La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

Categoría: educación, cultura y valores

7 Abril 2014

Contra la Corona

.

En 1982, la periodista Pilar Urbano escribió un libro sobre el 23-F y, en un párrafo rastrero y sucio se descolgó con esta solemne estupidez:

"Y dejemos también en casualidad que el diario Mediterráneo de Castellón apareciese ese día con un dibujo que parecía no venir a cuento: un almendro en flor... Un mes más tarde podría haber tenido una explicación de anuncio de primavera. Pero no en febrero. Ese dibujo costó a su joven director, Luis Herrero, hijo del malogrado Fernando Herrero Tejedor, la pérdida del puesto. Él no pudo dar la explicación satisfactoria. Quizás un pariente muy allegadosuyo, Luis Algar, amigo de conciliábulos inquietantes y siempre relacionado con civiles y militares de la España nostálgica , podría revelar la 'causa' de esa... casualidad".

No caben más idioteces en un pasaje tan torticero. Ni era un dibujo, ni se publicó ese día, ni me costó el puesto. Era una fotografía tomada en Benicasim, se publicó el 5 de febrero -es decir, dieciocho días antes del golpe-, y a mí me pusieron en la calle nueve meses después por razones que nada tienen que ver con los sucesos del golpe.

Por si acaso no fueran suficientes errores, Urbano se equivoca también en su apreciación biológica. Los almendros, al menos en Castellón, nunca florecen 'un mes más tarde', como la historia del periódico se encargó de demostrar de forma categórica: fotos equivalentes a las de aquel año 1981, dando cuenta de la floración, se publicaron el 3 de febrero de 1977, el 11 de febrero de 1978, otra vez el 11 de febrero de 1979 y el 9 de febrero de 1980.

Me asombra que Urbano haya hecho fortuna con tan acreditada puntería. Pero da igual. El daño que ese párafo le ha causado a mi honor profesional, y de rondón al de aquellos que se jugaron el pellejo a mi lado, no es fácilmente reparable.

Luis Herrero en 'Los que le llamábamos Adolfo' [2007; pags. 232-233].

.

Cuidado con el perro

Lo que cuenta Pilar Urbano en su libro es/está ya más leído/sabido que el TBO. La forma de contarlo es, como ella acostumbra, más falsa que la peor de las historias noveladas. Los diálogos, pura magia; negra, por supuesto. En el trasfondo, nada de nada. Puro refrito. A destacar, la desmentida e hilarante anécdota del perro real que a punto está de morderle a Suárez en toda su valentía. Pero el escándalo que ha montado es de tal envergadura y debilita hasta tal punto el Sistema que ha tardado muy pocas horas en matizar sus lamentables declaraciones.

Porque, aunque está muy mayor, se ha dado perfecta cuenta de que ha calculado pésimamente las repercusiones de toda índole que va a tener -está teniendo- tal publicación plagada de intencionadas y perversas ensoñaciones. Confundiendo, también, la necesidad que tiene todo Jefe de Estado de estar al tanto de todo lo importante que ocurre, con ser partícipe de tales sucesos.

En mi opinión, el Rey, aunque no fuera de la dinastía Borbón, debe de borbonear. Qué otra cosa, si no. Para gobernar ya están los tres poderes del Estado.

Como digo, el Rey debe estar en todas las salsas, informándose de lo que hay y procurando que los interlocutores escuchen, precisamente, lo que quieren oír, y sigan largando. Para, después, contárselo al Presidente del Gobierno, reinando.

¿Fundamento? El Rey, constitucionalmente, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales. También, constitucionalmente, debe de ser informado de los asuntos de Estado y ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

O sea, que el Rey hizo lo que tenía que hacer en aquel tiempo y, seguramente, no hace ahora lo que debería seguir haciendo. Porque no le dejan y porque los medios, en su ignorancia o dolo, se le tiran al cuello en cuanto lo intenta.

Sobre todo a partir de su linchamiento con motivo de su acertada asistencia a la cacería de Botsuana y –qué error, qué inmenso error de la Casa del Rey- cuando aceptó la figura de porcelana pidiendo perdón a su pueblo soberano, algo que éste no le ha perdonado [como no ha perdonado a su hijo que se casara con una de los suyos, del común].

La intencionada y malévola estupidez de Urbano es todavía mayor, si cabe, cuando su ensañamiento lo extiende a la práctica totalidad de las fuerzas democráticas vivas, que, claro, con tal de quitar a Suárez de en medio, estaban locas por pactar con la Corona un Gobierno de concentración con un militar de Presidente, por supuesto.

La ruindad reside, pues, no sólo en parte importante de lo que dice saber y cuenta, sino en el aprovechamiento torticero que de ello hace el conjunto de conspiradores, locos por desterrar la Monarquía de España. Nunca olvidaré que esos mismos argumentos, convenientemente adornados, eran también los que empleó la extrema derecha fascista a partir del día 24 de febrero, para darle el abrazo del oso al Rey, alque también consideraban un traidor, y que les acompañara en su fracasado golpismo. Los mismos. Idénticos.

En cuanto a Suárez, fue un hombre que pasará a la Historia porque el Rey y Torcuato acertaron un pleno al 14 al elegirle a él como el político idóneo para darle la vuelta democrática al mismo calcetín franquista que tan bien se acomodaba en los pies de una ciudadanía encantada de despedir al dictador, masivamente y entre lágrimas, cuando éste se murió en la camita de puro viejo y entubado.

Después el propio Suárez se creyó que valía para más cosas y ni Carmen Díez de Rivera, el Rey o su propio partido mosaico, plagado de traidores, lograron convencerle. De su linchamiento se encargaron Alfonso Guerra y el Ejército. Por distintos motivos. El Gobierno de concentración no pudo ser porque Milans/Tejero lo hicieron imposible.

Que gobernara Felipe González fue cosa de meses, y eso era lo que importaba entonces.

A unos y otros.

EQM

pd.- ¿Y qué me dicen de la presunción de veracidad en Urbano sea socialmente tan relevante como para tener que reaccionar con tanta energía a sus elucubraciones?

El Rey, los sables y Suárez: mi testimonio

Fernando Ónega en La Vanguardia, 060414.

Entre los documentos que Adolfo Suárez guardaba como un tesoro figuran tres cartas manuscritas del Rey, cuya copia, lógicamente, se conserva en los archivos del palacio de la Zarzuela. Una de ellas está fechada el 1 de noviembre del 1978, treinta y cinco días antes del referéndum de la Constitución. Las frases que don Juan Carlos escribe de puño y letra son la más alta expresión de afecto y gratitud que el rey de España ha dedicado a un político español. “Eres mi presidente”, le dice en un momento. “Podemos estar orgullosos”, añade en otro párrafo. “Estás transformando España”, le reconoce. O “lo que estás haciendo no tiene precio”. Y remata la carta con esta despedida: “Tu Rey”.

El original de ese documento, que hoy supongo en poder de la familia Suárez por su carácter personal, es el mejor reflejo de la cordialidad y la relación cómplice entre el monarca y su jefe de gobierno. El Rey agradecía que la forma monárquica del Estado fuese constitucionalizada. Suárez no perdía ocasión de expresar al jefe del Estado su gratitud por haberse jugado la Corona por él con su nombramiento y por haberle dado la oportunidad de dirigir el cambio histórico que suponía la transición. Fue como una relación de pareja, con sus momentos altamente emocionales y sus periodos de enfrentamiento. Y con una suegra puritana y vigilante del patrimonio heredado de Franco que se presentaba por las noches en el dormitorio nupcial: el bullicioso, el cabreado, el históricamente levantisco estamento militar.

Es difícil creer que una relación tan sólida desembocase en una discusión tabernaria en la que sólo faltaba un perro dispuesto a saltar sobre los testículos de una de las partes. Es posible: los matrimonios más sólidos terminan a veces así. Pero esa escena, al parecer clave para desentrañar los supuestos misterios del 23-F, no está avalada ni por los antecedentes ni por la relación posterior. Por ello, este cronista desea aportar su testimonio de aquellas fechas en cuatro aspectos que considero fundamentales: el largo ruido de sables que acompañó la transición, la relación del Rey con los ejércitos, el papel del general Armada en los momentos cruciales y el desenlace del golpe de Estado.

El ruido de sables fue una realidad, y a veces impulsado desde el exterior de los cuarteles: “El ejército está dispuesto a resolver los problemas por otros medios si fuera preciso”, escribió el diario El Alcázar. El movimiento sedicioso se dirigió siempre contra Suárez. Ya en 1977 coincidieron dos complots. Uno, para destituirle directamente. Otro, para evitar que se presentara a las elecciones del 15-J. Y siempre se invocó el nombre del Rey. Está publicado en libros que el monarca no quería a Suárez en los carteles electorales. Se lo he planteado a don Juan Carlos, y su respuesta fue inequívoca: “¿Y qué podía ganar yo prescindiendo de Suárez?”.

