Revoluciones... tecnológicas.

Yo te quiero… yo tampoco.
Arcadi Espada, en El Mundo, 100508.
Querido J:
Mayo. Aquel tiempo en que por vez primera las masas se sintieron sujetos del telediario de las nueve. Comprenderás que entre la Historia y el Telediario no haya color: los réditos de la primera se recogen en vida. Lo del telediario debes aceptarlo en sentido amplio. Ciertamente, en 1968 había 10 millones de televisores en Francia; pero Mayo fue, sobre todo, un asunto del transistor y de los periódicos, más libres que las dos cadenas televisivas públicas.
Hasta hace poco yo pensaba que Mayo había sido una revuelta mediática por dos razones principales: su extrema fotogenia y su textura de lead. Sobre lo primero no hacen falta aclaraciones: fue una revuelta sin muertos, con mujeres y en París. Lo segundo es algo más interesante: fue una revuelta aforística: “Debajo de los adoquines está la playa”, “La imaginación al poder”. “Prohibido prohibir”. La primera revuelta que tuvo en cuenta las agonías periodísticas de los titulares.
Estas hipótesis mías se basaban en los hechos más conocidos, que empezaron con la ocupación de la Universidad y acabaron con el triunfo electoral de la derecha. Y en la evidencia simbólica, que se la leí textual a Françoise Hardy, de que Mayo había sido el escenario donde se fijaron algunos cambios muy importantes. Pero he encontrado estos días otros testimonios.
El primero es un fragmento del que era entonces jefe de la Policía, monsieur Jean Caille. Declaraba en Le Monde que los medios habían “echado gasolina al fuego”. Concretamente los acusaba de “haber asustado a todo el país.» Era la primera vez que leía una acusación así. Con independencia de que fuera o no justa insinuaba una relación interesante entre Mayo y Prensa.
Luegó llegó el libro de Mavis Gallant. Me pilló entretenido con la traducción catalana (excelente edición, por cierto, de l’Arquer) del libro de André y Raphaël Glucksmann, El maig del 68 explicat a Nicolas Sarkozy, que me estaba pareciendo meramente parisien y que era lo que menos necesitaba para el caso. El de madame Gallant (Los sucesos de mayo, Alba) era otra cosa. Era un libro escrito en la intemperie y estaba formado por las notas que la escritora canadiense, instalada en París, había enviado al New Yorker sobre lo que había visto en las calles.
Te lo aconsejo por muchas razones: por si quieres saber algo más sobre el antisemitismo francés, sobre el simulacro o sobre el caso de Gabrielle Russier. Pero yo te hablo, ahora, de la revuelta y los medios. Ve a la página 60. Es de noche y madame Gallant vuelve a casa.
“En la acera me encuentro un grupo con un transistor. Mi calle está desierta; hace una noche muy agradable. Hay luces en las ventanas abiertas: todo el mundo está oyendo Radio Luxemburgo o Europa 1, las cadenas independientes. Reconozco las voces de los locutores. Hablan de altercados, de incendios, de granadas y todo ello a tan solo diez minutos andando de donde estoy. Lo único que se oye son las radios.»
Lo único que se oye son la radios, oh, cuánto habría dado por estar allí y escribir una frase así. Salta a la 144, ya muerto Mayo.
«Salvo Le Monde y Combat todos han cambiado de chaqueta: enterraron a De Gaulle sólo para resucitarlo, esperando que no se diera cuenta de que había estado bajo tierra. ¿Se creían que De Gaulle no leía los periódicos? Pasaron de 'La Révolution' a 'La mort d’un révolution' sin que se les moviera un pelo de la cabeza.»
Sujetos del telediario. Por pensar pensaban hasta en los turistas. Añade la escritora que en las puertas de algunas aulas habían puesto carteles para prohibir el paso a los turistas. Eran espectáculo y lo sabían. Por cierto, sin necesidad de mayor argumento. ¿Qué querían los estudiantes?, iba preguntando madame Maillant. Quelque chose de propre. Algo limpio, le contestaban. ¿El Palacio de Invierno? ¡Quia! Querían conquistar una metáfora.
El tiempo, sin embargo, fue construyendo algunas escenas en ese plató de París en primavera. Cosas que sucedieron antes, durante o después de los sucesos. Por ejemplo, y como asegura Sarkozy, el relativismo posmoderno. No estoy seguro. Las recriminaciones de Sarkozy se fundan en la pérdida de autoridad y en esa vistosa inversión de las jerarquías universitarias tan característica de mayo. Pero la impugnación de la autoridad es característica de cualquier revuelta.
