposados se exhiben públicamente. 3. Porque los periodistas acceden a fotografiarlos. (¿Pero qué es lo que fotografían? Insisto: ¿fotografían 1 o fotografían 2?)
Prometí escribirte la segunda parte de Peor sería trabajar, pero esta semana han sucedido cosas tremendas. Baste decir que, mientras te escribo, Macià Alavedrà, Lluís Prenafeta y un socialista comparecen ante el juez Garzón, ablandados después de pasar dos noches miserables en un calabozo del suburbio. La descripción del periodismo de la chica Cuatro habrá de esperar. En cuanto a la inesperada concreción de la sociovergencia tendremos los dos mucho que decirnos; pero, dada la presunción de inocencia y la fama instructora del juez, habrá que esperar. Antes de atacar el núcleo te he preparado una maniobra de aproximación que espero que aprecies. Afecta al celebérrimo «oasis catalán». Estas detenciones, sumadas al procesamiento de Félix Millet, han vuelto a poner el sintagma en titulares, y es hora de fijar de una vez por todas su pedigrí, de saber de dónde viene y adónde será previsible que vaya. Ponte cómodo.
El estudioso de la prensa catalana Jaume Guillamet atribuía hace algún tiempo al periodista Manuel Brunet la invención del término. Se basaba en un par de artículos, publicados poco antes del inicio de la guerra civil, donde el propio periodista reivindicaba el copyright. La argumentación de Brunet, y por inevitable extensión del propio Guillamet, era confusa: el oasis catalán como deseo antes que como realidad. Estos párrafos de Brunet en La Veu de Catalunyadel invierno de 1936:
No es ése, sin embargo, el sentido que ha adquirido la expresión y el que realmente interesa. El oasis refiere un determinado estado de las cosas respecto del desierto. Y el oasis catalán refiere un determinado estado de Catalunya respecto de España. Fue razonable que Brunet lo situara en el terreno del deseo: pero la relevancia del tópico no ha venido de que Cataluña aspirase a la excelencia, sino de que estuviera plácidamente instalada en ella. Vino del ser, y no del deber ser. Justo lo que expresa este párrafo de un editorial de La Humanitat del 28 de abril de 1934:
«Cataluña, oasis de paz y garantía de autoridad, ha expresado su opinión por boca del presidente ante la crisis española.»
El presidente era Lluís Companys, y La Humanitat el diario de Esquerra Republicana, su partido. La crisis española era la dimisión del gobierno Lerroux a causa de la amnistía decretada por el presidente Alcalá Zamora al golpista general Sanjurjo. El oasis no era el de Brunet, sino el de Companys. El perdurable. En esa temprana emergencia ya revelaba una de las características de su naturaleza: el espejismo. Porque faltaban pocos meses para que el «oasis de paz y autoridad» se convirtiera en el zoco moral del 6 de octubre, cuando el mismo Companys (¡redactor jefe!)proclamaba el Estado Catalán por unas horas, antes de acabar en la cárcel, en uno de los episodios más inconscientes y grotescos de la historia nacionalista.
El oasis volvería a reaparecer dos años más tarde. En el mismo periódico republicano.
«Desde este oasis civil que es Cataluñaante una ciudadanía serena y disciplinada, fervorosamente confiada en los hombres que vigilan, atentos, desde la Generalitat, la clara perspectiva de nuestro ámbito no ha de desviar nuestra visión de la realidad del conjunto español.»,
Era el 1 de abril... de 1936. Y aún había otro oasis más cercano. Volvía a publicarlo La Humanitat, ahora diseñado por el intelectual señor Rovira Virgili. En realidad es la primera vez que he encontrado la formulación exacta del sintagma:
«Evidentemente hay fuerzas del mal que tienen envidia del oasis catalán.»
Se refería a que por la mañana habían asesinado a un rojo y por la tarde a un blanco. Y lo más sensacional: Rovira creía en el oasis a 13 días de que empezara la guerra civil. Ahí va penúltima. En este caso el asombro bordea la tristeza. 2 de agosto de 1936. España en guerra. Y este párrafo de un comunicado de la CNT que publica La Vanguardia.
«En toda España la situación es harto delicada. En orden revolucionario, Cataluña es un oasis en España.»
Hasta los anarquistas habían interiorizado el mantra. En cuanto a «orden revolucionario» es cierto que Cataluña volvería a posar de palmerita, algunos meses después, con los ejemplares hechos de mayo de 1937.
