La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

8 Diciembre 2009

Pero no me tortures...

.

EQM_081209

[Sobre la primera página [en su versión original] de la actual Carta Magna española [1978], aprobada durante la Legislatura Constituyente [1977-1979] y en la que figura el primer escudo constitucional [1977-1981], que, obviamente, es el mismo que figura con motivo de su publicación en el BOE de 29 de diciembre de 1978].

Escudos, pusilanimidades y fracaso

De EQM, 091208 [reedición; porque las cosas están tal cual, o peor].

La Constitución de 1978, nacida de la Transición y fruto del consenso y la conciliación entre los que detentaban un poder hegemónico heredado del franquismo y quienes deseaban abril el país a la democracia, conllevaba graves desaciertos que dieron lugar a un aparente modelo de magia descentralizadora, para convertirse en la actual 'casa de los líos' o nación de la naciones [+].

Desde el comienzo, se fueron enterrando sus esperanzas. Como si hubiera sido una pena no haber tirado por la calle de enmedio de la ruptura. Y de aquellas pusalinimidades nació la conciencia de culpa de los conservadores, la apoteosis de la izquierda y la soterrada explosión de los nacionalismos. 'A España no la va a conocer ni la madre que la parió'.

Valga como inicial ejemplo anecdótico la historia del escudo que preside la carta magna, que fue inmediatamente tachado de fascista y de ahí que las actuales imagenes del documento traten de ocultarlo o lo sustituyan falsamente con el actual.

Aunque muchos parecen desconocerlo -y no hablo de la ingente cantidad de nuevos ignorantes-, el escudo de 1978 [con el denominado 'aguilucho' o 'gallina', es decir, el águila de S. Juan, cuyo origen heráldico no es fascista sino que se encuentra en el escudo de los Reyes Católicos] no era el propio del franquismo [que, en realidad, tuvo tres: 1, 2 y 3], sino que se trataba de uno nuevo aprobado a comienzos de la transición por el primer Gobierno de Adolfo Suárez y que no se cambió por el actual hasta finales de 1981. Del vigente, se establecieron sus colores ya a finales de la I legislatura [2º periodo constitucional], con Leopoldo Calvo Sotelo de Presidente e inmediatamente antes de que ganara las elecciones Felipe González.

En resumen, el escudo proscrito fue el constitucional... ¡durante toda la primera legislatura!

Pero eso no resultó mas que un indicio, la cata. Los padres de la Constitución, confiados en la buena fe del regionalismo periférico y en la sensatez de los primeros de la nueva clase [vascos y catalanes], se inventó las nacionalidades y les entregó de pies y manos, entre otras, toda la política educativa, linguística, sanitaria y gran parte de las de mercado y sociales, dando lugar al progresivo desarrollo de la España de las desigualdades y al nacimiento, por tanto, de un espíritu confederal cuyo primer objetivo es aplastar la soberanía -la nación- que les dió el ser. Es decir, dame la legitimidad que me la como.

Y en esas estamos mientras no decidamos que hasta aquí llegó la riada.

EQM

La supremacía de la Constitución

Gregorio Peces-Barba con motivo del 31º aniversario de la Constitución, en El País, 061209.

En el 31º aniversario del referéndum que el 6 de diciembre aprobó con gran mayoría de votos favorables, en todas las provincias, sin excepción, la vigente Constitución refrendada en acto solemne, promulgada y ordenada en publicación el 27 de diciembre y publicada en el BOE, el 29 del mismo mes, parece que el mayor homenaje que podemos hacerle es subrayar su supremacía sobre todas las restantes normas del Ordenamiento español y recordar también que la soberanía corresponde al pueblo español, que significa que la única nación soberana es España.

Esta supremacía lo es sin excepción alguna, y sus contenidos sólo se pueden cambiar por el sistema de reforma establecido en su Título Décimo. Resulta duro tener que recordar con frecuencia lo que debería ser obvio, pero esa necesidad se produce porque en nuestro país, como ya recordaba Fernando de los Ríos hace muchos años, falta respeto entre los ciudadanos, entre los políticos que representan a los poderes públicos, y también entre los medios de comunicación.

