Luis Herrero: Los que le llamábamos Adolfo [2007].
Los que le llamábamos Adolfo. Luis Herrero Algar [España, 1955]. Ed. Esfera de los Libros. Madrid [2007].
En mi caso, la recomendación de este imprescindible libro sobre la transición española y la enorme figura de Adolfo Suárez [España, 1932] no nace exclusivamente de su clarificador contenido ni de la brillantez expositiva de su autor, Luis Herrero [ver su blog], gran y ecuánime periodista que, por el momento, ha dejado un profundo vacío en la radio española [al optar por un proyecto europarlamentario 2005, que, en mi opinión, quedó muy mermado por el acceso accidental de ZP [2004] a la presidencia del Gobierno español].
Por tanto, me permitirán que, por una vez, me adentre en el terreno personal: Yo tuve una relación muy directa con la familia de Luis Herrero [al que traté de niño, invadido de pecas y forofo del Rayo Vallecano], es decir, con sus padres, Fernando Herrero Tejedor [España, 1941-1975] y Joaquina Algar, y con su hermano Fernando. Gracias a su dedicación y cariño pude realizar en un ambiente familiar mis estudios en Madrid y superar una grave enfermedad.
Fernando Herrero Tejedor -de la carrera fiscal de la postguerra y cuya figura ha sido injustamente tratada por algunos en estos últimos años, especialmente en Castellón- fue el Fiscal General del Reino iniciador de la transición a la democracia, apoyando al actual Rey de España, en colaboración, fundamentalmente, con Torcuato Fernández Miranda y el General Manuel Gutierrez Mellado.
Su madre, una gran mujer dedicada a sus hijos. Su hermano, Fernando, gran fiscal y jurista, actual Fiscal de Sala de lo Militar del Tribunal Supremo.
La muerte accidental de Fernando Herrero Tejedor [en un cruce de carreteras, Villacastín-1975] dió paso a la figura de su secretario [1958] y protegido Adolfo Suárez González.
En consecuencia, aquel que, por los poderes fácticos de la época, era considerado el designado por el Rey para pilotar gubenamentalmente la transición española, Fernando Herrero Tejedor, fue sustituído por Adolfo Suárez González.
Estoy hablando, por tanto, de dos líderes de los últimos años de un Movimiento Nacional en autodesguace, que nunca tuvo nada que ver, realmente, con el falangismo. Antes al contrario, su objetivo -finalmente conseguido, entre grandes dificultades- fue reinstaurar la Monarquia sobre una base plenamente democrática y parlamentaria.
Datos, todos ellos, a valorar cuando, en general, se enjuicie el conocimiento que Luis Herrero pueda tener del pensamiento político, personalidad y circunstancias vitales de Adolfo. Sobre todo cuando nos encontramos ante un profundo acercamiento a la trayectoria de quien fue uno de los Presidente de Gobierno más trascendentales de nuestra Historia.
Recomiendo, pues, vivamente, la lectura de la obra, que a nadie defraudará.
Nota del Editor. Este libro de Luis Herrero es, en sus propias palabras, «una humilde contribución a ese ejercicio conmemorativo» que tendrá lugar a propósito del 75 cumpleaños de Adolfo Suárez. Mucha gente le recordará por ese motivo. «Es cierto que Adolfo, gracias a Dios, aún no ha muerto, pero también lo es que, en sentido estricto, ya no está entre nosotros. Ha elegido un modo extraño de despedirse». Unas páginas apasionantes y cercanas que no buscan seguir alimentando las crónicas periodísticas y los manuales de historia, sino que invitan a una sobremesa de domingo en La Moncloa, a una tarde de confidencias regadas con Bourbon en la 'Taberna del Cojo' [bar del Congreso] o a una partida de mus entre amigos. El lector será testigo de las agónicas horas que siguieron al golpe de Estado del 23-F en un valiente periódico de provincias y recorrerá a zancadas el despacho del presidente mientras repasa su discurso de investidura. Podrá saber algo más de un hombre que se encuentra camino a la leyenda. Con una pluma incapaz de artificios e impregnada de indisimulado cariño, el autor recorre la vida de un Adolfo Suárez que ya desde su Ávila natal soñaba con ser presidente del Gobierno. El poder fue la pasión de Adolfo, pero fue también su herramienta para acometer lo que él mismo denominó «obra política que asombrará al mundo». En Los que le llamábamos Adolfo, Luis Herrero brinda homenaje a una pieza clave de la Transición española a través de su mirada de periodista y con la sincera admiración del amigo. -
[...]. De todos modos, he de confesar que a mí hay otra cosa publicada por El Mundo que me resulta muchísimo más estremecedora que el testimonio de Mario Gascón. Me estoy refiriendo al libro que Luis Herrero ha escrito sobre Adolfo Suárez y que sale a la venta mañana. El Mundo publicaba ayer un par de capítulos de ese libro y en ellos se relata un episodio que es el que a mí verdaderamente me espanta. En concreto, cuenta Luis Herrero que Sabino Fernández Campo, ex-jefe de la Casa Real, había depositado sus apuntes personales en una notaría, con instrucciones expresas de hacer públicos los documentos en caso de que a él le pasara algo. ¿Pero en qué especie de país vivimos, para que alguien que ha sido jefe de la Casa Real tema por su vida? ¿En qué especie de fango se mueven determinados asuntos para que un ex-jefe de la Casa Real conozca informaciones que puedan significar para él un peligro? ¿De qué naturaleza son esas informaciones para que ese ex-jefe de la Casa Real considere que la amenaza de hacerlas públicas representa, en sí misma, una protección? Sólo en un país muy enfermo se puede publicar algo así sin que se organice inmediatamente un escándalo mayúsculo. ¿En manos de qué especie de mafia estamos? ¿Sigue existiendo en España, verdaderamente, el Estado de Derecho? NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
Luís Herrero.
Ed. Esfera de la Libros. Madrid 2007.
ISBN=9788497346641

1965.- Fernando Herrero Tejedor, Rodolfo Martín Villa [actual Presidente de Sogecable (Canal +)-PRISA (grupo al que pertenece EL PAIS)], Adolfo Suárez [circunferencia roja] y Juan José Rosón [Ministro del Interior con Suárez].




Rosa dijo
Lo compraré esta tarde para leerlo de un tirón.
Gracias.
18 Septiembre 2007 | 09:29 AM