La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

1 Diciembre 2009

La ruina del columpio

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Hecce Homo

Por lo que nos cuentan y nadie ha desmentido, el médico informa a la Guardia Civil. Ésta abre diligencias y pone al presunto inocente en manos de la Justicia. Con permiso de foto incluída ante los reporteros, expuesto como un Hecce Homo. El terrible anzuelo informativo es pasto de las llamas mediáticas, que devoran el dulce.

El linchamiento cuenta, también, con expertas cocineras, de género, y con el lado más obscuro de los foros de internet.

A este chaval, ahora exculpado por una autopsia justiciera, nuestro poderes públicos -incluídos, por tanto, muchos de los medios- le han arruinado la vida con la pena mediática.

También revelador el pixelado al agente custodio, que no está tratando precisamente con un terrorista: a quien hubieran debido pixelar es al presunto inocente y no al involuntario partícipe en la injusta mortificación.

Lo menos que podrían hacer unos, el Gobierno, y otros, los media_basura, es indemnizar al anatematizado a precio de corsario somalí.

En definitiva, una vez más, tomemos todos nota de lo cerca que se está, en una sociedad enferma como esta,  de ser el chivo expiatorio de turno.

Y como ya he comentado en otras ocasiones, esta persecución enfermiza de falsos culpables en el ámbito familiar está ya perjudicando seriamente, también, la educación de los hijos:

¡A ver quien tiene el valor de permitir que sus hijos se suban a un columpio!

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pd.- Tal como están las cosas, si a algún hijo suyo le ocurre un percance de este tipo, mejor que lo lleve su compañera al centro sanitario.

Porque esto, cualquier día, le puede ocurrir a Vd.

EQM


La muerte de Aitana

Juan Manuel de Prada en ABC, 30-11-09.

AITANA, una niña de tres años, ha muerto en Tenerife, como consecuencia de una lesión cerebral causada por la caída de un columpio; así lo atestigua la autopsia practicada a su cadáver. Pero en los días que mediaron entre el accidente y la autopsia, el joven que se hallaba a su cuidado cuando la niña cayó del columpio ha sido acusado de someterla a las más aberrantes sevicias. El caso, a simple vista, podría despacharse como una trágica concatenación de errores médicos, policiales y periodísticos, si no fuera porque tales errores no han sido fruto de meras negligencias, sino el producto de una gangrena moral que corrompe a la sociedad entera.

Pues sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social puede explicar que unos médicos, ante el examen de una niña que acaba de sufrir un accidente, diagnostiquen que ha sido sometida a vejaciones; sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica que los interrogatorios policiales hayan querido confirmar tal diagnóstico; sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica que los medios de comunicación, con desprecio de los códigos deontológicos que deben regir la pesquisa informativa, hayan dado por demostrada la culpabilidad del joven, dedicándole sus vituperios y anatemas; y sólo una gangrena enquistada en el subconsciente social explica, en fin, que la masa cretinizada necesite encontrar chivos expiatorios sobre los que volcar sus figuraciones más escabrosas.

La autopsia practicada al cadáver de Aitana ha servido para exculpar al joven sobre el que irresponsablemente se había arrojado el baldón; pero al mismo tiempo ha servido para descargar ese baldón sobre una sociedad enferma, convertida por la propaganda oficial y la histeria mediática en una manada de bestias carroñeras prestas a abalanzarse sobre cualquier reclamo.

Sólo la insidiosa acción de la propaganda oficial explica que unos médicos, a la vista de las excoriaciones que una niña presenta tras caerse del columpio, o ante un sarpullido o reacción alérgica que al parecer padecía cuando se produjo el accidente, piensen en la posibilidad de que haya sido quemada con la llama de un mechero o con la brasa de un cigarrillo. Es preciso, para llegar a tan peregrina conclusión, que tales médicos hayan sido infectados previamente por un clima de desquiciamiento colectivo que convierte a cualquier hombre que acompaña a una niña a un hospital en un sospechoso de las más abominables prácticas; y tal clima de histeria no es producto del azar, ha sido artificiosamente fabricado por la propaganda de los politicastros, que obliga a los médicos a guiarse por turbias y calenturientas figuraciones, antes que por la evidencia de las lesiones que se presentan a su examen.

