La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

27 Noviembre 2009

Cimbrando la Constitución

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Pueblo soberano

Viernes, 27 de noviembre de 2009.

Por la dignidad de la Constitución.

Artículo 1.2.- La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Artículo 161.- El Tribunal Constitucional tiene jurisdicción en todo el territorio español y es competente para conocer: a) Del recurso de inconstitucionalidad contra leyes y disposiciones normativas con fuerza de ley. La declaración de inconstitucionalidad de una norma jurídica con rango de ley, interpretada por la jurisprudencia, afectará a ésta [...].

Artículo 167.1.- Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras.

EQM

Avui ha nascut la Premsa del Moviment (Con 'Avui' en el papel de 'Arriba')

[Hoy ha nacido la Prensa del Movimiento (Con 'Avui' en el papel de 'Arriba')]

Santiago González en su blog, 261109.

Doce diarios catalanes, a saber: La Vanguardia, El Periódico, Avui, El Punt, Segre, Diari de Girona, Regió7, Diari de Terrassa, La Mañana, El Nou, Diari de Sabadell, Diari (a secas) acaban de publicar conjuntamente el editorial fundacional de la Prensa del movimiento Catalunya per la seva independència.

Se trata de un editorial altamente preventivo. 'La dignidad de Catalunya', se titula. Desde el primer párrafo, en el que se plantea el futurible que ha requerido el esfuerzo común: "el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya..." El 'puede' es el alma máter de este incierto y a la vez rotundo manifiesto catalán. La definición de Catalunya como nación, el derecho y el deber de conocer la lengua catalana, la articulación del poder Judicial en Catalunya y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son los puntos de fricción más evidentes "a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles". A tenor de las versiones, parece estar optando.

Pero estamos en los prolegómenos. Luego, el editorialista se mete en harina:

"Hay quien sueña [¿quién? A ver, nombres, datos] con cirugías de hierro que cercenen [¿doce directores juntos para esa mariconada de verbo? Emasculen, castren, deberían haber escrito] la complejidad española. [¿Por qué se invoca siempre la complejidad y el pluralismo español para oponerle la simpleza y el monolitismo catalán?] Esta podría ser [otro 'puede'] lamentablemente la piedra de toque de la sentencia"

"Está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. [El espíritu de la transición estaba en el estatuto de Sau. Compárese el grado de apoyo de uno y otro] ...podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut. [podría, ¿comprenden?]

"Estos días los catalanes [¿qué catalanes, y, sobre todo, cuántos?¿el 36,51%?] piensan , ante todo, en su dignidad, conviene que se sepa.(...) Que nadie se equivoque. Ésta no es una sociedad débil, dicen, y éstas son reivindicaciones seguirán siendo "tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social". Exactamente el apoyo de 36,51% de los ciudadanos catalanes. ¿Los quieren cuantificados? 1.882.650.

¿A qué obedece esta hinchazón del imperfecto de subjuntivo y del censo adicto? En parte a rasgos de carácter, en parte a otras circunstancias: Lean esta información sobre las subvenciones de la Generalitat a la prensa catalana y los medios que la encabezan: La Vanguardia, El Periódico y Avui.


Escribe 100 veces la sentencia del día:
"España no se rompe; está más unida que nunca". (José Luis Rodríguez, lañador)

El pronunciamiento catalán

Jorge de Esteban en El Mundo, 261109. Vía Reggio's.

El autor advierte que ejercer coacción y amenaza sobre el Tribunal Constitucional es un delito tipificado en el Código Penal- Recuerda que un Gobierno de González derogó un artículo que vigilaba la constitucionalidad de los proyectos de Estatuto

Nuevamente el presidente de la Generalitat de Cataluña, apoyado por su Gobierno tripartito, ha vuelto a ejercer una clara coacción y amenaza sobre el Tribunal Constitucional, con el evidente objetivo de que éste no declare la inconstitucionalidad del Estatut, tanto total como parcialmente. Igualmente, el presidente de CiU, Arturo Mas, habla ya de la posibilidad de un frente común de los partidos catalanes ante una sentencia adversa.

Esto es: los partidos catalanes, excepto el PP, se han pronunciado contra una sentencia que todavía no existe, al estilo de lo que hacían los militares en el siglo XIX cuando no estaban conformes con el Gobierno de turno. Ahora bien, en el siglo XIX y principios del XX, no había en España un auténtico Estado de Derecho como el que alumbró la Constitución de 1978. En consecuencia, lo que está pasando ahora, jurídicamente hablando, es mucho más grave que aquellas célebres asonadas militares.

Tan grave, que la acción de los miembros del Gobierno catalán constituye presuntamente un claro delito tipificado en nuestro actual Código Penal, como ya recordé en estas páginas hace unos meses, tras la injuriosa ofensiva nacionalista del verano, dirigida a amedrentar al Tribunal Constitucional. Vuelvo a recordar así lo que dice su artículo 508.2: «La autoridad o funcionario administrativo o militar que atentare contra la independencia de los Jueces o Magistrados, garantizada por la Constitución, dirigiéndoles instrucción, orden o INTIMIDACIÓN relativas a causas o actuaciones que estén conociendo, será castigado con la pena de prisión de uno a dos años, multa de cuatro a 10 meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de dos a seis años». Sólo hace falta, pues, que el Ministerio Fiscal o cualquier particular a través de la acción popular denuncie semejante atropello, que, por lo demás, es un comportamiento reicidente.

En definitiva, como señala el artículo 9 de la Constitución, «los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico». Sin embargo, el presidente de una comunidad autónoma, el cual incluso formó parte anteriormente del Gobierno de España, parece ignorar este mandato constitucional. Por otro lado, la excusa que con más frecuencia arguyen los nacionalistas catalanes para no aceptar una sentencia adversa para ellos (y no para Cataluña) consiste en que los 10 Magistrados del Tribunal Constitucional que la emitirán no pueden ir contra una norma, como es el Estatuto, que no sólo ha sido aprobada por el Parlamento de Cataluña y por las Cortes Generales, sino también y, con mayor razón aún, por el pueblo de Cataluña a través de referéndum.

Semejante argumento, dejando al margen las magras cifras de participación en el mismo y, por tanto, en su aprobación -legalmente válidas mientras no se establezca un porcentaje mínimo de participación mediante reforma de la trasnochada ley del Referéndum actualmente vigente-, no resulta convincente por dos razones fundamentales. La primera, como señalé ya aquí, porque la Constitución es la primera de las normas del Estado, por encima de todas las demás, y fue aprobada en Cataluña por el cuerpo electoral catalán, además de por el de toda España. Por consiguiente, es claro que un referéndum parcial y limitado para aprobar una ley orgánica o Estatuto, territorialmente acotada, no puede prevalecer nunca sobre una Constitución que fue aprobada por un referéndum de alcance general. Luego no es de recibo contraponer la legitimidad de una ley territorial a la de una institución, como es el Tribunal Constitucional, que fue adoptado en el seno de una Constitución aprobada por todos los electores de España, incluidos los catalanes.

