Spoliers y otras sandeces.

Cartel, con Roy Rogers (1911-1998, EEUU) de 'Spoilers of the Plains' (1951), de William Witney (1915-2002, EEUU). [+]
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Tahafut al-Tahafut.
Comentarios al artículo «¿Ganan los ‘spoilers’?», de Ignacio Sánchez-Cuenca (EL PAÍS, 2007-01-03)
Fernando Peregrín en ¡Basta Ya!, 080107.
El título, que se puede traducir como “Las incoherencias del incoherente” es el de un célebre libro de Averroes en el que replica, punto por punto, párrafo por párrafo a Algazel. El método es el mismo que yo sigo: Averroes copia el texto entero de Algazel sobre cada cuestión y seguidamente, escribe su réplica.
[ISC]
Entre la declaración de alto el fuego y el coche bomba del 30 de diciembre sólo han pasado nueve meses. El brutal atentado del aeropuerto de Barajas ha tenido lugar menos de 24 horas después de que el Presidente del Gobierno infundiera optimismo a la sociedad sobre el futuro del proceso de paz. ¿Qué ha pasado? ¿Cuáles son las estrategias a partir de ahora? Es muy difícil responder a estas preguntas, porque nos falta información y perspectiva. Resultan envidiables las certezas de tantos a la hora de explicar lo sucedido y de dibujar las líneas futuras de la lucha contra el terrorismo. Escribo estas líneas sabiendo que el análisis es provisional, pero, aun así, quizá no del todo inútil si ayuda a dar algo de sentido a los últimos acontecimientos.
[FP]
En efecto: falta mucha información sobre aspectos fundamentales como son las “sólidas bases” en las que se asentaba el mal llamado “proceso de paz”, los criterios de verificación empleados para los sorprendentes “informes de verificación” del alto el fuego permanente y de que se cumplían los requisitos exigidos en la Resolución del Congreso de mayo de 2005 para iniciar las conversaciones con los terroristas; las razones por las que 24 horas antes del atentado el presidente del Gobierno intentara infundir optimismo a la sociedad sobre el futuro del terrorismo etarra, etcétera.
No obstante, es de gran interés el debate que propone el autor de este artículo.
Así que, antes de nada, nos ponemos el casco de protección del pensamiento crítico, nos abrochamos bien el cinturón de seguridad del escepticismo indagador y de la duda metódica que busca la verdad y nos ponemos a la tarea.
[ISC]
En todos los procesos de paz hay al menos dos partes, y dentro de cada una suelen convivir moderados y radicales. Los radicales reciben el nombre de spoilers en los estudios sobre estos procesos: se caracterizan por hacer siempre cuanto esté en su mano por abortar cualquier acuerdo entre los moderados. La paz (el cese de la violencia) llega cuando los moderados de ambos bandos consiguen alcanzar un acuerdo y son capaces de controlar las reacciones de los spoilers.
[FP]
Para poder debatir con cierto rigor y objetividad, lo primero que se debe hacer es definir claramente los términos, como por ejemplo, el “proceso de paz” de Rodríguez Zapatero y colaboradores. Porque si no, corremos el riesgo de llamar a las cosas por los nombres que no son (cf: Pilar Ruiz Albisu).
Por lo tanto y por lo pronto, en este caso, como se dice en lenguaje coloquial, hay que negar la mayor: no hay tal “proceso de paz”, porque:
a) No hay guerra ni conflicto armado entre dos bandos al que poner fin mediante una paz negociada. Sólo hay una banda de asesinos y sus cómplices (amén de partidos nacionalistas vascos—vulgo recogedores de nueces— con la caña de pescar en aguas revueltas repleta de anzuelos de rapiña) que coartan la libertad de todos aquellos que no son de la tribu vasca y que quieren imponer su política totalitaria y antidemocrática mediante la violencia contra vidas y haciendas de sus enemigos políticos.
b) La Resolución del Congreso de mayo de 2005 no apoya ningún “proceso de paz”, ni siquiera entendido éste en sentido metafórico. No está de más que refresquemos nuestra memoria al respecto:
"Expresamos nuestra convicción de que el Estado de Derecho ha demostrado su fortaleza y superioridad frente al terrorismo. A ETA sólo le queda un destino: disolverse y deponer las armas. Ésta es la exigencia de la ciudadanía vasca y ésta es también la actitud de la totalidad de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados".
"Por eso, y convencidos como estamos de que la política puede y debe contribuir al fin de la violencia, reafirmamos que, si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad para poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular. La violencia no tiene precio político y la democracia española nunca aceptará el chantaje de la violencia".