Sólo la insidiosa acción de la propaganda oficial explica que la sociedad, para mantener su conciencia aliviada, necesite a cada poco nutrirse para su regodeo de casos -reales o ficticios- adornados con las circunstancias más perversas. Porque para convertir un sarpullido alérgico, unas excoriaciones cutáneas, unos moratones causados en el proceso de reanimación cardiaca o un desgarro intestinal consecuencia de una manipulación quirúrgica en episodios de tortura hace falta una imaginación muy emponzoñada por el hálito del Mal. Para convertir a un joven que lleva a una niña que acaba de caerse de un columpio al médico en un monstruo capaz de perpetrar semejantes sevicias es preciso que antes hayamos sido capaces de considerar que tanta abominación es posible; y uno sólo es capaz de considerar aquello que su sucia mente es capaz de concebir. O lo que la propaganda oficial y la histeria mediática le han enseñado a concebir.

El cadáver de Aitana nos está señalando con el dedo. Es el espejo en el que contemplamos nuestra propia perversión y maldad.
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www.juanmanueldeprada.com


Le quedan dos telediarios, de A. Espada en El Mundo por dentro, 301109.

Mirada que interpela, de S. González en su blog, 301109.


NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

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Paula9

Paula9 dijo

Quicio, últimamente no salimos del artículo 1 de la Constitución Española:

1.1 España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

1.2.La soberanía nacional...

No soy abogada, ni jurista, ni nada que se le parezca, pero como ciudadana de un Estado social y democrático de Derecho me pregunto si es de aplicación lo expresado en el Código Penal español:

Artículo 209
Las injurias graves hechas con publicidad se castigarán con la pena de multa de seis a catorce meses y, en otro caso, con la de tres a siete meses

Artículo 211
La calumnia y la injuria se reputarán hechas con publicidad cuando se propaguen por medio de la imprenta, la radiodifusión o por cualquier otro medio de eficacia semejante.

Artículo 212
En los casos a los que se refiere el artículo anterior, será responsable civil solidaria la persona física o jurídica propietaria del medio informativo a través del cual se haya propagado la calumnia o injuria.

Artículo 213
Si la calumnia o injuria fueren cometidas mediante precio, recompensa o promesa, los Tribunales impondrán, además de las penas señaladas para los delitos de que se trate, la de inhabilitación especial prevista en los artículos 42 ó 45 del presente Código, por tiempo de seis meses a dos años.

Del Derecho Civil, ni te digo.

1 Diciembre 2009 | 02:57 PM

sergi

sergi dijo

Toda la razón, Paula.

1 Diciembre 2009 | 07:57 PM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

La Guardia Civil obligó a Diego a ver fotos de la autopsia de Aitana

El Mundo, 021209.

El abogado del acusado de violarla y matarla dice que le gritaban: '¡Asesino, te vas a pudrir! Mírala, mira qué has hecho a la niña'

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Llevaba ya cinco días detenido en un «zulo de dos metros por dos». En vez de bocadillos, a Diego P. «le daban agua y pan». Los agentes le decían que era «un violador» y un montón de cosas más. Cuando finalmente recibieron la autopsia de la muerte de la niña Aitana, estallaron y fueron por él. Bajaron, lo esposaron y se lo llevaron arriba.

«Le obligaron a sentarse frente al ordenador y le fueron pasando las imágenes de la autopsia de la pequeña que le tenían preparadas. Fotos con la niña muerta y desfigurada. Una, otra, otra más... Le forzaban a ver y le gritaban: '¡Asesino, te vas a pudrir! ¡Mira, mírala, cabrón! ¡Mira lo que has hecho con la niña!».

