Valencia. Y además, te quiero. Carta de una cotorrera.
(Colaboración especial de Burriana, París y Londres)
Una previa. El fin de estas epístolas no es otro que procuraros algún grado de instrucción. Y que sintáis curiosidad por la vida y por vuestra dignidad e historia. Demasiados años satisfaciendo necesidades de señoritos patanes y chusma nauseabunda.
Estimadas busconas:
Díjole el ventero a Don Quijote, cuando el ingenioso hidalgo de la Mancha iba a ser armado caballero, que en sus años de mocedad buscando aventuras en pro de los menesterosos, había recorrido los lugares más famosos del mundo, y que de manera especial guardaba muy grato recuerdo del barrio de la Olivera de Valencia. A Cervantes el asunto le venía de oídas, pero no iba desencaminado.
Valencia encerraba dentro de sus muros una de las Mancebías más famosas de Europa en aquellos tiempos, reglamentada por el Consejo de la ciudad, y autorizada por los Fueros. ( Nuestro Estatuto de Autonomía de entonces).
Y además, había un inspector, a quien los Fueros llaman Rey Arlot, que respondía ante la autoridad de los excesos que allí se cometían: cuidaba de que la Mancebía se cerrase a las diez de la noche, y no se abriese hasta cierta hora de la mañana.
Y además, acompañaba a nuestras colegas los días de fiesta a alguna iglesia para que oyesen misa, y no permitía la entrada en la Mancebía esos días, hasta después de celebrada la misma.
Y además, las acompañaba cuando salían a ver las procesiones u otras fiestas religiosas o civiles, en los puntos que de antemano tenían señalados.
Y además, cada casa de la Mancebía estaba regida por un hombre, que la legislación foral llama hostaler, dependiente del Rey Arlot: el hostaler cuidaba de la ropa, de la comida, y de la asistencia en las enfermedades.
Y además, en recentísimas excavaciones arqueológicas, en la calle Caballeros de Valencia, centro histórico de la ciudad, junto a lo que fue la Academia Martí, se han encontrado restos, en una de las columnas de la puerta ojival de acceso al interior de su patio gótico, de lo que fue quicio original de una primitiva mancebía edetana. Y una lamparita en forma de falo.
Y además, el referido inspector pagaba un médico, que las visitaba diariamente; siendo responsable de cualquiera omisión a la hora de dar el parte sanitario a la autoridad.
Y además, si se encontraba enferma una picarona, y si el hostaler no había dado parte a la autoridad competente, era trasladada al hospital; pero los gastos de curación corrían de su cuenta.
Y además, cuando una de nuestras bien amadas hermanas deseaba dedicarse a una vida “honesta” o “religiosa” se le auxiliaba con cierta cantidad y quedaba “libre” tanto si tomaba el hábito religioso, como si no.
Y además, fue en Valencia en donde se cimentó nuestra fraternal relación con el cuerpo estudiantil, virtud que le debemos a quien creó, reconoció y autorizó nuestra Universidad, el bien amado Papa Alejandro VI. Unos cien años antes del nacimiento de Don Quijote. Es de bien nacidos ser agradecidos. Alabada sea la estirpe de su familia: los Borja.
Y además, según mis investigaciones, son pocos los docentes que han oído hablar de esta familia, me atrevería a decir que ni incluso los que colocaron su nombre, en latín, en la inscripción de su emblemático escudo.
Vivir para ver.
Y además, ¿ quién cojones eran los Borja? ¿Y el latín?
Burriana, París y Londres.



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