Cuña de su propia madera.

Toca madera. Arcadi Espada, en El Mundo, 171107 [vÃa su blog]. Querido J: He acabado de leer hace sólo unos instantes Madera de Zapatero, y te escribo de inmediato para contártelo, antes de que me olvide del sueño. Te advierto, sin embargo, que será una carta fracasada, en este caso particular por la imposibilidad técnica de una respuesta en forma. NecesitarÃa aquà un prodigio como el de la web del New York Times. Debajo de cualquier palabra escrita en ese periódico hay un link que te conduce a una información gramatical, periodÃstica o enciclopédica. Es decir hay un libro secreto debajo de cada una de ellas. Algo asà está intentando nuestro querido amigo Santiago González en su blog, pero es tarea Ãmproba: la selva le crece a mucha mayor velocidad de la que saja. El libro confirma una curiosa inversión de los mecanismos culturales, cada vez más ordinaria. Escribir un libro lo puede escribir cualquiera. Pero criticarlo... Ah, criticarlo: eso requiere mucha dedicación y entrega. Yo me puse a leer, interesado no sólo por la figura del presidente sino por la de su escriba, al que conozco en el género argumentativo desde hace tiempo y con el que he pasado magnÃficos ratos. Aunque debido a una organización del relato que cede la palabra a otros su prestación no tenga la espectacularidad de pasadas entregas hay rastros del intenso De Toro de siempre. Suyo es, cabe pensarlo, el tÃtulo. Completamente ininteligible y de una vulgaridad que echa mano tanto de una media rima como del oficio implÃcito en el apellido presidencial, aunque sea en esta última caracterÃstica donde se revela más grotesco: muy distinto, por episódico ejemplo, habrÃa sido escribir cualquier tÃtulo con siete suelas. Suyo es, también, este fragmento del arranque del libro, un completo pack de sus formas sintácticas, semánticas y estilÃsticas: "Si la elección de un gobernante implica un pacto de confianza tan importante, justo es que los ciudadanos conozcamos a la persona a la que otorgamos tanta confianza". Suya, aunque con la desdichada colaboración de dos personas más, la estructura televisada del libro, réplica de la osada gramática de 60 minutes o de su pariente pobre Informe semanal. Suya la impresionante sorpresa del capÃtulo 6, cuando después de 216 páginas de observaciones minuciosas sobre Zapatero, vertidas por sà mismo y por el pueblo, el capÃtulo anuncie: "Impresiones sobre Zapatero". Y suyo, finalmente, el peor problema gramatical, es decir el acto de deslealtad cometido con su amigo y presidente, al no advertirle del implacable retrato, de los soberanos trazos de estulticia, impudor y puerilidad con que su imagen ha quedado escrita. Aparte de los comentarios del propio presidente el libro incluye los de su hermano Juan, la vicepresidenta Fernández de la Vega, el secretario José Blanco y los de diversos diputados y colaboradores. Una caracterÃstica general de esos comentarios es que se centran en la personalidad del presidente antes que en su polÃtica. Y que, en las raras ocasiones en que se examina ésta, suele ser al hilo de alguna caracterÃstica personal. Es innecesario subrayar su contenido: valga decir que el más crÃtico e irrespetuoso es el diputado Torres Mora que suele calzar sus halagos, muy sportivamente, con los apelativos "tÃo" y "tipo". El interés informativo es nulo, a excepción, tal vez, del capÃtulo dedicado al ascenso hasta la secretarÃa general. Lástima que todo él esté transido de nuestra ya famosa falacia hindsight bias y su castizo: "una vez visto todos listos"). Es decir, cualquier minucia simbólica en el camino hacia la toma del poder adquiere sentido en función del final, feliz, de la historia. Valga como ejemplo mÃnimo, pero repleto de humor, el instante en que en pleno bullicio precongresual Juan Manuel Eguiagaray lo señala con el dedo y le espeta: "¡Renovadores! Pero si yo he estado con ellos en mil ejecutivas y nunca han dicho nada. Éste no ha abierto la boca". La anécdota le sirve a su apólogo, en este caso el periodista Julián Lacalle, para brindar al sol con un párrafo sobre la templanza del presidente: "Pues José Luis, que estaba sentado a su lado ni se inmutó, con una tranquilidad pasmosa, siguió dándole a la cuchara, mirando a su plato como si nada. Midiendo sus tiempos [sic] y midiendo todo [¡sÃclope!] siguió tomando su sopa tranquilamente." Asà se escribe la sopa. El grosor de los comentarios lo sintetiza, como si fuera un hÃgado, estas palabras de la vicepresidenta, hábilmente interrogada por De Toro por el lugar de España en el mundo: "¿De cuando a acá habÃa ocurrido que en un debate entre los dos candidatos a la presidencia de la República francesa saliera, citado por los dos, el nombre del presidente del Gobierno español tres veces? En Francia, ¡en la France!" [remata desde el casino provincial la vicepresidenta]. ¿Por qué? Porque estamos liderando una posición en Europa, porque nos están mirando". Estos incontestables datos empÃricos los utilizará luego el propio presidente para concluir con firmeza. "Hoy en dÃa Francia quizá sea el paÃs que más nos admira y nos respeta; hay la sensación de que nos hemos instituido en referencia". El asunto