Lo denuncia Plácido Alonso Peña, el abogado de Diego, que ayer apuntaba a los agentes de la Guardia Civil de Playa de las Américas (en el municipio de Arona) como responsables de un macabro ejercicio de tortura psicológica.

Frente a la pantalla, el joven albañil, falsamente acusado de matar y abusar de la hija de su compañera, estaba viendo un carrusel de fotografías bestiales del cuerpo sin vida de la pequeña de tres años. Hacía dos meses que él mismo la cuidaba, le daba la comida y la sacaba al parque, dado que su pareja iba a trabajar y Diego se encontraba en el paro.

Aún ayer -día del entierro de la niña-, el chico, ingresado en la Unidad de Psiquiatría del Hospital de La Candelaria de Tenerife por el shock sufrido, seguía con su letanía de noqueado.

- Dejadme ir. Quiero ir a darle un beso a mi princesa.

«El lunes se tiraba al suelo en el centro médico diciendo: 'Mi niña, me la han destrozado'. No hacía más que decir que por qué le habían enseñado aquello, que quería recordarla viva y alegre. Repetía: 'Mi vida es una mierda, no quiero vivir más'. El médico le vio destrozado, entendió que había riesgo de suicidio y decidió su traslado a la Unidad de Psiquiatría».

A Diego, a Belén y a la pequeña Aitana la vida les llevó de Madrid a Tenerife cuando el albañil ya no tuvo ninguna paleta que rascar en Parla y a su chica le salió un trabajo en la isla. Hicieron las maletas y probaron fortuna. Esperaba Tenerife.

Belén salía a ganarse el pan y Diego se quedaba de amo de casa. Que si el hogar, que si los purés, que si la niña... Fue un domingo, en el parque, cuando Aitana se cayó de un tobogán y sufrió un fuerte golpe en la cabeza. La llevó a Urgencias. La suerte de Diego P. echaba a rodar.

«Vamos a denunciar a dos médicos y al Servicio Canario de Salud porque han existido negligencias. En el primer informe médico le dijeron que la niña era de goma, le recetaron Dalsy y la mandaron a casa. Él insistió en que le hicieran más pruebas, pero le dijeron que no era necesario. Volvió el martes, a El Mojón, cuando estaba peor. A la niña le dolía la cabeza y hasta se desmayó», recuerda el letrado.

«Este segundo médico le impidió entrar, cuando los menores siempre entran acompañados. Fue de allí de donde salió el informe médico que hablaba de desgarro vaginal, anal, quemaduras...». El albañil sin paleta era detenido. Aitana moría el jueves. Al padre postizo de la niña querían lincharlo en la calle. Sólo la autopsia llegó al rescate aclarando el entuerto: todos los daños fueron por la caída; no había agresión en las partes íntimas; las quemaduras eran fruto de una alergia a una crema. Para Diego ya era demasiado tarde.

«Le metieron en una especie de zulo de dos metros por dos y le tiraron una manta. Allí le dejaron durante cinco días, lejos del resto», comenta Plácido Alonso Peña.

Si los demás tenían bocadillos, para el monstruo aquel había «pan duro y agua». Refiere el letrado la conversación de su cliente, después de 10 horas suplicando poder hacer sus necesidades.

- Por favor, me orino.

- Nos da lo mismo.

«A medida que iban sabiendo más, los agentes se calentaban. Le decían que le iban a empapelar por malos tratos, por violador. Pero lo peor vino cuando la cría murió. Se lo subieron y en la pantalla le tenían preparadas todas las imágenes de la autopsia. Las tuvo que ver todas. 'Ahora eres un asesino', le decían. 'Te vas a comer 40 años por cabrón'... Hay que imaginarse cómo está. Ahora no para de decir que le han destrozado a su niña».