En cuanto que se plantea un hecho difícil, una situación con zonas de penumbra, saltan las alarmas de las faltas de respeto. La decisión de abrir la reforma de los Estatutos antes de la reforma de la ley electoral y de la propia Constitución, en temas que no afectan ni modifican el gran consenso que la hizo posible, ha propiciado muchas salidas de tono. Denunciarlas es también contribuir al homenaje a la Constitución.

Hay falta de respeto en todos los partidos catalanes de gobierno y de oposición que han presionado al Tribunal Constitucional, con malas formas; también en la prensa catalana, que con su editorial unitario, aunque no han sobrepasado los límites de la libertad de expresión, porque no han producido un claro y presente peligro de violencia, sí han señalado que una decisión de inconstitucionalidad sería faltar al respeto a Cataluña. Es un sofisma y una falacia monumental, poco oportuna e injustificada.

También creo que ha faltado al respeto la ministra de Defensa cuando ha pedido al Partido Popular que retire su recurso. Tampoco parece oportuno en este momento la reiterada manifestación del presidente del Gobierno sobre la indudable constitucionalidad del Estatuto, que constituye también una presión, al menos objetiva. Déjese trabajar al Tribunal y respétese su decisión, sin perjuicio de la crítica técnica y académica sobre sus contenidos.

Para mí, esta defensa contundente de la supremacía de la Constitución es el mejor homenaje en este 31º aniversario de su aprobación popular.

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Nota de EQM.- El autor es padre de la Constitución [1977-1978] y ha sido Presidente del Congreso de los Diputados [1982-1986].

Ayer, en Punto Radio, matizó este texto alegando que no era contrario a que se considere a Cataluña una nación y que veía "irrelevante" tal polémica no solamente, porque se refleja en el preámbulo sino porque ya "algunos" padres de la Constitución apuntaron en los debates que España era la "única nación soberana" que "podía estar formada por naciones culturales". SIC. [Fuente: ABC, 071209].

Que cada cual aplique el nivel de carcajada que estime por conveniente.

'Estatut', legalidad y legitimidad

Rafael Arias-Salgado, en El Mundo, 071209.

EN UN ESTADO de Derecho, todo lo que es legal -sea bueno o malo desde una perspectiva política, filosófica o moral- es legítimo. La legitimidad política en democracia se define, precisamente, por referencia a la legalidad; es decir, deriva de la adecuación de principios y conductas a la ley positiva vigente aprobada por un Parlamento democrático como expresión de la voluntad general. Establecer una separación entre legalidad y legitimidad -es decir, sostener que hay principios y conductas legítimos aunque sean ilegales- es un camino seguro para subvertir el orden democrático de Derecho.

En una democracia constitucional, los conflictos políticos se resuelven aplicando la ley y, en su caso, apelando a las instancias jurisdiccionales a las que la ley apodera. La política, en régimen democrático, no puede salirse, especialmente en caso de conflicto, de los cauces que trazan las normas legales.

Desde la Generalitat de Cataluña, diversas voces han cuestionado la legitimidad del Tribunal Constitucional para inconstitucionalizar en todo o en parte un Estatuto de Autonomía aprobado en referéndum por el pueblo catalán. Se acude a un argumento en el que interesadamente se omite la referencia a la legalidad constitucional vigente. De contrario, se ha incurrido en razonamiento similar al quitar legitimidad, sin fundamento alguno en la legalidad constitucional, a un referéndum por la escasa participación ciudadana.

De aceptar -como me parece inevitable- que la legalidad constitucional debe ser el primer y único argumento de todos -si queremos preservar la democracia y su organización institucional, el Estado de Derecho-, el resto del argumentario de los que impugnan la legitimidad del TC no sólo carece de solidez, sino que tiene consecuencias disolventes.

