La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

5 Abril 2008

La insatisfacción educativa en España.

Imagen de Horacio Cardo. Del artículo 'Calidad educativa no implica satisfacción del cliente', de Mariano Narodowski, Director del Area de Educacion de la Universidad Torcuato di Tella: "Existen escuelas, tanto públicas como privadas, que creen que educar bien exige ausencia de conflictos y paridad entre docentes y alumnos". Via Clarín, 280207.


Porque el problema real no es la sobra de indocumentados sino la falta de entendidos.

En el sistema educativo español, siendo pésimo el porcentaje de fracasos, peor resulta el porcentaje de resultados simplemente satisfactorios [un 4% frente al 20% de media europea].

EQM.


"El sistema es tan malo que sólo hace destacar al 4% de alumnos".

José Luis García Garrido es Catedrático de Educación Comparada y profesor de la UNED. Gran conocedor de los sistemas educativos de todos los países, nos relata las carencias del sistema “escolar” español. Para él, familia y profesor son las prioridades básicas de la Educación.

Entrevista en Magisnet, 020408.

¿Qué cambiaría de nuestro sistema educativo?

Fundamentalmente cambiaría el enfoque. Nuestro sistema educativo se ha convertido en un puro sistema escolar. Todo el mundo reconoce que la primera causa de éxito o fracaso escolar es el ambiente sociocultural de las familias. Mejorar ese ambiente supondría un operativo que requiere muchos años, ya que conlleva un cambio de hábitos mentales. También está demostrado dogmáticamente que la segunda causa es el maestro, independientemente de los recursos, pero hoy día el maestro es una inversión relativa en los sistemas escolares.

¿Qué papel debería tener entonces el profesor?

Absolutamente central. La Administración está obsesionada con los recursos, medios, textos, aulas estupendas, instalaciones deportivas… Pero todo eso tendría que estar solicitado desde el maestro, no desde las políticas, sino que el profesor decidiría los recursos que necesita para completar su labor. El maestro es la principal causa del aprendizaje.

¿Y la familia?

Los padres deberían disponer de horarios más permeables para poder asistir a los centros, pero no a pedir explicaciones, sino por el interés en la Educación de sus hijos. En Estados Unidos los padres tienen una enorme sensación de que el centro es suyo. Pero allí no hay asociaciones de padres, sino de padres y maestros. La gente tiene un gran afán de participación en los centros, no va allí a fisgonear ni a echar la culpa de todo al profesor, como hacen aquí los padres.

Entonces ¿qué políticas tendría que poner en marcha la Administración?

Todo esto hay que organizarlo desde la vida política, pero tiene un coste no tanto de dinero, sino de atención a la profesión docente. La comprensividad, que se instaló en España en 1970, ha dado de sí todo lo que podía y en todos los países ha sido rectificada. En nuestro país, veinte años después, en 1990, eso fue a más. Hoy, en 2008, con el nuevo triunfo electoral de Zapatero, todavía pensamos que la comprensividad es la clave de la Educación. Todos los países que promovieron la comprensividad se han dado cuenta de que la idea de igualdad tiene un gran poder en Educación, pero esa idea convertida en igualitarismo destroza la Educación. Hace poco vi cómo la reforma italiana abría paso a la diversificación a partir de los 14 años, y aquí seguimos desfasados con una estructura comprensiva hasta los 16 años.

¿Y la llamada atención a la diversidad de la LOE?

Ni se ha traducido hasta el momento en nada ni se puede traducir. Los únicos que han preferido ese sistema son los norteamericanos. Allí los alumnos, a partir de los 12 años, disponen de una gran opcionalidad a la hora de escoger las asignaturas importantes, que están a su vez divididas en distintos niveles. Es una atención a la diversidad fuerte, pero esto es carísimo, ya que alguna highschool americana suele tener de promedio de 200 a 250 asignaturas. En el Reino Unido, país inventor de la comprensividad, hay unas divisiones clarísimas a partir de los 14 años en función de los intereses de los alumnos. Los alemanes dividen a los niños a los 10 años. Aquí seguimos empeñados en una escuela comprensiva hasta los 16 años, con esa idea de atención a la diversidad, pero que es algo teórico, ya que depende de la voluntad del maestro, y el maestro está desatendido. Se dice que Finlandia tiene sistemas comprensivos, pero en absoluto es así. Sí es cierto que se valora mucho el grupo en general, pero el perfil que tiene el maestro finlandés no tiene nada que ver con el español y, además, existe una atención inmediata al alumno que se descuelga.

