Intelectuales, al salón. Y progresistas, también. Carta de una cotorrera.
(Colaboración especial de Burriana, París y Londres)
Estimadas busconas:
Las balumbas, vaguedades y vulgaridades despachadas sobre las cosas sociales y políticas en nuestro eviterno país, Hispania desde los romanos, como, entre otras, son : Monarquía y republicanismo coronado, España y la transición, nacionalidades y estado socialista, Champions League e Intertoto, plutocracia y medios de comunicación, Locke y Montesquieu, intelectualidad y progresismo, etc., etc., ya alcanzan semejante extremo de pasión y arrebato que han llegado a afectar gravemente el buen orden y funcionamiento de nuestros burdeles.
No podía ser de otra manera, durante demasiados años se ha sembrado tanta ignorancia, que ahora recogemos sus amargas zafras: la ignominia intelectual, el progresismo de galería y la ineptitud de un sistema educativo y de una universidad, que lejos de aportar luz y más luz, como pedía Goethe, coopera, entre otros, al statu quo de una sociología vocinglera muy alejada del sentido común en nuestra cotidiana realidad.
Me sumo a la súplica de El Quicio de la Mancebía "Senadores, miren al pueblo", y pienso que resulta casi quimérica, tal como están las cosas, una somera aproximación para intentar clarificar todos estos conceptos.
Pero ante tamaña amenaza debo remitiros estas breves reflexiones.
Dos subespecies de homo sapiens acaparan mi atención: La de los intelectuales y la de los progresistas. Muy dadas al onanismo, pajeras ambas, y poco humanas por tanto, aunque gozan de cierto predicamento en el maremágnum indefinido de lo que se entiende como sociedad.
Su aurora fue el "Manifiesto de los intelectuales" en un frío enero parisino, su apogeo coincidió con el desarrollo industrial, con el voto popular y con la televisión y demás tertulias radiofónicas; y a su ocaso asistimos con la post-modernidad, con su pseudo-intelectualismo, y con el hartazgo de las personas normales en todo lo que esta grey dice representar. Y en lo que recaudan de bóbilis.
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Manuscrito de Emile Zola, 1840-1902. J'accuse...! (Yo acuso...!), Enero 13, 1898, en L´Aurore. Manuscripts Department, Western Section, NAF 19951, Paper.
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Os preguntaréis: ¿y qué es un intelectual de salón?
Nadie hasta ahora lo ha podido definir, pero "haberlo, haylo".
Voy a intentar precisarlo:
Su principal característica es la idolatría a su "inteligencia". Vive para pensar y está en la seguridad perpetua de su pensamiento.
Vende, adquiere y especula con la cultura. Y cree que la vida humana se debe arrodillar a sus pies en señal de respeto y veneración.
Maldice e insulta cualquier reflexión crítica que no sea su verdad. En demasía retórico y magnífico empresario de mitos.
Manifiesta querencias por las comodidades materiales que les proporciona el poder político. Diletantismo atroz. Gran tema para otro día.
Suele ser universitario: abogado, periodista, médico, arquitecto, historiador, sociólogo, etc. O dedicarse a alguna actividad artística: cantautor, música clásica, columnista, cine de autor, tertuliano, compositor de canción protesta, pintura brocha, folclórico/a etc.
Viste ropa de oferta, modesta y con toque de "antigor". Y algún que otro broche. Nunca corbata. Ni Versace, Carolina Herrera, Etro, Purificación García, Roberto Verino, Felipe Varela, Max Mara o Carrefour. Eso sí, ropa interior Calvin Klein.
Mira a los mortales con displicencia. Su pose de reflexión y su juego de manos impresiona. "Pues mire usted..." es su frase favorita.
Sus citas sobre pensamientos, ciencia, autores, noticias o arte no las conoce ni Dios.
Se adapta al ambiente y a la historia perfectamente. Pasa de agnóstico y ateo a creyente si procede; de republicano a monárquico, de facha a liberal, de clerical a laico, de franquista a demócrata. Y siempre defensor, casi nunca comprometido, de los marginados y de las ONG.
Afirma que no suele ver los programas basura televisivos, ni las series de dibujos animados. Y, aunque admira los partidos del Valencia, odia el fútbol. Aficionado a la mountain bike y a las excursiones en hontanares perdidos.
Sostiene que la humanidad, ente inventado en el siglo XIX, progresa necesariamente. Y que sin ningún esfuerzo personal la referida humanidad nos llevará a la perfección y a la delicia. Y encima está completamente seguro.
No le hagamos caso o si no reingresaremos en la escala animal.
Al tiempo.
Burriana, París y Londres.
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Humanidad. Decenas de subsaharianos cruzan las vallas para entrar en Melilla en una imagen captada por la Guardia Civil el 280805. EL PAIS 010905.
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pincho dijo
Esperaba con impaciencia tu escrito y, una vez más, me has vuelto a seducir. Tu originalidad y facilidad para hurgar en la realidad circundante me apasiona. Un abrazo.
14 Abril 2006 | 10:54 AM