Números mágicos.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
El inmenso jardín se había vestido de gala. La empresa contratada para la ocasión extendió sus artes sobre el espacio, creando multitud de líneas con banderines y trazos con guirnaldas de flores que brotaban de infinidad de sitios y concluían en grupos desordenados de globos multicolores. Distribuyendo, además, mesas con ricos manjares, adornadas con variedad de artículos de festejo.
Mientras los niños rompían piñatas al son de la música popular, la centenaria y súper acaudalada anciana, de extrema delgadez y cabellos plateados, estaba tumbada en la hamaca, rodeada del resto de familiares que fueron a su gran fiesta. Se había visto obligada a convocarlos por ciertos rumores que provocaban innegable tirantez en el seno familiar.
En un instante, sorprendiendo a todos, se levantó como una atleta, acelerando con urgencia hacia su derecha hasta llegar a la distante entrada de la mansión, construida en los años 20. Una vez allí, levantó los vuelos de su falda y sujetándoselos, mientras sonreía con socarronería, cogió carrerilla en dirección contraria. Cuando logró ir lanzada se proyectó hacia el cielo, dio cuatro saltos mortales consecutivos, elevándose con elegancia, y descendió con los pies juntos, en el límite de un pequeño pinar de la finca, formado por 90 árboles vetustos.
Acababa de demostrar la posesión de una agilidad asombrosa y mientras los invitados, incrédulos, intentaban asimilar aquella manifestación de poderío, se volvió, de nuevo, hacia su derecha y con el semblante engreído se quedó pensativa unos segundos. De inmediato, aceleró con prodigio y dio, esta vez, un monumental salto lateral, enlazando con otro mortal y finalizando con un tercero de doble tirabuzón que le desfiguró el moño, perdiendo la peineta y aterrizando, con apuros, frente a un grupo de 15 rosales esplendorosos.
Una vez allí, satisfecha de sus insólitas acrobacias, cortó unas cuantas rosas “Queen Elizabeth”, giró hacia su izquierda y, caminando desgreñada y con las medias bajadas pero con gran orgullo, se acercó a los 35 presentes, mostrándoles las flores e invitándoles a percibir sus fragancias. Esperaba que se acabaran los comentarios sobre su delicada salud.
¿Me creeran si les digo que este relato lo he escrito con el fin de no olvidar la combinación de mi caja fuerte?
El Xiquet de Columbretes [2008]. Todos los derechos reservados.
Imagen de antigua caja de seguridad estadounidense, encimada con barrilito de vino. México. Coahuila. Cuatro Ciénegas. Vía Javier de la Mora. NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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Angel Miguel dijo
Genial, señor.
30 Marzo 2008 | 01:07 AM