fundamental de este libro, como sin duda habrás adivinado por la sopa, son los silencios del presidente. Es, sin duda, el asunto al que los observadores presidenciales dedican más páginas y más esfuerzo, y querrÃa que esto no te lo tomaras ni como exageración ni como metáfora. La cosa es asÃ, y no es de más carnes. Al parecer el presidente no habla, sólo escucha. No sólo eso; sino que ya ha conseguido, según propia confidencia, pensar mientras escucha. Debo decirte, sin embargo, que a pesar de la exhaustividad el misterio no consigue aclararse. En fin, suele suceder con los inmortales. La prueba de su impenetrabilidad esencial está en las últimas páginas. La diputada Chacón dice: "José Luis es un tipo [a ver si va a ser De Toro, el del tipo encolomado] con una atracción insuperable. Es un tÃo [¡Dios mÃo, sÃ, es De Toro!] que te sienta, que te mira fijamente. Tiene unos silencios espeluznantes". ParecerÃa que ésta fuese la culminación del asunto. Su cenit. Pero la sorpresa inenarrable llega a dos páginas del abismo final. Habla el presidente, habla y temo por el futuro del diputado Torres, la diputada Chacón, por el propio de la vicepresidenta. Habla va: "En polÃtica, si algo no se dice es muy difÃcil verlo [sin(an)estesia, que ya es jodido]. Toda esa teorÃa de los silencios, que especula sobre si se explica uno con los silencios y tal yo no la comparto (...) Hay que decirlo. El silencio en polÃtica es autoritario." [me mareo, querido, yo me mareo: y la pobre diputada Chacón espeluznantemente callada]. A pesar de todo Zapatero tiene razón. Él habla. El que más habla en este libro. A lo Montaigne, concretamente. "Yo mismo soy la materia de mi libro". Quiá Montaigne. ¡Montaigne sólo llegó a alcalde! Y ahà está lo que hace del libro una joya rara de la alienación y la vanidad. Aguanta firme. "Eso que dices de que de niño recibà alguna bendición, algún saludo, mucho cariño, algo que en cierta medida me hizo prÃncipe... Sà es verdad". "Detesto la violencia. (...) La detesto, siempre me repugnó. Creo que es un rasgo personal". "Nadie puede hacer polÃtica y tener éxito si no tiene un cierto sentido del tiempo". "Es verdad que a veces cuando escucho también estoy pensando". "No, no soy violento. Nunca chillo, nunca echo una bronca a un subordinado. No se me recuerda un golpe en la mesa. ¿Cómo hago con la tensión, la frustración? La expulso conmigo mismo, poniéndome a hacer algo. A pensar, diseñar algo que me lleve a la conclusión de que es brillante, que va a dar resultado". "SÃ, en general tengo confianza en mà mismo. Porque le dedico mucho más tiempo del que parece a pensar" "Desde luego nunca he presumido de nada, jamás me han visto presumir de que he leÃdo mucho de esto o lo otro". "Cuando tengo tiempo, y si no, lo busco porque soy muy disciplinado para prescindir de las cosas secundarias o que son aplazables, pues dedico mucho tiempo a pensar. Suelo pensar tranquilamente. Pocas veces con un papel o con un ordenador, porque me encanta retarme a mà mismo con la memoria, esto sà reconozco que es un defecto [Voy a gritar]." "Yo soy muy verbal, muy verbal. Absolutamente." "No, no es que sea tÃmido, en absoluto. No me tengo por tÃmido. Soy reservado, soy austero. Austero". "¿DesafÃos, que si los busco? Por supuesto. Si no, me aburrirÃa. La vida es un continuo ganar". "¿Un guerrero solitario...? SÃ, puedo aceptarlo. Soy guerrero en ese sentido de poner a prueba mi valor, de buscar pruebas (...) Es verdad, procuro no depender de la opinión de nadie". "No me cobro venganzas. Absolutamente no. ¿Que por qué no? Pues porque no me produce ninguna satisfacción?" "Es curioso porque aunque aparento ser una persona frÃa soy muy sensitivo". "Siempre tuve (...), siempre tuve buen cartel como diputado. Y con los periodistas, especialmente". "Creo que cuando hablo la gente sabe que hablo con franqueza". "SÃ, vivo en un mundo de lenguaje. Me fascina." Dejémoslo ya. Empecé riéndome, pero he acabado sombrÃo. Voy a asearme. Me pregunto qué extraña variedad de inmunodeficiencia puede llevarle a alguien a tolerar un libro asÃ. Desde luego, sà creo que acertó en algo. El poder no le ha cambiado. Sigue con salud Las carcajadas Zercanas del Poder. De cómo un Presidente del Gobierno de España vende risas a cuenta de su responsabilidad en el maltrato a 160.000 catalanes, a cuenta del desastre ferroviario de cercanÃas. Buenafuente cumple con su cometido haciendo de payaso -y bueno, que es lo suyo-. Dejo a los lectores su reflexión sobre el papel de Z. NOTAS.- Las imagenes 2 [Suso de Toro y Z en la presentación del libro], 3 [algunas 'perlas'] y 4 [cubierta 'alternativa'], asà como el vÃdeo, proceden del Blog de Santiago González. Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos, respetando el texto, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

A.



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Ricardo dijo
No os engañéis:
cuando un paÃs es capaz de tener un presidente que autoriza un libro de esta naturaleza o de gastar una broma con Buenafuente de tal tipo, es que el paÃs tiene exactamente lo que se merece. Y los que pensais-pensamos lo contrario estamos de más.
17 Noviembre 2007 | 08:08 PM