¿Se debería valorar más la excelencia en lugar de tanta comprensividad?

Es el déficit fundamental de nuestro sistema escolar. El problema en España no es que tengamos una alta tasa de fracaso escolar, que es muy preocupante, ya que nuestro país permite que fracase uno de cada cuatro alumnos a los 14 años y uno de cada tres a los 16 años. Pero lo peor es el nivel de alumnos en España que alcanzan niveles claramente satisfactorios, ni siquiera estoy hablando de niveles de excelencia. En España constituyen sólo el 4%. Es increíble. Ningún país europeo tiene esos niveles de excelencia tan bajos. Es imposible que un país sin líderes vaya adelante. No es que aquí seamos tontos, es que el sistema es tan malo que hace que sólo el 4% de los españoles sean alumnos destacados. En cualquier otro país europeo llega al 20%.

¿Qué le parecen las críticas al sistema de repetición?

Las críticas son razonables. Lo que hay que conseguir en Educación es que el alumno no fracase y evitar que se produzca la tentación de la repetición. Ahí sí queda mucho por hacer, sobre todo conseguir maestros dedicados, que puedan rescatar a los alumnos para ponerlos inmediatamente al día y reincorporarlos al grupo general. Nuestro sistema educativo es tan malo que necesitamos que la repetición se aplique. Lo que no se puede hacer es quitar la repetición como si fuera ése el daño, ya que es una consecuencia lamentable a la que hemos llegado porque está mal planteado el sistema.


"La clave para mejorar la educación la tiene la sociedad".

Entrevista del J.L. García Garrido, en consumer, abril 2004.

¿Estamos educando bien a nuestros hijos?

En primer lugar cabría una respuesta desdramatizada, parece como si hubiera un declive de la educación de los hijos y, sin embargo, existe una enorme preocupación. La atención que hoy prestan los padres y madres a sus hijos no tiene parangón con ninguna otra época, especialmente por parte de los padres, que casi desaparecían en esa tarea y encomendaban esa misión a la madre, a la sociedad y a los centros educativos.

Pero ese mayor grado de compromiso y dedicación no siempre se corresponde con una acertada conducción de los hechos. Se está produciendo una dejación del poder de los padres y madres, tal vez por excesivo cariño o apego a unos hijos que cada vez son menos, o porque tienen miedo a les tachen de paternalistas, cuando no de algo peor. Pero la autoridad de los padres debe prevaler, entendiendo como autoridad sencillamente la consideración de que los padres tienen algo que decir en la vida de sus hijos. La realidad es que los hijos cuentan con otros referentes, y la sociedad respalda el mensaje de que lo dicen sus padres es un recado que no convence.

Sin embargo, la institución que goza de mejor predicamento es la familia.

Pero en el tema de la educación la familia se encuentra sola. Hoy, el entorno es absolutamente deseducativo. Esto ha llevado a que la familia y la escuela pasen de ser agentes activos de la educación a ser defensivos. Dedican gran parte de su tiempo a intentar prevenir y reconducir las conductas. La clave de la mejora de la educación no reside ahora en la familia ni en la escuela, sino en mejorar la sociedad, el entorno donde se desarrolla el niño y la niña.

¿Qué factores provocan ese entorno? ¿La televisión, por ejemplo?

