Retozando en el límite.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
Conduzco por la carretera y mis ojos ya no soportan la fatiga de los excesos: se empecinan en cerrarse, imitando al cielo. Sentido por atropellar trazos blancos que se niegan a pasar desapercibidos, aviso a mi compañera de que estoy dando cabezadas y corremos peligro.
Y, dispuesta, se desprende de la ceñida camiseta mostrando un precioso torso desnudo. Entonces, me abre el pantalón e inclinándose hacia mí, estaciona su lozano pecho en el interior hasta rozar mi pequeño miembro recogido.
Inclino el espejo retrovisor para recrearme en la tierna escena sin perder la atención que requiere mi velocidad: sedosos cabellos, y manos milagrosas. Emoción, es lo que siento por todo el cuerpo, calambres de pasión rodante.
El contacto de las carnes hace despertar a mi íntimo, manifestando todo su vigor, arrastrándome a su aventura. Ella le sonríe, dándole la bienvenida como sólo lo saben hacer las diosas: susurros dulces y palabras hermosas mientras lo arrulla.
Estoy más despierto que nunca, mis ojos descarados ya no recuerdan que pueden plegarse. Y mi amor sigue terca hasta hacer irrumpir la esencia, mientras me agarro con fuerza al volante. Ha coincidido con una curva comprometida, pero siempre nos ha gustado el riesgo.
Esta vez he notado cómo me pisaba el pie del acelerador en el momento cumbre. Sabe lo que hace para lograr que sea incomparable. Temo que algún día no podamos controlar nuestro fuego privado y nos calcinemos sobre el alquitrán.
Al cabo de un rato, vuelvo a sentir somnolencia y creo ver las líneas blancas por dondequiera, que me cercan llorando su sufrimiento. Aparecen, súbitamente, múltiples luces a pares, estrellas enamoradas que parecen volar rasantes sobre el asfalto, buscando las carnes. Y mi mente se deja llevar hacia la nada, esperando el desenlace.
Cuando abro los ojos estoy rodeado de médicos que me vigilan las constantes. Parece que he salido airoso de la prueba. La operación, un éxito, pero estoy monitorizado al máximo. Pregunto por ella y aparece intacta, como una fuente de energía.
Me quedo sólo con mi afecto, que se acerca y me sonríe lasciva. Parece una tarántula devoradora dispuesta a todo y yo, aprisionado en la telaraña de tubos y cables, que incrementa mi estímulo.
Bajito, le digo: “creo que se me están cayendo los párpados ¿no será peligroso?” Sin dudarlo un instante me contesta: “¡seguro que sí!” Y se lanza a succionarme mis jugos secretos.
El Xiquet de Columbretes [2008]. Todos los derechos reservados.
Fotografía de Thomas Schweizer [Alemania, 1965]. Vía Otomano.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



ADVERTENCIA SOBRE COPYRIGHT: Este es un blog no comercial. Las imágenes, música y documentos se editan citando la fuente gratuita [donde se encuentra, de forma libre y sin exigencia de abono de derecho alguno, exactamente lo mismo]. En caso de existir COPYRIGHT si, por error, se hubiera publicado algo inadecuadamente, comuníquenoslo y el documento, la imagen o la música serán eliminados de forma inmediata. Gracias.
maría dijo
instinto perverso, gracias a dios
6 Enero 2008 | 12:22 AM