En el día de la pitada prevista por el nacionalismo para contribuir a que España convenza a los mercados que no hay país más sensato para invertir sensatamente, reitero mi preocupación por el gondo del asunto: una educación pública entregada al libre albedrío regional, con objeto de que los independentistas se sientan cómodos y los profesores a gusto.
El resultado vds ya lo conocen: devastador. El informe PISA nos lo recuerda todos los años. Por no saber, ya no saben leer o escribir. Ni, consecuentemente, todo lo que tal carencia impide alcanzar.
Les dejo con una entrevista a Jordi Llovet, libre de toda sospecha , que ha sido Catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona y que goza de merecido prestigio en la materia.
De modo que si su hijo de 14 años, o menos, le da una paliza porque vd cumple con el deber de corregirle [ver la noticia ut infra] y de responsabilizarse de su conducta como así le obliga la legislación vigente, no se alarme. Quizás sea que la gratuidad en la falta de respeto hacia los símbolos del Estado por una muchedumbre balompédica son fácilmente aprendidos por jovencitos a los que, además, siempre les quedará el último e infalible cartucho: denunciarle por reiterado falso maltrato.
pd.- Esperanza Aguirre ha contestado la estúpida carta pública que, como comenté ayer, le remitió Patxi López. No se la pierdan. En el párrafo final, le espeta:
"[...] Doy por no recibida tu petición de que retire mis palabras, pues creo que a la sensatez y a la serenidad a que te refieres se las sirve mucho mejor cumpliendo la Ley que nos obliga a respetar los símbolos que nos unen a todos los españoles."
Pierdan cuidado: al comportamiento de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, El País lo califica en su portada de hoy de 'reacción españolista' ante el 'juego con la identidad nacional'. O sea, cuando a la defensa de los símbolos patrios se la denomina 'españolismo'. Vamos bien. Afortunadamente no les ha dado por llamarle, a la moda de la 'roja' selección española de fútbol, 'azulismo'.
Pregunta. Usted propone que la formación haga hincapié en el lenguaje, base de todo lo demás.
Respuesta. Dada la actual crisis universitaria, la mayoría de rectores, de decanos de Filología, de quienes conocen el problema de la enseñanza en la Universidad y en la secundaria, cree que lo mejor sería que la gente que va a las carreras de Humanidades saliera de la facultad sabiendo leer y escribir. Hoy los bachilleratos están muy segmentados y eso es una tontería. Hay un bachillerato humanístico y otro artístico y otro tecnológico, y unos cuantos más. Tendría que haber un único bachillerato y, como máximo, una división general en ciencias y letras. Y potenciar un elemento que parece mentira que se haya pasado por alto: hay que dar a la gente una buena formación en materia de lenguaje.
Ortografía sí hay que dar, que es muy importante, pero menos teoría y más conseguir que los estudiantes puedan leer un texto y explicarlo, que entiendan lo que dice. Hoy los chavales saben literatura de memoria y, más o menos, ortografía. Sintaxis, no saben. Y organizar el discurso, nada. Es patética la incapacidad que tienen algunos para escribir una carta o redactar un texto de tres o cuatro páginas. Hay que potenciar el lenguaje entendido como universal. Claro, los lenguajes se trasladan a un terreno concreto, el castellano, el catalán, el inglés o el chino, pero hay que tomárselo menos patrióticamente, sabiendo que es un instrumento, el instrumento básico de expresión del ser humano. Es lo que nos diferencia de los animales, que "enraonem", una palabra que no podrás traducir al castellano. Y yo veo que hoy ocupa un papel secundario en el conjunto de la enseñanza.
P.Es cierto que resulta difícil traducir "enraonar", palabra catalana que engloba la noción de hablar y la de razonar. Quizás lo más cercano sería "dialogar".
R. Dialogar. Este es otro asunto a corregir, Los muchachos están poco preparados para mantener conversaciones dialógicas. En esto hay una gran diferencia con otros países. Vas a Alemania, y cuesta trabajo terminar una discusión. Se abre un tema y se le da vueltas, por un lado y por otro. Se produce un despliegue retórico y elocuente extraordinario. Es una cultura del diálogo, de la conversación. De la tertulia, dicho de un modo más banal. Pero esto es importantísimo. En Cataluña, bueno, en toda España, la tertulia había tenido una tradición extraordinaria. Es la cultura de la conversación que me parece previa a la cultura literaria. Muchos de los grandes autores catalanes novecentistas y modernistas se formaron en las tertulias del Continental, del Colón. Unas tertulias que configuraron un mundo simbólico compartido y contrastado, con diferentes voces, todas ellas al servicio de una causa común: llegar a una formulación idónea sobre cualquier asunto.
Eso enseña mucho, pero yo no veo que en los colegios se enseñe a los estudiantes a discutir, entre sí o con el profesor. Y se podría hacer perfectamente. Una cosa que no se da en nuestra educación secundaria, y tampoco en la universitaria, es la discusión política. No hablo de formar en los valores constitucionales ni de la educación para la ciudadanía. No. Hablo de discusiones políticas sobre asuntos candentes. Hay muchos y podrían dar lugar a formular opiniones contrastadas y diversas en la clase. Y eso es el fundamento de la educación del futuro ciudadano. Éste se debería educar en las aulas a través de la discusión inteligente sobre los temas políticos, los que preocupan a la polis, la ciudad. En vez de eso, se dan solo enseñanzas que no están vinculadas a la marcha real de la sociedad.
P.Esto enlaza con la crítica que usted hace a que en algunas facultades, sobre todo filológicas, en vez de hacer política se haga patria.
R. Sí. Se hace patriotismo. La actual consejera de Educación, Irene Rigau, dijo el pasado verano en la Universidad Catalana de Verano, en Prada de Conflent, que estaba elaborando un programa para hacer patriotismo a través de la literatura. Me quedé atónito, horrorizado. No hay que hacer patriotismo ni con la lengua ni con la literatura. Lo que hay que hacer es dar formación política. Partir de la idea de que en la escuela, en la Universidad, no se forman sólo profesionales. La idea de formar profesionales en el bachillerato es una aberración. Y se está haciendo, porque hay varios diferentes. En función de si alguien estudiará medicina o derecho o biotecnología. ¡No hombre, no!
Es más, toda la formación universitaria, teniendo en cuenta el poco tiempo que los alumnos pasan hoy en el bachillerato, tendría que estar dirigida a la creación de buenos ciudadanos. Ilustrados y virtuosos. La idea de Diderot me parece espléndida. Pero no se hace, se tiende a formar personas hábiles en cosillas. ¿Es esto más rentable de cara al mercado de trabajo? Seguramente, pero da muy poco rendimiento, incluso nulo o negativo, en la formación de una sociedad con discernimiento político. Y esto me parece cada día más importante.
P.¿Tiene que ver con una sociedad que no aprecia la figura del intelectual?
R. No sólo eso. Tiene que ver con el descrédito de las personas que tienen más conocimientos que las demás. Es un problema, en cierta medida, consecuencia de la democracia. La democracia lo iguala todo por abajo. Es una pena, pero no puede igualarlo todo por el medio y menos por arriba. De ahí que yo sea un gran defensor de la importancia de las élites. Una idea que han sostenido no pocos intelectuales europeos (Eliot, Valéry) desde hace tiempo. Es decir, desde que se ha visto cómo funcionan las democracias parlamentarias, con la aparición de grupos de presión y de opinión completamente manipulados. Flaubert ya se quejaba de eso.
Yo defiendo una educación que permita aflorar a las personas con mayor valor y que se les reconozca. ¿Cómo conseguir dar valor a la palabra de los intelectuales? Eso es muy difícil. Me conformaría con que se diera valor a la palabra del maestro. Y la cosa ya falla por ahí. En la Universidad, no. La universidad es un espacio arquitectónico que impresiona mucho. Los estudiantes tienen un comportamiento muy correcto y no hay problemas de disciplina. Ninguno. Pero en la primaria y la secundaria hay muchísimos y eso está arruinando la educación del país. Los muchachos consideran la figura del maestro como inferior a la de cualquier oficio con el que tengan trato cotidiano. Lo ven como un profesional que les da información y no entienden que es la persona que los está formando. No como futuros profesionales, los forma como futuros ciudadanos.
P.Los estudiantes no lo entienden. ¿Lo hacen los profesores?
R. No acaban de entenderlo. En la educación de este país hay un problema muy grave y es que los sindicatos tienen mucho poder. Y también los pedagogos. Los pedagogos, que nunca han ensañado y que no saben hacerlo, están dando consignas sobre cómo hacer las cosas, sin tener ni idea de la práctica cotidiana en la enseñanza. No hay que hacerles caso. Hay que hacer caso a los maestros que son los que enseñan y saben. El poder de los sindicatos también es un problema. Cuando publiqué Adiós a la universidad, hace ahora un año, el entonces ministro Ángel Gabilondo lo leyó y me llamó. Tuvimos una interesante conversación y acabó reconociendo que parte de las propuestas le gustaban pero no podía aplicarlas a causa del poder de los sindicatos.