El «oasis catalán» fue un invento nacionalista. Y en modo alguno en los razonables términos con que intentó atribuírselo aquel periodista pacífico y conservador llamado Manuel Brunet. Un invento que está en la propia raíz del nacionalismo y que sólo pretende metaforizar la idea elemental de la diferencia con España. Te adjunto la última prueba, casi remota. En agosto de 1925, Jaume Carner, que llegaría a ser ministro de España en un gobierno Azaña, polemizaba con el diario Abc a propósito del patriotismo. Y justificaba el suyo en estos términos:
«Si [estoy] incorporado al movimiento catalanista es por considerarlo un oasis sagrado en el desierto de escepticismo que era la política de la Restauración.»
El oasis catalán arranca, pues, de muy atrás. Y también el espejismo. Sólo en esta carta el oasis se ha proyectado, primero, sobre el pistolerismo que puso por vez primera a Barcelona en el mapa: aquella «ciudad de las bombas» famosa en el mundo entero; segundo, sobre el seis de octubre y la fantasmagoría del Estat Català; tercero, sobre la Guerra Civil; cuarto sobre el desangramiento revolucionario de la izquierda. Minutos antes de que cualquiera de estas plagas se abatiese sobre el país siempre salía un catalán aplomado a proclamar que el país era un oasis. Este hecho diferencial que distingue, ensalza y degrada.
El nuevo profesorado gubernamental progresista nos va a sancionar con cuantías variables en función de la plata que poseas, es decir: pagando al toque, 50% de descuento. Supongo que para favorecer, como siempre, al desposeído.
Y, por si faltara poco, sale Pere Navarro para decir que eso supondrá menores ingresos para su dirección general de tributos bis cuando la Guardía Civil ha sido prácticamente sustituída por radares recaudatorios de montones de millones de esa moneda que casi nadie -para nuestra desgracia- sabemos traducir a pesetas.
pd.-
Estimación del nº actual de radares: + de 700. Vía wiki.
Estimación del nº de radares para dentro de 36 meses [2012]: 1.700. Vía wiki.
Sanción por conducir, por ejemplo, a 121 en limitación a 90: de 300 € [49.916 pts].
Cálculo estimativo sobre recaudación por cada radar [por lo bajo, bajo: contabilizando sólo 77 multas diarias a una media de 300 € por multa]:
1 radar: 77 multas diarias - 28.000 multas anuales -a 300 euros cada una - 8.400.000 euros -1.397.642.400 de pesetas. Han leído bien: 1 radar recaudamil cuatrocientos millones de pesetas anuales.
El Congreso aprueba la ley de seguridad vial que instaura las multas 'express'
Rubalcaba: "No sancionamos por placer, sino para que la gente no lo vuelva a hacer"
Los que quieren pagar lo tendrán más fácil, y aquellos que no deseen hacerlo sufrirán el cerco del nuevo procedimiento sancionador, que se asemeja a la filosofía de los juicios rápidos, acercando la sanción al momento en que el conductor comete la infracción. La reforma de la Ley de Seguridad Vial, la que establece las multas express, ha recibido hoy el beneplácito definitivo del Congreso, con importantes discrepancias entre los grupos parlamentarios, especialmente del PP.
Baltasar Garzón fue objeto de una biografía autorizada (existen otros relatos menos amables) realizada por Pilar Urbano cuando el magistrado tenía sólo 45 años pero un densa y polémica trayectoria a sus espaldas. Corría el año 2000 y la periodista publicó Garzón, el hombre que veía amanecer en un momento estelar para el joven magistrado, titular de uno de los Juzgados Centrales de la Audiencia Nacional. Unos meses antes, a finales de 1998 y durante 1999, Baltasar Garzón se había convertido en el juez más conocido de Europa y de América Latina al ordenar la búsqueda y captura de Augusto Pinochet, que se había desplazado a Londres para ser tratado de una dolencia.
Logró que las autoridades británicas sometiesen al dictador chileno a arresto domiciliario y, a la postre, obtuvo un dictamen de la Cámara de los Lores favorable a la extradición a España del general golpista, devuelto sin embargo a su país aduciendo el premier inglés "razones humanitarias". Pero la audaz actuación jurisdiccional de Baltasar Garzón impulsó, además de la Corte Penal Internacional, la exigencia judicial de responsabilidades en Chile y Argentina por los terribles crímenes perpetrados por los regímenes de Pinochet y Videla. Ese fue el momento culminante de la carrera de un joven magistrado, ambicioso y mediático pero también un tanto volátil y un punto inmaduro.