El ruido se fue intensificando a medida que el terrorismo azotaba a la sociedad y al Estado, Catalunya y el País Vasco lucían la senyera y la ikurriña por delante de la bandera española y se daban competencias a las autonomías.

Lo que hizo el Rey fue dedicarse a serenar a las fuerzas armadas, según comprobó el ministro de Exteriores de Irlanda y recogió en estas páginas Eduardo Martín de Pozuelo: el Rey tenía que dedicar muchísimo tiempo a “mantener contento al ejército”. Y Pedro J. Ramírez atribuía un periodo de calma militar de 1980 “a don Juan Carlos, absolutamente permeable, cual buen capitán general, a cuantas inquietudes genera la esfera castrense”.

Don Juan Carlos habla, escucha, atiende y abre las puertas, porque es su obligación. A veces coincide con el diagnóstico, porque es evidente que las cosas no están bien. Y Pío Cabanillas Gallas interpreta que algunos generales levantiscos entienden que esa coincidencia en el diagnóstico es una autorización al levantamiento militar. Hicieron coincidir sus deseos con un falso deseo de Su Majestad. Esa es toda la “intervención” de la Corona en la preparación del 23-F. Toda. No hubo aliento del Rey al golpe, y mucho menos autorización, y muchísimo menos preparación. Lo único que hizo el Rey, como tanto se ha escrito estos días, ha sido abortarlo.

La supuesta escena de un general que saca su pistola en una reunión en la Zarzuela no sólo no existió, sino que era imposible. Por tres razones: 1) Es una viejísima leyenda que el propio Suárez desmintió hace ya muchos años. 2) Suárez no la habría admitido. Por mucho menos le había dicho al general De Santiago: “Le recuerdo que la pena de muerte sigue vigente en el Código de Justicia Militar”. Y 3) La más demostrable: en el registro de entradas y salidas del palacio de la Zarzuela del día 23 de enero de 1981, fecha del ultimátum, no figura ningún general de los ejércitos. La posibilidad de que hayan entrado por el aire, disfrazados o por la fuerza no se prevé.

Respecto a Alfonso Armada, es cierto que acudió a cumplimentar al Rey a principios de 1981 en Baqueira. Pero es falso que a esa reunión fuese convocado Adolfo Suárez. Y, si don Juan Carlos volvió urgentemente a Madrid, no fue por ningún cataclismo ni por ningún espadón; fue, sencillamente, porque era 5 de enero, su cumpleaños, y al día siguiente tenía que presidir y pronunciar el discurso de la Pascua Militar.

Es seguro que Armada solicitó al Rey por enésima vez volver a Madrid. Es razonable que el Rey se lo haya prometido. Don Juan Carlos le tenía afecto y no lo oculta. Se lo confesó así a este cronista: “Habíamos trabajado juntos durante diecisiete años. Habíamos tenido una relación afectuosa. Durante esos diecisiete años no tuve ni la menor queja de su trabajo. ¿Cómo no iba a confiar en su lealtad? Por eso lo propuse como segundo jefe del Estado Mayor, con la seguridad de que, por sus méritos y preparación, llegaría a ser jefe. Por eso ha sido doloroso decirle a Suárez el 24 de febrero que me había equivocado y Armada tenía que ir a la cárcel”.

Ese es el testimonio del Rey y esa es la verdad que este cronista conoce. Cuando Adolfo Suárez regresa a la Moncloa ese día 24 de febrero, después de la tejerada, saluda a su familia y al matrimonio Alcón, que había pasado allí la noche, y llama a Rafael Arias Salgado y Josep Meliá. Su primer comentario es: “Si lo llego a saber, no dimito”. Y pregunta a sus colaboradores: “¿Hay alguna posibilidad de revocar mi dimisión?”. Y Rafael Arias le responde: “Ninguna, presidente; el mecanismo constitucional ya está en marcha, se ha celebrado la primera votación para la investidura del nuevo candidato, no hay marcha atrás”.

Suárez abandona la idea y se va al palacio de la Zarzuela. Tiene la información que le ha dado Laína sobre el “pacto del capó” y cree que Armada ha salvado la situación. Por eso le confiesa al Rey que se ha equivocado sobre el general y es en ese momento cuando don Juan Carlos le sorprende: “No, Adolfo; el que tenías razón eres tú. Lo que tienes que hacer es mandar que detengan a Armada”.

Atrás quedaba la larga noche de los transistores. Un Armada que habló con el Rey, ciertamente, pero el Rey le advirtió: “Si vas al Congreso, vas contra mi voluntad. No puedes hablar en mi nombre”. Y después, los intentos de ir a la Zarzuela, el “no está ni se le espera” y el desmontaje de toda la conjura. Por el Rey, no por otra persona. Los capitanes generales que, uno a uno, se van poniendo a las órdenes de Su Majestad. Y el diálogo telefónico desde la Zarzuela y Valencia, con un Milans que había sacado los tanques a la calle:

Rey: Oye, coño, o metes los tanques en los cuarteles, o mando a alguien a que los meta.
Milans: Yo lo hago por lealtad, señor.
Rey: Pues demuestra tu lealtad metiendo los carros en los cuarteles.

Personalmente no albergo ninguna duda de la solidez del Estado aquella noche. En el Congreso, Suárez y Gutiérrez Mellado pusieron la dignidad. En la Zarzuela, Juan Carlos de Borbón detuvo los tanques y salvó la democracia con su autoridad.

---

Nota de EQM.- F. Onega fue asesor y hacedor de muchos discursos del Adolfo Suárez. El 'puedo prometer y prometo', por ejemplo, es suyo. También fue nombrado Director de los servicios informativos de la Cadena SER días antes del 23F.

Arnal [España, 1955], para el texto de Arcadi Espada, que sigue.

.

Conversaciones privadas

Arcadi Espada en El Mundo, 050414.

Querido J:

Aun en tu retiro, al que ya se acerca la gran hora de los lilás, te habrá llegado noticia del libro que acaba de publicar la periodista Pilar Urbano, La gran desmemoria, que lleva un subtítulo muy ceñido: Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar. Tengo el libro encima de la mesa. Es muy gordo. Y acaba de llegarme uno más gordo aún, La desventura de la libertad, que ha escrito nuestro antiguo director, Pedro J. Ramírez. Los autores de libros gordos, Kahnmenan, Pinker, Ramírez, Urbano, deben de sentir una emoción forzosa al contemplar semejantes fenómenos, que más que de la cultura parecen de la naturaleza.

Yo los admiro y me siento casi Yerma, la casada seca. Aún no me he adentrado en la espesura de la desmemoria suarista, pero está la entrevista que hace una semana le hizo Miguel Ángel Mellado a la periodista Urbano, y donde quedaba expuesta su tesis principal, esto es, que el 23-F se produjo, entre otras razones, por la frivolidad del Rey al juguetear con soluciones inconstitucionales como salida de la crisis que atravesaba el proceso democrático. Tú conoces mi opinión sobre la escritura de Pilar Urbano y la relación que mantiene con los complementos.

Nada más abrir el librote ya la he visto instalada en el despacho que usaba Alfonso XIII en el Palacio Real, y no en cualquier momento, ¡quia!, sino en la candente mañana del primero de julio de 1976, desbordadas y en naufragio ya las trece horas y cuarto, y oyendo y anotando lo que le decía el Rey a Carlos Arias; que era, en síntesis, sal por la puerta, pero que ella lo adorna, joder si lo adorna. Lo que siempre me fascinará de la escritura de Urbano y asociados es su modestia. Mira este inicio de párrafo, por favor, antes de entrar en materia:

—Bueno, Carlos, te extrañará que te haga venir aquí cuando siempre despachamos en Zarzuela —El Rey parecía agobiado, tituteaba al elegir las palabras—.

Es supremo. Y una muestra de respeto, verás. Nuestra reportera desafía tiempos, espacios, protocolos, se hace omnipresente y omnipotente y se escurre por la chimenea del despacho alfonsino. Ok. Pero no pierde la compostura. Es decir, no escribe «El Rey estaba agobiado», sino «El Rey parecía agobiado» ¡No fuera a desconfiar el lector del alcance de los superpoderes de nuestra reportera! Bien está penetrar en el despacho a la hora y lugar. ¡Muy otra cosa sería penetrarle por el alma a nuestro Rey! Me divertiría tanto ir por ahí página a página. Pero iba a exigir, en buena lógica, el mismo adelanto editorial.

