La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

26 Octubre 2009

Sabino Fdez. Campo [España, 1918-2009]

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El gentilhombre, Sabino Fdez. Campo, con el Rey, construyendo la democracia.

 

Sabino, un noble militar, por la democracia

Sabino Fernández Campo, conde de Latores, Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias (Oviedo, 1918 -  Madrid, 2009), fue un militar español. Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, ingresó en el Ejército donde llegó a ser Interventor General en 1980 y se le concedió el título honorífico de Teniente General. Se formó en el Industrial College de Estados Unidos y se diplomó en Economía de guerra.

En 1975 fue nombrado Subsecretario de la Presidencia del Gobierno a propuesta del ministro Alfonso Osorio, y del Ministerio de Información y Turismo un año más tarde en los gobiernos de Arias Navarro. En 1977 fue designado por el rey, Juan Carlos I, Secretario General de la Casa del Rey hasta 1993; siendo, al mismo tiempo desde 1990, Jefe de la Casa del Rey en sustitución de Nicolás Cotoner y Cotoner.

Ha sido profesor de la Academia de Intervención, miembro de honor de la Real Academia de Medicina de Asturias y León, de la Real Academia de Doctores de España, censor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

 Cuando aconteció el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 era secretario general de la Casa del Rey y ayudó al rey Juan Carlos I realizando llamadas a diversos sectores militares, como capitanías generales, Estado Mayor, etc. Suya fue una frase hoy famosa que realizó tras una pregunta del general Juste (general de la división acorazada Brunete) sobre si Alfonso Armada había llegado al Palacio de la Zarzuela. "Ni está, ni se le espera" fue su respuesta.

Vía Wikipedia.

NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

servido por elquiciodelamancebia 7 comentarios compártelo

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Rosa

Rosa dijo

De cuando se valoraba el sentido común y la inteligencia para acceder a la política.

Ahora, cualquier 'peine grasín' puede cobrar hasta tres sueldos por mujer, joven y socialista.

26 Octubre 2009 | 10:00 AM

Robert Wilians

Robert Wilians dijo

Cobraba un sueldo de mierda comparado con los politicos y una pensión de mierda comparada con los politicos, pero fué mucho mejor profesional que cualquier poliítico actual. Descanse en paz y gracias por todo.

26 Octubre 2009 | 10:22 AM

A.L.Confidencial

A.L.Confidencial dijo

Hombre ejemplar donde los haya. Te echaremos en falta.

26 Octubre 2009 | 04:12 PM

RP

RP dijo

Las cosas que me contó Sabino Fernández Campo

José Apezarena EN ecd, 271009.

La desaparición de Sabino Fernández Campo se llevará a la tumba, nunca mejor dicho, una parte de los grandes secretos de la transición española. Él había comentado más de una vez que, como ejercicio y terapia, a veces se dedicaba a escribir recuerdos, pero luego rompía los papeles, y en trozos pequeñísimos para que fuera imposible componerlos.

No obstante, tengo para mí que, pasado un poco de tiempo, algunos saldrán a la luz. Aunque sólo sea porque, aun sin escribirlas, él habrá contado muchas cosas a su mujer, María Teresa Álvarez, y quizá ella sí quiera darlas a conocer. Sobre todo las que tienen que ver con las vicisitudes de la estancia de Sabino en La Zarzuela, la tormentosa y amarga salida, y su relación con la Familia Real estos últimos años de un cierto olvido. No ha pasado inadvertido el hecho de que, durante estos días finales hospitalizado, le fue a visitar doña Sofía, pero no el rey ni los príncipes.

El ex jefe de la Casa del Rey afirmaba que lo que podía contar no tenía interés, y que lo que tenía interés no lo podía contar. Pero, sin faltar al deber de discreción, lo cierto es que cuando se charlaba con él siempre surgía alguna novedad reseñable, aportaba un dato desconocido…

Me viene ahora al recuerdo dos cosas que, en una de esas conversaciones, me contó. La primera tiene que ver con el 23-F. Sabino Fernández Campo tuvo, durante bastante tiempo, una pesadilla. Soñaba que los golpistas llegaban hasta La Zarzuela con sus carros de combate, y que don Juan Carlos les recibía diciendo: “¡Menos mal que habéis llegado, porque Sabino me tiene secuestrado!”. En ese momento, uno de los militares sacaba la pistola y le disparaba en el pecho. El dolor del impacto le despertaba, y entonces se daba cuenta de que se trataba de un mal sueño.

