Quéjome a vos, Sr. Doctor. Carta de una cotorrera.
(Colaboración especial de Burriana, París y Londres)
Dedicada al Xiquet de Columbretes.
Estimadas busconas:
-Transcribo la siguiente misiva que, olvidada en la mancebía, se dejó el doctor Melgar en las siempres nocheviejas, la nochebuena pasada-.
M. R. Doctor y cesáreo médico: Recibí vuestra carta y la receta que dentro de ella incluíais. Y con vuestro mozo os remito este despacho.
No hay arte en el mundo que me haga perder los estribos, o por mejor decir los sentidos, como es la manera cómo curan los médicos; porque los vemos codiciosos de curar y enemigos de ser curados.
Por eso:
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IMAGEN DE AVIZENA EN SELLO POLACO
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Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos médicos torpes, idiotas, atrevidos e inexpertos, los cuales con haber oído un poco de Avicena, o haber residido en Guadalupe, o haber sido criados del doctor de la Reina, se van a la Universidad de Mérida, se gradúan de bachilleres, licenciados y doctores; de los cuales se puede decir con verdad el proverbio que dice: Médicos de Valencia, haldas largas y poca ciencia.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos médicos comunes e inexpertos, los cuales si toman entre sus manos algunas enfermedades graves, peregrinas y peligrosas, después que al triste enfermo le han jaropeado, purgado, sangrado y untado, no saben otro remedio que le aplicar, ni otra experiencia que le hacer, sino es mandarle que a la hora de cenar tome tal preparado, y por la mañana se levantará serenado.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos médicos mozos e inconsiderados, los cuales contra unas calenturas que son simples, ordinarias, comunes, no furiosas ni peligrosas, tan largamente recetan luego en la botica, como si fuese contra una pestilencia mortal; de manera que sería menos daño al triste enfermo sufrir el mal que tiene, que no esperar el remedio que le den.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos compañeros, los cuales contra una indigestión, una flojedad, una simple diarrea, o una calentura efímera; lo cual todo lo podrían atajar con una medicina común, o con tres días de dieta, o con beber agua azucarada, o con tomar un poco de miel; no contentos con esto, mandan al pobre paciente que le echen unas ventosas, le unten el hígado, le pongan unos saquitos y aún le den una sangría: por manera que, en lugar de curar, se ponen a martirizar.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos compañeros que presumen de doctos, y la verdad no son necios; los cuales nunca nos curan con beneficios simples, ni nos aplican medicinas benditas, llanas y no furiosas; sino por darnos a entender que saben lo que otros no saben, recetan cosas tan peregrinas e inusitadas, que al presente son muy difíciles de hallar, y después muy dificultosas de tomar.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de muchos criados vuestros, bachilleres bozales, en que, teniendo como tienen todas las enfermedades días críticos, no cuidan ellos de mirar, ni menos contar el día que principió y la hora en que la enfermedad comenzó, para ver si todavía va en crecimiento, o está ya en disminución.
Quéjome a vos, Sr. Doctor, de que generalmente todos los que sois médicos os queréis mal unos a otros, siendo diferentes en las condiciones y contrarios en las opiniones; lo cual parece claro que unos siguen a Hipócrates, otros a Avicena, otros a Galeno, otros a Rhazes, otros al Conciliador, otros a Ficino, y aún otros a ninguno, sino a su parecer propio; y lo que en esto más de lastimar es, que todo este daño no cae sino sobre el triste enfermo; porque al tiempo que lo habíades de curar, os ponéis a disputar.
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IMAGEN DE Commentariis in Platonis de amore. Marsilio Ficino, 1433-1499 (Italia). Österreichische Nationalbibliothek, Wien. Cod. Lat. 2472.
Obras on line
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Quéjome a vos, Sr. Doctor, que muchos médicos que son mozos de edad, nuevos en el oficio, rudos de juicio, y aun no muy asentados en el seso; los cuales cualquiera experiencia que hayan visto, leído u oído, por más que sea dificultosa de hacer y peligrosa de tomar, mandan que se haga aunque la enfermedad no lo requiera; de lo cual resulta muchas veces, que una experiencia loca cuesta a un enfermo la vida.
Quéjome a vos, y aun de vos, Sr. Doctor, que generalmente todos los médicos recetáis lo que nos mandáis dar, en latín cerrado, en cifras de jeringonza, en vocablos inusitados; lo cual yo no sé por qué ni para qué lo hacéis; porque si es malo lo que mandáis, no lo debíais de mandar; y si es bueno, dejárnoslo entender; que nosotros, y no vosotros, somos los que los hemos de tomar, y aun al boticario pagar,
Como vuestro Plinio escribía: “Non rem antiqui damnabant, sed artem”.
Esos artes de curar, en que es menos penoso sufrir la enfermedad que no esperar el remedio.
Nada más, sino que nuestro Señor sea en vuestra guarda, y a mí me dé que le sirva.
De Madrid 27 de diciembre de 1520.
Antonio de Guevara.
Burriana, París y Londres (2006). Todos los derechos reservados.
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Imagen de Epístolas familiares, (Epitres Dorees) edición francesa de 1573. Antonio de Guevara, 1480-1545 (España). Edición príncipe en tres libros (ed. en Valladolid, por Juan de Villaquirán), 1539.
Obras on line.
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lea dijo
Muy bello, enhorabuena.
Qué pena las fotos (aunque las he visto por los enlaces).
un abrazo.
lea
14 Mayo 2006 | 12:46 PM