Primero la Constitución, luego los Estatutos.
Transcribo aquí parte de los ultimos párrafos de un clarividente y elaborado artículo de Ignacio Sotelo, que publica hoy EL PAIS.
Quien esté interesado lo tiene enterito en el periódico.
Dice verdades como templos, pero, sobre todo, yo me quedo con este sabor intepretativo:
- La casa no hay que empezarla por el tejado: primero habría que reformar la Constitución hacia un federalismo solidario y claro en las competencias de cada cual. Y poco (o nada) de asimetrías.
- Ya está bien de que los nacionalistas nos amenazen con la imposible independencia: El modelo canadiense. Se hace decir a la Constitución que es necesaria la mayoría cualificada de los votantes españoles para que alguien pueda tomar las de Villadiego. Y tan amigos.
Sobre las insertadas descalificaciones al PP, no comento nada.
A mi me parece muy bien que el PP movilice a los españoles, para que los poderes públicos ingenien la manera de evitar que aquí los cambios de grueso calado se realicen con simple mayoría absoluta.
También me parece significativo que este artículo se publique en EL PAIS de hoy domingo, 050206.
Nada escapa a los designios de Dios.
Y menos el Presidente del Gobierno, que se abrá desayunado con él.
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Ignacio Sotelo, viejo militante del PSOE, es profesor de Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín desde hace casi 30 años. Además, es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes y autor de numerosos libros y artículos en prensa y revistas especializadas.
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TRIBUNA: ALEMANIA, CANADÁ, ESPAÑA IGNACIO SOTELO.
Apunte sobre el federalismo.
Ignacio Sotelo.
"(...).
El lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí sabe que el profesor de ciencia política no le está colando las notas preparatorias de una clase, sino que elección y tratamiento de los temas tienen una intención política clara:
(...) propiciar un debate nacional sobre una reforma de nuestra Constitución que convierta el llamado Estado de las Autonomías (uno unitario, aunque muy descentralizado) en un Estado federal que frene la dinámica actual hacia un Estado confederal, que éste sí comporta el peligro de la desmembración.
El PP está empeñado en detener a todo trance la aprobación del Estatuto catalán, recurriendo a todos los trucos (...), incluso a proponer la convocatoria de un referéndum en todo el Estado para la aprobación del estatuto (...).
Cierto que una reforma estatutaria de este alcance hubiera debido contar con la participación del mayor partido de la oposición (...).
De negarse a considerar el proyecto porque atañería a una Constitución que declaraba intocable, el PP ha pasado a plantear que se reforme primero la Constitución de modo que encajen las necesarias reformas estatutarias.
A nadie se le oculta que constituye un último intento por frenar el Estatuto catalán, pero ello no quita que la propuesta sea razonable.
Al menos habría que indagar si el PP estuviera dispuesto a modificar la Constitución en el sentido de un Estado federal, porque entonces tendría sentido detener los estatutos hasta poder levantarlos sobre bases más sólidas.
¿Acaso podría ser un día realidad lo que hasta ahora se me antoja la cuadratura del círculo, hacer de nuestro Estado unitario, aunque altamente descentralizado, un Estado federal que funcione?".