Conque es falaz hablar de “proceso de paz” siquiera sea, repito, en sentido figurado. La Resolución del Congreso, además, tampoco apoya “procesos de diálogo” (¿por qué no poner simplemente “diálogo”?) con la banda ETA en su conjunto, esto es, como organización terrorista, sino con “quienes decidan abandonar la violencia” (y lo hayan mostrado mediante actitudes inequívocas). Esta distinción entre la banda y sus componentes individuales no es baladí. Ni mucho menos. Hay una diferencia legal y política enorme ya que el Congreso apoya el diálogo con individuos que, arrepentidos o no, demuestren inequívocamente su voluntad y su actitud de dejar la violencia y no una negociación de carácter más o menos institucional con una banda armada. En suma, esta Resolución apoya la rendición de la banda, su disolución y el diálogo con los que voluntariamente se aparten del crimen y de todo tipo de violencia y muestren su voluntad de reinsertarse y dejar para siempre el terrorismo en todas y cada una de sus manifestaciones.
En estas cuestiones, como en tantas otras, no debemos confundir la semántica con la epistemología. O lo que es lo mismo, debemos usar las metáforas y la sinonimia para aclararnos entre nosotros y a los demás lectores, no para embarullarnos.
Por cierto que si la paz, como señala entre paréntesis Sánchez-Cuenca, es sólo el cese de la violencia, entonces hay que distinguir entre dos tipos posibles de paz en el País Vasco: la paz con plena libertad para todos, por un lado, y por otro, y con palabras de Rosa Díez, la paz de ETA, la “paz de Azcoitia”. El final dialogado de la violencia, dicen los expertos, lo más probable es que acabe siendo la “paz de Azoitia”, la paz sin libertad.
[ISC]
A estas alturas hay base para sospechar que dentro de ETA se dan profundas divergencias entre duros y blandos, entre spoilers y moderados. Los cuarenta y tres meses sin muertos entre el 30 de mayo de 2003 y el 30 de diciembre de 2006, la declaración de Anoeta, la evolución de Batasuna y el alto el fuego del 22 de marzo de este año constituyen un sólido indicio de que los moderados en el conglomerado de ETA quieren acabar con la violencia terrorista mediante algún tipo de acuerdo con el Gobierno. Parecía que los moderados llevaban la voz cantante, pero durante el desarrollo del proceso de paz ha habido signos de que la correlación de fuerzas cambiaba en el seno de ETA, de que los spoilers ganaban posiciones frente a los moderados.
Los estudios comparados muestran que los spoilers pierden la partida cuando se crea una sólida coalición entre moderados de ambos lados que vacía de apoyo social a las facciones más extremistas. En España, esto no ha sucedido. Los más radicales dentro del mundo de ETA no sólo no han sido arrinconados, sino que han ido ganando terreno.
[FP]
De nuevo es necesario detenernos a concretar que debemos entender por terroristas duros y terroristas blandos. (Más adelante nos ocuparemos del tecnicismo spoilers), así como las bases para esa sospecha.
Si en vez de guiarnos por intuiciones más o menos viscerales nos dejamos aconsejar por los expertos, llegamos rápidamente a la conclusión que, en un sentido amplio de los términos y de las categorías que definen, esa división entre terroristas duros y blandos, entre asesinos moderados y extremistas, es una verdad de Perogrullo. Pero en un sentido pragmático y como herramienta para abordar con un mínimo de esperanzas de acierto el final de ETA es falsa. Puede, no lo niego, que es posible que sea una interesante cuestión de psicología criminal académica distinguir a los asesinos por su mayor o menor crueldad sanguinaria, pero a la hora de abordar una política seria y responsable destinada a tratar de escribir el último capítulo de la lucha antiterrorista resulta ser irrelevante, cuando no un error grave que puede condicionar muchas de las decisiones a tomar.
Me permito recomendar a este respecto un excelente artículo de Santiago González “Taxonomía de terroristas”, publicado en el diario El Correo (2006-10-31). Destaco, tocante a este asunto, estos párrafos:
“Todos los militantes de ETA, todos los presos de ETA, son partidarios de negociar con el Estado, presidente. De Juana Chaos, por supuesto, pero también Iñaki Bilbao, el psicópata que le gritaba al juez “¡Tú estás muerto, cabrón!”. Todos considerarían la posibilidad de abandonar la violencia si se les diera lo que piden.
El oficio del periodismo necesita la taxonomía. Es una herramienta pedagógica, más si es binaria. Hace ya muchos años que los nacionalistas nos enseñaron a distinguir entre los duros y los blandos, los halcones y las palomas, los troitiños y los iturbes. La distinción, mi señor Zapatero, es inane. Los duros y los blandos han sido siempre partidarios de la negociación y tanto unos como otros han sido partidarios de matar para conseguirla. La edad, los michelines, el ácido úrico iban suavizando los perfiles de los halcones para convertirlos en palomas, frente a nuevas polladas (stricto sensu) de alcotanes.”
Hay otros muchos ejemplos de expertos y conocedores del mundo de ETA y sus gentes que opinan igual. He aquí, por ejemplo, lo que escribe en su blog el nacionalista vasco Iñaki Anasagasti:
“Yo lo tengo cada vez más claro. Está demostrado por cuarta vez que con ETA no hay nada que hacer. Nada. Ni con esta ni con la que venga, ni con los Ternera, ni con los Cherokis. Nada. Porque estamos ante una organización fanática y totalitaria a la que, o le das toda la razón para justificar su violencia o no aceptarán nada de nadie. Al contrario. Creerán que hablamos así porque los débiles somos nosotros.”
