Algunas reflexiones sobre el amor. Carta de una cotorrera.
(Colaboración especial de Burriana, Paris y Londres)
Estimadas busconas:
Le prometí a mi admirador Jorge, un gentilhombre de boca, que en esta misiva iba a relataros mis reflexiones sobre el amor.
Harta estoy de follar, harta de estoy de hacer el amor, harta estoy de las cartitas eróticas de James Joyce a su Nora; a lo mejor si hubiera paseado por su puente de Calatrava en Dublín, el dulce excremento del culito de su puta hubiese honrado su irlandesa testa.
Pero he aquí, que tendré que afinar mi puntería para hablar del amor y distinguirlo del erotismo, de la lujuria, del sexo oral, del anal, del bilateral, del solitario o de las sesiones bonaerenses de masturbación femenina; y más en una mancebía en donde, entre otros, Schopenhauer, Koestler, Ortega, Khalo, Quevedo, Borja, el Xiquet de Columbretes, Velázquez y un largo etcétera de miembros viriles pululan en el derredor de su quicio. Difícil me lo ponéis; me arriesgaré. Ave María Purísima.
Una previa, le advierto a Carpe Diem, seducido como está por Schopenhauer, y pongo en su conocimiento que el referido era un desencantado de la vida, un ofuscado por su seguridad material y siempre perseguía ser acogido en brazos del aburrimiento.
Como mal filósofo, como defensor de la vulgaridad y mediocridad burguesa, y como individuo desmoralizado y mala persona no puede ser fanal que ilumine el goce moderado y sosegado de los placeres naturales, a los que aspira el mentado admirador.
Hablemos del amor una vez más:
Otrosí, estas epístolas no son moralinas, creo que ni el educador de turno ni los políticos rampantes ni las multinacionales ni los expertos, amén de periclitadas y caducas legislaciones, tienen derecho a imponer su modo de ser feliz. Y por tanto, de amar.
Decía Hölderlein, un platónico poeta del XIX, que el amor era un estado de gracia que los dioses concedían a los humanos para que experimentasen la eternidad. Y cuando les era dada, los hombres desarrollaban sus mejores facultades, y cuando dicha gracia no se les otorgaba, la fatalidad, la tragedia y la enfermedad apresaban al enamorado.
Estos dos tipos de amor- espiritual y sensual- han recorrido nuestra Historia:
¿Acaso el sentimiento espiritual expresado en el código de amor cortés, propio de la clase noble, no se distinguía de la fornicación villana, manifestación del “denostado”amor físico?
¿Por ventura el amor pasional, eso quiere decir pasión-sufrimiento-, no ha sido la sempiterna queja del enamorado?; ¿o la de que enamorarse es enfermar y la curación solo la logra la amada al corresponder al amor? Valgan ejemplos: Calixto y Melibea, Romeo y Julieta, Abelardo y Eloísa, Don Juan y Doña Inés, Zapatero y Carod.
Acaso el enamoramiento y el misticismo no han sido primos hermanos desde siempre?
¿Y si la felicidad amorosa no existiera más que en nuestra imaginación, y se desvaneciera si tratamos de llevarla a la realidad?
¿ No será todo lo anterior una sarta de estupideces y el amor no consistirá en otra cosa que veinte euros y la cama, sea con quien sea, tanto en género, número y especie?
Pero dejemos las historias y hablemos de experiencias personales: yo me enamoré o mejor dicho estoy enamorada, y este amor lo llevo en mi alma. Le asigné la máxima belleza. Y estaré siempre a su lado, en un contacto y una proximidad dondequiera que se encuentre.
Y sufrí el “estado de gracia” de la imbecilidad transitoria del enamoramiento, mi vida era él, mis pensamientos estaban obstruidos, siempre angustiada, obsesionada, mística y maniática.
He estado años imaginando y perfeccionando su persona. Solo el instinto de conservación, en este caso el sexual, me permitía alguna evasión. Y sigo.
Es difícil mantener en una sociedad hedonista, frívola, irreflexiva, con quince millones de individuos apasionados por los gavilanes, con mitos sexuales, sin referentes de ningún tipo, que el placer de hacer el amor es distinto del amor. No creáis. Yo que por profesión he practicado el coito como modus vivendi y modus operandi, os digo que el amor no es un folleteo más, mucho tiene, pero no es.
Y dejo abierto el camino para otro día, el tema es profundo, misterioso y selecto.
Cernuda que amaba el amor escribía :
Tú justificas mi existencia
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero,
porque no he vivido
Pero yo lo elegí, lo vivo... y sigo sin saber que cosa es.
Burriana, París y Londres.
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Tragicomedia de Calixto y Melibea (1499). Fernando de Rojas (España).


PoPe dijo
Exquísito en todo el acervo y redacción, con sus apoyos en tu conocimiento cultural en sobremanera. Entiendo al menos hasta un límite a lo que proyectas aquí: las relaciones sexuales y el coito vienen siendo "el dentista" y el amor "el ortodoncista". Un poco complejo sí lo es.
No lo había visto de esa manera... interesante.
Saludos.
=)
26 Febrero 2006 | 06:57 PM