La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

14 Julio 2008

Babelmanifiesto [español].

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Mientras que en Francia no hay ninguna duda de que la lengua común es el francés y las demás tienen la consideración de patrimonio cultural, en gran parte de España -concretamente en todas las regiones donde coexiste con otra lengua, exceptuando la Comunidad Valenciana- cada día es más díficil defender el derecho de la población a aprender en español o a ser atendido en tal idioma por las Administraciones Públicas.

Este el panorama y de su actualidad trata EQM a continuación.


Las lenguas regionales en Francia

La Asamblea Nacional [francesa] rebaja la inicialmente pretendida importancia sobre las lenguas regionales en la Constitución [francesa].

El idioma oficial en Francia es el francés, el cual es empleado por la totalidad de la población.

En algunas regiones junto al francés se emplea el franco-provenzal, occitano, gascón, bretón, corso, catalán, alsaciano, vasco y neerlandés (flamenco, cerca de Dunkerque, en el extremo norte de Francia).

Ninguna de estas lenguas regionales cuentan con la misma protección y promoción en Francia que por ejemplo algunas de las de España. En el sistema educativo francés los idiomas extranjeros incluso gozan de menos favor (por ejemplo las escuelas de enseñanza en catalán -escoles bressola- se financian con donaciones provenientes de España, o ciudadanos e instituciones francesas a título personal).

Un significativo porcentaje de franceses es bilingüe con idiomas extranjeros principalmente inglés, español, alemán, e italiano, en ese orden (y que son a la vez las lenguas de sus países vecinos). En contraparte el francés es la lengua extranjera más estudiada y usada en Europa después del inglés.

Debido a que el francés es el principal vehículo de integración ciudadana en Francia -junto a la educación-, los inmigrantes pronto lo emplean, sin embargo al interior de sus comunidades familiares no son completamente inusuales los sonidos y voces en sus propias lenguas, destacando entre ellas el árabe en sus variantes magrebíes.

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En junio de 2008 la Academia francesa [de la lengua] se manifestó en contra de la inclusión de las lenguas regionales francesas en la Constitución de este país, alegando que "atenta contra la identidad nacional".

l 9 de juio pasado la Asamblea Nacional Francesa de la lengua aprobó incorporar a la Constitución un artículo reconociendo la pertenencia de las lenguas regionales al patrimonio de Francia, pero esta referencia no figurará en el preámbulo de la Carta Magna, como se había previsto inicialmente, sino en el artículo 75 del texto, eliminando "cualquier duda sobre la primacía del francés" después de que la ministra de Justicia, Rachida Dati, hablara de la necesidad de encontrar una "solución de compromiso" con el Senado, que rechaza su inclusión, porque, en contra de la postura expresada por la Asamblea Nacional y por el propio Gobierno, consideran que no son "patrimonio" de la nación.

La medida sobre las lenguas regionales figura en el proyecto de ley sobre la reforma de las instituciones que fue adoptado anoche en segunda lectura por la Asamblea y cuya aprobación definitiva está pendiente de un nuevo examen en el Senado, los próximos 15 y 16 de julio.

La ley tendrá luego que recibir el visto bueno definitivo en una sesión conjunta de las dos Cámaras que podría convocarse para el 21 de julio.


Pie de ilustración.-Suso de Toro, muñidor del contramanifiesto, descarga su decálogo contra los firmantes del Manifiesto. Vía el blog de Santiago González.

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Contramanifiesto por las lenguas cooficiales. ¿Por qué los laicos se expresan siempre con decálogos?.

Santiago González en su blog, 130708.

Nota de EQM.- Las glosas de S. González figuran en azul. Los enlaces y glosas de EQM, en granate.