No sé si es cierto lo que explica Pilar Urbano sobre el Rey, Suárez y el 23-F. Pero sí te puedo dar fe de una certeza más modesta: el expresidente Suárez sí lo daba por cierto y sí lo explicaba. Al menos lo explicó delante de mí una noche del otoño de 1985 en su despacho de Antonio Maura. Yo tenía entonces 28 años y una buena, aunque superficial, relación con él, que venía de los tres años que había trabajado en la sección política de El Noticiero Universal, diario de la tarde.

El diario, que acababa de cerrar aquel otoño, apoyaba de una manera sublime al Centro Democrático y Social (CDS) de Suárez, lo que resulta del todo punto lógico dado que Javier de la Rosa, financiero del suarismo (y de otros ismos), pagaba las nóminas del periódico. En la ciudad se había organizado entonces, por el empeño principal del periodista José Antich, el Grupo Periodístico Barcelona, del que yo formaba parte.

Su misión era comer o cenar con políticos y explicar luego lo que se pudiera. Hubo cenas memorables, como la del expresidente Tarradellas. Pero la más importante, trascendente e inquietante fue la de Suárez. Cuando se produjo el encuentro, probablemente a finales de noviembre, ya no tenía diario donde escribirla. Pero colaboraba en un semanario llamado El Món (lo recordarás: bueno, socialista y efímero) y allí me compraron la crónica del encuentro. La leo hoy. Tiene un interés relativo.

A pesar de los años un rastro de piedrecillas blancas aún explica al lector lo que no se podía explicar. Por ejemplo: «Su discurso de estas horas privadas no tiene cabida, ni de lejos, en el discurso periodístico y político de la hora actual de España». O bien: «Lo verdaderamente cabal es el nuevo reparto de méritos que él adjudica, la desmitificación de algunos protagonismos que, prudentemente, es mejor no robar a sus memorias.»

La conversación con Suárez duró más de siete horas. Para un hombre que lo único que quería era hablar, es decir, ni comer ni beber ni escuchar, son muchas horas. La mitad pasaron en una taberna madrileña que malditamente he olvidado, aunque me encantaría que hubiera sido Casa Ciriaco; la otra en su despacho de Antonio Maura. Creo que en aquel despacho despiertos, lo que se dice despiertos, solo aguantamos Suárez, Antich y yo. Y de allí solo nos sacó el alba, ni siquiera el expresidente, que parecía dispuesto a seguir con gafas de sol.

El resumen de aquel monólogo tan notable es fácil de escribir. El encuentro se produjo pocos días después del décimo aniversario de la muerte de Franco. Suárez estaba desmoralizado y humillado por el tono que había tenido la conmemoración: creía que el Rey se había llevado injustamente toda la gloria de la transición y sus sarcasmos sobre el llamado motor del cambio me parecieron escandalosos. Toda la velada discurrió bajo el susurro irresistible de venid muchachos que yo os voy a contar ahora quién es de verdad vuestro Rey. Y su Rey de aquella noche era, en efecto, alguien que por frivolidad, torpeza o borboneo (Suárez utilizó este verbo) había provocado el intento de golpe, aunque luego hubiera sabido reaccionar in extremis cuando se le fue grotescamente de las manos.

Entonces no escribí sobre ello, atado por el pacto de silencio. Pero, sobre todo, porque la complejísima trama de nombres, lugares y circunstancias que la memoria de Suárez iba hilando necesitaba un trabajo gigantesco de verificación. Este que habrá hecho Pilar Urbano, a no dudar. Y que en cualquier caso no hizo el propio protagonista. El último párrafo de aquella crónica mía del 85 decía: «Por las calles de Madrid viajaba un off the record contra el sistema, una suerte de personaje hoy por hoy indefinible, tal vez cogido a contrapelo en la esquina donde la vida y la historia se disputan sus piezas, no siempre con educación exquisita.»

Es evidente que se dejó arrebatar por la historia.

Sigue con salud,

A.

060414

PP, PSOE y una Ley de Abdicación a la medida del Rey - Jesús Cacho

'El Mundo' da la palabra al hijo de Suárez: "No puedo tolerar que con la mano de mi padre se le dé una bofetada al Rey"

050414

Cómo la escritora Pilar Urbano convirtió la Operación Armada en 'best seller'

Urbano, Lara, Casimiro: anatomía de un fraude - José Antonio Zarzalejos

040414

Gato por liebre - JLCebrián

La Casa y la Obra, de Nacho Cordero en El Confidencial

El libro de Urbano empeora la imagen del Rey, de Pablo Sebastián en República de las ideas


030414


La Zarzuela desmiente a Pilar Urbano: “Es pura ficción imposible de creer”

•••

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 7 comentarios compártelo

6 Abril 2014

La Ranamanca [Castellón, España, 2010]

.

'Tambaleando' [2013]. La Ranamanca. De su disco 'Sobre sorpresa' [2013]. Directo, el 24 de mayo de 2013 en el Teatro Principal de Castellón. Vía ranomancoman. + . Twitter.
•••

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 1 comentario compártelo

5 Abril 2014

John Zorn [EEUU, 1953] - Masada

.

John Zorn - Warsaw Summer Jazz Days ´99. Con su Masada String TrioMark Feldman: violin; Erik Friedlander: cello y Greg Cohen: bass. Vía Max Rasta.

John Zorn (1953, Queens, Nueva York) compositor y saxofonista estadounidense de origen judío.

Músico de gran creatividad que ha asimilado multitud de influencias y siempre ha sentido predilección por la escena underground y las propuestas extremas y arriesgadas. Es a su vez dueño de un sello discográfico (Tzadik) inaugurado en 1995 a través del cual edita sus discos, los cuales son ya más de cien.

Ha trabajado en múltiples proyectos cada cual más arriesgado. Masada es uno de ellos, un grupo de jazz con influencias muy variadas, abierto a la improvisación. Han editado más de diez discos de estudio y sus respectivos directos. También ha trabajado en el mundo de las bandas sonoras; lleva editados 23 discos de sus filmworks en los cuales recolecta estos temas. Por último, ha grabado discos en solitario y múltiples experimentos musicales para dibujos animados, programaciones imposibles, sonidos abstractos, piezas de cámara, conciertos para piano y un sinfín de ideas desarrolladas junto a diversos músicos.

Tiene un método compositivo por el cual se crean diversas imágenes y momentos musicales que luego son estructurados y ordenados. Es uno de los máximos exponentes del noise-music, un estilo collage que fusiona el free, sonidos electrónicos, efectos, voces deformadas, etc. Zorn se introdujo en el jazz llevado por su pasión hacia la música contemporánea y tras escuchar a gente como John Cage y Stockhausen, entre otros. En su música descubrimos también influencias de Ennio Morricone y otros compositores de bandas sonoras, reminiscencias de la cultura judía e inspiración en los músicos-compositores Harry Partch, Charles Ives, etc.

Masada es un proyecto musical dirigido por John Zorn, el cual, tiene músicos distintos dependiendo el concepto bajo el que se interpretan cerca de 500 composiciones hechas por el músico, englobadas bajo la corriente contemporánea de Música judía radical.

El concepto del grupo, iniciado en 1993, es que cada canción está escrita de acuerdo con una serie de normas, incluido el número máximo de pentagramas, modos o escalas que se utilizan, y el hecho de que las canciones deben ser reproducidos por un pequeño grupo de instrumentos, ya sean alientos (Masada) guitarras acústicas (Masada Guitar Trio), eléctricas (Electric Masada) o un trío de cuerdas (Masada String Trio).

Además, desde el nombre mismo del proyecto, que remite a la histórica fortaleza asediada por los romanos, el uso de escalas e instrumentación de tradición judía, los títulos de las canciones y los artes de las portadas de los discos, Zorn reivindica sus orígenes semitas.

Fuente: Wikipedia y elaboración propia [EQM]

---

Surgido de la vanguardia jazzistica de New York a principios de los años ochenta, la figura polifacética y en algunos casos controvertida del saxofonista, John Zorn, planea en la actualidad del jazz moderno. Apasionado de la música contemporánea, y en especial de John Cage, Zorn se introdujo en el jazz presentando un extraordinario mosaico de propuestas en las que es fácil encontrar desde elementos característicos del freejazz, hasta la influencia de las bandas sonoras propias de la factoría Disney.

En 1980 consigue grabar su primer disco para el sello "Parachute" y al que titula "Pool", una especie de calidoscopio musical en la que él mismo toca varios instrumentos. En su música conviven armoniosamente varios estilos y así, fácil es descubrir reminiscencias del compositor Ennio Morricone, junto a las avanzadas formas de Ornette Coleman. En 1985, hace un paréntesis en su carrera discográfica para grabar con el sello "Black Saint" un álbum distinto a todos cuanto había hecho titulado: "Woodoo"; es el primer gran trabajo de la carrera discográfica de Zorn, y conceptualmente rompe moldes con todo lo hecho anteriormente.

