Nucléaire, pourquoi pas?
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El jardín cerrado de Garoña
Javier Pradera en El País, 080709.
Tras varias semanas de confusión y de zozobra sobre el futuro de la central nuclear de Santa María de Garoña, instalada en 1970 y objeto desde entonces de numerosas prórrogas, el Gobierno renovó la pasada semana su permiso de explotación hasta el 6 de julio de 2013 y acordó al mismo tiempo ordenar su cierre definitivo a partir de esa fecha. Lejos de contentar a los participantes en la polémica -desde los grupos pronucleares hasta las organizaciones ecologistas, pasando por quienes reclaman un debate informado sobre política energética- con esa medida salomónica el presidente Zapatero se ha convertido en el blanco preferido de unos y de otros, sin que tampoco deje de ser criticado por haber incumplido el programa electoral del PSOE.
Al igual que ocurrió con la reforma restrictiva de la jurisdicción universal sobre delitos contra la humanidad a cargo de los tribunales españoles, aprobada de tapadillo en el Congreso a finales de junio, el cierre aplazado de Garoña pone otra vez de relieve el escaso cuidado prestado por el presidente Zapatero a su deber de respetar los principios orientadores de las relaciones entre el Estado y los ciudadanos que se comprometió a aplicar desde el poder.
La democracia deliberativa no es una realidad empíricamente medible a través de indicadores, sino una idea reguladora que exige a los gobernantes someter la adopción de sus decisiones más importantes a la prueba de un amplio debate público. Sin duda, la política energética en general y la construcción y mantenimiento de las centrales nucleares en particular se inscriben de manera prioritaria en ese selectivo listado. Aunque el presidente del Gobierno haya anunciado el pasado domingo en una escuela de verano del PSOE (y no desde una tribuna pública) un debate parlamentario para el próximo otoño sobre la planificación energética hasta 2030, las medidas sobre Garoña no se beneficiarán ya de sus efectos.
La deficiente o sesgada información dada al respecto por el Gobierno ha sido humillante. Ni las simplezas demagógicas de Jesús Caldera como responsable de la Fundación Ideas ni las incongruentes respuestas de la vicepresidenta Fernández de la Vega a las preguntas de los periodistas (la portavoz siempre contesta que el Gobierno se mueve por elevados propósitos, respeta el Estado de derecho, se desloma trabajando y tira del carro) contribuyeron a enriquecer el debate.
El presidente Zapatero invoca también los principios de la democracia cívica según el evangelio de uno de los teóricos de esa corriente de pensamiento, Philip Pettit (Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno, Paidós, 1999). El republicanismo -en su dimensión doctrinal ajena a las formas de gobierno y a su contraposición con la monarquía- es un programa de investigación de las decisiones políticas, no una receta trazada de una vez por todas para adoptarlas: sus exigencias sólo pueden concretarse a la luz de las evidencias empíricas, no de un mandato ideológico.
Desde ese punto de vista, la condena de las centrales nucleares como un tabú no es una conclusión razonada sino un prejuicio arbitrario. En ese sentido, el displicente tratamiento dado por el Gobierno al informe del Consejo de Seguridad Nuclear (un órgano independiente del Ejecutivo elegido por una mayoría cualificada del Parlamento) y su negativa a renovar por 10 años la licencia de explotación de Garoña denota una equivocada concepción de las relaciones entre la ciencia y la política.
El catedrático Manuel Lozano Leyva, director del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla, justifica la ambigüedad del título de su reciente libro Nucleares, ¿por qué no? (Debate, 2009) con el argumento de que el intencionado juego de palabras puede ser interpretado indistintamente, bien como una afirmación a favor de las centrales nucleares, bien como un pronunciamiento en su contra.
Sin duda, la sociedad española necesitaría contar con un pedagógico Libro Blanco parlamentario de ese estilo sobre las alternativas de la política energética española para poder acometer un debate documentado y razonado que evitase las manipulaciones de la pasión, la ignorancia o los intereses.