Ante el discurso pretendidamente homogeneizador y centralista que subyace en el Manifiesto por la Lengua Común, la Federación de Asociaciones de Escritores GALEUSCA manifiesta que:

[La primera en la frente. No se limitan los firmantes a clavar al manifiesto en la primera frase los calificativos 'homogeneizador' y 'centralista', sino que de propina le regala un adverbio. Pretendidamente. No es que el Manifiesto sea tal, sólo lo pretende. Es un quiero y no puedo]

1. La realidad plurilingüe que conforma y da existencia al estado español,

[es la afirmación más impresionante hecha nunca en el campo de la lingüística y aun en el de la historia, considerar que un Estado, aunque sea el español, debe su existencia a la realidad plurilingüe que lo conforma]

lejos de ser entendida como una «asimetría» o deficiencia per se, reproduce de una manera transparente una diversidad lingüística y cultural común a la mayoría de Estados [no hay una diversidad que sea común a esos Estados. O sea, la misma. Cada uno tendrá su propia diversidad] que conforman la Europa plurilingüe.

[¿Creen los no firmantes en la propiedad transitiva? Si es la realidad plurilingüe la que conforma el estado y son los estados los que conforman la Europa plurilingüe, habrá que concluir que es la realidad plurilingüe de los estados europeos la que conforma la Europa plurilingüe]

2. El gallego, el euskara y el catalán no son «inventos» de ahora, sino lenguas que fueron normales en sus territorios y sociedades respectivas durante centenares de años. Su desnormalización, su pérdida de usos públicos, no se produjeron de manera «natural», sino por invasión de la lengua que fue decretada como oficial del Estado, sin ninguna consulta ni acuerdo previos.

[Extraordinario ejemplo de raciocinio entre el mito de la soberanía originaria y la paranoia. La pérdida de uso de una lengua, incluso su muerte (caigamos gozosamente en la prosopopeya) nunca se produce por lo que los firmantes entienden como causas naturales. Las lenguas no se extinguen por consunción, sino porque sus hablantes disponen de otra que resulta ser un instrumento de comunicación más práctico y versátil. Más eficaz, en una palabra. Los estados no adoptaron sus respectivas lenguas oficiales para imponérselas a nadie, ni siquiera a los gobiernos autonómicos. Simplemente aceptaron la que hablaba mayoritariamente la gente. Particularmente dramático es el caso de los firmantes vascos, que denuncian la invasión de una lengua cuyos primeros vagidos se dieron en su tierra.]

3. El artículo 3 de la Constitución española garantiza [no es la Constitución, es la ley de la gravedad] la presencia de esta lengua común para todos los habitantes del Estado, mediante la exigencia a todos los ciudadanos de la obligación de conocer el castellano. Todos los ciudadanos de Galicia, Euskadi y los Países Catalanes

[la vocación imperial y expansionista del fascismo no tiene límites y admite imitadores: la teoría de los países catalanes -¿por qué no, por ejemplo, valencianos, aragonenes o mallorquines?- la ondean unos cuantos siempre que pueden, dándole visos de legalidad y, desde luego, de legitimidad: pero, curiosamente, con ello profundizan en el flaco servicio a sus pretensiones, agigantando las diferencias entre poblaciones de territorios que hablan una lengua -que unos llaman catalán y otros valenciano, con el mismo derecho a hacerlo- radicalmente opuestas a que los pancatalanistas hagan de patriarca o 'hereu', en torno a Cataluña]

asumen en la práctica esta exigencia, ya que no hay nadie que no tenga una buena competencia del castellano, [salvo los abajo no firmantes] independientemente de que lo tengan como primera lengua o segunda. En cambio, por lo que respecta al gallego, al euskara y al catalán, la legislación no prevé la obligación de ser conocidos en sus respectivos territorios, cosa que establece una asimetría en los derechos lingüísticos de los ciudadanos que quieren ejercer el derecho, que se les reconoce, a usarlos.

