La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

6 Noviembre 2008

El discurso de Obama

Vía Impresiones Latinas.



La tarjeta de visita.

La alocución de Obama como vencedor de las elecciones es su tajeta de visita camino de la Casa Blanca. Le he escuchado con detenimiento y no me ha transmitido nada especial, como dicen algunos. El espectáculo lo bordaba Felipe González. Este es un segundón comparado con él. Además de un buen conservador a la usanza de los demócratas estadounidenses. Nada del ilusionismo izquierdista de Zapatero. Nada de Alianza de Civilizaciones. Al tiempo.

Comienza la representación con su mujer y sus dos niñas, a las que colma de besitos. Controlando los tiempos, llegado el momento las manda al salón. ¿Se imaginan una escena así en España? Entonces comienza una verborrea, pausada, de obviedades, de las que conviene recordar una delicada y populista [gobieno por el pueblo, para el pueblo] reivindicación de los logros racial_femeninos ['no podíamos y ya podemos': en el caso de los negros, detentar el máximo poder; en el de las mujeres, un recuerdo al derecho de sufragio] con la única virtud de llamar a los negros por su nombre [¿se acabó lo del 'color' o 'afroamericanos'?]. Un recuerdo para las tropas en el exterior y en pro de la derrota de nuestros enemigos. Resalta la unidad de destino [¿en lo universal?], el patriotismo y el espíritu de servicio [¿les suena?] que caracteriza a su pueblo. Insiste en su capacidad visionaria ['mucho más de lo que podeis imaginar', repite con frecuencia]. Finalmente, como comenté ayer, se despide con el 'bendice a tu pueblo Señor'.

Como si se tratara de un negro que tuviera el alma blanca y, en consecuencia, los anglosajones nada que temer. Un personaje inteligente, conciliador, atractivo, predicador, con vida y modos demócratas, que, al producirse la catársis, lava las conciencias históricamente racistas y opresoras del pueblo blanco, integrando, por vez primera, a los sojuzgados de siempre. Llenando los bolsillos de votos al partido proponente de la valiente apuesta.

¿Sin riesgos? Estos próximos cuatro años, pase lo que pase, van a resultar apasionantes.

Juzguen Vds.

EQM.


.

"¡Hola, Chicago!

Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.

Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.

Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.

Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca.

Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable.

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.

A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino.

Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares.

Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.

Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.

Esta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí.

Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal.

Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.

Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.

Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.

En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.

Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.

Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.

Y a aquellos estadounidense cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos. En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos.

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos". Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?.

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento.

Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza. Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América."


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

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Paquito el Chocolatero

Paquito el Chocolatero dijo

Mucha gente se cree que porque es negro ya están cambiando las cosas. Eso me recuerda cuando empezaron a gobernar las mujeres. Me da la sensación de que cuando gobierne un "grag-queen" pasará lo mismo. Y no se dan cuenta (los electores) que todos somos parecidos, e idénticos en los defectos. Bueno, la gente quiere creer en los buenos cambios, dejémosles que sueñen.

6 Noviembre 2008 | 08:22 AM

Golón

Golón dijo

Más de lo mismo. En todo caso, con café del bueno.

6 Noviembre 2008 | 08:28 AM

Gary

Gary dijo

El consabido drama racista impregna en exceso la história de este hombre y sus inicios de trabajador social olvidados por los triunfos en la política. ¿Podrá el negro pastor llorón de su iglesia evitar que caiga en los errores de todos? Seamos optimistas.

6 Noviembre 2008 | 08:32 AM

Julián G.G.

Julián G.G. dijo

Yo me cago en todos los estados, ¿por qué no lo he de hacer en los Unidos de América? ¿Me han dado algo? Cuando Franco, no vinieron al rescate. ¡¡¡Que les den!!!

6 Noviembre 2008 | 08:35 AM

Isa

Isa dijo

Debemos de creer en los cambios, saber que los nuevos gobernantes están para hacer nuevas políticas que siempre serán mejores. La experiencia de los demás sirve a los nuevos. Confiemos en ellos, sean blancos o negros.

