La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

18 Septiembre 2008

El abandono, como nuevo modelo.

Este trabajo fue publicado el pasado lunes 15 de septiembre. Por vicisitudes de la vida -duendes informáticos incluídos- lo borré involuntariamente y hasta ayer no pude recuperarlo, tras solicitar socorro a 'La Coctelera'. Por ello, lo reedito hoy.

EQM.

Anciano [s. 1620]. Georges de La Tour [Francia, 1523-1652]. The Fine Art Museum, San Francisco, CA, USA.



Sobre educación, fascismos y novios de la muerte [ver Notas].

Este verano lo inicié contemplando nuestros nuevos modelos de comportamiento colectivo, a la hora de representar a la única nación soberana de España: primero durantes los festejos de la Copa de Europa de futbol y, días después, en el desfile inicial olímpico. Más tarde, constaté, una vez más, cómo los poderosos aceptan plácidamente los nuevos fascismos: China manejando masas y prohibiciones que para sí hubiera querido el último General español con mando en plaza, con motivo de la Fiesta del Caudillo [al modo que tan bien hacía Victor Manuel, uno de los símbolos de la nueva Memoria Histórica, al tiempo que procastrista de toda la vida]. Rusia avisando, después de lo de Kosovo, que ella también sabe de zonas georgianas de influencia y de los tumbos de la Unión Europea en materia de valores. En fin, Educación y geopolítica. Del Jocker español y su Vicepresidente haciendo limpieza, sólo que, efectivamente PJ, siguen en sus nubes.

Pero si algo me impactó por sobre todas las cosas fue el artículo de Arcadi Espada en El Mundo del 16 de agosto, sobre la situación de la vejez en España y su soledad silenciada. Magistral. No se puede describir mejor la gravísima situación de abandono, acrecentado por la recesión y que, con las risas de la Ley de Dependencia y el deterioro de la Seguridad Social y de la Sanidad universalizada, está que arde y no casualmente.

La inexistencia de un modelo familiar alternativo al liquidado; los vivas al aborto mejorado y al suicidio asistido y, como era de esperar, la consiguiente soledad también de los menores, dará lugar en EQM a una nueva reflexión sobre el nuevo culto a la insolidaridad y a la muerte.

Pero hoy quédense con el retrato de Arcadi. Un aterrador placer.

EQM.



Breve paseo por las casas de los viejos

Arcadi Espada, en El Mundo, 160808.

Querido J:

Nuestro Jacques Brel decía que las casas de los viejos huelen a tomillo y a lavanda y que allí se oyen las palabras de antaño. Les vieux. Se trata de una de sus grandes canciones, burguesa y triste. Los viejos, que tiemblan al oír el péndulo de plata del reloj de pared, qui ronronne au salon, qui dit oui qui dit non, que dice os espero. Ya sabes que llevo cerca de un año por lugares de viejos. Hospitales, centros socio-sanitarios (como llaman ahora, al menos en Cataluña, a un extraño híbrido de la sanidad pública donde el enfermo tiene que pagarse la botella de agua mineral) y residencias. El olor dominante, discúlpame, es el de la mierda desinfectada. El largo paseo acabó la otra tarde en un agujero de la periferia barcelonesa: tres turons [colinas] fan una serra/quatre pins un bosc espès.

Allí, rodeado de viejos terminales, pretendió encerrar el sistema público catalán a un hombre de cincuenta años, enfermo, inmovilizado, pero lúcido y con una esperanza de vida casi normal. Supongo que pretendían que aprendiera a morir, circunstancia que requiere una práctica. Lo tiraron sobre un jergón adosado a una pared que aún mostraba las huellas dactilares del último, aunque no pude distinguir si era defecación o plasma. Maldigo que la literatura te impida creerme cuando te diga que unos metros más arriba había una residencia canina y que, aun sumándolo todo, los aullidos de los animales eran lo peor de la tarde. Otro día te hablaré en detalle de su peripecia, aunque puedes consultar su blog y ver la manifestación local y sarcástica de aquel solemne preámbulo de las películas de juicios americanas, cuando el Estado se dispone a ir contra un hombre.