En efecto, si aceptamos el argumento de algunos políticos de que el Alto Tribunal, por sus avatares recientes, carece de legitimidad para enjuiciar un Estatuto aprobado en referéndum, también podríamos sostener, a conveniencia y por virtud de avatares similares, que las decisiones y leyes de la Generalitat son ilegítimas y no rige respecto de ellas el deber de obediencia. Y es que la legitimidad del TC y de sus competencias y la legitimidad de la Generalitat y de las suyas, como poderes constituidos, derivan directamente de una misma legalidad: la vigente legalidad constitucional.

Si ésta, por las razones extralegales que se aducen, no cubre la legitimidad del TC, tampoco cubre -por las mismas u otras razones también extralegales- la legitimidad de la autonomía que encarna en la Generalitat. Dicho de otra manera: el fundamento de la autoridad del presidente y del Parlamento catalán es el mismo que el de la autoridad de los magistrados del TC, y no cabe prescindir o cuestionar tal fundamento al valorar la actuación del tribunal y alegarlo, en cambio, para otorgar autoridad al Ejecutivo y Legislativo autonómicos. El Parlamento de Cataluña sería un poder ilegítimo si no estuviese amparado por la Constitución vigente. Y ésta inviste al TC de la competencia para enjuiciar la conformidad del nuevo Estatuto al texto constitucional.

Separar la legitimidad de la legalidad es un camino peligroso que garantiza el conflicto, lo hace insoluble y termina por legitimar movimientos antidemocráticos. Después de todo, así empezó a quebrar la II República española. Al margen o contra la Constitución, se puede discutir todo, pero ninguna decisión es legítima, aunque en el ámbito de la libertad política -que la Constitución garantiza- siempre lo sea la aspiración a configurar por medios legales una sociedad diferenciada.

Tal fue el espíritu de la Transición democrática y de la legalidad que alumbró, gracias a la cual el pueblo catalán -como parte singularizada del pueblo español- ha alcanzado más poder real y legal que nunca en su historia moderna a través de un nivel competencial que le permite un amplio autogobierno y también influir decisivamente en el porvenir de España. Hasta ahora -y pese a algunas sombras- ha sido en conjunto para bien.

Es más, Cataluña ha sido ejemplo de integración diferenciada en la unidad política española para otros países que tienen problemas de incardinación de regionalismos fuertes que aspiran a alcanzar grados similares de autogobierno. Está por ver que el nuevo Estatuto mejore, a todos los efectos, la situación alcanzada. En todo caso, debe quedar claro que no será el TC en cumplimiento de su función quien frustre el nuevo proceso estatutario cualquiera que sea el sentido de la sentencia que dicte. Para avalar o anular detenta legitimidad en plenitud porque así lo establece la Constitución.

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Rafael Arias-Salgado es ex ministro y ex diputado constituyente.

NOTAS.-

Ámame o déjame.- Canción de Mónica Naranjo [España, 1974], compuesta por ella misma con Cristóbal Sansano, perteneciente al album 'Palabra de mujer' [1997]. De la letra:

Ámame o déjame,
Pero no me tortures hasta el
Amanecer.

Les dejo con una de sus mejores versiones, con motivo de la Mochevieja de 1998 en TVE:

 y con esta otra:

Vía, en goear.

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+ de Mónica Naranjo.

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Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.

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Pedrín Fortea

Pedrín Fortea dijo

Quicio, lo de la canción es un acierto. Y es que entre todos la estamos maltratando desde hace tiempo. La pregunta que me hago es: ¿cómo puede ser que no pongamos los medios para defenderla con urgencia y sin embargo, cuando se trata de una mujer maltratada si que lo hacemos?

8 Diciembre 2009 | 09:57 AM

Paula14

Paula14 dijo

Si en vez de tener padres, la Constitución tuviera madres, todo aquel que la cuestionara debería estar en la cárcel por violencia de género. Sería una agresión machista, un delito sexista.

