La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

1 Junio 2009

¿Día de las Fuerzas Armadas?

Retrato del coronel Joaquín de Bouligny (exgobernador militar de Cádiz durante la proclamación de la I Republica, en 1868). [Hacia 1890]. Fotógrafo: Valentín Gómez (Madrid). VIVERO, C. 216, D. 4. Vía Ministerio de Cultura de España.


Milicia y desconexión social

La reflexión que aporto se debe a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas. Vaya por delante que, practicamente, ya no queda jornada en el año que no se conmemore alguna que otra cuestión [les invito a buscar en google 'día de']. Parece un nuevo santoral. Con lo cual las celebraciones importantes suenan a unas de tantas. ¡Quién se lo iba a decir al Corte Inglés!

En los inicio de la democracia del 78, las nuevas generaciones españolas de nuestras fuerzas armadas se pusieron manos a la obra contaminadas por la incomprensible conciencia de culpa de sus antecesores, tan 'responsables' -por otra parte- como el resto de los españoles de que el dictador se muriera en la cama sin conocer en qué consistía una oposición que mereciera tal nombre.

Mala conciencia compartida por la última hornada de poíticos franquistas y que llevó a una transición que se ha vendido -y comprado- como modélica y, transcurridos 30 años, ahora los dos grandes partidos han caido en la cuenta de que estuvo plagada de errores garrafales.

El golpe de Estado de los nostálgicos, espoleados por la extrema derecha, tomando, con Tejero, el Congreso de los Diputados, dió la puntilla a la totalidad de los militares, que pasaron a carecer incluso de opinión, poseídos, también, por el temor a perder, en cualquier momento, su carrera militar.

La liquidación precipitada, irreflexiva y desvertebradora de la tropa tradicional, procedente del servicio militar obligatorio, les dejó en manos de una nueva y disminuída base en trance de profesionalización y en gran parte proveniente de otros países y, por tanto, poco propensa a la defensa de unos ideales.

La pérdida social generalizada de valores y principios, fundamentalmente a causa de una demencial educación anti_Estado, pro_naciones varias e interesada en extender la más absoluta de las ignorancias sobre las más elementales reglas precisas para saber leer y escribir y, consecuentemente, sobre todo lo demás, incluída la Historia.

El fomento de un laicismo no demandado socialmente y que con dosis de anticlericalismo encubierto, trabaja en contra del espíritu cristiano y defensor de una cultura que amparaba las actuaciones castrenses. Con la mirada acomodaticia, hasta hace bien poco, de una Iglesia que cerró los templos, también renunció a sus 'uniformes' y, consiguientemente, también se fue quedando sin 'tropa' ni fieles. Para regocijo de otras iglesias y religiones.

La implantación de una versión pacifista, buenista y sanitaria de la labor militar, en contra de los más elementales principios de toda fuerza armada, defensora de la integridad e independencia de un país, que se emplea para la guerra y que su habitual patrocinio de la paz reside en precisamente su fuerza persuasiva frente al enemigo [sí, ese que pareciera que ya no existe!].

Y, lo que a mi parecer es simbólicamente mucho más grave, el ocultamiento vergonzante del uniforme militar, incluido el de la tropa, bajo el pretexto de evitar un facil blanco terrorista, dado que ese razonamiento es igualmente válido para las fuerzas de seguridad e incluso para los políticos, que podrían ir por la calle disfrazados de, por ejemplo, fontaneros.

Dificilmente puede integrarse socialmente quien no aparece por la calle. Y eso no lo puede soportar este país ni tampoco uno de los ejércitos de mayor relevancia en la Historia de la Humanidad.

EQM.


La asignatura pendiente de la cultura de la Defensa

 

Ángel Expósito Mora, Director de ABC, Domingo, 31-05-09.

SI hay una asignatura que permanece suspendida desde hace más de treinta años en el conjunto de la sociedad española es la Cultura de la Defensa. Reconozcámoslo. Y lo que es peor, las perspectivas pueden no resultar del todo halagüeñas porque, aunque la consideración general hacia las Fuerzas Armadas ha evolucionado mucho y para bien en estos años, no es menos cierto que el distanciamiento de las nuevas generaciones de españoles con nuestros militares resulta preocupante.