Ciertamente, se arguye también, en este sentido, que el Estatuto aprobado por el cuerpo electoral catalán -y que está vigente desde hace tres años- no puede ser ya amputado por el Tribunal Constitucional, y que éste, por tanto, no debería ejercer el control sobre él. Ya he explicado por qué es así, pero para contentar a los que sostienen esa posición, habrá que recordarles que los Gobiernos del Partido Socialista son los que han provocado este galimatías jurídico que no acaba de desentrañar el Tribunal Constitucional por dos razones.

En primer lugar, porque fue un Gobierno de Felipe González el que derogó un artículo clave del desarrollo autonómico, como era el 79 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, en donde se establecía el control previo de constitucionalidad para los proyectos de Estatutos, antes de que entrasen en vigor. Es más: se hacía una mención especial respecto a los que se exige -según el artículo 151.2 y 3 de la Constitución-, que sean sometidos, una vez aprobados por las Cortes, a referéndum en el territorio de la comunidad autónoma en cuestión.

De esta manera, se conseguía un doble objetivo. Por un lado, que no fuesen declarados inconstitucionales cuando ya estuviesen surtiendo efectos jurídicos. Y por otro, que en el caso de los proyectos de Estatuto del artículo 151, el control debería hacerse, para no defraudar al cuerpo electoral respectivo, antes de que se celebrara el referéndum exigido.

Al suprimirse torpemente este artículo, se estaban sembrando las futuras discordias que hoy ya han germinado. Las consecuencias son que en estos tres años se han aprobado muchas disposiciones de desarrollo del Estatuto, y no resultara fácil, en su caso, dar marcha atrás. Pero si se quiere buscar a los responsables de todo este embrollo jurídico-político, no se debe achacar la culpa al Tribunal Constitucional, sino al PSOE (o PSC), del cual forma parte el presidente de la Generalitat y otros miembros de su Gobierno. Por supuesto, cada uno debe de cargar con sus propios pecados. Pero en ningún caso recaerán sobre el Tribunal Constitucional si, como parece y es lógico, declara inconstitucional el engendro jurídico del Estatuto, inspirado irresponsablemente por Zapatero: primero con una frase que pasará a la historia («Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña» ) y posteriormente alentando también su puesta a punto en unas veladas maratonianas compartidas con Arturo Mas en La Moncloa, donde ambos hicieron mangas y capirotes con el proyecto de Estatuto como si fuese una larga partida de mus y tras las cuales ambos aparecieron como ganadores al margen del Parlamento.

Todos los augurios hacen deducir que la sentencia es inminente, aunque personalmente dudo que a quienes corresponde se les ocurra hacerla pública antes del 13 de diciembre, fecha en la que comienza el concurso de independentismo de muchos pueblos catalanes. Sea como fuere, dentro del Tribunal hay algún magistrado, y no miro a nadie, que se empeña en ir filtrando a la prensa los flujos y reflujos de los interminables debates, lo que es algo gravísimo. Mientras tanto, el singular ministro de Justicia que tenemos ha vuelto a afirmar que el Estatuto es constitucional, porque entre otras cosas «fue aprobado por la mayoría de los representantes legítimos del pueblo español». Se sorprende uno de que este señor sea catedrático de Derecho Constitucional, porque todas las leyes en España son aprobadas «por los representantes legítimos del pueblo español» y, sin embargo, querido ministro, muchas de ellas son expulsadas, en todo o en parte, del ordenamiento jurídico por el Tribunal Constitucional. Pero da la impresión de que en España los políticos no leen ni conocen la Constitución, que es la norma en donde se contienen las reglas del juego político y que obliga tanto a tirios como a troyanos.

De hecho, con motivo del próximo día de la Constitución, el presidente del Congreso de los Diputados se ha dirigido a los portavoces de los grupos parlamentarios para que se elabore una lista de personajes famosos que lean en la cámara diversos artículos de nuestra Norma Suprema. Me parece una idea loable y, por tanto, quiero simplificarle la tarea al presidente Bono, indicándole los personajes que merecen más este honor: todos los miembros del Gobierno tripartito de Cataluña, empezando por su presidente Montilla, los nueve jueces que han sido nombrados para formar parte del Tribunal Constitucional de bolsillo que se acaba de crear en Barcelona, los dirigentes de CiU y, por último, no vendría mal que leyesen también muchos artículos los miembros del Gobierno de España, empezando, claro está, por su presidente. Tal vez así se acaben enterando todos ellos de lo que dice la Constitución, la cual festejaremos el próximo día 6, cuando precisamente arrecien las amenazas del pronunciamiento catalán.

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Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Justos por pecadores

Francesc de Carreras en La Vanguardia, 261109. Vía Reggio's.

Leo en la La Vanguardia de anteayer las posiciones de los principales partidos catalanes acerca de la sentencia del TC que, hipotéticamente, declarará contrarios a la Constitución ciertos preceptos del Estatut. Permítanme que les haga un breve resumen de estas posiciones: Artur Mas mantiene que el tribunal debe inhibirse y no anular ni reinterpretar el texto, Montilla anuncia que no renuncia a hacer prevalecer el pacto político que hizo posible este Estatut, Esquerra considera que la independencia es la única solución que ya queda e Iniciativa que la Constitución entrará en vía muerta si el TC tumba el Estatut.

De todas estas posiciones se desprende un menosprecio generalizado por el Estado de derecho y una apocalíptica sensación de que a los ciudadanos de Catalunya no les preocupa otra cosa que esta sentencia y están dispuestos a rebelarse en masa ante tan ignominiosa afrenta. Salgo a la calle, hablo con unos y con otros, y percibo claramente que las preocupaciones son muy distintas. Alguien parece interesado en distraer al personal para ocultar otras inquietudes de la sociedad catalana, mucho más palpables y menos abstractas.

Los motores se venían calentando desde hacía meses y se intensificaron antes, durante y después de este verano.

El motivo es el vértigo del fracaso ante unas elecciones ya próximas. En realidad, lo que pretenden los políticos catalanes no es defender el Estatut, ni a Catalunya, ni a los catalanes: lo que tratan es defenderse a sí mismos, no dejar en evidencia su tan visible mediocridad. Están asustados ante unos sondeos de opinión según los cuales, si las elecciones se celebraran hoy, se abstendrían de votar más de la mitad de los electores: sería la constatación de su fracaso y la certeza de una desconfianza generalizada. Esto es lo que verdaderamente les preocupa.

Para entender este patético panorama, nada mejor que acudir a un documento histórico que nunca me cansaré de recomendar.

Se trata del libro de Amadeu Hurtado Abans del sis d´octubre (un dietari), publicado por Quaderns Crema (Barcelona, 2008). En él se recogen las anotaciones diarias del autor entre el 29 de mayo y el 15 de septiembre de 1934, escritas con pluma brillante e incisiva. El autor no ha pretendido acumular anécdotas más o menos divertidas y curiosas, sino, por el contrario, según sus propias palabras, la intención es consignar "las características esenciales de la vida pública catalana" (página 212). Si contrastamos lo que nos explica de aquellos tiempos y lo que está pasando ahora, poco o nada ha cambiado en la vida política catalana, los caminos por los que discurre son muy semejantes.