Propongo que la siguiente la redacten sólo mujeres, y, además, como en el escudo no se observa ningún símbolo catalán ni vasco, nacionalidades históricas, realidades nacionales o ahora naciones culturales donde las haya, que se añada el escudo del Barça y del Athletic, y seguro que con eso se acaba el lío.

¡Ah!, y el del Castellón también.

8 Diciembre 2009 | 11:06 AM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

La cosecha de un lustro

HERMANN TERTSCH en ABC, 08-12-09

RESULTA que ahora nos salen unos cuantos socialistas alarmados por el cariz de los acontecimientos y, especialmente, por la bomba de relojería del Estatuto catalán colocada bajo la Constitución por el señor Rodríguez Zapatero. Por una vez, el señor Gregorio Peces Barba abandona su obsesión de insultar a la Iglesia Católica para advertir que la única nación soberana es España. Tiene toda la razón.

Lo pone en esa Constitución que él ayudó a redactar y que el actual presidente juró en su día cumplir y hacer cumplir. Como sabemos, este último no ha hecho ni lo uno ni lo otro. Por el contrario, hemos asistido durante cinco años a un ejercicio de irresponsabilidad, soberbia, ignorancia y mentiras que nos lleva inevitablemente a una situación perfectamente traumática. Ahora salen algunos, callados como discretas meretrices durante todo este disparate, para decirnos que están preocupados y que deberíamos volver a tener el recurso previo de inconstitucionalidad.

Pues tienen razón. Siempre que enmiendan. Pero ya va a ser muy difícil evitar que nuestros nacionalistas socialistas, y viceversa, abandonen la deriva de confrontación con las instituciones del Estado y por supuesto con la Carta Magna en la que se fundamentan. También ha salido nuestro inefable cristiano socialista de la nueva aristocracia, el señor presidente del Congreso, José Bono, a decir que las leyes no son de chicle. Se lo podían haber contado todos ellos hace mucho tiempo al eterno adolescente y Gran Timonel.

Pero ya sabemos que aquí los cargos y los sueldos los reparte exclusivamente quien ha liquidado todos los órganos del Partido Socialista como elementos de control y democracia interna. Ahora, pasado el Día de la Constitución, veremos cómo se las arreglan todos para ejercer la necesaria presión al Tribunal Constitucional para que corrija al alza los recortes absolutamente perentorios a esa locura que supone el acto de suicidio de uno de los Estados más antiguos del mundo.

Buscarán todo tipo de enredos para enfrentar a los españoles entre sí y volver a reagrupar a su bandería en unas filas prietas. Así, nos quieren tener a los españoles entretenidos con todo tipo de ocurrencias, desde el batiburrillo improvisado de la Ley de Economía Sostenible a nuevas ofensivas contra la religión, contra el supuesto facherío y contra el empresariado. Esta última, aunque también todas las anteriores, son una perfecta anomalía en una democracia europea. Que los sindicatos salgan a la calle apoyados por el Gobierno y movilizados con dinero público para intimidar al sector empresarial es una mamarrachada peligrosa y desde luego única en Europa.

Que todos los paniaguados se lancen a combatir a los únicos que pueden crear empleo en una sociedad moderna es realmente una gesta propia de Hugo Chávez o Evo Morales, ese que ya ha logrado por la vía del populismo cargarse su siempre precario Estado de Derecho. No es lo mismo democracia y Estado de Derecho, como bien saben los alemanes desde que votaron a Hitler o están comprobando los venezolanos hoy en día. No hay que dar un golpe militar para liquidar ese bien que garantiza la seguridad jurídica y física de todos los ciudadanos en un Estado que cumple sus reglas con la división de poderes y el cumplimiento de sus propias leyes.

Cuando en España se está espiando y controlando desde el Ejecutivo a los ciudadanos, cuando los medios gubernamentales oficiales u oficiosos atacan a todo discrepante u opositor y cuando se producen extraños pero muy contundentes actos de amedrentamiento por parte de los poderes públicos, es que, junto a la ruina económica, España se aleja también de las normas exigibles de un Estado miembro de la Unión Europea.

