La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

19 Noviembre 2008

¡Franco ha muerto!


1975. El Presidente del Gobierno, Arias Navarro [España, 1908-1989] comunica a los españoles la muerte de Franco [España, 1892-1975]. Vía floriangeyer72 [subtítulos en francés].


Totalmente muerto.

Su estrella señorial ha sentido la que se le venía encima proveniente del Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y, basándose en la extinción de responsabilidad penal por fallecimiento de las personas, tras comprobar el fallecimiento de Francisco Franco y otros 44 altos mandos [acreditación del fallecimiento, en virtud de las gestiones practicadas por el grupo de Policía adscrito a la investigación], ha declarado extinguida la responsabilidad penal del dictador.

Quien desee leerse el texto del auto, quizás coincida conmigo en que se acerca más a la literatura -jurídica, por supuesto- que a otra cosa.

Lástima de manifiesto de los pancarteros.

EQM.


El juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, ha declarado extinguida la responsabilidad penal del dictador Francisco Franco y otros 44 altos mandos tras comprobar su fallecimiento y dice que la causa en la que se investiga las desapariciones en la Guerra Civil y el franquismo corresponde a los juzgados territoriales en los que se encuentren las fosas. Con esta decisión, el magistrado trata de evitar que se le declare incompetente en la investigación. Garzón se adelanta así a la decisión que el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional tenía que adoptar en una próxima reunión.

Vía El País, 181108.


Tumba de Franco en el Valle de los Caídos. [+]. Fot. vía nestor.


Muertos y sepultura.

Joaquín Leguina en su blog, 171108.

Dado que el asunto de la mal llamada “memoria histórica” en manos del juez Garzón y de sus adoradores está derivando hacia el disparate he creído conveniente presentar a los “blogueros” mi posición “in extenso”. Ahí va:

Todo ser humano –héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo –aunque a algunos tiranos se les suele olvidar- exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto.

No es sólo una costumbre respetada por todas las culturas, la del duelo es una necesidad antropológica imprescindible para que los deudos sobrevivientes puedan iniciar el proceso del olvido. La desaparición de los cuerpos, al impedir el duelo, acaba volviéndose contra los verdugos, al hacer imposible el olvido y, por lo tanto, también la reconciliación.

Y esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos.

Así se constata en el caso de las fosas comunes dejadas en campos, cunetas y en rincones de los cementerios por la represión franquista. Han sido, en general, los nietos de los muertos quienes han reclamado –y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Éste era –a mi juicio- el principal impulso que llevaba dentro la Ley –mal llamada- de Memoria Histórica. El Estado proclamaba y se hacía cargo en ella de ese derecho.

Pero ¿qué ha hecho el Gobierno -desde que se aprobó la ley- para cumplirla? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno no ha hecho nada.

Quizá haya sido ese “no hacer nada” -o hacer poco- por parte del Ejecutivo lo que ha movido las voluntades de los deudos para que fueran a llamar a la puerta del Juez Campeador, el perejil de todas las salsas, quien, de inmediato, comenzó a mover este nuevo platillo chino. Un platillo más en una larga lista (¿cuántos procesos hay abiertos en ese juzgado de la Audiencia Nacional?). Platillos que –ora aquí, ora allá- se mueven a impulso de este juez prima donna (los que saben sostienen, sin embargo, que esas manos “instructoras” son más torpes que las del inspector Clouseau, el de la Pantera Rosa).

La iniciativa garzoniana ha sorprendido a la gente de la Judicatura pues, como recordó uno de ellos (el señor Gimeno, portavoz de Jueces para la Democracia) “no hay proceso sin imputables”, y en este caso todos los posibles imputados fueron amnistiados. Pero los leguleyos siempre encuentran razones y resquicios para intentar llevarse el gato al agua y a Garzón (verdadero capitán general entre ellos) las leyes ordinarias y la de Enjuiciamiento Criminal se la han traído siempre al fresco, pues aquila no capit muscas.