Amadeu Hurtado fue un prestigioso abogado y político, republicano de toda la vida, amigo y hombre de confianza de Macià en sus primeros tiempos como president. En 1934 la Generalitat le encarga la defensa jurídica de la famosa y conflictiva Llei de Contractes de Conreu ante el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República. Ello le permite conocer los entresijos de la política madrileña y catalana de aquellos meses, que describe con ironía y minuciosidad. Memorables son sus retratos de Macià y Companys, de Alcalá-Zamora y de Azaña, así como el recuerdo de una conversación, repleta de lucidez e inteligencia, con Gaziel.

Efectivamente, al leer el libro se tiene la sensación de que el tiempo no ha pasado, que incluso los personajes se repiten. Lo que explica Hurtado es pura actualidad. Por ejemplo, al hablar de la creciente desafección de los ciudadanos hacia los políticos catalanes, Hurtado observa: "Nuestros partidos necesitan estas agitaciones (las protestas contra la decisión del Tribunal de Garantías) porque los políticos catalanes no pueden ni saben hacer otra cosa". Y añade: "Los políticos han de suplir su ineptitud con frecuentes apelaciones al pueblo, fingiendo peligros que no existen y creando conflictos imaginarios, es equivocado y funesto" (página 167). O :

"Catalunya no ha producido, ni puede producir por ahora, ningún otro tipo de político que el agitador propenso a la protesta como el pueblo mismo y hábil en aprovechar cualquier motivo de orden sentimental para provocar miedo en el adversario mientras dure la llamarada (...) La República, a pesar de haber reconocido la autonomía catalana, es tan odiosa como la Monarquía, y esto, además de injusto, puede llegar a ser funesto" (página 59).

¿Les suena todo esto? Hoy estamos como en 1934, aunque, por fortuna, quiero ser optimista, sin la perspectiva de un 6 de octubre, de una ruptura del orden constitucional. Estoy convencido de que aquellos tiempos no volverán, pero, ¡cuidado!, la historia da sorpresas y el futuro nunca está escrito.

M. Dolores García escribía en estas páginas el pasado martes: "En todo caso, sea cual sea el resultado de la sentencia, el embrollo surgió de los partidos y ellos deberán solucionarlo. No vale apelar a la respuesta ciudadana cuando, por incompetencia política, se ha acabado en un callejón sin salida. Ellos nos metieron en esto, pues que nos saquen".

Me parece un juicio exacto. Con sus exagerados aspavientos electoralistas, los políticos catalanes lo único que pretenden es salvarse del ridículo, que los justos paguen por los pecadores: saltándose las reglas de juego, ya al final del partido intentan descalificar al árbitro, al Tribunal Constitucional, con la finalidad de que no se les pidan responsabilidades.

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FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

Comentario de PJ Ramírez, en El Mundo en dos minutos, 261109.

NOTA.- Enlaces [en azul], negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

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rp dijo

LA DIGNIDAD DE LOS ESPAÑOLES (INCLUIDOS AL MENOS 2,7 MILLONES DE CATALANES)

Editorial de El Mundo, 271109.

LA «DIGNIDAD», «el respeto», «la solidaridad» y los principios a los que hacía referencia el editorial publicado ayer al unísono por 12 diarios catalanes no son valores atribuibles a los territorios, las instituciones o los colectivos sino a las personas. Ni Cataluña tiene dignidad ni España, honor. La tienen y lo tienen los catalanes y los demás españoles de uno en uno.

Si, desde luego, es respetable la voluntad de los 1,9 millones de catalanes que votaron a favor del nuevo Estatuto hace tres años, ocho veces más respetable todavía es la voluntad de los 15,7 millones de ciudadanos que votaron en toda España a favor de la Constitución en 1978. Como la memoria es débil, hay que recordar que 2,7 millones de catalanes votaron entonces «sí» a la Constitución, un 50% más que esos 1,9 millones que apoyaron este Estatuto con un censo mucho mayor. En términos porcentuales, lo cierto es que el Estatuto obtuvo el apoyo del 36% de los votos sobre el censo electoral de Cataluña, mientras que la Constitución obtuvo un 62% de respaldo.

La Constitución está vigente no sólo porque fue refrendada por una amplia mayoría de los españoles, sino porque además ha sido revalidada en la práctica en todas las elecciones en las que los ciudadanos han acudido a las urnas en estos 31 años, votando en su gran mayoría a partidos como el PP o el PSOE que dicen respaldar la Carta Magna.

Mientras no se modifique, la Constitución establece la existencia de un Tribunal al que encomienda el examen de la constitucionalidad de las leyes, tanto si proceden del Congreso como de los parlamentos autonómicos. Esa es su función y si a alguien no le gusta, lo que tiene que hacer es proponer un cambio de la Constitución.

Los 12 periódicos contraponen la legitimidad del Estatuto aprobado por el Parlamento catalán y el Congreso y mediante consulta popular con la del Constitucional, al que llaman una «cuarta cámara». Es una comparación falaz y demagógica porque, como cualquiera sabe, la democracia se basa en la separación de poderes.

Como adelantábamos ayer, resulta imposible decir más falsedades con peor intención en menos espacio. Pero antes de entrar en su análisis, lo primero que llama la atención es que 12 periódicos de tendencias ideológicas bien distintas olviden sus diferencias para defender un Estatuto que identifican con la construcción nacional de Cataluña.

Ello recuerda mucho el planteamiento del llamado «nuevo orden informativo internacional», promovido por aquel director de la Unesco llamado Mbou, que alegaba que por encima del pluralismo estaba la contribución de la prensa a la lucha por la emancipación frente al colonialismo occidental. Los periódicos catalanes han optado por cerrar filas con el Estatuto en el que unos ven un elemento clave de la identidad de Cataluña y otros un peldaño más hacia una futura independencia.

No hay precedentes en la prensa española de una iniciativa como ésta, salvo algunos editoriales conjuntos en defensa de la libertad de expresión contra el terrorismo al inicio de la Transición. Pero lo importante no es el burdo intento de presión al Constitucional ni los significativos aplausos de Montilla y los nacionalistas a la iniciativa de los periódicos. Lo esencial es que lo que dicen es un vademecum de disparates.

Dicen que el Tribunal es «un corazón con las válvulas obturadas», ya que la mitad de sus integrantes está en situación de interinidad. Al margen de que no es culpa de los magistrados sino de los partidos que no se han puesto de acuerdo para renovarlos, eso no les resta legitimidad alguna, puesto que es un supuesto contemplado por la ley.