A Diego le dejaron en libertad sin cargos después de aquellos cinco días y de aquellas imágenes eternas, cuando ya era un escombro humano. Denuncian en la familia que el chaval se lo comió todo a pelo. Que nadie del Gobierno canario le puso asistencia psicológica cuando salió. Y que el derrumbe, tal y como andaba -«hundido y como ido»-, era cuestión de días.

«El Diego viene de una familia de obreros», nos cuenta Jesús Vieco, su tío. «Sus padres son gente humilde. Mi hermana y mi cuñado se han ido desde Parla hasta allí a estar con su hijo. Su hermano Juan Miguel, que trabaja en la construcción en Tenerife, lleva una semana sin ir por estar con su hermano. No tienen ni coche, y van en autobús, una hora que tardan en atravesar toda la isla, para ir a verlo. Nadie les está ayudando. Ni el Cabildo ni nadie».

La madre de Aitana defendió desde el principio la inocencia de su pareja. Por aquello hubo lapidación pública. Era una «toxicómana», la «cómplice de un maltratador». En el entierro de Parla se vio ayer a Belén, que sólo acertaba a repetir una palabra, una y otra vez: Aitana.

El abogado hace una reflexión. ¿Qué habría pasado si la niña no muere y no hay autopsia? ¿Qué habría pasado si sólo hubiera existido aquel informe de Urgencias demoledor? ¿Dónde estaría Diego entonces? Y, sobre todo, ¿con qué ojos le veríamos?

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Duelo en Parla

Aitana, de tres años, fue enterrada ayer en el Cementerio Municipal de Parla, de donde es natural su familia. Unos 300 familiares y vecinos de la localidad acudieron a la cita. A la entrada al cementerio se podían observar tres carteles con la foto del joven Diego, bajo la cual se leía en mayúsculas la palabra «inocente», y un mensaje de ánimo: «Estamos todos contigo y siempre tendrás nuestro apoyo. Te queremos. Aitana, no te olvidamos». En la imagen, Belén, la madre de la niña, abrazada por un familiar a su llegada al cementerio.

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http://estudioae.com/elmundopordentro/diego21344506.html

2 Diciembre 2009 | 10:38 AM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

El pediatra (de guardia)

A. Espada en El Mundo por dentro, 021209.

Es vistoso, ciertamente, este diálogo de la Guardia Civil con el entonces presunto violador.

Y más vistoso aún colocarlo sobre la actual certeza de la inocencia de Diego Tenerife. Su abogado acusa a los guardias de tortura psicológica. Es un término muy abierto. Parece probable que los guardias buscaran una confesión que no se produjo. No demostraron una gran perspicacia, ciertamente; esa punta de genio que hace que un policía, en presencia de la carne viva, desconfíe de los datos aparentemente objetivos de un informe médico. Pero no se puede juzgar su actitud de entonces con las certezas de hoy. No sólo se trata de una forma lamentable de falacia. Se trata de una inmoralidad. Por el contrario, siguen pendientes las explicaciones del pediatra de guardia. A diferencia de los guardias civiles él no tenía un argumento de autoridad previo que le indujera al error. El pediatra extendió un volante a la Guardia Civil que decía: Tortúrenle. Psicológica y metafóricamente, por supuesto. A la hora de distinguir entre autoridades la Ciencia siempre debe penar más que la Fuerza.

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http://blogs.elmundo.es/elmundo/2009/12/02/elmundopordentro/12597...

2 Diciembre 2009 | 10:39 AM

revista de prensa [rp]

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De estacas y juncos

Carlos Alsina en La Razón, 021209.

Conozco opinadores que se ponen cada día ante el micrófono deseando enviar a alguien a la cárcel. Justicieros que se inventan el Código Penal y se pasan las garantías judiciales por el arco del triunfo. No hay día que no digan que la ley ampara al delincuente y desampara a la víctima. Pretenden que el detenido es culpable sólo por ser detenido; que su culpa es evidente porque las evidencias las ponen ellos; que lo normal es mandarle ya a prisión para que pague por su delito, aunque aún no haya sido procesado –mucho menos juzgado, menos aún condenado– por delito alguno.