Él trata directamente con normas de más calado: “Crímenes de lesa humanidad”, “Resoluciones de la ONU”, “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”… y de ahí para arriba. Normas que convierten en imprescriptibles los delitos que Garzón instruye y, por supuesto, convierten en agua de borrajas la Ley de Amnistía de 1977. Lo que Garzón sostiene en la teoría y –sobre todo- en la práctica es que la Justicia (su justicia) está por encima de la Ley. Un pensamiento –obvio es decirlo- con fuerte aroma totalitario.

Pero lo más curioso del caso ha sido que quien tenía la obligación de solucionar el problema, el del entierro digno para los muertos, el Gobierno, ha declarado –sotto voce- estar de acuerdo con el procedimiento garzoniano.

Como era de esperar, este “procedimiento garzoniano” ha acabado por enredarse en discusiones competenciales… y, según dicen quienes saben de estos vericuetos judiciales, el proceso tiene pocas probabilidades de prosperar, pero entre tanto, el ruido sigue… mientras se comprueba –certificado de defunción mediante- que el general Franco está muerto de verdad. Y, de paso, se propagan mensajes tan demoledores como inadmisibles. Veamos:

Mensaje nº 1: La ley de amnistía –como toda la transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables entonces existente. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.

Henos aquí ante una gran mentira, una calumnia contra los hombres y las mujeres que, provenientes de bandos distintos, se pusieron de acuerdo en traer la Democracia a España y para ello prepararon (por primera vez en nuestra atormentada Historia contemporánea) una Constitución consensuada.

No fueron cobardes, sino valientes y generosos y el proceso necesitaba para su culminación del mutuo perdón entre españoles. Para ello -y sólo para ello- se acordó la Ley de Amnistía, cuya vigencia pretenden echar abajo el juez Garzón y sus interesados adoradores.

Ese primer mensaje escrito más arriba es perverso y mentiroso, de esos que gustan a los adanistas que ahora nos gobiernan, para quienes, antes de llegar ellos al poder, sólo existía el miedo y sólo se habían hecho chapuzas, aunque no son los actuales gobernantes los únicos adanistas, también su antecesor lo era: “la segunda transición”, que predicaba José María Aznar, ¿recuerdan?

Que la amnistía impuso la amnesia es también mentira, como han mostrado todos los historiadores –y son muchos- consultados al respecto: sobre la guerra y sobre el franquismo se han publicado desde 1975 cientos de libros, miles de artículos y reportajes. En fin, también sobre el asunto que nos ocupa, el de las represiones, primero en las dos retaguardias durante la guerra y también sobre la que realizaron los vencedores mediante una auténtica máquina de picar carne humana después de su victoria hay libros objetivos y profesionales, como el que coordinó el catedrático Santos Juliá.

Pero imaginemos, por un momento, que las propuestas judiciales de Garzón prosperaran y se abriera un proceso penal contra los asesinos franquistas que enterraron en las cunetas a sus víctimas…, pues en tal caso tendría que hacerse lo mismo con los asesinos de la otra parte, aquellos que en la retaguardia republicana se dedicaron a dar “paseos” y a llenar los parques públicos y los cementerios de cadáveres. Porque, dejémoslo bien claro: en los dos bandos se practicó una enfurecida “limpieza étnica”.

Y aquí llega el segundo mensaje perverso:

Mensaje nº 2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron “honrados” y sus asesinos perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser “honrados” -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.

Lo que se consigue con un mensaje tan sectario como éste es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona decente debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos –todos- sean también de todos. Quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana por “ser” (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas…) y no por cometer ningún delito… esos muertos deben ser, también, reivindicados por las gentes decentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente por “ser” (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista…), ésos también deben ser reivindicados por las gentes decentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder gritar todos juntos:¡¡Nunca más!!

Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la Democracia y de la libertad.

Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los interminables años de la dictadura que los muertos (1936-1939) en los territorios bajo el Gobierno republicano eran todos ellos “mártires de la Cruzada”, es decir, “mártires del cristianismo”, afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda.

