La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

13 Abril 2009

Corín Tellado [España, 1927-2009]

Versión de 'Indian Summer' [1919] por Glen Miller [EEUU, 1904-1944]  y su orquesta. Famosa obra compuesta por Victor Herbert [EEUU; 1859-1924] y utilizada por la SER en su consultorio de la Srta. Francis [1947-1966, aunque prosiguió hasta 1984 en otras emisoras]. Mp3 vía tuxjunction.



Aquellas novelitas femeninas que alimentaban ilusiones

Enfrente de Marcial Lafuente Estefanía (España, 1903-1984) -el de las novelitas del Oeste para ellos, llenos sueños de vaquero curtido- apareció, tres años después [1946], con 'Atrevida apuesta' y en la misma Editorial Bruguera, Corín Tellado, que se dirigía al mismo público femenino que la inexistente Dña. Elena Francis [¿ya entonces se faltaba a la verdad en la SER?] en su consultorio radiofónico, la cual arrasaba también gracias a la voz, desde 1962, de Maruja Fernández.

Corín fue la reina de la novela rosa, esperanzada, ilusionada, para la mujer del común que soñaba con la Cenicienta antes de que la vida la devolviera a la realidad o, ya dentro de ella, para sentir que, por momentos, podía escapar de la misma.

400 millones de ejemplares vendidos por todo el mundo, son muchas más lectoras. También lectores, a escondidas de sus madres y/o hermanas, queriendo saber a qué sabe el eterno femenino. Y ellas, de hurtadillas, leyendo a Estefanía para conocer al macho macho.

Por eso me hacen sonreir las manifestaciones de los literatos, jurando la importancia de Corín como subcultura y perjurando, por tanto, no haberse acercado, ni por asomo, a sus páginas. Algún día esta literatura tendrá, al menos, el mismo respeto que las justamente veneradas letras de la música popular.

Mención aparte merece la alucinante apreciación del fracasado político Pascual Llamazares, que, después de dejar sin votantes a IU y ser incapaz de dimitir, se atreve a defininir a Corín como "una luz de libertad en la negra noche del franquismo, tanto para las mujeres como para la literatura en general". O en la de, por ejemplo, el castrismo, digo yo, bajo el cual Corín tenía y tiene cientos de miles de lectores y donde la fotonovela y el culebrón hacen furor, siguiendo sus pasos. O en la del chavismo. O en la de toda America Latina, Arabia, qué se yo... Me imagino que la generación de escritores que en España escribieron 'a obscuras' le retirará la palabra; al menos los que aún vivan para frotarse los ojos ante semejante majadería.

EQM.



Mario Vargas Llosa dice de ella: "Los lectores la estarán recordando con cariño y nostalgia"

Mario Vargas Llosa ha calificado a la escritora Corín Tellado como "un fenómeno sociológico y cultural cuyas obras hicieron soñar a millones de mujeres en España y América Latina", y si bien ha negado haber leído alguna de sus novelas, sí ha defendido su carácter de autora dedicada a un público humilde.

"Corín Tellado con esas novelitas ligeras daba a sus lectoras esa ración de fantasía e irracionalidad sin la que no podemos vivir", ha añadido. "Creo que los editores ganaron con ella más dinero que la propia Corín -ha añadido-, una mujer de provincias que vivió siempre en la periferia soñando en su mundo de fantasías románticas sin sospechar la cantidad de lectores que tenía en todo el mundo". "Seguro que hoy habrá muchos lectores que la estarán recordando con cariño y nostalgia".

 Vía El País, 110409.



María del Socorro Tellado López, conocida como Corín Tellado, nacida en el barrio de Viavélez, parroquia de La Caridad, en el municipio de El Franco (Asturias, España) el 25 de abril de 1927, y fallecida en Gijón el 11 de abril de 2009, fue una escritora española profesional de novelas románticas. Es la escritora española más leída después de Miguel de Cervantes, figura en el Libro Guinness de los Récords - 1994 - (edición española) como la autora más vendida en idioma español.

