Enrique Castellón Vargas 'El Príncipe Gitano' [España, Valencia, 1928]
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El príncipe gitano
Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal_Patente de Corso, 290609.
Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares. Lo tengo controlado desde hace mucho, e incluso más. La versión del Presley, y la que hizo un poco antes del Delilah de Tom Jones, ésta cantada en español y con estética vídeo años sesenta, que también anda disponible en los ciberespacios infinitos entre algunas otras, como Obladí obladá, por ejemplo, que la borda.
Meterse eso en vena ya es droga dura. Pero te diré más, colega. Lo mío con ese jambo es historia vieja. Viene de cuando el Piloto -que se le parecía un poco, ojos azules incluidos, aunque de joven era todavía más guapo-, cuando volvíamos de alguna incursión marítima por fuera de la isla de Escombreras, lastrado su barquito con Winston y Johnnie Walker, me ponía en un chisme de música que había en una taberna del puerto, entre caña y caña, Tani, Cortijo de los Mimbrales y la que para mí siempre fue cúspide del Príncipe: Cariño de legionario, con una letra que empieza, nada menos: «Le di a una morita mora / morita mora / morita de mi alma / cariño... de legionario». Tela.
Pero es que hay más, chaval. A ver si te enteras. Enrique Castellón Vargas, de nombre artístico el suprascrito Príncipe, nacido en Valencia en 1928, hijo de gitanos dedicados a la venta ambulante, tenía una planta soberbia: alto y delgado, elegante -cuidaba mucho los trajes y el vestir-, mirada azul, pelo rizado. Para entendernos: se comía a las pavas sin pelar. Quiso ser torero de joven; pero tenía canguelo, y los cuernos se le daba mejor ponerlos él. También tenía buena voz, así que se dedicó al cante flamenco, del que tocó muchos palos, sobre todo zambras y rumbas.
Hizo de torero en el cine -Brindis al cielo, se llamaba la peli-, y actuó con grandes compañías, incluida la de Carmen Morell y Pepe Blanco, y también una propia, con su hermana Dolores Vargas La Terremoto, en la que acogió a jóvenes artistas como Manolo Escobar, Rocío Jurado y Toni Leblanc, que era galán cómico. Con La Terremoto, por cierto, hizo el Príncipe en 1956 otra película, Veraneo en España, que está entre mis mitos del cine hispano por varias razones, lo cutre aparte. Una es cuando canta eso que dice: Un negro vestío / y una mujer sin marío. La otra, que para mí es lo máximo del megatop frikilandio, es cuando, en mitad de la peli, aparece cantando lo de la morita mora, morita de mi alma, vestido de lejía de arriba abajo, con chapiri de borla, despechugada la camisa y fusil al hombro. Sin complejos.
Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final -y absolutamente cuesta abajo- de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J'Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida.
Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable -entallados, con patas y solapas anchas-, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco.
Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas -en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas- le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!... ¡Canta otra, Príncipe!... ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla.
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Los Mimbrales' [1949]
'Los Mimbrales' [1949], pasodoble que fue estrenado en el año 1949 por El Príncipe Gitano, al frente de su propia compañía, con el espectáculo 'Pinceladas', convirtiéndose en su mayor éxito. En la primera función se produjo el debut como cantante de Carmen Sevilla, hija del letrista Antonio García Padilla 'Kola'. La letra de la canción era, precisamente, de Kola y la partitura de Palomar y Quiroga. Fuente: donpepeydonjose. Video vía YayoCheno.
En youtube hay una interpretación en directo de esta composición por El Príncipe Gitano que data de 1978, en el programa 'Cantares' de Lauren Postigo [España, Huelva, 1928-2006] en TVE. Hay una versión también memorable de Carlos Cano [España, Granada, 1946-2000], en su disco 'La Copla, memoria sentimental' [1999]
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Delilah
Programa de TVE de finales de los 60', en La Rambla de Barcelona, con Joaquín Prat [España, Valencia, 1929-1995] y El Príncipe Gitano, interpretando ese último 'Delilah' [Tom Jones, 1968]. Las versiones de música anglosajona del cantante llamaron la atención de Elvis Presley [de quien interpretó 'In the ghetto' (1968), canción escrita por Marc Davis con el título 'El circulo vicioso'] que hizo amistad con él en Nueva York y se aficionó al flamenco. De hecho El príncipe Gitano fue uno de los iniciadores, a su modo, de esa mezcla ahora tan en boga.
Por otra parte, hay muy poca infomación del cantante en internet sobre su importancia en el ámbito de la copla, a excepción de aquellos venden su antiguos discos y de los otros, quienes que se dedican a reirse de él por su frikismo al cantar en inglés; es decir los mismos que -por lo general- además de desconocer tal idioma, no tienen generalmente ni idea siquiera de leer y escribir correctamente el español. Vídeo vía alccobayita.
NOTA.- Enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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Gutty dijo
Yo recuerdo sus canciones cuando era joven. Era otra época y yo muy pequeño sin embargo, se me han pegado sus canciones, cuando las oigo es como si reviviese mis años infantiles. Lo aprecio mucho y siempre estará en mi corazón.
20 Julio 2009 | 08:52 AM