La mujer que quiso saber demasiado.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
Las fauces de los avatares de la guerra se dilataron tanto que acabaron por engullirla, haciéndola vivir sin la compañía de sus padres. Desde muy pequeñita recorrió hospicios de hielo y techos infinitos, llenos de grises, colores incapaces de asentar su natural optimismo. Y se hartó de mudas y solitarias noches que propiciaban el parto susurrado de los lamentos.
El tiempo intentaba avivarla y ella, sin ánimo, con la mala inercia que crea saberse abandonada, acabó acostumbrándose a vivir sin recuerdos y por consiguiente, sin venideros. Años después, ya hecha y con el equilibrio de los que consiguen descubrir el amor, decidió investigar el pasado.
A pesar de su frágil situación económica y tras muchos esfuerzos y pesquisas por fin, logró hallar y recuperar a su predecesor y, a través de él, a su hermano -que también desconocía- con los cuales inició, no sin problemas de adaptación, una prometedora convivencia.
La información que le aportó su recientemente conocido progenitor, hizo que se planteara indagar el paradero de su madre y una posible hermana mayor. Y cuando decidió, a través de un conocido programa de TV, conocer a sus nuevos familiares, tuvo la suerte de que su hermana la aceptara enseguida; no así su madre, que se negó a reconocerla sosteniendo en todo momento que ella sólo tenía dos hijos.
Ante tal preocupante rechazo, la dirección del programa les invitó a realizar una prueba de ADN que pronto los sacaría de dudas a todos. El día señalado, en el plató, estaba sentada entre su padre y su hermano; el apocamiento o rubor de la recién estrenada hermana impidió su asistencia. La emoción del momento era intensa y aferrada a ellos, no podía evitar sentirse como una robadora de afectos. En el momento que la presentadora reafirmó, con los análisis realizados, que los dos nuevos miembros de la familia lo eran de verdad, se puso a gemir de emoción y entusiasmo.
Poco duró su felicidad, cuando se quiso dar cuenta, su mamá, seguía erre que erre, negándola como hija. La sensación de verse públicamente rechazada por ella no se podía describir. Abrumada por la situación, sintiéndose despojada de lo más elemental, acabó desvaneciéndose de impotencia, teniendo que asistirla los servicios médicos del canal de TV.
Cuando fue reintegrada a la normalidad, se percató de que no habían acabado allí todas las sorpresas; las pruebas demostraron, igualmente, que su padre ya no lo era de verdad. Y no tuvo fuerzas ni para desfallecer de nuevo. En ese instante pensó que estaba peor que al principio, pues si bien había ganado dos hermanos, en cambio, estaba repudiada por su verdadera madre y viviendo con un extraño que sufría el dolor de unos viejos cuernos. Además, ahora debía de iniciar una investigación, que presumía larga y complicada, en busca de su verdadero padre.
Su vida seguía empeñada en deslizarse por una pendiente sinuosa que le provocaba continuos sobresaltos y, esta vez, amenazaba con fragmentarle la armonía. Tenía la sensación de no llegar nunca al final del circuito, a una meta que le permitiera respirar profundamente y estar serena. Necesitaba inminentemente ver a su chico, retozar con él de felicidad, saberse querida y mimada.
Cuando se presentó en casa, una dura visión la dejó aturdida, su boca se colapsó dejando los labios entreabiertos y los ojos se le expandieron de dolor: “¡no se lo podía creer!, ¡su amor jugueteando en la cama con su estrenada hermana!”. Cerró los oídos con la mente para evitar enterarse de las justificaciones y salió arrastrando el carro de la compra, lubricándolo con sus lágrimas.
Fue en busca urgente de algo de felicidad. Que le aportara satisfacciones inmediatas y le hiciera olvidar las penurias del alma. Caminó por las calles como una autómata y cuando avistó el rótulo de un comercio de “Todo a cien”, se refugió en sus adentros. Y se quedó allí, en aquel lugar sereno, donde todo era posible, apaciguándose el espíritu; hasta que pudo sentir la recuperación de sus perturbados latidos.
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El espacio exterior es un lugar solitario [2001]. Alex Gross [EEUU, 1970] Vía Merry Karnowsky Gallery. [+]
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



Carmen dijo
Una historia que demuestra que muchas veces la felicidad está al lado de la ignorancia.
3 Febrero 2008 | 12:23 AM