Entrevista a Manuel Lozano Leyva (Nucleares ¿por qué no?)
Tras el polémico post en el que mostré mis preferencias pro-nucleares (y el que le precedió), provocados por mi total coincidencia con los puntos de vista del libro de Manuel Lozano Leyva titulado Nucleares ¿por qué no?, se me ocurrió que podría ser una buena idea entrevistar a este físico y divulgador sevillano. Le pedí una oportunidad, y me la concedió.
Pero el caso es que una entrevista entre dos personas que piensan de forma parecida al respecto de un tema tan polémico, podría ser tachada por los lectores de subjetiva, blanda, vehículo de lucimiento, etc. así que para evitar estas acusaciones le pedí ayuda al periodista (y no obstante amigo) Antonio Martinez Ron, más conocido como Aberrón - responsable del exitoso blog Fogonazos - para que asumiera el papel de fiscal acusador. Si se lo pedí a Aberrón fue porque precisamente a raíz del post que inició la polémica (él es abiertamente antinuclear) habíamos mantenido una civilizada disputa a pesar de nuestras posturas irreconciliables. (Nada que no podamos arreglar tomando unas cervecitas la semana que viene en el FIMP).
En fin, que esta es la historia previa y la razón por la que hoy podéis leer esta entrevista a tres bandas con este conocido escritor de divulgación. Tanto Aberrón (A.M. en la entrevista) como yo (M.A.) elegimos 5 preguntas (las mías francamente pro-nucleares, las de Aberrón poniendo el dedo en la llaga) y se las hicimos llegar al señor Manuel Lozano Leyva, quien muy amablemente acaba de enviarnos sus respuestas.
Entrevista a Manuel Lozano Leyva
A.M.- Objetivamente ¿qué está más cerca? ¿Encontrar una manera de deshacerse de manera limpia de los residuos radiactivos o de explotar y almacenar eficazmente la energía renovable?
M.L.L. - Si "objetivamente" se supiera lo que usted pregunta, el debate estaría resuelto porque no habría más que planificar ese futuro. Lo que hay que afrontar es que mientras se solucionan esos problemas, la energía nuclear impide que el carbón, el gas y el petróleo sigan contaminando y empeñando la soberanía e independencia de Europa y las renovables apenas contribuyen a ello.
M.A. - ¿Dónde encontraré más radioactividad, en la chimenea de una central térmica clásica de quema de carbón o en las de una central nuclear?
M.L.L. - Siempre sorprende que la respuesta sea que contamina radiactivamente más una central de carbón que una nuclear. En la naturaleza hay muchísimos más elementos radiactivos que estables. Están en todas partes. Por ejemplo, en un plátano hay potasio 40 que sufre unas 500 desintegraciones por segundo. El carbón que se saca de las minas no se purifica y por ello lleva un montón de elementos radiactivos que se esparcen en la atmósfera cuando se quema. Son cantidades muy pequeñas, pero el humo que sale de la torre de refrigeración de una central nuclear no es más que el vapor de agua del aire que contiene. Si la central se enfría con un río, un embalse o el mar, no sale ni eso.
A.M. - Si sumamos los costes de extracción y enriquecimiento del uranio y de las infraestructuras necesarias para que funcione una central ¿sigue siendo la energía nuclear una energía barata? En este sentido, ¿un crecimiento considerable del número de centrales no convertiría el uranio en un recurso demasiado caro?
M.L.L. - Sigue siendo extraordinariamente barata por más que la inversión inicial sea muy alta contando todo lo que usted apunta, lo cual, por cierto, no suele hacerse con las fósiles y, mucho menos, con las renovables. Le aseguro que construir un molino, transportarlo a lugares inhóspitos, cimentarlos de hormigón, construir caminos y sendas y conectarlos de cables de sección enorme, también cuesta mucha energía y dinero. El uranio puede aumentar de precio, pero sepa que el 95,6% de los residuos radiactivos son uranio que no se reprocesa y extrae porque el precio del nuevo es muy bajo. Si este aumentara, se reprocesaría. También están los ciclos nodriza o criadero, que producen más combustible del que se carga en el reactor. Por otra parte está el ciclo del torio, mucho más abundante que el uranio. La producción de electricidad con energía nuclear nunca tendrá un problema de combustible.