Un paseo humillante por la política
Antes de ese episodio de éxito, había mordido el polvo de la humillación. Garzón, de la mano de José Bono, que fue quien le presentó al entonces Presidente del Gobierno, saltó a la política como escudero -número dos por Madrid-de Felipe González en las elecciones generales de 1993 que ganó el PSOE por estrecho margen a José María Aznar. La retribución que obtuvo el magistrado metido a político no estuvo a la altura de sus expectativas: González sólo le nombró Delegado del Gobierno para el Plan Nacional contra las Drogas.
Quizás herido en su orgullo -él siempre creyó que el Presidente le había llamado a su vera para "regenerar" España y se encontró con la displicencia del PSOE y la animadversión de los ministros- regresó a su Juzgado en la Audiencia Nacional desde el que emprendió una pelea judicial -en compañía de otros, hoy enemigos jurados del juez y viceversa- contra el partido que le acogió en sus listas: la célebre investigación del caso GAL -terrorismo de Estado- que acabó con los huesos de José Barrionuevo, ex ministro de Interior, y de Rafael Vera, secretario de Estado de Seguridad, en la cárcel de Guadalajara. Garzón pasó así, sin solución de continuidad, de compañero de fatigas del PSOE a constituirse en su mayor detractor, jaleado por el Partido Popular de entonces.
Garzón es un magistrado que produce habitualmente perplejidad. Capaz de dictar en un auto (agosto de 2002) la ilegalización cautelar de Batasuna, lo fue también de instruir desastrosamente procedimientos que recibieron luego sonoros varapalos de las instancias jurisdiccionales superiores. Amante de los focos y las relaciones sociales, ha golpeado al terrorismo y al narcotráfico. Un personaje que encierra muchas versiones de sí mismo. Pero por alguna razón que ahora vamos descubriendo, el magistrado-juez de la Audiencia Nacional no termina de infundir confianza ni en el ámbito de la judicatura, ni en el de la abogacía. Su egocentrismo causa recelo y su afán de protagonismo molesta porque el magistrado se superpone casi sistemáticamente a sus propias resoluciones.
Graves sospechas sobre el juez
Ahora Baltasar Garzón es un juez sometido a serias y graves sospechas y atraviesa por el peor momento de su vida profesional y personal. El Tribunal Supremo (Sala Segunda) ha admitido a trámite por unanimidad una querella por prevaricación interpuesta por un extraño sindicato llamado Manos Limpias (y las tengan o no, lo cierto es que los argumentos de sus abogados han sido convincentes para cuatro magistrados), que le acusa de haber iniciado, sin competencia alguna para ello y a sabiendas de la ausencia de habilitación legal para instruir ese procedimiento, una especie de causa general contra el franquismo al declarar que el "Alzamiento Nacional" del 18 de julio de 1936 constituyó en realidad un conjunto de delitos contra los altos organismos de la Nación, en conexión con otros de distinta naturaleza.
Con informe favorable de la fiscalía, la querella se ha admitido al observar la Sala Segunda del TS que el magistrado Garzón quebró todas las reglas competenciales para atribuirse la instrucción de la causa. Y la acusación puede prosperar según no pocas tesis jurídicas, que coinciden en señalar al instructor del procedimiento -el también magistrado Luciano Varela- como un profesional "serio, ecuánime y competente".
Pero hay más: la Junta del Colegio de Abogados de Madrid ha acordado interponer querella contra Baltasar Garzón por un posible delito de prevaricación y quebrantamiento del secreto de las comunicaciones, ambos presuntamente cometidos en la instrucción del caso Gürtel en Madrid. Efectivamente, Garzón permitió que saliesen a la luz pública conversaciones grabadas a imputados y otras personas que no lo están y que carecían de relevancia penal, aunque eran lesivas para los afectados, y ordenó la intervención de conversaciones entre los imputados y sus abogados, razón también por la que la que el colegio madrileño -apoyado por el Consejo General de la Abogacía Española que ha elevado su protesta más rotunda- quiere exigirle responsabilidades penales si no lo hace el Fiscal de oficio.
Y para que no haya dos sin tres, Garzón ha vuelto a blindar con el más hermético secreto procesal el procedimiento penal en el que se investiga el presunto chivatazo policial a miembros de ETA -el caso del bar Faisán- que podría implicar a algún alto cargo de Interior comprometido con el falaz "proceso de paz" que en la legislatura anterior protagonizaron el Gobierno y la banda terrorista ETA. La percepción en muchos sectores de que el juez estaría protegiendo al Ejecutivo socialista (pretende archivar la causa sin esclarecimiento alguno) está muy extendida y deteriora aún más la maltrecha reputación de un Garzón, cuyo futuro es más crepuscular que vespertino como auguraba sin acierto su biógrafa en el año 2000.
