Ciegos y sordos.
Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes).
Relato breve.
Una brisa suave e intermitente de aire fresco zarandea las hojas de los chopos negros, fragmentando los rayos de sol que las hace brillar de plata. El jardín de la plaza principal de la ciudad está repleto de especies distintas de plantas, pero hoy el protagonismo es de los árboles de tronco recto y gris verdoso. Han empezado a liberar semillas algodonosas que se dispersan por todo el espacio en busca de un camino fructífero, produciendo estornudos a los viandantes despistados.
La mañana es espectacular, de una limpieza desacostumbrada. El cielo, de un azul pastel, parece querer dividirse en dos a partir de una única nube fina y alargada. Armonías y contrastes se suceden acrecentando la belleza que envuelve la actividad de las gentes. Y entre ellas, Pedro, recién salido de casa, ejemplo de responsabilidad acelerando el paso para no perder el autobús que le llevará a su trabajo. Le espera un cúmulo de obligaciones demoradoras del descanso hasta una hora avanzada de la noche.
Como asalariado cumplidor, agiliza aún más su marcha apresurada para llegar a tiempo. Y, en ese momento, oye una voz a su espalda: « ¡Pí, pí…! ¡Ya está bien, hagan el favor de apartarse!» Un hombre enjuto y desgarbado, con sombrero y traje pasados, simula abarcar un volante con sus manos a la vez que da pequeños pasos arrastrando las suelas de sus holgados zapatos.
El peculiar individuo sigue insistiendo con obstinación: « ¡Pi, pí…! ¡será posible, no hay forma de circular por esta ciudad! ¡Por Dios, quieren no obstaculizar, parece que vayan pisando huevos! ¡Pí, pí!… ¡Está visto que acabaré atropellando a estos lentos de mierda! ¡Pí, pí…!»
Pedro extrañado y sorprendido por lo que ve, se aparta sonriendo, dejándole el paso libre. Mientras observa como aquel desquiciado se aleja sorteando los obstáculos humanos que encuentra por la acera, maldiciendo al mundo, él, por primera vez, se siente interrumpido; se ha roto su ritmo y está parado.
El día sigue espléndido y queriendo llamar aún más la atención, crea mensajes de continuo, como una pequeña ráfaga de viento que acaricia su rostro y le hace girar la cabeza para evitar las semillas errantes de los chopos. Al hacerlo, mira a las alturas y descubre la nube pulcra, larga e infinita que empieza a desdibujarse sobre el fondo añil mágico.
Su atención, instintivamente, parece centrarse con ímpetu en todo lo que le rodea, agudizando los sentidos. La pureza de la luminosidad incrementa la energía de la naturaleza produciendo apacibles susurros, efectos con sabor a tierno y cosquilleos en la piel que le llegan flotando; creyendo existir en otro lugar. Entonces, retrocede hasta sentarse en un banco frente al jardín y decide deleitarse con el espectáculo.
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El Xiquet de Columbretes [2008]. Todos los derechos reservados.
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Contemplación [2007], de Tsun [España, 1963]. Vía OJODIGITAL.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



Pilar dijo
Cuanta razón tienes.
19 Octubre 2008 | 12:59 AM