Pasan cuatro años para que Zorn vuelva a saborear el éxito discográfico, y lo hace con el álbum "Naked City", (Elektra Nonesuch, 1989) un homenaje cinematográfico fascinante hacia las bandas sonoras de algunas célebres películas como "Batman", "El Clan de los Sicilianos" o "James Bond". La música de John Zorn, en los últimos años del siglo XX es algo mas que los últimos coletazos del freejazz. Su serie "Masada" inaugurada en 1994 con el álbum: "Masada, Vol. 1: Alef" para el sello "Diw", es una muestra impresionante de como es posible adecuar la música contemporánea y hacerla convenir con el jazz en un ejercicio pleno de creatividad musical. "Masada" es un proyecto musical interesantísimo alimentado por el universo orquestal de un músico que trata siempre de huir de la mera reproducción del pasado. Uno de esos momentos mágicos fue el extraordinario álbum grabado en directo en Sevilla -tierra de Apoloybaco- en directo desde el Teatro Central de la capital de Andalucía y que tiene por titulo: "Masada: Live in Sevilla 2000".

John Zorn, inauguró en 1995 su propio sello discográfico "Tzadik" y desde entonces ha sido increíblemente prolífico como compositor. Ha creado una variedad importante de obras incluyendo cuartetos, conciertos para piano, piezas de cámara, música para niños, y nueva música para su brillante banda acústica con Dave Douglas, Joey Baron y Greg Cohen. La actual discografía de Tzadik cuenta con más de 200 obras, e incluye material original y provocativo, interpretado por espíritus semejantes al de su fundador, como Bill Laswell, Wadada Leo Smith, Steven Bernstein, Dave Douglas, Eyvind Kang,  o Milford Graves, etc, en los cuales Zorn ha participado con brillantes duetos en los pasados años. También ha grabado con el trío Painkiller y continúa tocando con frecuencia con el grupo Masada y ocasionalmente con el grupo "The Young Philadelphians".

Fuente: apoloybaco.

••

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia sin comentarios compártelo

4 Abril 2014

Violencia, 'género' y desinformación

.

Nota.- El dato de agresores/millón de ciudadanos es elaboración de EQM [simple regla de tres].

.

Fuente datos de población: INE.

Fuente datos sentencias condenatorias, absolutorias y víctimas: Consejo General Poder Judicial.

Naturaleza de los agresores: Ministerio de Servicios Sociales e Igualdad.

EQM

.••

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 3 comentarios compártelo

2 Abril 2014

Hollande, acorralado por el patriotismo

.

.

La partitocracia toca techo en Francia [y en España]

Bueno, en fin, estamos de acuerdo en el lado oscuro de la Le Pen. Pero algo tendrá cuando tantos la van bendiciendo. Y entre ese algo hay retazos del olvidado sentido común.

Se están perdiendo raudales de sociedad, sentido común, soberanía, Estado Nacional; moral colectiva; derechos ciudadanos educativos, sanitarios, sociales; libertad individual; gravámenes impositivos comedidos. Por tanto no se trata sólo de falta de políticas sensatas en torno a la emigración, aun cuando éste sea un problema grave que repercute en el resto de cuestiones.

Sobre la inmigración, aquí y allá, se produce exceso de confusión, intencionado. La legal, cumple sus obligaciones y tiene sus derechos, como todo trabajador. La ilegal, debe tener previsto el inmediato retorno, también porque aquí, en España, no estamos para recortar nuestras obligaciones con nuestros 6 millones de parados. O los que sean. Y si hay un sector de la población que quieren que se queden a su exclusiva costa, a muchos nos parece de perlas: que lo digan y pase factura el Gobierno.

Como algunas veces comento, siempre recordaré cuando en una progre y nacionalista Universidad mediterránea, ahora también en la ruina, la mayoría abrumadora de los docentes estaban por la ayuda al tercer mundo, el Rectorado les tomó la palabra y, al mes siguiente, en todas sus nóminas descontó el famoso y solidario 0,7. No quieran imaginar el escándalo que armaron los solidarios. 60 días después, todo volvió a su ser: las nóminas lucieron enteras y verdaderas. Y así siguen.

La inmigración legal que, pasado un tiempo prudencial, no llega a encontrar trabajo y vive de los subsidios sociales del país de acogida, también debe volver a sus casas. por la misma razón. Como bien advierte la Merkel. No hablo, pues, de aquellos inmigrantes legales que, estando asentados en el país, se quedan temporalmente sin trabajo. Ni tampoco de los flujos entre trabajadores de los Estado Miembros, siempre que no sean avalanchas producto de un descontrol en detrimento de los oriundos.

Sí, ya sé que no es políticamente correcto, pero ya ven que los votos de los incorrectos crecen exponencialmente porque tienen más razón que un santo. Antes a eso también se le llamaba patriotismo. Si hacen memoria, evocarán aquel batacazo electoral de la izquierda en Almería por apoyar con argumentos fraternales a una inocente morería que sustraía involuntariamente los jornales a los andaluces, a base de aceptar no cotizar a la SS y cobrar jornales de miseria.

Sí, vuelvo a saber que ellos bastante hacían con subsistir pero no me dirán que no resultara extraño que nadie denunciara -denuncie- a los empresarios que delinquen al amparo de tal situación. Y cuando digo nadie, es nadie: Inspección de Trabajo, ONGs, Sindicatos, etc. Nadie.

De modo que urge unificar todas la coberturas laborales de la UE. De modo que de igual dónde cotice un trabajador perteneciente a un Estado miembro de la UE. Los beneficios de la mano de obra inmigrante debe de ser reconocida con unos contratos de trabajo y una cobertura igual para toda la UE. Y creo que todo esto hay que empezar a hablarlo con el fin de tener una política común ante la inmigración y el resto de problemas que hace volver la cara a los valores y derechos perdidos.

Así que mejor será -para los franceses y para nosotros- no confundir el fascismo ni con la demagogia ni con el estallido de la alarma social. Ni la existencia de la UE con un nuevo Estado confederal. Desgraciadamente. La UE sólo sigue siendo una comunidad económica europea.

Por tanto, nada de destruir nuestros Estados antes de tiempo. Que la gente empieza a estar ya hasta los cataplines de un Sistema donde la política se está entregando de pies y manos -nos está entregando- al poder económico.

Con una Ana Pastor haciendo el juego a una ruinosa progresía que vive del cuento de nuestros bolsillos, ya vamos requetesobrados.

Que la caridad empieza por uno mismo no es ninguna tontería.

EQM

.

Los socialistas franceses sufren una derrota histórica en las municipales

Le Pen o el triunfo de la desafección

Francia antipolítica

Ayer, la abstención volvió a crecer. Con diferencia, el partido de los que rechazan las actuales reglas de juego es el mayoritario

Gabriel Albiac en ABC, 310314

MARTINE Billard, que fue diputada de los Verdes, resumía la paradoja de la política actual, en Francia como en Europa. Hablaba de los ecologistas. Pero lo que enuncia es común a esas agencias de empleo que son hoy los partidos: «Calculo en dos mil el número de electos y de asalariados políticos, sobre un total de cinco mil afiliados reales… Es algo que acaba por pesar demasiado… Es costumbre entre los Verdes ironizar diciendo que, en el partido, hay los electos, los asalariados de los electos y los que quieren quitarles el sitio».
La política es un negocio. Ajustado a las leyes, en el mejor de los casos. Fronterizo con el fraude, en los demás. Quien quiera reflexionar sobre el horizonte que se abre en Francia tras las elecciones locales, debe partir de eso, que es una constancia para cualquiera que no sea beneficiario de tal reparto estable de dividendos. Y más vale que esa reflexión se haga ahora, antes de que lleguen las elecciones europeas. Porque, en éstas, la circunscripción única y la representación proporcional darán la verdadera dimensión del vacío generado: con un cincuenta por cien de abstención verosímil, el Frente Nacional de Marine Le Pen pasaría a ser el partido mayoritario en Francia. La desautorización del bipartidismo, puesto en pie como cimiento de la Quinta República por el General De Gaulle, sería irreversible. Y la crisis constitucional quedaría abierta.
Ayer, la abstención, ya cercana al cuarenta por cien en la primera vuelta, volvió a crecer. Con diferencia, el partido de los que rechazan las actuales reglas de juego es el mayoritario. No se puede simplificar, por supuesto: ese «partido» o fracción social está formado por tendencias caóticamente heterogéneas. Y sería un error pretender ordenarlas con el sólo auxilio de esa mala metáfora que hace ya cuatro decenios que dejó de servir para nada: «derecha» (UMP) e «izquierda» (PS) son por igual castigadas en las urnas francesas.
Y puede que el mayor éxito populista conseguido por Le Pen haya sido su demagógica amalgama de las siglas de ambos en un cómico solo partido bifronte: lo que ella llama UMPS. No basta con decir que es trágica esa ascensión hasta la cima del Estado de aquellos que, hasta no hace demasiado, eran una anacronía marginal. En política, lamentarse sirve con toda exactitud para nada. Lo primero que exige el ciudadano francés a quienes lo han gobernado durante algo más de medio siglo es que hagan balance de cuáles fueron los errores, automatismos y determinaciones que acabaron por llevar al Frente Nacional a la antesala del poder.
Porque es eso lo que está en juego. Y que nadie se engañe. El porcentaje nacional del FN no se corresponde al trasplante del conseguido ayer. En las municipales, los de Le Pen sólo se presentaron en un número reducido de circunscripciones. En las cuales, obtuvieron los mejores resultados de su historia. En términos estadísticos, todo hace prever que serán la lista con más votos en las europeas. Y luego… Luego, no habrá ya remedio..
---

Arcadi Espada en El Mundo, 270314.