Garzón debe retirarse
Parece razonable que el juez central de la Audiencia Nacional se aparte, de forma urgente y voluntaria, de la instrucción de los asuntos -Gürtel, Faisán, "Alzamiento Nacional"- en los que el ejercicio de su jurisdicción crea polémica y desconfianza. Como juez es inamovible e independiente en su función jurisdiccional, pero cuando un magistrado se tiene que ocupar más de defenderse ante los tribunales que de impartir justicia, debe recapacitar seriamente hacia donde dirige su trayectoria profesional y humana.
Garzón se ha autoliquidado, se ha descapitalizado y ha neutralizado sus méritos contra el terrorismo y el narcotráfico con un temperamento descontroladamente egocéntrico, con una destemplanza en los comportamientos públicos demasiado notoria y con unos vaivenes de preferencias políticas e ideológicas -ora con unos, ora con otros-, que le han granjeado un profundo y extendido descrédito. Y no es grato afirmarlo de un juez que ha contraído en la lucha contra los criminales de ETA indudables méritos y en momentos críticos ha soportado muchas y duras presiones y descalificaciones.
Pero Garzón se ha mostrado como el peor enemigo de sí mismo. Por eso, es un hombre que ahora está mirando su propio anochecer. Sobre todo porque su entorno profesional -la magistratura-, y con el que se relaciona -la abogacía y los jurisperitos- le entienden y le asumen como un ajeno a quién han congelado cualquier ascenso, después de veinte años en el mismo destino y al que intentan sentar en el mismo banquillo que él ha utilizado tan profusamente. Y es que se puede jugar por libre, pero no reventar el partido. Y Baltasar Garzón lo ha intentado con resultados que, como se ve ahora, le están resultando autodestructivos.
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Óleo al natural de Pedro J. Ramírez
Juan Carlos Escudier en El Confidencial, 241009. Vía Reggio's.
Pedro J. Ramírez es de familia bien y hace las cosas a lo grande. A su hija Cósima la vistió de largo hace dos años en el Bal des Debutants del Hotel Crillon de París, con un traje de Lacroix y del brazo de un chico riquísimo de Eaton llamado Donnelly. Para celebrar el 20 aniversario de su periódico, él mismo se vistió de largo y se fue a apagar las velas de la tarta del brazo de Zapatero, que igual te soluciona el conflicto de Oriente Medio o te refunda el capitalismo que te anima una soirée con discurso y todo. Dicen que la fiesta ha sido el acontecimiento del año. Varios miles de personas en el Palacio de los Deportes, todos ellos gente muy principal, canapés a tutiplén y mucha haute couture, el PP al completo con Rajoy a la cabeza, altas magistraturas del Estado, vicepresidentas, ministros, jueces, empresarios... Teleramírez, o sea Veo, retransmitiendo en directo y conectando hasta con el espacio interestelar. El acabose con música de Pitingo.
Si el poder de un individuo se mide por el número de coches oficiales que acuden a celebrar sus onomásticas, el de Ramírez es enorme, mucho más que el que se supone a un simple periodista. El jueves era un tipo feliz, derretido de gusto mientras el presidente del Gobierno citaba el alegato del Supremo de Estados Unidos a favor de la libertad expresión en el caso de The New York Times contra Sullivan, y se imaginaba a sí mismo como su paladín indomable, como el Ben Bradlee de la piel de toro, capaz de encontrar cada día un Watergate o de fabricarlo a su capricho si fuese menester.
Director de periódico durante tres décadas, los invitados al magno acontecimiento tenían ante sí a un residuo vivo -y para muchos tóxico- de la Transición española. Presidentes de Gobierno y de banco, líderes de la patronal y de los sindicatos, grandes editores, artistas... todos se han rendido al inexorable paso del tiempo; el de Logroño permanece incólume. De aquellos años del pantalón de campana, sólo Teddy Bautista le sobrevive, y eso porque el de la SGAE tiene un pacto con el diablo a cambio de no cobrarle derechos. "No deseo el poder, ni la riqueza ni el agasajo social", afirmaba este modesto intérprete de la realidad en una de sus varias hagiografías, de la que, en su modestia, él mismo era coautor.
