El aniversario.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
La anciana miraba sin pestañear el reloj de su mesita, esperando que marcara la hora prevista para levantarse. No tardó ni un segundo en parar el despertador. Había pasado una noche intranquila, absorbiendo un cóctel de recuerdos sobre su vida: momentos amargos que le envejecieron su alma y también dulces, de mil formas diferentes, que sazonaron su larga existencia.
Para defenderse de fantasmas que invadían laberintos repletos de ecos desdichados -tan asiduos en sus ensoñaciones- les mostraba con insistencia el colgante de plata con la fotografía de su niña, hasta conseguir que se difuminaran tras ella.
Maldecía que su mente, aprovechando la noche, recordara la tragedia de su única hija, aquella que le hizo sentirse en el cielo durante cinco inolvidables años. Drama que le cercenó casi la vida cuando, súbitamente, un virus maligno y desconocido se la robó para la muerte.
Incorporándose con esfuerzo hasta sentarse en la cama, se enjugó los pequeños ojos llenos de lágrimas azules. Pero, en esta ocasión, se entremezclaban gotas espesas de humor triste con otras transparentes, que presagiaban un final feliz en la nueva jornada, tan importante para ella.
—Una no celebra todos los días las bodas de platino -murmuró impresionada-.
Su marido era el eje de su existencia: compañero; afecto y sentimiento que le disparaba el ánimo; pasión protectora hasta más allá del límite. Inextinguible. El tiempo los unió férreamente, para alejarse del origen capturando todos los colores del amor.
El aniversario de aquel momento crucial, que supuso el comienzo de una maravillosa e infinita convivencia, llenaba el día. ¡Cuántas veces habían hablado de este momento! De festejarlo cuando llegara, los dos solos, en la intimidad. Además, se lo habían prometido mutuamente: “pase lo que pase, lo festejaremos”
Le faltó el tiempo para arreglarse y bajar a la calle, dispuesta a realizar la compra tan esperada. En un principio se dirigió a la pescadería con el afán de adquirir los mejores langostinos, de buen tamaño y frescos; no le importaba el precio: había estado ahorrando durante muchos años para este momento. El jamón, de Jabugo, no podía ser menos. A su pareja le caería la baba cuando se lo pusiera delante. Durante casi dos horas estuvo danzando por el barrio hasta que desbordó su carrito de la compra.
—Vivir en un tercero sin ascensor es duro, pero sobre todo cuando se tienen noventa años como yo -refunfuñaba haciendo un sobreesfuerzo-.
—Nunca volveré a caer en la trampa de comprar un piso con esta carencia-- sentenció con la boca abierta.
Pese a su edad y a la sobrecarga, iba siendo capaz de subir, aunque muy pausadamente, cada uno de los interminables escalones. Las altas temperaturas que se estaban registrando en la ciudad no le ayudaban y las paradas reparadoras, asida a la barandilla, eran una necesidad para garantizarle el aliento que le permitió por fin, llegar a su puerta.
Todo el resto de la mañana se lo pasó cocinando. Sabía como hacerlo para su amor y experiencia en ese tema le sobraba. Cuando tuvo todo preparado y en orden se dispuso a iniciar el momento más sublime. Después de lavarse y acicalarse el pelo para la ocasión, empezó, sonriendo, a ponerse aquel traje de novia que había arreglado, sacando alguna que otra orilla, para que ajustara perfectamente en su longevo y deformado organismo.
El espejo, a pesar de recordarle con insistencia el bien perdido, reflejaba un rostro de felicidad. La que sentía verdaderamente al verse envuelta en aquel vestido blanco que adornaba su cuerpo y le causaba una impresión desordenada a su alma, como en aquel lejano día. A pesar de que sus envejecidos pies le habían impedido calzarse los zapatos originales, obligándola a usar una vez más las zapatillas, era incapaz de reprimir su delirio. Apagando la luz del baño, salió de él con verdadera alegría.
Andares de años, lentos, suaves, delicados, repletos de entusiasmada inocencia. Parecía un pequeño ángel eterno con sonrisa nueva, levitando por el largo pasillo. Aquel estrecho camino con olor a naftalina, nunca tuvo tanta luz.
Al llegar a la cocina abrió la puerta horizontal del congelador y, dejándolo abierto, se sentó en la mesa junto a su marido.
—Tampoco me vendrá mal un poco de fresco con el calor que está haciendo -le comentó a él-.
Todo estaba perfectamente colocado y expuesto: mantel de hilo blanco lleno de bordados; cubiertos antiguos de la familia; vajilla de buena loza; y los vasos de viejo cristal. Pronto empezó a comer y a beber, saboreándolo todo, mientras le hablaba de estos años felices y de la suerte de poder estar juntos todavía, disfrutando de esos momentos.
Sacando la pequeña tarta, se vio obligada, momentáneamente, a desconectar el ventilador para poder celebrar el rito de la vela. Una vez apagada, hizo sonar el cava y, llenando una copa que presidía el centro de la mesa, dio un sorbo de inquietantes burbujas, que le hicieron asomarse al interior del congelado arcón.
Éste, a pesar de llevar abierto un buen rato, seguía desprendiendo un aire gélido que agradeció su rostro y le animó a susurrar:
—“Ves, por fin lo hemos podido celebrar. ¿Has estado a gusto, mi amor?”
Él no contestó: su cuerpo de hielo yacía impertérrito desde hacía años. El rostro, como el primer día, tenía un semblante apacible y su traje oscuro le daba un aire significativo.
Ella, acercándole la copa a la cara, le pidió que lo probara y, a continuación, derramó un poco sobre su desdibujada boca. El contacto con el vino hizo chirriar a la capa de hielo, creando un instante de vida.
—Huy! como le gusta a mi amor –dijo con gracia-.
Le siguió hablando tiernamente mientras se introducía, con evidente dificultad, en el interior del electrodoméstico y, una vez dentro, cerró la puerta, quedándose en la más glacial oscuridad. Cuando se hubo tumbado sobre él, tapándolo por completo con su precioso vestido blanco, se durmió de frío, contándole cosas del corazón.
El Xiquet de Columbretes [2007]. Todos los derechos reservados.
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Carmen dijo
Un relato verdaderamente impresionante. Dolor, vejez, ilusión, amor... Todos los sentimientos humanos que desembocan en la unión de las personas para siempre.
11 Noviembre 2007 | 10:06 AM