Encrucijada cero
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(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes)
Relato breve.
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Recién nacido, en la cuna, los míos, ya me dejaron bien claro que la vida era una cámara de torturas con paredes muy gruesas. Y que la felicidad sólo podría lograrla, ocasionalmente, durante el cambio de turno del verdugo. En esos tiempos muertos, si me daba tiempo a hacer manitas e intimar con algún/a mártir, sería otra cosa. Y tenía que darme prisa, porque tarde o temprano (la incógnita forma parte del suplicio), mi cuerpo no resistiría más y desfallecería, con suerte, de forma fulminante, sin agonizar con desespero. Porque todos venimos para sucumbir. Por eso insistían en decirme que parte del secreto estaba en la encrucijada cero, descubrir desde allí, lo antes posible, el mejor camino, el ideal. Y nada más pude, me puse en marcha.
Después de profundos procesos de reciclaje mental que me llevaron a incrementar la determinación al máximo, llegué a la meseta árida de los horizontes perdidos, donde el aire era denso y el sol creaba espejismos inciertos que conmovían la conciencia. Su altura me aproximaba al cielo abierto y la monótona horizontalidad, al desasosiego. Me encontraba en el origen de todas las distancias, inicio de los tres cientos sesenta dudosos senderos que me confundían. Uno por grado de circunferencia. Todos se perdían entre los remolinos de polvo que desfiguraban el futuro. ¿Cómo estar seguro de escoger el mejor de aquella confluencia de caminos que se extendían en el inmenso e indefinido perímetro?
Harto de tal confusión preferí alzar el vuelo e irme a las alturas, el camino infinitamente suave. Cuando lo intenté vi la imposibilidad del mismo. No paraba de mover los brazos como alas colmadas de plumas, pero eran tantas mis dudas, que me lastraban en demasía. Opté, entonces, por bajar de peso rechazando los miedos; bendito ayuno. Pero no fue suficiente para remontar el vuelo. Desilusionado, ya sólo creí ver una oportunidad: la tierra, escudriñar en el subsuelo, bajo su peso. Pero mis manos no eran garras que pudieran abrirse paso a través de la consistencia. Aún así, hice sangrar las uñas hasta adentrarme en la oscuridad y lograr encontrar, por fin, el mejor camino: un túnel que me dirigió directamente a la zona VIP.
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El Xiquet de Columbretes [2009]. Todos los derechos reservados.
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'San Juan Bautista' [1508-1513]. Leonardo da Vinci [Italia, 1452-1519]. Museo del Louvre.


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Pilar dijo
Xiquet, elegir el camino de la vida es siempre una elección secundaria porque el destino es lo único que importa y ese ya lo sabemos de antemano.
22 Noviembre 2009 | 09:29 AM