La segunda hace relación al noviazgo que mantuvo Felipe de Borbón con la noruega Eva Sannum. El príncipe había comprobado que existían enormes resistencias a que esa relación se consolidara, y decidió consultar a un selecto grupo de personas, uno de ellos Sabino Fernández Campo, para preguntarles qué opinaban. Sabino no contestó directamente, sino que, por así decirlo, le contó una “parábola”.

Le relató que, siendo soldado durante la guerra civil, cuando se producía un intercambio de disparos él se escondía detrás de una roca para no ser alcanzado. Sin embargo, le enviaron a la academia de transformación, de la que salió alférez, y le dieron el mando de una sección. Se dio entonces cuenta de que los soldados estaban pendientes de él y de que ya no podía esconderse: no podía hacer lo que quisiera porque otros dependían de él. “¿Me entiende, Alteza?”, concluyó.

Contó otras cosas, evidentemente. Pero pidió reserva y discreción.

Con Sabino Fernández Campo desaparece un servidor del Estado, un custodio de la monarquía, un demócrata, un gran español, una buena persona y un amigo.

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http://www.elconfidencialdigital.com/Blog.aspx?IdBlog=1

27 Octubre 2009 | 12:12 PM

rp

rp dijo

El secreto de Fernández Campo

Pablo Sebastián en Estrella Digital, 271009.

El general Sabino Fernández Campo, que acaba de morir, fue un español respetable y respetado, y un testigo de excepción de la transición política española de la dictadura a la democracia (más bien partitocracia). La que no es del color de rosa como la pintan entusiastas sus hagiógrafos y algunos de los protagonistas de esos años difíciles de la historia reciente de España, aunque el resultado del proceso fue positivo en su conjunto, especialmente en lo que a la reconciliación nacional y la recuperación de las libertades se refiere. Porque el supremo ideal democrático quedó lejos de ser alcanzado, y fue en cierta manera "secuestrado" por los jefes y aparatos de los partidos políticos en su beneficio y en menoscabo de la soberanía nacional.

Sobre todo a partir del golpe de Estado del 23-F, sobre el que aún pesan no pocas incógnitas, misterios y un pacto de silencio sepulcral de las máximas instancias del Estado y los políticos de la época, que a lo mejor han temido que el general Fernández Campo, que era el hombre que sabía demasiado, rompiera su silencio obligado por el cargo de confianza que ocupaba y que, una vez muerto, ha llegado a su final, si es que el general no ha dejado unas memorias que permitan escribir la historia del golpe y de la transición tal y como ocurrieron y lo más cerca posible de la verdad. Si en su vida Sabino era adulado y temido, a su muerte lo seguirá siendo por lo que haya podido escribir y guardado en algún lugar.

Como bien guardado tenía el general Sabino en su corazón el mal trato que recibió a la hora de su cese en el Palacio Real, por culpa de una infame y repugnante delación de un conocido y ruidoso medio de comunicación. Un lamentable error palaciego que nunca quebró la lealtad del general y que, luego, se ha querido rectificar con honores -el título de conde de Latores- y homenajes que no curaron la herida por más que sonaran a unas disculpas tardías que seguramente no colmaron su decepción.

No en vano el general Fernández Campo, desde su posición de secretario general de la Casa Real, fue un testigo de excepción de estos cruciales años de la transición, donde se le reconoce una actitud impecable en la defensa de la democracia. Sobre todo en la larga noche del 23-F, durante la que Fernández Campo abogó por el diálogo directo y el control de todos los capitales generales antes de la tardía aparición del Rey, de madrugada en televisión española, por si alguno de los golpistas, como Milans del Bosh, seguía hacia delante, confiado en que Armada llegaría al Palacio Real -"ni está ni se les espera", le dijo Sabino al general Yuste de la División Acorazada-, de acuerdo con lo hablado en las vísperas del golpe con los merodeadores del palacio real de la Zarzuela.

E incluso con las cúpulas de los grandes partidos nacionales, PSOE aquí incluido, como lo acaba de denunciar Jordi Pujol en sus memorias, al afirmar que quien entonces era responsable de la política de Defensa del PSOE, Enrique Múgica -ahora Defensor del Pueblo-, fue a sondearle en las vísperas del 23-F, sobre la oportunidad de un Gobierno de concentración presidido por un militar.

