La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

23 Abril 2006

Anhelado arco iris.

(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes, dedicada a Burriana, París y Londres).
Cuento.
Magdalena tenía un padre anónimo, que es lo mismo que decir que era hija de su mundo. Vivía con su madre en una vivienda modesta, la de la curva, a las afueras del pueblo.
La reputación de su casa siempre había dado que hablar, pero ella no hacía caso de las acusaciones maliciosas de la gente. Sabía que la prostitución, aunque fuera por supervivencia, acarreaba esas cosas.
Tenía una única obsesión: estrenar el orgasmo. Estar entre los brazos de alguien que le hiciera sentir por primera vez un estremecimiento con la sacudida completa. Le gustaba que la estrujaran de pasión cuando gozaban los hombres, pero le faltaba llegar al éxtasis, gozar como lo hacía su madre. No soportaba más la simulación.
La juventud la obligaba a sentirse incómoda con aquella situación. No hacía otra cosa que soñar con marcharse a otro lugar en el que el Sol y la Luna estuvieran siempre juntos. Y donde los aguaceros fueran de relámpagos fugaces dejando, con delicadeza sobre el suelo, arroyos de luz para que alimentaran de energía a su cuerpo. Aumentarle la sensibilidad, limpiando su mente.
Quizás su hombre ideal debería tener los ojos de siete colores: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violado. Un iris como el que se formaba en el cielo después de la lluvia.
Cuando miraba a las alturas fantaseando, paseaba en lomos de équidos blancos por las praderas de mil estrellas, sin pisarlas, pidiendo el milagro. Y, en seguida, prometía ser tan buena como los caballitos de mar en las profundidades de la luminiscencia.
Como es norma invariable de este mundo, el tiempo incuba la enfermedad y reduce la vida hasta difuminarla y hacerla desvanecerse, y así se marchó su madre. Nadie fue al entierro y esa enorme soledad la quiso ahogar el mismo y funesto día. Para que no lo hiciese, cuando llegó a la casa, abrió la puerta de par en par. Que mejor homenaje que su propio trabajo.
El primero y único cliente que cruzó la puerta fue el que frecuentaba a su madre. Los dos habían perdido lo admirado. Imaginativo y de una gracia natural, era el único que le extrajo una sonrisa. Aquella noche, vivieron juntos todo el recorrido de la Luna.
A partir de entonces creció de tal forma el encanto que, llegó el día, en que Magdalena decidió estar con él en el pajar. Aquel sitio la desvinculaba tanto de la profesión que se atrevió a entrelazar sus manos con las de él y darle besos del corazón, amando el momento.
El hombre arriba, y el cariño avivando poco a poco a la pasión de abajo. Movimientos naturales que no necesitaban de la experiencia para estremecer los cuerpos y descargar la fogosidad hasta desfallecer. Y después, una enajenación de sensaciones cubrió sus ojos hasta hacérselos cerrar trabando las pestañas.
Por primera vez vio el arco iris sin que hubiese caído una sola gota de agua, y oído y disfrutado los chorros de los ríos de luminosidad surcando su cuerpo mientras se convertía en estrella efímera. Y detrás del rapto del amor, vino el abismo placentero.
Desde entonces, se pasa los días abrazada a su único cliente a la espera de que deje de serlo, con su cuerpo desnudo, sin cubrirse, descarado. Porque ella, nunca había necesitado de adornos para hermosearlo.

El Xiquet de Columbretes (2006). Todos los derechos reservados.
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Arcoiris Grimaldi, 1998. Carmen Martínez Jover, 1959 (México, aunque nacida en Inglaterra). Segun la autora, el cuadro representa una pareja, que se encuentra en un bagua, con su yin-yan en el centro, en total armonía física, mental y espiritual, estando representados los 7 chakras y los 4 elementos.

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NOTA.- Enlaces, negritas (con perdón) e imágenes son de la exclusiva responsabilidad de elquiciodelamancebía.

servido por elquiciodelamancebia 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

debuenamañana

debuenamañana dijo

el abrazo de la desesperación y de la esperanza.
también de la soledad.
enhorabuena por tu forma de contar.

23 Abril 2006 | 10:07 AM

desdealbacete

desdealbacete dijo

Yo me metí de puta haber si podia.
Hice la carrera para pagarmela.
Fracasé en los estudios y en el puterio.
Me enamoraba de todos los viejos ricos que se corrian en un quiero y no puedo.
Solo benian a acariciar mi cuerpo de 25 años.
Ahora trabajo en un bar y quiero a un viejo que biene por allí a tomar un caragillo.
Ni el se lo imajina.
No se que me pasa con los viejos, pero me huelen a niños.

23 Abril 2006 | 11:38 AM

jenifer

jenifer dijo

lo de la chica anterior no debe ser en serio, porque no la entiendo.
me ha gustado mucho el cuento.
jenifer.

23 Abril 2006 | 11:40 AM

Burriana, París y Londres

Burriana, París y Londres dijo

A Magdalena le será díficil satisfacer su humana sensibilidad interna, porque como mujer siente a todas horas su cuerpo interpuesto entre su mundo y lo que está dentro de sí.

Para ella, su modelo preexistente y preferido de hombre es el hombre ideal,la perfección. Y siempre con el deseo de intercambiar con el hombre deseado su recóndita intimidad, que en eso reside lo que llamamos amar.

Y creo que nunca perderá la esperanza de tropezar con él, de encontrarlo.

Ojála se funda con su arco iris.

Igual que tus cuentos, que solo cabe "sentirlos" porque poseen el valor belleza.

En nombre de todas las cotorreras, desde su dignidad e historia, te agracedemos la dedicatoria.

Gracias Xiquet.

23 Abril 2006 | 01:27 PM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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Dña. Concha Piquer. Vía Aiseilles.

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