M.A. - Existe un miedo irracional hacia las nucleares, se diría que hay quien piensa que si algo sale mal en algún reactor, se podía encontrar de pronto con el temido hongo nuclear típico de las explosiones armamentísticas asomando en su jardín trasero. Esto no podría suceder jamás ¿verdad?
M.L.L. - Eso va tan en contra de las leyes de la física como decir que un avión comercial, por despiste del piloto, puede subir tanto como para ponerse en órbita primero y llegar a la Luna después. Lo más grave que le puede pasar a una central es lo que ocurrió en Chernóbil (ni eso, porque Chernóbil no tenía edificio de contención como tienen todas las centrales europeas y casi de todo el mundo) y fue un incendio, no una explosión.
A.M. - En su libro, usted enumera algunas situaciones en las que la seguridad estaba presuntamente garantizada al 100% y el factor humano terminó por provocar una situación de riesgo. Conociendo la ambición humana, ¿no es un poco ingenuo hablar de métodos seguros al 100% por mucha seguridad pasiva que se quiera poner? (Siempre habrá algún país o alguna empresa que descuide algún detalle por determinados intereses)
M.L.L. - Cierto, eso pasa con todas las industrias, piénsese en la química o la aeronáutica. Ciñéndonos a la industria de la energía, la nuclear se ha mostrado como la más segura con creces. En España, por ejemplo, en varias décadas que llevamos produciendo energía nuclear, jamás ha habido ningún afectado, no digamos heridos o muertos. Ninguno. En el Reino Unido se dice que la central de carbón de Didcot ha producido muchísimos más muertos que Chernóbil. Si cuenta los muertos en las minas de carbón, en los incendios de al menos dos plataformas petrolíferas, los ocasionados por el petróleo, etc., la energía nuclear gana la partida de la seguridad espectacularmente.
M.A. - ¿Cree usted que un horizonte energético totalmente dependiente de fuentes verdes o renovables es factible?
M.L.L. - ¡Ojalá! Lo que me fascina es que haya quien diga que para el 2050 será así. No tienen ni idea de lo que es la historia de la ciencia y la tecnología. ¿Predijo alguien el transistor? ¿Y los teléfonos móviles o Internet? ¿Por qué predicen ésos cosas como las que usted dice? En Alemania hay instalados diez millones de metros cuadrados de paneles fotovoltaicos para generar ¡el 0,4% de la electricidad producida! ¿Se hacen extrapolaciones en base a esto o a desiderandos tecnológicos no contrastados? Es pura ideología política sin nada de consistencia científica y menos tecnológica. Decir eso contra las nucleares es, sin ambigüedad ninguna, apoyar firmemente el carbón, el gas y el petróleo.
A.M. - Teniendo en cuenta que al final se trata de mover una turbina como en una vulgar máquina de vapor, ¿no son todo este tipo de energías una antigualla? ¿No nos saldría más a cuenta invertir e investigar más en materia de nuevas energías?
M.L.L. - Claro que hay que investigar siempre, pero mientras... ¿podría usted apuntar alguna alternativa aunque sea sacada de la literatura de ciencia ficción? La más moderna, eficiente y de más amplio futuro en cuanto a variedad de diseños, es la nuclear.
M.A. - Recientemente Charles Seife, un reconocido escritor y divulgador estadounidense, ha publicado un libro totalmente pesimista sobre la posibilidad de que la fusión nuclear llegue algún día a dominarse. En su opinión deberíamos dejar de invertir dinero en proyectos como el ITER porque "siempre faltarán 50 años para que la fusión sea factible como método de generación de energía". ¿Es usted tan pesimista como él?