Dicen que alguien sueña con «cirugías de hierro» desde «posiciones irreductibles» y que «el dilema real es avanzar o retroceder» en la pluralidad de España. Defender la Constitución frente al nacionalismo disgregador no es retroceder sino impedir el retroceso. Los autores de este texto son tan sectarios que llaman retrógrados a quienes no están de acuerdo con ellos.

Dicen que está en juego «el espíritu que hizo posible la pacífica Transición» cuando son los impulsores del Estatuto quienes no han vacilado en cargarse 30 años de consenso constitucional alumbrando una norma intragable para el PP y celebrando su exclusión.

Dicen que hay que respetar los pactos cuando ellos quieren pasar por encima de la Constitución y de la voluntad del conjunto de los españoles.

Dicen que hay un «obsesivo escrutinio» sobre la lengua catalana cuando sus mentores políticos han erradicado el español de las aulas e incluso de los patios de recreo.

Y amenazan con «una legítima respuesta» de «la solidaridad catalana», eufemismo que revela el intento de coaccionar al Constitucional y de sacar a los catalanes de sus casillas. Hagan lo que hagan, ahora que se ha adherido el Barça, será un gol en propia meta

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http://www.elmundo.es/diario/opinion/21276416.html

27 Noviembre 2009 | 11:21 AM

rp

rp dijo

Editorial preventivo

SANTIAGO GONZÁLEZ, en El Mundo, 271109.

Habría que remontarse a los tiempos más inhóspitos de la Transición (o a la Prensa del Movimiento) para encontrar un momento semejante: 12 periódicos suscribiendo un editorial conjunto. Pasó después de la masacre de Atocha; de la legalización del PCE; en las Hojas del Lunes, tras el asesinato de José Mª Portell, que dirigía la de Bilbao; tras la bomba contra el Papus, pero no había vuelto a pasar desde aquel 6 de diciembre de 1978 en que aprobamos la Constitución.

Lo primero que llama la atención es el magro resultado sintáctico y conceptual de tanto esfuerzo. ¿Y dice usted que se han unido una docena de directores de periódico para alumbrar esto? Impresionante. Ya desde la exposición de motivos asoma la patita el carácter obscenamente preventivo que destila todo: «El TC puede estar a punto de emitir sentencia». Por ende, «la expectación es alta y la inquietud no es escasa». Una pieza que arranca con semejantes apuros debería titularse Por si acaso, en vez de La dignidad de Catalunya, que es un exceso de prosopopeya, se mire por donde se mire.

Qué desbordada hinchazón de representatividad («los catalanes piensan», «amplísimo apoyo político y social»), qué desliz de significados amenazando romper «pactos profundos que han hecho posible los 30 años más virtuosos de la Historia de España». Fueron la Constitución y el Estatuto del 79 los que hicieron posible esa virtud. Un par de datos: el viejo Estatut alcanzó 10 puntos más de participación y obtuvo el voto afirmativo de más de la mitad de los ciudadanos catalanes (52,6% frente al 36,51% en 2006).

«Pacta sunt servanda», escriben, magreando el latinajo para confundir el «pacto profundo» de la Constitución y el Estatuto de Sau con los viajes de Mas a La Moncloa para pactar con Zapatero a cencerros tapados -qué grandes son a veces las frases hechas- la supervivencia de un proyecto que amenazaba ruina. El nacionalismo había gobernado 23 años Cataluña sin esta necesidad imperiosa. Fue Maragall el Chaplin que cogió la señal de carga peligrosa desprendida del camión, la convirtió en bandera y fue cabeza de la manifestación que lo empujaba.

«Hay quien sueña con cirugías de hierro», escriben con suave delirio paranoico. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, ¿que toda la vida es sueño y los sueños hechos son? Cuánto concierto de plumas para tan párvula literatura.

Da un poco de vergüenza ajena por tantos catalanes, periodistas o no, que tienen sentido del ridículo. No le digas a mi madre que soy periodista catalán. La pobre cree que me gano la vida como honesto palanganero en un meublé de Castelldefels.

Lo han suscrito porque están preocupados, porque «puede que», y tratan de acoquinar a los miembros del Constitucional en este momento decisivo. Ya han conseguido algo: el Tribunal será una víctima irrecuperable del Estatut sea cual sea su sentencia. También por méritos propios, ojo. Puestos a elegir, ya que no tienen escapatoria y que se invoca «la dignidad», los miembros del TC deberían optar por defender la suya propia, hacer justicia et pereat mundus.

No pasaría nada. El nacionalismo es un tigre de papel. Lamentablemente es probable que Mª Emilia Casas todavía no lo sepa

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http://www.elmundo.es/diario/espana/21276421.html

27 Noviembre 2009 | 11:27 AM

rp

rp dijo

EL REVÉS DE LA TRAMA

Repertorio de imprudencias

Justino Sinova en El Mundo, 271109.

España se encuentra ante una encrucijada que puede fortalecerla o abatirla. Si acierta a plantar cara a la reforma constitucional encubierta que entraña el Estatuto de Cataluña, saldrá fortalecida; si triunfa el cambio subrepticio del sistema construido felizmente en la Transición, entrará en una arriesgada etapa de crisis de identidad. El conflicto creado por el Estatut puede cobrarse una víctima política, Rodríguez Zapatero, y causar inquietud entre los partidos catalanes. Pero todo eso es superable: el presidente del Gobierno es pasajero y será relevado tarde o temprano; el equilibrio de partidos es transitorio y se halla en constante evolución… Lo trágico sería que se llevara por delante al Tribunal Constitucional (TC) y a la propia Constitución. Ese riesgo es el resultado de desaciertos y temeridades bien identificados.

El primer disparate lo cometió el PSC al ponerse al frente de la exigencia identitaria contenida en el Estatut. Este partido no es nacionalista, pero ha trabajado para construir el armazón soberanista del Estatut con el mismo entusiasmo, si no más, que su socio ERC y que los catalanistas de CiU. Su secretario general, el cordobés José Montilla, también presidente de la Generalitat, es el principal responsable de esta deriva, que ha erigido al PSC en la influencia más fuerte, por su vinculación de dominio con el PSOE (que necesita de sus votos), para la pretendida desconexión catalana.

La segunda barbaridad fue obra de Zapatero al prometer que aceptaría todo lo que el Parlament incluyera en el Estatut. El jefe del Gobierno no era quién para avalar la decisión de una autonomía (su poder legal no alcanza a tanto), pero contaba -y de ahí su brindis- con la mayoría de su partido en el Congreso, reforzada por los nacionalistas catalanes. Abierta la barra libre, al Parlament le faltó tiempo para declarar nación a Cataluña, parcelar la soberanía del pueblo español y establecer la bilateralidad de la Generalitat con el Estado, entre otras rupturas constitucionales. La promesa de Zapatero fue una de sus frecuentes frivolidades, pero ésta allanaba el camino al atentado constitucional. A Zapatero no le recordará la Historia por muchos motivos, pero seguro que su imagen estará ligada a este disparate, sobre todo si consuman su propósito quienes se vieron tan extravagantemente invitados a tantearlo.

