'Nunca mais' qué.
David Torres, en EL MUNDO, 090806.
Uno ve Galicia acosada por un centenar de fuegos, convertida en una franquicia del infierno, y se le encoge el corazón. Una mujer sale a la puerta de su casa, llorando, mientras una cortina de humo hace las veces de cielo. El sol es una candela en un teatro de sombras; unos cuantos chavales corren con pañuelos en la boca; otro apaga a golpes una brasa que chisporrotea entre los pinares, en medio de un océano de llamas, y es como si intentara amansar el mar a palos.
Uno recuerda el mar, manchado por la hemorragia negra del Prestige en la que se dijo que iba a ser la peor catástrofe medioambiental de la historia gallega, y las piezas no encajan. Fue hace sólo tres años pero parecen tres siglos. En esta ola de incendios hay lo que nunca hubo en el Prestige: tres muertos, miles de damnificados, docenas de pueblos en peligro y cientos de hectáreas convertidas en churrasco, pero a nadie se le ha ocurrido montar una plataforma para pedir responsabilidades, para saber si media plantilla de bomberos está de vacaciones, leyendo el Hola, o cómo es que los vecinos tienen que defenderse del fuego con mangueras de jardín, o por qué la Xunta y el Gobierno central sigue jugando al tú la llevas.
¿Dónde están los reporteros, las radios, las fotos, las cámaras alerta día y noche? ¿Dónde están las denuncias a la incompetencia y a la perfecta inutilidad de los políticos? ¿Dónde están las críticas al Gobierno gallego? ¿Dónde está Antich, el preboste socialista que voló de Baleares a la costa gallega para hacerse una foto vestido de astronauta pocero que costó 11 millones de pesetas? ¿Dónde la movilización ciudadana, la conciencia ecologista transmutada en miles de camisetas y chapitas prendidas al pecho con el lema de Nunca mais? Todo esto, por supuesto, son preguntas retóricas, como en el poema de Manrique.
Por lo visto, lo que movilizaba a todos esos jóvenes furiosos, dispuestos a sacar chapapote con sus manos, no era el petróleo, los percebes echados a perder o los pescadores en paro, sino la mancha indeleble del PP sobre las cuatro provincias gallegas. Lo que molestaba no era el Prestige, sino Fraga, ese otro petrolero tocado y hundido que se bamboleaba impune sobre el mar de la política española. Por lo visto, una vez que Fraga tocó fondo, y que el Gobierno de la Xunta está en buenas manos, no hay de qué preocuparse. ¿Nunca mais qué? Nunca más PP.
Lástima vivir en un país donde la gente pide responsabilidades, sí, pero sólo al enemigo. Lástima que en Madrid la gente se echara a la calle el 12 de marzo, después de la peor matanza de nuestra historia y que quisiera saber quién lo hizo, sí, pero sólo hasta cierto punto. Hasta el 14 de marzo: después, a dormirse. Lástima que el fuego, al contrario que el petróleo o la dinamita, no sepa nada de política.

Elquicio140806 (sobre imagen de lintukoto).
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lola dijo
Artículo genial que dibuja a unos españoles de mierda.
14 Agosto 2006 | 08:37 PM