Graves, muy graves son las tardías palabras de Pujol -debió denunciar entonces semejante oferta "pregolpista" en su momento-, porque no sólo implican a Múgica sino a la dirección del PSOE, como luego se aprecia en la lista del Gobierno que pretendió formar el general Armada tras el asalto al Congreso de los Diputados. Palabras que hablan de la connivencia de los socialistas con el golpismo de Armada y que explicarían luego sus silencios posteriores sobre la pantomima del juicio militar de Campamento contra los sublevados, y la sorprendente negativa del Parlamento de entonces de investigar el golpe de Estado. Algo a lo que, sorprendentemente, también renunció el Gobierno de Felipe González tras su llegada al poder en 1982, sometiéndose al saludo militar con la aparición del ex presidente en la misa de campaña de la División Acorazada de Madrid.

Por supuesto, si esto pasó en la cúpula del PSOE, imagínense lo que habría estado ocurriendo antes, durante y después del golpe en el seno de la UCD, por parte de quienes traicionaron a Adolfo Suárez, e incluso en el embrión de la Alianza Popular. ¿Por qué el Parlamento de ese tiempo no investigó el golpe y también se corrió un tupido velo en los medios de comunicación? El temor a una nueva intentona golpista no era, ni mucho menos, la única explicación. Pero a raíz de todo ello el largo camino de la transición hacia la democracia se frenó. El pacto de silencio que se estableció sobre el golpe de Estado se prolongó en el tiempo y con él las carencias y las debilidades de la transición democrática. Y, en vez de ser el golpe de Estado de 23-F la excelente oportunidad para la definitiva ruptura democrática, se convirtió en el gran lastre, el secreto a voces de la partitocracia renqueante que aún nos invade y a la que habría que poner, de una vez por todas, punto final.

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http://www.estrelladigital.es/ED/diario/247634.asp

27 Octubre 2009 | 12:42 PM

rp

rp dijo

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El rompecabezas del 23-f

Sabino FERNÁNDEZ CAMPO en ABC, 27-10-09.

Me encuentro hoy con la contradicción que supone para mí atender la solicitud que me formula un amigo periodista para que dedique unas consideraciones al tema que precisamente preferiría no recordar ni contribuir a avivar en estos momentos. Porque, además, el propósito de callarme se complementa con el riesgo que siempre encierra tratar cuestiones que no comprendemos en su totalidad.

Pienso que el «23 de febrero de 1981» es un rompecabezas, un gran puzle del que conozco bastantes piezas, pero me faltan muchas otras decisivas para llegar a completarlo, encajándolas todas, y construir el cuadro entero de un suceso que tuvo indudable transcendencia.

Decía André Maurois que «la importancia de los acontecimientos siempre escapa a quienes los han presenciado». Y cuando las circunstancias me situaron muy cerca de lo ocurrido en aquella fecha tan señalada, en un determinado puesto, es posible que se hayan reducido las posibilidades de mi visión de conjunto. La Historia es como un cuadro que ha de contemplarse de lejos, desde una perspectiva no demasiado próxima, para poder interpretar el conjunto. Sin embargo, tampoco deja de ser verdad que la obra de arte pictórica se compone de una serie armónica de pinceladas que proporcionan luz o sombra, relieves o veladuras, y detalles al parecer insignificantes, pero que constituyen componentes imprescindibles de la totalidad, lograda con la acumulación de las partes y capaz de producirnos una impresión general.

Desde este punto de vista, importante pero limitado, quisiera destacar que el Rey actuó entonces utilizando correcta y hábilmente las atribuciones que la Constitución le concede y que quizás sean más importantes cuanto menos concretas y determinadas. La amplitud de la facultad y obligación de «arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, y ostentar el mando supremo de las Fuerzas Armadas», encierra un valor extraordinario y significaron, en aquellas circunstancias difíciles del 23 de febrero de 1981, el fundamento de unas decisiones que condujeron a la solución de la grave crisis.
No es el momento de examinar el contenido y alcance del precepto constitucional que encomienda al Rey el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Pero no hay duda de que, en aquellos momentos excepcionales, S.M., al ordenar a los Capitanes Generales la obediencia a la Junta de Jefes de Estado Mayor, restauró la autoridad del órgano superior de mando en los Ejércitos. Y esta restauración de la organización militar era condición indispensable para el funcionamiento efectivo del orden constitucional. Los actos del Monarca fueron los estrictamente necesarios para tales finalidades y no rebasaron el tiempo indispensable. El Jefe del Estado, al ejercer este mando, en las circunstancias especiales que se habían producido, restableció la unidad y disciplina de la institución militar y, como consecuencia, pudo asegurar la vigencia de la Constitución.