La tercera imprudencia hay que atribuírsela al Tribunal presidido por María Emilia Casas, que en casi tres años y medio no ha sido capaz de salir en defensa de la Constitución, que es para lo que está. Anulado por un Gobierno de Felipe González el recurso previo, que suspendía la aplicación de la ley recurrida, el Estatut lleva en vigor tanto tiempo como los titubeos, lo cual facilita las presiones sobre el TC. Con su indecisión, se está labrando un desprestigio dramático, pierde autoridad a chorros y genera un grave pesimismo sobre el futuro del orden constitucional.

El PSC no va a rectificar y Zapatero está atrapado por el miedo. Sólo queda confiar en el TC, aunque su parálisis no invite a ello, pues la encrucijada es ciertamente fatal: o impone su autoridad en defensa de la Constitución o la aventura feliz que comenzó en 1978 estará condenada a un punto final próximo.

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http://elcomentario.tv/reggio/repertorio-de-imprudencias-de-justi...

27 Noviembre 2009 | 11:31 AM

rp

rp dijo

Los diarios nacionales, ABC, El Mundo, El País y La Razón critican el editorial conjunto de los doce periódicos catalanes pro-Estatut y el ataque al TC

ECD, 271109.

La publicación, ayer, de un editorial común en los doce periódicos de Cataluña, a propósito del Estatuto y de la decisión que va a tomar el Tribunal Constitucional, ha provocado hoy una rotunda respuesta por parte de los diarios nacionales. ABC, El Mundo, El País y La Razón ofrecen hoy sendos editoriales sobre el asunto.
Si el titular del texto de los diarios catalanes era ‘La dignidad de Cataluña’, el editorial de ABC lleva como título ‘La dignidad de la Constitución’, y el de El Mundo el de ‘La dignidad de los españoles (incluidos al menos 2,7 millones de catalanes)’. El País lo encabeza así: “El texto y su contexto. La prensa de ámbito catalán espolea la oposición a una sentencia adversa al Estatuto”. Y La Razón titula: “Respeto al TC y a las reglas de la democracia”.

ABC es el más contundente en los términos del editorial, que incluso inicia en la portada. Tras afirmar que los periódicos catalanes se alinearon con la estrategia de coacción y deslegitimación del Tribunal Constitucional, destaca la amenaza que se vertía de una “legítima respuesta” por la sociedad catalana. Es hora- escribe- de que los partidos nacionalistas, incluidos los socialistas, aclaren cuál va a ser la respuesta. Porque para ellos el problema no es el TC, sino la propia Constitución.

El ultimátum de los medios catalanes afirma que de la decisión del TC depende el “marco de convivencia español”. Es prueba evidente de que el Estatut “encierra una modificación ilegal del orden constitucional español, y debe ser derogado”.

“Los pactos deben ser cumplidos”, decía el texto de los doce diarios. ABC pregunta cómo han acatado los nacionalistas el artículo 1 de la Constitución, que proclama que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”. ¿Respetan el principio de que “la Nación española es la patria común e indivisible de todos los españoles”, como dice el artículo 2?

Hablaba de hartazgo de los catalanes. El hartazgo lo es con su clase política, como demostró la abstención en el referéndum del Estatut. Y tiene que ver con el famoso “tres por ciento” que esgrimió Maragall y con otros episodios de corrupción.

Concluye ABC recordando que el Estatut es un “monstruo” creado por “la irresponsable decisión” de Zapatero, precio de un pacto político entre la izquierda socialista y el nacionalismo catalán para evitar una victoria de la derecha.

La dignidad de los españoles

Con el título ‘La dignidad de los españoles’, El Mundo comenta que no hay precedente en la prensa española de una iniciativa como la protagonizada por los doce diarios catalanes, lo considera un “burdo intento de presión al Constitucional”, llama “sectarios” a los autores del texto, y concluye que “resulta imposible decir más falsedades con peor intención en menos espacio”.

El argumento central es que, si los 1,9 millones de catalanes que votaron el Estatut merecen respeto, como se pide, hay que recordar que 2,7 millones de catalanes votaron ‘sí’ a la Constitución, y más respetable aún es la voluntad de 15,7 millones de españoles que hicieron lo mismo.

El País califica el editorial de los doce diarios de “iniciativa de carácter eminentemente político” y de “presión al tribunal”. Plantea que el hecho de esos diarios tomaran tal decisión debería mover a reflexión a quienes sostienen que los partidos catalanes no representan a la ciudadanía, pero en el debe de los promotores anota su deslizamiento hacia el frentismo, que se arrogan el monopolio de la catalanidad, y que apelan a una unanimidad política “impropia de una sociedad moderna y compleja como es la catalana”.

La Razón afirma que el editorial conjunto ha crispado todavía más el debate, habla de “presión asfixiante” sobre los magistrados y de injerencias que han saltado las barreras institucionales, para citar expresamente al Gobierno catalán pero también a Carme Chacón, Francisco Caamaño y José Antonio Alonso. Quienes se arrogan –añade- la representatividad de los catalanes tendrán que admitir que el Estatuto sólo fue apoyado por el 30% de los electores, es decir que el 70% no lo respaldó, porque no responde a ninguna reivindicación popular. “Que se cuestionen las reglas de juego desde gobiernos, parlamentos o editoriales de prensa en función de una determinada coyuntura sólo daña la imprescindible credibilidad del sistema”.

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http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=22963...

27 Noviembre 2009 | 11:35 AM

rp

rp dijo

El ‘monstruo’ devora a sus criaturas

Editorial de El Confidencial.- 27/11/2009

A veces, la política no es guía de la opinión pública, decía Stefan Zweig, sino inclinación humillante de los caudillos ante sus propias creaciones. Ante sus propios monstruos. Para entusiasmar al pueblo y para justificar su radicalismo, los caudillos cometen la torpeza de crear un lenguaje cruento. Se habla de traidores, de patíbulos y de guillotinas, y así nacen las guerras: de un juego con palabras peligrosas, de una superexcitación de las pasiones nacionales.

La respuesta que ha dado la prensa catalana a la mera posibilidad de que el Tribunal Constitucional eche por tierra buena parte del ‘Estatut’, recuerda mucho a las palabras de escritor austríaco. El lenguaje duro e intimidatorio del editorial firmado por doce diarios sólo pretende dos cosas: coaccionar al TC para que dicte una sentencia benevolente y desempolvar viejos agravios comparativos que nos retrotraen a la Dictadura. A antes de 1977. Pero olvidan los firmantes de la proclama (el texto no tiene nada que ver con un editorial) que en los últimos 30 años Cataluña ha disfrutado de un autogobierno incluso superior al que tienen muchos países federales. Acudir al victimismo es una incongruencia histórica y una solemne mentira.