Fue la única mujer entre los cinco hijos del matrimonio formado por un ama de casa y un maquinista naval de la Marina Mercante, que de pequeña era llamada bajo el apodo de Socorrín, de donde surgió el hipocorístico Corín. En 1939, tras la guerra, su padre es ascendido a primer oficial y la familia se instala en Cádiz. Socorro estudia en un colegio de monjas. Leía muchísimo, en especial a Alejandro Dumas, a Balzac y a otros clásicos franceses. De los españoles admiró sobre todo a Miguel Delibes. También conocía las novelas eróticas de Pedro Mata. En 1945 muere el padre y comienzan los problemas económicos. El librero que la surte de novelas en Cádiz se entera de que escribe novelas y le pone en contacto con la Editorial Bruguera.

En 1946 escribe Atrevida apuesta, novela por la que la mencionada editorial le paga tres mil pesetas de entonces; y que actualmente roza las 36 reimpresiones. Al año siguiente la incluye en su nómina de escritores y le encarga una novela corta a la semana. Aunque Corín empezó a estudiar Psicología, no terminó la carrera. En 1948 regresa a Viavélez con su madre y desde entonces vive en Asturias. Sus novelas cortas románticas -de no más de cien páginas- son recibidas con sumo agrado por un nutrido número de lectoras, y arrasan de manera cada vez más ascendente.

En 1951 se traslada a vivir a Gijón, de donde ya no se moverá. Ese año la revista Vanidades, de gran difusión en toda Hispanoamérica, firma un contrato con Corín Tellado para que le entregue dos novelas cortas e inéditas al mes y la tirada de la revista pasa de 16.000 a 68.000 ejemplares quincenales; el corrector de pruebas era Guillermo Cabrera Infante, quien dijo que la lectura de sus novelas fue determinante para su posterior dedicación a la escritura. Llamó a Corín "la inocente pornógrafa". En 1962 firma un contrato en exclusiva con Bruguera por 150.000 pesetas. La Unesco declara que Corín Tellado es la autora más leída en castellano después de la Biblia y Cervantes.

En 1964 decide no renovar su contrato con Bruguera y al año siguiente resuelve trabajar en la Editorial Rollán. En 1966 aparece Corín Ilustrada, colección quincenal de fotonovelas. De la primera, Eres una aventurera, se vendieron 750.000 ejemplares en una semana. En 1968 Andrés Amorós publica Sociología de una novela rosa basándose en diez títulos suyos y la obra de la autora se traduce a numerosas lenguas. En 1970 se estrena el filme Tengo que abandonarte, película inspirada en una novela suya y dirigida por Antonio del Amo.

En 1973 la Editorial Bruguera gana un pleito contencioso contra su antigua autora y ésta se ve obligada a pagar a la misma 365 millones de pesetas y a trabajar en exclusiva para dicha editorial hasta 1990. En 1975 Cabrera Infante estudia su obra en un capítulo de su libro O. En 1977 se estrena en el serial radiofónico con Lorena, historia de una chica de alterne, pero sus alusiones políticas son censuradas.

Entre 1978 y 1979, bajo el seudónimo de Ada Miller Leswy y Ada Miller, Corín publica en Bruguera 26 novelas eróticas de bolsillo en la colección Especial Venus simuladamente traducidas del inglés. En 1981 viaja a Chile invitada y Corín se da cuenta de su enorme popularidad en ese continente. En 1986 la editorial Bruguera se hunde  y ella queda libre de su contrato de exclusividad, que la tuvo presa durante 24 años. Empieza a escribir cuentos de literatura juvenil para las editoriales Júcar y Cantábrico.

En 1989 lleva ya escritas 2243 novelas. En 1991 publica su primera novela larga, Lucha oculta, que la autora considera su favorita. Posteriormente publicó otra narración extensa, Amargos sentimientos. Muchas de sus obras son adaptadas al cine y a la televisión. En 1998 le otorgan la medalla al mérito en el trabajo y recibe todo tipo de premios y homenajes; se publican estudios y biografías suyas.

Corín Tellado es la autora más famosa de la literatura popular española. Ha publicado unos 4000 títulos y vendido más de 400 millones de ejemplares de sus novelas. Ha sido traducida a varios idiomas. Sus obras tuvieron un éxito especial en Latinoamérica, donde impulsaron la creación del culebrón o serial televisivo.

Al contrario que otras novelas europeas del género rosa, las novelas de Corín Tellado transcurren en la actualidad y no en escenarios exóticos o en otras épocas. De ahí su gran poder para identificarse con las mujeres corrientes. Las últimas, sin embargo, utilizan personajes de alta posición social. La clave de todo es la temperatura sentimental: sus personajes suelen ser, aunque no siempre, gente que tiene el dinero en bruto, pero que valora con una ingenuidad nada neoliberal los sentimientos.

