El País se abre [de páginas].

El País, a su disposición.
Se podrá decir -yo lo digo- que actualmente El País -global de parte de España-, no tiene nada que ver con aquel periódico nacido en 1976, invadido de pluralismo democrático, en plena despedida y cierre del franquismo.
Pero, en todo caso, hay que felicitarle y felicitarse por la decisión de ser el primero, desde ayer, que, en España, abre su enorme archivo de más de treinta años de nuestra historia. En intenert y gratuitamente. Para todo aquel que quiera beber en sus fuentes, investigar o simplemente escudriñar.
Eso le va a convertir en un referente descomunal. ¿Se imaginan que el ABC ofreciera lo mismo desde su fundación en 1903?
Que cunda el ejemplo.
Treinta años del mejor periodismo al alcance de un click. ELPAÍS.com abre los archivos históricos del primer periódico global en español. Tres décadas de historia contadas paso a paso por el primer periódico global en español están desde hoy a disposición de los lectores de manera gratuita a través de la hemeroteca de ELPAÍS.com o el archivo [permite buscar en otros medios que no pertenecen al grupo PRISA, utilizando la opción "En otros webs"]. EL PAÍS ha decidido abrir tanto el contenido de su edición impresa como la totalidad de sus archivos históricos, convirtiéndose así en el único medio español (con excepción del recién aparecido Público) que permite la consulta gratuita de todas sus informaciones. Más de un millón de piezas editoriales elaboradas desde el nacimiento del diario, el 4 de mayo de 1976. Los lectores de ELPAÍS.com pueden rastrear estos 31 años de historia sirviéndose de una potente herramienta que les permite realizar búsquedas por palabras clave, fecha, autor o titular. El periódico en español de referencia a nivel mundial ha potenciado además su edición digital con el lanzamiento de EL PAÍStv, que emite tres canales de información (noticias, deportes y ocio), y con la puesta en marcha de una Edición Global destinada a los usuarios que acceden a ELPAÍS.com desde fuera de España.
El País: un periódico independiente para la etapa democrática. De la pluralidad en el accionariado al grupo homogéneo liderado por Polanco. El nieto del filósofo Ortega y Gasset, José Ortega Spottorno, Darío Valcárcel y Carlos Mendo, ex director de la agencia EFE, constituyeron el 18 de enero de 1972 el grupo PRISA con un capital social de 500.000 de pesetas. Los cinco primeros accionistas fueron Carlos Mendo (consejero-delegado) Darío Valcárcel (secretario), José Ortega Spottorno (Presidente), Juan José de Carlos Aparicio y Ramón Jordán de Urríes y Martínez de Galisonga. PRISA sería la promotora del diario El País, el cual se concebía como una empresa orteguiana (liberal, independiente y de calidad) al estilo del periódico El Sol que fundara el filósofo español Ortega y Gasset el 1 de diciembre de 1917 (ORTEGA SPOTTORNO, 2002). [...]. Los miembros promotores del periódico deseaban que éste fuera moderno, liberal e independiente, por lo que se encontraron con el rechazo por parte de la administración franquista para que el periódico saliera a la calle. El Estado franquista, como todo estado autoritario, no reconocía las libertades públicas y todo debía estar subordinado a él. Así, los profesores Coca y Peñalva indican: “Por eso resulta del todo coherente que también los periódicos deban subordinar sus contenidos al interés del Estado de cada momento, que, por cierto, con frecuencia se confunde con el interés de los gobernantes en concreto” (COCA/PEÑALVA, 1998:13). [...]. El País, por lo tanto, inició su andadura el 4 de mayo de 1976. Polanco había apostado mucho, puso en juego su patrimonio, consiguió un préstamo del Banco Atlántico para la rotativa y pagó la primera nómina. Se constituyó como un periódico independiente y de calidad, pero sin ser de minorías ilustradas. Cuando el rotativo vio la luz se habían producido importantes cambios respecto a las condiciones en las que se había fraguado el proyecto: la empresa contaba con 300 millones de capital y 1.107 accionistas. Los hombres que movían los hilos eran distintos a los de 1972: el director del rotativo no fue Carlos Mendo -estaba en Londres en 1973 como jefe de prensa del embajador