¿Qué está pasando? Pues pasa que los sindicatos de la enseñanza se preocupan de que no les hagan hacer más horas, de que no les metan más alumnos en el aula, de que tengan los elementos tecnológicos oportunos. Y eso es otra falacia. Alguien se dio cuenta de que si se le daba un ordenador a cada niño, éste se callaba. Pero era porque se quedaba como hipnotizado por el ordenador. Esto ha sido una tontería enorme de parvenu. Hay países muy sólidos, pienso en Finlandia, que tienen uno por clase. Se les enseña informática, que es muy útil, pero no permiten que los críos estén en la clase jugando con la herramienta que garantiza su diversión.
Resumiendo, que los sindicatos se preocupan por asuntos de tipo laboral y cuando entras a fondo en cuestiones sobre la figura del maestro, cómo prestigiarlo, lo único que se logra es que se diga que a la figura del maestro hay que darle carácter de autoridad y que si alguien le pega es como si lo hiciera a un policía. No creo que estas medidas disciplinarias sean el remedio. El remedio pasa por una buena escuela de Magisterio y pagar como se debe a una persona que realiza un oficio tan noble. Hay países que esto lo han mimado. La educación republicana francesa es aún superior a la nuestra. La educación por clases de Inglaterra va muy bien de la clase media para arriba, aunque hacia abajo es una catástrofe. Sin embargo, al menos garantiza que una parte salga de bachillerato con buena educación.
En España, en cambio, da la impresión de que no se le concede ningún valor. Ahora se empieza a ver que un estudiante termina el bachillerato y no sabe ni lengua ni matemáticas, dos de los puntos fuertes del Informe Pisa. Escribir un folio o una frase larga exige una cierta capacidad de síntesis, una operación mental. Igual que las matemáticas. Y si los estudiantes salen flojos en estos dos campos, el resultado es que ni siquiera obtienen una educación de tipo pragmático que les permita ir por el mundo. Porque un día tendrán que redactar un currículo y una carta pidiendo trabajo y quedarán mal si no dominan esas dos herramientas. Yo creo que tampoco saben Física o Química. La prueba es que muchas facultades han puesto un llamado "curso cero" que ponga a los estudiantes del bachillerato al nivel que se necesita para estudiar una carrera universitaria, porque no están preparados. Y, sin embargo, lo estaban hace 30 años, cuando había una reválida de cuarto y una de sexto y un preuniversitario muy serio.
Y este sistema iba cribando a los que no estudiaban. Esto no es una arbitrariedad, porque no es arbitrario decirle a alguien que no sirve para determinada actividad. Alguien puede ser un gran ebanista, un excelente artista y no dársele bien el estudio. Y ahora ¡hace falta tan poco para empezar una carrera universitaria! Hay centros que piden una nota alta, pero en otros se entra con un cinco. Y se bajará más la nota. Si suben las matrículas, una parte de la población no podrá entrar en la Universidad y las universidades viven también de los alumnos inscritos, de forma que bajará la nota de entrada. Paradójicamente, ésta será una de las consecuencias del aumento del precio de las matrículas: entrará gente que no está preparada si sus padres tienen dinero.
P.Hay profesores que sostienen que, en determinadas facultades, es más difícil entrar que salir licenciado.
R. Yo creo que no es así. Lo que ocurre es que es muy fácil entrar y también es muy fácil salir. Una vez un estudiante consigue matricularse, casi puede considerarse licenciado. A pesar de eso, hay un porcentaje que abandona entre primero y segundo. En las facultades de letras, cuando alguien comete varias faltas de ortografía hay que decirle que eso no puede ser. No cabe aducir que eso no tiene importancia. ¡Claro que la tiene! Esto, en parte, es culpa de las nuevas tecnologías.
Los estudiantes se acostumbran a funcionar por la vía rápida, sin los procesos de mediatización que la educación conlleva. Y no es sólo algo que tenga que ver con la moral del esfuerzo. No. Los estudiantes tienen que entender que las cosas van despacio. Felipe González y Jordi Pujol, que gobernaron muchos años. hubieran podido hacer una buena reforma de la primaria y la secundaria, lo que hubiera redundado en la mejora de la enseñanza universitaria. No lo hicieron. Ahora empieza a ser urgente.
P.Propone usted recuperar la formación basada en los clásicos que son atemporales.
R. Los clásicos propiamente dichos son los autores que van del siglo V antes de Cristo, del VIII, si incluimos a Homero, hasta el periodo helenístico, pero en sentido general, son también todos los autores importantes hasta Proust, Joyce o Thomas Mann. Se ha demostrado que los clásicos son valores que perduran y que -hablo del campo de las humanidades, no del científico- no se ha dicho apenas nada nuevo después de los grandes clásicos antiguos. La única novedad real en literatura, después de Grecia y Roma, es la invención de la novela. Luciano de Samósata, como el resto de narradores griegos y latinos, no dieron nada igual al Tirant o al Quijote y de éste hacia adelante: un despliegue fastuoso. Se trata de un invento relacionado con el desarrollo de la clase burguesa. En Filosofía también ha habido algunas cosas de importancia: Descartes, por ejemplo. O Kant. En ciencia, no. En ciencia ha sido un continuo: un progreso que reconozco y del que sí soy partidario.
Cuando yo critico el progreso, lo que critico es la idea de que la historia avanza hacia algo mejor. Eso no lo creo. Y se ha demostrado: cuando creíamos que las democracias parlamentarias llevaban inevitablemente hacia el estado del bienestar, hemos visto cómo retrocedemos hacia formas de gobierno y servicios públicos rudimentarios y que priman a las clases poderosas. Vamos hacia una división social entre una clase poderosa y un lumpenproletariado muy abundante al que no se le ha dado la capacidad de reaccionar contra este estado de cosas. Y eso se ve en las manifestaciones: va mucha menos gente, lo que significa que la clase obrera ya no está para reivindicar nada, pese a estar más maltratada que nunca. ¿Por qué? Por una falta de formación política. No hace falta reescribir manuales de marxismo para darse cuenta de que al estudiante no se le dota de instrumentos para que asuma que es él quien debe actuar para decidir la marcha de la historia. Porque la historia la hacen los hombres. No cae del cielo, deriva de lo que la gente hace o no hace. Hoy se impone la idea de que la historia se hace sola, de que lo que ocurre es inevitable.
P.Hace usted un gran elogio de sus maestros.
R. Siento gran respeto por mis maestros porque me han enseñado muchas cosas. Hoy parece haberse pervertido la situación. Por una parte, quizás no hay maestros de su categoría. Un día se lo dije a Martí de Riquer y me respondió que ahora los maestros somos nosotros. Pero no es lo mismo. Ellos tenían una sabiduría absoluta: Joan Vernet, Miquel Batllori, José María Valverde, Antoni Vilanova. Por citar sólo los de Barcelona. Gente muy sabia. Y hay otro problema: ahora no se concede autoridad a una persona. Sepa mucho o sepa poco. No hablo de los estudiantes, que sí que muestran respeto por las personas con conocimientos. Hablo de los profesores jóvenes. Éstos no se pegan a las faldas de un profesor mayor para que los oriente y guíe. No.
Es una idea feudal que está dentro de un orden que había mantenido la Universidad hasta hace 20 o 30 años y que ya ha desaparecido. En algunas instituciones aún aguantan, como es el caso de las monarquías o del papado. La primera menos, el papado aguanta mejor. Pero en las estructuras que son los epígonos de este orden jerárquico, herencia de la noble edad media, la autoridad está del todo desprestigiada. En la Universidad ya no se reconoce la auctoritas, que es algo que implica al mismo tiempo saber y moralidad. Los profesores jóvenes han tenido que especializarse y ya no creen que nadie les pueda enseñar nada. La consecuencia es que se ha perdido la transmisión del saber. Yo aprendí a enseñar viendo cómo lo hacían Valverde o Blecua. Dos profesores extraordinarios. Pero este procedimiento puede darse por desaparecido.
P.Reivindica el canon.
R. El canon está hoy totalmente desacreditado por culpa de los cultural studies. Lo inventaron los ingleses y empezaron a estudiar la literatura colonial, la de los negros, etcétera. Una tontería, porque en todas partes hay de todo: literatura buena y mala. Los cultural studies promueven el estudio de cosas menores desde el punto de vista de la calidad literaria. Yo creo que un canon se define por la calidad del artefacto estético. Lingüístico. Luego, claro, hay más, por ejemplo, el contenido. Hay ciertas obras que tienen una gran calidad estética y moral o política: Edipo Rey, Antígona, la Política de Aristóteles. Y hay que colocarlas, por fuerza, en un lugar superior. Antes, hay que ponerse de acuerdo en cuáles son.
Durante siglos, la gente no ha tenido dudas sobre la importancia de Dante, Sófocles, Homero, Virgilio, Dante o Shakespeare. Ni una sola duda. Quizás opinaban que Ovidio no era tan bueno como Horacio y que éste no era tan bueno como Virgilio (y es verdad), pero todos merecen figurar en el canon. Y ha llegado un momento en el que la gente ya no ha leído lo suficiente y no distingue entre un valor de primera categoría y uno de cuarta. Hablo desde el punto de vista estético. Y entonces se fijan en el mensaje. Y perciben cosas interesantes en la literatura gay o en los discursos feministas. A partir de esto, que es importante en sí, elevan a una enorme categoría a autores que no tienen talla estética. Permutan las categorías éticas y las estéticas. El canon da importancia a la suma, no sólo a los valores éticos o sociológicos. Hay una segunda cuestión: los autores canónicos son difíciles.
