“La maricona”
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(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes)
Relato breve.
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Por ser "maricona" acabó en la cárcel más aislada de su querido y retrógrado país. Y lloraba sus penurias mientras le penetraban el cuerpo, una y otra vez, sin su beneplácito, todos los compañeros de celda y algunos más. Soñaba con escapar de aquella calamitosa estructura de poder represor con algún cambalache en el que formara parte primordial su sorprendente cuerpo. Pero lo prometido no siempre es deuda y se retorció de malicia cuando se le esfumaron los sueños después de haber amado a todos y cada uno de los guardas que se le insinuaron.
Perdido en la evocación de los días ardientes de amor y sufriendo el calor infernal de un sol imposible de minimizar, empapado en sudores, miraba por la diminuta ventana de su mísero espacio el desierto interminable que presagiaba una imposible escapada. A pesar de ello, cavilaba constantemente la forma de salir de aquel aterrador lugar. Pero siempre concluía llorando su desgracia por haber terminado en una isla rodeada de dunas imperecederas por todas partes; sólo el azul del cielo le hacía sentir que la esperanza podía llegar a ser una realidad alguna vez.
Una fecha que nunca olvidaría se reencontró con un personaje ya mayor, por el que se dejó amar en su vida libre, hasta hartarse y desaparecer. Su ex-hombre acababa de salir del lóbrego y subterráneo calabozo de castigo, después de habitarlo durante casi dos años. Sorprendentemente, porque nadie lo había hecho con vida. La convivencia en la penitenciaria parece que hizo olvidar viejos rencores y odios, y los volvió íntimos e inseparables. Y quiso el destino que con el tiempo, el viejo le revelara su grandiosa obra: un túnel en el calabozo que atravesaba el subsuelo más allá de la última alambrada. Preguntado por qué no se escapó, le dijo que las inhumanas condiciones de vida y el trabajo descomunal que hizo, le habían dejado disminuido y hecho una piltrafa crónica incapaz de afrontar la durísima marcha del éxodo.
Desde entonces sólo pensaba en ser él quien, como joven y fuerte, aprovechándose de esa milagrosa infraestructura, pudiese llevar a cabo su plan definitivo y abandonar la injusta reclusión. A la espera de que quedara libre el atroz lugar, estuvo aprendiendo durante largo tiempo, junto a su gran amigo, las técnicas de supervivencia en el desierto y el método que tendría que llevarle al otro lado, donde compensaba la terrible soledad y el miedo. Por eso cuando ya estuvo todo claro y dispuesto, protagonizó un conflicto grave para ser castigado con la estancia en el consabido calabozo y así poder descubrir el camino hacia la libertad.
La noche era apacible como su mueca esperanzadora. Mientras fue cruzando el inmenso patio conducido a trompicones por la autoridad, notó un nostálgico y agradable viento dulce y suave del nordeste que le provocó la sonrisa en su maltrecho rostro. Lo bajaron arrastrándole los pies desnudos y sanguinolentos por los peldaños de tierra hasta que fue conducido en volandas al fondo del túnel. A continuación, le dejaron caer violentamente en un foso lúgubre y encharcado de inmundicias, gritándole mientras cerraban la trampilla de hierro colado: "¡maricona, esperamos que te pudras!".
Una vez se supo solo, no pudo contener la alegría y soltó una carcajada histérica al tiempo que rebuscaba inútilmente entre la perpetua oscuridad, el prometido e inexistente camino de la liberación.
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El Xiquet de Columbretes [2009]. Todos los derechos reservados.
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NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



Peña dijo
Muy fuerte tio.
12 Julio 2009 | 12:18 AM