Hoy te escribo por los viejos. Siguiendo, aunque de lejos, a ese hombre he podido ver bastantes. Es una circunstancia rara, porque ese tipo de asuntos sólo se ven en las estadísticas. Cataluña tiene más de un millón de viejos, comprendiendo todos aquellos que han cumplido los sesenta y cinco. El total de España está cerca de los siete millones y medio. Tengo algunos otros datos, por ejemplo franceses: más de diez millones de viejos y algo más de un millón que han pasado de los 85 años. Sujétate: en el 2015 esos grandes mayores serán dos millones. Pero pongámonos otra vez cerca del millón largo de catalanes viejos. La oferta de residencias (pública y privada) no supera las 60 mil plazas. Cataluña es el lugar donde hay más plazas de España, aunque la oferta pública ¡es la menor! española, como corresponde a un gobierno de izquierdas, cuyo santo y seña es la protección e higiene del espacio común ciudadano.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud sobre la relación entre plazas residenciales y mayores de 65 años es del 5%. En Cataluña la ratio es del 4,2% y en España del 3,8%. Las cifras europeas anulan cualquier esperanza: Francia supera el 8%, Holanda el 12,2%, Gran Bretaña el 11% y Dinamarca el 13%. El estado del Estado del Bienestar español es incompatible con la absoluta falta de austeridad de la política local. Es incompatible con el faraónico desarrollo de las televisiones autonómicas; con las campañas de autopromoción de las instituciones públicas; con la noticia (máxima) de esta misma mañana en que te escribo: una carta al director del diario El País que subraya el coste del viaje a Londres del consejero de la vicepresidencia catalana y 17 acólitos para inaugurar una oficina de representación exterior: 22.843 euros.

Por supuesto poco me importa la cara de fastidio que ponen (especialmente Antoni Castells, el consejero de la solidaridad limitada) cuando alguien les asocia cifras de esta calaña: se han acostumbrado a llamarle a la verdad demagogia. Y es la verdad, descompuesta, la que asoma detrás del único proyecto legislativo real del primer gobierno del presidente Zapatero: hechas las cuentas es evidente que el Estado actual no puede financiar ni de lejos la Ley de Dependencia. El viejo mito español de que las familias acogen a los viejos no se sostiene por ningún lado. Si los tienen en casa es porque no hay residencias y porque su calidad global es pésima. Pero teniéndolos en casa no hay modo de acogerse a ayudas humanas o técnicas: el Estado no puede pagar ni el bouquet de lavanda.

Vuelvo a las residencias, y a los sesenta mil catalanes que las ocupan. Hace un par de días apareció una de esas noticias cíclicas, esta vez localizada en Collbató. Collbató…, te acordarás, había unas piscinas míticas. El periódico decía que la Generalitat había cerrado un geriátrico. En la noticia estaban los eufemismos administrativos: “… la detección de irregularidades en el funcionamiento y la organización del servicio, así como el hecho de que la residencia no dispone de ningún responsable higiénico-sanitario, y tampoco de ningún profesional con capacitación suficiente.” El más simpático era el uso del verbo “detectar”: como si la constatación de la mugre necesitara prospecciones bajo tierra. He visto en el último tiempo, siempre fugazmente, la cara de muchos ancianos a pocos metros del final, y he asistido, sin inmiscuirme, como una cermeña cámara oculta, a escenas diversas de su vida diaria.

Mi apego, animaloide, a la vida (el mismo, desde luego, que me hace considerar el suicidio como un derecho humano irrenunciable) me hacía verlos con una extraña simpatía, aun en circunstancias agónicas. “Ahí va uno que aguanta”, pienso yo, cuando sé que otros piensan “Ahí va un deshecho humano”. Pero el trato que aquí reciben ese saco de huesos acabados no es el que merecen, ni, sobre todo, el que la técnica y nuestro privilegio deben darles. A poco del final el trato a un viejo importa más a los todavía jóvenes y sanos que están observándolo. En estos meses, con frecuencia, he vivido el trato como una absoluta indignidad. Te ahorro el catálogo, pero no esta suave imagen: nadie debe lavar a un viejo con la puerta abierta.