No todos: Melville puede ser leído perfectamente. Y Homero. Pero el Fausto de Goethe es un libro difícil. Y Cervantes no puede ser leído hasta los 25 o 30 años. Proust también cuesta. Y como en la formación universitaria se busca una literatura que anime a los estudiantes a leer y a comentar, han entrado autores de valor relativo, comparados con los grandes. Se podría aducir: quién ha decidido qué autores figuran en el canon. De hecho, a todos los que defendemos el canon nos acusan de elitistas, de estar vendidos a los poderes fácticos. En esto cayó hasta Michel Foucault. No me líe: la Eneida es buenísima, la Odisea es buenísima y la Ilíada más aún. Y esto no lo ha decidido ningún académico. Lo han decidido siglos de lectura, de comentarios, de relecturas y de presencia en el mundo.
Lo que ha pasado es que se ha perdido de vista la dignidad estética del objeto literario. Sobre los problemas sociales, un buen reportaje es más útil que algunos libros, eso es cierto; pero en un buen Balzac hay problemas sociales y buena literatura al mismo tiempo, aunque sea más difícil o más largo. Ocurre que en la Universidad se enseñan estas cosas y contaminan incluso los premios literarios, por falta de contacto con valores literariamente sólidos. He citado la literatura, pero habría que añadir a Maquiavelo y a Descartes, en fin... Hay autores que hay que conocer. Y ahora parece que no haya nada que sea imprescindible conocer para licenciarte en Humanidades. Y otra cosa: empieza a haber gente que no cree que haya que leer libros durante una carrera de letras.
Se leen manuales que contienen resúmenes y eso permite hablar de la obra en un examen. Nadie se plantea leer unos 70 libros al año. Y se puede. Eso sí, hay que dedicarse a ello. Yo he vuelto este año a la Universidad y he decidido pedir la lectura de sólo tres libros y muy generales: Civilización de Kenneth Clark; La literatura en peligro, de Todorov, y una antología de textos. Eso lo leerán. Prefiero ser práctico a proponer una decena de libros y que no lean ninguno. Tampoco tienen dinero para comprar muchos libros. Las carreras de letras se han proletarizado mucho. En un 90% son gente con pocos recursos económicos y esto dificulta comprar libros, ir al teatro, a conciertos, lo que les daría la formación global que necesitan. Aquí es donde entra la urgencia de una buena política de becas para estudiantes universitarios: un escaso 0,01% del PIB en España, contra un 0,25 de media en Europa.
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Biografia:
Jordi Llovet ha sido catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, donde ahora imparte algunas clases, pese a haberse jubilado. El pasado año publicó Adiós a la universidad (Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores) que acaba de ser reeditadoal tiempo que salía, en la misma editorial, Brins de literatura universal, una selección de notas publicadas previamente en el suplemento Quadern, de la edición catalana de El país. Se define a sí mismo como un profesor, amante de la educación y del lenguaje. Alguien que, a lo largo de su vida, sólo ha sabido estudiar, aprender y enseñar.
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NOTAS.-
El resaltado en granate de la entrevista, es mío. También los enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón], imágenes y vídeos de diversa procedencia son aportados por EQM. Así como, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.
Ayer, presumiblemente en las horas de la madrugada murió en su casa de Madrid, José Luis Gutiérrez, ‘El Guti', para todo el mundo. Aprovecharé la licencia que la muerte nos da para deslizarnos por el ditirambo que la transición la hicieron dos Gutis: Manuel Gutiérrez Mellado y José Luis Gutiérrez Suárez. Me abstendré, sin embargo,-aunque solo sea para no incurrir en el decálogo de Espada en materia de obituarios-, de escribir "yo lo conocí en 1982... La última vez que hablamos", and so on.
Sí diré que era un periodista que tenía algo de tractor, una personalidad arrolladora en un físico que era infraestructura muy aparente para aquella torrentera. Escribe Gistau en acertada imagen sobre las manos metalúrgicas, grandes y fuertes del Guti, que le hacían pensar en un destrozo de teclados de ordenador. Hoy, en El Mundo, Víctor de la Serna le hace una cumplida necrológica. Alguna vez he citado su nombre como un contraejemplo de la tendencia dominante al tonto tópico en la escritura de los periódicos, a la metáfora moribunda, que decía Orwell. El las pescaba a caña y coleaban todavía vivas en la tinta del periódico. De repente, en una crónica sobre el congreso de los socialistas vascos de 1987, te saltaba en su columna la siguiente: "Txiki Benegas paseaba por el congreso con la impavidez facial del rodaballo"
Aún recuerdo aquella foto del 82, (echen un vistazo a su blog, ya que están ahí) bromeando con Felipe González dos meses antes de las elecciones que lo levaron a la Presidencia del Gobierno levitando sobre 202 diputados, y antes de que las cañas se tornaran lanzas. Años después, tampoco sorprendió que perteneciendo ya al clan de los desafectos al felipismo que la prensa amiga bautizó como ‘el sindicato del crimen' (Pedro J. Cela, Paco Umbral, el Guti, Anson, Raúl del Pozo, Sebastián y algunos otros) ‘ligó' con la ministra de Cultura de González, Carmen Alborch, que fue su pareja sentimental durante varios años.
Se nos ha muerto con la rapidez y eficacia que solía poner en todo cuanto hacía. Era un buen tipo, generoso y afable y había en su radical defensa de su independencia periodística, una cualidad de fin de raza, una majestad de dinosaurio, especie que se extingue irremediablemente. Que la tierra le sea leve.
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José Luis Gutiérrez, un periodista de los de entonces
José Luis Gutiérrez, El Guti (Busdongo, León, 1943), fallecido ayer, formaba parte del paisaje del periodismo de aquellos años que después hemos etiquetado como la Transición. Inventor de su propio personaje, se valió de una fotografía a todo color para hacer cundir la idea de que había tenido un pasado juvenil de obrero siderúrgico. Le ayudaba una fortaleza física capaz de triturar la mano flácida y sudada de aquellos dos periodistas de tez pálida y lechosa, voz atiplada y ademanes percutientes de predicador mormón, a los que luego frecuentaría en el club de la AEPI (Asociación de Escritores y Periodistas Independientes), conocida enseguida por el sobrenombre de sindicato del crimen.
En aquel Madrid de aquellos tiempos, El Guti cambiaba la seda por el percal y alternaba la tertulia para despistar colegas con la entrega temeraria al oficio en busca de la noticia que llegara más allá. Eran los principios y ya se sabe que el el principio era el verbo. La palabra era un arma cargada de posibilidades y con capacidad de arrastre y seducción. Pronto al esperpento, dotado para la imitación estridente, versado en las artes dialécticas de la intimidación, respetuoso con el trabajo bien hecho, admirador de los grandes de la literatura y del periodismo a los que había leído con provecho.
El Guti era un solitario que estuvo muchas veces muy bien acompañado para desconcierto de los petimetres adoradores de Raphael y sus tamborileros. Cuidaba sus textos periodísticos, con deliberada voluntad de estilo y pretensión de cultismo literario. Los grandes reportajes, las entrevistas de postín de la época de Cambio 16, semanario al que se incorporó en 1975 en las postrimerías de Franco, y de Diario 16, al que llegó en 1980 como subdirector, pero también los recuadros de pequeño formato que firmaba como Erasmo.
Tenía su propio ámbito de solitario pero aparecía siempre a tiempo por el Gijón y sus aledaños para encontrarse con los del oficio, con Raúl del Pozo, Carmen Rico Godoy, Cuco Cerecedo, Alfredo Mañas, Jean Louis Arnaud, Andrés Carabantes, José Antonio Novais, Walter Haubrich, Ricardo Utrilla, Xavier Domingo, Óscar Caballero, Onésimo Anciones, Perico Beltrán o Manuel Velasco. Procuraba elegir con cuidado sus enemigos y luego cultivaba con esmero esas enemistades hasta extremos de incandescencias paranoicas. Se sentía perseguido y en cualquier encuentro fortuito daba enseguida cuenta muy detallada de esas persecuciones.
Exhibía ademanes de rudeza y mañas rebuscadas de intelectual, verbosidad amenazante y complicidad afectuosa al colega en dificultades, apariencia tosca y finura de analista financiero. El Guti había creado publicaciones de éxito, por ejemplo, La Guía del Ocio, se decía que con un socio tan especial y deseado como Florentino Pérez. Después puso en marcha la revista Leer, dedicada a la literatura y a los autores. Ahora había dado también en editor, con una nueva colección que llamaba Artículo XIX.
Tenía especial aversión a los mequetrefes, que al percibir su mirada se aterrorizaban. Pero era más el ruido que las nueces y no se le conocen broncas con final en comisaría. Mas allá de las apariencias que podían amedrentar, en las tertulias de café se comportaba de forma comedida. Sus amenazas, que presentaba siempre como reacciones defensivas, se quedaban allí donde habían sido pronunciadas sin ninguna trascendencia. Siempre terminaba en el comedimiento. Compañero generoso para celebrar la chispa y el ingenio de los amigos. Elemental pero trabajando con la tercera derivada. El Guti formaba parte del paisaje.