[He aquí la cuestión., mejor dicho, dos cuestiones. La primera es que ya empieza el contramanifiesto a deslizar la confusión entre estudiar el idioma y estudiar en el idioma. La segunda es que la legislación, efectivamente, no sólo no impone la obligación del conocimiento de la lengua, sino que en Cataluña, sin ir más lejos, reconoce lo que la inmersión lingüística y los no firmantes niegan. El artículo 21.2 de la Ley 1/1998 de Política Lingüística establece que:

"Los niños tiene derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua habitual, ya sea esta el catalán o el castellano. La Administración ha de garantizar este derecho y poner los medios para hacerlo efectivo. Los padres o tutores lo pueden ejercer en nombre de sus hijos instando a que se aplique."]

4. El gallego, el euskara y el catalán también son lenguas oficiales en sus territorios, que es lo mismo que decir que son lenguas propias de aproximadamente el 40% de la población del estado español.

[No, no es lo mismo. Ni el catalán, ni el gallego, ni, por supuesto, el euskera, son las lenguas propias de sus respectivos territorios, salvo que aceptemos como definición de lengua propia la que peor hablamos. En Euskadi, el euskera es la lengua materna de menos del 20% de la población. ¿Con qué argumentos sostienen los firmantes colectivos que el vasco es mi lengua propia o la de Juanjo Ibarretxe, extraordinario caso de alguien que fue analfabeto en su lengua propia hasta pasados los 40, mientras había estudiado Ciencias Económicas en la lengua extraña?]

Estos códigos lingüísticos, legítimos y en los que se reconoce el recorrido [¡Oh!] y la expresividad de un pueblo y de una cultura, son instrumentos de comunicación igualmente «democrática», herramientas de relación interpersonal útiles y necesarias para la sociedad que las sustenta.

5. El derecho al uso público, en todas las instancias, de la lengua propia está reconocido en todas las legislaciones democráticas del mundo.

[Lo que no puede reconocerte nadie es el derecho a que una instancia particular te responda en tu propia lengua. Pongamos un ejemplo: un ciudadano de Murcia entra en un comercio catalán con ánimo de compra. Supongamos que el charnego no habla catalán -nadie es perfecto- o es un caprichoso que quiere expresarse en la lengua franca. No es imaginable que el comerciante, aunque sea votante de ERC, exponga ante el hipotético cliente su derecho a vivir su vida en catalán, no sé si me explico. Si hablamos de las instancias públicas es otra cuestión, pero la cuestión es simplemente la contraria. La administración autonómica de Cataluña (y la del Estado en dicha C.A.) atienden en catalán a todo el mundo. La primera no atiende en castellano a todos, ni usa impresos bilingües.]

En el ámbito europeo, hace falta que recordemos la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias (aprobada y ratificada por el Estado español) o la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos, aprobada por unanimidad por el Congreso de los Diputados.

6. La visión anuladora que desde la enriquecedora realidad plurilingüe española se transmite desde el Manifiesto

[¿Desde dónde se nos transmite, si puede saberse? ¿Desde la enriquecedora realidad o desde el Manifiesto de los 18?]

nos hace pensar en la similitud de tesis de la etapa franquista;

[probablemente han querido decir "con la tesis"]

un estado, una lengua y, consecuentemente, reforzar los planteamientos diferenciadores entre ciudadanos de primera y segunda por razones de lengua.

[Impresionante anacoluto. ¿No quedaría más lógico el papel si los intelectuales no firmantes hubiesen escrito: "un estado, una lengua y dos clases de ciudadanos..."?]

La competencia plurilingüe, también para los ciudadanos españoles nacidos en comunidades autónomas con una única lengua oficial, siempre será una clave que abra el mundo, que abra las fronteras del respeto por el otro desde la interpretación de una equidad entre los seres humanos, independientemente de su lugar de nacimiento, de residencia y de lengua propia.

[Sería un detalle, efectivamente, que todos los niños de La Gomera aprendieran catalán para atender a Carod en su propia lengua la próxima vez que vaya a la isla para escribir un artículo titulado "Los sonidos del silencio II, pero no sé si es así como funciona el mundo].

