El planeo de la urraca
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(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes)
Relato breve.
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Vivía en las afueras de su pueblo natal con su joven novia y "Pepa", una vieja y charlatana urraca heredada de su difuntos "suegros". La vida les iluminaba hasta que un tormentoso día en el que las gotas de agua amortiguaron el brillo de la larga cola del córvido familiar, quiso el destino que su chica desapareciese sin dejar rastro alguno. La pista se perdió en la parada de autobús de la universidad, a muchos kilómetros, en la gran ciudad. Eso dijeron sus compañeros; nadie más supo de ella con posterioridad. La policía resolvió aparcar el caso, saturada por los malos tratos y creyendo que eran nimiedades de novias lesbianas.
Ella, ante la gravedad del hecho y la nula información que recibía de la autoridad, decidió realizar investigaciones por su cuenta sin éxito alguno. Estaba segura que no se marchó por su propia iniciativa, alguien la había obligado, ya que el amor que le profesaba estaba fuera de toda duda. Sólo había una respuesta lógica: el rapto. Dejó en casa toda la documentación y enseres, no retiró nunca el dinero de su cuenta y sobre todo, no se llevó a su adorable urraca. Una compañía que a ella no le agradaba demasiado y que ahora se pasaba el día pronunciando el nombre de su amada batiendo las alas blancas y negras desde el alféizar de la ventana: "Trini, Trini, Trini..." para a continuación, joderla con su matraqueo áspero: tcha-tcha-tcha...
El tiempo pasaba, e inquieta y desolada ante la sequía de pistas decidió vender sus pocas pertenencias, dejar el pueblo e irse a vivir a un piso cercano a la universidad, con la intención de conseguir atisbar algo que pudiera llevarle a encontrarla. Una intuición le rondaba todo el día: su amor era presa de algún desequilibrado de la zona. Consumía las horas indagando por el vasto y ajardinado barrio mientras el astuto pajarraco le seguía con su característico vuelo ondulado y pateando los jardines dando saltitos. Parecía que le estuviese ayudando en su obsesiva búsqueda.
Trascurrido mucho tiempo desde el día de la fatal pérdida, la esperanza se desvanecía cada vez más, sobre todo cuando sospechaba de algún individuo y siguiéndolo hasta su casa descubría una familia normal. Ella continuaba con sus cábalas: el canalla que retenía a su novia debía de ser solitario y vivir en algún lugar apartado, quizás la tuviera maniatada en un lúgubre sótano. Y su inseparable córvido de alas redondeadas la miraba con sus pequeños ojos, emitiendo un triste graznido.
Una mañana en la que el Sol incidía intensamente sobre las plumas del ave sacándole las iridiscencias de color verde y azulado, la enamorada se percató de que pendía de su pico robusto y negro una filigrana de oro blanco. No era la primera vez que se le presentaba portando algo que no era suyo, a veces le daba por coleccionar arriba del armario infinidad de objetos brillantes. Pero en esta ocasión la actitud del avispado pájaro fue diferente. Agarró el preciado presente con una de sus patas y moviendo el cuello de derecha a izquierda, cantó con una voz menos áspera de lo habitual, pareciendo responder a una alarma: "¡Skaa, skaa, chat-chatchat-chat!"
Cuando tuvo en sus manos aquella alhaja, empezó a jadear de forma incontrolada. La emoción al ver el pendiente que le regaló cuando formalizaron su amor, fue tan brutal que se le empañaron los ojos al tiempo que sintió un desvanecimiento. El animal, a través de su obsesión por robar todo lo que resplandecía, había conseguido dar con la casa en la que se suponía se encontraba su afecto del alma. La teoría que la angustiaba se estaba confirmando, pero la agitación del momento le mermó su reacción: encaminarse de inmediato hacia la localización de su arrebatado amor.
Pronto superó los sentimientos que le paralizaban y se puso manos a la obra. Montada en su bicicleta, perdida, le susurraba a la urraca posada sobre su hombro: "dime "Pepa", bonita, ¿dónde has encontrado el pendiente? Llévame junto a Trini. Alza el vuelo y dirígeme hacia ella. Trini, Trini, Trini....," le repetía una y mil veces mientras le enseñaba con obstinación el pendiente. En una de esas, el animal salió volando batiendo poderosamente sus cortas alas, de árbol en árbol, dirigiéndose a una urbanización próxima, seguido vertiginosamente, como una superdotada del pedal, por aquella mujer apasionada y expectante.
Cruzaron todas las edificaciones y cuando llegaron al término de la calle principal, en lo más profundo, en una inmensa parcela colindante y montañosa que no parecía permanecer al complejo, vieron una lujosa casa solariega en lo alto. Hasta allí se dirigió la urraca, realizando pequeños planeos cerca del suelo y posándose al final, sobre sus altas tejas rojas. Mientras ella observaba queda y absorta entre los cipreses de la alambrada con sus prismáticos de largo alcance, "Pepa" no paraba de revolotear sobre el gran porche increpando con sus graznidos al hombre que abrazado a su dueña con pasión, la besaba insistentemente en el cómodo balancín. Fue Trini la que irritada, levantándose, expulsó a su urraca arrojándole piedras.
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El Xiquet de Columbretes [2009]. Todos los derechos reservados.
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Urraca volando. La urraca (Pica pica) es también conocida como picaraza, picaza o marica es un ave de la familia de los córvidos, siendo una de las más comunes en toda Europa hasta una altitud no superior a los 1500 metros. Imagen vía Wikimedia Commons.



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Rosa dijo
Si a la promiscuidad de las parejas de homosexuales le unes la inmensa soledad del ser humano y la tendencia femenina de marcharse sin avisar, te encuentras con que la urraca se rie de todos nosotros. Desde lo alto.
19 Abril 2009 | 12:18 AM