Cuba, emoción y revolución
Portada de 'Álbum de la Revolución Cubana, 1952-1959' [s. 1960]. Vía dropby.Vaya por delante que -aunque pudiera parecer lo contrario por mis abundantes remisiones a la divinidad- no soy creyente; ni siquiera optimista [ZP al margen, ya que se trata de un profesional]. Ya me gustaría acariciar el racionalismo empírico con el apoyo divino e incluso con algunas gotas de misticismo, tan cercanas al orgasmo que se pueda sentir recibiendo el último premio Nadal. El libre pensamiento a pelo también tiene sus pesares.
Pero sí me aferro a la espiritualidad común que da lugar a una cultura, civilización y que ésta te agradece con su espíritu. Mi último viaje a Italia no ha hecho más que abrirme definitivamente los ojos al respecto. Desgraciadamente, aquí se está educando en contra de esos sentimientos y, en general, las nuevas generaciones tampoco van a poder caer del caballo viajando porque éste ya no es ni de cartón. Pero bueno, siempre quedará la esperanza de las emociones que, como acaban de indicarnos los etólogos en el último número de Science, son resistentes a la propia educación.
Diametralmente opuesta situaría a la gente gregaria: aquella que canta en el autobús 'Asturias patria querida' [mp3] siendo andaluza. Es una necesidad que comprendo, desde luego, pero que, como espectador, me produce un desasosiego tremendo. Nada que ver con corear insultos al señor vestido de negro con el pito en una mano y la pelota en la otra, antes de que empiece a arbitrar. Eso sí es liberación!
Pero yo creo que el castrismo -como el maoísmo, el fascismo, nazismo y análogos- obedece a otros parámetros. Es el resultante de un liderazgo excepcional [antónimo = M. Rajoy], represión a ultranza, mitología hipnotizante, sublimación de la ferocidad de un inventado enemigo común y, sustancialmente, una población que esté por la labor. Un modelo que, a otra escala, hoy se puede contemplar en las numerosas sectas que baten palmas adorando a becerros de oro, a golpe de espasmos inducidos por el tele_predicador de turno.
Por eso, conociendo Cuba como la conozco, los 50 años de encarcelamiento cubano sólo se explican imaginando a una secta gobernante que, utilizando hábilmente primero la euforia revolucionaria [yo también tuve como icono al Che] y después el síndrome de Estocolmo, ha convencido a la población que compartir el suicidio con el líder tiene su pleno sentido.
Raúl, el hermano, cual Marqués de Villaverde, mantiene vivo a Fidel porque ello supone su propia vida y, lo que es más importante, porque tal supervivencia de Caín le permite seguir sintiéndose Abel.
Aunque ya nadie le crea. Y menos viendo aparecer la silueta del exótico [chocante] Obama. Imaginen a los negros cubanos -sojuzgados por uno de los racismos más viscerales del mundo mundial, no sé si con permiso de Ana Belén y Victor Manuel- llamando a la puerta del sucedáneo, preguntando por la igualdad, la libertad, la fraternidad y el poder.
pd.- Para no dar lugar a equívocos: ya quisieran para sí los cubanos del castrismo, a sangre fría, la centésima parte de la libertad y bienestar que 'padecieron' los españoles durante la segunda mitad del franquismo [pongamos que a partir de 1962, con el catalán López Rodó].
EQM.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



Claudio Coll dijo
Quicio, me parece un artículo muy acertado y deberíamos de disfrutar más amenudo de tu facilidad para hacernos ver las cosas importates.
10 Enero 2009 | 11:06 AM