Derecho a decidir
EQM_210509
Nasciturus
Ante la nueva insultante ignorancia de la Ministra Bibí, una vergüenza nacional que debería estar de vuelta a su casa a fin de proseguir en sus quehaceres flamencos, bochornosamente defendida por el huidizo-optimista_profesional, hasta la Real Academía Española de la Lengua ha tenido que salir a puntualizar que un feto es «ser» «porque existe» y «humano» «porque procede del hombre y no del mono o del caballo». Nasciturus.
EQM.
Gabilondo: «Necesitaría un buen rato para decidir qué es un ser humano»
El Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha señalado hoy que, como metafísico, "necesitaría un buen rato para decidir qué es un ser humano" y ha destacado que es "muy importante" que una menor que se está planteando abortar "tenga cerca alguna persona mayor".
"Yo tengo un problema y es que soy de metafísica y por tanto necesitaría un buen rato para decidir qué es un ser humano", ha indicado el ministro a los medios al ser preguntado si considera que un feto de 13 semanas es un ser humano, para a continuación añadir que él es "partidario de velar por todos los seres humanos".
Vía ABC, 200509.



rp dijo
Adolescencia socialdemócrata
Santiago González en su blog, 210509.
El presidente del Gobierno defendió el martes que las adolescentes de 16 y 17 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, para evitar que éstos tengan una "interferencia determinante" en una decisión que debe ser "libre e íntima".
El presidente se mostró convencido de que será una excepción la joven que opte por no informar a sus progenitores de la situación. "Tengamos confianza en nuestros jóvenes, en nuestras mujeres"; "No privemos ni interfiramos en la decisión libre e íntima de la mujer, que es la que tiene una responsabilidad para toda la vida de asumir el embarazo".
Las palabras del presidente son equívocas, as usual. En un párrafo habla del "consentimiento" y en el otro del "conocimiento". De sus palabras se deduce que quiere referirse al conocimiento de l
os padres, puesto que se trata de evitar su posible interferencia. Si quisiera referirse al consentimiento, significaría que la interferencia ya se ha producido y que la ley garantiza a la menor que no prevalecerá contra su razonable deseo de abortar. De sus propias palabras parece seguirse que a él le parece bien que la inmensa mayoría de las adolescentes en tesitura de preñez preferirá informar a sus progenitores de su situación que no hacerlo. ¿Por qué no hace entonces que la ley garantice el derecho de los padres a la información en el caso que él mismo considera la excepción?
Una adolescente que deba pasar por ese trance necesita a su madre junto a ella. También a su padre, a ser posible. Sobre esto hay un consenso muy generalizado entre todos los profesionales de la salud que practican abortos. Uno de ellos me escribía hace un mes:
"Los padres ayudan a la joven a abortar, la acompañan, la financian y la arropan con posterioridad. Son una gran ayuda para el ginecólogo, ante la inconsciencia y banalidad de la adolescente. La adolescente es desesperante para el profesional."
Aquí llegamos a una de las curiosas percepciones del mundo del zapaterismo: una solidaridad adolescente le lleva a pedir confianza en las jóvenes. De quien hay que desconfiar es de sus padres, al parecer. ¿Por qué considera que la joven querrá abortar y los padres impedírselo? Joven de izquierdas frente a sus padres reaccionarios, preocupación banal de adolescente: ¡qué bronca me va a caer! No hay problema, amiguita, para evitártela, aquí tienes un Gobierno amigo.
Es curioso que todos los opinadores zapatariles se hayan agarrado a este supuesto como si respondiera al orden natural de las cosas. Ante un caso como éste, en el q
ue la adolescente tendría más juicio que sus padres, la ley debería garantizar a la menor que no tenga que cargar de por vida con el fruto de su irresponsabilidad. El juez debería explicar a los padres que no tienen derecho a frustrar las expectativas vitales de su hija por un error de fin de semana.
Pensemos un minuto si el caso que se nos propone es verosímil. Consideremos un caso de adolescente preñada en una noche de botellón y chiribitas. Supongamos que no es congénitamente estúpida y tras la primera falta y el predictor, expone los hechos a su madre. Demos también por pasada la reprimenda reglamentaria y los morros de las primeras 24 horas.