M.L.L. - El pesimismo en ciencia se ha de cuantificar, si no terminamos con brindis al sol. La investigación en fusión nuclear empezó a escala nacional: cada país desarrollado, incluida España, tenía su propio programa nacional y su instalación experimental. Los resultados fueron tan prometedores que se subieron las inversiones y escalas experimentales a nivel europeo con el JET (Joint European Torus). Los resultados de este junto con los japoneses, estadounidenses, etc. siguieron siendo tan prometedores que se ha pasado al nivel internacional: el ITER. Todo dependerá de los resultados que se obtenga con este experimento. ¿Quién puede decir cuáles serán? Lo del pesimismo u otros estados sicológicos no cuenta en ciencia a menos que se busque notoriedad. Por cierto, hasta ahora no había oído nombrar al tal Seife, y le aseguro, con toda modestia, que si fuera un experto en física o tecnología nuclear seguramente tendría noticia de él.
A.M. - Sobre los residuos nucleares, es posible que aún haya espacio suficiente para dejarlos en algún rincón que no moleste. Pero la Tierra tiene un espacio limitado, ¿cuál es el límite de almacenamiento de residuos tolerable? Es decir, ¿cómo de alejada en el futuro tiene que estar la primera generación que se enfrente al problema para que no nos afecte? ¿Nuestros biznietos quizá, nuestros tataranietos? Confiar en el hallazgo de un método para desactivarlo, ¿no es una apuesta en la que arriesgan otros?
M.L.L. - Un almacén del porte de un estadio de fútbol da para almacenar todos los residuos radiactivos de Europa producidos en siglos con muchas más centrales de las que hay ahora. Ya nos gustaría que esa localización, gestión y control fuera posible para los residuos de todas, absolutamente todas las demás industrias. Le recuerdo que el dióxido de carbono permanece en la atmósfera entre mil y dos mil años. ¿Esa herencia, incluido el posible cambio climático, no le preocupa? A mí tanto que el libro está dedicado a mi nieta: lo he escrito justo y exclusivamente porque prefiero que ella pertenezca a una generación dueña de la tecnología nuclear, tan culta y europea, a que permanezca en manos de los Putin, Buteflika y jeques del petróleo de turno en un planeta ambientalmente amenazado.
M.A. - ¿De verdad que podemos confiar en que los residuos nucleares pueden "reciclarse" para su reutilización como combustible nuclear? Por otro lado ¿Qué opina de las soluciones mixtas que aúnan un reactor de fisión para la generación eléctrica y uno de fusión como destructor de los residuos generados por el primero?
M.L.L. - Lo hacen ya Francia y Japón entre otros. Aún más, la incineración por transmutación nuclear con neutrones está científicamente resuelto y tecnológicamente hay avances realmente significativos aun siendo un problema extraordinariamente complejo. La solución que usted apunta de un reactor de fusión con varios satélites de fisión hace mucho tiempo que está diseñada. A mí ese tipo de centralización de la generación de electricidad no me gusta mucho por cuestiones de poder: quien domine un complejo de esos domina mucho. Si es un estado democrático, muy bien, pero si es una dictadura o vete a saber, es casi tan preocupante como los jeques y sátrapas del gas y el petróleo que le apunté antes.
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rp dijo
Jesús Caldera culpa a Franco de la existencia de centrales nucleares en España
Jesús Caldera sigue en su línea sutil y acaba de declarar que, si hay nucleares en España, es porque Franco obligó a ello. ¡No las iba a haber con Cánovas, señor Caldera, y la energía mareomotriz, hasta hace no tantos años, era una entelequia! Por otra parte, Franco también respiraba y no por eso se ha hecho malo respirar. Guindilla a la vacuidad intelectual aliada a la demagogia.
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http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=21384...
10 Julio 2009 | 11:31 AM