PARA enterrar cuanto antes al periodismo convencional, el que está hecho de tinta, sudor y sangre, los apocalípticos gurús de la posmodernidad dicen que está herido de muerte por las nuevas tecnologías y que le quedan tres telediarios. Yo creo que aún nos esperan muchas mañanas de ver volar los pájaros de papel en el cielo de la libertad, y hasta es posible que en ellos se publique el obituario de alguna ciberburbuja, pero hoy no queda más remedio que vestir luto anticipado por uno de los tipos que con más nobleza han luchado por esa difícil supervivencia.
José Luis Gutiérrez era uno de esos periodistas que viven el oficio como atravesados por el rayo de una pasión indómita; un torrente de instinto y vocación que se desbordaba por las redacciones con una energía vehemente, rebelde, contagiosa. Su ímpetu arriscado dignificó la causa de la prensa libre y su impulso derribó barreras de silencio y levantó escándalos escondidos bajo la alfombra del poder.
Vivió tiempos fronterizos, soportó penurias y presiones, se fajó con políticos cesáreos y toreó a editores iluminados. Jamás se aflojó, jamás se achantó, jamás se encogió; plantado como un árbol solitario y recio del páramo leonés, aguantó sin torcerse los vientos que desgastaron su osamenta de hombrón y endurecieron su alma de quijote. Nunca encontró enemigo real o imaginario capaz de resistir el desafío de su bravura.
Tenía el Guti una fachada intimidatoria y metalúrgica que los años apenas habían amortiguado en un cierto dandismo, una coquetería jubilar que reforzaba últimamente con un forzoso bastón, secuela de un atropello que él atribuía a conspiratorias fuerzas de un incierto lado oscuro. Su humanidad atrabiliaria y peleona escondía un humor amigable y una irredenta ternura.
Era de una coherencia terminal en los afectos y en los rencores; exaltado, vigoroso, gruñón, generoso, arrebatado, frontal, se acaba delatando en su sonrisa franca como un sentimental con el blindaje cuarteado. Refinado en lecturas, gustos y compañías, conservó siempre de su origen obrero un concepto rocoso de la camaradería, la solidaridad y el compañerismo.
De aquel convulso Diario16de los noventa, que dirigió en medio de una extenuante y precaria agonía empresarial, queda la cosquilla de un bucle melancólico que impregna la conciencia de todo el que estuvo a sus órdenes. Fue un ámbito de libertad sin cortapisas y una aventura romántica, idealista, autogestionaria.
Él se recicló del fracaso como editor de una excelente revista cultural y desempolvó su brillante pluma de experto cronista para reinventarse en un género de análisis hermético, conceptual, sintético, casi epigramático, que firmaba con el ilustrado seudónimo de Erasmo. Así, con un remansado guiño de intelectualidad crítica, quiso cerrar su bizarro círculo de rebeldías; y así le recordaremos sus amigos en la memoria de su bendito elogio de la locura.
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NOTAS.-
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"Rajoy sí habla, sí tiene presencia en el Parlamento, lo que pasa es que no tanto como los medios piden, unos medios "muertos por el cambio tecnológico" que exacerban la opinión, buscan el follón permanente... Ahí está el icono Mourinho... Importa más lo que dice que lo que hace... No le van a marcar el paso al presidente..."
La situación de la basura mediática española está a la altura de la Champions League, como casi todo lo que ha pasado por el periodo desintegrador y catastrófico de ZP en el País de las maravillas.
Llevamos años desayunando, comiendo y cenando en compañía de televisiones y periódicos que se dedican a sacarles las entrañas a unos u otros con el fin de que nosotros hagamos la digestión a gusto. De entre los desentrañados los hay cómplices de la barbarie porque comen gracias a sus propias vísceras que, en la mayoría de los casos, son inventadas, formando parte de un guión de falsos chuches que, a su vez, hacen las delicias de una clientela que no se sabe si es más lerda que amoral.
Pero hay otros cientos de damnificados que no han hecho nada para merecer eso y que son perseguidos y linchados junto con sus familias y amistades, horadando su derecho a la intimidad, al honor, a la confidencialidad, al respeto, a la tranquilidad y a todo lo que vds se puedan imaginar, en presencia, si llega el caso, de sus propios hijos menores, a los cuales, después, pixelan el rostro. De cómo ese ciudadano que tenía el techo bien cubierto, ha sido acristalado de cuerpo entero.
Todo gratis total. Sin responsabilidad alguna. Gracias al endiosamiento de una libertad de expresión endemoniada que ha convertido al cuarto poder en una suerte de megáfono del linchamiento permanente de todo aquel que, sin necesidad de ponerse por delante, les produzca el repugnante lucro que ansían.
Hasta ahora el negocio tenía un umbral que respetaba determinadas castas, sencillamente por la razón de que eran consideradas como integrantes del mismo sistema que facilitaba la agresión a terceros. Pero, afortunadamente para tocar fondo, la incesante crisis también ha acabado con tales excepciones: jueces, políticos, periodistas, financieros, aristocracia, clero y progresía artística, entre otros, han sido vertidos en el sumidero para su trituración indiscriminada. Y con la ilegal e inmoral muerte del secreto de sumario, ya no se salvan ni los servicios de inteligencia y la materia reservada ha saltado por los aires.
Como estamos viendo estos días, la muchachada del 15M se ha incorporado al despiece social y, del Rey abajo, ninguno está libre de ser libremente amortizado a beneficio todos aquellos que se enriquecen con la vileza. En estos momentos, la Jefatura del Estado, la Reina, los Presidentes del Tribunal Supremo y del Constitucional, el Presidente del Banco de España, el Parlamento, la democracia, los partidos, las Fuerzas de Orden Público, los funcionarios, etc, son objeto del escarnio y la mofa continuada sin que a nadie se le mueva un pelo.
Por eso me ha parecido espectacularmente positivo el artículo de Jaime del Burgo, que les acompaño, a propósito de los años que lleva en la picota mediática su reciente esposa, Telma, una de las hermanas de Letizia, por el mero hecho de serlo. Y eso que a mí el matrimonio principesco siempre me ha parecido un soberano error inmensamente acorde con los tiempos que corren.
También quiero subrayar que no comparto en absoluto todo lo que se dice en el texto: se equivoca tontamente al disparar contra Wikipedia o Internet porque los instrumentos son inocentes. Pero el resto es canela fina. Verdades que deberían ruborizar al mismísimo diablo. Y que están escritas con esa indignación que muchos compartimos. Con mucha claridad, para que todo el mundo lo entienda.
Mientras el verdadero poder de este país no restaure, bajo severas penas por incumplimiento, el respeto a los demás y la presunción de inocencia del ciudadano, aquel ya viejo chiste de que un día nos levantaremos y no habrá calles, acabará siendo un hecho cierto. De momento ya comienzan a cortarlas, impunemente, un día sí y otro también.
Los criminales abusos, pues, no han sido sólo económicos. Las violaciones mediáticas, sin distinción de género, han contribuido, inmoralmente, lo suyo.
Jaime Del Burgo en El Mundo, 130512. Vía foroloco.
LA CONSTITUCIÓN establece un límite frente a las libertades de pensamiento, expresión, creación artística o cátedra: el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia. Artículo 20, diáfano. Y sin embargo, la Justicia lo ignora en la mayoría de las sentencias que dicta. En España todo vale. El coste de esta ignorancia judicial es ya muy alto. Lo sabe el que como yo ve las cosas desde fuera y visita su país tras períodos prolongados de ausencia, que es cuando realmente aprehendes los cambios que van teniendo lugar.
Internet es un vomitorio público. Se fomenta el empleo de Wikipedia; enciclopedia la llaman, creada por analfabetos enciclopédicos. Cualquiera puede injuriar a cualquiera en la red, oculto bajo falsas identidades electrónicas que imposibilitan su localización policial: los cibercafés y las direcciones IP de establecimientos públicos actúan como coladeros. La falsedad vertida por los medios basura encuentra eco inexplicable en otros que no lo son tanto -o que no lo eran en absoluto-, y así una cadena de eslabones queda colgando del espacio para siempre. Aunque uno logre desligarse del primer eslabón difamatorio es imposible en la práctica lograr en el resto de los eslabones la eliminación del contenido replicado de sus respectivos servidores, alojados mayormente fuera de las fronteras de España y, por tanto, de su jurisdicción.
Las revoluciones del progreso conllevan también retrocesos en otros órdenes. La industrial se saldó con millones de personas explotadas y un ecosistema atacado de manera artificial por primera vez en la Historia; la revolución tecnológica de hoy se salda con la extinción del derecho inalienable que tenemos al disfrute de espacios de intimidad personal. En pocos años se masificarán los instrumentos que hoy existen en los ámbitos militar y de inteligencia para observar a través de las paredes, y escuchar conversaciones a kilómetros de distancia, gracias a la reverberación de las ondas que nuestra voz provoca en los objetos.
