Delincuente.
(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve
Hacía tres años que me había trasladado a la gran ciudad con la ilusión de un primer trabajo y la verdad es que no podía quejarme. A pesar de que el cambio me afectó enormemente, mi contrato laboral estable facilitó mi integración en el nuevo entorno.
Los martes, como de costumbre, solía cenar en casa de mi primo y su mujer, con los que hacer una sobremesa era perder la memoria del placentero sueño. Cuando finalizó la que fue una más de mis agradables visitas nocturnas, bajé por la empinada escalera del edificio en busca del zaguán. Salí a la acera y recibí un golpe de aire frío y húmedo, que me obligó a subirme el cuello del chaquetón, recordándome que el invierno se resistía al calendario.
A pocos metros, doblada la esquina, me adentré en un descampado donde había dejado el coche. La iluminación era tan deficiente que, sin poderlo evitar, caí en los malditos charcos que una semana de lluvia creó para fastidiarme.
Introduciendo la llave en la puerta, y, una vez más, los pies en el agua, me percaté de un movimiento extraño que hizo alguien que parecía esconderse en el último portal del último edificio. Aunque la visión tenía que vencer la oscuridad, estaba seguro de que algo extraño sucedía y acercándome en secreto entre el silencio de los coches que reposaban la noche, descubrí a un hombre. Asomaba medio rostro con la intención de ver y no ser visto. Inmediatamente deduje que tramaba algo sucio y yo podía evitarlo.
Tenía miedo que me descubriese y me agazapé tras una furgoneta oscura. A través de la ventanilla del conductor y ocultando mi cabeza en la zona del espejo, no paré de observar al individuo. Quizá estaba esperando a alguien para asestarle un golpe certero y atracarlo allí mismo.
Nunca había aceptado las injusticias de esta sociedad, pero si había algo que colmaba mi paciencia y me revelaba era la delincuencia callejera, donde los débiles son víctimas de gentuza impresentable. Delante tenía a un sujeto de esa calaña dispuesto a realizar alguna vileza y hoy había decidido no estar de espectador.
Los minutos pasaban y los dos estábamos al acecho. Hubo un instante en el que creí ver una segunda persona aguardando, pero debió de ser un flash de mi imaginación que, por entonces, ya estaba empapada de frío, como mis sufridos pies. ¿Y si este canalla está esperando a una mujer para violarla repetidamente en la penumbra de la escalera? Debo de actuar ya, antes de que ocurra algo nefasto, me dije.
Cuando me disponía a aproximarme más, corriendo el riesgo de ser descubierto, el hombre ruin entró con urgencia hacia la profundidad del portal, donde su silueta se ausentó definitivamente. Noté que el pulso se me aceleraba, por primera vez estaba alterado, y, a pesar de la seguridad que tenía en mis cualidades, empecé a tener en cuenta la posibilidad de una derrota.
Pensé que había ido a esconderse porque la persona predestinada podía estar acercándose por la acera, pero la soledad de la noche no la rompió nadie con su presencia. Inmediatamente comprendí que la futura víctima estaba bajando en el ascensor. El sentido de la responsabilidad cívica hizo que superara unos momentos de duda, volcándome a continuación sobre la inminente tragedia en una carrera abierta hacia el portal.
Mi entrada, debido al exceso de aceleración y a los restos de barro depositados en las suelas de mis zapatos, fue accidentada, pero enseguida recuperé el equilibrio pegándome literalmente a la gélida pared de mármol. Aceptando la inmensa soledad del momento y paralizado por la tensión, me quedé aguardando lo que sin duda iba a ser repentino.
Llevaba unos segundos mudo, respirando lento, como queriendo oír las sombras, cuando un cuerpo grande y fuerte me aplastó por sorpresa y clavándome el codo en la garganta me dijo: ¡ya te tenemos cabrón¡ Intenté deshacerme de aquella bestia sin conseguirlo y acabé con los labios sangrando e inmovilizado en el suelo; inmediatamente se identificó como inspector de policía.
El Xiquet de Columbretes [2008]. Todos los derechos reservados.

Imagen de Joshua Hoffine [EEUU, 1973]. Vía Pasa la vida.
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Carmen dijo
Chasco nocturno. Si es que cuando uno se cree el salvador del Universo...
4 Mayo 2008 | 08:58 AM