De entrada es muy difícil cambiar una tendencia si no se afronta el problema con la firmeza necesaria, o lo que es lo mismo, advertir que de cara a pasado mañana esa relación entre jóvenes y militares será más clave aún, si cabe, que la existente hoy mismo entre la sociedad en general y esos mismos militares. No hay mejor jornada que hoy, día de la Fuerzas Armadas, para pensar sobre la cuestión.

La manera más eficaz de apreciar su trabajo y formación es compenetrarse no ya sobre el terreno de los distintos teatros de operaciones por cualquier lugar del mundo, que también, sino permitiendo la imbricación de la sociedad civil con los profesionales y viceversa. Los colegios e institutos han de abrirse a los soldados, porque si no, la relación a medio y largo plazo de la sociedad española con sus militares será imposible.

¿Nos hemos planteado en algún momento el nivel de capacitación y, por lo tanto, de formación de los protagonistas de un día como hoy? ¿Nos atreveríamos, por ejemplo, a comparar la cualificación de los oficiales de las Fuerzas Armadas con los miembros de los distintos «staffs» periodísticos, incluyéndome yo mismo, por supuesto?

No existe un colectivo profesional en España con similar volumen de idiomas, preparación técnica y cultural y capacidad de prospectiva y análisis. Prueben, si no, a tratar con cualquier oficial cuestiones de política exterior, análisis político, geografía o historia. Y comparemos esas calificaciones con las nuestras o las de cualquier otra carrera.

En Estados Unidos, en Reino Unido o en Francia, la interconexión entre milicia y universidades, por ejemplo, es fundamental no sólo para los primeros, sino especialmente para los centros de investigación y de formación de las principales universidades de estos países. ¿Por qué aquí nos cuesta tanto ese proceso si nuestros vecinos lo llevan a cabo con toda normalidad? ¿Nos podemos imaginar la cantidad de avances científicos que encajan en las políticas de I+D+I que han nacido en instalaciones militares?

Una vez más, seamos sinceros: el motivo es un complejo atávico que no hemos sabido arrancar de nuestras entrañas. Porque yendo un poco más allá en el razonamiento, y salvo honrosas excepciones, la entrada de militares en determinadas universidades provocaría en sus rectores y responsables la estigmatización absurda de tiempos predemocráticos olvidados, en primer lugar, y sobre todo, por los propios soldados.

Algo se ha conseguido ya con la inclusión de aspectos específicos de esta materia en los temarios de Educación para la Ciudadanía. Y el caso es que en España existen instrumentos y experiencias muy positivas al respecto. Desde centros de enseñanzas medias como el instituto «Al Qadir» de Alcorcón (Madrid), donde se ha logrado una interesantísima experiencia de intercambio entre soldados, profesores y alumnos, hasta universidades concretas o agrupaciones como la Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la Defensa Nacional.

Desde la otra vertiente, se trata de empujar a que instituciones como el CESEDEN se abran más aún a los civiles porque multiplicaría su influencia y amplificaría el efecto de sus informes y estudios más allá de los uniformados. Ningún «think tank» en España es capaz de fabricar los estudios y ensayos que elabora el CESEDEN ni, por supuesto, tiene organización para desarrollar los cursos y visitas que se llevan a cabo en este edificio del Paseo de la Castellana.

Pero para afrontar todo lo anterior, nos encontramos con otro bastión fundamental, cual es la politización de la Defensa que comienza, por el propio Ministerio y termina con el tratamiento que los medios de comunicación aplicamos al tema. ¿Por qué los ministros mejor recordados en su paso por el Ministerio han sido los menos politizados, más allá del que fuera su color partidista? ¿No debería ser este departamento el menos politizado de todos los sillones del Gabinete, o, dicho de otro modo, el más transversal del Consejo de Ministros?

Por supuesto que la Defensa es pieza clave de la política de un país, faltaría más, pero también se debe dar por supuesto que esa alta política habría de estar por encima de una legislatura, y, ni qué decir tiene, mucho más allá de unos comicios electorales. Y es que, yendo a lo que nos ocupa, nada más contraproducente para una auténtica Cultura de la Defensa que la contaminación partidista de esa misma Defensa. Porque Educación, Asuntos Exteriores y nuestro tema no deberían ser transversales -por cierto, qué poco me gusta esta palabra-, sino claves y de larguísimo plazo.