6 Noviembre 2008 | 08:38 AM

RP

RP dijo

Un rayo de luz en las tinieblas de la crisis

Jesús Cacho, en El Confidencial, 061108

Confieso que nunca me ha gustado participar en manifestaciones colectivas de alegría o duelo. Me espantan las multitudes y me aterra el entusiasmo compartido de quienes vibran, generalmente a resultas de mastodónticas campañas de publicidad e imagen, con la nueva película, el último fenómeno mediático, o el más reciente galán llegado a la política, hasta el punto de que esas situaciones de histeria y pasión compartidas me impulsan de inmediato a recluirme en mi recinto más privado aun a costa de parecer un bicho raro. Qué le voy a hacer, siempre me ha gustado nadar contra corriente. Algo de eso me está sucediendo estos días con motivo de las elecciones norteamericanas concluidas en la madrugada de ayer con la victoria de Barack Obama.
Se advierte tal desbordado entusiasmo, tal fervor entre la gente española, sea de derechas o de izquierdas, que uno se revuelve incómodo cuando tiene que enjuiciar el fenómeno y valorar el comportamiento de quienes le rodean. La alegría colectiva entre la tropa hispana es de tal calibre, la pasión tan obvia, que parece que ha sido ella, hemos sido nosotros quienes nos hemos batido tras las tapias de Fort Alamo en defensa del sueño americano de un mulato convertido en Presidente de la primera potencia del mundo entre el jolgorio global. La Navidad ha llegado con antelación. El júbilo es tan fuerte que ha nublado la sintaxis de algunos. Vean, si no, cómo se explicaba ayer el mismísimo José Blanco en su blog: “Debo agradeceros el apoyo que me habéis dado desde que hice público mi apoyo a Obama”. Simplemente genial. Como genial estuvo cuando se negó a acudir a la convención demócrata “para no interferir”.

Con este material intelectual y humano, no es extraño que la obamanía haya caído en la Moncloa como agua de mayo. A media mañana de ayer, el Presidente Zapatero, travestido en legendario David Crockett, compareció para intentar rebañar algunos de los rayos de popularidad que hoy despide a raudales el gran sol afroamericano. No esperábamos menos del inquilino de Moncloa. Está en sus genes de agitador mediático tratar de aprovechar el eco de la victoria electoral de un Obama que se parece a Zapatero como un huevo a una castaña. Pilonga, además.

Sobre el sólido andamiaje intelectual de un Barack Obama que ha pasado por dos de las instituciones universitarias de más prestigio, también más exigentes, de los Estados Unidos –la de Columbia, donde se doctoró en Ciencias Políticas, y la de Harvard, donde se graduó en Derecho, algo que no es exactamente lo mismo que una licenciatura por León, con todos mis respetos para la institución leonesa-, ha caído cual fruta madura la necesidad de enderezar el rumbo de una situación tan calamitosa, dentro y fuera de los USA, en economía como en política, que parecía estar reclamando a gritos el surgimiento impetuoso del héroe wagneriano en su versión café con leche.

Obama es la alternativa al desastre Bush, especie de Mefistófeles en quien los habitantes de la aldea global han identificado las plagas de Egipto. Frente al príncipe de los infiernos republicano se yergue la figura redentora del ángel bueno mulato, dispuesto a bajar del Sinaí con las tablas de la salvación colectiva en la mano. Tras el desastre de la guerra de Irak, ha caído el tsunami del crash financiero. Barack es el nuevo Moisés capaz de conducirnos por los tortuosos riscos de la inseguridad y la crisis hasta los verdes valles de la prosperidad amenazada. Solo él podrá restaurar el optimismo y rehacer nuestra dañada esperanza en el futuro. Yes, We Can…!

En un escenario tan pesimista como el español, prisioneros de una economía que pierde miles de empleos cada día, atenazados por el miedo a un futuro en el que nada parece estar claro, asqueados por la incapacidad de nuestros partidos para proponer el discurso de cambio y regeneración democrática que precisa el país, la victoria de Obama ha supuesto un subidón de moral, la inyección en vena del enfermo que reclama angustiado su medicina. La esperanza es posible, nos viene a decir el nuevo presidente yanqui. El cambio puede estar a la vuelta de la esquina. Es un golpe moral similar al que en su día, con un país también sumido en la crisis y el miedo al golpismo, significó la victoria de Felipe González en octubre de 1982. Veintitantos años nos separan de aquel acontecimiento que, en el fondo, fue bien recibido incluso por quienes no votaron socialista, porque supuso una bocanada de aire fresco en el ambiente cargado de oprobio que respiraba un país perdido en el laberinto de sus demonios familiares.

Bien sabemos que aquí sería imposible un fenómeno como el de Obama -el mito de the land of the unlimited posibilities hecho realidad-, un hombre surgido de abajo arriba en las filas demócratas con la fuerza de un ciclón capaz de arrollar aparatos tan poderosos como el de los Clinton, porque la maquinaria de nuestros partidos asfixiaría a quien lo intentara antes incluso de echar a volar, pero, como decía el famoso eslogan del mayo francés, soyons réalistes, demandons l'impossible!, creamos, al menos por un día, que también en la esquilmada meseta ibérica será posible el surgimiento de un líder capaz de abrazar un discurso nuevo, alejado del tradicional sectarismo de la izquierda y del conservadurismo pastueño de la derecha.