Además, el Manifiesto parte de una premisa que no se corresponde con la realidad, ya que en ningún caso el castellano corre ningún peligro en todo el territorio del estado.

[Hasta ahora habían demostrado que no sabían escribir, pero el asunto es más grave aún: ¡no saben leer! La premisa de la que parte el Manifiesto es justamente la contraria: "nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés"]

7. El aprendizaje de las lenguas, además de la propia, ha de ser entendido siempre en sentido positivo y como sinónimo de enriquecimiento del individuo, ya que el aprendizaje plurilingüe estimula la expresividad y el conocimiento de las personas. En el caso de Galicia, Euskadi y los Países Catalanes [ver acotación punto 3] es imprescindible que la población sea competente en las dos lenguas oficiales, para que cada uno pueda decidir libremente cuál de ellas utilizará en los diferentes ámbitos y situaciones. Es decir, la doble competencia es imprescindible para garantizar la libertad lingüística. ["libertad es esclavitud", escribió Orwell en '1984'].

8. Para garantizar esta utilización libre de las lenguas hacen falta medidas surgidas de una política lingüística adecuada. Es decir, para garantizar los derechos que tenemos también los hablantes del catalán, el euskara y el gallego se necesitan políticas lingüísticas que creen las condiciones para ejercerlos, tal y como dictó el Tribunal Constitucional en la sentencia 334/1994 cuando «avala un trato desigual, que no discriminatorio, para las dos lenguas oficiales en función del carácter propio de una de ellas que precisa de una acción normalizadora que ha de implicar, necesariamente, acciones de soporte singularizado». [Ver acotación al punto 5].

9. Las políticas lingüísticas aplicadas al ámbito educativo en las comunidades bilingües, tienen como objetivo conseguir que el alumnado logre una buena competencia en las dos lenguas oficiales, independientemente de cuál sea la lengua familiar. Para conseguir este objetivo, hace falta desarrollar planificaciones lingüísticas que garanticen la consecución y que pasen, necesariamente, por la utilización vehicular mayoritaria de la lengua más desfavorecida socialmente.

[Hacer estudiar a los niños en la lengua "más desfavorecida socialmente", o sea, la que peor domina una parte de ellos supone, en Cataluña, una violación de la referida ley de Política Lingüística, si los padres de esos niños se oponen y supone empujar al analfabetismo a una parte de la población, al transmitirles conocimientos en una lengua que no dominan.]

Y eso, en lugar de ir contra la libertad lingüística es, precisamente, una actuación imprescindible para garantizar esta libertad lingüística. [Reiterativo].

10. Las escritoras y los escritores gallegos, vascos y catalanes

[el lenguaje correcto por razón de género tiene sus reglas. Si han empezado con "las escritoras y escritores" deberían escribir a continuación: "gallegas y gallegos, vascas y vascos, catalanas y catalanes". No está bien que se combata la invisibilidad de la mujer en el sustantivo para favorecerla en los gentilicios]

PROCLAMAN nuestra voluntad

[una de dos: o bien optan por hablar de sí mismos en tercera persona del plural, como si fuesen lehendakaris: "proclaman su voluntad" o eligen la primera persona "proclamamos nuestra voluntad"]

de continuar escribiendo en nuestras lenguas y de contribuir al proceso, inacabado, de su normalización como derecho humano, democrático y pacífico al cual no renunciaremos. Repudiamos enérgicamente todos los intentos de EXCLUSION que colegas escritores españoles hacen de nuestras lenguas

[primer punto del Manifiesto: "1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido...]

y lamentamos que, en lugar de preocuparse por la salud del español en Puerto Rico, Costa Rica o los Estados Unidos, se dediquen a combatir al más próximo y asimétricamente discriminado.

[¿Asimétricamente discriminado? Si no hay aquí redundancia es simple gilipollez]

11 de julio de 2008.

Asociación de Escritores en Lengua Catalana (AELC), Asociación de Escritores en Lengua Gallega (AELG) y la Asociación de Escritores en Lengua Vasca (EIE).