La televisión es un factor deseducante más de nuestra sociedad, pero también es un chivo expiatorio. La tele la encienden las personas y su programación la deciden personas, no podemos cargar la culpa sobre las comunicaciones audiovisuales como si fueran entes autónomos. En muchos otros ámbitos se presenta una sociedad agresiva, que incita a imponerse al contrario, una sociedad cuyos iconos son el ocio y la manera fácil de conseguir dinero a cualquier precio. El número de actos violentos que ve un niño hasta los 18 años es escalofriante. Esto confirma que hay cambiar el signo de los tiempos, salir de la crisis en la que estamos sumidos y procurar una sociedad que incite al aprendizaje y que premie el esfuerzo. Decíamos que los padres están solos, y la escuela con ellos, pero es que la escuela se ve abocada a enviar mensajes negativos: evitar las drogas, evitar que se pase el día viendo la televisión, evitar que se enganchen al móvil... Tiene que poder abandonar el credo negativo y ofrecer alternativas positivas.

Los sistemas educativos también están cuestionados.

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un intento de igualitarismo en todos los ambientes de la sociedad, y en la enseñanza esto se tradujo en la puesta en marcha de una educación igualitaria. Lo que en Inglaterra se llamó escuela comprensiva, en la que un mismo programa era impartido en una clase muy heterogénea. Para hacer a todo el mundo igual se olvidaron las diferencias entre las personas. A mi juicio así salen perdiendo los chicos con mayores dificultades, pues se les engaña cuando se les dice que han de hacer lo mismo que los demás, cuando no pueden o no quieren. Hay pues un porcentaje de escolares con mucho retraso que pasan de curso sin haber aprendido. Pero eso tal vez es menos preocupante, lo más negativo es el ambiente de mediocridad que se impone, que choca frontalmente con la excelencia. Muchos estudiantes salen con la sensación de que pierden el tiempo y hacen el esfuerzo suficiente para cumplir el expediente, pero no para dar lo mejor de sí mismos. Y esto va en contra del desarrollo de un país, pues un país necesita de personas que se esfuerzan. Para crear igualdad se está produciendo desigualdad. Y precisamente los más conscientes de ello son el estudiante aventajado que se aburre en clase y el que no llega, que desde el inicio eran menos iguales al resto.

Las estadísticas de fracaso escolar en España son de las más altas de la Unión Europea. Casi tres de cada diez alumnos no finaliza los estudios obligatorios, y cerca de la mitad de los que obtienen el título de Graduado en Secundaria lo hacen con asignaturas pendientes.

El fracaso escolar no es sólo preocupante, es dramático. Hoy en día, fuera de la escuela no hay posibilidad de socializarse. La persona extraescolarizada se ha quedado sin recursos para entrar en la vida social, hasta para aspirar a una profesión poco especializada es necesario haber pasado por la escuela. No en vano los focos de pobreza en el mundo están ligados a la falta de educación, pero no sólo en países no desarrollados. En Occidente también sucede, con el agravante de que la escolarización es obligatoria y gratuita. Ahora se ha producido un fenómeno nuevo: los analfabetos que han ido a la escuela durante 12 años de su vida, el llamado iletrismo escolarizado. No se ha querido ver que pasar curso sin aprender, tolerar el fracaso, obviar la falta de conocimiento lleva a esos chavales que han estado sólo ocupando un pupitre al mundo marginal. Debemos que tomar buena nota, y pensar por qué la escuela no les atrae, y procurar una escuela atractiva que aúne voluntades para el aprendizaje.

También el profesorado acusa esta crisis. Es un sector profesional con mayor porcentaje de estrés y de depresión. ¿Por qué?

En todos los países de nuestro entorno se produce esa angustia de un profesional que está implicado y es colaborador en la educación, además de estar preparado para ello, pero que se encuentra con alumnos que no quieren aprender y con un sistema que les permite no hacerlo. Esto conduce a la desmotivación del profesorado, que al cabo de un tiempo está corroído y que a lo largo de todo un curso pasa de sentirse frustrado a estar estresado. Y, al final, los mejores profesionales, antes que enfrentarse con el aula, prefieren hacer otra cosa, marchar a otros departamentos, buscar otra salida profesional dentro de su carrera. Además, en España, su descrédito se procede en la base. ¿Por qué en las escuelas de Magisterio se pide más nota para estudiar la rama de Educación Física y de Música que para Primaria? Por otra parte, el profesorado también debería tomar nota de la crisis social y saberse ejemplo de su alumnado. El profesor de lengua clásica no puede ser visto por los alumnos leyendo siempre un periódico deportivo.