Cuando el Estado se inventa leyes que pasa de matute para investigar a los ciudadanos sin control judicial estamos cogiendo muy mal camino. Y cuando hay tanta gente que habla en voz baja, que no utiliza ya el teléfono para ninguna conversación seria por miedo a represalias, y alguno sufre agresiones físicas inexplicables y automáticamente se las atribuye a la policía política de «Fouché Rubalcaba», después de haber sufrido otras verbales en las televisiones del señor Zapatero, es que hay motivos para el miedo. Gran cosecha de un lustro.

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http://www.abc.es/20091208/opinion-firmas/cosecha-lustro-20091208...

8 Diciembre 2009 | 12:19 PM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

¿QUIEN DEFIENDE LA CONSTITUCIÓN?

Rosa Díez en su blog, 081209.

Coincidiendo con el 31 aniversario de la Constitución se han vuelto a escuchar diferentes voces de reconocimiento, aplauso o petición de reforma y/o mantenimiento inmutable de la Carta Magna. Nada nuevo bajo el sol. Ocurre cada año por estas fechas, con alguna modificación respecto de los protagonistas de los discursos. El año pasado, que era aniversario redondo, fue el Rey quien presidió los eventos y quien dijo las esperadas palabras de alabanza.

Este año teníamos un ingrediente nuevo para el solaz y la felicitación de todos: el lehendakari socialista vasco se sumó a los actos. Y también acudió Montilla, el mismo presidente que cree que el Constitucional debe actuar pero sin llevar la contraria a lo que “desean” la mayoría de ciudadanos catalanes. Todo un ejemplo de respeto a la independencia del Alto Tribunal, si señor.

El lehendakari vasco aprovechó para cantar las bondades de esta Constitución, recordando que mucha gente ha sido perseguida y asesinada por defenderla. No está mal, sobre todo viniendo de alguien que hace cuatro días proponía modificar sus aspectos sustanciales porque había que conseguir que el nacionalismo vasco (al que mata y al otro) se sintiera integrado en ella. Pero no vamos a ponernos picajosos, que estamos de fiesta.

También destacó el evento por la ausencia de todos los Presidentes Autonómicos del PP. Seguro que es una coincidencia, pero el hecho –raro– fue aprovechado por los asistentes socialistas (tampoco eran tantos, sólo cuatro, con clamorosas ausencias como Extremadura o Andalucía) para destacar la “incongruencia” constitucionalista del PP.

Bono ofició. Dijo lo que se esperaba: que la Constitución es flexible,– pero sólo hasta un punto– y que hay que respetar las reglas del juego y el árbitro. Lástima que el día que votaron en las Cortes el Estatuto de Autonomía de Cataluña se despistara un poco…

También intervino, vía artículo en El País, el mutante defensor de la Constitución, D. Gregorio Peces Barba. Este hombre que lo mismo vale para un roto que para un descosido; que lo mismo justifica el término “realidad nacional”, o la negociación con ETA (“hay que poner una luz en lo alto de la barricada”), que se vuelve Constitucionalista clásico y le riñe al Gobierno, a la prensa, a los ministros, a Zapatero… y a quien haga falta por seguir haciendo aquello que él acompañó y teorizó entusiásticamente durante los primeros años del Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Luego,– o sea, ayer–, como cree que a lo mejor se ha pasado –porque su artículo ha sido re-publicado en El Mundo–, dispara contra todo aquel que lleva años defendiendo lo mismo que él hoy argumenta, (o sea, contra personas como nosotros) negándonos la autoridad porque en el pasado formé parte de gobiernos de coalición ”disfrutando como loca”, con el PNV… Justo los mismos “argumentos” que ha utilizado y utiliza la derecha más reaccionaria para descalificar mi posición política. Qué qué enorme falta de rigor y de verdad en las palabras del hopmbre otrora fiel a la argumentación y al respeto sólo le disculpo pensando que ha de tener muy mala conciencia para renegar de la verdad y caer en el insulto personal ante la ausencia de argumentos.