Las estúpidas declaraciones de Marine Le Pen al periódico. Sobre la inmigración, y la necesidad de no dar educación ni sanidad gratuitas a los inmigrantes, pero no solo: la estupidez vetea la mayor parte de sus respuestas a Juan Manuel Bellver. La señora Le Pen, como el resto de sus colegas continentales, antiglobales y euroescépticos, goza de una considerable ventaja política. Sus propuestas suelen despacharse con reacciones morales y contra lo que puede parecer a primera vista esta reacción le da ventaja.

La incorrección política es muchas veces el reverso simétrico (en todos los sentidos, y especialmente en el de la calidad) de la corrección política. Da lo mismo que Madame Le Pen le diga a su entrevistador (en este caso la periodista Ana Pastor) que se meta los inmigrantes en su casa como que ésta le conteste que ya lo hace por defecto. Como un claro y letal subproducto de la corrección al uso cada vez hay mayor número de personas tentadas a considerar que la incorrección a disgusto es sinónimo de verdad, de verdad amarga y, por amarga, atrozmente verdadera.

Así, cuando ante las declaraciones de Madame Le Pen se despliega principalmente la artillería moral se corre el paradójico riesgo de la legitimación técnica. De ahí la conveniencia de dejar la moral para los postres y empezar por lo que importa. Madame Le Pen es una pobre mujer, como su padre fue un pobre hombre, cuyo arsenal político no rebasa las fugaces (¡como una carrera!) propuestas del taxista. El taxista malo, desde luego, como lo hay el bueno, ése que dice que hay que abolir las fronteras con el mismo sentido argumental, irritación personal ante el atasco y velocidad de ejecución con el que se compromete a eliminar en dos días el coche privado de las ciudades.

El éxito de los populismos reside en la relación inversamente proporcional entre la facilidad de comprensión de sus propuestas y la imposibilidad de su aplicación. Dejar a los inmigrantes sin los derechos de los naturales ofende una ley moral igualitaria implantada en las sociedades libres. Pero no solo por ello es de imposible aplicación: es el propio mundo, felizmente globalizado, el que conspira contra la propuesta de un modo mecánico, neutro, devastador. Un alud.

Los reaccionarios son inevitables. Así lo prueba la experiencia humana. Su éxito está basado en la melancolía, dulce hasta el mareo, pero estéril. O sea, en la habitual confusión ente literatura y política.

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 7 comentarios compártelo

1 Abril 2014

Francisco y el populismo

.

.

El Papa se confiesa en público en la basílica de San Pedro

Sorprendió al maestro de ceremonias en la liturgia penitencial

ABC, 200314.

Al término de su homilía en la basílica de San Pedro sobre la parábola del hijo pródigo y la importancia de la confesión, el Papa Francisco pasó inesperadamente a dar ejemplo. Cuando el maestro de ceremonias le llevó hasta el lugar donde debería ponerse a escuchar las confesiones de los fieles, el Santo Padre le dijo «Espera» y se fue a confesarse él mismo en un confesonario cercano.

El Papa se arrodilló delante de un confesor desconocido y realizó su confesión durante tres o cuatro minutos, hasta recibir la absolución. Acto seguido se fue con la misma naturalidad al confesonario asignado para él donde comenzó escuchar la confesión de una mujer que prefirió la rejilla lateral. A continuación seguirían otros fieles utilizando la rejilla lateral o bien arrodillándose enfrente, según las propias preferencias.

El Santo Padre, que recuerda continuamente la misericordia de Dios, ha confesado fieles en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro y dedica siempre media hora a esta actividad en las visitas a las parroquias que realiza algunos domingos. Ésta ha sido la primera vez que lo hace en la basílica.

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI solían bajar a confesar a la basílica de San Pedro un día de la Semana Santa, pero no se recuerda en tiempos recientes ver a un Papa que se confiesa delante de los demás fieles. En varias ocasiones, el Papa Francisco ha dicho que acude a confesarse cada quince días, pero nunca ha comentado cuándo lo hace o quien es su confesor.

El ejemplo cundió enseguida. El cardenal Ángelo Comastri fue enseguida a confesarse también, lo mismo que otros cardenales, obispos y sacerdotes que participaban en la ceremonia penitencial.

El Papa confesó y charló con los fieles

El programa consistió en la lectura de algunos pasajes del Evangelio y una homilía del Papa, seguida por confesiones individuales. Como los confesionarios no iban a ser suficientes, muchos sacerdotes se instalaron con dos sillas en los ángulos de las columnas, donde inmediatamente se formaban colas puesto que el acto consistía precisamente en acudir al sacramento de la reconciliación.

Desde lejos se veía que el Papa no se limitaba solo a escuchar sino que hacia comentarios y preguntas, manteniendo un diálogo en buena parte de los casos, sobre todo hacia el final del encuentro con cada uno de los fieles antes de darles la absolución.

Al cabo de media hora, el maestro de ceremonias intentó sacarle del confesonario, pero la cola de penitentes era larga, y el Papa continuó casi otros diez minutos. Al final de la ceremonia comentó que «hemos podido sentir en este sacramento la bondad de Dios por nosotros. Que el Espíritu Santo nos llene de paz, y que sepamos dar siempre razón de nuestra esperanza».

••

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

31 Marzo 2014

ZP, de piernas por Nueva York

.

.

Ya te llamaremos, simpático

- Alfredo, soy José Luis...
- Hombre, simpático... ¿cómo te ha ido en la Maratón de Nueva York?
- Bueno, ya sabes, yo soy muy discreto, fíjate que me re registré como José Rodríguez para pasar desapercibido..., y lo hago sólo por representar a España por doquiera que vaya...
- Eso muy bien, hombre, díme... ¿qué quieres?
- No, nada, sólo te llamaba para ofrecerme a fin de reflotar el PSOE y ganar las Europeas!
- ¡Estupendo, así se hace, arrimando el hombro! ¿A cambio de qué?
- ¡Qué cosas dices! lo hago de corazón, me basta con que los españoles vuelvan a quererme y con que me dejéis seguir corriendo, con escolta, por un mundo solidario y ecofeminista!
- Está bien, hombre, muchas gracias y no te preocupes, ya te llamaremos.

---

- Mariano, soy José Luis, el ex-presidente...
- Vaya hombre, la primera llamada simpática del día! ¿Es verdad que corres maratones? Como he leído que Cacho te llamaba 'piernas'...
- Cacho exagera, es muy generoso... per mis piernas ya no son las que eran... Me limito a correr por España y la Alianza de Civilizaciones..., no aspiro a nada más...
- ¿Y qué se te ofrece?
- Verás, te llamo para ofrecerme como impulsor de un Gobierno de coalición y con el fin de ayudarte a que los catalanes se confederen...
- Está bien, hombre, muchas gracias y no te preocupes, ya te llamaremos.

EQM

.

El discreto crono de José Rodríguez

A José Luis Rodríguez Zapatero (54 años) siempre le ha gustado salir a correr. [...]. Quizá por eso su presencia no sorprendió en exceso a quienes le reconocieron hace unos días en la media maratón de Nueva York. [...]. El listado de los atletas lo identifica como José Rodríguez (se cambia el nombre por motivos de seguridad) y desvela que corrió con el dorsal 13137 prendido con unos imperdibles en la pechera de una sudadera azul.

El ex presidente nunca sale a correr sin gafas de sol y también las llevó puestas en la media maratón de Nueva York que se disputó el 16 de marzo, coincidiendo con el décimo aniversario de su llegada al poder y justo cuando se celebraba en Madrid el Comité Federal del PSOE.[...].

A su lado corrieron sus escoltas G. A. V. M. (45 años) y C. C. D. (46 años), que le acompañaron con discreción durante la prueba y llegaron a la meta junto a él. [...]. Al igual que los ex presidentes Aznar y González, Zapatero dispone de un destacamento que vela por su seguridad en cualquier lugar del mundo. El contribuyente corre con los gastos de sus escoltas durante sus viajes en el extranjero: las dietas, el alojamiento y los billetes de avión.