El mercadeo de información confidencial de suscriptores entre los grandes operadores de internet es un hecho. De ahí que las ofertas que recibimos sin demandarlas cada vez casen mejor con nuestras tendencias. El año pasado, el 16% de las ventas totales de internet, cifradas en Estados Unidos y Europa en 370.000 millones de dólares, fueron generadas gracias a este método inducido. No hay ya correspondencia segura al alcance del ciudadano de a pie; el ordenador desconectado de la red es fiable. La misma energía que empleamos en crear propiedad industrial o intelectual, la invertimos en tratar de protegerla.
Los gobiernos y las corporaciones lo saben todo de cualquiera, no así al revés. La difusión de las vidas privadas de la gente en patios de vecindad como Facebook le causa al discreto vergüenza ajena. Esta pérdida de la intimidad consentida o violada llevará a que el derecho a la propia imagen sea letra muerta en un texto fundamental que, en el caso de España, la generación anterior plasmó sin imaginar el mundo al que habría de enfrentarse apenas tres décadas más tarde, no digamos al que está a las puertas. En España la crónica social funciona como una mafia. Lo es porque está organizada y emplea métodos criminales en la consecución de sus objetivos.
Soborna a empleados de compañías aéreas para conocer el destino de sus perseguidos, de telefonía para localizar terminales, de hoteles, restaurantes, clínicas y centros de ocio. La práctica del soborno es sofisticada, imaginativa e interactúa, lo hace como si se tratara de un gigantesco entramado neuronal que se retroalimenta. El soborno mueve al paparazzi, que no es fotógrafo sino cualquiera que se haya hecho con una cámara y un teleobjetivo. No son precisamente Bresson o Seymour, son zarrapastrosos que venden la imagen no consentida a su agencia, la publicación la compra en contra de lo que dicta la ley y alguien redacta una historia con la mentira más vendible que su imaginación le dicte.
Muchos artistas y otros que aspiran a serlo juegan a ser ratón del gato, se saben ratones y gozan con ello. Necesitan publicitarse para vender lo que quiera que hagan. A otros sencillamente les vence su vanidad o su deseo legítimo al reconocimiento público. No es cierto que el que no quiere no sale: los hay que no queriendo salen, y los hay que no consiguen que los saquen, aun ansiándolo desesperadamente. Pero hay una línea divisoria que debe atender la Justicia. La línea que separa a quienes se han lucrado vendiendo episodios de sus vidas privadas y aquellos que no lo han hecho nunca y así lo han dejado claro. Nuestra imagen nos pertenece.
Por ello Google y otras compañías borran los rostros de la gente en las aplicaciones de software donde las personas se ven implicadas. Es inevitable que unos a otros se fotografíen en espacios públicos. Lo que la Justicia debe evitar es que un ajeno pueda obtener beneficio económico de lo que forma parte consustancial del otro: su imagen y el reflejo de ella en el desenvolvimiento en su vida privada.
Los que mueven los hilos de la basura son quienes deciden cómo y cuándo convertir a la persona en personaje. Son una veintena de familias, desconocidas para el gran público, que viven en lo alto del vertedero. Salvo excepciones contadas, en España los hijos o hermanos de los políticos no aparecen en la farándula. Mucho menos los de los dueños de la prensa canalla. Quizá, digo quizá, si surgiera una publicación que se dedicara a exhibir los pormenores de las vidas de los familiares en primer grado de estas clases, el escenario cambiaría.
¿Acaso los primeros no gozan también de la cualidad de personaje público o personaje con proyección pública que algunos tribunales han impuesto en otros casos? ¿Y si los segundos se ganan la vida exhibiendo las ajenas, no tendrían también los demás, en reciprocidad, el derecho a desenmascararlos y a hacer lo propio con ellos? ¿Qué pensarían entonces los que se creen intocables bajo la impunidad que les otorga un poder judicial arbitrario, contradictorio y débil? Para terminar, si hay una vida que debería revestir este carácter de publicidad y contaminación familiar, ésta es la del juez. Cómo ignorar la cualidad de alma ejemplar de aquel que reclama para sí nada menos que la prerrogativa de juzgar a sus congéneres. Falta empatía.
TELMA ORTIZ ha hecho lo imposible en defensa de su derecho al honor, a la intimidad y a su propia imagen. Telma es valiente y obstinada en el empeño. Ha librado su particular batalla contra la podredumbre mediática que se ha ido extendiendo en la España cainita en perjuicio de la salud mental colectiva y del nivel educativo de las nuevas generaciones. La educación de hoy hará la sociedad de mañana. Medios y educación es hablar de lo mismo, y francamente no conozco un país del mundo desarrollado donde el sistema mediático presente semejante degradación moral y empobrecimiento de contenidos.
He sido testigo del acoso sufrido por Telma y otros miembros de su familia, aunque ya no estén aquí para contarlo. Soy testigo de lo que le supone a una madre no caer en la provocación cuando un delincuente coloca una cámara a 10 centímetros del rostro de su hija pequeña y le susurra al oído crueldades de persecuciones temerarias cuyo riesgo es cobrarse la vida de un transeúnte al precio de una fotografía movida, de entorpecerle el camino, de sitiarle la casa día y noche relevándose por turnos de ocho horas. Le han llegado a decir: «Ya sé que te estoy destrozando la vida», para a continuación darle las gracias por servirle de sustento. Así de literal y de enfermizo.
De este atropello soy testigo hace casi una década, y ojalá hayamos puesto un punto final haciendo suya mi residencia en el extranjero. Si hay alguien en España que ha dicho alto y claro en muchas ocasiones, ante diversas instancias y enfrentándose a Goliat, que la dejen vivir en paz, ha sido Telma, mi esposa. Ahora ya no estará sola en la defensa de su derecho constitucional, aunque nos lleve años y terminemos pidiendo el amparo de la Justicia internacional, donde la congruencia de su legislación y jurisprudencia le dará la razón, porque la tiene. Como la tiene el resto de los discretos violados por quienes permanecen impunes en lo alto del vertedero.
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Esas ganas de ser más que los demás aunque no tengas donde caerte muerto. Ese aparentar que eres distinto porque te puede tu vulgaridad. Ese vivir pendiente de tener y ostentar más que el vecino, sin más fundamento que la ensoñación. Esa ansia viva de exhibir tus peculiaridades, cuando son sólo tan relativamente identitarias como las de los demás.
Y ese estar dispuesto a hacerlo aun a costa de rebajar el bienestar de los tuyos. Pagando, por ejemplo, millones de euros para que en Valencia aprendan el catalán los que ya sabe valenciano. Abriendo embajadas cuando deberían ser suficientes las españolas. Pagar festivales de 'sardanismo' en Grenoble [2011]. Y reduciendo la atención sanitaria.
La sardana, aparecía alegremente en las pantallas de cine de la posguerra, como muestra de una 'singularidad musical catalana' que, en realidad, se trata de un género no exclusivo de Cataluña y de tiempos, en su actual conformación musical, bastante recientes. Por tanto, resulta rigurosamente incierto que tal danza fuera perseguida foribundamente por la dictadura de Franco. Antes al contrario, como digo, se propició su folclorismo de fácil arraigo y 'tradicional ritmo evocador'.
"[...] un domingo cualquiera, en el que toda la familia, siguiendo una típica tradición barcelonesa, acude al Parque de la Ciudadela para distraerse con el ritmo evocador de la sardana [...]"
La «ofensiva» catalana empieza por los trenes. La Generalitat de Artur Mas llevaba días anunciando una respuesta a la «recentralización» del Estado que, en su opinión, se desprende de las últimas medidas que ha tomado el Gobierno de Mariano Rajoy. Ayer explicó finalmente que lo primero que piensa hacer es promover un control sobre todas las infraestructuras de envergadura que apruebe el Ejecutivo central.
La fórmula que propone la Generalitat es un tanto alambicada. Piensa impulsar en el Parlamento catalán un acuerdo entre varios grupos -cuantos más mejor- para pedir que «cualquier inversión en infraestructuras incorpore un estudio riguroso de coste y beneficio», porque «el único argumento que justifica esas inversiones es su retorno económico y, por tanto, social, sobre todo en un momento en que los recursos públicos son escasos».
El anuncio del Gobierno catalán llega justo después del enfrentamiento entre el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, y el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, que calificó de «catástrofe» que el Gobierno impulse un AVE hasta esa región. La respuesta de Monago fue airada: «Si tens collons, dímelo a la cara».
Con esta iniciativa, y con el resto de la batería que aprobó ayer, la Generalitat espera que la sociedad española tome conciencia del «agravio comparativo» que denuncia entre las inversiones en infraestructuras en Cataluña y las que se hacen en otras comunidades. Con la misma intención, el presidente catalán envió hace unos días a Rajoy una carta en la que le pide «homogeneizar» los peajes en las autopistas y autovías de toda España.
Si hay que acabar con las duplicidades que plantea el Estado autonómico, cree la Generalitat, mejor empezar por la Administración central. El Gobierno catalán propone, por ejemplo, que el Estado adelgace su estructura «claramente sobredimensionada» en materia de educación, cultura, sanidad, servicios sociales o vivienda. «Si algo sobra aquí es la grasa excesiva que hay en la Administración General del Estado», dijo el portavoz de la Generalitat, Francesc Homs.
Pero, en general, la minuciosidad con la que el Govern había preparado la comparecencia de ayer no desembocó en medidas de una gran contundencia. Como ya se intuía, la mayor amenaza en firme contra el Gobierno consiste en llevar ante el Tribunal Constitucional (TC) los decretos sobre educación y sanidad que lanzó Rajoy para recortar 10.000 millones de euros.
