La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

3 Febrero 2008

La mujer que quiso saber demasiado.

(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).

Relato breve.

Las fauces de los avatares de la guerra se dilataron tanto que acabaron por engullirla, haciéndola vivir sin la compañía de sus padres. Desde muy pequeñita recorrió hospicios de hielo y techos infinitos, llenos de grises, colores incapaces de asentar su natural optimismo. Y se hartó de mudas y solitarias noches que propiciaban el parto susurrado de los lamentos.

El tiempo intentaba avivarla y ella, sin ánimo, con la mala inercia que crea saberse abandonada, acabó acostumbrándose a vivir sin recuerdos y por consiguiente, sin venideros. Años después, ya hecha y con el equilibrio de los que consiguen descubrir el amor, decidió investigar el pasado.

A pesar de su frágil situación económica y tras muchos esfuerzos y pesquisas por fin, logró hallar y recuperar a su predecesor y, a través de él, a su hermano -que también desconocía- con los cuales inició, no sin problemas de adaptación, una prometedora convivencia.

La información que le aportó su recientemente conocido progenitor, hizo que se planteara indagar el paradero de su madre y una posible hermana mayor. Y cuando decidió, a través de un conocido programa de TV, conocer a sus nuevos familiares, tuvo la suerte de que su hermana la aceptara enseguida; no así su madre, que se negó a reconocerla sosteniendo en todo momento que ella sólo tenía dos hijos.

Ante tal preocupante rechazo, la dirección del programa les invitó a realizar una prueba de ADN que pronto los sacaría de dudas a todos. El día señalado, en el plató, estaba sentada entre su padre y su hermano; el apocamiento o rubor de la recién estrenada hermana impidió su asistencia. La emoción del momento era intensa y aferrada a ellos, no podía evitar sentirse como una robadora de afectos. En el momento que la presentadora reafirmó, con los análisis realizados, que los dos nuevos miembros de la familia lo eran de verdad, se puso a gemir de emoción y entusiasmo.

Poco duró su felicidad, cuando se quiso dar cuenta, su mamá, seguía erre que erre, negándola como hija. La sensación de verse públicamente rechazada por ella no se podía describir. Abrumada por la situación, sintiéndose despojada de lo más elemental, acabó desvaneciéndose de impotencia, teniendo que asistirla los servicios médicos del canal de TV.

Cuando fue reintegrada a la normalidad, se percató de que no habían acabado allí todas las sorpresas; las pruebas demostraron, igualmente, que su padre ya no lo era de verdad. Y no tuvo fuerzas ni para desfallecer de nuevo. En ese instante pensó que estaba peor que al principio, pues si bien había ganado dos hermanos, en cambio, estaba repudiada por su verdadera madre y viviendo con un extraño que sufría el dolor de unos viejos cuernos. Además, ahora debía de iniciar una investigación, que presumía larga y complicada, en busca de su verdadero padre.

Su vida seguía empeñada en deslizarse por una pendiente sinuosa que le provocaba continuos sobresaltos y, esta vez, amenazaba con fragmentarle la armonía. Tenía la sensación de no llegar nunca al final del circuito, a una meta que le permitiera respirar profundamente y estar serena. Necesitaba inminentemente ver a su chico, retozar con él de felicidad, saberse querida y mimada.

Cuando se presentó en casa, una dura visión la dejó aturdida, su boca se colapsó dejando los labios entreabiertos y los ojos se le expandieron de dolor: “¡no se lo podía creer!, ¡su amor jugueteando en la cama con su estrenada hermana!”. Cerró los oídos con la mente para evitar enterarse de las justificaciones y salió arrastrando el carro de la compra, lubricándolo con sus lágrimas.

Fue en busca urgente de algo de felicidad. Que le aportara satisfacciones inmediatas y le hiciera olvidar las penurias del alma. Caminó por las calles como una autómata y cuando avistó el rótulo de un comercio de “Todo a cien”, se refugió en sus adentros. Y se quedó allí, en aquel lugar sereno, donde todo era posible, apaciguándose el espíritu; hasta que pudo sentir la recuperación de sus perturbados latidos.

El Xiquet de Columbretes [2008]. Todos los derechos reservados.

El espacio exterior es un lugar solitario [2001]. Alex Gross [EEUU, 1970] Vía Merry Karnowsky Gallery. [+]

NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Carmen

Carmen dijo

Una historia que demuestra que muchas veces la felicidad está al lado de la ignorancia.

3 Febrero 2008 | 12:23 AM

Buda

Buda dijo

Saber que puedes adquirir todo lo que te ofrecen, comprándolo, produce una calma seudo espiritual necesaria en esta seudo sociedad.

3 Febrero 2008 | 10:45 AM

liendre

liendre dijo

La envidiable felicidad del ignorante.

3 Febrero 2008 | 01:41 PM

Neo-Pedrín

Neo-Pedrín dijo

Siempre con la ilusión de encontrar un ideal, y al final acaba comprando un consolador... sin pilas. El drama vital de la dicha y la desdicha.

Xiquet, que tengas un buen domingo de carnaval; que viva Don Carnal y Don Amor,; y que "...a ti, Quaresma flaca, magra, vil e sarnosa: non salut, mas sangría, como a fea flemosa...", como escribía el Arcipreste de Hita.

Neo-Pedrín.

3 Febrero 2008 | 07:55 PM

Fco. Luis

Fco. Luis dijo

Me gustó el final de la historia.

4 Febrero 2008 | 12:19 AM

El Xiquet de Columbretes

El Xiquet de Columbretes dijo

Neo-Pedrín, disfrazado de escoba me he introducido en todos los carnavales posibles para limpiar los rincones del alma y ventilarla adecuadamente. En estas fechas debemos de prepararnos para pasar la revista de los dioses. Espero encontrarte en la fila.
Saludos y gracias.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

5 Febrero 2008 | 02:05 PM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

Algunas versiones de 'Ojos verdes' ['Apoyá en er quisio de la mansebía...']:

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Dña. Concha Piquer. Vía Aiseilles.

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