Un problema del ámbito educacional que en este momento llama poderosamente la atención es el de la violencia en la escuela, ¿con qué datos nos enfrentamos?

En 1998 había registrado un 13% de profesorado agredido. Este porcentaje está subiendo de manera alarmante. Se están introduciendo armas blancas en las escuelas. Las agresiones al profesorado han crecido. Además, no sólo son agresiones verbales, se pinchan las ruedas de sus coches, se les amenaza físicamente. A esta violencia hay que sumar la que sufren otros alumnos. Siempre se ha producido el caso del niño intimidado, pero hoy está amenazado por un grupo más violento, y no encuentra en el profesorado, que también está amenazado, apoyo. La solución, insisto, está en cambiar los valores sociales.

El alumnado pasa cada vez más tiempo en la escuela, con las llamadas clases extraescolares, ¿cómo ayudan en su educación?

Es un tema de extrema importancia. Al dejar en manos de la escuela la educación, como si fuera el único agente válido pues es el profesional, la escuela se convierte en totalizadora de la educación del niño. Y, sin embargo, las investigaciones advierten que cuantas más horas está abierta una escuela menos educación produce, pues conforme pasa el día se va perdiendo el ambiente de aprendizaje. Esto nos lleva a concluir que las actividades extraescolares no pueden ser responsabilidad de la propia escuela. Si las imparte el mismo centro, no se trata en esencia de clases extraescolares.

Pero la propia sociedad demanda su implantación.

Pues debe ser ella la encargada de procurar actividades educativas fuera de la escuela, y no sólo organizar el ocio. Una escuela es una institución de aprendizaje que sabe enseñar mejor que otras instituciones determinadas materias, pero no todas. La manía con la enseñanza de la religión. Nadie aprende a ser católico, musulmán o protestante en la escuela.

¿Aboga, pues, con suprimir su enseñanza?

Para mí, la enseñanza de la religión en la escuela forma parte de la materia cultural. Todas las culturas tienen referencias religiosas, por lo que su aprendizaje es necesario para acceder a otros conocimientos. No abogo por la enseñanza catequística, esa es una labor de las iglesias y de las familias. Pero la religión relaciona al hombre con la trascendencia, y es preciso enseñar al niño las soluciones que dan las diferentes creencias, sin afán de adoctrinar a nadie.

La escuela es también el reflejo de una sociedad, donde la inmigración es cada día mayor.

Pero no podemos pretender que sea la única llave de integración de los nuevos ciudadanos en la comunidad. La están dejándo sola, convirtiéndola en el único espacio de convivencia. Su verdadera acogida ha de producirse en muchos otros ámbitos. De cualquier forma, sí es necesario un esfuerzo añadido de la escuela en la integración del emigrante, pues, como hemos dicho, si no logramos su escolarización le condenamos a la marginación. En este aspecto, en España estamos todavía a tiempo de no cometer los errores de países vecinos.


La educación española se PISA [2006].

España sufre el mayor retroceso
en educación de toda Europa.

Informe PISA 2006.

España, suspenso en ciencias.
Avisos para no quedar en evidencia comentando PISA.


ANÁLISIS DEL 'INFORME PISA 2003' . PISA: ¿otra ocasión perdida?

José Luis García Garrido en El País, 131204.

Debo empezar recordando algo que he dicho y escrito en bastantes ocasiones: que estoy lejos de sacralizar al Programa PISA, al que a la vez aplaudo sin escrúpulos y miro con cautela. Lo aplaudo por muchas razones, de las que ahora destaco sólo tres:

persigue que toquemos tierra en materia de eficiencia escolar, cosa ni fácil ni hasta hace poco posible; demuestra sobradamente que las comparaciones, lejos de ser odiosas, son necesarias para las decisiones de los políticos y para la recta información de los ciudadanos, y por último, posibilita a los sistemas educativos un sólido instrumento de autocrítica y una palanca de mejora en aspectos importantes.