No obstante, y aunque suene a conformarse con poco, la situación puede empeorar si seguimos erre que erre por la linde de un proceso autonómico, cuando no nacionalista, que separa más todavía a sus futuras generaciones de todo lo que suponga un cordón umbilical con el Estado. Y las Fuerzas Armadas son, muy particularmente, un nexo entre los españoles. Quien no quiera verlo se equivoca.

En cuanto a los medios de comunicación, y teniendo en cuenta la mediatización social a la que contribuimos, a la que pertenecemos y de la que vivimos, se debe desarrollar un ejercicio a la vez de autocrítica y de difusión. Porque si hay un colectivo en el que el complejo atávico persiste es en el periodístico, y, por lo mismo, si desde algún vértice del polígono se tendría que acometer el cambio de percepciones hacia los Ejércitos y la Armada, es desde el periodístico. O nosotros, los informadores y opinantes, nos creemos y constatamos que las Fuerzas Armadas han cambiado, o será imposible que la sociedad española se sume a un proyecto verdadero tendente a su reconocimiento.

Hace falta que los militares sepan «venderse». Las Fuerzas Armadas tienen que abrirse más a la sociedad. Los políticos deben facilitar con inteligencia y sin prejuicios esa apertura, su conocimiento y el intercambio. Desde el periodismo hemos de aportar los medios, la crítica y el acceso a su mundo.

Si en primer lugar consiguiéramos avanzar en los colegios con los niños; en segundo término accediéramos a los institutos con los chavales; y, como tercer paso, lográramos penetrar en el corazón universitario, el futuro de esa interrelación entre militares y sociedad civil estaría garantizado y la Cultura de la Defensa se escribiría así, con mayúsculas, en la formación de los españoles.

Seguro que por los militares no va a quedar, porque ellos mismos serían los más agradecidos y beneficiados. Pero somos el resto quienes hemos de dar el paso para permitirles el acceso y, a partir de ahí, aprender con espíritu crítico, conocimiento de la historia y perspectiva internacional.

 


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

El guerrero del Antifaz

El guerrero del Antifaz dijo

¿Día de las fuerzas armadas? ¿Qué es eso? Yo no veo por la calle a ningún soldadito. Deben de estar equivocados y se referirán al día de las fuerzas armadas francesas. Allí si que se pasean orgullosos de sus uniformes como en la América de Obama. Lástima de país el nuestro.

1 Junio 2009 | 12:35 AM

Rosa

Rosa dijo

Me imagino que intencionadamente, ha obviado Vd referirse a la memorable Carmencita Chacón, que inauguró su etapa ministerial con tres meses de ausencia porque estaba dando de mamar a su criatura.

Ahora, después de la vergüenza de Kosovo y del bochornoso ridículo del pirateo en Mali, ha vuelto a mostrar sus vergüenzas en Hoyo de Manzanares. Con el patetismo añadido de tener que ver a un alto jefe militar hablando de los protocolos de la OMS con cara de tierra trágame.

Pero el colectivo calladito. Y la sociedad, también.

1 Junio 2009 | 10:37 AM

rp

rp dijo

“He tenido tiempo de conocer a los que sois unos jetas, unos sinvergüenzas y unos caraduras”. La arenga de un sargento de la Guardia Civil a sus agentes

ECD, 010609.

La grabación fue recogida recientemente en un cuartel de la Guardia Civil de una zona de España. En ella, se puede escuchar a un sargento de la Benemérita dando una arenga a los guardias. “Ya he tenido tiempo de conocer a los que son trabajadores, a los que son unos jetas, unos sinvergüenzas y unos caraduras, y los que tienen la inteligencia justa”, les reprime.
El audio, al que ha tenido acceso El Confidencial Digital, circula entre agentes de toda España como modelo de unas palabras que nunca debería pronunciar un superior, critican los guardias. Estos son algunos fragmentos transcritos de la misma:

-- “Os tengo que dar una pequeña reprimenda con respecto a ciertas cosas que vi ayer y que no me gustaron”, comienza el sargento. “Primera cosa que no quiero: no quiero que estéis las ocho patrullas a la vez desayunando. (…) Iros escalonando un poquito”.

-- “Segunda cosa que no quiero: no quiero que si acabáis un servicio a las dos, a la una y media estéis aquí. A lo mejor soy un poco duro y a alguno no le gusta lo que le voy a decir. Me voy a poner a vuestra altura porque parece que por una oreja os entra y por otra os sale”.