Volvamos a las razones que nos da Sánchez-Cuenca en su artículo que comentamos para sospechar de la existencia en ETA de halcones y palomas. Y, claro, nos encontramos con el argumento de los “cuarenta y tres meses sin muertos”. Para empezar, hay que distinguir entre la parte de ese período en el cual ETA no mató porque lo impidió la acción policial, y la prolongación voluntaria del mismo por parte de la banda terrorista (en palabras de Patxo Unzueta: el periodo previo sin muertos, prolongado luego deliberadamente […] Cf: “El secreto de Zapatero”, EL PAÍS, 2007-01-04).
Conviene recordar a este respecto que durante el año 2005 (remitamos, para el año 2004 a las hemerotecas), por ejemplo, en los meses previos a la declaración del alto el fuego, lo más significativo fue la desarticulación de un comando en Valencia—que tenía órdenes de atentar contra un militar o contra la alcaldesa de esa ciudad y en ello estaban—, la también desarticulación de otro comando en San Sebastián, la explosión controlada de un coche bomba en Neguri—que hizo afirmar al Consejero de Interior Balza que era un coche preparado con la intención de matar—y la detención de un comando en Vizcaya (Basauri) a los que encontraron en posesión de una carta de Txeroki con instrucciones de “poner patas arriba a algún uniformado” antes del 19 de marzo. Todo esto, por cierto, mientras los negociadores de Rodríguez Zapatero discutían con ETA sobre el “alto el fuego”.
Es difícil que estos hechos y la declaración de Anoeta, más la evolución (¿qué evolución, por cierto?) de Batasuna a la que se refiere Sánchez-Cuenca pero de la que nada concreta, constituyan “indicios sólidos” de que los moderados querían acabar con la violencia de ETA y menos aún en las condiciones de la Resolución del Congreso de mayo de 2005. Claro, de esto cabe poca duda, que seguramente querían acabar con la violencia, pero no por ser moderados o extremistas, sino porque pensaran unos y otros que había razones suficientes para sospechar que podían conseguir acuerdos con el Gobierno que les satisficieran lo suficiente como para dejar las armas.
Al hilo de esto, conviene también recordar que poco después de que el PSOE ganara las elecciones, algunos de los más sanguinarios asesinos de ETA enviaron una carta desde las cárceles pidiendo a la dirección de la banda que cesara la utilización de la violencia porque ya no había posibilidad alguna de conseguir nada por esa vía. El resultado de esa carta fue que la dirección de la banda, en concreto Ternera, el negociador de Rodríguez Zapatero, les expulsó de la banda por traidores.
Finalmente una breve observación sobre el término spoilers y la dudosa aseveración de Sánchez-Cuenca sobre la resolución del conflicto cuando los moderados se imponen a los spoilers. Lo primero que hay que señalar que esa afirmación es de una simplicidad bíblica que contrasta con el uso del tecnicismo spoilers propio de la jeringonza de los especialistas en esa arcana, brumosa, bienintencionada e inconcreta especialidad que es la “resolución de conflictos” (espléndidamente bien remunerada, por otro lado). Existen, al parecer, tantas definiciones de spoilers como especialistas en la materia, según las cuales hasta los que critican un adjetivo de una cláusula adicional de un preacuerdo de paz pueden ser tenidos como spoilers. En un texto patrocinado por la ONU, se puede leer, por ejemplo:
“Ciertamente hay ejemplos de grupos armados que están fuera del proceso de paz y que usan la violencia para romper el proceso. Pero hay capacidad para el spolinig, en un sentido amplio, en todos los actores y en diferentes fases del proceso. De hecho, en cierta forma, spoiling es parte del proceso tanto como los conflictos son una función de los cambios políticos y sociales.”
(Cf: Challenges to Peacebuilding: Managing Spoilers During Conflict Resolution. Editado por Edward Newman y Oliver Richmond. United Nations University Press. Por cierto, este libro, de jerga ilegible, contiene un desnortado capítulo dedicado al País Vasco donde, al parecer, florecen los spoilers: “Why do peace processes collapse? The Basque conflict and the three-spoilers perspectiva.” Es cierto, ¿para qué contentarse con un tipo de spoilers si podemos tener tres en el País Vasco?).
Llegados aquí, conviene advertir a los lectores que piensen que no se han enterado bien sobre la diferencia que hay entre spoilers y moderados, entre terroristas buenos y terroristas malos y su relación con el “proceso de paz”, que si es así no se preocupen. Pues no es porque carezcan de inteligencia o de conocimientos necesarios para entenderlo; es, simplemente, que no hay nada que entender. Y que no hay diferencia alguna entre terroristas halcones y terroristas palomas, entre buenos y malos asesinos de ETA.