Ahora, con parecido sectarismo, algunos pretenden que todos los fusilados, agarrotados, muertos de un tiro en la nuca o simplemente represaliados bajo el largo periodo franquista fueron “héroes de la Democracia y de la Libertad”.

Ésta también es una afirmación sectaria y por eso debe ser combatida. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo ideológico que corro con ello, pues ya se sabe que el silencio de los disidentes ha sido siempre muy apreciado entre quienes se dedican a la propaganda política y no a la reflexión o al estudio.

Con ocasión de la escritura de mi novela “Tu nombre envenena mis sueños”, hube de ilustrarme acerca de lo que pasó en el Madrid republicano durante la guerra y vivir en aquella retaguardia –nadie que se haya ocupado de ello lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte.

Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, “Días de llamas” para ilustrarlo. Por no hablar de Agustín de Foxá (“Madrid de Corte a checa”), pero como este conde era “faccioso”, citaré, además, a dos socialistas: Max Aub (“El laberinto mágico”) y Arturo Barea (“La llama”). También estos autores hablan de ese infierno.

Y esto me lleva a un personaje –ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, que se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de la “Brigada del Amanecer”. La tal “Brigada” (no era la única, los de la FAI fueron maestros en “represión revolucionaria”. Por ejemplo, montaron una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo y de ahí salían a dar “paseos nocturnos” y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa) estaba constituida por una pandilla de asesinos, muy contentos de pasearse armados por la retaguardia y de no pisar el frente, que aparecían de madrugada en los domicilios de la gente “de derechas” para dar “el paseo” a sus moradores y, de paso, “requisar” en su propio y personal beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.

Según se cuenta, enterado de ello Indalecio Prieto –que era Ministro de la Guerra- dio la orden de detener a García Atadell y a su cuadrilla, probablemente, con el propósito de ponerlos frente a un pelotón de fusilamiento. Pero las intenciones de Prieto se filtraron y llegaron a oídos de Atadell, quien arrambló con todo lo que pudo (obras de arte, joyas, dinero… fruto de la rapiña) y consiguió salir de España e instalarse en Marsella, desde donde, junto a su compañera –una monja exclaustrada- tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Las Canarias y poco podía imaginar aquel truhán que los franquistas (quizá alertados desde la zona republicana) lo iban sacar del navío para tomarlo preso, como así fue.

+No se conoce muy bien por qué, pero sabemos a través de Koestler (autor de “El cero y el infinito”, entonces preso de los franquistas en Sevilla) que García Atadell estuvo en aquella cárcel sevillana y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano (por ejemplo, el de San Fernando)… y si es así, pronto serán exhumados de esa fosa… ¿con honores?

¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la Democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra… pero es que la izquierda tomó en buena parte la deriva “revolucionaria”, es decir, antidemocrática. En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada… “ Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz”.

En fin, que entre el ruido de las fosas en manos de Garzón se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual “el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas” (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.

Mensaje nº 4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo.

¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos y asesores de imagen del “nuevo” socialismo gobernante, que es quien sostiene tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria y mentirosa.

Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los socialistas que –ya hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que ellos visten de maniqueo sin ningún rigor político o intelectual.


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rosa

Rosa dijo

Me sorprende que se sea tan tolerante con este funcionario. Le envidio.

19 Noviembre 2008 | 12:49 AM

Felipe

Felipe dijo

Leguina es un tío socialista de los que ya no quedan.
Un abrazo àra él.

19 Noviembre 2008 | 10:13 AM

rp

rp dijo

Bravo, señor juez

HERMANN TERTSCH en ABC, 19-11-08

Ni sé, ni me importa, si era una de las intenciones del juez Baltasar Garzón cuando se lanzó a su nueva cruzada para mayor gloria propia. El caso es que, en Madrid en estas últimas semanas, mujeres octogenarias han revivido sus peores horrores de los años treinta cuando han recibido en sus casas, sin previo aviso, la visita no deseada de policías buscando a sus maridos. Por supuesto, no hubo detenidos. Pero a la vista de la iniciativa judicial que murió ayer y que nunca debía haber nacido, se podría haber producido cualquier situación trágica más allá de la brutalidad de lo relatado. Viudas de carlistas y falangistas muertos, muchos de ellos hace décadas, han tenido que hacer frente en el umbral de la puerta de sus hogares a unos desconocidos que mostraban placas policiales, aseguraban actuar por orden del juez Baltasar Garzón y reclamaban la presencia del difunto o la confirmación de su muerte.