Lo más probable es que los padres de la muchacha empiecen a asesorarse sobre una buena clínica. No me cabe en la cabeza que unos padres quieran atar de por vida a su hija con un niño no deseado, concebido sin querer a una edad en la que ni siquiera ha terminado de desarrollarse físicamente ni ha terminado la ESO.
"Si pueden decidir tener hijos, pueden decidir abortar", dijo la ministrilla portentosa en un ejemplar razonamiento tuerto. Este Gobierno vive en conflicto permanente con la relación causal. El supuesto que nos ocupa implica que la chica no decidió tener un hijo, sino mantener una relación sexual. Generalmente no son las mismas las que deciden tener hijos y las que deciden abortar. Salvada esta evidencia, sólo queda la tautología: Si no pudieran quedarse embarazadas sólo podrían jugar a abortos, como es natural.
Las muchachas españolas menstruan normalmente por vez primera entre los 12 y los 13 años. Es la edad a la que "son invitadas a la vida", por decirlo con circunloquio extraordinario del adolescente supremo. Aunque los padres no puedan poner puertas al campo, harán bien en contribuir en la medida de sus posibilidades a que las niñas rechacen la invitación durante unos años. Si se pudiera elegir, los padres preferiríamos que nuestros hijos hayan alcanzado su desarrollo físico y mental antes de mantener relaciones sexuales, y a que encuentren una pareja con la que deseen convivir y algunos otros requisitos sin importancia, como tener medios de vida y dejar que pase algún tiempo y se estabilice la convivencia, antes de prescindir del condón.
Volvamos al hilo de la argumentación: ¿Por qué unos padres querrían hacerse abuelos de una criatura concebida de manera tan 'casual'? ¿El integrismo religioso de las gentes de derecha les hace amar más a Rouco Varela y sus consignas que a sus propias hijas? He aquí un fascinante argumento para una película del cine español: una niña de Pamplona con padres del Opus queda embarazada junto al Castillo en una noche de sanfermines, etcétera. ¿Desde cuando existe esta caverna? Las izquierdas siempre habíamos sido moralmente superiores, pero lo que reprochábamos a la derecha (a la burguesía, se decía en tiempos en los que aún tenía vigencia la dialéctica de clase contra clase) era la doble moral: partidaria de la represión aquí, mandaba a sus hijas preñadas a abortar a Londres.
El 13 de junio de 1977 fue el cierre de campaña de las primeras elecciones democráticas. Los representantes de los partidos políticos desfilaron por TVE para llamar al voto. Entre los argumentos de Santiago Carrillo, secretario general del PCE, estuvo precisamente éste: la doble moral de la burguesía, que no permitía el aborto, pero enviaba a sus hijas a Londres una semanita y aquí paz y después gloria.
Examinemos el supuesto contrario: la niña gestante quiere tener la criatura. Porque le parece una prolongación natural del juego con muñecos, porque todavía no sabe que la vida tiene aristas y dificultades o, simplemente, porque sí o por molestar: "os jodéis, que os voy a dar un hermanito". Los padres, independientemente del sentido de su voto, tratarán de que aborte: si son de izquierdas, por su condición progresista; si son de derechas, por su doble moral. Es de suponer que las palabras del presi valen también para este caso. ¿Quién deberá hacerse cargo de los gastos que acarrea el alimento, el vestido, la crianza y la educación de un niño, más allá de los 2.500 euros que el Estado dé a la muchacha tras el parto?
¿Asumirá el Gobierno subsidiariamente las cargas económicas que esta doctrina impone a los abuelos a su pesar? La decisión de abortar o seguir adelante con la gestación rara vez es un asunto de naturaleza estrictamente íntima, libre y sin interferencias, tal como pretende el presi. La ley vigente y los supuestos despenalizadores que se establecieron al aprobarla son ejemplos de interferencias en la libertad de la mujer de tener el hijo o no tenerlo y aconseja más lo segundo que lo primero. La situación económica es otra interferencia. Son algunas naderías que tal vez no se les hayan ocurrido a la ministra ni a su presi.
Tranki, tronka. No se lo diremos a mamá.
Qué tíos (y tías). Se han hecho un programa de Gobierno con el peor guión de Summers.
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http://santiagonzalez.blogspot.com/2009/05/adolescencia-socialdem...
21 Mayo 2009 | 10:37 AM