Es de esperar, además, que de ese intento de dividir a los terroristas entre buenos y malos a nadie se le ocurra deducir, mediante un falaz argumento por analogía, el hecho de que se pueda dar por sentado que entre los demócratas también hay buenos y malos.
[ISC]
Las razones [por las que los más radicales dentro del mundo de ETA no sólo no han sido arrinconados, sino que han ido ganando terreno] son muy complejas y todas ellas discutibles. Puede que Otegi, Ternera y los suyos hayan sobrevalorado su capacidad de control de la organización, o puede que no se hayan atrevido a desafiar abiertamente a los más duros cuando se aproximaba el momento de la verdad. Quizá el Gobierno pudiera haber hecho más para reforzar a los moderados frente a los spoilers ante los obstáculos judiciales con los que se ha encontrado Batasuna para dar pasos a favor de su integración en el sistema. El Gobierno parecía más preocupado por demostrar que no hacía concesiones que por consolidar la posición de los moderados dentro de ETA. Y la estrategia de enfrentamiento del PP tampoco ha ayudado mucho. Por ejemplo, resulta increíble que se montase un escándalo fenomenal por una reunión entre líderes de Batasuna y del PSE.
[FP]
Respecto a las especulaciones sobre lo que ha pasado o dejado de pasar en el conglomerado ETA-Batasuna no merece la pena comentar nada. Sea lo que sea, ha estallado la primera bomba tras el “alto el fuego”, ha sonado el cornetín de órdenes y todos se han apresurado a ponerse en fila y a saludar obedientemente a los mandos terroristas, entre los que habrá, seguramente, esos a los que Sánchez-Cuenca llama más duros y menos duros.
Sí merece la pena comentar lo que parece ser una tesis del autor respecto de las posibles concesiones del Gobierno y su margen de actuación en el caso de la legalización de Batasuna. En relación con lo primero, el Gobierno ha hecho concesiones varias, algunas de gran calado: las mesas, incluyendo la de partidos (llegando al extremo, como señala Patxo Unzueta en el artículo antes citado, de aceptar, en contra de la Resolución del Congreso, cambiar el orden de las mesas), ésta última, de suyo, una concesión a los terroristas que es, en muchos aspectos, tal y como queda de manifiesto en el documento elaborada por ¡Basta Ya!, al respecto, una disparo a la línea de flotación de la legalidad y legitimidad del Estado de derecho español; la vista gorda ante las numerosas violaciones del “alto el fuego” perpetradas por ETA y sus gentes; la internacionalización del conflicto mediante el disparate de someter a votación—meramente testimonial, para más inri—en el Parlamento europeo de una resolución de apoyo al malhadado “proceso de paz”, sabiendo, además, que no había unanimidad ni entre los propios eurodiputados españoles; la reunión a bombo y platillo del PSE con Batasuna, legitimando así, de hecho, como representante de una parte de la sociedad vasca y otorgándole rango de interlocutor político homologable con cualquier partido democrático en el “proceso de paz” a una organización ilegalizada y disuelta por el Tribunal Supremo, con el refrendo del Constitucional; las continuas concesiones a la “violencia sin muertos”; las rebajas de temporada de paz de la fiscalía en muchos juicios, etcétera.
Sorprende, respecto a la posible integración en el sistema democrático español de Batasuna, que el autor de este artículo escriba sobre “obstáculos judiciales”, un eufemismo inaceptable dada la situación de ilegalidad de Batasuna—con orden de disolución incluida—mediante sentencia del TS, confirmada por el TC. Calificar de “obstáculo judicial” tal sentencia es, como poco, una frivolidad; y si se me apura, estoy por admitir que es una burla a nuestro Estado de derecho. Huelga cualquier comentario adicional.
[ISC]
A partir de ahora se abren múltiples incógnitas. El hecho de que el atentado del 30 de diciembre se haya saldado con dos desaparecidos, probablemente muertos, puede que desbarate la estrategia de ETA. ETA quería introducir la máxima presión sobre el proceso, pero el haber asesinado a dos personas impide cualquier movimiento del Gobierno. Los terroristas insistirán en que su intención no era acabar con la vida de nadie y por eso avisaron con una hora de antelación de la explosión del coche bomba. Eso servirá para tranquilizar a algunos de sus seguidores, pero no va a alterar la posición del Gobierno.
[FP]
Cierto: no debería alterar la posición del Gobierno (caso que sepamos cual es, por cierto: si la que anunció el presidente Rodríguez Zapatero o la que sostuvo su ministro del Interior. Demos por válida esta segunda).
