Rajoy toma la alternativa.
Mariano Rajoy piensa como 10 millones de españoles: no le gusta casi nada de lo que hace Z. Y defiende un programa político que contenta a todos aquellos liberal-conservadores partidarios de un Estado no confederal.
Rajoy es un buen profesional, un buen gestor y, sobre todo, una buena persona: bonhomía. En esta útima cualidad radica, seguramente, el problema.
Para arrastrar a millones de chiquilicuatres se precisa algo de maldad y bastante de autoridad. Y Rajoy no anda sobrado de ello. Se le notaron las carencias en la escena de la despedida del balcón, en la calle Génova. La gente se le impuso porque se sentía deudor.
Indudablemente, le falta carisma, es decir, capacidad de fascinar, de hacerse perdonar sus limitaciones, de atraer irracionalmente. Y anda sobrado de timidez.
Por eso, su continuidad está condicionada, si quiere tener chance, por un aprendizaje sustitutivo -asunto difícil si no se lleva en la sangre- y por buscarse un 'Guerra', que aporte la inteligente mala uva, añadida, que precisa la competitividad política.
Para torerar hay que ser torero. Y él decidió, ayer, tomar la alternativa.

NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



lolo dijo
Si descuentas las dos CCAA proindependentistas [Cataluña y P Vasco] En España tendríamos PP para rato.
13 Marzo 2008 | 10:17 AM