Fraga- sino Juan Luis Cebrián -subdirector de Informaciones-. El consejero delegado era Jesús de Polanco, procedente del sector editorial y que con el tiempo sería la pieza clave de este proyecto periodístico. Polanco interviene en el periódico a petición de Manuel Fraga para gestionar la empresa. La aparición de El País supuso la incursión del grupo PRISA en el mundo de la información, en un momento histórico en el que existía una demanda grande de información y que carecía de “hasta un cierto liderazgo ideológico y mediático ante una situación sumamente confusa que evolucionaba a un ritmo vertiginoso” (FUENTES/SEBASTIÁN, 1997:319). Había muerto el dictador y todos los españoles parecían reconocer el fin de un época y el comienzo de otra esperanzadora, aunque no exenta de tensiones, en donde la prensa desempeñaría un papel fundamental, hasta tal punto que, en ausencia de un auténtico parlamento, se la llamó el “parlamento de papel”: “A falta todavía de partidos políticos, la prensa seguía siendo el principal referente de las grandes corrientes de opinión que empezaban a despuntar en la sociedad española” (FERNÁNDEZ/SEBASTIÁN, 1997:318). El retraso administrativo que padeció el periódico le benefició, pues como señala Barrera el no haber tenido contacto con el franquismo le libraba de posibles lastres históricos de los que otros diarios sí debieron desprenderse (BARRERA, 1996:62). El País por tanto pudo señalar con orgullo en un prospecto: “El nuestro es un periódico sin pasado, que no tiene que arrepentirse de nada porque de nada se siente responsable”. Así, Enrique Bustamante indica: “Las especiales circunstancias políticas existentes y los impedimentos planteados por la Administración a la aparición del nuevo periódico durante cuatro años contribuyeron poderosamente a estas expectativas, pero también la personalidad conocida de los fundadores y accionistas iniciales y la propia estructura del accionariado” (BUSTAMANTE, 1986:55). Un intelectual colectivo. La irrupción de El País en el mercado, una vez muerto Franco, con el momento tecnológico adecuado, un buen equipo profesional y unos competidores cargados de deudas y con plantillas sobredimensionadas (ALFÉREZ,1986) hicieron pronto de este periódico una “privilegiada tribuna de opinión en vísperas de grandes acontecimientos políticos” (FUENTES/SEBASTIÁN; 1986). Este periódico se diferenciaba sobremanera de los demás: se presentaba como moderno y al uso de los europeos. Sus señas de identidad fueron: una organización empresarial seria y el cuidado en la selección del equipo humano. Todo ello dio como resultado un producto atractivo, ágil y estético. Las páginas del diario nacían volcadas hacia un futuro cargado de esperanzas. Para El País la historia comenzaba y deseaba ser un símbolo real de algo más definitivo e importante: el advenimiento de un régimen de libertad y unas formas de convivencia modernas y civilizadas entre los españoles (EL PAÍS, 4-5-1976). El País se presentaba a un lector que no había vivido la guerra y que quería un régimen político pluralista. Las vallas publicitarias con las que el nuevo periódico se presentó en sociedad decían: “El País da que pensar”. El hecho de que apelara a la razón constituía en esos momentos un signo de modernidad, progresismo y apertura, máxime cuando el nuevo periódico coexistía con la Cadena del Movimiento: “(...) hay que indicar que la Cadena dependió de la Secretaría General del Movimiento hasta que esta se extingue por RD Decreto 23/1977, de 1 de abril” (FERNÁNDEZ/SANTANA,2000:58). Juan Luis Cebrián, director de El País, en el primer número del periódico, manifestó al respecto: “La veneración al poder que el franquismo enquistó entre nosotros es todo lo contrario de lo que una prensa libre necesita si quiere convertirse en un instrumento de diálogo al servicio de los ciudadanos” (EL PAÍS, 4-5-1976:1). El diario estaba abierto a la participación y diálogo, al servicio de los ciudadanos ya fueran de izquierda o de derecha siempre que no pensaran que la mejor forma de convivir la supresión del adversario como se enseñaba en el franquismo: “porque nacemos con talante y concepción liberales en la vida -en lo que de actual y permanente tienen