La propia autora afirmaba que su estilo se perfiló gracias a la censura de la España franquista, que expurgó sus novelas de forma inmisericorde; además, todas terminaban inevitablemente en boda: "Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar". Hubo ocasiones en que la censura le llegó a rechazar cuatro novelas en un mes.

El fuerte de Corín Tellado, aparte de su gran facilidad para desarrollar argumentos interesantes, es el análisis de los sentimientos. La descripción en sus novelitas es mínima y el estilo es directo. Su literatura ha evolucionado con los tiempos y ha sabido reflejar la realidad social contemporánea.

Vía Wikipedia y elaboración propia [EQM].


Publicaciones de Corín Tellado [Ada Miller Leswy y Ada Miller] del ISBN España

La web de Corín Tellado



NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

rp

rp dijo

El canon,

Raúl del Pozo en El Mundo, 130409. Vía Reggio’s.

En Asturias hay dos caciques, Areces y Cascos; Corín era de Areces, incluso hacía campaña para los socialistas. Pero la pornógrafa pueril murió sin ganar ningún premio oficial importante: la medalla del trabajo, la de Asturias, una calle y va que chuta. Ha tenido un extenso florilegio en el obituario y en el sepelio con asistencia de las primeras autoridades. Corín era tan inteligente que quiso durante toda su vida pasar inadvertida, hasta que la sacaron del anonimato Juan Cueto y Mario Vargas Llosa como a una friki para resaltar, con admiración fingida, que en España se lee a cualquiera. La novelista no quería que su persona perjudicase a su personaje, permaneció en la provincia con humildad. «Era una cínica de cojones -me dice un escritor del Principado-, pero no pongas mi nombre porque los hijos son unos cachas y toda la familia ha vivido de ella».

Fue la negra de sí misma, la Penélope paisana que tejía y destejía cada día una infinita tela narrativa. Excluida de todos los cánones, excepto el de los lectores, se fue sin prestigio, sin riñones después de haber empapelado los quioscos de la posguerra con sus historias de 50 céntimos, compitiendo con novelas del Oeste y de crímenes. Fabuló la vida de las Bovary de la posguerra con un erotismo que burlaba a la censura, destruyó inmensos bosques.Yo cuando era niño iba al quiosco a comprar el periódico, el tabaco y la novela de Corín Tellado para mi tía Elena; algunas veces la leí sin saber entonces que era una Sade en rosa.

Entonces no sabía quiénes deciden quiénes son los buenos escritores, los malos, los regulares, los que deben leer los niños. Ahora ya lo sé. Los dicta el canon, una vara de medir de origen levítico.El canon español está dictado por las mafias, dijo un escritor de éxito. Antes hacían el escrutinio los canónigos, ahora los críticos al servicio de las empresas mediáticas con prospectos de viajante de comercio. Depende de quién tenga la manija, así será el escritor de culto.

Alberto Guillén publicó La linterna de Diógenes, donde dinamitó a la Generación del 98 llamándoles viejos idiotas, envidiosos y egoístas; describió a Ortega como un pensador feo, de cara chata con bigote de mongol. Borges, al que a su vez Pla consideraba un escritor insoportable, escribió que en España sólo había un buen cuentista, Fernando Quiñones, y un buen poeta, Jorge Guillén.Según él, la literatura española empieza espléndidamente con los romances, luego Fray Luis, San Juan, el Quijote, después apenas nada. Así que establezcan su propio canon, lo que les emocione, les enseñe o les divierta.

A Corín Tellado sólo la respetó el mercado mientras los que tienen el manubrio del canon la despreciaron. Sólo ha abierto las páginas culturales el día de su defunción. Como sepultureros, somos admirables.

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http://elcomentario.tv/reggio/el-canon-de-raul-del-pozo-en-el-mun...

13 Abril 2009 | 12:59 PM

Lluisa

Lluisa dijo

Yo leía todo lo suyo y soñaba una vida pararlela. Me dió momentos sublimes y alegrias y esperanzas. Gracias.