El Mundo, 290314.

La tercera muerte de Adolfo Suárez

Todas las crisis, cuyo relato pormenorizado daría lugar a varios tomos, han venido a darse la mano en este final de ciclo que suene a fin de régimen. Crisis económica, cierto, pero sobre todo crisis política de caballo, crisis de unas instituciones desprestigiadas, desde los tribunales de Justicia, hasta la clase política, pasando por la Corona. Todo en crisis. Todo en almoneda.

Jesús Cacho en vozpópuli, 300314.

Mantienen no pocos especialistas que, a pesar de las taras con que nació la vigente Constitución de 1978, el viaje a la libertad de los españoles hubiera podido recibir un nuevo impulso regenerador si, tras la crisis de la segunda mitad de 1992 (clausurados los fastos de la Expo de Sevilla y los JJ.OO. de Barcelona) y 1993, crisis que mandó al paro a más de un millón de personas en 18 meses, la Corona y la clase política se hubieran embarcado en una vuelta de tuerca modernizadora de esa Constitución, una vez desaparecido el riesgo de asonada militar. No hubo voluntad para emprender ese proceso.

El sistema había cristalizado ya en lo que ha venido a parar hoy, en un reparto de los montes entre los partidos mayoritarios, los nacionalismos de derecha catalán y vasco, y la Corona como gran usufructuaria, todo bajo la protección financiera brindada por la elite empresarial situada al frente de las grandes empresas y bancos. Todos habían hecho ya de la libertad un negocio. Todos navegaban a sus anchas por el río de la corrupción que nos lleva, en particular un titular de la Corona que, con el visto bueno de los sucesivos presidentes de Gobierno, se había dedicado a acumular dinero y novias, no sin que antes Felipe González y sus mayorías desactivaran a una Justicia cuya independencia, reconocida en la Carta Magna, se segó de raíz.

Ese soberbio impenitente que es José Maria Aznar creyó que el crecimiento y la presencia de dinero en el bolsillo de una clase media cada vez más numerosa sepultaría para siempre la protesta larvada de esa parte de la población quejosa con la pobre calidad de nuestra democracia.

El golpe encubierto del 11-M cambió el rumbo de España, instalando en el Poder a un piernas que ha causado un daño quizá irreparable a la unidad de la nación, al alentar un Estatuto de Cataluña que nadie reclamaba y que fue aprobado en referéndum por menos de un tercio de su población. La incompetencia de ese piernas agravó una crisis económica de una profundidad desconocida, el fondo del valle plagado de detritus materiales y morales en el que hoy nos encontramos, con millones de parados, un Estado autonómico proclive al gasto descontrolado, un Estado del Bienestar imposible de financiar si no es acumulando deuda, unas élites nacionalistas que, en el punto más bajo de España, país sin pulso, han decidido romper la baraja y jugar por su cuenta la carta de la ruptura, y una sociedad civil miedosa y ensimismada, en gran parte entontecida por ese “Prontuario Zapatero a la Felicidad” que, al rechazo a la responsabilidad individual, añade la pretensión de que el Estado debe atender a la solución de todos sus problemas, sin preguntarse, al tiempo, quién paga la cuenta.

Todas las crisis, cuyo relato pormenorizado daría lugar a varios tomos, han venido a darse la mano en este final de ciclo que suene a fin de régimen. Crisis económica, cierto, pero sobre todo crisis política de caballo, crisis de unas instituciones desprestigiadas, desde los tribunales de Justicia, hasta la clase política, pasando por la Corona. Todo en crisis. Todo en almoneda. Mariano Rajoy, inesperado heredero del desastre, se esfuerza en taponar vías de agua con el espíritu esforzado del honrado conservador de provincias empeñado en gestionar la dote y entregar la estafeta al final de su mandato en mejores condiciones.

Sin brillo. Sin sentido de la grandeza que exige el momento, crucial, que vive España. Sin abordar la crisis política cuya solución reclama a gritos un gran pacto de Estado capaz de alumbrar un nuevo periodo –otros 30 ó 40 años- de paz y prosperidad para los españoles. Empantanados en la tesis de “las tres erres”, Rey, Rajoy y Rubalcaba, tres boxeadores sonados que a duras penas se sostienen abrazados en el ring para no caer sobre la lona, mientras, sudorosos y agotados, escrutan la posibilidad de esa grosse koalition capaz de mantenerlos con vida unos cuantos años más.

El valiente fontanero encargado de desmontar el Movimiento

En estas circunstancias ocurre el fallecimiento de Adolfo Suárez, un hombre que ya había muerto en vida tiempo atrás, cuanto la enfermedad que padecía le apartó del mundo de la razón. Nadie se acordaba del valiente fontanero encargado de llevar a cabo los planes que Occidente (fundamentalmente un Washington alarmado por lo ocurrido poco antes en Portugal y la socialdemocracia alemana) había preparado para España; todos habían dado la espalda al falangista atildado que la mente preclara y tortuosa de aquel factótum en la sombra que fue Torcuato Fernández-Miranda, go-between entre el joven Rey y los poderes de la OTAN, había descubierto para llevar a cabo la tarea.

Nadie mejor que el ministro secretario general del Movimiento para desmontar el Movimiento. Suárez no solo cumplió su papel, sino que se lo creyó y en un determinado momento decidió volar solo, como cuando, en aquel inolvidable sábado santo, sorprendió a todos, empezando por el Rey y siguiendo por la cúpula militar, con la legalización del PCE. Tanto se lo creyó, que los poderes de verdad decidieron echarlo -en el fondo, Adolfo solo se representaba a sí mismo-, convencidos de que el falangista guaperas se estaba convirtiendo en un peligroso izquierdista.

Lo cierto es que el germen de los males que ahora exhibe un régimen que ha llegado hasta aquí exhausto, tironeado por una corrupción galopante, ya estaban marcados a fuego en el ADN de una Constitución que había optado por el café para todos autonómico para enmascarar el viejo problema catalán y vasco, bajo la amenaza de un Ejercito mayoritariamente franquista, a quien el teniente general Gutiérrez Mellado, tal vez uno de los auténticos héroes de esta historia, tuvo que atar muy en corto jugándose la vida. Vieron así la luz los 17 Estaditos, con 17 Gobiernos, 17 Parlamentos, 17 Tribunales Superiores de Justicia, 17 Defensores del Pueblo, etc., etc.

El resultado, desolador, es que hoy tenemos un Gobierno central con facultades muy mermadas para atender auténticas políticas de Estado, aunque, a cambio, tenemos los 17 Estaditos imposibles de financiar, 17 clases políticas dispuesta a matar antes de devolver una sola de las prerrogativas arrancadas a Madrid, y tenemos, más vivo que nunca, amenazador, el desafío del separatismo catalán y, subsidiariamente, vasco. Remedando la célebre frase de sir Winston, no hemos evitado la guerra y tenemos, además, el deshonor. Despilfarro, corrupción y riesgo de ruptura de España.

Mañana seguirá el esperpento con ese funeral de Estado en la Almudena, tal vez preludio del proceso de canonización del “héroe de la Transición”, el “audaz improvisador” Adolfo Suarez, elevación a los altares -de la que tan necesitada está nuestra clase dirigente- del hombre vilipendiado y escarnecido por la inmensa mayoría de quienes estos días han organizado el gran aquelarre de su entierro en beneficio propio. Las tres muertes de Adolfo Suárez.

Con la utilización torticera de su figura, los dueños del sistema han pretendido un triple objetivo consistente, por un lado, en dar brillo a una clase política pesimamente valorada por la opinión pública; en embellecer, por otro, los perfiles de “esta” democracia tan maltrecha, tan necesitada de alicatado hasta el techo; y en ensalzar, en último lugar, el valor de la Corona como elemento de consenso, y en particular del propio rey Juan Carlos como personaje clave de la Transición (“Adolfo y yo…”) y figura imprescindible para garantizar la convivencia (en realidad los intereses del establishment patrio), porque ha sido el Rey quien más y mejor ha rentabilizado, o ha pretendido hacerlo, esta tercera muerte de Adolfo Suárez. Las audiencias de las televisiones que han retransmitido los fastos han dejado claro que los españoles no se han dejado embaucar por el intento.

Suárez o el retrato de un hombre corriente

Suárez o el retrato de un hombre corriente que, mal pertrechado a nivel intelectual, gozaba de gran habilidad para el regate en corto, en gran parte gracias a su simpatía y capacidad para las relaciones personales. Su momento de gloria llega en la tarde de aquel 23 de febrero de 1981 cuando, en el Congreso de los Diputados y frente al cañón de las pistolas, se mantiene firme (“la dignidad de la andadura vertical y del paso erguido del hombre”, que dijo Bloch), de modo que, enemigo de la servidumbre voluntaria, defensor de la legalidad democrática, se inmortaliza, en ese instante en que vida y muerte se discuten, como el héroe de Carlyle, el tipo de una pieza, el minuto de gloria del hombre común capaz de derrotar al miedo.