En el orden civil, el Rey tomó también las decisiones precisas para asegurar «el funcionamiento regular de las instituciones», promoviendo a tal efecto una Junta de Secretarios de Estado y Subsecretarios que aseguraron la continuidad del Estado y ejercieron las funciones gubernamentales durante el tiempo en que los ministros se vieron en la imposibilidad de hacerlo.
Las medidas promovidas por la iniciativa y la autoridad del Rey encontraban asimismo su apoyo en la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado y en el Decreto 1558/77, de 4 de julio, que establece las funciones de los secretarios de Estado.

En cuanto al aspecto del refrendo, que la Constitución requiere para los actos del Rey, no cabe duda, desde un punto de vista moral, de que aquellas decisiones tomadas en momentos de excepción con carácter provisional y casi siempre verbalmente, sin proyectarse en una disposición oficial ni publicarse reglamentariamente, merecieron al siguiente día el aplauso del Gobierno, de las Cortes, de los partidos políticos y del pueblo español. Y ha de reconocerse, además, que ningún precepto constitucional puede interpretarse de forma que conduzca a un absurdo o al aniquilamiento de la propia Constitución a la vez que la concreción de los preceptos ha de hacerse teniendo en cuenta las peculiaridades del caso planteado.

Antes del 23 de febrero de 1981 habían sucedido en España muchas cosas, cuyo recuerdo tal vez se haya difuminado con el paso del tiempo: asesinatos, por parte de ETA, de militares, miembros de las Fuerzas de Seguridad y ciudadanos civiles; secuestros de personalidades destacadas; ofensa al Rey en la Casa de Juntas de Guernica; nombramientos militares considerados un tanto anormales; reconocimiento del Partido Comunista, necesario en el fondo, pero que se produjo de forma despreciativa para los militares que, por lo menos, habían creído recibir la promesa contraria, sin que después se les aclarase la aconsejable decisión; limitaciones políticas para los miembros de las Fuerzas Armadas que no se aplican a otros sectores de la vida nacional...

Y tal vez, me atrevo a imaginar, ejercicios peligrosos de civiles a quienes, siguiendo la tradición de los «pronunciamientos» en la Historia de España, les gusta jugar con fuego para impulsar la actuación militar y conseguir «cambios de timón», aunque luego la marcha de las cosas tome un rumbo imprevisto y no puedan aprovecharse los beneficios pretendidos.
Muchas veces caemos en el error de juzgar tan sólo el final de un proceso y dejamos de lado los antecedentes que se produjeron a través de él.

Por mi parte, renuncio a intentar descubrir las nuevas piezas que me faltan del rompecabezas. Dejémoslo como está, sin agitar la historia ya calmada. Quedémonos con las versiones, afortunadamente contradictorias de los numerosos libros, artículos y estudios escritos con relación a este triste tema y con los misterios que quedan flotando sobre un acontecimiento que marcó un punto decisivo en la transición política española, con sus consecuencias distintas para la Institución monárquica, que gracias a la actuación del Rey consolidó su posición en la democracia, y para las Fuerzas Armadas, desmoralizadas por el error que algunos cometieron y por el desarrollo del Consejo de Guerra posterior.

Pero, en todo caso, deseo sinceramente compartir mi sentimiento de dolor con el que sufrieron unos compañeros y amigos míos muy queridos, de un patriotismo acreditado por los servicios prestados con anterioridad, y que pagaron la culpa de equivocarse al aplicar sus sentimientos.

No se trata de aducir ahora justificaciones o disculpas sobre hechos ya juzgados. Pero tampoco de continuar indagando para descifrarlos por completo.

En ocasiones «el que busca afanosamente la verdad, corre el riesgo de encontrarla».

-
http://www.abc.es/20091027/opinion-tercera/rompecabezas-20091027....

27 Octubre 2009 | 01:32 PM

carolus

carolus dijo

Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama “Manual y espejo de cortesanos”, de C. Martín Pérez.

http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesano...

Entre las personas, siempre hay una lucha por el poder. Alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder. Te guste o no, ya estás metido en la Corte y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

Del autor de “El Gran Juego”, NÚMERO UNO EN VENTAS
http://www.librosenred.com/masvendidos.aspx

Saludos

13 Noviembre 2009 | 07:59 PM

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