Del hilo que mece la cuna.

elquicio070108.
Sobre la inversión en infraestructuras morales.
Arcadi Espada en El Mundo, 050108. Vía su nuevo enlace.
Querido J:
El mismo día de finales del año que algunas ambulancias quedaron bloqueadas durante horas en el túnel de acceso al Clínico de Barcelona, dado el colapso de los servicios de urgencias, dos mujeres llevaron a su padre al hospital porque se moría, víctima de una anemia crónica. Pasaron el calvario imaginable de un mal día de invierno tumultuoso y gripal hasta que los médicos lograron reanimar con una transfusión el cuerpo quebrado del anciano.
Mientras aguardaban las mujeres mantuvieron breves conversaciones con los médicos y el resto de personal facultativo, que tienen un extremo interés para explicar el funcionamiento real de la vida en una ciudad avanzada del Primer Mundo. Tú sabes que a mí me interesa mucho lo que llaman Vernacular Photography, esas fotografías tomadas por aficionados sobre los grandes momentos de la vida pequeña. Los vernaculares aprecian mucho los mazos de fotografías que se ofrecen en los rastros de gente que ya nadie reconocerá, y donde el ademán, los trajes, la decoración o cualquier otra circunstancia de la toma explican mucho de quiénes eran y de cómo vivieron, todo en el trallazo de un flash.
En el periodismo siempre han convivido el alma de la generalización y la síntesis, imprescindible para que el periodismo cumpla su función de elaborar el guión diario de la vida (lo que llamamos actualidad), con ese gusto vernacular de explicar a los hombres de uno en uno. En los últimos años la decantación del oficio por la primera de sus obligaciones ha sido evidente y excesiva, y puede que el éxito de los blogs y otras formas de comunicación microcelular tengan que ver con el exceso. El periodismo titula que algunas ambulancias pasaron varias horas en el túnel del Clínico o que en La Paz de Madrid han tenido que habilitar la sala de fotocopias para instalar camastros con enfermos. Pero no siempre se detiene a explicar qué pasa por dentro de los titulares. Hay palabras, imágenes, poses, movimientos: existen aunque sean casi inaudibles y no puedan generalizarse
Cuando acabaron con la transfusión los médicos dijeron a las dos mujeres que se llevaran a su padre a casa. Fue entonces cuando añadieron que no tenía el perfil adecuado para estar ingresado en el hospital. El padre es, como te digo, un enfermo crónico y ha cumplido los 86 años. No daba el perfil. Ellas protestaron, y pidieron algo más de tiempo para ver su evolución y no tener que plantarse a las pocas horas en el hospital si el anciano consumía con venenosa rapidez la sangre implantada. ¿Que tenemos que hacer entonces, llevárnoslo y volver al rato a urgencias para que lo visiten de nuevo?, especularon las mujeres. Fríamente le contestaron: en el caso de que vuelvan veremos si lo visitamos o no.
Así fue, y es natural que no lo creas. Ellas tampoco, y acababan de oírlo. Durante un rato no pasó nada. Quiero decir que no echaron al anciano ni riñeron a las mujeres por su conducta. Luego volvió otro médico. Hablaron y les pidió disculpas en nombre de su colega. Estaba siendo un día muy difícil. Pasaron más horas y hubo un cambio de turno. Hay una bonita descripción a hacer de los cambios de turno y cómo y con qué procedimientos los médicos informan a sus relevos del estado general de la planta y de sus plantaciones. Te lo ahorraré. Lo cierto es que otro médico se acercó donde el anciano para examinarle superficialmente. Levantó la cabeza, e iba a irse cuando una de ellas le preguntó por las perspectivas. El bravucón no se inmutó y le espetó: ¿Y usted cómo lo ve?
Párate un momento aquí. Veo muy bien ese fastidio del médico. De hecho lo he visto varias veces. Ancianos. Es un fastidio cargado de reproche. El médico cree, o quizá sepa, que lo que él puede hacer por el anciano pueden hacerlo las hijas en su casa. El médico examina también las circunstancias sociales. Las circunstancias sociales son que hay pocas camas y poca sangre y que este hombre morirá ineluctablemente después de que el hospital haya derrochado espacio y sangre con él. En cuanto a las hijas, es simple: se trata de su padre y respira y entiende, y son los últimos días y son muy valiosos todavía.