Por supuesto, este padre de la patria usado por Zapatero para tapar cualquier estropicio, olvidó decir en su artículo y en las declaraciones posteriores que es su partido (no sólo la Ministra de Defensa, chivo expiatorio del presente para todos) el que le pide al Constitucional que no intervenga; que es su partido el que sacó adelante (con sus bendiciones) este Estatuto de Autonomía de Cataluña que marca el principio del fin de nuestra soberanía nacional; que es su partido, su portavoz parlamentario, su Ministro de Justicia, el que le echa la culpa de lo que está ocurriendo al PP por haberlo recurrido. Olvidó decir cosas importantes y dijo unas cuantas mentiras con pleno conocimiento de causa.

Pero todo vale si se trata de reconstruir la verdad oficial; todo vale ahora para D. Gregorio, como valía cuando defendía la negociación con ETA o que Cataluña era una nación “cultural”. Ya entonces le pudo más el odio a la derecha española, su deséo de aniquilarla con la nueva estrategia de Zapatero de iniciar una segunda transición, que el sentido de la responsabilidad. En eso, no ha cambiado nada D. Gregorio: el sectarismo, el nacionalismo partidario, se ha impuesto al sentido de Estado. Como siempre D. Gregorio, una de cal y otra de arena.

Y en estas estamos mientras se desmorona la España Constitucional. Porque la desvertebración de la Nación, en tanto que instrumento capaz de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, es un hecho innegable. Mientras no estemos dispuestos a asumir el deterioro producido por la aprobación irresponsable de Estatutos de Autonomía que persiguen imponer cambios constitucionales sin atenerse a lo previsto en la Carta Magna para su reforma, no haremos lo que tenemos que hacer para salvar la soberanía nacional y, por tanto, la igualdad.

Esto tiene difícil arreglo. Cuando los aparentemente más sensatos están más preocupados por salvar la cara al jefe o a la parroquia a la que pertenecen que por defender el interés común, la cosa no pinta nada bien. La situación actual no se arregla con maquillaje; los cambios constitucionales necesarios pasan por profundas reformas del Título Octavo y de la Ley Electoral. Hay que cerrar los techos competenciales, definir con claridad cuales son las competencias indelegables del Estado, modificar la composición del Constitucional y el sistema de elección de sus miembros…

Necesitamos un estado central fuerte y unas CCAA con idénticas competencias que utilicen la descentralización para acercar las instituciones a los ciudadanos y para garantizar una mejor administración y una mayor calidad de vida. No necesitamos diecisiete contrapoderes regionales que conviertan a España en un país inviable, que rompan el mercado, que imposibiliten que el Estado cumpla con su obligación de garantizar la justicia, la igualdad y la libertad del conjunto de los españoles.

Pero esto son palabras mayores para el PP y para el PSOE. Y qué decir, para los grandes padres de la patria, como D. Gregorio. Ellos están más bien por ir tirando; por aparentar que se hace para no hacer nada. Mientras tanto se rompe la igualdad, se rompe la cohesión, se frena la competitividad, de destruye la unidad de mercado… Pero eso… qué importa. Seguiremos así, en el camino de bajada hacia el pozo, hasta el 32 aniversario. Y ese día volveremos hablar de las reformas necesarias; o de las que no son tanto… Y cada vez tendremos menos oportunidades de dirigir el proceso; y cada vez estará más cerca el día en el que el proceso se nos lleve por delante.

Mientras tanto este joven partido llamado Unión Progreso y Democracia seguirá siendo la voz crítica, la voz sensata, la voz revolucionaria. Sí, de esos revolucionarios que saben que lo más revolucionario es poder liderar el cambio sin esperar a que este se nos lleve por delante. Mientras los padres y los hijos de la patria institucional hacen cálculos y reparten culpas, nosotros seguiremos diciendo que la única manera de defender lo sustancial de la Constitución, sus artículos fundamentales, aquellos que no son negociables en ninguna constitución democrática del mundo, es revisarla sin miedo.

