La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

17 Diciembre 2006

Cosas de chiquillos.

(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).

Relato breve.

Me siento conmocionado por un violento choque. Tengo frío y no distingo el cielo, parece que no está, solo aprecio la línea infinita del asfalto. Mientras lo busco me vienen recuerdos de cuando era un chiquillo: tengo muy pocos años y en el colegio me conocen todos por mi sentido del humor y por mis gansadas. Me gusta provocar a la gente, ver su reacción y escaparme. También gozo de mi asignatura preferida: la gimnasia. Es la única que no tengo problemas para aprobar, es más, suelen calificarme con un sobresaliente; el profesor dice que si no fuera por mi conducta me pondría una matrícula de honor.

La puerta y las grandes ventanas de mi aula dan a un pequeño patio enclaustrado que utilizamos para esparcirnos en las horas de recreo. Hoy he visto a un niño de otra clase que me ha llamado poderosamente la atención. Es más bajo y endeble que yo, y su pose es plácida. Tiene ademanes especiales y como va muy bien peinado me choca. No es como el resto, parece que emana dulzura.

Los demás días hago por verlo. Habla poco con sus compañeros y aparece casi siempre solo, apoyado en una de las columnas cercana a la fuente. Lo contemplo desde la distancia fijándome en sus ojos menudos de pupilas insólitas, mirada de mago que presagia algo rompedor y simultáneamente: alivio y paz.

La verdad es que durante las clases no me acuerdo de él, pero una vez fuera vuelvo a buscarlo para quedarme embelesado contemplando su aspecto. Su pelo liso y corto no es rubio pero lo parece y su cara una belleza tierna. Me dejo llevar por el arroyo de la hermosura y mi cuerpo vibra como un muelle. Ya no hago nada, no juego ni solivianto a nadie, estoy hechizado y mis amigos no comprenden mi actitud. No me había pasado nunca, ni si quiera con una muchacha.

Me preocupa que mis compañeros sepan de mi interés por este chaval y no hago más que disimular mis intenciones. A veces pienso que no es normal lo que me sucede. Mi carácter es extrovertido y sin embargo me siento prieto. Estoy próximo y, a la vez, lejos de él. Ilusionado por conocerlo pero sin la fuerza suficiente para intentarlo.

El tiempo pasa y los días sirven para seguir por el mismo camino: el de la admiración estética. Bebo más que nunca con la intención de mirarlo. No me canso de hacerlo, esperando algo que estuviera a punto de suceder en algún momento y fuera irreversible. Quizá la explosión de una carcasa "arco iris" dispuesta a ser prendida por la curiosidad. Pero el curso finaliza sin cambios.

Ha pasado el verano y deseo con fuerza volver a verlo. Y lo hago al poco de comenzar las clases, quedándome extrañado. Lo miro con interés, una y otra vez, recorriendo todas sus facciones con insistencia y ya no son de miel, no lucen sus ojos. Descubro entonces que su cara bonita es incapaz de cautivarme como lo hacía antes. Sencillamente ya no es igual. Es un desencanto y quiero olvidar...

Por fin, a través del retrovisor, consigo ver el cielo, está entornado, para que pase sosegadamente la lluvia que me empapa; es la aspersión de la muerte, estoy atrapado entre los hierros de mi camión en esta maldita y aburrida autopista esperando el servicio de una ambulancia.

Mientras pierdo excesiva sangre como para poder mantener la esperanza, me sigue viniendo con obstinación el rostro difuminado de aquel niño, casi borrado por el tiempo. Han pasado cincuenta años y, con guasa, me digo a mí mismo que es la única vez en mi vida que me sentí atraído por un hombre; bueno, por un mozalbete. Si lo contara..., con mi historial no se lo creería nadie. Cosas de chiquillos.

El Xiquet de Columbretes (2006). Todos los derechos reservados.


Imagen vía Hank Rabe.

servido por elquiciodelamancebia 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

locuaz

locuaz dijo

Muy bueno eso de la homoseualidad sentida entre un amasijo de hierros...

17 Diciembre 2006 | 01:53 PM

Lina

Lina dijo

Por un momento pensé que ese niño era Dios.

Me gustó.

Lina.

17 Diciembre 2006 | 02:55 PM

jorge

jorge dijo

¡Qué cosas le pasan a uno por la cabeza cuando se pierde la noción de la propia existencia!
Muy bien escrito.

17 Diciembre 2006 | 06:06 PM

eladio

eladio dijo

Para felicitarte, una vez más.

18 Diciembre 2006 | 01:19 AM

Carmen

Carmen dijo

Esa venita homosexual de toda persona siempre aparece cuando menos te lo esperas.

A mi me ocurrió besando a una hermana después de muchos años sin vernos... y el marido nos pilló encamadas en casa de nuestra madre, que, desde una silla de ruedas, asistía complaciente a aqullos derroches de luz y de color...

Pero de eso, desgraciadamente, ya hace muchos años.

18 Diciembre 2006 | 08:56 AM

Rodry

Rodry dijo

Cuanto miedo cuesta reconocer nuestra, aunque sea pequeñísima, parte homosexual. No queremos reconocerla, la tratamos como algo pasajero, como una broma pesada.Queremos ser muy machos, sin mancha alguna, hasta la muerte.

Magnífico relato.

18 Diciembre 2006 | 04:20 PM

leandro

leandro dijo

Pues no sabe lo que se perdió ese hombre.

18 Diciembre 2006 | 08:13 PM

Bartleby

Bartleby dijo

No veo homosexualidad sino la atracción del IDEAL. Precisamente porque un niño se siente atraido por otro, con el que está descartado de antemano cualquier relación física, es el objeto perfecto para construir un ideal.

A eso se une la BELLEZA, el hechizo que produce la belleza encarnada en alguien que no puede desmentirla a través del amor, por ejemplo.
Y ambos, ideal y belleza, se ven acompañados de otro anhelo de pureza propio del ser humano, sobre todo si es inocente, como un niño: la VERDAD. La verdad que custodia un niño solitario, sin contaminación con las estrategias de relación y vida que despliegan sus compañeros.

Como siempre en los cuentos del Xiquet, hay un hilo conductor que me gusta especialmente: la intriga. Cómo conduce al lector por vericuetos de deseo y realidad y cómo le ofrece la llave para deshacer equívocos; eso es especialmente visible en este cuento. Es decir, cómo le deja libertad, creando una relación enriquecedora entre cuento, autor y lector.
Saludos, maese Xiquet.

19 Diciembre 2006 | 11:28 AM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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