Pero sobre todo, la dignidad no es un atributo que descanse en los territorios, aunque se llamen Cataluña, sino en las personas, y los ciudadanos catalanes son igual de dignos con este ‘Estatut’ y con el de Sau. ¿O es que antes no lo eran? Y nada ni nadie puede cambiar esta realidad. El Tribunal Constitucional debe, por lo tanto, entrar a saco en el contenido estatutario, sin presiones inaceptables que recuerdan a excusas de mal pagador. Los convocantes del referéndum pretenden deslegitimar al TC, y es verdad que es inaceptable su composición y funcionamiento, pero sigue siendo válido si este país no se quiere llevar por delante el orden constitucional. ¿O es que es más legítimo un referéndum aprobado por menos de la mitad del censo? ¿O es que todas las sentencias dictadas por el TC en los últimos tres años son ilegítimas?

El manifiesto se presenta como unitario pero rezuma sectarismo. En este clima intimidatorio -impropio de un país democrático- ningún periódico hubiera podido no sumarse al banderín de enganche. Los tentáculos del poder son demasiado fuertes para aguantar el envite. Y menos en una coyuntura económica como la actual.

Es curioso que los firmantes del documento no hayan hecho ni una sola mención crítica al verdadero responsable de este desaguisado, que desde luego no es ni el TC ni quien ha presentado el recurso de inconstitucionalidad; sino quien lanzó una reforma estatutaria antes de poner al día el Título VIII de la Constitución. Se empezó la casa por la ventana y como era de esperar la estructura se ha venido abajo. Lo correcto hubiera sido una reforma constitucional con carácter previo antes de empezar a aprobar a diestro y siniestro nuevos estatutos de autonomía con fines exclusivamente partidistas. En la Constitución española no aparece hoy si quiera el nombre oficial de las 17 comunidades autónomas.

Máquina de hacer independentistas

Zapatero fue quien dijo que aprobaría lo que le enviaran de Cataluña, y es a él, por lo tanto, a quien deben pedir explicaciones los autores de la proclama. Precisamente, el mismo Zapatero que un día dijo que Aznar era una máquina de hacer independentistas por su hostigamiento al nacionalismo. Pero ahora, y eso nadie lo discutirá, hay más independentistas que en 2004. Cataluña antes no era un problema para el resto del Estado y ahora lo es.

El manifiesto reivindica una España plural, pero también el resto de españoles tiene derecho a reclamar una Cataluña plural, donde se respete el derecho a discrepar. Y no parece que el mejor camino sea la firma de un supuesto editorial que se arroga la representatividad de toda la sociedad catalana. ¿O es que todos los periódicos piensan lo mismo? Es un mal síntoma, y por lo tanto una señal nefasta, la comunión de intereses entre los grupos periodísticos catalanes y su clase política, lo que pone en tela de juicio su independencia. ¿Es esto el oasis catalán o el pacto del 3%?

Es verdad que lo pactado obliga, como recuerda el manifiesto. Pero obliga a todos, y no sólo a una parte. Lo contrario situaría a Cataluña fuera del sistema legal, y eso son palabras mayores. Como son las veladas amenazas que se desprenden del último párrafo, cuando se habla de que la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable. ¿Qué legitimidad es aquella que no acepta las reglas del juego? ¿De verdad se creen los autores del escrito que con amenazas se contribuye a crear un clima de sosiego político?

No hay nada peor que enfrentar la legalidad con los sentimientos nacionales. Es el camino más rápido para construir un clima irrespirable y una sociedad cansada hasta el hartazgo de su clase política y periodística.

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http://www.elconfidencial.com/espana/estatut-tribunal-constitucio...

27 Noviembre 2009 | 11:49 AM

rp

rp dijo

Los que no tienen dignidad

Cesar Vidal en su blog, 271109.

Cuenta la Historia que en 1933 se constituyó en Alemania la denominada División de la prensa alemana. La misión de esta organización era supervisar la prensa alemana y además proporcionarle las directrices necesarias para que pudiera convertirse en un instrumento eficaz en las manos del gobierno alemán. La División de prensa funcionó a la perfección de tal manera que la totalidad de los periódicos alemanes ocultaron las mismas noticias, difundieron las mismas consignas y se unieron en la misma misión de impulsar el nacionalismo. Trece años después, el responsable de la División de la prensa alemana, Hans Fritzsche, fue juzgado en el proceso contra los grandes criminales de guerra de Nüremberg. La acusación fundamental dirigida contra él era la de haber difundido las directrices por las que debía guiarse la prensa alemana.

Hoy, la prensa catalana ha dado una muestra excepcional y sin precedentes de sometimiento servil al poder político. Sin intención de agotar el tema, los hechos son los siguientes:

1. El 27 de enero de 2005, se hundió en Barcelona un túnel de la ampliación de la línea 5 del metro provocando un socavón de unos 35 metros de profundidad y 30 de diámetro. 84 edificios, 2 colegios y 500 viviendas se vieron afectados por daños y peligro de hundimiento, lo que condujo a su desalojo, con un total de no menos de 1.054 personas afectadas. En lugar de exigir responsabilidades por este desastre, el Colegio de periodistas de Cataluña impuso lo que denominó el “apagón informativo”, es decir, guardar silencio sobre lo acontecido.

2. El 20 de diciembre de 2005, el parlamento catalán, con la única oposición del PP, creó el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) que puede imponer sanciones económicas y realizar cierres preventivos de emisoras, mediante simple decisión política y sin que intervenga previamente un juez. El primer ataque del CAC se dirigió contra Federico Jiménez Losantos y César Vidal que a la sazón dirigían sendos programas en la cadena COPE.

3. La reacción en favor de la libertad de expresión e información y en contra del CAC fue fulminante. Así, el Comité Mundial de Libertad de prensa (WPFC) afirmó que “El CAC utiliza un mandato arbitrario para intentar censurar y silenciar las opiniones de toda una red radiofónica… Es injustificable que un órgano estatal sea el árbitro del comportamiento de un medio de comunicación”.

4. Igualmente, el Comité mundial de libertad de prensa señaló que “No se recuerda en España algo parecido desde los órganos censores franquistas” y añadió: “Instamos al parlament y a la Generalitat a tomar las medidas oportunas para desmantelar cuanto antes el CAC, adhiriéndose a las normas internacionales de libertad de expresión y prensa”.

5. El 24 de enero de 2006, el eurodiputado Luis Herrero depositó más de setecientas mil firmas en la sede del parlamento europeo en protesta por la acción liberticida del CAC. Nunca antes y nunca después recogería el parlamento europeo una iniciativa popular tan numerosa.

6. En el colmo de la represión informativa, Maragall decidió querellarse contra el humorista Fray Josepho. Nunca antes ni nunca después, un presidente de una comunidad autónoma había caído tan bajo.

7. El 22 de junio de 2007, en un programa de TV subvencionado por el ayuntamiento de Barcelona se procedió a ahogar un ejemplar del libro El Camino de la cultura, de César Vidal. El episodio liberticida provocó una interpelación del PP en el ayuntamiento de Barcelona.