................................................

Esa riqueza conceptual, esa sintaxis, ese respeto a las palabras... el caso es que suenan extraordinariamente familiares. ¡SUUUSOOOO!


Ciudadanía y lengua común

Fernando Savater, en El País, 110708.

Como el mío va a ser uno de los pocos artículos que se publiquen en este periódico a favor del Manifiesto por la Lengua Común, permítanme que empiece con algo de melancolía. El documento en cuestión derrocha miramientos y renuncia a cualquier denuncia o acusación: no contiene críticas contra el Gobierno, ni contra la oposición, ni contra ninguna de las Administraciones autonómicas. Como el poeta, está a punto de perder su vida por delicadeza. Tampoco incurre en un alarmismo exagerado (se limita a señalar lo que es una preocupación generalizada en nuestra sociedad, como demuestran las firmas obtenidas de personalidades ilustres de las letras, las ciencias, el arte, el comercio o el deporte, muchas de las cuales no han firmado ningún manifiesto en su vida), y se centra en recomendar medidas preventivas antes de que lo peor sea además irremediable.

Ni que decir tiene que reconoce todas las lenguas oficiales como igualmente españolas (lo que sin duda puede haber molestado a algunos) y formando parte del patrimonio cultural y social que compartimos, merecedoras de estímulo y salvaguardia. En el Manifiesto no sólo se defiende el derecho de quien lo desee a ser educado en castellano, sino también el derecho semejante a ser educado en catalán en Cataluña, en euskera en el País Vasco, en gallego en Galicia, etc. Éste es el Manifiesto que ha sido denunciado como xenófobo, imperialista, contrario al pluralismo cultural y hasta partidario del exterminio de los hablantes de lenguas minoritarias. Un político catalán lo calificó como "un insulto a la inteligencia": bueno, entonces usted no tiene por qué considerarse ofendido, buen hombre. Y lo mismo vale para los demás. Por decirlo churchilianamente: nunca quien no agredió a nadie fue agredido por tantos.

Es curioso: a los que hemos luchado durante bastantes años a favor de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, las tergiversaciones polémicas que se utilizan contra el Manifiesto nos recuerdan irresistiblemente las que oímos tantas veces contra esa necesaria materia académica. Destinos paralelos: en un caso, se ofendió involuntariamente las prerrogativas que considera intocables la Iglesia católica, y en el otro, las que se atribuye la jerarquía nacionalista, dos poderes fácticos de fundamentación mitológica que consideran persecución totalitaria cualquier merma de sus privilegios autoconcedidos. Interesante semejanza, que merece ser examinada más despacio.

Primera similitud: para criticar con mayor comodidad, se inventan el contenido de la asignatura y el contenido del Manifiesto. Según unos manipuladores, la Educación para la Ciudadanía se dedica a hacer proselitismo homosexual y a recomendar que nadie se case si no es con persona de su mismo sexo. Como no faltan manuales delirantes propuestos para la materia, otros se dedican a entresacar proclamas a favor de Fidel, Chávez y la abolición inmediata del capitalismo. Intentar que se recuerde en sus justos términos el temario oficial es tiempo perdido. De modo semejante, algunos decretan que el Manifiesto sale en defensa de la lengua castellana, empeño risible porque nuestro idioma goza de excelente salud, es hablado por 400 millones de personas y de nada hay que protegerlo.

Según otros -pertenecientes a la lunatic fringe de varias autonomías bilingües-, el Manifiesto persigue abolir nuestro pluralismo lingüístico y cultural, exterminar al diferente, etc. Rogar que se lea el Manifiesto para comprobar que lo que se trata de defender son los derechos de los castellanohablantes sin mermar el bilingüismo o que estamos tan convencidos de la pujanza universal del castellano que por eso nos parece crucial reforzarlo como lengua común de España es tarea ociosa: la caricatura resulta polémicamente más rentable.