Poco o nada se ha dicho del Suárez cuya figura, lejos de la Presidencia, cruzó con más pena que gloria al frente del CDS hasta irse diluyendo en el silencio, sin que el Rey, que decía pestes del “héroe de la Transición”, se le pusiera al teléfono, pero al mismo tiempo obligado a pedir ayuda al Rey, del que fue leal servidor, para mantener un tren de vida que incluía casas en Madrid, Ávila y Mallorca, además de despacho, y que, en el colmo de los colmos, llegó a encargar un barco a Mefasa en la primavera de 1993, idea de la que le disuadió el propio Monarca (“Es que este gilipollas se piensa que sigue siendo Presidente del Gobierno”), porque Adolfo no tenía un duro y alguien tendría que pagarlo. Como ha escrito García Trevijano, “La transición fue un pacto y de algo así solo puede derivar corrupción”. En cascada.

Anegados como estamos por el aluvión de lágrimas de cocodrilo que estos días fluye por doquier, resulta obligado denunciar el intento torticero de utilización de la imagen del ex presidente por parte de un establishment político empeñado por esta vía en recuperar la suya. Como ha dicho Gregorio Morán, uno de los mejores conocedores de la figura de Suárez, “La Transición fue un negocio fabuloso, lo que pasa es que la empresa ha quebrado”. Es hora de reconocer que el colapso del sistema que el finado contribuyó a crear coloca a los españoles en la tesitura de desbrozar otra vez un camino capaz de asegurar un nuevo periodo de paz y prosperidad para todos, camino que inevitablemente pasa por una regeneración integral de las instituciones.

Porque una cosa son las libertades y otra, muy distinta, una auténtica democracia caracterizada, de entrada, por una efectiva separación de poderes. La tarea de introducir a España por la senda de esa democracia de calidad, democracia digna de tal nombre, sigue pendiente. El punto de partida no es baladí. El PIB per capita en paridad de compra, que en el año 1975 era de 3.500 dólares, había escalado hasta los 24.900 en 2012 (tras haber caído por la crisis), según los indicadores del BdE. Esta España se parece muy poco a la de 1975 y en nada a la de 1940. Tal vez el cambio consista en sacudirnos la costra de una clase política enmohecida. La solución, a vuelta de urna.

---

Un respeto a Suárez

Se repite que desmontó el aparato político del franquismo. Pero hizo mucho más: promover un marco político democrático que integró a todos

Javier Zarzalejos en El Correo, 300314.

La desaparición de Adolfo Suárez evoca un periodo crucial y fascinante de la historia de España en el que un país salido de cuatro décadas de autocracia se enfrentaba a una encrucijada en la que sólo un camino podía llevar al futuro que deseaba la inmensa mayoría de la sociedad española. La Corona supo captar ese anhelo, y tuvo en Suárez un intérprete que construyó una obra política para hacerlo posible con acierto intuitivo y coraje personal.

Los años de la Transición democrática vieron cómo dos enemigos –el franquismo y el comunismo– volvían a encontrarse cuarenta años después. Los dos lúcidamente conscientes de su inviabilidad en la nueva sociedad española. Los dos forzados a asumir una realidad que resultaba lejana a su dogmatismo. Mientras Carrillo hacia profesión de ‘eurocomunismo’ junto con el francés Marchais y el italiano Berlinguer, en el otro lado, pocos creían de verdad que fuera posible un franquismo sin Franco.

El nuevo tejido de clases medias había experimentado su propia transformación al margen del régimen, con deseos y aspiraciones que pasaban por el logro de un sistema político al estilo de las democracias europeas a las que queríamos parecernos. Si las Cortes del franquismo se hicieron el haraquiri aprobando la ley para la Reforma Política, el Partido Comunista, por su parte, no sólo asumía los elementos esenciales de un sistema democrático pluralista sino que contribuía decisivamente al fortalecimiento de éste con su apoyo a la Monarquía parlamentaria.

De Suárez se repite que desmontó el aparato político del franquismo. Y es verdad. Pero hizo mucho más que eso porque trascendió la sola labor de desguace para promover con éxito un marco político democrático que integró a todos. El recurso a la fuerza y a la exclusión del adversario esta vez quedaban felizmente fuera de la génesis del nuevo proyecto constitucional. La Constitución fue la Constitución del consenso. Su texto refleja bien los caminos tortuosos por los que a veces tuvo que discurrir el esfuerzo de acuerdo. Y contiene los verdaderos compromisos históricos que los españoles nunca antes habían sido capaces de sellar de forma duradera para dotarse de una marco de convivencia democrático.

Recordar con admiración la obra política de Suárez remite inevitablemente al valor de aquellos acuerdos que anudaron derechos, libertades, representación, pluralidad, ciudadanía en suma. Y ante la proliferación de propuestas de revisión que afectan a núcleo del pacto constitucional, ante las recurrentes invitaciones a ser ‘imaginativos’ frente a la norma fundamental, habría que preguntarse cuál de esas propuestas mejora los acuerdos del 78, cuál integraría mas apoyos, cuál sería un instrumento más útil para la convivencia.

Léanse los artículos 1 y 2, la definición de la monarquía parlamentaria o la disposición adicional que ampara los derechos históricos. La Constitución incorpora compromisos de una extraordinaria densidad política, histórica y normativa y no existe sobre la mesa ninguna alternativa que los supere. Por eso resulta un tanto tramposo recurrir al ejemplo de Suárez para desmentir la propia obra de Suárez. Exhortar a hacer lo que algunos suponen que haría el ex presidente fallecido es una conjetura gratuita. Es más, Adolfo Suárez hizo eso que hoy admiramos precisamente para que nosotros no tuviéramos que hacerlo. Él tuvo que actuar en la excepcionalidad de un periodo constituyente para permitir que los que vinieran detrás pudieran vivir en la normalidad de la democracia constituida.

Para explicar la reforma –un cambio radical hacia la legitimación democrática del poder– el ex presidente utilizó la imagen de una casa en la que hay que cambiar la cañerías sin cortar el agua y sustituir la instalación eléctrica sin cortar la luz. Esa fue la complejidad de la obra y el mérito de quienes la llevaron a cabo. En esa casa restaurada los españoles han vivido de la manera más confortable que se puede recordar. El logro de Adolfo Suárez fue dar paso a la normalidad rutinaria de la democracia de la que él mismo fue la principal víctima política ya que concluida la Transición, se dio por concluido su tiempo y la tarea que le había tocado llevar a cabo. Suárez es la referencia para explicar la importancia del consenso y de los acuerdos que cimentan los sistemas democráticos.

Lo que no es de recibo es utilizar la figura de Suárez para justificar como deseable un periodo constituyente a semejanza del que España vivió en 1978 o para exigir, lisa y llanamente, que se mire para otro lado mientras se somete a la Constitución a contorsiones para hacer que quepa en ella interpretaciones extravagantes o autodestructivas.

El justo reconocimiento de la figura histórica de Adolfo Suárez y la admiración recobrada por su obra política no debería hacer que nos llamáramos a engaño. Los mecanismos de transmisión generacional del sentimiento constitucional no han funcionado como deberían. Por eso se maneja el argumento peregrino de que la Constitución adolece de una suerte de déficit democrático al no haber sido votada por la generación actual y por lo mismo también ha aflorado una corriente de opinión que descalifica el pacto constitucional y la Transición como un compromiso de conveniencia forzado por los ‘poderes fácticos’. Donde veíamos reconciliación, ahora habla de olvido y donde la amnistía saldaba cuentas con el pasado, ahora denuncia impunidad. Exactamente lo contrario de lo que animó eso que tanto se ha elogiado estos días.

Notas.-

Enlaces [en azul] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 2 comentarios compártelo

29 Marzo 2014

Ocho apellidos vascos [2014], de E. Martínez-Lázaro

.

Cartel español de la película. Vía MoviePosterDB.

Sevilla tiene un color especial’ [1991]. Interpretada por Los del Río [España, 1962]. De la banda sonora no original. Compuesta por Miguel A. Magüesín de los Santos 'Doctor Keli' [España, 1959], con letra de César Cadaval [España, 1954]. ♪♪ ♫ fosforo100x100.