8. Hoy, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Avui, El Punt, Segre, Diari de Tarragona, La Mañana, Diari de Girona, Regió 7, El Nou 9, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa, han publicado conjuntamente el editorial La dignidad de Cataluña en el que exigen al Constitucional una sentencia favorable al Estatuto.

9. Igualmente, las principales emisoras de radio catalanas RAC1, Cataluña Radio y COM Radio se han adherido al editorial, según lo han puesto de manifiesto los conductores de sus programas matinales.

10. Además de cuestionar a los miembros del Tribunal, el editorial arremete además contra el PP, del que dice que "ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras" y concluye con una velada amenaza: "Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable".

11. La edición digital de La Vanguardia, califica la publicación de este artículo como "una iniciativa inédita en democracia y en la historia de la prensa española", aunque no se pregunta la razón de que, ante circunstancias mucho más complicadas de la historia de España o de Cataluña, no diera una unanimidad similar.

12. El Mundo ha señalado, por el contrario, que “es imposible decir más falsedades con peor intención en menos espacio” y recuerda que "el TC cumple la función institucional que precisamente le han encomendado los millones de ciudadanos que votaron la Constitución. Por cierto, muchos más que los que respaldaron el Estatut".

13. El Mundo señala además que lo que está en juego no es "la dignidad de Cataluña", como dice el título del editorial, sino "la pretensión de una oligarquía política de controlar a la sociedad catalana a través de un Estatuto diseñado para alejarla del resto de España aun a costa de truncar el orden constitucional y el modelo de convivencia democrática".

14. El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, considera que el editorial representa "el sentir del pueblo de Cataluña".

15. Por su parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha asegurado que ha leído "con mucho interés" el editorial y que le merece "mucho respeto" y

16. Finalmente, Mariano Rajoy se ha negado a realizar a declaraciones sobre el editorial alegando que “cada uno puede opinar lo que quiera”.

El impacto que el nacionalismo catalán ha tenido durante décadas sobre la libertad de expresión y la independencia de la prensa es verdaderamente pavoroso. Bajo el nacionalismo, se ha procedido a perseguir a humoristas por el terrible delito de escribir unos versos satíricos sobre Maragall; se han destruido libros en TV en programas costeados con fondos públicos; se ha creado el CAC comparado por los organismos que defienden la libertad de prensa con los peores aspectos del franquismo; se ha perseguido a los periodistas independientes y se ha sometido a la prensa hasta convertirla en un rebaño servil que lo mismo pedía el apagón informativo durante el drama del Carmelo que hoy se plegaba como no hizo ni siquiera durante la dictadura de Franco a los dictados del poder político.

De esa sumisión a las oligarquías nacionalistas no ha escapado la prensa que hoy en día – como muestra la denominada lista de Povedilla – es mucho más servil ante el poder político de lo que fue incluso bajo la dictadura de Franco.

- No ha escapado el partido socialista que, por definición, no debería nunca absorber una ideología nacionalista.

- No ha escapado el PP cuyo presidente hoy se ha negado cobardemente a comentar el editorial y

- Ni siquiera ha escapado un cierto sector de la iglesia católica en Cataluña si tenemos en cuenta que uno de sus cardenales llegó a jactarse en un programa de la TV catalana de haber echado de la COPE a los dos periodistas que fueron previamente atacados por el CAC. Quizá eso explique que los tres periodistas que se enfrentaron con semejante atropello – Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero y quien ahora se dirige a ustedes desde estos micrófonos – se encuentren ahora en Es. Radio y quizá eso explique también la abundante presencia de nacionalistas catalanas en la que fue su emisora durante años.

Cuando se contempla todo esto sólo se puede llegar a una conclusión no por triste menos real. El nacionalismo catalán se ha convertido, gracias a la ayuda de ZP y del PSOE, en una amenaza real contra el sistema democrático trazado en la constitución de 1978 y o el Tribunal constitucional cumple con su deber defendiendo la legalidad y sirviendo de valladar contra esa terrible agresión contra nuestra democracia o nos veremos abocados a una gravísima crisis institucional cuyo final es imprevisible.

Y es que, a día de hoy, resistir las apetencias liberticidas del nacionalismo catalán
- es una obligación para los que aman la democracia
- es una obligación para los que aman a España y
- es una obligación para los que aman la libertad, esa libertad que el nacionalismo catalán tanto se complace en suprimir allá donde hace acto de presencia.

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http://www.cesarvidal.com/index.php/CesarVidal/ver-blog/los_que_n...

27 Noviembre 2009 | 12:06 PM

rp

rp dijo

La dignidad de la Constitución

Editorial de ABC, 271109.

La mayoría de los periódicos editados en Cataluña y otros medios de comunicación se alinearon ayer pública y conscientemente con la estrategia de coacción y deslegitimación desarrollada por el tripartito catalán y CiU contra el Tribunal Constitucional.

Un inédito editorial común —titulado «La dignidad de Cataluña»— vertió contra esta institución una larga serie de admoniciones sobre las razones por las que debe avalar el nuevo estatuto, todas ellas relacionadas no con la constitucionalidad de su contenido, sino con el hecho de tratarse de una norma situada al margen del control constitucional en virtud de su carácter pactado.

Pero tal y como se ha hecho moneda de uso corriente en los discursos oficiales de la clase política catalana -que no de sus ciudadanos-, el editorial no se conforma con impartir doctrina histórica y política a los magistrados del TC, sino que incluye la consabida amenaza de una «legítima respuesta» a cargo de la sociedad catalana.

Hora es ya de que los partidos nacionalistas -incluido el de los Socialistas de Cataluña- aclaren cuál va a ser su respuesta. En el pasado fue una violación flagrante de la Constitución republicana de 1931, con la creación en 1934 del «Estado Catalán». Resulta evidente que el problema de los nacionalistas catalanes, reforzados por el socialismo catalán y español, no es el TC, sino la Constitución misma, sea ésta cual sea.

La amenaza contra el resto de España forma parte del método histórico de una parte de la clase política catalana, pero todos los españoles, empezando por los propios catalanes, tienen derecho a saber qué van hacer el presidente Montilla, los partidos que lo apoyan y los medios que los secundan, si el TC, en el ejercicio de sus legítimas funciones constitucionales, revisa y anula, total o parcialmente, el texto del estatuto de Cataluña.

Nada dicen, pero amenazan. Por eso resulta cínico que el ultimátum publicado como editorial por los medios catalanes se refugie en un impostado constitucionalismo, que incluso sitúa en primera línea la figura de Su Majestad el Rey -«ahorcado» en una postal navideña por el nacionalismo radical- como excusa de sus diatribas. Es más, tanta apelación falsaria a la Constitución Española de 1978 desvela la raíz misma de las contradicciones insuperables del estatuto de Cataluña y su vicio absoluto de inconstitucionalidad.

Si, como dice el ultimátum de los medios catalanes, de la decisión del TC sobre el estatuto de Cataluña dependen, ni más ni menos, «la aceptación de la madurez democrática de la España plural» y «la dimensión real del marco de convivencia español», y tiene «en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España»; si todo esto, repetimos, depende de la sentencia del TC sobre el estatuto de Cataluña, entonces no hay prueba más evidente de que este estatuto encierra una modificación ilegal del orden constitucional de España, y debe ser derogado.