la palabra y en lo que significa el respeto a la libertad de los hombres- la tribuna libre de El País estará abierta a cuantas gentes e ideologías quieran expresarse en ella, con la sola condición de que sus propuestas, por difíciles que sean, sean también respetuosas con el contrario y propugnen soluciones de convivencia entre los españoles” (EL PAÍS, 4-5-1976:1). Para aproximarnos al auténtico significado de estas palabras que se expresaron a través de las páginas del diario El País deberíamos tener en cuenta el dirigismo informativo que la profesión periodística había sufrido durante los casi cuarenta de franquismo desvirtuándola de su aspecto más esencial: la independencia. Desde el diario objeto de nuestro estudio se destilaba esperanza en la construcción de una sociedad libre y, por ende, plural. Como señala Pizarroso la prensa escrita no representa en una sociedad moderna del último tercio del siglo XX más que un elemento secundario dentro del panorama de la comunicación frente al poder de la radio y la televisión. En un país como España donde el grado de lectura está por debajo de la media europea y donde los ciudadanos se informan a través de la televisión, la prensa escrita iba a tener sin embargo un papel importante en la transición española. “No ya por su influencia en las “élites” sino también porque en ella se van a producir antes y más fácilmente, trasformaciones en un sentido democrático que serán ejemplo y marcarán un hito en el panorama de la comunicación en España”. (PIZARROSO,1992:206). Juan Luis Cebrián, al cumplirse veinte años del periódico manifestó: “Fue José Luis López Aranguren -al que tantos lloran ahora con sus lágrimas de cocodrilo- quien primero definiera a El País como un intelectual colectivo, atribuyéndole el papel de reflexión e influencia en la sociedad habitualmente reservado a las grandes cabezas y a los mitos pensantes. Huérfanos como estábamos de Ortega o de Unamuno, incapaces de encontrar en el archipiélago de las Españas a nadie que pudiera ejercer con rigor y dignidad el papel de un Sartre en Francia -probablemente Aranguren era lo más cercano a eso-, convergieron en el entorno de este periódico una enorme cantidad de circunstancias y de personas que permitieron nuclear ese espíritu crítico e iluminador que en ocasiones demandan los pueblos como guía de sus decisiones. La feliz consecuencia de ello es que pudimos hacer un diario no dogmático y muy plural, en el que sólo la violencia y la injuria han sido desterradas como ideología” (EL PAIS,5-5-1996). La pluralidad accionarial como elemento de discordia. En la primera página del primer número de El País se explicitaba: “Un periódico independiente capaz de rechazar las presiones de poder”. Para garantizar esa independencia se pensó en la pluralidad del accionariado. Bustamante ha manifestado que la fragmentación, difuminación y anonimato del poder eran principios fundacionales del periódico más importante de España desde la Transición española. En este sentido, Bustamante indica: “Múltiples vectores de fuerzas plurales se anulaban mutuamente entre sí. El anonimato del control engendraba y sostenía la institucionalización del medio dentro de la sociedad. El consenso, predicado por la elocuente vía de los hechos, adquiría una nueva credibilidad. Junto a la reforma democratizadora de las instituciones políticas, reivindicada primero y lograda después paulatinamente, la estructura interna de la sociedad editora tomaba valores simbólicos de futuro” (BUSTAMANTE, 1986:55). El periódico se enorgullecía de su diversidad accionarial como garantía de independencia y así lo dio a conocer a sus lectores en un suplemento titulado “Quienes hacen El País” cuando se cumplía un año del rotativo. Se dieron a conocer los nombres y apellidos de los 1.096 accionistas de diversa ideología política de los cuales ninguno poseía el 10% del capital social. La fórmula del periódico resultó ser tal éxito desde el primer momento que sorprendió a la empresa editora y tras las primeras elecciones democráticas El País se consolida como un órgano de referencia e influencia de la opinión pública española (REIG, 1998:61). Por diario de referencia entendemos a “esas cabeceras que, por