Pero lo miro con cautela porque, pese a todo, engendra juicios valorativos sobre sistemas, sobre instituciones y sobre personas tomando en cuenta resultados de aprendizaje concretos y a corto plazo, cuando lo cierto es que la calidad de la educación y de sus componentes y agentes sólo puede inferirse con el paso del tiempo, y difícilmente medirse. Lo miro con cautela porque, en el fondo, avala una concepción fundamentalmente pragmatista y hasta economicista de la educación -que es lo esperable de su entidad organizadora, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)-.

De otro lado, la metodología investigadora que utiliza tiene todavía, junto a logros evidentes, no menos evidentes lagunas, capaces de poner en entredicho bastantes de sus asertos.

Dicho todo lo cual, asumo sin más discusión que los resultados que el programa nos ofrece en su reciente informe (relativo a la evaluación de 2003) deben preocuparnos, y mucho, a los ciudadanos de determinados países, entre ellos el nuestro. Cuando los datos se repiten con terca insistencia año tras año, lo último que cabe hacer es esconder la cabeza bajo el ala.

Con respecto a España, los resultados que ahora publica PISA en 2004 no son muy diferentes de los que publicó el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) -ahora INECSE- en 1998, es decir, hace nada menos que seis años, ni tampoco de los que publicó el propio PISA en 2001. Más bien son algo peores. Un fiel retrato de la mediocridad e ineficiencia de nuestro aparato escolar. El retrato que Europa y el mundo más desarrollado tienen de ese sistema educativo nuestro. Lo peor es que aquí todos (salvo pocos) estamos convencidos de parecernos mucho a la fotografía que se nos pinta.

Quizá lo más decepcionante de esa foto es comprobar la mediocridad de nuestro alumnado, por encima de las abultadas cifras de fracaso. Nuestras escuelas apenas producen alumnos brillantes. Hemos realmente conseguido igualar al alumnado español más que otros países (PISA lo reconoce), pero por abajo. Me rebelo ante la idea de que esto se nos venda como un éxito social. La igualdad en la baja calidad es algo más que una tomadura de pelo: es un fraude.

Coincide este jarro de agua fría con un nuevo invierno de la educación española, cuando nos hallamos cruzados de brazos pensando qué vamos a hacer no se sabe cuándo, entretenidos en desmantelar las timideces del Gobierno anterior en materia de reforma educativa y en restaurar las causas de nuestro más inmediato y demostrado declive cualitativo. Cuando estamos en innecesaria e impertinente hibernación, esperando el pacto que nunca llega, el santo advenimiento.

Mientras en los demás países corren, nuestros políticos meditan cómo salvar la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), de 1990, retocándola un poquito; cómo remediar el desgobierno de muchas escuelas públicas sin abdicar de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) de 1985; cómo reinventar la tímida e insuficiente Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) cambiando los nombres de las cosas; cómo conseguir que los alumnos aprendan sin "esfuerzo" (feo vocablo resucitado por la derecha); cómo arrinconar las clases de religión y cómo, en definitiva, acercarse al futuro y a la "sociedad del conocimiento" sin moverse un ápice del brillante pasado. Todo un reto. Nos darán las uvas de 2007 -fecha del próximo Informe PISA- en tan progresista posición.


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

La Poya Negra

La Poya Negra dijo

Este Zapatero es el mismo de siempre. Acabará destrozando definitivamente la política educativa. Dicen que la educación es el futuro de las naciones, preparar bien a las gentes que tienen que hacernos progresar es básico. ¿Por qué se empeñan en seguir por el camino equivocado? Miremos a la Europa del norte.

5 Abril 2008 | 10:31 AM

XXL

XXL dijo

No hay más ciego que el que no quiere ver y Zapatero se pasa el día cerrando los ojos ante todo lo que le resulta incómodo. El informe europeo ya denunció nuestro descarado retraso en educació. ¿Hacen falta más avisos?

Por cierto, se empeñan en darnos más enseñanzas ( enseñanza para la ciudadanía) cuando lo que deberían hacer es mejorar notablemente la que tenemos.

5 Abril 2008 | 10:35 AM

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