Un hombre capaz de unir, en lugar de separar, y embarcar al país en un proyecto colectivo generador de esperanza. Es el mensaje que el inconsciente colectivo de los españoles estaba esperando. Una ilusión que jamás podrán hacer realidad ni el vendedor de crecepelo mentiroso, ni el registrador triste que parece resignado a su suerte. Los discursos de Obama y del propio McCain en la madrugada española de ayer alimentan en su sencilla grandeza nuestra ilusión. He ahí una democracia que antepone los intereses nacionales a las miserias personales y de partido. “Todos somos America”, dijo Obama en el Parque Grant de Chicago. “Haré lo que esté en mi mano para ayudarle a afrontar los retos que le esperan”, respondió McCain. ¿Podremos algún día también nosotros decir que “todos somos España”? Demos rienda a la esperanza. Soñemos hoy. Mañana será otro día.

6 Noviembre 2008 | 10:46 AM

rp

rp dijo

Una foto litúrgica de la democracia americana

S. González en su blog, hoy
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Nunca falta esta foto en las campañas electorales norteamericanas, la de los candidatos con su familia, la del presidente ya electo mostrando al mundo su entorno más íntimo y personal: Éste soy yo que me propongo para gobernarles a ustedes y sus intereses durante los próximos cuatro años, y éstas son mis muy queridas circunstancias.

Hace poco más de cuatro años, el entonces recién elegido presidente del Gobierno español fue fotografiado durantes sus primeras vacaciones presidenciales a bordo de un yate con su mujer e hijas. El reportaje ocupaba las páginas 38, 39, 49 y 41 de la revista 'Diez minutos'. La foto de mayor tamaño estaba protagonizada por sus hijas, Laura y Alba, que entonces contaban ocho y diez años.

El matrimonio Rodríguez Espinosa envió un burofax urgente a la directora de la revista, Cristina Acebal, en el que requieren a esta publicación «que se abstenga de difundir imágenes de sus hijas menores de edad». Además, recuerda que el reportaje vulnera «el derecho a la intimidad y la propia imagen que protege especialmente a los menores».

En su requerimiento, además de trasladar su «profundo malestar» por este hecho, el presidente del Gobierno y su esposa «agradecen la actitud de todos aquellos medios de comunicación que han respetado la intimidad de sus hijas» y expresan «su firme determinación de hacer valer los derechos que amparan la protección a la intimidad, el honor y la propia imagen de las menores».

Fuentes del Ejecutivo explicaron a Efe que Diez Minutos no difuminó los rostros de las hijas de Zapatero y, en cambio, sí lo hizo en otras fotografías de menores publicadas en ese mismo número de la revista, tal y como exigen la Ley de Protección Jurídica del Menor y la Ley de Protección del Honor.

Hoy, después de ver la foto que con singular empeño ha conseguido materializar Pepe Blanco para llevar a su candidato a la Casa Blanca, tenemos una duda:

¿Aprovechará el presidente Zapatero su primera entrevista con Obama para pasarle por el morro nuestra superioridad en la protección legal de la infancia? ¿Comenzará la prensa amiga a destacar que las familias Obama y Rodríguez tienen la misma estructura (padre, madre y dos niñas) y empezará a posar al completo la familia presidencial? Si hemos veraneado en La Mareta, que era residencia veraniega de la familia real, ¿por qué no hemos de felicitar las pascuas con una foto de familia junto a la chimenea de La Moncloa?

Los paralelismos son muy tentadores, aunque tal como explicaba ayer María, seguramente Obama no hará confidencias a los camareros del Capitolio sobre si sus hijas están o no convidadas a la vida".

6 Noviembre 2008 | 10:53 AM

rp

rp dijo

Unas hermosas páginas del periódico llevan a preguntarse si el sueño de Luther King fue el de la discriminación positiva
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Arcadi Espada en su blog, hoy.

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El periódico publica un emocionante especial (sólo suscriptores, por el momento) sobre la discriminación racial en los Estados Unidos. Como es natural la figura de Martin Luther King está muy subrayada.

Guillermo Ortiz había consultado el discurso del pastor y me escribía ayer con gran indignación.

«La expresión "I have a dream" se repite varias veces, pero dejando aparte referencias locales felizmente superadas, creo que la formulación famosa es esta:

"I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character."

Es decir, traduciendo:"Tengo un sueño: que mis cuatro pequeños vivirán un día en una nación en la que no se les juzgará por el color de su piel sino por la riqueza de su personalidad".

"Riqueza de su personalidad" es una traducción algo ligera de "content of their character", que también podría ser algo así como "su forma de ser", quizás, pero creo que el sentido está muy claro.