16 Abril 2009 | 10:17 AM

rp

rp dijo

La partida de la escribidora

Corín Tellado fue el fenómeno sociocultural casi más notable en lengua española desde el Siglo de Oro. Con su muerte desaparece la literatura realmente digna del calificativo "popular"

MARIO VARGAS LLOSA, en El País, 17/05/2009

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Por culpa de los antropólogos, la palabra incultura ha desaparecido del vocabulario. En el pasado la noción de cultura se asociaba a un conocimiento elevado -humanístico y científico-, al dominio de las artes, al buen gusto y a una sensibilidad refinada. La antropología generalizó aquella acepción a todas las manifestaciones de la vida de una comunidad -sus creencias, sus costumbres, sus ritos, sus vicios y valores- de modo que hoy nos encontramos en la prensa con expresiones como "la cultura de la manducación de carne humana", la "cultura del contrabando", "del fútbol" y de cosas aún peores. Ya nadie es inculto, todos nos hemos vuelto cultos de alguna manera, lo que constituye, sin duda, la apoteosis de esta civilización nuestra marcada por el sesgo de la frivolidad.

Dentro de este contexto no es impropio decir que Corín Tellado, la escribidora asturiana que murió el mes pasado, a sus 82 años de edad, fue probablemente el fenómeno sociocultural más notable que haya experimentado la lengua española desde el Siglo de Oro. Aunque esto parezca herejía, y lo sea desde un punto de vista cualitativo, no lo es desde el cuantitativo, porque ni Borges ni García Márquez ni Ortega y Gasset ni cualquier otro de los más originales creadores o pensadores de nuestra lengua ha llegado a tanta gente ni influido tanto en su manera de sentir, hablar, amar, odiar y entender la vida y las relaciones humanas como María del Socorro Tellado López, apodada Socorrín por su familia y sus amigos, la muchacha que, en 1946, a sus 19 años, escribió en Cádiz su primera novelita, Atrevida apuesta, una arcangélica historia en la que un joven guardiamarina apostaba que conseguiría besar a una chica y ganaba la apuesta gracias a un apagón de la luz en medio de una fiesta. A su muerte, 63 años más tarde, había escrito unas 4.500 novelas más, sin contar los radioteatros, telenovelas, fotonovelas y películas inspiradas en sus obras y hecho célebre el nombre de pluma de Corín Tellado.

Yo me enteré de su existencia en París, en los años sesenta, cuando descubrí que una sobrina mía, que venía de Lima a estudiar un curso de "Civilización francesa" en La Sorbona, se había traído un maletín lleno de novelas de su autora favorita, por si sus libros escaseaban en la tierra de Balzac. Su precaución, por lo demás, era inútil porque, como advertí poco después, en la rue de la Pompe, en el elegante barrio XVI, había todo un quiosco dedicado exclusivamente a vender, alquilar o hacer intercambio de novelitas de Corín Tellado, cuyas clientas eran sobre todo las empleadas domésticas españolas e hispanoamericanas entonces muy numerosas en París.

Desde esa época tuve la tentación de conocer alguna vez a esa extraordinaria escribidora que había logrado llegar con sus historias a un público al que jamás alcanzarían los libros de los autores "cultos" de España o Hispanoamérica. Sólo lo conseguí en mayo de 1981, después de múltiples gestiones, cuando la entrevisté para La Torre de Babel, un programa semanal que hice por seis meses para la televisión peruana. No fue nada fácil conseguir la entrevista. Su desconfianza hacia los periodistas era justificada pues ella había sido ridiculizada ya por algunos gacetilleros perdonavidas a los que abrió la puerta de su vivienda.

Me llevé una gran sorpresa al conocerla, en su casa de Roces, en las afueras de Gijón. Llevaba con gran dignidad sus cincuenta y pico de años. Era bajita, simpática, modesta, tímida pero desenvuelta y no sospechaba siquiera la fantástica popularidad de que gozaba en los estratos medios y populares de una veintena de países de lengua española y entre las comunidades "hispánicas" de Nueva York, Miami, Texas y California. Era una mujer de provincias, cuya vida había transcurrido entre Asturias, Cádiz y Galicia, dedicada mañana, tarde y noche a escribir historias de amor y desamor. De su fugaz matrimonio habían venido al mundo sus hijos Begoña y Domingo, pero, aparte de esa peripecia y de su separación matrimonial, su entera existencia estaba enteramente dedicada a fantasear y a escribir (mejor dicho, a teclear en su pequeña máquina de escribir portátil) las aventuras sentimentales que chisporroteaban en su cabeza. Uso el diminutivo para hablar de sus libros porque, de acuerdo a las exigencias de sus editores, sus novelas no debían tener nunca más de 100 páginas.