La gente quedaría consternada con un reportaje veraz sobre la atención que reciben los viejos residenciados, hórrida palabra a la altura de la experiencia. Pero en los periódicos sólo hay eufemismos administrativos. Tiene su explicación. Los viejos ya no hablan. Sus cuidadores menos: es un gran negocio basado muchas veces en prácticas semifeudales, que tiene a los inmigrantes como innoble recurso. Y los que podrían hablar se mueren de vergüenza. Cuando se deja a un viejo catalán (adjetivo para hablar de lo que conozco) en uno de los miles de agujeros con jergón se paga también el silencio. Las familias saben que dejarlo allí es un fracaso. Conocen el sistema. La “capacitación suficiente” y “los responsables higiénico-sanitarios”. Exhibir ese viejo y su vida terminal sería exhibirse.

No deberías creer, por último, que estoy hablando de los últimos escalones del desespero: no se trata de homeless que han encontrado al fin su casa. Y tampoco de esos viejos que no distinguen su nuevo ambiente pues siempre dispusieron de mayordomo y lejanías. En realidad lo más inquietante de mi viaje fue la normalidad mesocrática de las circunstancias. En el jergón del que te hablo, tan bien dotado para la atención sanitaria que las sillas de ruedas disponibles no entran por las puertas de las habitaciones, muchas familias pagan dos mil euros al mes por sus viejos. Nada barato, pero es la única posibilidad de limitar los daños. Al que paga le pasa como al que es catalán: no puede pasar nada malo. Hay silencios sin precio. Acallan el runrún: el péndulo de plata, la quejumbrosa respiración del padre o el enema lento de la conciencia.

Sigue con salud
A. (Links en granate: Verónica Puertollano)

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Les vieux [1963]. Jacques Brel [Bélgica/Francia, 1929-1978]. Mp3 vía vkontakte. La portada corresponde a la edición original Barclay 80.186, de 1963 [vía éditions J. Brel].

.

'Les vieux', en vivo, con subtítulos en inglés. Vía SaoirseYafa.

Los viejos ya no hablan,
o quizá lo hacen sólo
con el rabillo de los ojos.
Incluso siendo ricos, son pobres,
no tienen ilusiones
y tienen un corazón para los dos.
En su casa huele a tomillo,
a limpio, a lavanda
y a viejas palabras.
Que en Paris se vive
como en provincias
cuando se ha vivido demasiado tiempo.
¿Por haber reído demasiado tiempo,
sus voces se quiebran
cuando hablan del ayer?
¿Por haber llorado mucho,
sus lágrimas aún
resbalan por sus párpados?
Si tiemblan un poco,
es porque envejece
el péndulo de plata
que susurra en el salón,
que dice sí, que dice no,
que dice: "os estoy esperando".

Los viejos ya no sueñan,
sus libros dormitan,
sus pianos están cerrados.
El pequeño gato murió,
el muscat de los domingos
ya no les hace cantar.
Los viejos no se mueven,
sus gestos tienen demasiadas arrugas,
su mundo es demasiado pequeño.
De la cama a la ventana,
de la cama al sillón,
de la cama a la cama.
Salen todavía
cogidos del brazo
con su ropa apergaminada
para ir bajo el sol
al entierro de uno más viejo,
de uno más feo.
Y en lo que dura un sollozo,
olvidarse por una hora
del péndulo de plata
que susurra en el salón,
que dice sí, que dice no,
y luego les espera.

Los viejos no mueren,
se adormecen un día
y duermen por mucho tiempo.
Se agarran de la mano
porque tienen miedo a perderse
y sin embargo se pierden.
Y el otro se queda,
el mejor o el peor,
el dulce o el severo.
No importa:
el que se queda
se encuentra en el infierno.
Quizá le veáis,
le veáis triste
bajo la lluvia
atravesar el presente
disculpándose
por no estar ya más lejos
y escapar por última vez
del péndulo de plata
que susurra en el salón,
que dice sí, que dice no,
que dice: "os estoy esperando".
que susurra en el salón,
que dice sí, que dice no
y luego nos espera.


NOTAS.-

El novio de la muerte.-

Cartel.

"En el Tercio, a imitación de su vecina Legión extranjera francesa que la arrastraba desde la entonces recién terminada la guerra europea, se cantó inicialmente “La Madelón”, pero por poco tiempo, porque no tardó en adoptar un canto que le era más propio y estaba más cerca de aquel nuevo estilo de vida militar de entender la vida y la muerte. Este canto empezó siendo un cuplé [...].

