Las mujeres [y los niños], primero.

Me refiero a las azafatas. Y me parece muy bien. Como a Sarkocy y al propio Presidente de Chad, Idriss Déby. El ‘azafato’ [auxiliar de vuelo] se quedó a la espera.
Lo que me resulta curioso es el silencio de las militantes del feminismo radical español:
¿Nada que opinar? ¿También les parece de perlas?
Bronca política por la repatriación de las azafatas de Chad.
Mientras que los socialistas defienden el trabajo del Gobierno para repatriar a las azafatas retenidas en Chad y dicen que lo importante es que estén aquí, no con quién han venido, para el Partido Popular, la incompetencia del Gobierno la ha salvado el Presidente francés Nicolas Sarkozy.
Los socialistas lamentan que, en vez de manifestar su alegría por la llegada de las azafatas, algunos - en referencia al PP- traten de sacar rentabilidad política. "Desde planteamientos miserables, faltando a la verdad, desconociendo por completo lo que ha hecho la diplomacia española a lo largo de este tiempo para conseguir el objetivo. Lo importante no es con quién vinieran, lo importante es que han llegado", ha dicho José Blanco, Secretario de Organización del PSOE.
El Partido Popular ha felicitado este lunes a Sarkozy por el éxito del domingo, pero denuncia que se ha puesto en evidencia la debilidad e incompetencia del Gobierno de Zapatero. Ángel Acebes, Secretario General del PP, ha comentado irónico que "menos mal que estaba Sarkozy. Si fuera por Zapatero o por Moratinos, que se encontraba de puente, escuchando El Lebrijano, precisamente en el país que nos había retirado el embajador, las azafatas probablemente seguirían en el Chad".
Los populares van a pedir este lunes la comparecencia de Zapatero en el Congreso para que explique, dicen, su pasividad en todo este asunto.
Vía Antena3.tv, 051107.
Vergonzante.
Ignacio Camacho, en ABC, 061107.
Lo peor ha sido la caballerosidad. Esa arrogancia galante con que Sarkozy desvió su vuelo a Madrid para depositar sanas y salvas a las azafatas, ese desdén señorial con que rechazó que el Falcon que Moratinos no encontraba fuese a buscarlas a París, ese beso de hidalguía con que las dejó en tierra mientras Zapatero trataba de arrimarse a la foto, y la propina cortés, casi caritativa, de una declaración generosa y afable sobre la inexistente colaboración española.
Una magnanimidad apabullante, una exhibición de eficacia casi displicente, una puesta en escena devastadora que ha arrasado con elegante condescendencia el dudoso prestigio de nuestra acción diplomática. Qué tipo, este Sarko, qué fascinante y vigoroso dominio el suyo de la gestualidad política, qué manejo tan consumado de los tiempos, los reflejos y las distancias. Qué manera de humillar con una sonrisa, un favor y una deuda. Y qué envidia malsana de que no pueda presentarse a las elecciones en España.
En sólo una tarde, con un gesto preciso de medido arrojo escenográfico, el presidente francés envió el domingo a toda Europa un mensaje arrollador de liderazgo, solvencia y hegemonía que de rebote deja a ras de suelo la capacidad de movimiento e influencia del Gobierno español. Cada cual en su sitio; unos resolviendo los problemas con una sencillez aplastante, otros, colgados de la impotencia y el desasosiego.
Uno, acudiendo como caballeroso doncel al rescate de las damiselas en apuros, y el otro, resignado a contentarse con un hueco furtivo al pie de la escalerilla. La vieja potencia colonial enseña con indulgente maestría su eficiencia para resolver una crisis, dueña del escenario geopolítico africano entre los torpes balbuceos de un Gobierno vecino sin capacidad de maniobra.
Que sí, que Chad es el Africa ex francesa. Que sí, que Sarko se aficiona a pagar rescates cuyos intereses cobra en forma de réditos de imagen. Que sí, que actúa de forma oportunista, artificiosa y arrogante. Pero allí estaba, «deus ex machina», soberbio en su golpe de efecto y poderío, mientras España apenas si lograba que las autoridades chadianas se dignasen enviar un funcionario de segundo rango a darle largas a nuestra embajadora en Camerún, mientras Exteriores buscaba un avión de repatriaje que no encontraba, mientras el ministro se afanaba en sudores para aplacar la ira impostada del sultán marroquí y su maquinaria de presión alborotada.
Qué retrato de situación y de época es esa imagen del aeropuerto de Torrejón, domingo por la tarde, con los intereses internacionales de España representados por un refulgente jefe de Estado francés ante la pasividad indolente de nuestro primer ministro, desimplicado y a contrapié, conformista con su triste papel subsidiario, en busca de una foto de última hora con la que tratar de salvar su manifiesta y vergonzante desubicación en la escena. Y lo más humillante es la superioridad con que nos ha eximido hasta del agradecimiento.
Ay, Sarko, Sarko, apiádate y perdónalos porque, literalmente, no saben lo que hacen.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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