La Generalitat pedirá un dictamen al Consejo de Garantias Estatutarias -el Constitucional catalán- porque considera que el decreto de educación invade competencias sobre la determinación de la jornada lectiva del personal docente, y seguirá el mismo procedimiento con el de sanidad. Si esos informes le dan la razón, recurrirá los textos ante el TC.
Preguntado por si no supone un contrasentido que la Generalitat vaya a pedir amparo ahora a un tribunal tan vilipendiado cuando emitió su sentencia sobre el Estatut, Homs dijo que, de momento, había que adaptarse «a estas reglas del juego», pero añadió: «A lo mejor deberíamos tomar [en Cataluña] la decisión colectiva de no llevar nunca nada al Constitucional».
En cuanto a la ofensiva que anunció contra la flexibilización de las televisiones autonómicas, es más política que jurídica. El portavoz del Ejecutivo catalán criticó que supone otra «invasión» de las competencias catalanas, recordó que la Generalitat se opone a una eventual privatización y añadió: «TV3 y Catalunya Ràdio son líneas rojas, intocables, y el Govern no permitirá que con la excusa de la crisis se trate de interferir en ellas desde Madrid».
Otro gesto más bien simbólico fue el anuncio de que el Gobierno catalán remitirá al central un «requerimiento formal» para que haga efectivas las sentencias que «incumple» relacionadas con Cataluña, como el traspaso del 0,7% del IRPF para fines sociales, los recursos de FP o las becas.
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NOTAS.-
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"[...] Quiero tener techo pa vivir ratonera de mis sueños, en mi cuarto el mundo entero y un florero de jardín. [...]"
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Dime de qué se trata que yo me opongo
El lunes estuvo el Presidente del Gobierno en 'Herrera en la Onda' e insinuó la probable ayuda pública a BANKIA a base de préstamos. Lo que supuso la pronta dimisión de Rodrigo Rato por el qué dirían las malas lenguas si quedaba a la espera de tal crédito, habiendo sido Vicepresidente del Gobierno popular de Aznar. Dicho y hecho: al toque, salió presto el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, a manifestar:
que los ciudadanos no entienden que "haya dinero para la banca y no para sanidad o educación. Como no entiende ningún pensionista que ahora les obliguen a parar por sus medicinas".
Con 'llamadme Alfredo' hoy -pero mañana de vd o quién sabe- es posible cualquier cosa/causa. Estos socialistas parecen como niños que no se dan cuentan de lo que hacen, pero la realidad es que se lanzan como hienas al menor atisbo de mermar en su provecho, aun a costa de decir lo contrario de lo que se piensa. O sea, mentir.
Bankia tiene 10 millones de clientes -¡entre los que confiesa encontrarse el propio Pérez!- y, por tanto, el préstamo al banco es un salvavidas, sobre todo, para todos ellos, los impositores. De esa cantidad de población enganchada, si seguimos la tenebrosa ciencia estadística, al menos 5 millones han votado a Rubalcaba quien, cuando llegó a casa, se encontró con el consiguiente rifirrafe, imagino:
- Alfredo, después de la barbaridad que has dicho, mañana sin falta te acercas y cancelas la libreta! - ¡Pero si fue un decir! - ¡Pues en teniendo que ir a ca Herrera mismamente mañana, vas y te desdices!
Efectivamente, pocas horas después, llamadme como queráis ha cumplido el mandado en el mismo programa de Carlos Herrera, de Onda Cero:
"Yo tengo mi dinero en Bankia y no voy a hacer nada con mis ahorros". "Los ciudadanos pueden tener la tranquilidad de que no hay un solo euro que van a perder en este proceso de transformación del sistema financiero que es necesario".
Cada día se explican mejor los 40 años de franquismo.
La posibilidad, que se conoció ayer, de que Bankia reciba dinero público permite hacerse una idea clara del sistema de comunicación socialista. Veamos la secuencia.
1. El presidente Rajoy, en entrevista con Herrera, insinúa que el próximo viernes alguna entidad financiera recibirá dinero público.
2. Rodrigo Rato anuncia su dimisión como responsable de Bankia. Se deduce que será Bankia la entidad financiera que recibirá ese dinero público.
3. El jefe de la oposición declara de inmediato que no comprende cómo el gobierno da dinero a los bancos y se lo quita a la sanidad y la educación, y que ya está bien.
4. Al día siguiente, y otra vez donde Herrera, el jefe de la oposición declara que el gobierno tiene la obligación de salvar a Bankia de la quiebra, e incluso añade la nota de color de que él tiene su dinero allí.
5. Pero el bien ya está hecho.
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Un rescate para Bankia
La dimisión de Rato facilita la gestión del grupo tras una inyección masiva de fondos públicos
La delicada situación financiera de Bankia, cuyos balances están lastrados por activos inmobiliarios depreciados por importe de casi 32.000 millones, tomó ayer un nuevo rumbo con la dimisión de su presidente, Rodrigo Rato, después de dos años de gestión al frente de CajaMadrid primero y el grupo Bankia formado a partir de ella después, y el reconocimiento por parte del Gobierno de que se está preparando un plan para inyectar dinero público en Bankia.
Ya no cabe duda alguna de que la reforma financiera propuesta por el Gobierno a primeros de año, que suponía un aumento de las provisiones sobre los activos inmobiliarios, no ha surtido los efectos deseados. Más bien ha prolongado la agonía de la banca española frente a la creciente desconfianza de los inversores internacionales y ha maquillado durante meses la mala situación de varias entidades financieras, cuyo caso más grave es Bankia. Tras meses perdidos por las dudas, Rajoy y Guindos se aprestan a resolverlo.
La dimisión de Rato es plenamente coherente con el panorama actual. El ex vicepresidente económico fue la persona adecuada para desplegar relaciones y pilotar la conversión de una caja en banco y acelerar su salida a Bolsa. Llegados al punto actual, el presidente del Gobierno parece haber caído en la cuenta de que no habrá solución para la crisis española si no se sanea Bankia, objeto de sospecha para todos los mercados de inversión europeos. Rajoy ha intervenido sin duda para facilitar el cambio en la gestión y Rato ha engrasado la transición proponiendo a José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero delegado de BBVA. Rato declaró ayer que presentó su renuncia por "estimar que es lo más conveniente para esta entidad". Y por ende, cabría añadir, para el conjunto del sistema financiero español.
La Bankia actual tiene que luchar por su supervivencia.
Y si el Gobierno debe inyectar miles de millones a la entidad, también resulta más defendible ante la opinión pública que no se sitúe al frente alguien que compartió mesa en el Consejo de Ministros de Aznar con los actuales responsables políticos. Por otro lado, la salida de Rato es congruente con el derecho del Estado a cambiar el equipo de gestión de una entidad en caso de participación pública en su capital. No se entendería un rescate público sin que el Gobierno participase, con mayor o menor intensidad, en las decisiones del grupo al que se presta el dinero, sea en calidad de crédito o, con más razón, en calidad de capital.
El brusco cambio de dirección en Bankia puede dar una pista sobre las medidas bancarias que pretende tomar el Gobierno el próximo viernes; si se plantean cambios directivos, pocas dudas caben ya de que empeñarán dinero público en el saneamiento bancario. Los detalles de la nueva reforma bancaria no se conocen todavía y son imprescindibles para valorarla. No es lo mismo inyectar dinero público en el capital de Bankia (o en otras entidades, como las cajas gallegas) que hacerlo en la sociedad inmobiliaria que se haga cargo, de forma individual o colectiva, de los activos tóxicos del grupo. No es lo mismo aportar un crédito, con su interés correspondiente, que entrar directamente en el accionariado del banco; en el segundo caso se obtiene el derecho al entrar en el Consejo de Administración y en el primero no. No es igual rebañar dinero de la Hacienda española que recurrir al capital (también público) del Mecanismo de Estabilidad Europeo o del FMI.
En cualquiera de los casos, admitido que el dinero público es el último recurso para sanear Bankia (y con él, el sistema financiero español), es imprescindible que los recursos de los contribuyentes obtengan, como contrapartida, el derecho a que el Gobierno ejerza un control estricto sobre los bancos salvados.
Algunos aseguran que Rodrigo Rato se ha despedido con la célebre frase de Estanislao Figueras cuando dijo aquello de «estoy hasta los c de todos nosotros» poco antes de dimitir como presidente de la I República. Otros afirman que el titular de Bankia ha dejado su cargo más presionado que el mismísimo Pep Guardiola pero, claro está, con muy peores resultados.
Probablemente todos tengan su parte de razón porque Rato se ha marchado harto ya de estar harto y después de que Luis de Guindos le conminara a una profunda reconversión de la estructura corporativa de su entidad como condición indispensable para que el Banco de España acudiera en socorro del soldado Bankia. Los más de 30.000 millones de euros en activos inmobiliarios pesaban como una losa sobre las expectativas de rentabilidad de una entidad sistémica y esencial en el desenlace de la gran reforma financiera proyectada por el ministro de Economía.