TÍTULO Ocho apellidos vascos
AÑO
2014
DURACIÓN
981 min. Trailers/imágenes
PAÍS
DIRECTOR Emilio Martínez-Lázaro
GUIÓN Borja Cobeaga, Diego San José
MÚSICA Fernando Velázquez
FOTOGRAFÍA Gonzalo F. Berridi, Juan Molina
REPARTO Clara Lago, Dani Rovira, Karra Elejalde, Carmen Machi, +
PRODUCTORA Lazonafilms / Kowalski Films / Telecinco Cinema
www. azona.eu/html/cine/8apellidos.html


SINOPSIS

Rafa (Dani Rovira) es un joven andaluz que no ha tenido que salir jamás de su Sevilla natal para conseguir lo único que le importa en la vida: el fino, la gomina, el Betis y las mujeres. Todo cambia cuando conoce a la primera mujer que se resiste a sus encantos: Amaia (Clara Lago), una chica vasca. Decidido a conquistarla, se traslada a un pueblo de "las Vascongadas", donde se hace pasar por vasco para conseguir que le haga caso. Adopta el nombre de Antxon, seguido de varios apellidos vascos: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta y… Clemente. (Filmaffinity)

CRITICAS [via Filmaffinity]:

"Con un arranque enérgico puntuado por réplicas tan eficaces como feroces, la película va viniéndose abajo por diversos motivos (...) la catástrofe se impone en el tramo final" . Jordi Costa: Diario El País.
-
"Película valiente y oportuna, pero sobre todo es divertida. (...) Hay al menos media docena de escenas en las que el público se mondará incluso a costa de sus «principios» (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)" . Federico Marín Bellón: Diario ABC .
-
"Pese a sus rasgos convencionales, la película está trufada de diálogos inspirados y réplicas brillantes (...) El reparto funciona a pleno rendimiento (...) enredo con agilidad y sentido del ritmo. (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)" . Jordi Batlle Caminal: Diario La Vanguardia.
-
"Algo falla: la desgana con la que parece estar rodada, su impersonalidad y su desarrollo plano que desaprovecha escenas que piden a gritos el desmadre. (...) Puntuación: ★★ (sobre 5)" . Fausto Fernández: Fotogramas.
-
"La peli tiene eso tan subjetivo y delicado que conocemos como gracia. Sí, muchísima gracia (...) Puntuación: ★★★½ (sobre 5)". Carlos Marañón: Cinemanía.

MI OPINION:

Carcajadas de la mayoría silenciosa

Como cine, nada de nada, salvo la gran interpretación de Dani Rovira, Karra Elejalde y Carmen Machi. Pero el guión convierte en humor la caricatura del desgraciado nacionalismo que ha destrozado la convivencia natural entre vascos y la de estos con el resto de españoles.

Al estilo de como vienen haciendo, y cosechando éxito, por un tiempo, determinados programas de humor vasco de la televisión de allí o los guiones de, por ejemplo, 'Aida': carcajada fácil a ritmo de discriminación tomada como es que somos así.

Por eso, algunos espectadores salen del espectáculo con ese sabor agridulce de haber escuchado innumerables referencias cómicas sobre comandos, metralletas o rescates de una criminal historia, bien reciente, regada con la sangre de 1000 asesinados.

Para pensárselo. Aunque, por supuesto, la cinta arrase en taquilla, ya digo, entre carcajadas de gente feliz, esa mayoría silenciosa.

Hay que ir a verla por demasiados motivos que no son, precisamente, cine [6 sobre 10].

EQM

Fuentes:

Filmaffinity [críticas], IMDb, Wikipedia y elaboración propia [EQM].

Vascoandaluza

La tragedia terrorista sigue pesando en la vida cotidiana del País Vasco y se resiste a transformarse en comedia

Jon Juaristi, en El Correo, 300314.

Acomienzos de los años sesenta del pasado siglo, una prima de mi padre casó con un sevillano que había estudiado Derecho en Deusto. La familia del novio tenía un inmenso cortijo y el chico se había hecho muy popular toreando becerros en el Puerto Viejo de Algorta. Mi muy jesuítica familia paterna se mostró honradísima con el enlace, porque para los nacionalistas vascos los ricos nunca han sido maquetos. Cuando la pareja se separó, a finales de la década, el primo de Sevilla, tan majete y simpático hasta entonces, pasó a ser un señorito franquista, vago y sinvergüenza «como todos los andaluces», según los más montaraces de mi parentela.

Me encanta Sevilla, ciudad en la que estudié los primeros cursos de una licenciatura que terminé en Deusto, con los jesuitas. Conozco los estereotipos de los vascos que corren entre los andaluces, y a la inversa, los que circulan de los andaluces entre los vascos, y nunca dejarán de parecerme peligrosamente ambiguos. En el extremo, refuerzan el inveterado cainismo de la raza, aquel carácter apartadizo que Menéndez Pidal descubría ya entre los iberos, celtas, celtíberos y compañía. Por eso creo que es sano reírse de ellos, como lo han hecho ya los cientos de miles de espectadores –entre los que me incluyo– de Ocho apellidos vascos, el acontecimiento cinematográfico de la temporada. Muy sano, pero según cómo y, sobre todo, según cuándo.

La película de Martínez Lázaro consiste en una sucesión de chistes desternillantes ensartados en un argumento escasamente original, porque lo del andaluz que se finge vasco es un tópico bastante transitado. Una de sus últimas manifestaciones literarias fue una valiente novela de Eduardo Gil Bera,

Os quiero a todos (Pretextos, 1997), cuyo protagonista, un emigrante gaditano en el País Vasco, descubre que la supervivencia individual en una sociedad dominada por el nacionalismo y el terror requiere el recurso continuo a la mentira y a la impostura.

La novela de Gil Bera no hacía concesiones a la comedia. Era pura sátira, de lo mejor en su género. Ocho apellidos vascos, por el contrario, quiere ser comedia, y comedia amable, con personajes encantadores que produzcan una risa consoladora. Y lo logra, sin duda. Ahí reside la clave de su éxito y, al mismo tiempo, su mayor debilidad moral.

Mark Twain definió la comedia como tragedia desgastada por el tiempo. Con La vaquilla (1985), Luis García Berlanga se atrevió a hacer por vez primera una película cómica sobre la guerra civil. Sólo lo consiguió a medias (tuvo que cerrarla con una imagen trágica: la de la vaquilla muerta en tierra de nadie, entre dos líneas de trincheras cuyos ocupantes vuelven a matarse entre sí), y eso que ya habían transcurrido casi medio siglo desde la guerra y diez años desde la muerte de Franco. Pero ni la guerra civil ni el franquismo habían pasado aún a la historia. La tragedia no había terminado de desgastarse.

La tragedia de ETA sigue formando parte del paisaje cotidiano del País Vasco, y se resiste a su transformación en comedia. El tiempo no ha empezado siquiera a desgastarla. Muy significativamente, la película de Martínez Lázaro ha irritado tanto a las víctimas del terrorismo como a la izquierda abertzale por un mismo motivo –la visión cómica de la kale borroka–, aunque por razones distintas, evidentemente. Es cierto que ha cosechado el favor de la inmensa mayoría que no está con las víctimas ni con Bildu, pero eso no supone coincidir con la moral de la democracia, sino con la amoralidad de la equidistancia, algo a lo que el cine español nos tiene acostumbrados en su tratamiento del terrorismo etarra desde los orígenes mismos de la transición.

NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
.

servido por elquiciodelamancebia 4 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de elquiciodelamancebia

El quicio de la mancebía (EQM)

ver perfil »
contacto »
Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de Historia, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).




LIBRES E IGUALES

Cataluña. España. Europa. Vía C's

La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

Algunas versiones de 'Ojos verdes'

['Apoyá en er quisio de la mansebía...']:

Aquí a Dña. Concha Piquer.
Aquí a Miguel de Molina.
Aquí a Isabel Pantoja.
Aquí a Carlos Cano.
Aquí a Amália Rodrigues.
Aquí a Concha Buika.
Aquí a Martirio.
Aquí a Rocío Jurado.
Aquí a Plácido Domingo.
Aquí a Pasión Vega.
Aquí a Miguel Poveda.
Aquí a India Martínez.
Aquí a Porrina de Badajoz.
Aquí a Paco de Lucia y Ricardo Modrego


ADVERTENCIA SOBRE COPYRIGHT: Este es un blog no comercial. Las imágenes, música y documentos se editan citando la fuente gratuita [donde se encuentra, de forma libre y sin exigencia de abono de derecho alguno, exactamente lo mismo]. En caso de existir COPYRIGHT si, por error, se hubiera publicado algo inadecuadamente, comuníquenoslo y el documento, la imagen o la música serán eliminados de forma inmediata. Gracias.

STOP SOPA: No a la violación de las comunicaciones en internet. Sí a los derechos de autor ajustados a las nuevas tecnologías. No a la subsistencia de intermediarios videográficos sin futuro, encarecedores artificiosos del valor del producto. Sí al precio y comercio justo. No a la estafa.

Locations of visitors to this page





Fotos

elquiciodelamancebia todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera