11M: Gato encerrado quiere salir.
Transcripción del artículo de Arcadi Espada, hoy, en su blog.
"El extraño caso del policía Álvarez.
Es decir, la imprescindible arena de verdad que incluyen las mentiras.
El policía Álvarez, del que hoy escriben El Mundo y El País, tuvo a su cargo la custodia de los objetos que se encontraron en los vagones de la estación del Pozo, entre ellos el de la mochila que llevó a las detenciones claves del 191M.
En noviembre de 2004 el policía Álvarez envió un informe a sus superiores, con ruego de que lo transmitiera al juez instructor, donde se cuestionaba la fiabilidad del viaje que emprendió la mochila desde la estación del Pozo hasta la comisaría donde se descubrió el explosivo que contenía.
El informe no llegó al juez porque sus jefes no lo consideraron necesario. Pero El Mundo publicó sus conclusiones fundamentales.
Destacaba una: nadie garantizaba que los sacos que contenían los objetos que se encontraron en los trenes no hubieran sido manipulados. En plata: nadie garantizaba que alguien no hubiera podido introducir una mochila cargada de explosivos.
El Mundo publica esta informaciójn el lunes y el jueves Del Olmo llama a declarar al policía Álvarez.
En un momento u otro se producen dos interrogantes fudnamentales.
El primero es quién era el encargado de custodiar los objetos encontrados en los trenes. El policía Álvarez responde que él.
Y la segunda: si lo hizo. El policía Álvarez responde que por supuesto. Por supuesto: no es lo mismo juguetear con hipótesis más o menos conspirativas en un informe policial interno que hacerlo ante el juez. El juez te puede meter en la cárcel por incumplimiento de contrato.
Así pues el policía Álvarez se desdice de su preocuapción fundamental: “El inspector jefe Álvarez, que en todo momento supervisó la colecta de objetos…”, escribe en medio de la maleza el propio García Abadillo.
No sólo eso: reconoce que entre los objetos que pasaron por sus manos estaba una bolsa que pesaba mucho, y que se acuerda, porque el resto de los objetos pesaba poco. Tendría que pesar porque entre metralla y explosivos sumaba veinte kilos.
Cuando lo escucha el juez va a por la bolsa. Se la muestra. El policía Álvarez ve el cielo abierto: no, esta no es. Aquella era de “un color azul distinto” [sic!!!!!!!!!!!!!], según la versión de Abadillo: “más alargada y más baja, tenía las asas más cortas y, sobre todo, era mucho más vieja”.
La teoría de la conspiración continúa. Vieja, baja y corta conspiración.
No sólo los periodistas padecen de la teoría de la conspiración. Si no la practicaran policías, jueces, fiscales, confidentes, el periodismo conspirativo no existiría.
El policía Álvarez cree que hay gato encerrado.
¿Cuántas veces no creerá un policía en el Gato, en especial en aquellas investigaciones importantes de las que se han visto apartados, ellos o sus hipótesis, por una causa o por otra?"
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Como cosecha propia (elquiciodelamancebía) quiero decir que:
Yo no se si hay gato o no.
Sin embargo si quiero saber quiénes, cómo y por qué lo hicieron.
Y como yo, millones de españoles.
De los que votaron al PP, al PSOE.
De los que no votaron a nadie.
Y ese gato sí sigue encerrado.
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SR. CUELLO dijo
LAS BOMBAS LAS PUSO RUBALCABA CON AMEDO CON LA DINAMITA QUE FELIPE GONZALEZ APORTO GRACIAS A LOS REGALOS DE CARLOS SLIM.
13 Marzo 2006 | 12:08 PM