Sucede, empero, que nadie del Gobierno ni de su entorno parece darse cuenta de lo grave que es la política de fiarlo todo o casi todo al albur de los “atentados sin muertos”. Claro que hasta podía ser peor si se intentara diferenciar entre “atentados con muertes voluntariamente buscadas” y “atentados con muertes involuntarias” o accidentales (no es una exageración: recuérdese lo que dijo el señor Rodríguez Zapatero sobre “accidentes mortales” al hablar estas mismas Navidades sobre atentados de ETA). Se ve ahora que ha sido un grave error hacer girar el “proceso de paz” en torno a las víctimas mortales de ETA. Pues entre otras cosas, porque se da a entender a los terroristas y sus cómplices que el límite está en eso: en el terrorismo que ocasiona víctimas mortales. Es un error tan grave que por si solo hace hasta ridículo y macabro hablar de “proceso de paz”.
Respecto de las supuestas intenciones de ETA en este último atentado mortal en el aeropuerto de Barajas, me pregunto de dónde sacará Sánchez-Cuenca su observación de que los terroristas insistirán en que buscaban un atentado sin muertos, una verdadera e inaceptable infamia, caso de ser así, que lo desconozco, pues no tengo la información que parece tener Sánchez-Cuenca para presumir tal cosa, ni la bola de cristal para predecir el futuro que parece haber sido la herramienta más usada por los irredentos optimistas fieles a las consignas, mantras y eslóganes del presidente del Gobierno. Está de más decir que cuando ETA coloca centenares de kilos de explosivos en un parking por el que pasan cientos de personas constantemente, es obvio que no le importa que haya muertos ni el número de ellos. Tampoco entiendo bien a qué se refiere Sánchez-Cuenca cuando insiste sobre el hecho conocido de que ETA avisó con una hora de antelación a la explosión mortal. Estoy seguro que al autor no se le ha pasado por la imaginación culpabilizar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de no haber actuado con la debida diligencia. Lo anoto, empero, para evitar que una lectura apresurada de este artículo pueda llevar a algún lector a pensar precipitadamente que tal era la intención de su autor.
[ISC]
Paradójicamente, el atentado deja toda la responsabilidad sobre ETA y no sobre el Gobierno. ETA se enfrenta ahora a una decisión muy difícil: o hace algo para relanzar el proceso de paz o desafía nuevamente al Estado en un combate que sabe perdido de antemano. Quizá ante un dilema así los moderados vuelvan a ganar posiciones.
[FP]
La responsabilidad y la culpa legal y moral del atentado son, sin duda alguna, de ETA exclusivamente. Pero hay responsabilidades de lesa política antiterrorista a las que, tarde o temprano, se debe enfrentar el Gobierno. A este respecto, se empiezan ya a oír tímidas voces que, más que de autocrítica, parecen de autoexculpación (Cf: las recientes declaraciones de José Blanco a la SER).
Cabe interpretar asimismo este comentario de Sánchez-Cuenca en el sentido de que la pelota está ahora en el tejado de ETA, valga el lenguaje llano. Esto sería otro grave error; es decir, que si el Gobierno en vez de reaccionar, y tras reconocer con rigor, seriedad y sinceridad sus importantes equivocaciones, recomponer, en consecuencia, su desnortada política antiterrorista, se limita a esperar acontecimientos y sigue al remolque de las acciones de ETA y sus socios y cómplices, las consecuencias pueden ser hasta catastróficas para todos, incluyendo al propio Gobierno.
Lo que resulta muy improbable y muy poco creíble, hoy por hoy, es que “los moderados vuelvan a ganar posiciones”, entre otras razones porque cuando el terrorismo con víctimas ha empezado de nuevo, no hay moderados que valga.
Además, me gustaría saber qué entiende Sánchez-Cuenca por “hacer algo [ETA] para relanzar el proceso de paz”. Por cierto, que este último párrafo que comento es un ejemplo de libro de la falacia de la elección dicotómica, esto es, la falacia de dar por sentado que sólo hay dos opciones en una elección que puede tener muchas y además, no mutuamente excluyentes. Porque le recuerdo al autor de esta falacia que ETA lleva haciendo ambas cosas, es decir, jugando al “proceso de paz” y desafiando al Estado desde que declaró el alto el fuego. No es bueno cerrar los ojos a la realidad o intentar manipularla para hacer trampas a los pánfilos y crédulos.
[ISC]
Mientras se aclara el futuro, es fundamental hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, resulta absurdo el intento del Partido Popular por oponer proceso de paz a Estado de Derecho. Se trata del mismo intento de apropiación que han practicado con la Constitución o la bandera. El proceso de paz se realiza desde del Estado de Derecho, no supone en ningún caso la violación de la legalidad. Baste recordar la declaración del Congreso de mayo de 2005 que marca los límites de la actuación del Gobierno.
[FP]
No merece la pena que nos detengamos en estas afirmaciones, pues ya hemos visto que ni hay “proceso de paz” ni el engendro que hubo se estaba ajustando a la Resolución del Congreso de mayo de 2005. ¿O es que hace falta que volvamos a citar dicha resolución una vez más? Pues no se trata ya de los límites a los que se refiere Sánchez-Cuenca, sino a las bases mismas del apoyo al Gobierno dado por el Congreso, es decir, de las condiciones necesarias y suficientes, que nunca se dieron, para que empezara el diálogo con los terroristas que demostraran, más allá de toda duda razonable, su voluntad de abandonar la violencia.
