La leyenda del túnel.
Cuento.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Cuando los dos chicos, una vez dentro del túnel del tren, siguieron andando sobre las traviesas, empezó a llover con fuerza.
Cada uno por su vía; lo echaron a suerte. Iban desnudos, sólo con sus dudas, y con los genitales recubiertos de pintura luminiscente.
Las chicas, por la entrada opuesta, se dirigieron de la misma guisa y modo a su encuentro.
Aventurada noche artificial bajo un cielo de cuatro estrellas de sexo.
Donde se manifestaría el verdadero amor, el imperecedero, en el caso de que coincidieran con sus respectivas parejas.
Todos en pos de sus mágicos destinos.
Unos y otros, de dos en dos, seducidos por lo acreditado y lo inédito; sol y sombra de un mismo verano que, en ese intervalo, aportaba el frío de lo más desconocido.
Como la cara oculta de una luna alargada.
Mientras los cuerpos aproximaban sus cautivadoras luces, el estruendo de los excedidos truenos se transmitía por los raíles fraccionando el silencio.
Los cuatro parecían verdaderos fantasmas de la reproducción; sólo en el resplandor de los rayos caídos se advertía un perfil indefinido que los confundía.
Cuando llegaron a enfrentarse en el mismo centro de aquel abovedado universo, el mutismo apalabrado hizo crecer el momento.
Luciérnagas de juventud con piel de gallina, llenas de deseo, dispuestas a la ternura, a la fogosidad, al compromiso, e incluso a la posible pérdida, que no era tal, sino permuta; estaban preparadas para todo.
El espacio había finalizado, era la ahora de la realidad.
Después de unos segundos eternos, despojados de compromisos, se bordearon hasta ceñirse. Y los labios se encontraron con prontitud, explorándose al unísono, cayendo sobre las vías muertas.
El desacierto, lejos de hurtarles la pasión, les había conducido a la euforia de lo reciente.
Cuando salieron las nuevas parejas no había decepciones, ni nostalgias, la lluvia había cesado y un sol caliente recibió a los amores; amores frescos.
He disfrutado imaginando que sucedió de esta manera; que así lo hicieron los precursores del intercambio.
El xiquet de Columbretes.
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El Xiquet de Columbretes (2006). Todos los derechos reservados.

Fot. de vías de tren con el Empire State Building al fondo.


pincho dijo
Me ha gustado mucho, pero que pena no haberles dado la posibilidad de ser lesbianas y homosexuales.
10 Marzo 2006 | 04:13 PM