El 7 de enero de 1.921, en Beni Hassán, cuando el Tercio tenía sólo unos meses de existencia, (su primera Bandera se había organizado en octubre), después de haberse defendido heroicamente con su escuadra frente a los kabileños que los atacaron y pretendieron apoderarse de sus armas, murió a consecuencia de las heridas recibidas el Cabo Baltasar Queija de la Vega; era el primer legionario que perdía la vida en un hecho de armas.

En su bolsillo se encontraron unos versos llenos de emoción y sentimiento. Se dice que acababa de enterarse de la muerte de su novia, y en esas confidencias íntimas que se hacen al compañero en las largas esperas campamentales de una estrellada noche moruna, había confesado: ¡Ojalá la primera bala no tarde mucho y sea para mi corazón, para reunirme pronto con ella!. Pocas horas después, cuando se realizaba la retirada de protección de unos caminos su escuadra fue atacada. Toda una premonición que presagiaba el futuro canto de “El novio de la muerte”.

Su letra se debe a Fidel Prado, habiéndola llevado al pentagrama el catalán Juan Costa. Después de ensayarla en el estudio del compositor Modesto Romero (autor más tarde de la “Canción del Legionario”) en Madrid, la estrenó con gran éxito y acierto la cupletista Mercedes Fernández González artísticamente conocida como “Lola Montes”, en 1.921, en el Teatro Vital Aza de Málaga, desde donde saltó a Melilla actuando como fin de Fiestas en la Compañía de comedias de Valeriano León: era en los angustiosos días de julio en que tuvieron lugar los trágicos acontecimientos del desastre de Annual y el derrumbamiento de aquella Comandancia General, elevando la moral de nuestras fuerzas y alentando la espera de refuerzos y socorros, especialmente los que le llevarían los legionarios, que desde Ceuta habían sido enviados por mar.

'El novio de la muerte' se ha adaptado al paso lento, procesional y fúnebre, cantándose en todos los cuarteles y campamentos de La Legión, en el tradicional “Sábado Legionario”, en el que se rinde culto y homenaje a sus muertos."

Vía Rascayú [que cita a D. Armando Oterino Cervelló].

---


Enlaces [salvo los de color granate], corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos, respetando el texto, que puede leerse en el original pinchando el enlace.








servido por elquiciodelamancebia 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

perrero

perrero dijo

Una de las leyendas urbanas que más prolifera es la del abandono de abuelos en las gasolineras, mientras van a orinar.

Pero no hace falta hilar tan fino: Pregunten en cualquier residencia en qué épocas llegan los abuelos a borbotones y les respondeeran que en periodos vacacionales.

Como con los perros.

18 Septiembre 2008 | 10:22 AM

LUIS

LUIS dijo

Como indicador sustancial de bienestar social en las grandes urbes se está valorando muy especialmente el nº de abuelos que aparecen muertos en sus casas y que son descubiertos como consecuencia del hedor que se expande por la escalera de la finca.

Los bomberos tienen que tirar la puerta abajo y se encuentras cuasi esqueletos devorados por sus perritos del alma, también muertos después de meses.

Nadie les había echado en falta.

18 Septiembre 2008 | 10:22 AM

migueltesorillo

migueltesorillo dijo

MI padre, quizas sea de familia o de Alzeimer no olia bien, incluso después de duchado. Es duro limpiarle el culo a un enfermo, que no podia ir al water. Cotizo unos años en Cataluña o Catalucia y los pañales medicamentos, comida, solo comia un alimento para gente, que no podia comer, costaba mucho. Gastar el dinero de los catalanes en atender a esa gente, que dio su trabajo, su mercado, sus coeficientes de inversión (Las cajas tenian que invertir parte de sus depositos a un interes fijo , para la industria nacional) a la industria catalana. Es un robo. Al igual que los nazis decian, que los judios eran unos vampiros, que chupaban la sangre alemana. Los nacionalsocialistas catalanes, solo se preocupan de su raza superior, normal, si esta estupida ley electoral les obligara a sacar votos fuera de su espacio vital(lebesraum) Se moderarian algo.
Añado, que para emigrar a Cataluña o Catalucia, había una serie de trabas. Por ejemplo había que ir con algo de dinero. Da igual ya no son útiles esos viejos, ya no votan.

18 Septiembre 2008 | 08:13 PM

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