Vemos ahora que todos los “informes de verificación” han resultado ser papel mojado, cuando no simples y torticeras mentiras y que se han ninguneado pruebas inequívocas en sentido contrario al que obligaba la verificación del alto el fuego—como el robo de armas en Francia o el descubrimiento de un zulo de ETA en el País Vasco con explosivos suficientes para perpetrar una matanza—con tal de seguir adelante en un empeño más propio de un iluminado ignaro que de un presidente del Gobierno. Porque cuesta trabajo comprender cómo se ha llegado a esta alucinación colectiva del “proceso de paz” sin más base, según todas las informaciones disponibles en este momento, que la intuición del señor Rodríguez Zapatero y de cuatro informes optimistas de sus asesores que, a la vista de las circunstancias, parecen basarse en los libros mágicos de Harry Potter y no en hechos empíricamente comprobables.
A este respecto es bueno acordarse de la máxima de Hume tocante a los milagros y demás hechos extremadamente extraños y difícilmente creíbles: afirmaciones extraordinarias sobre hechos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias. Pues no hay nadie tan obtuso que a la vista de cómo evolucionaban los acontecimientos no se percatara que era una afirmación extraordinaria, cada vez más difícil de creer, que se cumplieran o se pudiesen cumplir las condiciones fijadas en la Resolución del Congreso de mayo de 2005 para el final dialogado de la violencia de ETA, máxime cuando no se aportaba prueba alguna, no ya extraordinaria, como requerían las circunstancias, sino mínimamente verosímil. Se argüirá que esas pruebas existían, pero que eran secreto de Estado. Cosa poco creíble ahora, vista la desnudez de información con la que se nos está mostrando el Gobierno; mas si aceptamos ese argumento como algo que pudo o ha podido suceder, ¿tan difícil hubiese sido en ese hipotético caso informar a todos los responsables de los partidos políticos en la correspondiente Comisión de Secretos Oficiales de las Cortes y, a la vez, proporcionar un mínimo de información verosímil y lo más completa posible a las asociaciones cívicas involucradas en la lucha antiterrorista y poco dispuestas a creer en “el proceso” con la fe del carbonero?
Salvo que finalmente existan esas pruebas de que se podían satisfacer las condiciones de la Resolución del Congreso de mayo de 2005 cuando se emprendió el diálogo con ETA, hipótesis que se ha demostrado falsa, la alucinación social ocasionada por el “proceso de paz” es muy posible que se deba a que se ha planteado y ejecutado según las tácticas y estrategias propias de las sectas: un líder o caudillo indiscutible, generalmente un iluminado, que está en posesión de la verdad, bien por revelación divina, bien por intuición sobrehumana; unos acólitos y apóstoles que predican a diestro y siniestro la fe ciega en el líder y en sus verdades incuestionables, pese a que la realidad de los hechos les contradigan una y otra vez; una actitud compulsiva de toda la secta de rechazar y anatemizar a todos los que dudan o se oponen a tragarse las ruedas de molino con las que el líder hace comulgar a sus seguidores, y, además de otras cuestiones que no es el caso exponerlas ahora, una obsesiva disposición a dividir a la sociedad en creyentes y no creyentes, de forma que parecen estar catequizando con la máxima bíblica de “quien no está conmigo, está en contra de mí” como arma arrojadiza.
A ese líder o caudillo se le puede excusar, hasta cierto punto y no siempre, otorgándole el beneficio de la duda de si habrá o no intentado engañarse a sí mismo, poniendo en ello todos los medios humanamente posibles, antes de intentar engañar a los demás. De sus acólitos, que no sólo se han mostrado crédulos con atrofia irreversible del sentido común, sino que han contribuido con ardor y entusiasmo a propalar el fraude, lo menos que se les puede reprochar es esa disposición activa a dejarse engañar por el líder.
[ISC]
En segundo lugar, no es cierto que se haya retrocedido en la lucha antiterrorista. Hasta el momento, ésta es la legislatura con menos víctimas del terrorismo de la historia de la democracia. Han continuado las detenciones de etarras y ha habido operaciones policiales de la máxima importancia (descabezamiento del frente político en octubre de 2004 con la detención de Mikel Antza y Anboto). No tiene demasiado sentido comparar número de detenciones entre distintas legislaturas, pues sabemos que esos números son una función directa de la actividad de ETA. Cuanto menos actúa ETA, menos detenciones se producen, no por negligencia policial, sino porque los etarras no dejan rastro mientras están inactivos. Es simplemente falso afirmar que el último Gobierno de Aznar derrotó a ETA y que el Gobierno de Zapatero le ha hecho revivir.