Y quizá consigamos que el suficiente número de ciudadanos nos apoyen a tiempo para liderar ese cambio imprescindible. Sólo necesitamos la fuerza suficiente para condicionar al próximo gobierno. Si la tenemos, el 34 aniversario de la Constitución coincidirá con unas Cortes Constituyentes. Y entonces los constitucionalistas habremos ganado la batalla.

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http://rosadiez.net/2009/12/08/%c2%bfquien-defiende-la-constituci...

8 Diciembre 2009 | 12:46 PM

revista de prensa [rp]

revista de prensa [rp] dijo

La Constitución traicionada

Carlos Martínez Gorriarán en su blog, 081209

Parece ocioso discutir estos días si la Constitución debe ser reformada o no, en primer lugar porque, como dijo bien claro Roberto Blanco Valdés en la memorable conferencia del pasado día 3, estamos inmersos en un proceso de reforma constitucional por la vía de los hechos consumados. Y quien lo está llevando a cabo no es otra que nuestra nunca bien ponderada clase política, prácticamente sin distinción de colores, pues todos los que han podido meter mano en la estructura constitucional desde sus baronías autonómicas lo han hecho con desinhibido entusiasmo.
No hay ningún Estatuto de Autonomía de la segunda ola que no choque en algún punto o precepto importante con lo que dice la Constitución del 78, aunque todas las miradas se hayan dirigido al buque insignia de esta armada fantasma, el nuevo Estatuto de Cataluña. Desventajas de tomar la delantera en esta carrera a ninguna parte, donde la verdadera clave radica en la llamada “cláusula Camps” del nuevo Estatuto valenciano (disposición adicional segunda, punto 1), la que proclama que la comunidad valenciana no renuncia a ninguna competencia, ventaja o ganancia que consiga el Estatuto catalán, a ver qué se creían ustedes.

Y ha sido nada menos que Esperanza Aguirre, la gran esperanza liberal de los que llaman “liberalismo” a la vacuidad, quien ha redondeado la lógica del dislate afirmando esto a propósito de la nueva financiación autonómica: lo que es bueno para Cataluña también es bueno para Madrid. Acabáramos: esperemos que al PP madrileño no se le ocurra un día de estos declarar al cheli lengua propia de la comunidad e iniciar su propia política de normalización lingüística (exigiendo al Estado que la sufrague).

La Constitución está siendo reformada a través de la aprobación de los Estatutos de Autonomía de segunda generación, este es un hecho indiscutible. Estas leyes están troceando el poder judicial único en diecisiete poderes judiciales autonómicos, están proclamando nuevos derechos distintos de los constitucionales -como el derecho de los catalanes al paisaje o el de los extremeños a su identidad (el día que se decrete cuál ha de ser)-, y están estableciendo formas de relación bilateral entre cada Comunidad y el Estado (que ya se coló subrepticiamente a través del régimen de Concierto Económico vasco y navarro, gracias al ridículo anacronismo de los “derechos históricos”).

Desengañémonos: todas las comunidades irán reclamando lo que consiga Cataluña, que ya reclama lo que tienen el País Vasco y Navarra (y dos huevos duros, como el estatuto de nación, aunque sea recreativa o cultural, como sugiere un Peces-Barba definitivamente perdido en la banalidad). No falta mucho para que la igualdad de todos los ciudadanos de España sea un deseo tan piadoso como lo fuera bajo el régimen franquista, en que la libertad para muchas cosas vitales –desde abrir un negocio en otra comunidad hasta elegir la lengua vehicular en la educación- dependa de la voluntad discrecional del gobernante de turno. Tampoco para que la inviabilidad de un Estado como el que se está conformando sea evidente e incontestable; al menos, la crisis económica aclarará pronto este obscuro asunto.

Así están las cosas, y el que no quiera verlas, el que niegue que estemos inmersos en un proceso de reforma constitucional, o no se entera de nada o sencillamente es un cínico redomado.