Sólo a través de la reforma de la Constitución, avalada por la voluntad soberana del pueblo español, como sujeto nacional único e indivisible, pueden cambiarse las reglas de la convivencia y los pactos constituyentes. Porque ni el Congreso, ni el Senado, ni el Gobierno -aunque lo presida José Luis Rodríguez Zapatero-, ni el Parlamento catalán ni los ciudadanos catalanes son los titulares del poder constituyente de la Nación española.

El desprecio por este fundamento de la realidad nacional de España está en el origen de esta atosigante demanda de privilegios. En todo caso, es de agradecer que, por fin, desde Cataluña se haya hecho un reconocimiento tan explícito de la verdadera dimensión constitucional de lo que debería haber sido únicamente un estatuto autonómico.

«Pacta sunt servanda», dice el editorial. «Los pactos deben ser cumplidos». En efecto, deben serlo con el pleno sentido de la reciprocidad que entraña este aforismo jurídico, que podría complementarse con muchos otros que harían recordar a la clase política catalana que el pacto fundamental que vincula a todos los españoles es la Constitución de 1978.

¿Cuándo han aceptado y acatado realmente los nacionalistas catalanes la proclamación contenida en el artículo 1 de la Constitución, «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado», incluidos los autonómicos? ¿Respetan el principio de que «la Nación española es la patria común e indivisible de todos los españoles» (artículo 2 de la Constitución)? Por supuesto, los pactos deben ser respetados y cumplidos, como el pacto constituyente de 1978, que reconoce la autoridad del TC para decidir qué leyes o estatutos se ajustan o no a la Constitución.

Nuevamente, los estamentos cívico-políticos de Cataluña se aferran al furor identitario haciendo de un proyecto nacionalista y de izquierda, como el del estatuto catalán, la seña de identidad de un pueblo que, ciertamente, ha mostrado su «hartazgo», pero no en el sentido que indican los medios catalanes, participados algunos de ellos por la Generalitat en compañía de quienes son capaces de cuadrar el círculo y defender una cosa y la contraria, en Madrid y Barcelona, en un desdoblamiento de la personalidad editorial contrario a la razón.

El hartazgo es con su clase política, a la que da la espalda con una abstención endémica que supera la de cualquier otra comunidad autónoma. Este déficit democrático sí debería ser motivo de preocupación para quienes abanderan con tanto desparpajo la ortodoxia catalanista, porque mucho tiene que ver con aquel «3 por ciento» que el presidente Maragall espetó a la oposición nacionalista, o con la malversación masiva de fondos en informes ridículos, o con otros episodios de corrupción clavados en la entraña del sistema sociopolítico establecido en Cataluña.

¿Realmente no se sienten desautorizados por los propios catalanes estos portavoces de la esencia catalana cuando abogan por romper la convivencia y las reglas constitucionales en defensa de un estatuto refrendado por un exiguo 35 por ciento de los electores catalanes, mucho menor que el que recibió el anterior estatuto, y menor aún que el respaldo que dieron a la Constitución? A la hora de hablar de legitimidades, deberían hacer un ejercicio de honrada autocrítica.

Es ridículo buscar la singularidad catalana en que, como pretende el editorial, «los catalanes pagan sus impuestos» y «contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre». La mayoría de los españoles con recursos hacen lo mismo, vivan donde vivan, porque el dinero de los impuestos no tiene denominación de origen. Esto es vivir en una nación y compartir derechos y obligaciones.

Ningún privilegio debe resultar de cumplir con los compromisos básicos que conciernen a todos los ciudadanos, y menos aún si se buscan a costa del victimismo frente a Madrid, presente, como no podía ser menos en una soflama nacionalista, en la mención a «los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado».

No es digno defender a Cataluña y a los catalanes con estos argumentos rancios y hundidos en los localismos previos a la Ilustración, ni utilizar su cultura -que es tanto la escrita en catalán como la escrita en castellano- como arma arrojadiza. La dignidad de Cataluña está en su pasado, en su presente y en su futuro como parte fundamental de España, en su aportación al progreso del conjunto de la Nación con el dinamismo y la pujanza que han caracterizado su historia, en ser el factor de estabilidad institucional que le corresponde y en aspirar a ser la fuerza motriz de España, no su competidora.

Pero conviene no acortar la memoria. Esta defensa del estatuto, arbitraria en lo político, banal en lo histórico y temeraria en lo social, se funda en la irresponsable decisión de José Luis Rodríguez Zapatero y del PSOE de convertirlo en el precio de un pacto político entre la izquierda socialista y el nacionalismo catalán para evitar una nueva victoria electoral de la derecha.

Este es el monstruo creado por la ambición política de Rodríguez Zapatero, quien inauguró su mandato hace cinco años diciendo que iba a traer la paz a la política territorial en España. Aquí tiene las consecuencias de haber creído que España era una mercancía a disposición de sus acuerdos de poder.

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http://www.abc.es/20091127/opinion-editorial/dignidad-constitucio...

27 Noviembre 2009 | 12:15 PM

Daedra Vivanco

Daedra Vivanco dijo

rp, parece que le haces la competencia a QM. No es que me parezca mal pero a veces te pasas con la documentación que aportas. No sería mejor que dioeras también tu opinión?Parece que eres chico ñlistop y seo me gusta.

27 Noviembre 2009 | 07:53 PM

El Gorrión de Java

El Gorrión de Java dijo

Cuando todos los periódicos se pone a servir a una determinada política nacionalista, se acabó la libertad y la información ya no sirve para nada, en un país democrático. Precisamente la prensa y los medios deben de ser críticos con todo lo que concierne a la política y denunciar sus errores por eso no se concibe esta boda, ¿será una boda por intereses? Si es así, peor.

27 Noviembre 2009 | 08:39 PM

Logroño

Logroño dijo

El editorial catalan demuestra que los políticos pueden llegar a ser más peligrosos que los militares aunque estos tengan la fama. El tiempo nos dirá quies peor.

27 Noviembre 2009 | 09:00 PM

Paula6

Paula6 dijo

Igual ocurriò el 21 de noviembre de 1975. Lean, lean ustedes los editoriales de La Vanguardia, Diario de Barcelona, Solidaridad Nacional, Mundo Diario, El Noticiero Universal, Tele- Express, La Prensa, El Correo Catalán,... los demás no existían. Vivir para ver.

27 Noviembre 2009 | 09:05 PM

lector

lector dijo

creo que rp es eqm.
eso me han dicho.

28 Noviembre 2009 | 12:14 AM

louis vuitton handbags

louis vuitton handbags dijo

all there is maple story mesos no way to stop last chaos gold this catastrophe. But metin2 yang 3000 is the world's ancestral gods gathered together

30 Mayo 2010 | 09:07 AM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



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