Segunda similitud: tanto la asignatura como el Manifiesto son inútiles, superfluos y refuerzan al poder establecido. Unos nos dicen que todo el mundo sale ciudadano de la escuela por la convivencia con los demás y sobre todo por la enseñanza de los padres. ¿Para qué adoctrinarles con teorías políticamente correctas que les hagan dóciles al relativismo moral dominante? Los otros aseguran con total convicción que no existe problema lingüístico en ninguna parte, salvo en la imaginación de la extrema derecha. No es verdad que haya comunidades donde no se pueda escolarizar a los niños con plena naturalidad en castellano, ni es cierto que en ellas los impresos oficiales sólo se faciliten en la lengua autonómica, ni es verdad que la señalización de vías públicas tampoco sea bilingüe, ni que el conocimiento de la lengua co-oficial tenga un valor desmesurado en concursos y oposiciones, etc.

Esas denuncias son invenciones en la mayoría de los casos, o simples anécdotas irrelevantes cuando resultan probadas. Los que de veras sufren son quienes intentan manejar una lengua distinta del castellano: ¿hay algo más difícil y peor visto que hablar catalán en Cataluña, euskera en el País Vasco o gallego en Galicia? Todo son problemas y cortapisas para los héroes que a tanto se atreven... El Manifiesto es una apología de la represión y de la prepotencia vigente, puaf.

Tercera similitud: ¡vuelve el franquismo! Educación para la Ciudadanía es un revival de la Formación del Espíritu Nacional (que nada tiene que ver con las sanas lecciones de identidad que se dan en las autonomías nacionalistas), así como el Manifiesto defiende la lengua del Imperio, según enseñó Girón de Velasco. ¿Cómo no nos habremos dado cuenta antes? Bien claro está; el último canalla que se preocupó por la unidad de España fue Franco, y sólo a él podía ocurrírsele adoctrinar en valores políticos comunes. Menos mal que aún quedan vigías para dar la voz de alarma y señalar que por allí resopla el fascismo. Debemos estarles eternamente agradecidos... y obedecerles sin rechistar.

En fin, dejémoslo estar. Los defensores de la inmersión lingüística ven en ella la única forma de evitar guetos y de garantizar la convivencia cultural. Si nosotros fuésemos nacionalistas españoles, aceptaríamos el razonamiento pero aplicado a toda España: inmersión lingüística general en castellano para la educación pública, a fin de evitar que Cataluña, Euskadi, Galicia o Baleares se conviertan en guetos dentro del país. Es la doctrina vigente en Francia, que no es el peor Estado europeo ni en cultura ni en democracia. Sin embargo, no es eso lo que reivindicamos. El Manifiesto no pide inmersión en castellano de los que tienen otras lenguas maternas, sino que no se imponga otra lengua a los que prefieren el castellano. En general, la lengua común no requiere en las comunidades bilingües trato privilegiado, sólo que no se la persiga ni obstaculice como hoy se hace. Con eso basta.

Por lo demás, admito que se nos discuta, pero no acepto que se nos descalifique con infundios sectarios como han hecho reciente y reiteradamente el Partido Socialista y el Gobierno. La decencia política no se funda en el optimismo, como cree Zapatero, sino en la veracidad. Decidido: en cuanto nos repongamos de este Manifiesto, hay que preparar otro contra el uso impune de la mentira por los políticos.


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lOLA

lOLA dijo

NO SE PUEDEN DECIR MEJOR LAS COSAS.

14 Julio 2008 | 08:51 PM

LA ZORRA

LA ZORRA dijo

vUELVO A DECIR LO MISMO QUE SIEMPRE: CUANDO MÁS DAS, MÁS QUIEREN

sOLUCIÓN: NO DAR NADA O MUY POQUITO.

EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESTÁ PARA GARANTIZAR LA CONSTITUCIÓN, YA ESTÁ BIEN DE TONTERIAS. ¡ACTUEMOS!

14 Julio 2008 | 08:58 PM

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