De Ramírez se ha escrito bastante, casi siempre a su dictado. Sus semblanzas le describen como uno de los grandes del oficio, paradigma del periodismo de investigación, incansable buscador de la verdad, desvelador de corrupciones, regenerador de la vida pública y otros tantos talentos. Su figura ha sido bañada de forma tan intensa en luz blanca que la aparición de Pedro J. Ramírez al desnudo (Editorial Foca), el retrato que de él hace en casi 700 páginas José Díaz Herrera, ha sido un eclipse solar completo, como si a Caravaggio le hubieran ofrecido terminar un oleo de Soroya, de esos de señora con vestido vaporoso al viento, sombrilla y mar azul de fondo.
A Díaz Herrera se le puede haber ido la mano con el pincel en algunas partes pero tiene un mérito inicial: considerar a Ramírez no un periodista sino un oligarca, y a partir de ahí resaltar sus contradicciones y sus miserias. Habrá a quien no le interese saber que el riojano secuestraba las Barbie de su hija, y le pedía rescate después de enviarle orejas de la muñeca o mechones de pelo, pero no tendrá más remedio que reconocer que sus ideas sobre los juegos infantiles podrían haber dado pie a una nueva corriente pedagógica, con raíces en el Sade más libertino.
Y no dejará de sorprenderse ante la orweliana reescritura de su propia historia. "No se contrasta con la hemeroteca", argumentaba en la propia fiesta de aniversario el eximio Jiménez Losantos para destacar los males del periodismo actual. Díaz Herrera lo hace profusamente. "No hay derechos humanos a la hora de cazar al tigre. Al tigre se le busca, se le acecha, se le acosa, se le coge y, si hace falta, se le mata. Podrán caer cincuenta etarras en combate y las manos de España continuarán limpias de sangre humana (...) A los policías que disparen contra ellos se les recibirá como valientes", destacaba el editorial de Diario 16 dirigido por Ramírez el 23 de marzo de 1981. "La lucha contra ETA debe practicarse como una campaña de desratización, aplicando una serie de técnicas tan viejas como la historia misma del mundo. O acabamos con la plaga o la plaga acabará con aquello en cuanto creemos", insistía editorialmente el 15 de abril de ese mismo año. El hombre que lleva siempre colgada de su pechera la medalla de haber combatido los GAL fue uno de los que con más fuerza instigó la guerra sucia.
Ramírez es un péndulo. El baluarte de la unidad de España, vigía infatigable de los supuestos intentos del Gobierno de Zapatero por romperla, escribía esto en 1996 en las páginas de El Mundo del País Vasco: "No somos un periódico independentista, pero defendemos el inalienable derecho de autodeterminación de los pueblos y nada tendríamos que oponer si limpia y democráticamente el País Vasco optara un día por la separación del resto de España". El gran detractor de las negociaciones del Gobierno con ETA añadía más adelante lo siguiente: "Yo mismo firmé no hace mucho un artículo titulado ‘Un noruego para ETA', proponiendo una vía de negociación tan secreta y remota como la que Israel y la OLP desarrollaron en Oslo". Vivir para ver.
La biografía escrita por Díaz Herrera pone de manifiesto la amoralidad del personaje, de la que algo saben todos y cada uno de los que han trabajado en sus inmediaciones. Nuestro particular Ciudadano Kane no ha dudado en convertir en asuntos de Estado su piscina o su trasero. Sus palabras de este jueves cuando aseguraba haber cumplido la promesa de hacer del periodismo "un fin en sí mismo y no un medio para conseguir otras cosas" hubieran debido a mover a la hilaridad de la concurrencia. Especialmente cuando concluyó la frase: "Y aquí nos tenéis picando piedra".
El picapedrero, el mismo que un día dijo aquello de "si tuviese dinero sería el hombre más pobre del mundo porque no sabría qué hacer con él", posee según las estimaciones del autor, una fortuna de entre 50 y 60 millones de euros, maneja varias SICAV, ha especulado con viviendas a través de sociedades patrimoniales, ha usado información privilegiada con las acciones de su propio diario, y utiliza su medio a mayor gloria del grupo de intereses que mantiene con su actual pareja, la diseñadora que puso de moda los vestidos con revisiones cada 10.000 kilómetros.
El retrato puede parecer tenebrista pero, al menos, sirve para centrar el papel y la trayectoria de quien, envuelto en la bandera de la libertad de expresión, ha pervertido el periodismo hasta convertirlo en caricatura. Ello no es óbice para desear desde aquí larga vida al medio que dirige y suerte a los profesionales que lo componen. "A este grupo de profesionales les queda para rato, pero todos tenemos nuestros límites", decía Ramírez a sus invitados, sugiriendo su relevo. No caerá esa breva.
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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).
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