su especial implantación y carisma en el mercado español, producen lo que nosotros denominamos un efecto de arrastre en la relación con el resto de los medios de comunicación, sean escritos o audiovisuales” (REIG, 1996:154). En 1980 El País era el de mayor difusión en España y Polanco delega sus negocios editoriales en Emiliano Martínez para ocuparse en exclusiva del diario. Era un principio fundacional de El País el que su accionariado tuviera un carácter heterogéneo, lo componían 1.107 accionistas variados, desde franquistas como Pío Cabanillas hasta comunistas como Tamames, en ese momento detenido por pertenecer a la Junta democrática, o Fraga, en aquel momento ministro de la Gobernación del gobierno de Arias (FRATTINI/COLÍAS, 1996:120). Dicho principio entraría en crisis al convertirse en un órgano de opinión influyente. Para estar bien informado había que leer El País, al igual que para conocer la postura de los intelectuales ante los cambios que se iban produciendo en la política española. “En definitiva, aunque su tirada no era excesiva en comparación con otros periódicos del mundo occidental, le permitió no sólo crear constantemente opinión en los círculos más influyentes de la sociedad española sino que discutía y recogía también sus pareceres. Y ahí reside la clave de su poder, pues un periódico con tales características cumple un papel decisivo aunque él no lo pretenda. Cuando una sociedad tienen problemas, cuando está diseñando sus propios caminos y se encuentra reflejada seriamente en un periódico, éste se convierte en un medio importante para indicar caminos y orientar opiniones. Y este cometido lo cumplió bien el rotativo orteguiano” (ESPANTALEÓN, 2002: 24). Un sector del accionariado se sentía molesto porque pensaban que la línea editorial se estaba escorando hacia la izquierda (la línea política de Polanco). También eran de la opinión de que existía una íntima relación entre Polanco y Cebrián, lo que suponía una pérdida de independencia del periódico. De este grupo de descontentos que dominaba el 25 por ciento de las acciones destacamos a hombres como Fraga, Lázaro Carreter, Lafuente Ferrari, Fisac, Laín Entralgo, Piniés, Zuloaga, Areilza, Serrano Suñer, Chueca Gotilla, Pérez Escolar o García de Vinuesa (fue el presidente del Sindicato de Accionistas que se organizó para manifestar la discrepancia con la línea de Polanco). Este grupo se sentía respaldado por Darío Valcárcel, uno de los promotores y fundadores de El País y Miguel Ortega Spottorno (hermano del presidente de Prisa) (BARRERA, 1995:66). La lucha comenzó en 1978 y en algunos medios se conocía como “la guerra de las galaxias” o “la guerra de los seis años”. Como señalan Colías y Frattini el periódico se convierte en una poderosa arma que todos quieren controlar: surge una guerra interna en el seno de la sociedad editora que se saldará con la pérdida del sector conservador. Para Carlos Barrera este grupo de oposición interna intentó detener a Polanco, que se estaba convirtiendo en el hombre fuerte de Prisa: “A estos efectos recordaban los disidentes el propósito fundacional de que el capital se encontraba fragmentado para evitar el riesgo de participaciones dominantes dentro de la empresa” (BARRERA, 1995:66). [...]. - El debate generado en las páginas de El País en torno a la aparición del Estatuto de la Redacción. De la pluralidad en el accionariado al grupo homogéneo liderado por Polanco. VII Congreso de la Asociación de Historiadores de la Comunicación. Barcelona, 2004. Miriam Lafuente Soler. Profesora de Historia y Sistemas de la Comunicación en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM). NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.
Las primeras elecciones democráticas de España, la revolución del imán Jomeini, la era Thatcher, el asesinato de Indira Gandhi, la perestroika, los Juegos Olímpicos de Barcelona, el mapa del genoma humano, la era Clinton, la burbuja de las tecnológicas, la clonación de Dolly, el nacimiento de los blogs, los ataques terroristas del 11 de Septiembre, la muerte de Susan Sontag, la Web 2.0.
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Rosa dijo
Formidable archivo, sí señor.
16 Noviembre 2007 | 03:24 PM