Ese es el problema: que el proceso de reforma constitucional al que asistimos como testigos casi mudos y enteramente impotentes es un proceso rebosante de cinismo, puesto que comienza negando la mayor, a saber, que el proceso mismo exista. Es por tanto una reforma a traición, pues no se ha sometido a debate en las instituciones parlamentarias, que son quienes deben abordar esa reforma, ni trasladado a los ciudadanos en el debate político. Es una estafa a la democracia en toda regla. Y a estas alturas, ¡todavía hay quien cree que el problema es que la Constitución no se aplica correctamente! ¿Pero qué Constitución no se aplica, cuál de ellas: la de 1978, o la Constitución paralela del mal llamado “cuerpo de constitucionalidad”, es decir, los Estatutos de Autonomía que la contradicen, desbordan y trivializan?

La única defensa jurídica elevada contra esta avalancha es la que Rodríguez Bereijo llamó, con ácida ironía, el recurso al “sin prejuicio de”, que permite aprobar leyes anticonstitucionales añadiendo esa muletilla milagrosa. Así se sancionan leyes de normalización lingüística que se ciscan en la Constitución, pero “sin prejuicio de que su aplicación deberá respetar lo que establezca la Constitución en materia de oficialidad de la lengua del Estado”, y otras fórmulas de salvaguarda tan eficaces para evitar el atropello como el “detente bala” de los requetés para desviar el proyectil enemigo.

Resulta, pues, patético, que todavía se nos pregunte si creemos que la Constitución debe ser reformada, y en qué aspectos, cuando lo está siendo de hecho mediante subterfugios de trilero político y jurídico. Y que PSOE y PP aseguren que todo va bien y que bastaría con algunos retoques de nada. Y que haya quien alega el miedo a que una verdadera reforma constitucional abra la puerta a la manipulación nacionalista… ¡Como si fueran PNV, CIU o ERC quienes están cambiando de arriba abajo el pacto constitucional! ¡Como si los responsables no fueran los partidos mayoritarios, auxiliados tan solo por sus socios nacionalistas! ¡Como si los nacionalistas no estuvieran viendo satisfecho su programa máximo gracias a la cobardía y oportunismo de PSOE y PP, y al miedo irracional e indocumentado de los que dicen que peor sería una Constitución federal auténtica, en vez de este artefacto sin tapón para el desagüe de su vaciamiento paulatino!

Dejémonos de componendas y embrollos: la Constitución la están cambiando a traición a golpe de Estatuto, y en un sentido confederal que es, por definición, insostenible e inviable (razón por la que el único Estado que se decía constitucionalmente confederal, Suiza, ha terminado evolucionando hacia un sistema federal). El ruido por las minucias y el miedo a las palabras está desviando la atención de la verdadera cuestión: nos están cambiando el país sin pedirnos permiso. Preocuparse en estas condiciones por si la Constitución no debe cambiarse alegremente, o por erradicar el vocablo “federal” del debate hurtado, es algo semejante a pedir el libro de reclamaciones durante naufragio del Titanic para protestar por las palabrotas de algunos marineros.

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http://carlosmartinezgorriaran.net/2009/12/08/la-constitucion-tra...

8 Diciembre 2009 | 01:01 PM

dfgj

dfgj dijo

The Institute wow gold is in parallel with maplestory mesos Indian values, spiritualism & hard work under wow gold sellers the efficient

14 Diciembre 2009 | 09:06 AM

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La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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['Apoyá en er quisio de la mansebía...']:

Aquí para escuchar a Dña. Concha Piquer. Vía Aiseilles.

Aquí para escuchar el collage digital [dueto] de Rocío Jurado & Pasión Vega.

Aquí para escuchar a Isabel Pantoja.

Aquí para escuchar a Carlos Cano.

Aquí para escuchar a Amália Rodrigues.

Aquí para escuchar a Concha Buika.

Aquí para escuchar a Martirio.

Aquí para escuchar a Rocío Jurado.

Aquí para escuchar a Plácido Domingo.


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