[FP]
Tiene razón Sánchez-Cuenca en lo que dice respecto de los números de detenciones a la hora de valorar la lucha antiterrorista de unos u otros gobiernos. Mas no está de más que las recordemos:
2001: 149 detenciones de etarras, de ellas, 27 en Francia
2002: 142 detenciones, de ellas, 48 en Francia
2003: 152 detenciones, de ellas, 40 en Francia
2004: 117 detenciones, de ellas, 49 en Francia
2005: 87 detenciones, de ellas 30 en Francia
2006: 31 detenciones, de ellas 17 en Francia
Pero es que, además, existen datos suficientemente comprobados de que, lamentablemente, estamos bastante peor, mucho peor, debido a los graves e inauditos errores cometidos con la excusa del “proceso de paz”. Permítanme citar a José Luis Barbería, quien en un magistral e imprescindible artículo del mejor periodismo especializado en la lucha antiterrorista escribió recientemente (“París atribuye a ETA plena capacidad operativa”. EL PAÍS, 2006-12-31):
“La tregua ha permitido a Batasuna recuperar la iniciativa y el protagonismo político, así como neutralizar la competencia electoral—80.000 votos perdidos en las autonómicas de 2001—del plan soberanista de Ibarretxe. Y, por supuesto, la proclamación oficial del "proceso de paz", sancionada, incluso, por el Parlamento Europeo—ése es su gran triunfo político en esta tregua—, hacen que Batasuna y ETA se hayan adornado en este tiempo con la pátina de legitimidad y dignidad consustancial a todo interlocutor reconocido.
Aunque la ETA civil, los activistas de doble militancia incrustados en las estructuras de la órbita Batasuna, no ha logrado librarse de su procesamiento a cargo de la Audiencia Nacional, el aumento de la autoestima colectiva ha sido bien patente en ese mundo.”
“Ese mundo” al que se refiere Barbería ha recuperado la esperanza y la fe en sus utopías. Y eso es un daño enorme, que seguramente costará mucho reparar, pues el terrorismo se alimenta de esperanzas irracionales y de creencias utópicas. Además, y no se olvide, tal y como reza el título de este revelador artículo del periodista Barbería, ETA ha recuperado una capacidad operativa que estaba bajo mínimos antes de empezar el mal llamado “proceso de paz”.
Sobre la aún más grave consecuencia de este inútil, disparatado y mal llamado “proceso de paz” que es la división entre los dos partidos que suscribieron el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo—junto con la Ley de Partidos, los dos potentes instrumentos del Estado de derecho que lograron poner contra las cuerdas a ETA y su mundo—nos ocuparemos más adelante. Baste por ahora señalar que se ha producido la consiguiente fractura social entre muchos de los ciudadanos que defienden y apoyan la Constitución española y exigen la necesidad urgente de que se devuelva a todos los ciudadanos del País Vasco su libertad, es decir, que la sociedad vasca vuelva—o empiece a ser de una vez por todas, pues es dudoso que haya empezado alguna vez a serlo—una sociedad democrática, plural, abierta y libre del terror y del miedo impuesto por unos asesinos y sus cómplices, moderados y extremistas, halcones y palomas por igual, que en esto no cabe distinción posible.
[ISC]
En tercer lugar, el proceso de paz no descarrila porque el Gobierno haya actuado en soledad, sin apoyos. Es verdad que el PP, por motivos electorales, se ha opuesto a la iniciativa del Gobierno, pero éste ha contado con el apoyo de todos los demás partidos del Parlamento y con una amplia mayoría de la opinión pública, según han mostrado sistemáticamente las encuestas.
[FP]
Cierto. Sucede, empero, que el Gobierno se equivocó de socios. Además, los apoyos de esos socios que eligió—algunos, más que socios, comisionistas de los resultados políticos del “proceso de paz”—no iban nunca más allá que de los meros brindis al sol, demagógicas puestas en escena para mayor glorificación y encumbramiento mediático del presidente del Gobierno y lucimiento de éste en los estudios demoscópicos de opinión coyuntural. La respuesta de ERC, por ejemplo, tras el fracaso del sueño político de Rodríguez Zapatero lo deja todo bien claro.
Acaeció pues, incomprensiblemente, que el Gobierno vendió el oro de buena ley del Pacto con el PP—pacto que surgió, por cierto, del propio PSOE—por un escaso plato de lentejas nacionalistas, muchas de ellas, como se ha visto ya, en malas condiciones. Y es que no son comparables unos pactos y otros. El sentido básico y primordial, el que da sentido a todo, del Pacto suscrito entre el PSOE y el PP es muy claro: gobierne quien gobierne de los dos partidos—y son los dos únicos que pueden gobernar en España y por tanto, fijar la política antiterrorista, en un plazo previsible—ETA se encontrará siempre con la misma firmeza del Estado de derecho frente al terror y la violencia y con la misma política antiterrorista. Así se pierde toda esperanza de jugar con el uno o con el otro a fin de conseguir mediante la división lo que saben los terroristas que jamás alcanzarán si hay unión. Así de sencillo y de grave es el error que se ha cometido. Es más que un pacto entre partidos: es—o era, pues me temo que ha fallecido mientras el Gobierno actual lo ponía en hibernación—un verdadero pacto de Estado.