Entre los cambios auspiciados por el Gobierno sobresalía la necesidad de incorporar a José Ignacio Goirigolzarri en calidad de primer ejecutivo con el cargo de consejero delegado, pero ni Rato quería ser un chairman encargado de vestir santos en Bankia ni el flamante fichaje estaba dispuesto a repetir la experiencia de segundón que le llevó a salir del BBVA con un «adiós muy buenas» y una indemnización multimillonaria de las de antes de la crisis.
El relevo efectivo y con todas las consecuencias en la cúpula de la cuarta entidad financiera del país equivale en todo caso a un golpe encima de la mesa por parte de Mariano Rajoy. El fin de semana ha sido de órdago para el presidente del Gobierno, quien finalmente se ha decantado por apoyar a su ministro frente a los planteamientos del que fuera su gran adversario en la carrera por la sucesión de Aznar al frente del Partido Popular. Rato se había labrado un enorme ascendente ante Rajoy pero no el suficiente para doblegar la estrategia de Luis de Guindos, que ahora sube muchos enteros en su objetivo de reestructurar por las bravas el sector bancario y de cajas de ahorros en España.
El Ministerio de Economía ha cogido definitivamente el toro por los cuernos para tutelar al Banco de España y que el Banco de España tutele a Bankia. La salida de Rato tiene todas las trazas de una intervención tácita o encubierta que será culminada cuando dentro de unos días se oficialice el plan de saneamiento de la entidad con una aportación del FROB de hasta 10.000 millones de euros adicionales a los casi 4.500 que todavía tiene que devolver . Las nuevas ayudas se canalizarán mediante los célebres cocos, apodo como se conoce a los títulos contingentes convertibles, un producto híbrido de la ingeniería financiera moderna aceptado por los reguladores supranacionales y que se contabiliza en la partida de recursos propios por el emisor pero es considerado como deuda perpetua para el comprador.
Mediante este invento el Estado podrá sacudirse la responsabilidad directa en la gestión, al tiempo que Guindos da un serio aviso al resto de navegantes que andan deshojando la margarita de nuevas fusiones como las que reclama a voz en grito el Ministerio de Economía. En cuanto al presidente saliente de Bankia la experiencia demuestra que siempre hay Rodrigo para rato y todo sea que Rajoy tenga que volver a enfrentarse con un rival en potencia, una especie de Monti a la española situado, de momento, en la recámara de una recesión que aún no ha tocado fondo.
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Guindos justifica el golpe de mano en Bankia por las presiones de la Comisión Europea y de los grandes bancos
Enfrentado a las tesis menos traumáticas que defendía el núcleo duro del PP, Luis de Guindos ha terminado por imponer su criterio sobre el futuro de Bankia y ha justificado su actitud a partir de la presión que estaba recibiendo de la Comisión Europea y de los presidentes del Santander y del BBVA, sobre todo.
Según fuentes gubernamentales, de las conversaciones que el ministro de Economía ha mantenido en las últimas semanas con los comisarios europeos de Competencia, Joaquín Almunia, y de Economía, el finlandés Olli Rehn, dedujo que tenía que actuar rápido para resolver el problema de Bankia y buscar, además, una respuesta drástica con el fin de despejar las dudas que la entidad suscita en Bruselas, al margen de las que derivan del saneamiento global del resto del sistema financiero.
Los mensajes que Rehn le trasladó a Luis deGuindos fueron muy claros y contundentes: La mayor parte de los países europeos llevan muy adelantado el proceso de saneamiento de la banca y si España quería salir del mismo saco que Grecia, Irlanda o Portugal, debía tomar decisiones urgentes, sobre todo con Bankia. Una tesis muy parecida a la que también ha venido defendiendo en las últimas semanas el Fondo Monetario Internacional.
El comisario Rehn ha colocado a Guindos en más de una ocasión frente al espejo alemán. En este país han desaparecido entidades con un volumen de activos similar al que tiene en España el BBVA. El banco alemán Hypo Real Estate, por ejemplo, ha encarado un saneamiento brutal, con la reducción del 85% de su balance. En Alemania solo queda por limpiar el balance del banco regional de Baviera. La diferencia con la actuación que tuvo Zapatero es que Ángela Merkel dio desde el principio la máxima prioridad a la consolidación de su sistema financiero, algo que no ocurrió en España, en parte también por la pasividad del gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
Ahora, a estas alturas, es necesario encontrar alrededor de 175.000 millones, el importe de los activos inmobiliarios dañados, sin disparar el déficit y la deuda en lo que se antoja una misión casi imposible. El reto preocupa a los principales bancos, especialmente a Emilio Botín (Santander) y a Francisco González (BBVA), que la semana pasada se sumaron a la compañía del presidente de Caixabank, Isidre Fainé, para compartir confidencias con Luis de Guindos y presionarle a favor de soluciones quirúrgicas respecto a Bankia.
El ministro les explicó sus planes y el posible fichaje para la entidad de José Ignacio Goirigolzarri, quien solo aceptó el encargo después de imponer duras condiciones, entre ellas la de convertirse en el presidente de la entidad y remover a todo su consejo de administración y demás cargos directivos que han acompañado desde principios de 2010 la singladura de Rodrigo Rato.
Las mismas fuentes informan que ha sido la dura y larga negociación mantenida entre Economía y Goirigolzarri, ex consejero delegado del BBVA, la que ha retrasado la solución dada a Bankia, a pesar del interés de Guindos en protagonizar este golpe de mano en el fin de semana de finales de abril.
¡De buena te has librado, Nacho González...! Ignacio Nacho González es el vicepresidente de la Comunidad de Madrid a quien Esperanza Aguirre, no se sabe si en un arranque de infinito amor o de exquisita venganza, quiso colocar en la presidencia de Caja Madrid como sucesor de Miguel Blesa. Las obras completas de González en materia financiera caben en la servilleta de un bar de carretera, pero otro tanto cabe decir de Rodrigo Rato de Figaredo, de los Figaredo de toda la vida, que es un brillante, un suponer, licenciado en Derecho, con algún cursillo de algo parecido a Economía en alguna universidad americana. Un misterio la vida de este prohombre de la derecha española.
Se fue del FMI por la puerta de atrás y sin explicación, después de haber puesto todo un país patas arriba para conseguirle el puesto, y por la misma puerta se despide ahora de Bankia, poniendo broche de cartón piedra al currículum de quien pudo haber sido todo y no fue, un personaje con más talento natural que conocimientos y, eso sí, con un exceso de soberbia de la que ha dejado huella, no precisamente buena, allí por donde ha pasado.
Nunca entendí por qué títulos de propiedad o merecimientos había que darle a este galán la presidencia de la segunda Caja de Ahorros española tras La Caixa catalana, aunque en la famélica España democrática de nuestros días los grandes capos de la política se lo merezcan todo a costa de los indefensos ciudadanos que les mantienen con sus impuestos, pero el caso es que el señorito se postuló y claramente reclamó la merced a quien podía concederla, un tal Mariano Rajoy con el que había competido por la presidencia del Gobierno, quien, contra todo pronóstico, accedió al regalo tal vez en pago de alguna deuda pasada o como liquidación y cierre de cualquier débito futuro.
Es difícil imaginar a don Rodrigo sin saber dónde se metía, porque media parroquia sabía cómo estaba Caja Madrid y la otra media lo sospechaba. Su otrora discípulo Luis de Guindos lo conocía tan al dedillo que rechazó la oferta que el propio Rajoy le formuló para hacerse cargo del invento. Listo este prunus cerasus de sabor agridulce: no me voy a la Caja como presidente; prefiero intervenirla como ministro dentro de unos meses.
Ya metido en harina, nuestro héroe prácticamente cerró la compra de Bancaja en una cena, sin preocuparse de menudencias del tipo due diligence y demás engorros. Para Olivas y otros árboles frutales de la arruinada huerta valenciana, la llegada de Rato debió ser algo parecido a la aparición de la Virgen de Fátima en forma de Cid Campeador. Aquello prometía. Prometía ser el desastre que ha terminado siendo, haciendo bueno aquello de que la fusión de dos Cajas malas hace una malísima, una ruina de Caja imposible de salvar incluso para el Séptimo de Caballería disfrazado de Banco Central Europeo.
Don Rodrigo, que sabe poco de empresas y menos de empresas financieras, tuvo que echarse en brazos de un consejero delegado que conocía muy bien Mallorca (Banca March), lo cual hubiera estado muy bien si de gestionar una agencia de viajes en Stuttgart se tratara, pero quedaba como mal cuando la cosa iba de insuflar vida al muerto de Bankia.
¿Un posible Monti emboscado amenazando a Rajoy?
Otros con quienes lo intentó antes le dieron calabazas, que es también, como guindas y olivas, un producto de la huerta. Parece que uno de ellos fue Goirigolzarri, ex consejero delegado del BBVA y tipo conocedor, éste sí, de lo que se trae entre manos. Sería la primera llamada a la puerta del bilbaíno. La segunda ha tenido lugar hace escasas fechas, y de nuevo la respuesta fue no. Seguro de sus posibilidades y liberado de servidumbres con el BBVA, el de la Comercial de Deusto se jugó un órdago: no quiero ser empleado tuyo; quiero tu empleo. No quiero sentarme a tu lado; quiero tu sillón. Acepto la presidencia; desdeño la consejería delegada. En este contexto, es un puro gesto de cortesía, en realidad un acto de caridad cristiana que quienes le han puesto en la calle permitieran ayer a Rato apuntarse el fichaje de Goiri como una libérrima decisión personal.