El hecho de que todos los medios hagan hincapié en que Obama es negro es precisamente la antítesis de ese sueño: nadie le juzga por su personalidad, carácter, actos, forma de ser... sino porque es negro. Como un mono de feria. No ha cambiado nada. Sólo que el mono se ha escapado y la gente se mira sorprendida: "Mírale, ¿quién lo iba a decir?" Entiendo de alguna manera el rollo de los pasados agravios y tal, pero a mí me educaron para ver a una persona cómo es y no fijarme en si es blanco o negro. Me da absolutamente igual si Obama es blanco o negro, me importan sus méritos. El hecho de que nadie esté prestando la más mínima atención a sus méritos (o deméritos) y sigan empeñados en juzgarle por el color de su piel es desolador.»

La verdad siempre es excesiva y hay algo de exceso en la carta de Ortiz. Algunas reacciones ante la victoria de Obama (aunque la cándida estupidez es siempre más inofensiva en la alegría que en la tristeza) ponen a prueba una de las máximas del pensamiento racional, que es la de creer lo que uno crea con independencia de quien lo crea. A ver si por no coincidir con el Papa de Roma iba a estar yo a favor de la invasión y matanzas de Irak: uno no elige nunca la familia. Pero el argumento de mi corresponsal se asienta sobre un fondo inamovible. King pedía un mundo donde la raza no contara. La respuesta de las últimas décadas a la injusticia con negros, mujeres, homosexuales y minorías diversas ha sido la discriminación positiva. O sea: que la raza contara. Es la discriminación positiva lo que lleva a leer, por ejemplo, de una manera inesperada, y muy contraproducente para la intención de su autor, este voluntarioso párrafo de Peter Singer en El País de hoy:
«En vez de un presidente cuya única cualificación para el cargo era llamarse como su padre, ahora tenemos a otro cuya inteligencia y capacidad de visión han superado el formidable obstáculo de tener un nombre exótico y ser hijo de un musulmán africano.»
Llamarse como su padre.

Buenos días.

6 Noviembre 2008 | 11:45 AM

Obambi

Obambi dijo

Estoy convencida de que quien, curiosamente, mas teme este santo advenimiento es, precisamente, la jerarquía caribeño_castrista, mayoritariamente blanca.

En la isla de Cuba, el poder revolucionario lleva más de medio siglo gestionando el lugar que debe ocupar la mayoría negra. Pero eso no creo que le preocupe a Pepiño. que está por allá en nombre de 'Obambi'

6 Noviembre 2008 | 01:17 PM

¡ojo!

¡ojo! dijo

¡ojo con el bombo y platillo!

Ni la participación ha sido histórica ni la victoria tampoco.

La tasa de participación es posible que no haya crecido gran cosa respecto al 2004.

Hoy en La vanguardia, edición impresa p. 6-7 (http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/ 20081106/53573451742.html) hay un gráfico que compara los resultados en número de delegados des de Kennedy. Se ve que Obama ha obtenido un resultado muy similar al de Clinton (los dos mandatos). Para resultados apabullantes hay que remitirse a Johnson en el 64 para los democratas, y sobretodo a los dos mandatos de Reagan, el de Bush padre y curiosamente (esta no la esperaba) el segundo de Nixon en el 72 para los republicanos. Son resultados en que el perdedor se queda por debajo de los 100 delegados (incluso de los 50). McCain ha quedado en 163, que es una derrota muy digna.

La victoria es histórica por su color.

Dicho queda.

6 Noviembre 2008 | 02:45 PM

majaderetes

majaderetes dijo

José Saramago ha dicho que la primera medida de gobierno que le propondría a Barack Obama sería desmontar la base militar de Guantánamo, mandar de vuelta a los marines, derribar el campo de concentración, volver la página y pedir disculpas a Cuba.

Me he quedado sentado en la puerta de mi casa, a esperar.

¡Total es cosa de un rato!

6 Noviembre 2008 | 03:07 PM

Gualy

Gualy dijo

Saramago no se entera de nada. ¡¡Pobre chico!!

7 Noviembre 2008 | 03:35 PM

Gutierrez

Gutierrez dijo

Desgraciadamente creo que han elegido a este político negro por serlo, y eso sería un grandísimo error.

8 Noviembre 2008 | 12:22 AM

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La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

Algunas versiones de 'Ojos verdes'

['Apoyá en er quisio de la mansebía...']:

Aquí para escuchar a Dña. Concha Piquer. Vía Aiseilles.

Aquí para escuchar el collage digital [dueto] de Rocío Jurado & Pasión Vega.

Aquí para escuchar a Isabel Pantoja.

Aquí para escuchar a Carlos Cano.

Aquí para escuchar a Amália Rodrigues.

Aquí para escuchar a Concha Buika.

Aquí para escuchar a Martirio.

Aquí para escuchar a Rocío Jurado.

Aquí para escuchar a Plácido Domingo.


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