No pocas de ellas se han acordado de momentos que vivieron cuando eran recién mujeres recién casadas, hijas o novias de hombres que quedaron en un bando en la Guerra Civil. Algunas de ellas evocaron los momentos en los que, en parecidas circunstancias, habían sido sacados de sus casas sus padres y hermanos. Para no volver nunca. No pocas de estas ancianas, muchas por edad ya perfectamente desasistidas, se sintieron presas del terror porque no sabían dónde tenían los certificados de defunción que convencieran a la Policía de que no mentían ni ocultaban a nadie. Generoso nuestro juez campeador en invertir miles de horas de trabajo de la Policía y los funcionarios judiciales en su histórica tarea. Las ancianas viudas han temblado ante su autoridad. Agradecen a Dios haber podido confirmar la muerte de sus maridos. Ahí estamos. Bravo, juez Garzón. Es Usted todo un valiente antifranquista.

19 Noviembre 2008 | 11:30 AM

rp

rp dijo

Garzón lo deja correr

Santiago González en El Mundo, 181108

Mañana, a las 10.00 horas, se cumplirán 33 años exactos de una comparecencia, la del entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, que con aire muy mohíno dijo: «Españoles, Franco ha muerto». El anuncio se produjo en TVE, que tal como dijo entonces Perich, era «la mejor televisión de España», lo cual quiere decir que la noticia tuvo una expansión extraordinaria en términos de share. Cien de cada 100 españoles que en aquellos momentos veían la televisión tuvieron ocasión de enterarse.

Luego se dispuso una capilla ardiente de tres días, durante los cuales el cadáver del dictador fue expuesto en El Pardo para que le rindieran su último tributo los españoles partidarios, que por entonces parecían muchísimos. Dos millones de ciudadanos guardaron cola durante horas para ver sus restos. ¿Es posible que hubiera tantos franquistas en España? Probablemente, no. Seguramente muchos de los colaguardantes querían cerciorarse por sí mismos de la veracidad de la noticia.

El español es un pueblo muy desconfiado. Cuando en 1902 tuvo lugar el crimen de Don Benito, acababan de ser proscritas las ejecuciones públicas, lo que llevó a que los asesinos de la joven Inés Calderón, un cacique local llamado Carlos García de Paredes y su secuaz, Ramón Castejón, fueran agarrotados en el patio de la cárcel de la localidad pacense. El pueblo llano, temeroso de que la ejecución fuera un simulacro, exigió ver los cadáveres, que fueron expuestos a la vista del respetable. Unos pocos curiosos, más desconfiados que la media, pincharon con leznas y alfileres sus cuerpos yertos, con el fin de cerciorarse de los hechos.

El mejor notario, el pueblo. O sea, que Franco había muerto y esto era vox populi. Quizá Garzón quiso dejar bien sentada la verdad judicial sobre aquel hecho en su auto del 16 de octubre en el que se declaraba competente, y no quiso arriesgarse a basar la acción de la Justicia sobre habladurías más o menos extendidas. La figura de Franco era importante para el caso por ser inspirador de genocidio, delito que traspasa las barreras de la prescripción y la amnistía. Lástima que haya abandonado después de poner tanto rigor en ello, de dar por sentada la voluntad de exterminio en parte de una entrevista que Franco concedió, en julio de 1936, a un corresponsal de fábula que el Chicago Daily Tribune tenía en España, llamado Jay Allen.