Su rutina era estricta y laboriosa. Su ama de llaves, una mujer que la acompañaba desde siempre y le resolvía todos los problemas prácticos, la despertaba a las cinco de la madrugada. De inmediato se encerraba en su escritorio, un cuarto claustrofóbico, sin ventanas, atestado de anaqueles con sus novelitas, y allí permanecía 10 horas escribiendo, con una breve pausa a las ocho, para desayunar. Escribía casi sin parar y casi sin corregir. Al salir del escritorio, a media tarde, tenía 50 páginas oleadas y sacramentadas, es decir, la mitad de una novela. Escribía dos por semana y, a ese ritmo, su obra se acercaba ya a los 3.000 volúmenes. Me explicó que, su problema como escribidora, era que su cabeza "funcionaba más rápido que su habilidad de mecanógrafa". Que, si no hubiera sido por la lentitud de sus manos ante el teclado, escribiría más, mucho más. Alentaba en ella, a su manera, claro, esa voracidad deicida de los escribidores balzaquianos. Se ganaba su vida con la pluma, pero, en verdad, como les ocurre a los escribidores de verdad, no vivía de escribir sino para escribir.

Fuera de esas 10 horas diarias de trabajo, su vida no podía ser más monótona y frugal. Cuatro periódicos diarios, una buena siesta, alguna vez un libro, alguna tarde una visita a una amiga, acaso una película. Muy rara vez, un viaje a Gijón, de compras o a un restaurante. Pero para estar de vuelta en casa y acostada antes de las 10. En los meses de verano, baños en la piscina y algún partido de tenis. Y pare usted de contar.

Cuando le pregunté por sus autores favoritos la noté incómoda y cambié de tema. Su oficio no era leer, sino escribir. Tenía una facilidad tan grande que las historias salían de su máquina infatigable como las palabras y el aliento de su boca. No sabía lo que era ese súbito terror pánico paralizante ante la página en blanco que padecen los escritores estreñidos. Para ella, escribir era tan fácil y natural como respirar.

Su absoluta falta de vanidad era portentosa. Decía que la maravillaba siempre pensar que la leía tanta gente y era evidente que lo decía de verdad. Su editor le había hecho creer que tiraba sólo 30.000 ejemplares de cada una de sus novelas y, aunque ella sabía que probablemente aquella cifra estaba por debajo de la realidad, no le importaba. Si los editores le hacían las cuentas del tío, se encogía de hombros. Me contó que, a veces, sus exigencias eran más fastidiosas que las de los censores, en tiempos de Franco, que habían tijereteado sus historias muchas veces. Eso a ella tampoco le importaba mucho porque suavizaba las frases incriminadas ¡y ya está! Y me reveló, como prueba de su paciencia franciscana y su espíritu de templanza ante las incomprensiones del mundo, que, en una de sus novelas, se inventó un protagonista ciego. El editor le devolvió el manuscrito con una orden: "Opérelo". Y ella, por supuesto, lo operó.

Aunque nunca la leí, siempre la respeté y la traté con cariño y gratitud. Porque gracias a ella, cientos de miles, acaso millones de personas que jamás hubieran abierto un libro de otra manera, leyeron, fantasearon, se emocionaron y lloraron y por un rato o unas horas vivieron la experiencia maravillosa de la ficción. Ella no podía sospecharlo, pero fue probablemente la última escribidora popular, en el sentido más cabal de la palabra, la que llevó una variante (fácil, elemental, sensiblera y truculenta, ya lo sé) de la literatura al vasto pueblo, ese que no entra jamás a las librerías y pasa como sobre ascuas por las secciones culturales de las revistas, y piensa que la literatura seria es larga y soporífera. Es probable que con Corín Tellado desaparezca en nuestra lengua la literatura digna de ese calificativo: popular. Lo que queda ya no lo es y lo será cada día menos, a medida que las pantallas vayan exterminando a los libros, o empujándolos a la catacumba.

Amiga Socorrín, descansa en paz.

a, 2009.

-
http://www.elpais.com/articulo/opinion/partida/escribidora/elpepu...

17 Mayo 2009 | 08:53 PM

ALBERTO GOMEZ SANCHEZ

ALBERTO GOMEZ SANCHEZ dijo

QUIERO LA NOVELA EL MATRIMONIO ABIERTO

15 Junio 2010 | 08:13 PM

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La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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