¡Oh, Dios mío! Carta de una cotorrera.
(Colaboración especial de Burriana, París y Londres)
Estimadas busconas:
Aunque los mundiales de fútbol de Alemania reclaman nuestro interés por ser un mercado abundante, sobre todo en esta época de globalización en la que cada vez más se cuestiona el dominio del macho, protagonista principal y mayor “prostituyente”, y aún siendo conocedora de vuestra inquietud por la competencia que ello comporta; esta semana alienta mi atención uno de los muchos temas que quedaron pendientes en anteriores epístolas.
Es complicadillo, pero si queremos ser serias y cultas hay que afrontarlo.
¿Os acordáis de la misiva “Burdeles, cultura y universidad” de 10 de febrero de 2006? En ella os decía que para conformar vuestra cultura es necesario que tengáis, entre otras muchas cosas, una imagen física del mundo que os permita obviar algún que otro problema y necesidad vital, y que, además, os agracie con aprehender unas ideas claras sobre nuestro tiempo.
A ello vamos:
El que revolucionó la Física e hizo posible todo lo ocurrido después en este campo fue el polaco Nicolás Copérnico, que anunció que la Tierra y demás astros giran alrededor del Sol, y no el Sol en nuestro derredor, imaginaros la que se lió en la visión que se tenía del mundo, dejábamos de ser el ombligo del universo.
¿Sabéis a quién le dedicó el descubrimiento, en 1543? A quien le pagaba, al Papa Paulo III, Alessandro Farnese, hermano de la bella Giulia, gran amiga, amante decían los envidiosos, de nuestro queridísimo Alejandro VI, el siempre amado Borja. Casualidad y causalidad, pero otra vez Valencia en la historia.
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Dama con liocorno (potrebbe essere Giulia, Raffaello 1505). Galeria Borghese.
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La conformidad y las pruebas irrefutables de esta teoría se la debemos a Galileo, que con su telescopio y sus cálculos matemáticos, puso de manifiesto las observaciones copernicanas. Y enterró el mundo lunar de Aristóteles. Como era de esperar, en junio de 1633, Galileo Galilei, de setenta años, fue obligado a arrodillarse delante del Tribunal Inquisitorial, en Roma, y abjurar de la teoría de Copérnico.
Juan Pablo II, el otro gran polaco, 359 años después, reconoció que la condena del astrónomo italiano, Galileo Galilei, fue injusta. Y le absolvió de culpa y pecado.
La ley de la gravedad, lo de la manzana cayendo de árbol, se la debemos a Isaac Newton, que curiosamente nació en Inglaterra el día de Navidad de 1642, el año preciso de la muerte de Galileo. Sus “Principios Matemáticos de Filosofía Natural” dieron fundamento a lo que vino después.
Poderío, perplejidad.
Pasamos unos años de tranquilidad mundana, hasta la aparición del alemán Albert Einstein, que con su Teoría de la relatividad, la masa, la energía, la velocidad de la luz, su Dios universal, y otras consideraciones que no vienen al caso, supuso el avance provocador, alborotador y subversivo de la imagen física del mundo.
Las aplicaciones tecnológicas derivadas de sus hallazgos nos solucionan casi todas las necesidades materiales y placeres añadidos de nuestra vida mundana. Y la bomba atómica.
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Einstein y Robert Oppenheimer.
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Y después de Einstein, el caos.
A requerimiento de las principales academias científicas del mundo, conocedoras de donde se depositaba el saber ancestral sobre la vida, nuestras mancebías les proporcionaron, en aras de una mejor comprensión e intercambio científico de la información, una serie de definiciones conceptuales que a continuación os relaciono:
Agujeros negros: Objetos con una fuerza de gravedad tan grande, que nada puede escapar de ellos.
Flujos turbulentos: Análisis de los fluidos en movimiento: Efectos sobre los mismos del calor y la masa.
Soluciones inflacionarias: Valoración de las curvas de nuestro universo en expansión.
Radiación de fondo: que siempre ha sido para nosotras la mejor compañía en la culminación del placer. Es muy difícil de observar.
Y lo del acoplamiento espín-órbita, qué me decís.
El Concierto de Aranjuez del valenciano Joaquín Rodrigo, que tanto hemos escuchado en nuestras mancebías, posibilitó “La teoría de las cuerdas” que trata de explicar el origen del Big Bang.
Los leptones, hadrones, ladrones, beatones, neutrones, fachones, cagones, santurrones y demás elementos también se los hemos proporcionado nosotras.
Y, sobre todos ellos, el protón 'Oh Dios mío' lo último de lo último en partículas subatómicas de elevada energía. Acaso, ¿no ha sido desde siempre nuestra exclamación favorita por los siglos de los siglos?
Amén.
Burriana, París y Londres.
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puranieve dijo
Cotorrera, tengo que saber quién eres. Házmelo llegar, please.
Te quiero sin conocerte.
Tu gran admiradora.
7 Abril 2006 | 10:10 AM