Confunden la prisión preventiva con la pena de prisión y arremeten contra sentencias y resoluciones judiciales que ni siquiera han leído. Siempre están pidiendo castigos ejemplares para las negligencias de los demás. Para el juez que comete un error exigen inhabilitación profesional. Para el médico que equivoca un diagnóstico reclaman la suspensión de empleo y sueldo. Para el conductor de autobús que se distrajo piden cadena perpetua.

La estaca con la que miden la negligencia ajena se vuelve junco cuando de la negligencia propia se trata. Ahora que han sido ellos quienes la han cagado, se ponen dignos y piden disculpas. «Admito el error», dicen con falsa humildad, como si el hecho de reconocer lo obvio aún fuera un admirable sacrificio merecedor de aplauso.

Hay una diferencia grande entre un error y una negligencia. Han presentado como maltratador de una niña a quien jamás le levantó la mano. Han pregonado su culpabilidad henchidos de indignación sobreactuada. Han tomado el nombre de la cría en vano y al pobre Diego lo han machacado.

Nuestros inquisidores laicos se metieron en vena su chute diario de lapidación insolvente y zafia. Ahora pretenden pasar página con treinta segundos de disculpa forzada. No reclaman para sí ni una pírrica multa de mil quinientos euros. No piden ser suspendidos de empleo y sueldo. Se ponen cada día ante el micrófono sin haberse mirado jamás en un espejo.

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http://www.larazon.es/noticia/de-estacas-y-juncos

2 Diciembre 2009 | 10:46 AM

revista de prensa [rp]

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Culpable inocente

Editorial de El Pais, 021209.

El cruel juicio paralelo al acusado de la muerte de Aitana vulnera todos los derechos

Un increíble error de diagnóstico médico -ver un desgarro vaginal y anal donde no lo había y achacar a maltrato físico unas manchas en la piel producidas por una crema-, amplificado después por la ruptura del deber de sigilo y confidencialidad de la actuación policial, está en el origen del juicio paralelo, mediático y popular, padecido por Diego P. V., de 24 años, acusado falsamente de maltrato físico y sexual a la pequeña Aitana, de tres años, hija de su pareja y fallecida posteriormente en la localidad de Arona, al sur de Tenerife.

Esta concatenada vulneración de derechos de la persona -al honor, a la intimidad y la imagen, y a la presunción de inocencia- se ha producido incluso antes de que declarase ante el juez y sin darle oportunidad de explicarse ante las infundadas sospechas de su culpabilidad. Un cruce de papeles que ha colocado al Estado de derecho del revés: el tratado como delincuente era inocente, mientras que sus acusadores se comportan como si fueran delincuentes a los que no les importa llevarse por delante la honra ajena e imputar gravísimos delitos antes de que se produzca la más mínima comprobación judicial.

La autopsia de la niña confirmó, y la justicia ha ratificado, que no sufrió ninguna agresión física y sexual y que su muerte se debió a una hemorragia interna, no diagnosticada médicamente en su momento, producida cinco días antes al caerse del tobogán mientras jugaba en el parque, como había declarado Diego. El daño moral infligido al falsamente acusado es de difícil reparación. Necesitará para superar el tremendo golpe toda la asistencia que las autoridades sanitarias canarias puedan prestarle. Pero también el reconocimiento público del error cometido.

Error propiciado por los médicos que no diagnosticaron correctamente la lesión (un coágulo en la cabeza) y que en un segundo examen, ante el empeoramiento de la niña, vieron lo que no había. Pero error amplificado luego por los medios de comunicación, escritos y digitales, que no sólo dieron por bueno sin mayor comprobación el diagnóstico filtrado, sino que lo presentaron en algunos casos de la manera más truculenta. ¿En virtud de qué análisis introspectivo se puede determinar que la mirada temerosa y extraviada de alguien falsamente acusado es la del "asesino de una niña de tres años", o concluir que tenemos a un monstruo entre nosotros?