El punto de vista del médico se comprende perfectamente. Sólo tiene un problema, de tipo cultural. Es preciso reconocer que la muerte, en muchos casos, y crecientes, de ancianidad, es una decisión social y no individual. Para el hospital este hombre ha cumplido el ciclo de su vida y sólo la obstinación familiar (que nunca es idéntica en todas las familias) permitirá una prórroga. Una prórroga que algunos médicos no dudan en calificar de inmoral, en la medida que puede atentar contra los cuerpos jóvenes y con expectativas. Otro día discutiremos eso, si hay que discutirlo.
Lo que marea es el descontrol del médico: que suba a su boca ese usted cómo lo ve, siniestro y cargado de desdén. Las infraestructuras morales del técnico. El último fragmento de conversación vernacular tuvo un carácter didáctico. Otro médico quiso explicarles a las dos mujeres cómo lo veía él. Su tono era, en sí mismo, pura epidemia, la prueba de que quizá hayan cedido todos los esfínteres. Les dijo que su padre era uno de esos pacients titella (te lo dejo en la lengua original para hacerlo más potentemente vernáculo). Ellas al principio no comprendieron porque titella, como sus equivalentes castellanos títere o marioneta, tiene connotaciones complejas. Pero sólo quería decirle, el buen doctor, que son pacientes colgados de un hilo. Es cierto, eso sí, que tuvo la delicadeza de no indicarles que el hilo eran ellas.
La percepción social en España indica que cuando alguien tiene un problema técnico serio debe acudir a la sanidad pública. Es una percepción que se asemeja bastante a la necesidad de comprar los alimentos en lugares que tengan mucho giro y donde la renovación sea frecuente. La misma percepción indica que se ha llegado a un punto en que los modos humanos hay que comprarlos. En el Hospital Clínico de Barcelona hay una zona Vip (Barnaclínic) donde los pacientes pagan por el uso de determinados servicios. Tiene una reputación excelente. Lo mejor de ambos mundos. Mucha salida de género y, por lo tanto mucha casuística; pero también una planta donde a nadie se le espeta que su padre es un titella. Nunca creí en la pavada psicoanalítica de que la palabra curase. Pero es segurísimo que hiere y enferma.
Hay otro asunto, ya final. Qué diferencia más significativa de percepciones sociales ofrecen las dos grandes vértebras del sistema público, la educación y la sanidad.
El primero pasa por ser un ámbito técnicamente incapaz, donde los clientes son los amos y los trabajadores las víctimas: los clientes reciben un trato tan amable que tienen permitido subirse a las mesas y, de cuando en cuando, largarle un amable papirotazo al que profesa.
Por el contrario, los protocolos del hospital presentan una característica muy interesante: la humillación ha desaparecido. No, desde luego, porque los pobres pacientes pudiesen humillar a alguien. La razón es que dado que van a salvarte la vida cualquier afrenta deja de existir para los dioses. Es la sonrisa nerviosa y dulzona con que se celebra en la habitación la llegada de la áspera enfermera; es la mirada húmeda y reverencial con que el familiar acepta el dicterio del mocito con wambas rojas y fonendo al cuello, vestido al más puro estilo casual clinic, cuyo trato a la máquina que le suministra los análisis para sí lo quisiera el moribundo que la máquina sentencia. Es la tremenda e inaceptable evidencia de que hay enfermos (y enfermedades) con glamour, que atraen los cuidados.
Es la lección insuperable de mis dos mujeres y el paciente titella: el argot profesional, críptico y secreto, se exhibe en público sin mayor aduana, se trate de la desacomplejada, obscena titella o de la insufrible pedantería defensiva del psiquiatra que habla en griego con su paciente, con el fin terapeútico de reforzarle su analfabetismo. No se prescribe la lengua común, respetuosa, pactada, inteligible entre iguales. Ya sólo hay argots. Otra prueba de la imparable decadencia del espacio público, hoy ya sólo símbolo de la desigualdad.
Sigue con salud
A.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos, respetando el texto, que puede leerse en el original pinchando el enlace.



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Rosa dijo
Quicio, deberías hablar sobre los dramas de esta nueva sociedad zapatética basada en el derrumbe de la microeconomía y, sobre todo, en un nuevo modelo de ciudadano ineducado, maltratato sanitariamente y abortista y eutanásico a la carrera.
7 Enero 2008 | 09:32 AM