Y ya sabes lo que escribió Discépolo…, en 1934: ¡Lo mismo un burro/que un gran profesor!/ La filiación posmoderna, además, se lleva mal con la presencia de Sartre, de ida y vuelta entre los adoquines, el Flore y Les Deux Magots. Tampoco creo que esté fundada la elaboración de Glucksmann respecto a que Mayo evitara la aparición del terrorismo en Francia: sólo es bella y buena.
Sin embargo, hay una escena que encaja verazmente hasta ser, ella misma, el hecho de mayo. Una escena, una canción. Je t’aime… moi non plus. Tiene una historia llamativa. Fue grabada en octubre de 1967 y la escribió Serge Gainsbourg, que convirtió el fracaso de su primera noche con Bardot en un gatillazo poético. Cuando a la mañana siguiente la llamó para disculparse, eh, los nervios, ella le pidió a cambio la más hermosa canción de amor que pudiese imaginar.
La grabaron en un estudio de las cercanías de París, encerrados durante dos horas en una cabina de cristal. El técnico de sonido se llamaba William Flageollet y cuando se le preguntó dijo que aquello había sido un heavy petting. Ella estaba casada entonces con Gunter Sachs, que respondió con gritos a los jadeos y que obligó a Bardot a que suplicara a Gainsbourg, por Dios y por las focas, que no editara el single.
Él aceptó (la versión no se publicaría hasta 1986), aunque se hizo el ofendido, lo que juraría que se le daba bien: «Esta música es muy pura. Por primera vez en mi vida, he escrito una canción de amor, y se malinterpreta» Pobrecillo. Menos mal que al cabo de un año conoció a Jane Birkin. Nunca comprenderé a estos hombres que se acuestan siempre con la misma mujer, pero lo cierto es que grabaron juntos la nueva versión, que se editó, con insuperable escándalo, en 1969.
El mundo de los partidarios de l’amour physique está dividido entre los que prefieren una versión u otra. Yo me abstengo, por las mismas razones por las que recusan a un juez. Pero tú verás. Aquí la Bardot. Aquí la Birkin.
A mi juicio la canción, auténtico himno de Mayo, y que cuarenta años después aún provoca una cierta incomodidad burguesa, simboliza algo que pasó de veras. Se le llamó “liberación de los sexos”, pero eso es un simple eufemismo político. Lo que hay en esa canción es un orgasmo de mujer (da a entender que bastante satisfactorio) y esto supuso una auténtica novedad. Las cosas estaban cantadas (y gozadas) desde el año anterior cuando en Francia comenzó a distribuirse la píldora anticonceptiva. Se comprueba que los orgasmos dependen de la técnica.
Yo creo que en mayo reapareció la mujer, para delicia del hombre, entre otras cosas. Hablo de reaparición porque no comparto la idea de que se hubiera pasado la historia enterrada: sería ofender, por ejemplo, al XVIII francés y a mi muy amada madame du Deffand. Pero reapareció, y con ella la evidencia de que habían entrado de pronto en la vida nuevos y muy agradables compañeros de juegos.
Debo decirte, sin embargo, que nuestro Revel no está de acuerdo con este carácter inédito de los orgasmos de mayo. Lo repite en sus extraordinarias memorias, El ladrón en la casa vacía, editadas en español por Faes. “Es una de tantas ideas ficticias que pintan un pasado más represivo de lo que fue, lo que permite exaltar el presente como más revolucionario de lo que es”. No debe olvidarse esta última advertencia.
Pero Revel se fija demasiado en los comunistas, los que denunciaron a la profesora Gabrielle Russier por acostarse con su hijo adolescente y cuyo cadáver niega con trágica vehemencia que nadie muriera en Mayo. Es razonable Revel e insoportable el drama de Russier. Pero te confieso que todo se disuelve ante los jadeos de Bardot. Oyéndola otra vez mientras te escribo pienso en la enunciada posibilidad de que Mayo fuera un simulacro. Como este simulacro, non plus. ¡Pero, caray!
Sigue con salud
A.
NOTA.- Enlaces [excepto los de color granate, que son del autor del texto], corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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estudiante dijo
Mayo del 68 acabó con las utopías y dió paso al imperio de las tecnologías. Tambiénn se liquidaron nuestras raices cristianas, dando alas al enemigo musulmán. Y en esas estamos.
12 Mayo 2008 | 11:06 AM