La profesión periodística, tan crítica con quienes desempeñan otras actividades con repercusión pública, tiene en este desdichado episodio una muestra del desastre a que puede conducir la ligereza a la hora de medir las consecuencias de lo que se dice o escribe. Mal camino tomarían los medios si se convierten en meros difusores de lo que digan otros, sin pasarlo por el tamiz de su disciplina profesional, que es ante todo la de la comprobación de la exactitud de los hechos; o si sus juicios sobre las personas responden a ideas preconcebidas o a un mero afán sensacionalista.

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http://www.elpais.com/articulo/opinion/Culpable/inocente/elpepuop...

2 Diciembre 2009 | 12:45 PM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

La furia

ELVIRA LINDO, en El País, 021209.

A veces pienso que hemos entendido que la libertad es ese derecho que nos permite vociferar, señalar a un culpable y lincharlo. Eso es lo que le ocurrió al pobre hombre que de llevar a su hijastra a la escuela pasó a entrar esposado en una comisaría.

Gracias a una falta de discreción encadenada, la de los médicos, la policía, la justicia y los medios, reconocimos en esa imagen el rostro del asesino y la turba más primitiva corrió a las puertas del furgón a disfrutar de la ejecución moral. Como ya no nos alimentamos más que de pies de foto y titulares, como ya estamos dejando de leer esa letra pequeña en la que se aprecian los matices y las verdades, miramos al individuo y lo sentenciamos: asesino, púdrete en la cárcel.

Hablo en plural, sí, quiero hablarles en plural, porque hoy más que nunca los periódicos los construyen también los lectores, que pueden participar activamente al pie de una noticia, y si hacía dos días los medios digitales se inundaban de exabruptos implacables contra este muchacho, ayer la culpabilidad se desplazaba con la misma intensa rabia hacia la clase médica, la justicia, los medios y el feminismo, o el "hembrismo", como leí ayer en varios de esos mensajes; una expresión que me inquieta por lo que tiene de furia soterrada. No sé cuál es el filtro que tienen las opiniones de los lectores, a veces me da la impresión de que ninguno. Sé, eso sí, el filtro que yo tengo cuando escribo, ese filtro se llama educación.

Desearía que el imperdonable error cometido con un inocente sirviera para contener la ira, porque escribir un mensaje en un digital debiera ser algo importante; en algunos países, incluso, la publicación de una carta se puede incluir en el currículum profesional, y es prestigioso para un periódico que las cartas tengan altura. Ayer las únicas memorables fueron las que se limitaban a pedir perdón.

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http://www.elpais.com/articulo/ultima/furia/elpepuopi/20091202elp...

2 Diciembre 2009 | 12:48 PM

paco

paco dijo

No estoy en absoluto de acuerdo con Elvira Lindo; la furia del lector es necesaria para evitar la repetición del linchamiento y para que los linchadores no se vayan al cine, tran tranquilos, después de confesar sus pecados.

Yo estoy furioso y digo que lo que han hecho con Diego, unos, otros y otras, es un delito que deberían pagar con la cárcel.

Pero que se queden tranquilos: sólo les van a condenar a la furia del lector.

2 Diciembre 2009 | 12:51 PM

marisol

marisol dijo

La única suerte que ha tenido este desgraciado es, paraójicamente, la muerte de la niña.

Imaginen Vds qué hubiera sido de él si a la lesionada por la caída del columpio...

¡NO LE HACEN LA AUTOPSIA!

2 Diciembre 2009 | 03:49 PM

asdf

asdf dijo

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14 Diciembre 2009 | 09:16 AM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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