El juez pudo pedir una copia debidamente compulsada del diario citado o de The London News Chronicle, donde publicó una versión levemente diferente. Arcadi Espada dejó constancia en estas páginas de la equivocidad de una versión que el juez compone con dos fuentes distintas, ambas indirectas, en plan patchwork. La traducción «giró la cabeza, sonrió y, mirándome firmemente, dijo: ‘He dicho que al precio que sea’», aparte de retratar a Franco como a la niña del exorcista, es difícilmente compatible con la respuesta que, en la misma entrevista, da el entrevistado sobre qué pasaría con los dirigentes de la República: «Nada. Que tendrán que ponerse a trabajar». El periodista debería haberle dicho: «Los muertos que vos matáis no sólo gozan de buena salud, sino que no podrán cogerse baja por defunción y/o enfermedad».

Garzón se dio por enterado ayer de que Franco ha muerto, judicialmente hablando, y abandona la instrucción de la causa, quizá para evitar daños mayores. Era un final previsible. Lástima de tantas víctimas que han sacado la cabeza caliente de esta aventura. Ellos no sabían nada de juzgados competentes, ni de prescripciones legales: sólo querían los restos de sus familiares. Garzón nunca debió alentar ilusiones cuya satisfacción no le correspondía.

19 Noviembre 2008 | 12:21 PM

rp

rp dijo

Tropieza el justicialismo

Enric Juliana en La Vanguardia, 191108

El juez Baltasar Garzón ha fracasado en su intento de escarnecer treinta años de democracia haciendo resonar las trompetas del Juicio Final a la dictadura de Franco.

El objetivo de la altisonante causa general contra el régimen militar y nacionalcatólico -ayer archivada- era claro. Se trataba de presentar a los líderes políticos de la Transición, y a los que han venido después, como unos cobardes incapaces de ajustar cuentas con la tiranía. Con muy poco riesgo, ya que ninguno de los autores materiales del golpe de Estado del 18 de Julio de 1936 sigue con vida, se trataba de contraponer dos categorías, dos estaturas morales: el nervio de un juez sin fronteras frente a la necesaria imperfección de todo compromiso histórico. La eterna y obsesiva peregrinación española en pos de lo absoluto frente a la accidentalidad de la política democrática.

Esa es la clave del moderno justicialismo: el empequeñecimiento de la política en beneficio de una nueva alianza entre la judicatura y la opinión pública. Una mediática refundación de la antiquísima figura romana del tribuno de la plebe.El tribuno Antonio Di Pietro fue el primero. Puso en jaque a la República Italiana a principios de los años noventa -recién liberado Occidente de los riesgos y tensiones de la guerra fría con la URSS- y los resultados de la hazaña son hoy perfectamente descriptibles.

Como todo moralismo exacerbado, el justicialismo tiene gran capacidad de perforación social. Pero la historia de España, densa, trágica, compleja y contradictoria, aún es dura de roer. Su simplificación no es fácil. La política imperfecta ha triunfado esta vez y ello es buena noticia ante los tiempos ásperos que se avecinan.

¿Sabrá la política fabricar nuevos pactos que cierren mejor, y sin exclusión, todas las heridas de la memoria? No es fácil. De momento, en el Congreso los oportunismos se pelean por la placa de una monja llamada Maravillas.

19 Noviembre 2008 | 12:26 PM

ensoñación

ensoñación dijo

Estos mequetrefes no quieren ver que el General se murió en la camita porque ya no le quedaba un hálito de vida.

En la calle no tenía oposición digna de tal nombre [con la honrosa excepción simbólica de CCOO], ya que la izquierda republicana partió derrotada para no volver y la derecha se acomodó a la dictablanda.

Tuvieron que ser los alemanes y norteamericanos los que refundaran al PSOE y la UGT partiendo de la nada, ayudando al Rey y a Suárez a montar el nuevo aparato democrático.

Pero lo más importante: el poder establecido acepta perderlo en gran parte cerrando por obras las cortes franquistas y abrazando la transición y la amnistía para todos.

Y estos guerracivilistas que se creen que pueden modificar el pasado y piensan que con manifiestos de los pancarteros y comportamientos judiciales extraterrestres van a derrotar a Franco.

Al precio de recrear el abismo de las dos Españas.

19 Noviembre 2008 | 01:45 PM

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