Nieve caliente.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
Le gustaba el verano del levante español porque le traía el calor sofocante y húmedo de su tierra. Como aquel, también le abatía las ganas y se dejaba llevar por su invitación a la búsqueda de un soplo en la sombra, donde no hacer otra cosa que recordar. ¡Cuánto echaba de menos los lugares repletos de platanales, la leche de coco y sus playas: nieve caliente donde poder retozar con las muchachas de piel umbrosa!
Cuando llegó a España se enamoró de una tez blanca, casi transparente, que mostraba un cuerpo delicado, de brazos largos y ojos turquesa como su mar. Una mujer diferente, con la razón pausada y el sentimiento claro, siempre abierta a sus ilusiones. Y se casó y Dios le concedió una extensa y sana prole.
Venía de un pueblo en que la feria y la música eran el centro de todo; se sentía un gran parrandero, con sangre de fiesta, dispuesto a iniciar la caza de la hembra cautivadora, a todas horas. Por eso no hacía otra cosa que frecuentar las discotecas de ritmos calientes donde conquistar bellezas con muslos recios.
Su mujer le criticaba los excesos que daban pie a las habladurías sobre hijos secretos y el no estar dispuesto a cambiar por ella. Hasta que no aguantó más -eran demasiados años tragando con la moral distraída de su hombre- y lo acorraló presentado los papeles del divorcio. Él supo en ese instante que se le desmoronaba la familia y se entristeció por su infortunio.
¿Pero qué culpa tenía de ser así? En su tierra las hembras son permisivas y los machos, pecadores de múltiples alcobas. Daría la vida por la madre de sus hijos, si bien era incapaz de frenar la pasión por la aventura amorosa. Necesitaba ver los arrecifes de coral en los ojos de las paisanas y buscar con ahínco sus afectos fortuitos.
Como las adversidades no vienen solas, poco después su avanzada edad empezó a jugarle malas pasadas y los médicos acabaron aconsejándole intervenir en la próstata, la glándula de los machos; pero él no estaba dispuesto a perder ni un ápice de su ímpetu isleño.
¿Cambiar el sublime espasmo? ¡Ni chiflado! Y creyó que había llegado el momento de escapar, de despedirse de la sociedad capitalista y derrochadora, la que ofrece dinero a cambio de esclavizarte en el consumo, imposibilitando la verdadera libertad.
Ahora vive apoyado en sus laboriosas y rumberas amigas, junto al rompeolas de su pequeña isla, donde la espuma perfila los granos de arena blancos que levanta la brisa. Y no teme a sus carencias, porque sabe que le sonríen las niñas mulatas.
Ya lleva tres semanas rondando a una joven de esbelta figura que le encandila con sus meneos. Como si no hubieran pasado los años, la sigue con prudencia, la piropea y, cuando coincide con ella abrazado a su guitarra, le canta melodías del alma.
Siente de nuevo el son del apasionamiento que escucha impregnado de tonalidades y de olores que transporta sólo su cielo. Y cuando le preguntan que hará si no la consigue, dice con gozo: "aquí, incluso en la vejez, siempre es posible entusiasmarse por un buen culo y tener un hijo nuevo".
El Xiquet de Columbretes [2007]. Todos los derechos reservados.

Sex Machine hits the Beach [2003]. Charlie James [EEUU, 1974].
NOTAS.-
Xiquet se despide hasta septiembre: ¡Felices vacaciones!
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Rosa dijo
Tener que trasladarse al este o latinoamérica para tratar con mujeres con una cultura semejante a la que tenía tu madre...
TIENE COJONES!
29 Julio 2007 | 12:03 PM