¡Gordit@s del mundo, uníos!
Adán y Eva. Fernando Botero [Colombia, 1932]. Vía Vive tu Colombia.Cuando ser gord@ es una risa [para alguien]
Anoche el Wyoming replicaba en su programa a la crítica de Arcadi [leer infra] sobre su becaria_youtube_trampa diciendo que el enemigo le había llamado puta a su bellísima [preciosa!] empleada. Lo cual demuestra que la inteligencia del indivíduo no ha alcanzado la globalización. El argumento de ofender porque tú me ofendes no es demasiado gorioso. Pero lo fundamental es que cuando alguien llama a alguien 'gordito' con ánimo de insultar, lo que hace es vejar a todos l@s gord@s del mundo.
Lo cual es una cabronada, consentida sencillamente en este país porque l@s gord@s aplauden las risas como si no fuera con ell@s. Dicho de otra manera: de cómo aprovecharse de la inopia del insultado. Porque, claro, no estamos hablando de las acepciones cariñosas del vocablo [leer infra]. Esta dicho para joder. No qué habran pensado, al verlo, l@s gordit@s que trabajan en la cadena. Donde un payaso se rie de sus televidentes gordos, al intentar descalificar a un competidor denominándole 'el gordito'. ¿O no?
Vaya por delante que a mi, en general, el humor del médico_cómico_musical me parece muy inteligente y es de mi gusto. Está bien dotado para la gansada. Lo cual no impide que cuando se le ve el plumero de progre_pancartero yo lo subraye. Con las calles llenas de gordos de todas las 'sensibilidades', el risitas patina al identificar la gordura con la derechona. Quizás anclado en la imagen del Carpanta de la posguerra. De hace 70 años.
Mi impresión es que se rie a sí mismo tan a menudo que ha perdido la noción de lo grave que puede resultar reirse genéricamente de los demás. Y eso no se arregla diciendo 'yo no soy periodista'.
Aunque no es el único. Por ejemplo, De la Morena -que está acabando su carrera periodística como una caricatura de su denostado José María García- descalificaba -se entiende que deportivamente-, noche tras noche, en El Larguero, a Soler, accionista mayoritario y ex presidente del Valencia CF, llamándole 'el gordito'. Y añadiendo unas gotas de esencia democrática al manifestar que el adjetivo no lo usaba en sentido ofensivo; que era un decir. Otra cabronada.
La suerte que tienen este tipo de maltratadores de [la] palabra es que nuestra sociedad no está suficientemente vertebrada como para que los gordos [o, mejor, las gordas] den una telefonadita al correspondiente medio y/o a las empresas que insertan publicidad en el respectivo programa, dando 24 horas para que le presenten el finiquito al simpático locutor. Todo se andará, con permiso de la crisis.
EQM.

Te la colamos, gordito El Mundo, 040209 y Diarios de Arcadi Espada, 040209.
Un locutor de televisión dice haber engañado a un competidor que se tomó en serio una representación de su mal humor proyectado sobre una becaria. Yo creo que se precipita, porque en realidad aún no ha podido demostrar que el citado competidor se lo haya creído. Al competidor le bastaría con mostrar una supuesta cola ignota del vídeo máster con un cartel que dijera: «Sabemos que, a pesar de las apariencias, no estás representando una farsa, y que, en el fondo, eres así de cabrón. Y hemos pasado una buena tarde divulgándolo.» Es lo que tienen las estupideces, que son como muñecas rusas.
Ahora bien, a las estupideces socialdemócratas las adornan siempre diversas plusvalías. Como al FC Barcelona. Según han informado ellos mismos, los farsantes quisieron hacer pedagogía con el competidor y desmostrar que no verifica sus informaciones. Es tan conmovedor que me mareo. ¿Pero qué es lo que habría de comprobarse? ¿No estaba acaso el locutor maltratando de suboca a una becaria? Para su desgracia, aunque es muy dudoso que los farsantes alcancen a comprenderlo, esa escena ha existido y es veraz. Y por otro lado: ¿acaso la empresa (perfectamente enterada y cómplice de los manejos) no remitía al programa y al propio locutor («esta noche hablará del asunto») como toda explicación? Mucho peor son los buenos sentimientos que exhibieron. En el momento de desvelar la farsa, la locutora del locutor vino a disculparse ante los miles y miles de personas que habían caído en el engaño. No pensamos que iban subirlo a youtube, argumentó con suprema y pálida candidez, como echándole la culpa al competidor. Igual que el bobo de Welles, pidiendo perdón por los muertos que ocasionó su marcianada. ¡Oh, no! Si hubiera sabido que iban a morir…, snif.
Pero entre las plusvalías, despunta la impunidad. ¡Te la colamos gordito!, reventó el locutor de risa. Gordito. Repítanlo, pero será inútil: no oirán el eco indignado. ¡Son socialdemócratas! Ahora piensen en la posibilidad de que el competidor cogiera a una periodista socialdemócrata y la llamara gordita. O bajita. O cardito. Oh, socialdemócratas, todas las tardes jugando en campo propio. Disculpen, añoro las codas. Esta descripción perfecta de Andrew Anthony, en El desencanto, del tipismo socialdemócrata, esta gente, mon semblable, mon frère: «Me veía a mí mismo como alguien que comprendía el mundo y para mantener esa percepción era indispensable que no intentara comprenderme a mí mismo.»
Negro y gordo, expresiones de cariño Existen en Colombia dos eufemismos (es decir palabras cuya presentación es un poco decorosa y más delicada de la idea que uno desea lanzar, ya que su expresión directa podría sonar demasiado duro) que sin ser entendidas en el contexto adecuado pueden chocar. Se trata de negro/a (negrito/a) y gordo/a (gordito/a), usadas con bastante frecuencia entre las parejas para dirigirse con cariño y afecto. Normalmente, negro, significaría una persona de tez morena o de pelo oscuro y gordo, una persona obesa, bien alimentada o a la que le gusta comer. En Colombia, estas dos expresiones, utilizadas en forma de vocativo o como apodo, no tienen nada que ver son su significado literal. Simplemente, es una forma de llamar a un ser querido, en vez de usar su nombre. Es muy común, escuchar en las conversaciones que las mujeres hablando a o de su marido, mencionan: “Mi gordo” o “Mi negro” y al revés, los hombres dirigiéndose a sus esposas: “Negrita” o “Gordita”, suavizando el apodo con el uso del diminutivo. Incluso, entre amigas, este eufemismo aparece a veces, cuando después de un largo tiempo de no verse, se encuentran en la calle y una de ellas grita: “¡¡¡Gordita!!! ¿Dónde has estado?” Esta expresión es muy colombiana y hasta se hace simpática, a pesar de que por primera vez, para alguien que la desconoce, podría sonar como un insulto… De todas formas, si alguna amiga, más gorda que yo, me empieza a llamar así, sinceramente, el apodo me hace reír. La cosa se vuelve aún más chistosa, si empezando la frase, me dice “Negrita…” Vía Vive tu Colombia.
NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



rosa dijo
Muy bueno quicio. Esta noche el muy cretino ha pretendido justificarse argumentando que 'el gordito' había llamado puta a su colaboradora.
Lo cual quiere decir que el piensa que PUTA ES PEOR QUE GORDITO.
Es decir, que GORDITO ES MALO.
¡MENUDA CAGADA!
6 Febrero 2009 | 12:57 AM