El problema de Bankia había alcanzado tales dimensiones, tal peligro sistémico para el futuro no ya del sistema financiero sino de la economía española entera, que no ha quedado más remedio que quitar el tapón que impedía desatascar las cañerías de un eventual saneamiento. Lo ha hecho el Gobierno tarde, mal y nunca, porque el señorito tenía -¿tiene?- mucho predicamento en las filas de la derecha conservadora y en Moncloa parece que le tenían -¿tienen?- mucho respeto, al punto de que alguno llegó a temer en él a un posible Monti emboscado y a la española.
No ha sido. No será. Sic transit. Haber metido dinero público nuevo en Bankia sin haber cesado a su presidente, hubiera sido un escándalo de proporciones mayúsculas. Nunca supimos por qué se le dio la presidencia de Bankia y nunca tampoco sabremos por qué se la han quitado. El ministro de Economía lo ha cocinado todo con los tres grandes banqueros -Botín, González, Fainé- del Reino. Como siempre, desde Viriato a esta parte, la oligarquía española haciendo y deshaciendo a su antojo, de espaldas al pastueño pueblo dizque soberano. Cosas de la "calidad" de nuestra democracia.
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NOTAS.-
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"`[...] este año han pasado muchísimas, muchísimas cosas, que se han escondido por nuestro silencio... [...]"
Saber perder.
El Madrid tiene un entrenador, Mourinho, más contrastado internacionalmente [siete ligas en Portugal, Reino Unido, Italia y España] y con capacidad para poner a la prensa en su sitio. Tiene mejor portero [por bajo]; tiene mejor defensa; tiene peor media; tiene mejor delantera.
Justo campeón, por tanto, contra el mejor Barcelona de todos los tiempos.
Pep Guardiola es como Del Bosque: un buen entrenador de equipos ya hechos. Del Bosque heredó en el R. Madrid el equipazo de John B. Toshack y en la Selección Española el equipazo de Luis Aragonés. Fuera de eso, no se ha comido un rosco.
Guardiola recibió un fabuloso equipo con la impronta de Johan Cruyff y el buen hacer de Frank Rijkaard: dos Ligas (2005 y 2006); dos Supercopas españolas (2005 y 2006); y una Liga de Campeones (2006).
Veremos qué hace Guardiola por ahí, fuera de su nación y de su 'más que un club'.
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'El Septimo de Michigan' [1984]. Interpretado y compuesto por La Polla Records [España, 1979-2003], en su disco Salve [1984]. ♪♪ ♫ elpantojilla.
"[...] Todo controlado; mi petróleo nunca podréis nacionalizar. ¿Va mal el negocio? ¡La caballería! [...]"
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Accionistas y parásitos
Al ciudadano español qué coño le importa que nacionalice Bolivia su red eléctrica. Hay que diferenciar de una puñetera vez los intereses nacionales, de los multinacionales. Los largos 5 millones de parados españoles , en general, les importa una higa los intereses de los accionistas, también multinacionales. Sólo saben que el recibo les explota cada vez más en la manos, pagando deudas energéticas, subvenciones a energías más caras, etc.
Aunque muchos lo desconozcan, aquí se ha estado subvencionando a las empresas españolas, con la excusa de la internacionalización, para que.... ¡externalizaran sus fábricas! Con bases logísticas en el extranjero y demás cariños: en Marruecos, por ejemplo, donde la mano de obra y los derechos sociales brillan por su ausencia.
Así que basta de majaderías. Nuestro Gobierno tiene que luchar porque en España se habran centros de trabajo que contraten trabajadores españoles. Y porque, por ejemplo, el parasitismo chino de inversiones chinas, comercios chinos, trabajadores chinos, beneficios chinos, bancos chinos, etc., en España, pare de una santa vez.
A ver si nos enteramos de las diferencias que existen entre una multinacional 'española' y otra del 'comunismo chino de mercado' [sistemas antes conocidos como fascismos de 'izquierdas'].
O sea, nosotros no nos comemos un rosco y ellos nos parasitan.
El episodio peronista se repite en Bolivia; cauta reacción del Gobierno de Rajoy
Un inquietante bucle se ha apoderado de la actualidad española. Todo vuelve en el peor momento. Regresa la angustia de los años díficiles. Vuelve, con fuerza, la hispánica animadversión a la política. Regresa el malestar en la calle: más difuso que encuadrado en una fuerza con clara dirección política. Vuelven los exámenes ante una distante autoridad europea y retornan unos ecos, lejanos y polvorientos, de la marcha verde, aquella gatuna iniciativa del rey de Marruecos para apoderarse del Sáhara en 1975 aprovechando un momento de gran debilidad de España.
El Primero de Mayo -con manifestaciones dignas de tal nombre en varias ciudades, más numerosas en Barcelona que en Madrid, testimonio de que los sindicatos siguen con vida- concluyó, de manera insospechada, en Cochabamba, altiplano boliviano, al pie de los Andes.
En un gesto de mayor valor simbólico que económico para la empresa española afectada, el presidente boliviano, Evo Morales, ordenó ayer la nacionalización de Transportadora de Electricidad, filial boliviana de Red Eléctrica Española (REE), sociedad participada en un 20% por el Estado que opera el sistema eléctrico español y cuya actividad en el exterior se limita a Bolivia y Perú. Morales, que se enfrenta a un periodo electoral complicado, ordenó al ejército boliviano que tomara posesión de la sede central de la empresa en Cochabamba y anunció la nacionalización como "un regalo a los trabajadores" en la señalada fecha del Primero de Mayo.
El presidente Morales invocó el control de los recursos básicos de su país y acusó a REE de "invertir poco" en Bolivia, uno de los países más pobres de América del Sur. Morales había mantenido hasta la fecha una cordial relación con las autoridades españolas y Bolivia fue objeto de numerosas ayudas económicas durante las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero, que condonó su deuda con el Fondo de Ayuda al Desarrollo.
Horas antes de anunciar la nacionalización, el presidente boliviano inauguró una planta de procesamiento de gas natural propiedad de Repsol, en presencia del presidente de esta compañía, Antoni Brufau. El guión de la jornada estaba perfectamente medido.
La expropiación boliviana cogió nuevamente por sorpresa al Gobierno, que esta vez reaccionó con enorme cautela, intentando no relacionar la iniciativa de Morales con la reciente decisión de la presidenta argentina Cristina Fernández de proceder a la nacionalización de YPF, filial de Repsol en Argentina y titular de valiosos yacimientos de pizarra bituminosa en la zona de Vaca Muerta, codiciados por compañías petroleras de medio mundo.
No hay punto de comparación entre ambas expropiaciones -Transportadora de Electricidad sólo representa el 1,5% del negocio de Red Eléctrica-, pero la señal es inquietante: emulación populista y debilidad de España en Latinoamérica.
El episodio argentino no se halla encapsulado y puede haber provocado una especial excitación en los países del eje bolivariano (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, especialmente), lo cual vendría a dar la razón a las voces empresariales que advirtieron al Gobierno de los riesgos de una sobreactuación política de España ante el régimen peronista.
En los últimos quince días, la bajada de tono ha sido más que evidente y los esfuerzos parecían básicamente encaminados a dos objetivos: conseguir una justa indemnización para Repsol y salvaguardar la XXII Cumbre Iberoamericana prevista para el próximo 12 de octubre en Cádiz, bajo el paraguas del 200.º aniversario de la constitución liberal.
Una cumbre con la que el Gobierno de Rajoy quería relanzar la apuesta de España por Latinoamérica, orientada ahora a un desembarco masivo de pequeñas y medianas empresas en el continente.
Un conflicto de alta intensidad con Bolivia, unido a las tensiones con Argentina, podría comprometer la cumbre de Cádiz, pese a las buenas relaciones de España con México, Colombia, Chile y Perú. El lusófono y poderoso Brasil, a la expectativa.
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NOTAS.-
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Andreu Buenafuente, en su nuevo programa , 'Buenas noches y Buenafuente', apuesta por que nos riamos a costa de la Jefatura del Estado, en la persona del Rey, su hijo Felipe, su nieto Froilán y, por si no bastara, con la figura del elefante al que, en el colmo de la estupidez, le denomina Jaime Peñafiel. Todo ello tanto en el monólogo que les adjunto más abajo como en un aparte que titula, en el colmo de la originalidad, 'Los Bogbones'.
Quizás otro día dedique su cachondeo al Parlamento, al Tribunal Constitucional o a la propia democracia. O quizás nos deleite con una parodia de los probables insultos que contra el himno nacional se esperan en la próxima final de la Copa del Rey.
Auténtica educación para el incivismo, en un país en plena ruina, tolerado por una cadena, Antena3, que dice ir de moderada y lidera una campaña que, paradójicamente, se titula 'Ponle freno'.
Sobre Froilán -menor, como todos vds saben- soltó la siguiente canallada, en relación su disparo fortuito en el pie:
'Lo peor de lo de Froilán es que con 13 años ya sabe lo que es un gatillazo',
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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).
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