Por cierto, ¿desde cuando y hasta que extremos lleva el PSOE traicionando dicho pacto? De eso no parece tener noticia el señor Sánchez-Cuenca.
[ISC]
En cuarto lugar, el atentado del 30 de diciembre no cambia las condiciones generales que hicieron posible el inicio del proceso de paz. Si hubiera un cambio de posición creíble en el seno de ETA, el proceso debería seguir adelante. La derrota final de una organización terrorista como ETA, que tiene un patológico grado de apoyo social en el País Vasco, sólo es posible si su brazo político se integra en el sistema. Ese paso sólo se producirá mediante un final negociado de la violencia, se pongan como se pongan los enemigos del proceso de paz.
[FP]
En un sentido estricto, es decir, con la Resolución del Congreso en una mano, y las promesas al respecto hechas por Rodríguez Zapatero sobre su cumplimiento en la otra, el atentado del 30 de diciembre lo cambia todo. Y más que eso: pone en evidencia las patrañas del presidente del Gobierno a la hora de hacer su santa voluntad en ese dislate que ha llamado “proceso de paz”. Pero si tenemos en cuenta que esas condiciones generales a las que de forma tan vaga e inconcreta parece referirse el autor del artículo que analizamos, nada tienen que ver, como han demostrado los hechos más allá de toda duda razonable, con la citada resolución ni con los acuerdos vigentes en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, pues podemos admitir, asombrados, eso sí, que nada cambia porque todo parece que le da igual a Rodríguez Zapatero: vale todo y se pueden hacer las cosas como sea con tal de que no se le caiga de la boca lo del “proceso de paz”.
Respecto a los posibles cambios creíbles en ETA y Batasuna que apunta Sánchez-Cuenca, como que por ejemplo, que se produzca un divorcio en el seno de la organización terrorista que hoy por hoy forman ambos grupos, habrá que recordar de nuevo a Hume: las afirmaciones sobre hechos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias, si queremos empezar a pensar en serio sobre ello.
Pese a ese patológico grado de apoyo social con que cuenta hoy el terrorismo en el País Vasco, es posible acabar con ETA mediante los instrumentos de que dispone el Estado de derecho, entre los cuales son imprescindibles el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la Ley de Partidos, aplicada ésta con todo el rigor que exige ese grado de apoyo patológico con que cuenta ETA en el País Vasco, fácil de cuantificar y posible de aislar socialmente mediante la ley y los sistemas éticos y políticos propios de toda sociedad democrática. Existen pruebas difícilmente discutibles—a las hemerotecas y libros publicados sobre ello me remito—de que ETA y Batasuna, antes de echar a andar el experimento pacifista de Rodríguez Zapatero, habían perdido casi toda la esperanza y la fe en sus utopías, y lo que es más importante, amplios sectores de ese patológico grado de apoyo social también estaban convencidos de su derrota.
Quizá no esté de más recordar también, por si no lo conociese o no lo recordase el autor de este artículo, que el brazo político de ETA estuvo integrado en las instituciones democráticas hasta que el Supremo dictaminó que Batasuna y todas sus “marcas” formaban parte del entramado de ETA. Y que durante el tiempo que estuvieron en las instituciones democráticas no sólo no cesó la violencia asesina de ETA sino que contaron con más medios físicos, económicos y materiales para cometer sus atentados. Cuando ETA asesinó a Fernando Buesa, por poner un ejemplo, había en Euskadi un pacto entre el PNV y Euskal Herritarrok, un pacto suscrito con Ternera. Una parte del seguimiento al líder socialista asesinado se hizo desde dentro del parlamento vasco, en el que todos los acólitos de Ternera estaban sentados. Batasuna, pues, ya ha estado antes en las instituciones. Y ello sólo ha servido para fortalecer la estrategia de ETA.
Finalmente, y tras dejar claro que es absurdo hablar de enemigos del “proceso de paz” porque tal proceso, como vimos al inicio de esta líneas, es una falacia (además, ¿por qué al que duda o no está de acuerdo con unas u otras políticas del Gobierno, o simplemente, sostiene otras soluciones para luchar contra el terrorismo se le tilda inmediatamente como “enemigo”?), no está de más que recordemos, con ironía y una sonrisa en los labios, el parecido que tiene esa expresión con la de “enemigos del pueblo”, que sirvió de justificación a Stalin para fusilar por miles y millones a todo el que se le oponía o eran críticos con sus políticas o, simplemente, no creía en él con la fe ciega con la que, la parecer, se debe creer al líder inmarcesible e indiscutible.
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Carlos dijo
Una muy buena reflexión de la situación actual.Ahora ya tengo más claro que a los terroristas no se les debe ni de mirar.
11 Enero 2007 | 12:54 PM