-- El sargento eleva en este momento el tono del discurso: “Ya sabéis, no quiero ver a nadie aquí tocándose los h… media hora antes de que acabe el servicio. Y encima se lo diga, y se me encare”.

-- “En relación a las órdenes, (…) yo no soy un compañero más, soy un sargento, soy un suboficial de la Guardia Civil, y hay alguno aquí que no le entra en la cabeza (…). Y van de buen rollito. (…) Y yo soy muy moderno. (…) Yo no doy sugerencias, no doy consejos (…). Yo doy órdenes”, continúa.

-- “En la empresa privada, si el encargado del McDonalds le dice al chaval de turno: ponte la gorra que están cayendo pelos en la hamburguesa, y el chaval no se pone la gorra ¿sabéis dónde va? Va a la p… calle. Aquí no. (…) Puedo tolerar muchas cosas. Que llevéis la barba dos días sin afeitar. (…) Puedo tolerar que lleguéis diez minutillos tarde. Lo que no puedo tolerar es que hagáis lo que os salga de los c… Y si os digo, ponte la gorra, tiene su razón de ser. Y no es para cumplir la normativa de uniformidad, es porque a lo mejor esta grabando Canal Sur”.

-- “Ya ha pasado un tiempo prudencial para conocernos. Vosotros a mi y yo a vosotros. Y ya el margen de confianza ya se ha acabado. Y ya se han acabado los avisos. Ya directamente cuando diga el nombre de un guardia no va a ser para decirle: te voy a tirar de las orejas. No. Voy a escribir y le voy a decir: ¿quieres firmar el parte disciplinario? Si, no…”.

-- “Si os digo poneros la gorra, ya no es una falta leve, si no lo hacéis. Es el 85 del régimen disciplinario. Es falta de subordinación”.

-- “Otra cosa. Si yo digo a una pareja: poneros en este punto, es para que os pongáis en este punto. No es para que a los veinte minutos se me escaquee y vayan por ahí haciéndose los locos casi a escondidas y me los encuentre donde no me los tengo que encontrar. Las órdenes están para acatarlas. (…). Son órdenes que da un superior”.

-- “Y al próximo que le ordene una cosa y no la haga (…), tranquilo que sepa que voy a escribir. Y es la última vez que aviso, porque ya llevo un tiempo aquí, y ya se cuál es mi papel aquí de jefe de servicio”.

-- “Y ya os voy conociendo, y he tenido tiempo de conocer a los que son trabajadores, a los que son unos jetas, unos sinvergüenzas y unos caraduras, y a los que tienen la inteligencia justa. (…) En este grupo abunda más lo segundo que de lo primero”.

-- “¿De qué nos conoce a nosotros?”, protesta uno de los guardias. “Yo también he sido guardia. Y sé de qué pie cojea cada uno”, responde el sargento. (…) “Me parece que te equivocas”, contesta el agente.

-- “Si alguno no está de acuerdo conmigo en el momento de que le dé una orden (…), me lo dice a mi o directamente al capitán. Sino, el parte al capitán lo voy a dar yo”. “Aquí el que trabaja se tiene ganado mi aprecio, el que no trabaja no se tiene ganado mi aprecio. Si alguno os dais por aludido, vuestros motivos tendréis”, concluye el sargento.

-- Y, por último: “¿Alguien quiere decir algo? Bueno, ya sabéis lo que quiero, podéis salir a trabajar”.

Puede escuchar el audio completo de esta arenga pinchando aquí:
http://www.elconfidencialdigital.com/images/HTMLText/Sargento%20G...

---
web noticia: http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=20901...

1 Junio 2009 | 11:11 AM

Cocosclin

Cocosclin dijo

rp, esto que comentas demuestra el bajísimo nivel de la tropa y la mala educación que abunda en la juventud. Gente que se apunta a la G.C. sin ningún interés de cuerpo y con la intención de " a vivir que son dos días" y sin el respeto que debe a todo superior. Apañados estamos y pobre sargento, le tengo lástima.

1 Junio 2009 | 05:12 PM

pensador

pensador dijo

sinceramente, señor, yo quisiera que nos dieran por el obscuro pasadizo los expertos arábigos.

porque, sabe lo que le digo, al final triunfan las civilizaciones triunfantes.

saludos.

1 Junio 2009 | 09:17 PM

De

De dijo

de de ede dededededededede

20 Septiembre 2009 | 02:25 AM

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