Miembras somos todos.
Portada de la revista gay Zero.Miembras y carne de miembrillo.
A la Ministra española de Igualdad y Fraternidad, Bibiana Aído, que pasará a los anales de la estupidez nacional por lo del miembro, la miembra y la carne de miembrillo, le han dado en las últimas semanas las suyas y las del pulpo, así que no quiero ensañarme. Podría, puesto a resumir en dos palabras, llamarla tonta o analfabeta. Supongo que, ateniéndonos a su estólida contumacia cuando fue llamada al orden por gente respetable y docta, a esa ministra podrían irle como un guante ambos epítetos. Pero no lo creo. Quiero decir que no tengo la impresión de que Bibiana Aído sea tonta ni analfabeta. Por lo menos, no del todo. O lo justo. Lo que pasa es que está muy mal acostumbrada.
Bibiana Aído, que es de Cádiz, procede de esa nueva casta política de feministas crecida en Andalucía a la sombra del régimen chavista; que así, dándoles cuartelillo, las tiene entretenidas y goteando agua de limón. Esas pavas, que han convertido una militancia respetable y necesaria en turbio modo de vida y medro, no tienen otra forma de justificar subvenciones y mandanga que rizar el rizo con piruetas cada vez más osadas, como en el circo. La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.
Lo que pasa es que, en el cenagal de la política española, cualquier cosa viene de perlas a quienes buscan votos de minorías que, sumadas, son rentables. Sale baratísimo. Sólo hay que destinar unas migajas de presupuesto y darle hilo a la cometa. Así andan las Bibianas de crecidas, campando a su aire en una especie de matonismo ultrafeminista de género y génera donde, cualquiera que no trague, recibe el sambenito de machista. Y así andamos todos, unos por cálculo interesado y otros por miedo al qué dirán. Los doctos se callan con frecuencia, y los ignorantes aplauden. Incluso hay quienes, después de cada nueva sandez, discuten el asunto en tertulias y columnas periodísticas, considerando con gravedad si procede decir piernas cuando se trata de extremidades en una mujer, y piernos cuando se trata de un hombre. Por ejemplo.
En todo esto, por supuesto, la Real Academia Española y las veintiuna academias hermanas de América y Filipinas son enemigo a batir. Según las feminatas ultras, las normas de uso que las academias fijan en el Diccionario son barreras sexistas que impiden la igualdad. Lo plantean como si una academia pudiera imponer tal o cual uso de una palabra, cuando lo que hace es recoger lo que la gente, equivocada o no, justa o no, machista o no, utiliza en su habla diaria. «La Academia va siempre por detrás», apuntan como señalando un defecto, sin comprender que la misión de los académicos es precisamente ésa: ir por detrás y no por delante, orientando sobre la norma de uso, y no imponiéndola. Voces cultas, y no sólo de académicos –Alfonso Guerra se unió a ellas hace poco–, han explicado de sobra que las innovaciones no corresponden a la RAE, sino a la sociedad de la que ésta es simple notario. En España la Academia no inventa palabras, ni les cambia el sentido. Observa, registra y cuenta a la sociedad cómo esa misma sociedad habla. Y cada cambio, pequeño o grande, termina siendo inventariado con minuciosidad notarial, dentro de lo posible, cuando lleva suficiente tiempo en uso y hay autoridades solventes que lo avalan y fijan en textos respetables y adecuados. De ahí a hacerse eco, por decreto, de cuanta ocurrencia salga por la boca de cualquier tonta de la pepitilla, media un abismo.
Así que tengo la obligación de advertir a mis primas que no se hagan ilusiones: con la Real Academia Española lo tienen crudo. Ahí no hay demagogia ni chantaje político que valga. Ni Franco lo consiguió en cuarenta años –y mira que ése mandaba–, ni las niñas capricho del buen rollito fashion lo van a conseguir ahora. En la RAE somos así de chulos. Y lo somos porque, desde su fundación hace trescientos años, esa institución es independiente del poder ejecutivo, del legislativo y del judicial. Su trabajo no depende de leyes, normas, jueguecitos o modas, sino de la realidad viva de una lengua extraordinaria, hermosa y potente que se autorregula a sí misma, desde hace muchos siglos, con ejemplar sabiduría. De forma colegiada o particular, a través de sus miembros –que no miembras–, siempre habrá en esa Docta Casa una voz que, con diplomacia o sin ella, recuerde que, en el Diccionario, la palabra idiotez se define como «hecho o dicho propio del idiota».
Arturo Pérez-Reverte [miembro de la Real Academia Española de la Lengua]. XLSemanal,300608 [Patente de corso].
"Miembras somos todos". Con este título protagoniza la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, la portada de la revista Zero. Un gay, una lesbiana y un transexual posan junto a la ministra representando una escena de la película 'El mago de Oz'. La aparición de Aído en la publicación homosexual coincide con la celebración en Madrid, el próximo sábado, del Día del Orgullo Gay que llevará por lema 'Por la visibilidad lésbica'.
La titular de Igualdad posa en la portada con un vestido vaporoso de color fucsia, mientras sostiene entre sus manos un ejemplar del libro 'El mago de Oz'. Zero la define como "la ministra contra el machismo mediático" y titula el reportaje "Miembras somos todos", que hace referencia a la polémica lingüistica por el uso de esta palabra en la primera intervención de Aido en el Congreso de los Diputados.
Vía Tele5, 280608.
Razones que exigen mármol
"Defendemos básicamente que la sexualidad del menor no puede ser secuestrada. (...) no se puede convertir hasta los 18 años en asexual. Todas las personas tiene que tener derecho a disfrutar de la sexualidad, también un niño de ocho añitos, al que la sociedad le niega ese derecho" (...) "(Las relaciones intergeneracionales) cada día están más perseguidas penal y socialmente, despertándonos un día sí y otro día también con más que dudosos éxitos policiales y mensajes mass-media que confunden la práctica de una sexualidad con el abuso, el asesinato y la delincuencia sexual (...) Lo que sí tenemos muy claro es que cuando una persona tiene algún tipo de sexo, algún tipo de relación con cualquier persona, aunque sean menores, no tiene porqué hacer daño a nadie." (Jaime Mendia, portavoz de la Coordinadora vasca del 28 de Junio, Día del Orgullo Gay, en El Mundo del País Vasco).
Vía Santiago González en su blog, 280608.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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ramrockmanchesterunited dijo
Jo, que panda.
¿Y el Zerolo no ha dicho nada?, que rarooooo....
4 Julio 2008 | 12:42 AM